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Tejer la memoria: una lectura de Un silencio lleno de murmullos de Gioconda Belli

Heidy Valencia Espinoza

Hace apenas unos días, Gioconda Belli fue reconocida con el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2026. El jurado destacó que se trata de una de las voces latinoamericanas contemporáneas más poderosas, rasgo de la autora nicaragüense particularmente evidente en Un silencio lleno de murmullos, novela que terminé de leer recientemente.

Hay libros que parecen encontrar a quien lee en un momento particular, pero también hay libros que obligan a mirar hacia atrás: hacia nuestra historia personal, hacia los vínculos que nos constituyen y hacia la memoria colectiva que compartimos. Un silencio lleno de murmullos pertenece, para mí, a esta segunda categoría. Es una novela sobre una madre y una hija, pero también sobre Nicaragua; sobre la militancia y sus costos; sobre el exilio y la derrota; sobre los ideales que alguna vez parecieron posibles y sobre qué hacemos cuando la historia los convierte en otra cosa.

No parece casual que antes de entrar en la narración Gioconda Belli coloque como umbral un fragmento de La vida es sueño, de Calderón de la Barca. Tampoco parece casual el nombre de su protagonista: Penélope. El diálogo con La Odisea abre otra posibilidad de lectura. Esta Penélope también está marcada por una ausencia y por una espera, pero, sobre todo, por un ejercicio de reconstrucción: debe tejer, a partir de recuerdos, escritos y silencios, la historia de una mujer a quien creyó conocer y que, sin embargo, se le revela como una desconocida.

Esa mujer es Valeria, su madre. Después de su muerte en España, Penélope debe enfrentarse no solo al duelo, sino a las memorias que Valeria dejó escritas. Surge entonces una de las preguntas que más me acompañó durante la lectura: ¿es realmente posible para una hija conocer a su madre? No a la madre como función, como presencia o ausencia en nuestra infancia, sino a la mujer que existía antes, durante y más allá de la maternidad.

La relación entre ambas está atravesada por heridas antiguas. Valeria fue militante, revolucionaria, una mujer comprometida con la transformación de Nicaragua. Penélope, entretanto, creció sintiendo el peso de sus ausencias. Sin embargo, Belli evita la comodidad de construir culpables. A medida que la hija reconstruye la historia de su madre, aquella figura aparentemente conocida comienza a resquebrajarse y detrás de ella aparecen el miedo, el deseo, la fragilidad y las contradicciones.

Tal vez allí se encuentre uno de los movimientos más hermosos de la novela, para reconciliarse de algún modo con su madre, Penélope necesita dejar de verla solamente como madre. Comprender no significa negar el abandono ni borrar las heridas. Significa admitir que nuestras ancestras tuvieron una existencia que no comenzó con nosotras; que fueron personas atravesadas por deseos, temores, decisiones y circunstancias históricas que muchas veces desconocemos.

Pero la memoria individual pronto se vuelve memoria política. Valeria pertenece a una generación que creyó en la posibilidad de transformar Nicaragua. El triunfo de la Revolución Sandinista representó la materialización de una utopía por la que muchas personas estuvieron dispuestas a arriesgarlo todo. Décadas después, aquella esperanza se enfrenta a una paradoja dolorosa: el proyecto que había prometido liberación termina asociado a nuevas formas de autoritarismo y represión.

La historia reciente de Nicaragua atraviesa así la novela como una herida todavía abierta. Las protestas de 2018, la persecución política y el exilio no funcionan únicamente como telón de fondo, sino que dialogan con la historia familiar de sus protagonistas y obligan a preguntarse qué ocurre cuando una generación contempla la derrota o la transformación de los ideales a los que entregó buena parte de su vida. Quizá pocos duelos sean tan difíciles como el duelo por una utopía.

La novela plantea también una pregunta incómoda acerca de la militancia: ¿cuánto exige una causa política de quienes deciden entregarse a ella? La militancia es necesaria en sociedades capitalistas y patriarcales que requieren transformación, pero reconocer su importancia no debería impedirnos preguntarnos por sus tensiones y sus costos en la vida íntima. En Valeria esas dimensiones no se excluyen, puede haber sido una mujer profundamente comprometida con su país y, al mismo tiempo, una madre cuya ausencia produjo heridas reales. Es justamente esa contradicción la que vuelve tan humanos a los personajes.

