El equipo del Observatorio de la Política Nacional (OPNA) nos comparte el Análisis de Coyuntura de la Política Nacional No. 2 del año 2020, correspondiente al periodo 9 de marzo – 3 de mayo 2020.
Recuerde que también puede consultar los productos de OPNA en la página web: www.opna.ucr.ac.cr
La Coordinación de Vida Estudiantil y el Área de Cultura, Deporte y Recreación de la Universidad Técnica Nacional invita a todas las actividades que serán transmitidas por medio de Facebook Live en el perfil del Promotor Cultural Pedro García Blanco. Las y los que quieran conectarse, deben buscar el perfil a la hora indicada para cada día.
De acuerdo con el Consejo Universitario, una parte de la población estudiantil universitaria puede afrontar limitaciones tecnológicas y geográficas, que impidan su acceso a Internet. (Foto con derechos de uso libre).
La iniciativa cuenta con el respaldo del Instituto de Investigaciones Psicológicas (IIP) y del Consejo Universitario
Un grupo de investigadores de la Universidad de Costa Rica (UCR), coordinado por la Dra. Eiliana Montero y el Dr. Guaner Rojas, se ha propuesto identificar las fortalezas y limitaciones que tiene el desarrollo de las actividades académicas de la Institución, en entornos virtuales, en el contexto de la emergencia nacional debido al COVID-19.
La iniciativa cuenta con el respaldo del Instituto de Investigaciones Psicológicas (IIP) y del Consejo Universitario, el cual decidió establecer una alianza estratégica con este instituto, en forma extraordinaria, para que se haga el estudio, de manera que este Órgano Colegiado, a partir de los resultados, pueda tomar las medidas que correspondan, de acuerdo con sus competencias.
La información será recolectada por medio de dos formularios que están disponibles en el sitio web del Consejo Universitario, uno para estudiantes de grado matriculados durante el I ciclo lectivo 2020, y otro para docentes que estén impartiendo cursos en este semestre.
Para el Órgano Colegiado es importante disponer de información fiable y recolectada sistemáticamente, la cual será esencial para fiscalizar el proceso de virtualización en la Universidad, ante el posible impacto en la permanencia y graduación de la población estudiantil.
Virtualización
Desde el 11 de marzo, a causa de la evolución epidemiológica del COVID-19 en el país, la Administración de la UCR, por medio del Centro de Coordinación Institucional de Operaciones (CCIO), solicitó al personal docente suspender las clases presenciales e implementar la modalidad de enseñanza virtual.
Si bien es cierto la UCR tiene la plataforma de “Mediación Virtual” y, además, algunas unidades académicas realizan esfuerzos para ofrecer a la comunidad docente y estudiantil herramientas de trabajo que se adecuen a la virtualización de los cursos, todavía falta evidencia con respecto a si la población estudiantil posee las condiciones óptimas para poder recibir lecciones en entornos virtuales o si el personal docente las puede impartir.
En la Institución no hay datos precisos en términos de la magnitud y de la naturaleza de este problema, de ahí la importancia del diagnóstico.
Cuestionarios
Para el Órgano Colegiado y el IIP es muy importante que la comunidad universitaria brinde la información que se está solicitando por medio de los dos cuestionarios. El que está dirigido al estudiantado incluye preguntas relacionadas con la asignación de becas, acceso a Internet, tipo de conexión, si recibe o no clases desde que se realizó la virtualización, o si decidió suspender sus estudios por la pandemia, entre otras. Mientras tanto, el que está dirigido al profesorado, aunque aborda preguntas similares a las de la población estudiantil, también procura obtener insumos sobre los cursos que son virtualizables o no.
Ochenta y seis personas del mundo de la música, el teatro, la danza y de la sociedad en general, de varios países, enviaron mensajes de esperanza en una canción
El Banco Nacional patrocina esta campaña, como aliado para apoyar la sostenibilidad económica del gremio de artistas del país
Mediante esta iniciativa se recibirán donaciones y aportes para la causa
San José, 9 de mayo de 2020. 86 personas unieron su talento para crear una campaña de sensibilización llamada “Te mando una canción”, una iniciativa de la artista y productora Flor Urbina, para apoyar al sector artístico nacional, uno de los más golpeados a nivel económico por la pandemia del COVID-19. El Banco Nacional y la Fundación Kurubandé (FUNDAKUR), se unieron como aliados de esta iniciativa, que pretende apoyar la sostenibilidad económica con los recursos que se generen en la campaña, mediante un fideicomiso que se creará para apoyar a los artistas del país.
