¿Dónde estamos y hacia dónde vamos?

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En el titular falta ¿de dónde venimos? Empecemos por ahí: venimos de un proceso de más de tres décadas de pronunciado y sostenido deterioro de nuestro sistema de seguridad social, destrucción del modelo socio-económico basado en el concepto de la solidaridad, y decadencia del entramado de representación política, que no se limita a partidos e instancias gubernamentales… incluye medios informativos tradicionales, religión, y relaciones humanas en general.

¿Dónde estamos? La jornada electoral de este 2 de febrero nos muestra cambios sustanciales:

– El bipartidismo conocido y sus alianzas continúa su pronunciada erosión. Según el nuevo mapa político de Costa Rica, destacan: a) la presencia del PAC como referente de adhesión política coyuntural para que sea retador directo del grupo que ha gobernado en los últimos años, -y que es más que el PLN-, y b) el Frente Amplio como partido político emergente que se coloca como tercera fuerza de manera contundente pasando de 1 a 9 asientos legislativos, pero superando una férrea anti-política. La evidente pérdida de credibilidad política del PLN se expresa en que ya no controla la mayor parte del país. Además, hemos presenciado el derrumbamiento de las opciones políticas retardatarias y fundamentalistas como el ML y el bamboleante y oportunista PASE. Agreguemos el empoderamiento comunicativo-político que potencia la transformación.

– En síntesis, tenemos un arrinconamiento electoral de los grupos responsables directos del deterioro de tres décadas, y de sus aliados. En contraste, una ruptura evidente que sitúa arriba a nuevas fuerzas (PAC y FA) que han propuesto transformaciones de distinto grado y fueron parte del esfuerzo de coalición que impulsamos desde el movimiento social. Esfuerzo que definíamos como diverso e inicial.

¿Hacia dónde vamos? Este nuevo panorama no ocurrió por simple cansancio, hay procesos de acumulación de luchas y propuestas sociales así como rupturas embrionarias con el sistema político imperante que abren posibilidades para algo nuevo.

Pero abren solo eso: posibilidades. Hacerlas realidad es la tarea en este momento.

Cada quien, desde su espacio y capacidad, podrá aportar a la necesaria suma o podrá facilitar que continúe la destrucción. Los acentos, condiciones y alcances de la suma los pone cada quien. Muy probablemente esa decisión tenga carácter personal y no grupal.

¿Cuál es el ancho de esa suma? Entramos quienes nos comprometamos en la recuperación y fortalecimiento del sistema de seguridad social, en la reconstrucción del modelo socio-económico basado en la solidaridad, y en el avance del sistema político en ruta hacia la democracia participativa. En el proceso de coalición esas eran las líneas de acuerdo.

El camino entonces es continuar acumulando luchas y propuestas así como generando y profundizando rupturas culturales. Ello implica no dejar de leer el nuevo mapa que hemos construido.

En ese proceso la ciudadanía comprometida, partícipe activa de los cambios vistos, debe seguir construyendo democracia y aportando rutas y vehículos para transitarlas. Porque queremos ir hacía ahí: una sociedad basada en la solidaridad, la transparencia, la democracia participativa, la justicia, la fraternidad.

Leer el mapa, compararlo con el anterior, poner la mirada en la nueva sociedad, y seguir caminando. Y para aportar efectivamente, cada quien puede escoger los valores que prefiera, hacerlos consejeros, y dar el ejemplo.

 

Héctor Ferlini Salazar.