Las memorias que Valeria deja escritas adquieren entonces una importancia que excede la historia familiar. Frente al peligro del olvido, escribir se convierte en una manera de conservar aquello que de otro modo desaparecería. En América Latina sabemos que la memoria nunca es un asunto inocente. Recordar las dictaduras, las revoluciones, las resistencias y las derrotas significa también disputar los relatos con los que se construye el presente.

Un silencio lleno de murmullos habla, en ese sentido, de varias formas del duelo: el de una hija por su madre, el de una generación por una revolución que no llegó a ser lo que soñó, el de un país atravesado por la dictadura y el exilio y, como una atmósfera que envuelve la narración, el duelo colectivo dejado por la pandemia. Sin embargo, Belli no parece querer dejarnos en la derrota.

Quizá por eso el diálogo inicial con Calderón adquiere, al terminar la novela, una nueva resonancia. Y quizá por eso Penélope lleva precisamente ese nombre, porque recordar también consiste en tejer y destejer, regresar sobre lo vivido, modificar el dibujo y volver a empezar.

Un silencio lleno de murmullos me dejó pensando que hay silencios que no están realmente vacíos. En ellos permanecen las voces de nuestras madres, las historias que no alcanzamos a preguntar, las heridas de los países que dejamos o que nos obligaron a dejar, los ideales derrotados y las generaciones que todavía necesitan contar lo que vivieron. Tal vez hacer memoria sea precisamente prestar atención a esos murmullos para defender nuestro derecho a soñar de nuevo.

Presentación del libro «Cuentos en verso»

El Ministerio de Cultura y Juventud, por medio de la Benemérita Biblioteca Nacional del Sinabi se complace en invitarle a la presentación del libro Cuentos en verso del escritor Carlos Rubio e ilustrado por Vicky Ramos 

La actividad será presencial el miércoles 9 de agosto a las 4:00 p.m. en la Benemérita Biblioteca Nacional y también transmitida por el Facebook https://www.facebook.com/bibliotecanacional.mcj.cr/

Tusa y cabanga se funden en una misma canción: Natalia Serna y Rialengo cantan a la migración entre Colombia y Costa Rica

La cantautora colombiana Natalia Serna y el músico costarricense Rialengo presentan «Dónde aprendí a quererlo todo», una canción que nace del encuentro entre dos historias de migración y la nostalgia por los lugares de la infancia y la adolescencia que permanecen en la memoria.

Natalia, quien dejó Medellín para construir una nueva vida en Costa Rica, y Rialengo, quien salió de su barrio La Emilia para trasladarse a San José, encuentran en sus propias experiencias una historia común. La canción se convierte así en un acompañamiento a las migraciones: un espacio para procesar la nostalgia, el agradecimiento y las emociones que implica dejar un territorio para comenzar de nuevo.

En la composición, la «tusa» colombiana y la «cabanga» costarricense aparecen como dos formas distintas de nombrar una misma emoción, cercana al «despecho». Musicalmente, la canción combina la cumbia —como elemento que conecta a los pueblos latinoamericanos— con el bolero, que evoca recuerdos compartidos de fiestas e infancia.

La canción fue compuesta por Natalia Serna y Rialengo, quien también estuvo a cargo de la producción musical, la guitarra y el charango. Participaron además Valeria Atkeys en teclados, Daniela Contreras en percusión, Pedro Víquez en bajo y Cristian Mata en trompeta, con Profana en la logística de producción y el apoyo de AIE Música.

«Dónde aprendí a quererlo todo» se estrenó el 21 de agosto de 2026 y ya está disponible en plataformas digitales.

Escuchar la canción: https://open.spotify.com/track/4KGmysqVhPwYOuYp1UUqbG

Más sobre el arte:

Ecologismo celebra reconocimiento a artistas comprometidos con la defensa ambiental en los Premios ACAM

  • Fabián Pacheco y Luz María Romero fueron reconocidos en la vigésima edición de los Premios ACAM por sus más recientes producciones musicales.

El Bloque Verde celebra el reconocimiento otorgado a dos artistas que, desde diferentes trayectorias y propuestas musicales, han acompañado y contribuido a las luchas por la defensa de la naturaleza, los territorios y los bienes comunes en Costa Rica.

La Asociación de Compositores y Autores Musicales de Costa Rica (ACAM) anunció anoche los resultados de la vigésima edición de los Premios ACAM, uno de los principales reconocimientos a la creación musical nacional, que celebra la diversidad de géneros y propuestas producidas en el país.

