Josep Pla: espía de Franco y de los aliados

Gabe Abrahams

Josep Pla i Casadevall (1897-1981) fue un periodista y escritor natural de Palafrugell, Girona.

Su obra literaria fue esencial en la modernización de la lengua catalana.

Sus artículos de opinión, sus crónicas periodísticas y sus reportajes de numerosos países constituyen un testimonio único de la historia del siglo XX. Sus viajes a innumerables países en varias etapas de su carrera como periodista y escritor le ayudaron a crear una obra literaria inmensa y a escribir algunos de sus libros más notables.

Pero Josep Pla fue, además, otras muchas cosas: un catalanista de la Lliga Regionalista que fue elegido diputado de la Mancomunidad de Cataluña en 1921, un exiliado durante la Dictadura de Primo de Rivera, un desencantado de la II República española, un espía de Franco, un desencantado de su régimen y un espía de los Aliados.

En 1980, en el tramo final de su vida, el presidente de la Generalitat de Catalunya Josep Tarradellas le impuso la Medalla de Oro de la Generalitat en reconocimiento a su monumental obra escrita.

Uno de los temas más espinosos de la biografía de Josep Pla es su relación con el espionaje, tanto franquista como Aliado.

En septiembre de 1936, Josep Pla huyó de la Cataluña republicana en compañía de su pareja Adi Enberg al temer por su vida. Al llegar a Marsella, Pla y Enberg se instalaron en el número 37 de la calle Cours Joseph-Thierry, el piso contiguo a la sede del SIFNE (Servicios de Información de la Frontera del Noreste de España), e iniciaron una importante colaboración con este servicio de espionaje franquista.

El SIFNE fue creado en agosto de 1936 por el general Emilio Mola, tras el Golpe de Estado contra el Gobierno de la II República española del 18 de julio de 1936. El responsable de este servicio de espionaje franquista fue José Bertrán y Musitu, antiguo carlista, fundador de la Lliga Regionalista, Ministro de Gracia y Justicia con Alfonso XIII, jefe del Somatén de Barcelona.

En los documentos oficiales del SIFNE, Josep Pla aparece citado como agente número 10 en Marsella, junto al periodista Carlos Sentís (agente número 7).

Mientras Adi Enberg ejercía de secretaría del SIFNE, Josep Pla desarrollaba su trabajo de espía, elaborando informes sobre el movimiento de barcos en el puerto de Marsella, las negociones del Gobierno de la República y la Generalitat de Catalunya con las potencias extranjeras y la situación interna de Cataluña. Los informes sobre estas dos últimas cuestiones se basaban en los testimonios de los exiliados catalanes.

Adi Enberg y Josep Pla

En 1937, el gobierno francés decidió acabar con el espionaje franquista instalado en Francia y ordenó la detención de agentes del SIFNE. Adi Enberg tuvo que huir y Josep Pla inició una serie de movimientos por Francia e Italia para que le perdiesen la pista.

En 1939, Josep Pla regresó a Barcelona tras la entrada de las tropas franquistas, fue subdirector de La Vanguardia e inició sus colaboraciones con la revista Destino, renegando finalmente de Franco y su régimen. Con Franco, no podía escribir en catalán y en libertad. Y eso fue definitivo para la renuncia de Pla.

Sobre Franco, escribió que era el responsable de “un sistema dictatorial monolítico castellano, copiado del nacionalsocialismo alemán”. Y de la España de Franco escribió que era “un embalse de mierda de unas proporciones generales fantásticas”.

Al poco tiempo, Josep Pla, su hermano Pere y una red de colaboradores empezaron a colaborar con los servicios de inteligencia de los Aliados. Ayudaron a huir de los nazis a combatientes aliados durante la Segunda Guerra Mundial, utilizando pasos fronterizos y la playa Platja del Castell, situada en el término municipal de Palamós. El historiador Josep Clara relató que, además, los Pla “enviaban informes políticos y militares a los aliados”.

En diciembre de 1944, la Guardia Civil de Palafrugell fue alertada de que se iba a celebrar una reunión de extremistas en casa del hermano de Josep Pla, Pere. Tras sus investigaciones, tuvo pocas dudas sobre la reunión. El informe de la Guardia Civil hablaba de los asistentes (los hermanos Pla, empresarios de la zona, etc.) y aparecía coronado con un título escrito a mano: servicio americano. Todo dicho.

En las mismas fechas, los hermanos Pla también socorrieron con su red a judíos perseguidos por el nazismo. La cobertura para esas ocasiones fue la orquesta de jazz del Hotel Ritz de Barcelona, según relató Cristina Badosa, catedrática de literatura catalana y autora del libro Josep Pla (Edicions 62, 1996).

Y es que la relación de Josep Pla con el pueblo judío e Israel fue duradera. Pla tuvo como pareja de juventud a la hebrea Aly Herscovitz, asesinada en Auschwitz. Pla ayudó con su red a muchos judíos huidos del nazismo. En 1957, Pla viajó a Israel. Llegó a Tel Aviv en uno de los barcos procedentes de Marsella, repleto de judíos de la diáspora. En Israel, observó fascinado la construcción de las nuevas ciudades e infraestructuras hebreas en pleno desierto. Dejó un testimonio único para la posteridad sobre los primeros años de existencia del Estado judío: su libro Israel 1957, un reportatge (Destino, 1958).

Josep Pla fue esencial en la modernización del catalán y su obra es única. Su técnica sencilla dejó escuela. Su biografía aún no ha sido escrita con la profundidad deseada, aunque poco a poco algunos investigadores han desvelado parte de lo que no se conocía. Hay temas que aún están por profundizarse. Estoy convencido de que hay información desconocida y sorpresas. Probablemente, esa biografía definitiva de Josep Pla no acaba de ser escrita, no acaba de llegar a las librerías, porque es laberíntica e incómoda para demasiados.