“Esta es una propuesta creativa que nos recuerda el valor de las artes en nuestro país, el talento que tenemos y al mismo tiempo, aboga por la solidaridad para el sector artístico, tan impactado por el coronavirus. Dicen que en momentos de crisis es cuando debemos poner nuestra creatividad a trabajar. Nosotros lo hemos hecho, no nos quedamos con las manos cruzadas, sino que, buscamos aliados para salir adelante y estoy segura de que lo lograremos juntos”, comentó Flor Urbina, creadora de la campaña.
“Te mando una canción” es una campaña de esperanza, porque hoy debemos cada vez más abogar por mantener intacta la fe en que vamos a salir adelante.
“Para el Banco Nacional este proyecto representa un aporte significativo en el impulso para generar nuevas oportunidades a las personas que han visto impactados sus recursos por el COVID -19, como lo es el gremio artístico. Creemos fielmente, en el impulso al arte y a la cultura, en todo momento, pero sobre todo en este a raíz de la crisis sanitaria que ha golpeado la economía mundial. Estamos orgullosos de que el BN se convierta en ese aliado para la sostenibilidad económica con los recursos que se generen durante la iniciativa, mediante el fideicomiso titulado “Te Mando Una Canción” que beneficiará a los artistas del país” señaló Francisco Gamboa S. Director de Relaciones Institucionales del Banco Nacional.
El objetivo de la campaña es sensibilizar al público en general sobre la situación que atraviesa el sector artístico en general, para que, por medio de donación de dinero puedan colaborar a atenuar esta situación. Por esta razón, el Banco Nacional ha creado el fideicomiso que administrará los recursos recaudados por la fundación para asegurar la transparencia de la entrega de fondos.
“El aporte de la empresa pública y privada también es fundamental, por lo que se hace un llamado a las empresas para que también hagan sus aportes” señaló Urbina.
Dentro del proyecto participan voces reconocidas en Costa Rica como la de Rogelio Cisneros, Humberto Vargas, Flor Urbina, Ana Castro, Martín Valverde, José Sojo, Vanessa González, Luigi Castro, Charlene Stewart, Luis Montalberth-Smith, MADE, Jafet, Max del grupo Friguey, entre otros cantantes nacionales e internacionales. También, artistas e invitados especiales como Mauricio Astorga, Ricardo Jiménez, Yessenia Artavia, Carmen Chinchilla, Padre Mix, Victoria Fuentes y Sylvia Poll, que se sumaron a este elenco de 86 personas que envían este mensaje de solidaridad y esperanza a través de canción y videoclip, con mensajes escritos, gestos, voces y con sus personajes.
A esta iniciativa se unieron personas de diferentes lugares del mundo como Italia, Holanda, Camerún, Alemania, Colombia, India, Myanmar, Estados Unidos, Nepal, Jordania, Australia, Venezuela, España, Canadá y Centro América.
Este es un proyecto para demostrar que el arte une, por medio de una canción que trae hermandad, sentimiento de pertenencia, el recordatorio de que no estamos solos(as) y que juntos(as) saldremos adelante.
La canción estará disponible de forma totalmente gratuita en las redes sociales del Banco Nacional y en las de FUNDAKUR, desde donde se podrá reproducir incluso en versión karaoke. Cantemos juntos y enviemos todos, una melodía de esperanza a todo aquel que lo necesite. ¡Juntos saldremos adelante!
Situación de los artistas
Con la PANDEMIA del COVID-19, la humanidad entró en una etapa de angustia y desesperanza. El temor, la incertidumbre y la angustia, está presente en millones de personas.
Uno de los sectores fuertemente golpeados en todos los sentidos es el sector cultura. Los artistas en general perdieron contratos, giras, posibilidad de conciertos y presentaciones en las salas de concierto y teatros, programas de entretenimiento y actividades públicas en general que son las que les permiten generar ingresos.
Sin embargo, los artistas, sin importar su situación económica, han continuado haciendo arte, pagado o no, para entretener y llenar las casas y a las familias de diversión, reflexión, esperanza y actividades positivas para ejercitar el cuerpo, la mente y el espíritu.
“Eso somos los artistas, sin importar nuestra situación, seguimos aportando a la humanidad desde nuestra creatividad y nuestro arte”, comentó Flor Urbina.
Acciones urgentes que se pretenden paliar:
Alimento para artistas en situación de emergencia.
Apoyo económico en casos que no estén recibiendo otros tipos de ayuda y que sean de emergencia comprobada.
Creación de proyectos que propicien ingreso económico para artistas.