En esta edición fueron reconocidos Fabián Pacheco, ganador en la categoría Disco- Fusión Latina por Cantos de Batalla Vol. II, y Luz María Romero, ganadora en la categoría Disco- Música del Mundo por Entre Selvas y Desiertos.

Para el Bloque Verde, estos reconocimientos tienen un significado especial. Ambas producciones expresan, desde lenguajes musicales distintos, una profunda relación con la naturaleza, los territorios, la memoria y las luchas colectivas.

Una memoria musical de la resistencia ecologista. Fabián Pacheco, además de su trayectoria como músico, es uno de los fundadores y participantes activos del Bloque Verde y ha acompañado durante décadas distintas luchas ecologistas y territoriales en Costa Rica.

Al recibir el reconocimiento, Pacheco agradeció a las personas que han formado parte de la producción y recordó el vínculo entre la música y las luchas sociales: “Quiero agradecer a quienes han cantado durante estos treinta años de ecología social con nosotros en la calle, defendiendo Costa Rica de las represas, de las mineras, del extractivismo. Nuestro cantar es la memoria histórica musical de nuestra resistencia. Así que viva la música, viva la lucha ecologista”.

Cantos de Batalla Vol. II continúa un esfuerzo por recuperar y mantener viva la memoria musical de las luchas ecologistas del país. Sus canciones recorren resistencias contra la minería y la explotación petrolera, la defensa del maíz y la milpa campesina, las luchas de los pueblos indígenas por sus territorios y la defensa de los ríos, los humedales y otros bienes comunes.

La producción reúne la participación de músicos y artistas invitados y construye un recorrido sonoro por algunas de las principales luchas socioambientales de las últimas décadas. La percusión y el canto colectivo dialogan con ritmos latinoamericanos e instrumentos tradicionales, incorporando también sonidos y paisajes de la naturaleza.

Música que une territorios, culturas y naturaleza. El Bloque Verde también celebra el reconocimiento otorgado a Luz María Romero, artista chilena radicada en Costa Rica desde hace varias décadas, quien ha acompañado en el último tiempo con su canto y su trabajo distintas actividades y propuestas vinculadas con la defensa de los bienes comunes y la naturaleza.

Su disco Entre Selvas y Desiertos propone un diálogo musical entre sus raíces en el norte de Chile y su vida en Costa Rica. La producción construye un puente entre el paisaje del desierto de Atacama y la riqueza natural y sonora del trópico costarricense, combinando tradiciones folclóricas chilenas y andinas con ritmos que han formado parte de su proceso de arraigo en Costa Rica.

Una de las piezas centrales del disco, “Florece Mundo”, cuenta con la colaboración de Guadalupe Urbina y constituye un homenaje a la biodiversidad, los bosques, los ríos y los mares de Costa Rica.

Al conocer el reconocimiento, Luz María Romero expresó: “Gracias a todas las personas que transitaron en la creación de mi disco Entre Selvas y Desiertos. Esta noche me voy con el corazón completo de que estoy en el lugar correcto. Gracias, Costa Rica”.

Cuando la música también defiende la vida. Desde el Bloque Verde celebramos estos premios no solamente como un reconocimiento a la calidad y creatividad de dos producciones musicales, sino también como una muestra de la importancia que puede tener el arte en la construcción de memoria, conciencia y compromiso colectivo.

En un momento en que desde el actual Gobierno se han multiplicado las descalificaciones, los insultos y otras formas de violencia contra conquistas sociales, la institucionalidad pública e importantes logros socioambientales construidos durante décadas por la sociedad costarricense, este reconocimiento adquiere un significado especial.

Durante décadas, la música ha acompañado las movilizaciones ecologistas, las luchas comunitarias y la defensa de los territorios. Ha estado presente en las calles, en las comunidades y en los espacios donde las personas se organizan para defender los ríos, los bosques, los mares y la vida.

Celebramos a Fabián Pacheco, por su trayectoria artística y su compromiso permanente con el movimiento ecologista y las luchas territoriales; y a Luz María Romero, por su valiosa colaboración y acompañamiento a distintas iniciativas en defensa de la naturaleza y los bienes comunes.

Estos reconocimientos nos recuerdan que la defensa ambiental también se canta y se celebra.