Para hacer sus aportes: El Banco Nacional pone a disposición del público las siguientes opciones para realizar aportes:
Te mando mil besos envueltos en silencio. Besos que tantas veces pude darte, pero no nunca había tiempo suficiente para amarte. Te mando mis sueños en pétalos de esperanzas mis recuerdos de furtivas alegrías en canción que en esta cruel pesadilla hoy son mi bastión.
Te mando un corazón deseoso por besar Te mando mil razones Para no volver atrás Te mando una canción que nos una más y más Hoy la vida nos da el tiempo para aprendernos a amar. Te mando una canción desde mi casa, en un rincón mil abrazos y mil besos que hoy tengo para vos. Te mando una oración, te mando mi corazón Quiero que estés conmigo como yo estaré con vos.
Te mando una propuesta para cuando amanezca Que escribamos juntos nuevas páginas de amor Porque cuando amanezca, quiero amanecer con vos. Te mando una promesa con toda la certeza No seremos quienes fuimos y el olvido no es opción.
Con motivo de la celebración del 50 aniversario del Instituto Clodomiro Picado, el Semanario Universidad preparó un suplemento especial. Con este suplemento se logra visualizar aun más lo valioso del trabajo llevado a cabo desde la Universidad de Costa Rica.
Guillermo Acuña González
Instituto de Estudios Sociales en Población
Universidad Nacional, Costa Rica guillermo.acuna.gonzalez@una.cr
Al promediar la década de los años 2010, se declaró en Europa una coyuntura en las movilidades humanas que desató no solo el interés de la opinión pública, sino las más insólitas respuestas a nivel institucional de los gobiernos receptores para tratar de contener, repeler y disuadir los altos volúmenes de seres humanos que intentaban entrar al continente europeo, huyendo de situaciones límite en dimensiones políticas, sociales, ambientales y humanitarias.
Los discursos globales hablaron entonces de “crisis migratoria”, para hacer referencia a un contexto en el que claramente lo que había colapsado eran los sistemas de protección y los abordajes en materia humanitaria. Se construyó así, una polifonía en torno a la excepcionalidad, que demandaba en suma la generación de abordajes desde la “securitización” impulsada por una narrativa del miedo.
Sobre este periodo, en uno de sus últimos trabajos reflexivos el sociólogo polaco Zygmund Bauman hizo referencia a la producción generalizada del pánico migratorio y sus malos usos. Respecto a la crisis, dijo, “es una especie de nombre en clave políticamente correcto con el que designar la fase actual de la eterna batalla que los creadores de opinión libran sin descanso en pos de la conquista y el sometimiento de las mentes y los sentimientos humanos” (1).
Años después, esa dimensión crítica observada para el contexto europeo se agudizaría a nivel global, esta vez con los efectos de la pandemia COVID-19 en todos los procesos de desplazamiento humano. De nuevo, la crisis migratoria humanitaria es referenciada como un acontecimiento que caracteriza el actual escenario global y su relación con la pandemia.
Sin embargo, lo que ocurre no es solamente una crisis en las movilidades humanas. Se trata de una coyuntura de cambio de sentido en el que estas han quedado comprometidas, subsumidas, suspendidas, de múltiples formas a la vez que han visto perjudicados sus derechos básicos a la seguridad, la salud, la alimentación y el buen estado emocional para contender los impactos físicos y psicológicos de la pandemia. Entidades internacionales, organismos de derechos humanos, representantes de la sociedad civil han llamado permanentemente la reflexión sobre esta situación límite para las personas en movilidad.
Entre las poblaciones más afectadas se encuentran las personas migrantes y desplazadas de forma forzosa debido a situaciones en sus contextos de origen. Al momento de escribir estas líneas, las acciones sobre las movilidades internacionales se han centrado en el cierre de fronteras, reconfigurando los espacios fronterizos como verdaderos territorios donde el enfoque de la “securitización” se ha impuesto como política, generando por ahora un vacío en la gobernanza global en el tema. También el límite a la locomoción, la pérdida de estatus migratorios y la generación de una gran cantidad de personas en condición de apatridia, son parte de los resultados que impactan las dinámicas de las movilidades humanas a escala global. De acuerdo con un portal de datos sobre la migración global (www. migrationdataportal.org), entre el 11 de marzo (día que la Organización Mundial de la Salud declaró la pandemia) y el 20 de abril, el total de movimientos poblacionales restringidos en todo el mundo se estimó en 48000. Las prohibiciones fronterizas representaron un impacto en la movilidad de personas y en el funcionamiento de organizaciones humanitarias.
Una nueva política migratoria se ha instalado teniendo como matriz la suspensión obligada de las movilidades produciendo a la vez la construcción social del miedo, que ha provocado no en pocos escenarios nacionales de recepción, el aumento de la discriminación, los discursos xenófobos y el rechazo a las corporalidades sospechosas de cruzar las fronteras con el virus a cuestas.