Ayer: La historia de una foto

Jiddu Rojas Jiménez

Ayer aterricé en Chepe, ahora vivo transitoriamente en el campo, bastante lejos. Apenas salí de compromisos, fui obviamente a mi querida Biblioteca Nacional, sujeta a remodelaciones internas. Obviamente terminé en la Sección Libros de Reserva, donde Rosemary (quienes todos rogamos porque nunca se pensione) como siempre, resolvió la inexperiencia de las gentiles compañeras del Primer Piso. Prosigo. Sin ilusionarme mucho, caminé por el Parque Nacional hasta la Aduana@. La lluvia era molesta. El Cinema Magaly estaba a la derecha, pero decidí enfrentar el destino. Y claro fui a la Feria Internacional del Libro de Costa Rica 2026 #FILCR2026.

Así en la Feria Internacional del Libro de Costa Rica (FILCR2026), —entre los saludos de viejos amigos, viejos dolores, pocas nuevas alegrías, leales complicidades, el abrazo leal del Poeta Alfredo Trejos (eso ya vale mucho), muecas de otros, y rechazos neuróticos e intrigas palaciegas qué me son ajenas—, me acomodé y busqué asiento en una maravillosa charla del reconocido cineasta, y ahora cuentista, Jurgen Ureña, junto al amigo cartago Fabián Coto, quién presentaba su nuevo libro de cuentos. Hablamos de la tradición narrativa oral rural costarricense, y de los Abuelos. Para un urbano pequeño-burgués de Barrio Amón, cuyo máximo referente tropical era el viejo Parque Zoológico Bolívar o La Sabana, reconozco que he mejorado algo con mi Autoexilio en Sarapiquí.

La Editorial qué acogió la actividad, es la del amigo teólogo Jose Chacón, a quién por fin pude conocer personalmente. La Presentación, el posterior diálogo, erudito, fino, ameno, cómplice, y la calidez humana extraordinaria, francamente me salvaron de la aburrida noche. Contrasta tanta hospitalidad con las muecas y delirios de otros viejos editores, totalmente neuróticos, como un humor de borracho de goma seca. Gente qué se esfuerza por darte la mano con asco, después de años de bohemia compartida y de mil aventuras.

Por cierto, ne gustó el local de la hermana República de Guatemala, el único Gobierno de vocación democrática de Centroamérica, recordando al Nóbel Miguel Ángel Asturias. Desgraciadamente lo descubrí tarde.

Contrastaron la belleza de los colores de las telas y decoración guatemaltecas, con el tipo del puesto del Semanario Universidad, quién a la par tenía un montón de ejemplares de cortesía, y a quién cortesmente le solicité por favor un ejemplar gratuito. Y me respondió irónicamente:

— Si quiere se lo voy a dejar a su casa.

—No creo que lleguen hasta El Mortero de Horquetas de Sarapiquí, respondí lapidario.

Lo demás fue esperado. Se me olvida que mi ciudad natal es la más cara de Latinoamérica. Las tortillas palmeadas a 5500 colones me lo recordaron. Somos potencia.

La «Librería Andante» a la vanguardia de textos teoría y academia, como corresponde a su dueño, un filósofo y compañero (Sí Francisco Víctor Aguilar). Un amigo (espero no crearle enemigos). Ahí adentro, descansó mi mochila un rato.

No encontré desgraciadamente a Nueva Década Editorial, otro clásico, aunque vi con alegría nuevos sellos editoriales jóvenes. Y claro, a las editoriales de las respectivas Universidades Públicas. La Editorial de la UNED – EUNED antes siempre destacaba.

Sé qué son épocas opacas, por decirlo gentilmente, que estamos casi a nivel de la Distopía de «Fahrenheit 451», tanto nacional, como internacionalmente. No es tiempo de comprar libros, dirán algunos. Ni la lluvia excesiva, ni el clima político autoritario y populista ayudan, y mucho menos la crisis económica. Sin embargo, a pesar de los pesares, vale la pena visitar la #FILCR2026, y formarse su propia opinión.

Continúo. Una actividad de presentación en un especie de ‘Mezzanine’ exterior (una especie de terraza externa), en el bello Edificio La Aduana ya estaba concluida. Vi a varios amigos y ex colegas de lejos. Mis saludos por persistir en su oficio.

Lo demás fueron más precios altos, algunos inalcanzables, pero en mi opinión, una pobre oferta con las excepciones y curiosidades del caso: Muchos vendedores de Biblias, libros de Autoayuda, venta de artesanías; máquinas de Café Britt qué descuenta su tarjeta, y no te dan el café (haga el reclamo por código QR, etc.); y la inefable sobrepresencia comercial de la poderosa Librería Internacional, al fondo del Edificio histórico. Obviamente no compré nada.

Ya saliendo, y con el café gratis de la Editorial ABYAD, me encontré con un personaje centroamericano y latinoamericano y universal, por su peso histórico artístico, cultural, político, y musical Luis E. Mejía Godoy. Tenía un bello puesto de serigrafías y diseño. (Vayan a verlo y comprarle).

Le mencioné a un par de amigos y amigas conocidos, y su amabilidad nica estalló. No ocupamos de más explicaciones. Le pregunté que si nos sería demasiado ridículo tomarnos una foto. Luis Enrique Mejia Godoy es un héroe desde mi juventud, y nunca me defraudó. Siempre consecuente, siempre revolucionario, siempre creativo, siempre humanista, y desafiante frente a todo Autoritaritarismo.

La respuesta del Cantautor fue brutal, sabia y existencial, por alguien, por aquel Bardo, que ha visto casi todo en la vida:

— Más ridículo sería no tomársela.

Esa es la historia de la foto con Luis Enrique, un honor camarada de la Luz.

Ralph Stackpole: el héroe del Realismo Social

Gabe Abrahams

Ralph Stackpole fue un escultor y un pintor importante del Realismo Social. A pesar de no ser aceptado por un sector de la sociedad estadounidense, dentro del mundo del arte su obra fue reconocida, valorada y preservada. El presente artículo repasa su biografía.

Ralph Ward Stackpole, conocido como Ralph Stackpole, nació el 1 de mayo de 1885 en Williams, Oregón, Estados Unidos. Tras la temprana muerte de su padre, empezó a trabajar para mantenerse, aunque, al final, emigró a San Francisco, California, y comenzó a estudiar arte.

Después del terremoto de 1906 que asoló la ciudad, sin embargo, Stackpole se marchó a París y prosiguió sus estudios artísticos en la École des Beaux-Arts. Durante un tiempo, residió en la capital francesa, entablando amistad con el pintor mexicano Diego Rivera.

Ya en 1912, Ralph Stackpole regresó a San Francisco y se casó con Adele Barnes, una de las primeras graduadas en la Academia de Artes y Oficios de California. Y, un año después, ambos tuvieron un hijo, Peter, el cual llegó a ser un reconocido fotógrafo. En diciembre de 1912, Stackpole también fundó la Sociedad de Grabadores de California, junto a otros artistas.

En las mismas fechas, Ralph Stackpole recibió su primer encargo importante. Le solicitaron esculpir elementos arquitectónicos para la Exposición Internacional Panamá-Pacífico de San Francisco, que debía celebrarse en 1915, creando el artista una serie de esculturas muy notables para dicha Exposición.

Tras vivir unos años en Estados Unidos, en 1922, Stackpole regresó a Francia con su familia, aunque unos meses después volvió a su país, para divorciarse de su primera mujer Adele y casarse con Francine Mazen, quien le acompañó hasta sus últimos días.

Asentado de nuevo en su tierra natal, Stackpole se convirtió en profesor de la Escuela de Bellas Artes de California y, en 1926, construyó en Sacramento la Fuente William Coleman.

En 1929, Ralph Stackpole recibió el segundo encargo de peso de su carrera: realizar las esculturas de la Bolsa de Valores de San Francisco. El encargo le llegó a través del conocido arquitecto Timothy Pflueger. Y, así pues, entre 1929 y 1932, el artista creó para la Bolsa de Valores varias esculturas imponentes que mostraban una realidad social, unas obras propias del movimiento denominado Realismo Social.

Concluido el edificio, Stackpole convenció a Pflueger para que su amigo el pintor Diego Rivera fuese el muralista de la pared y el techo de la escalera del Club de la Bolsa. Y, raíz de eso, Rivera pintó el mural The Allegory of California (La Alegoría de California), en el que destacaba como figura central Calafia, una reina mítica de California. El mural mostraba a esa reina con la imagen de la tenista Helen Wills, junto a un hombre con un compás, un hombre con un modelo de aeroplano, buscadores de oro y obreros en las entrañas de la tierra. La obra de Rivera estuvo a la altura de las esculturas de Stackpole y todo el conjunto se convirtió en un clásico del Realismo Social.