Este contexto de conculcación de derechos y mezcla de pánico y “miedo al otro” no es nuevo. Basta con repasar los discursos durante la epidemia del Ébola desarrollada hace algunos años y cómo fueron cruzados en ellos elementos de racialización, origen y nacionalidad (2) para esgrimir discursos discriminatorios, que hoy se encienden y actualizan en todo el mundo.
En el contexto comprometido para las movilidades humanas, la región centroamericana no muestra un escenario favorable. El año 2020 había iniciado con nuevas salidas masivas vía terrestre con destino a Estados Unidos, en una especie de renovación de aquellas que se habían impulsado al finalizar el 2018; rápidamente fueron repelidas por la frontera vertical dispuesta en territorio mexicano. Las deportaciones desde Estados Unidos y México habían continuado, ahora con el establecimiento de la figura de tercer país seguro, una especie de contrato leonino entre la Administración Trump y los gobiernos del norte de la región para “devolver” a los centroamericanos a contextos donde la precariedad, la vulnerabilidad y el riesgo constituyen el elemento común.
“Sin embargo, lo que ocurre no es solamente una crisis en las movilidades humanas. Se trata de una coyuntura de cambio de sentido en el que estas han quedado comprometidas, subsumidas, suspendidas, de múltiples formas a la vez que han visto perjudicados sus derechos básicos a la seguridad, la salud, la alimentación y el buen estado emocional para contender los impactos físicos y psicológicos de la pandemia”
En lo que la Pandemia ha seguido su curso, las deportaciones masivas y exprés hacia Centroamérica han continuado, agudizando la problemática para quienes retornan tal vez de forma involuntaria y con mucho temor a sus contextos de origen. Entre marzo y abril la cifra pudo haber alcanzado las 10000 personas deportadas de esta manera. Múltiples voces del ámbito de sociedad civil y organismos internacionales también se han levantado para reclamar las condiciones de trato indigno recibidas por quienes han sido obligados no solo a permanecer en sitios de detención sin las mínimas condiciones, sino también retornar en situaciones absolutamente precarias, muchos de ellos con el diagnóstico positivo del virus luego de haberlo adquirido en los sitios de detención y aseguramiento migratorio en Estados Unidos y México.
La problemática es difícil para aquellas personas “abandonadas” en la frontera entre México y Guatemala, luego de haber sido expulsados en caliente desde territorio estadounidense. En la región, haber cerrado fronteras contuvo medianamente el virus, pero no la agudización de las vulnerabilidades para cientos de personas en contextos de movilidad “confinada”. A este aspecto debe sumarse que la institucionalidad regional que aborda los desplazamientos humanos proviene del mundo de la seguridad como esquema de administración migratoria.
Como resultado de los límites a la movilidad humana en la respuesta a la pandemia, ha aumentado la construcción de escenarios de riesgo inscritos en las corporalidades de las personas que se movilizan. La conformación de las ilegalidades, un concepto desarrollado para explicar la generación histórica y sociopolítica de diversos tipos de sujeción de la persona en contextos de movilidad (3), adquiere ahora nuevas dimensiones ampliadas en las cuales la corporalidad que se desplaza y su relación con la salud juegan un rol fundamental.
La región centroamericana no escapa a estos procesos. En Honduras, por ejemplo, un Centro de Atención para Migrantes Retornados tuvo que cerrar sus puertas ante la presión de la población local, como temor a la propagación del virus. En la ciudad de Quetzaltenango, Guatemala, un grupo de migrantes deportados de Estados Unidos estuvo a punto de ser linchado por pobladores locales, por considerarlos sospechosos de portar la enfermedad.
En Costa Rica, se han profundizado los discursos y las declaraciones xenofóbicas en contra de la población extranjera, en particular la nicaragüense. Bajo los argumentos de resguardo y defensa de la frontera común y en nombre de la sanidad pública, se ha securitizado la gestión de las movilidades en ese territorio binacional. Organismos internacionales en derechos humanos como el Centro para la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) han denunciado recientes abusos contra poblaciones refugiadas cometidos por autoridades costarricenses. Valga decir que, al momento de escribirse las presentes reflexiones, ningún caso positivo por COVID-19 ha sido reportado por las autoridades costarricenses como importadas por dicha frontera.
Entre tanta práctica, se ha instalado además una “semántica de lo atroz”, con aseveraciones peyorativas como la enunciada por el presidente guatemalteco al hacer referencia a uno de los vuelos de personas deportadas donde venían infectados con el virus, como el “vuelo maldito”. En Costa Rica, en varias páginas de redes sociales con tintes nacionalistas, el llamado a “matar nicas” es frecuente y celebrado con humor negro y deshumanizante.
En la presente coyuntura, la producción de una nueva ilegalidad ampliada que atraviesa los cuerpos de las personas en movilidad está cruzada también por un replanteamiento del concepto de paria, para designar nuevas categorías de rechazo y exclusión que la emergencia del COVID-19 ha instalado para siempre en el campo de las movilidades humanas.
Dinámicas renovadas se han observado. Ahora no son los extraños de Bauman quienes tocan a la puerta. Como respuesta a esas reconfiguraciones del poder y del discurso global, cientos de miles de personas en movilidad se han devuelto a sus países de origen, subvirtiendo el orden, cerrando la puerta al salir. Pasó con movilidades africanas en España y con familias nicaragüenses retornando a su país, provenientes de Costa Rica. Será necesario reconocerles ahora mismo y en el futuro, no como sujetos en movilidad, ni como parias del sistema, sino como seres humanos. El desafío en esta dirección es enorme y nos convoca a todas y todos con urgencia.
Referencias para el debate
(1) Bauman, Zygmunt (2016) Extraños llamando a la puerta. Espasa Libros, Barcelona.
(2) Ventura, Daysi (2016) El impacto de las crisis sanitarias internacionales en los derechos de los migrantes. En: SUR, 23, V 13, N. 23. Pp 61-75.
(3) Álvarez Velazco, Soledad (2017). Movimientos migratorios contemporáneos: entre el control fronterizo y la producción de su ilegalidad. Un diálogo con Nicolas De Génova. En: Revista de Ciencias Sociales. N 58. Quito. Pp 153-164.
Imagen: “Los marginados”, Néstor Zeledón Guzmán (1995)
Fuente: María E. Guardia Yglesias, Pincel, Pinacoteca Costarricense Electrónica www.artecostarica.cr
Compartimos el siguiente artículo enviado a SURCOS por su autor, Óscar Rodríguez León, y publicado en la revista TRABAJO Y DEMOCRACIA HOY, la cual está disponible en el enlace al final de este artículo.
Imagen tomada de la revista Trabajo y Democracia Hoy.
El futuro del trabajo, la digitalización y los servicios públicos
Oscar Rodríguez León*
Para tener una mejor comprensión sobre los alcances y dimensión de los cambios y transformaciones cada vez más disruptivos, asociados con las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial y el uso extensivo de la internet de las cosas (IoT) desde distintos dispositivos, como los teléfonos celulares inteligentes (smartphones), tabletas, ordenadores, aparatos electrodomésticos interconectados, entre muchos otros que están fuera de nuestro imaginario, es importante saber que así como crece el uso de dispositivos conectados a la internet, así crece también el nivel de desconfianza entre los usuarios.
En un informe publicado por Digital Global 2019, actualmente en el mundo existe 5,11 mil millones de usuarios de teléfonos celulares, 4,39 mil millones de usuarios de Internet en 2019 y 3,48 mil millones de usuarios de redes sociales, siendo Facebook quien acapara en este 2020 la mayor cantidad (2,449 millones de usuarios), un 7,8% más que en el 2019.
Detrás de toda esta mega industria tecnológica y su exponencial uso cada vez mayor, está también el interés de compartir nuestros datos con información personal, familiar, laboral y financiera, con “mega empresas” como Facebook, Amazon, Microsoft, Google, quienes a su vez venden esta información a uno o varias agencias que procesan datos (data brokers) con fines de estrategia comercial y política. Tal fue el caso hace un par de años del escándalo de la multinacional, “Cambridge Analytica”, quien proporcionó a Facebook en forma inapropiada datos de 87 millones de usuarios, los cuales fueron utilizados para favorecer la campaña del presidente Trump. Después de un año de investigaciones, la Comisión Federal de Comercio de los Estados Unidos (FTC, por sus siglas en inglés) ordenó a Facebook pagar US$5.000 millones como sanción por las malas prácticas en el manejo de la seguridad de los datos de los usuarios votantes en ese país. Otro caso recientemente conocido por algunos medios informativos internacionales, en medio de la pandemia que azota al mundo, es el de Amazon, quien ha aprovechado su monopolio en los Estados Unidos y la crisis del Covid-19, para acrecentar sus ganancias ante un alto volumen en sus ventas, más que en época de navidad, lo cual se ha visto notoriamente reflejado en su valor bursátil, acumulando máximos históricos. Pese a ello Jeff Bezos, dueño de “Amazon”, parece no haber mostrado interés en retribuir parte de estas ganancias a la crisis actual.