Durante gran parte de 1931, Stackpole además colaboró con otros artistas en la decoración del Teatro Paramount de Oakland, California, una obra excelente del Art Déco. Y, en 1933 y 1934, participó en el proyecto de Obras de Arte Públicas, encargándose de pintar junto a otros artistas una serie de murales para la Torre Coit.

Los murales de la Torre Coit tuvieron mucho que ver con el mundo de los obreros, mostrando imágenes del comunismo, lo que provocó una campaña de los anticomunistas estadounidenses. No obstante, fueron rápidamente considerados obras maestras del Realismo Social. El mural Library del artista polaco y judío Bernard Baruch Zakheim, por ejemplo, incluía una imagen del artista John Langley Howard portando El Capital de Karl Marx.

A finales de la década de los años treinta, Timothy Pflueger le encargó a Ralph Stackpole una nueva obra. En este caso, una escultura para la Exposición Internacional Golden Gate de los años 1939-1940, una feria mundial celebrada en Treasure Island, la isla artificial de la bahía de San Francisco. Y este creó para la ocasión una imponente escultura de 24 metros de altura, hecha de madera y estuco, que representaba a una figura femenina de otro tiempo llamada Pacifica. La escultura fue situada frente a una gran “cortina de oración persa” con la posición de sus brazos y manos hacia el cielo, lo cual recordaba a las posiciones de oración de algunos cultos. La Exposición Internacional Golden Gate recibió a 16 millones de visitantes. Y la escultura de Stackpole, tras finalizar la misma, terminó siendo demolida, contra su criterio.

En medio de todo eso, el presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt igualmente le solicitó a Stackpole que reprodujese su escultura Reverence (1915), encargo que cumplió el artista rebautizando su antigua obra con el nombre Kneeling Woman. Al verla finalizada, Roosevelt la rechazó por entender que reivindicaba posiciones izquierdistas y la escondió en un bosque. Hasta el año 2015, la escultura no fue reubicada en la Biblioteca Roosevelt.

En 1949, Ralph Stackpole abandonó Estados Unidos por no sentirse cómodo en un país que demolía o vetaba algunas de sus mejores obras y se fue a vivir con su mujer a la localidad de Chauriat, situada en el departamento de Puy-de-Dôme de la región de Auvernia, en el centro de Francia.

Bastantes años después, a principios de 1964, Stackpole regresó a San Francisco de vacaciones y se reencontró con su amigo el poeta y escritor Kenneth Rexroth, al cual la revista Time denominó el “padre de la generación beat. En su columna del periódico San Francisco Examiner, Rexroth relató el encuentro y recordó a sus lectores que Stackpole había sido “durante más de veinte años, el artista más importante de San Francisco”.

Terminadas sus vacaciones, Stackpole regresó a Francia y, acompañado de su mujer, allí permaneció hasta su muerte, la cual se produjo el 10 de diciembre de 1973. El artista californiano falleció lejos de su país y sin el reconocimiento que hubiese merecido por parte de este, dejando varias de sus creaciones más excepcionales esparcidas por el Estado de California. El mundo del arte, por el contrario, sí reconoció su gran talento y preservó su legado.

Ralph Stackpole fue un escultor y un pintor muy destacado del Realismo Social que padeció el rechazo de un sector de la sociedad estadounidense por su posicionamiento artístico e ideológico, aunque, dentro del mundo del arte, su obra fue reconocida, valorada y preservada. Gracias a eso, todavía hoy bastantes de sus mejores creaciones se pueden visitar y admirar, tanto en museos como por las calles de las principales ciudades de California. Sin duda, un privilegio, un enorme privilegio, ya que no fueron precisamente poco.

45 años de danza vuelven al escenario con Archivo Vivo

Cinco obras creadas entre 1985 y 2015 se presentan en el Teatro de la Danza en una temporada que reúne distintas generaciones de intérpretes, memoria, música y producción audiovisual. La entrada es gratuita con reservación previa.

Una obra creada hace más de 40 años vuelve a encontrarse con el público. Otra, estrenada en 2001, regresa con nuevos intérpretes. Y 36 jóvenes bailarines llevan al escenario una creación de 2015. Ese encuentro entre distintas generaciones es el corazón de Archivo Vivo, el espectáculo con el que la Compañía Danza UNA celebra 45 años de trayectoria.

Más que reconstruir exactamente lo que ocurrió décadas atrás, Archivo Vivo propone mirar qué sucede cuando una coreografía vuelve a otros cuerpos y a otro tiempo. Las obras conservan su historia, pero cambian con quienes hoy las interpretan.