En los grupos de poder de las grandes élites corporativas, existen muchas otras malas prácticas, un ejemplo de ello es cómo actúan, las grandes industrias farmacéuticas quienes en forma inescrupulosa utilizan información sensible proveniente de la data de los países, para determinar qué tipo de medicamentos colocar en el mercado, según su importancia patológica y el costo-beneficio.
A propósito del COVID-19 y la pandemia mundial, no es de extrañar la anteposición de una actitud mezquina en la fabricación de una cura, dado que el tema económico es una prevalencia en lugar del bienestar y la salud de las personas. Sin temor a equivocarme, una lección aprendida para nuestros gobiernos es que a partir de esta pandemia el costo social y económico tan alto, este modelo económico neoliberal liderado por las grandes élites del poder global, habrá de tomar otro rumbo, toda vez que las instituciones de la gobernanza mundial e importantes líderes políticos, han reconocido que, de haberse robustecido los servicios públicos sanitarios, dotándolos de personal capacitado, respiradores, camas y equipos de protección personal (EPP), muy probablemente este impacto habría sido mucho menor al que ahora nos lamentamos.
Ante este sombrío panorama, nuestra interrogante mayor, debería estar enfocada en cómo identificar nuestros más importantes desafíos ante las distopías tecnológicas, que poco a poco nos van deshumanizando y ejerce una fuerte presión sobre nuestra conducta personal y nuestros valores.
El historiador Yuval Noah Harari, en su último libro “21 lecciones para el siglo XXI”, nos ha compartido la siguiente reflexión: “La fusión de la infotecnología y la biotecnología es una amenaza para los valores modernos fundamentales de la libertad y la igualdad. Cualquier solución al reto tecnológico tiene que pasar por la cooperación global. Pero el nacionalismo, la religión y la cultura dividen a la humanidad en campos hostiles y hacen muy difícil cooperar globalmente”.
Permanecer colocados dentro de una esfera dominada absolutamente por quienes ejercen el control en línea de nuestra información, es a mi modesto entender uno de los más graves peligros para someter el cerebro humano bajo el control de quieres manejan desde el anonimato, los hilos del poder corporativo.
Es, así pues, como los valores societarios y colectivos empiezan a escasear por una carrera desenfrenada contra el tiempo para encajar en un mercado laboral impregnado de valores exiguos que impone la precarización de los empleos y la pérdida de derechos consagrados en la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Por tanto, tenemos la imperiosa tarea de empezar a encontrar respuestas robustas e inteligentes (estratégicas) con miras a potenciar el rol que jugamos las y los trabajadores; así como los sindicatos, las organizaciones sociales, juveniles, femeniles, ambientalistas y profesionistas y académicas de cara a los inevitables cambios como consecuencia del “futuro del trabajo” y los “inciertos trabajos del futuro”.
Bajo esa lógica, no debería quedar por fuera en nuestro análisis y debate cómo será también el “futuro del capitalismo”, visto esto desde una lectura interpretativa de las disrupciones actuales que acrecientan vertiginosamente las innovaciones tecnológicas, que por cierto son muy limitadas al dominio público y que por el contrario, en forma desigual benefician a los grandes intereses corporativos.
La construcción de nuevos algoritmos y el uso de la digitalización sin una verdadera protección de la data, así como la automatización, la robotización, la inteligencia artificial y la telefonía de última generación (5G) y hasta las impresiones en 3D, deben forzosamente constituirse en herramientas que fortalezcan nuestro Estado-Nación, cuya piedra angular se sostiene en el pilar del bienestar colectivo en disfrute de la paz, la democracia y la justicia social.
Al margen de la actual crisis, algunos críticos del neoliberalismo, entre quienes se encuentra el Papa Francisco, advierten con sobrada razón que el capitalismo habrá de tener otro rostro, por cuanto su modelo conservador y salvaje, no puede continuar acuñando indolentemente tanta riqueza.
Por otro lado, hay quienes también señalan con preocupación que ese mismo modelo se ha transformado en lo que algunos llaman “neocapitalismo”, que al fin de cuentas es el mismo capital, vestido con un nuevo ropaje de emperador, para dominar esta nueva era de la “globalización tecnológica y de las telecomunicaciones (TiC´s)”.
Si damos por aceptado como una de las acepciones más difundidas, que esta nueva globalización, es la “globalización 4.0”, en la era de la “4ta. Revolución Industrial” o “Industria 4.0” como otros le llaman, por qué no pensar también en alguna forma de evolución más asertiva sobre el accionar de las organizaciones sociales y los sindicatos para promover servicios públicos de calidad al alcance de todas las personas, que sean más democráticos, robustos, modernos y eficientes en su gestión.
La OIT en el marco de la celebración de su centenario en 2019, creó una comisión mundial de expertos para abordar algunas recomendaciones sobre el “futuro del trabajo”, cuyo informe intitulado “Trabajar para un Futuro más Prometedor”, hace una serie de referencias y recomendaciones importantes, así como advertencias a tomar muy en cuenta frente a los desafíos que necesariamente debemos asumir ante este transcendental dilema del cambio.
Y no existe razón más importante porque antes de la declaración de la pandemia del coronavirus en los Estados Unidos, ya se nos advertía que para los próximos 20 a 30 años, en este país se desplazarían cerca de un 43% de los empleos habituales, por las nuevas tecnologías.
El entonces presidente del Banco Mundial, Jin Yong Kim, durante la conferencia de la Organización Mundial de Comercio (OMC), Buenos Aires, 2018, advertía que dos tercios (2/3) de los empleos habituales en países en vías de desarrollo se perderían. Aunque, a decir verdad, también dijo que se generarían otros empleos, con nuevas capacidades generadas por los procesos de innovación tecnológica que irán a compensar al mercado laboral y la fuerza de trabajo bajo estas nuevas modalidades.
Ante esta nueva realidad, sería inevitable contener un desplazamiento de la fuerza laboral, en otras disciplinas profesionales, igual o menos complejas, frente a la adopción de las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial. Por ejemplo, se cree que un 80% de los profesionistas en ciencias médicas verán afectados sus puestos de trabajo por el uso de la robótica y la elaboración de nuevos algoritmos en la detección y diagnóstico temprano de las enfermedades.
Desde ya, es ineludible pensar responsablemente sobre estos cambios disruptivos, que afectarían igualmente a trabajadores manuales, administrativos y de otras disciplinas técnicas y profesionistas, no sólo provenientes del ámbito privado, sino que también de los servicios públicos centralizados y descentralizados, del gobierno federal, estadual y de los municipios.
Creer que la construcción de nuevos algoritmos más sofisticados, capaces de procesar millones de datos por segundo, así como sustituir el trabajo habitual por la adopción de nuevos sistemas automatizados y robotizados, no nos afectará, es un grave error.
Por tanto, es inevitable con suprema responsabilidad que los sindicatos y otras organizaciones sociales, comiencen a debatir sobre esto. Con ese propósito me he atrevido proponer los siguientes puntos a fin de provocarles en esta impostergable discusión:
Tener al menos una noción básica e ir un poco más allá en el conocimiento e investigación, sobre cómo funcionan y a que sectores productivos están encaminados estos procesos tan acelerados de cambios y transformaciones tecnológicos, así como del uso de la internet de las cosas (IoT). No quedarnos únicamente con el uso de las herramientas y aplicaciones contenidas en nuestros teléfonos inteligentes (smartphones) y la internet.
Conocer, cómo nos ha afectado a la clase trabajadora y a la sociedad, los procesos históricos de la automatización productiva y cómo hemos sabido evolucionar a través de los tiempos, a fin de hacer nuestros propios análisis y trazar una ruta segura.
Montarnos en el tren del desarrollo tecnológico y sacar ventaja de ello, no implica necesariamente renunciar a nuestras convicciones ideológicas y de lucha de clase. Por el contrario, es ineludible nuestra responsabilidad histórica para responder a las nuevas generaciones bajo una visión humanista, progresista y evolutiva y desprendida de todo tipo de prejuicio.
Transitar el modelo de sindicato actual a uno más organizativo y dinámico de cara a estas transformaciones, con miras a seguir impulsando un sindicalismo propositivo, vanguardista, previsor y luchador, que sea capaz de evolucionar con una más eficiente gestión hacia un sindicalismo 2.0.
Debemos necesariamente pasar a la ofensiva sindical haciendo efectivo el contrato social por el reconocimiento de la libertad sindical, el derecho a la negociación colectiva y el fortalecimiento del diálogo social y la democracia.
Establecer acuerdos y convenios de cooperación con centros de formación y de capacitación para profesionalizar a nuestros compañeros y compañeras a fin de adecuar sus capacidades y mejorar su desempeño laboral en forma más competitiva e impedir así la precarización laboral y asegurarnos trabajo decente real y efectivo.
Hacer que los servicios públicos sí funcionen y que sean de una mejor calidad, obligando a que los ricos paguen lo justo y que la digitalización de uso público, se constituya en una herramienta eficaz contra la evasión fiscal, la elusión y la corrupción y sirva al mismo tiempo para mejorar y transparentar la gestión pública.