Cinco historias, cinco momentos de la danza

Paloma (2015), de Yul Gatjens, toma como punto de partida el comportamiento de las palomas y otras aves que conviven diariamente con nosotros en las ciudades. La adaptación reúne en escena a 36 estudiantes de primer y segundo nivel de la Escuela de Danza, con música de Yma Sumac y Trentemøller.

Indómitas Ánimas (2001), de Elsa Flores, explora el apego a la vida y el coraje. Estrenada originalmente en el Teatro Nacional, regresa en un extracto acompañado por la música del compositor polaco Henryk Górecki.

Desde los primeros años de la Compañía vuelve Voces del Tiempo (1985), de Jorge Ramírez, ahora interpretada por integrantes del elenco actual, con música de Gwendolyn Watson y Laurie Anderson.

Sique-Siqué (2002), de Ileana Álvarez, juega con las palabras, el sonido, el cuerpo y el movimiento para abrir múltiples posibilidades de significado. La obra original tenía una duración de una hora y para esta temporada se recupera un extracto, con textos y composición musical de Leo Maslíah y adaptación de Manuel Monestel.

Completa el recorrido Guaca: La Gran Nicoya (2005), de Nandayure Harley, que vuelve al escenario con música de Jorge Reyes y recupera también elementos de su propuesta visual original.

Las funciones serán el viernes 28 y sábado 29 de agosto, a las 7 p. m., y el domingo 30, a las 6 p. m., en el Teatro de la Danza, en San José.

El elenco de la Compañía Danza UNA está integrado por Keisy Gabriel Arce Fonseca, Juliana Espinoza Mora, Valeria Lara Badilla, Bryan Rodríguez Bonilla, Camelia Estefanía Salgado Rojas, Jeudin Steven Villalta Alfaro y Fabián Andrés Zamora Delgado, junto con Dylan Andrés Estrada Marchena, estudiante suplente.

La dirección general y artística está a cargo de Yul Gatjens y la producción de Uriel Morera. Glendo Ramírez tiene a cargo la edición y el diseño sonoro, mientras Álvaro Piedra Romero y Gabriel Piedra Alfaro realizan el diseño de iluminación.

La imagen también forma parte de este recorrido por la memoria. Aldo Bonilla Quirós está a cargo del video, registro audiovisual y edición, y la temporada incorpora además un documental realizado por Aldo Bonilla Quirós, Alberto Blanco Madrigal y Uriel Morera.

Funciones

Viernes 28 de agosto | 7 p. m.
Sábado 29 de agosto | 7 p. m.
Domingo 30 de agosto | 6 p. m.

Teatro de la Danza, San José
Entrada gratuita con reservación previa

Formulario de reservación:
https://forms.gle/JgU1ZzYu17tLf5198

Las reservaciones están sujetas a la capacidad del teatro y la confirmación del espacio se enviará por correo electrónico.

Exposición fotográfica «Seguiremos aquí: voces, memorias, miradas y fuerza viva de las mujeres indígenas»

La Unión Europea, Paz y Desarrollo, ACOMUITA, PYTI-CONARE, la Asociación de Mujeres Uniendo Comunidades y el Ministerio de Cultura y Juventud, por medio de la Benemérita Biblioteca Nacional de Sinabi, se complace en invitarle a la exposición fotográfica  Seguiremos aquí: voces, memorias, miradas y fuerza viva de las mujeres indígenas

La actividad se inaugura el viernes 4 de setiembre a las 2:00 p.m. en la Benemérita Biblioteca Nacional. También se transmitirá por el Facebook Biblioteca Nacional Costa Rica https://www.facebook.com/bibliotecanacional.mcj.cr/

La exposición estará abierta al público del 3 al 30 de setiembre, en horario de lunes a viernes de 8 a.m. a 6 p.m

Recital con el Grupo Concierto de Violas

El Ministerio de Cultura y Juventud, por medio de la Benemérita Biblioteca Nacional  del Sinabi se complace en invitarle al Recital con el Grupo Concierto de Violas conformado por Ivette Rojas (canto y percusión), Rodrigo Alvarado (flauta dulce soprano), José Ángel Ábrego (flautas dulces alto y tenor), Mario Rodríguez (violín barroco), Allen Torres (rebec) y Eduardo Madrigal (viola de gamba y dirección)