Nuestra lucha política y social debe estar encaminada a acabar con el “colonialismo digital”. Con ese objetivo, apoyar de manera inclaudicable todas aquellas luchas globales y locales para reducir la brecha digital y hacer que en nuestros países los derechos digitales, sean declarados y reconocidos como un “derecho humano”, al igual que la salud, el agua, la energía y la educación como servicios esenciales.
Para cada interrogante que nos tracemos, encontraremos más que una respuesta: no permitamos que otros piensen y actúen por nuestras propias decisiones. Aquí no se vale decir… “sálvese quien pueda”.
* Secretario Subregional de la ISP: México, Centro América y la República Dominicana
¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?
Jorge Luis Hernández Cascante
¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?
Porque con estos días, también nos surge la pregunta de si es viable el cambio de sistema de vida actual, hacia otro, donde la felicidad y dignidad sea mejor repartida.
Quizás un sistema donde se valore a las personas y no al acumular y la ostentación egoísta.
Pensadores y doctrinas nos sugieren otras razones por las que la humanidad debiera encarrilarse hacia otra forma de vida, otra “normalidad”.
Esos pensadores o doctrinas piensan en asuntos más a favor de las personas; sin hacer separación o privilegios, sin tanta desigualdad y abusos como ahora vivimos.
Ellos piensan en otras razones para rearmar nuestra convivencia y crecimiento como personas, familias, pueblos o naciones: respeto al derecho del otro, recuperar lo íntimo, soltar el pasado, volver a lo sencillo, sobriedad (o crecimiento cero) vida liberada, espiritualidad el perdón, creatividad, ser con la naturaleza en su ritmo, liberarse del consumismo, desarrollar economía de la mano de la vida.
Y a vos, cuál otra razón o motivo/alternativa se le ocurre?
Ahora que el precio del petróleo está por los suelos y el arroz se encarece es buen momento para recuperar nuestro vínculo ancestral, casi eterno, con la tierra. No para explotarla, sí para bien-administrarla y producir los alimentos que ella nos prodiga.
Es producir la comida con respeto al ritmo de la naturaleza, y a la vez con los vínculos más directos de productores y consumidores.
¿Será posible entre todos fortalecer esa manera de agricultura?
Aprende a plantar, no solo un huerto, sino también cultivos básicos (maíz, yuca, etc.) y árboles (frutales, nativos, leñosos).
Crea un vínculo con alguna tierra, ya sea la tuya o la de un pariente, un proyecto, un jardín comunitario, etc. Participa con las personas que viven allí, ve poco a poco buscando formas de pasar más tiempo en el campo que en la ciudad, aprendiendo a plantar, construir, tratar los desechos orgánicos y sanar en la naturaleza.
Desarrolla habilidades prácticas (cocina, carpintería, reparación de máquinas, procesamiento de alimentos, costura, etc.). Enseña estas habilidades a niños y amigos, vecinos, vecinos.
Busca un grupo de apoyo mutuo, donde las personas se cuiden entre sí, hagan productos de necesidad básica colectivamente, como productos de higiene natural, remedios naturales como jarabes y tinturas de hierbas, procesamiento de alimentos, como alimentos conservados y fermentados.
Simplifica tu vida ahora, liberando más espacio y tiempo. Descubre todo lo que puedes hacer sin dinero, caminar, hacer ejercicios, manualidades y artes del cuerpo, socializar con tus seres queridos, jardinería.
Sepárate de la lógica de consumir más y más. Elige productos artesanales que duran mucho tiempo, de calidad, hechos por pequeños productores, empresas sociales y empresas económicas solidarias. Haz intercambios, da y recibe obsequios por valor afectivo, en lugar de valor financiero.
Intercambia, almacena, multiplica y disemina semillas criollas (nativas, no modificadas genéticamente, producidas por la agricultura popular y familiar).
A raíz de la discusión nacional que se ha suscitado en los últimos días sobre el agro, decidí realizar algunos análisis estadísticos con datos oficiales del INEC el BCCR y COMEX. En resumen, en los últimos 40 años se ha disminuido la actividad agrícola a un mínimo, se ha proletarizado a las y los agricultores, se ha concentrado la tenencia de la tierra y se ha reducido la variedad de la producción. Estos cambios coinciden con la implementación de los programas de ajuste estructural a partir de la década de los 80, pero se agudizan más con la apertura de mercados, sin que a mediano plazo parecieran mejorar sustancialmente las exportaciones. En el documento adjunto están las estadísticas y su interpretación.