La actividad, se celebrará en la Benemérita Biblioteca Nacional el viernes  28 de agosto a las 4:00 p.m.   y será transmitida por el Facebook de la Biblioteca Nacional https://www.facebook.com/bibliotecanacional.mcj.cr/

Día Internacional del Patrimonio Cultural Subacuático

CCBEEM

Este viernes 21 de agosto se celebró el Día Internacional del Patrimonio Cultural Subacuático. La UNESCO lo celebra desde el 2024 como una herramienta para aumentar la concienciación mundial. Se conmemora promoviendo esfuerzos de colaboración, en particular por los siguientes medios:

  1. aumentando la concienciación a escala mundial sobre la importancia del patrimonio cultural subacuático y su preservación, en consonancia directa con la misión de la UNESCO de promover la diversidad cultural y el diálogo intercultural;
  2. fomentando los compromisos de protección y gestión responsable del patrimonio cultural subacuático;
  3. promoviendo la colaboración internacional para la investigación, la conservación y la educación en relación con el patrimonio cultural subacuático;
  4. celebrando la rica diversidad cultural y el legado histórico que representa el patrimonio cultural subacuático y poniendo de relieve la interconexión de las civilizaciones;
  5. fomentando la ratificación de la Convención de 2001.

En el Caribe de Costa Rica

Costa Rica ratificó la Convención y le dio una Ley 9500 y un Reglamento desde el 2021. En el distrito de Cahuita y su Parque Nacional lo celebramos juntos el Centro Comunitario de Buceo Embajadores y Embajadoras del Mar (CCBEEM) y la Co Gobernanza y la ADIC, asegurando que la protección de ese patrimonio esté debidamente contemplada en el borrador del Plan de Manejo 2027 – 2036.

Desde el año 2016, el CCBEEM desarrolla el proyecto “Expedición Galeones y Otras Embarcaciones”. Se trata de un esfuerzo de gestión comunitaria en arqueología subacuática, avalado por la Universidad de Costa Rica, autorizado por el Consejo Local del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (CL/SINAC) y reconocido por la UNESCO, desde el año 2021, como “cuna de una arqueología subacuática comunitaria en Costa Rica”.

Este proceso ha permitido, entre otros avances, documentar y verificar científicamente la identidad de dos embarcaciones esclavistas danesas naufragadas en las cercanías de Punta Cahuita el 2 de marzo de 1710, revelando un sitio de alta significancia histórica y cultural para el distrito de Cahuita, la provincia de Limón, Costa Rica y el mundo.

Asimismo, en el marco de las expediciones se ha avanzado en la identificación y caracterización de otros cuatro sitios, que en su conjunto constituyen seis lugares a proteger y manejar en el Plan 2027-2035: dos muelles, un sitio denominado Sitio de Convergencia Cultural y un sendero de arrecife que alberga un ancla antigua.

La Ley N.º 9500 y su respectivo Reglamento brindan un marco legal reciente que requiere un abordaje articulado entre instituciones culturales, ambientales, académicas y comunitarias. La UNESCO ha señalado con claridad que el patrimonio cultural subacuático se encuentra gravemente amenazado por actividades humanas, el cambio climático y la falta de políticas específicas para su protección.

En Costa Rica existen políticas específicas para la gestión del cambio climático, y mediante el presente Plan de Manejo se establecerán mecanismos para regular las actividades humanas relacionadas con los sitios patrimoniales subacuáticos.

El CCBEEM reitera su compromiso con el fortalecimiento de la identidad histórica y cultural de Cahuita y su Parque Nacional, mediante un proceso respetuoso, técnico y participativo.

Tras diez años de experiencia, avales universitarios, el respaldo del Comité Local de Co-gobernanza, la coordinación con el Museo Nacional de Costa Rica y la participación de comunidades locales, este proceso motiva y compromete a continuar contribuyendo, en este momento histórico, con responsabilidad, conocimiento y la visión colectiva construida a lo largo del proyecto.

Cuándo se instauró esta conmemoración

El 21 de agosto es una fecha que coincide con la puesta en marcha de la primera misión arqueológica subacuática internacional llevada a cabo bajo los auspicios de la UNESCO. Incluyó dos proyectos autónomos: uno en el banco de Esquerquis (plataforma continental tunecina) y otro siguiendo la estela de Ballard y McCann en el canal de Sicilia (plataforma continental italiana).

Publicado por el Centro Comunitario de Buceo Embajadores y Embajadoras del Mar y compartido con SURCOS.