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Gaza / Israel: desde una desconcertante Costa Rica, reflexiones sobre el reciente informe de la comisión de investigación de Naciones Unidas relativo a los crímenes de Israel

Nicolas Boeglin
Profesor de Derecho Internacional Público
Facultad de Derecho UCR
nboeglin@gmail.com

Se acaban de conmemorar hace unas semanas tres años desde el inicio de las operaciones de destrucción total de la Franja de Gaza por parte de Israel, en «venganza» al ataque perpetrado por el Hamás el 7 de octubre del 2023: se trata de operaciones militares que se advirtió en su momento que iban rápidamente a degenerar en el «asedio total» anunciado por las mismas autoridades militares israelíes, y ello desde el mismo mes de octubre del 2023, con crímenes y exacciones por venir (Nota 1).

En el 2021, ya habíamos tenido la oportunidad de analizar el profundo temor que generó súbitamente en aquel momento en Israel una solicitud formal de información enviada por la justicia penal internacional de La Haya a sus máximas autoridades (Nota 2).

Desde la perspectiva jurídica internacional, una reciente obra titulada «Gaza et le droit international» publicada en Bélgica y escrita por una reconocida jurista francesa (véase enlace que contiene el índice de su libro) detalla algunos aspectos pocamente abordados en la prensa internacional, pero también en publicaciones de corte más académico así como en algunos círculos políticos. Salvo error de nuestra parte, es la única publicación analizada desde la estricta perspectiva jurídica internacional editada sobre Gaza en francés en estos tres años por una reconocida casa de edición jurídica europea como la es la «Maison Bruylant» en Bruselas. Por cierto, la autora de este libro fue la invitada en el marco del webinar «Les Mardis de JURDI» en París, este 3 de noviembre del 2026 (véase enlace con posibilidad de inscribirse ahí indicadas y el video que debería próximamente ser editado en el sitio de JURDI).

Tanto desinterés por parte de círculos académicos, de juristas, de universitarios e investigadores galos o de habla francesa, debería tener una explicación: el capítulo I de este libro, cuya lectura completa se recomienda, se titula precisamente:

«Les faits, la preuve et les stratégies de dissimulation«.

Invitamos a nuestros estimables lectores especializados en doctrina jurídica internacional a verificar si la misma situación que la descrita en el caso de publicaciones jurídicas en francés, también se observa con las grandes casas editoriales de la ciencia jurídica en otros idiomas.

Los límites de la manipulación de la información

Con respecto a la operación militar de Israel a partir de la misma tarde/noche del 7 de octubre del 2023, otras alertas igualmente tempraneras advirtieron que los dos objetivos oficiales de Israel de supuestamente «erradicar al Hamás» y de «recuperar a los rehenes israelíes» no guardaban mayor relación con lo observado desde el punto de vista militar en Gaza desde esta misma tarde/noche del 7 de octubre del 2023: ¿en cuál conflicto militar se habrá observado que bombardear masivamente edificios en una región densamente poblada como Gaza sí permite rescatar a rehenes escondidos en túneles con sus custodios y eliminar al grupo armado que los secuestró (cuyos cuarteles generales también se encuentran a varios metros de profundidad)? Más de tres años después de iniciada esta insensata ofensiva militar israelí en Gaza, se confirma que estos «objetivos oficiales» no lo eran: el Hamás sigue existiendo (renovando a sus liderazgos y a sus combatientes y extendiendo su influencia en otras partes de Palestina como Cisjordania) y los únicos rehenes recuperados por Israel en estos años lo fueron a raíz de un acuerdo negociado con el Hamás a cambio de la liberación de detenidos palestinos en las cárceles israelíes.

Adicionalmente, informes de medios de prensa desde diciembre del 2023 (véase nota del New York Times), señalaron que las máximas autoridades israelíes sí estaban al tanto de los preparativos del Hamás para la primera semana de octubre del 2023, y que fueron advertidas incluso con llamadas pocos días antes de sus principales aliados árabes: véanse al respecto esta nota más reciente de Haaretz con respecto a las alertas comunicadas vía telefónica por la máxima autoridad de Emiratos Árabes Unidos a su homólogo israelí y esta otra nota sobre las advertencias provenientes de los servicios de inteligencia de Egipto. En el caso de estas últimas, desde el mismo 12 de octubre del 2023, lo que consideró una «noticia falsa» el primer ministro israelí, se difundió desde la misma BBC (véase nota de la BBC).

Estas revelaciones (y muchas otras…) hacen trizas otra idea totalmente falaz, vehiculada por muchos medios de prensa, editorialistas, columnistas, analistas y denominados «expertos» sobre el carácter supuestamente «sorpresivo» para las máximas autoridades de Israel del ataque del 7 de octubre del 2023 perpetrado por varios comandos del Hamás. A la vez, exponen una operación de comunicación a nivel global llevada a cabo por Israel a partir de estos y muchos otros relevos en diversas salas de redacción, que debería de interesar e interpelar a muchos en diversas partes del mundo.

Este extracto de una intervención del delegado de Palestina ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas merece ser recordado, al haberse externado durante una sesión urgente del máximo órgano de Naciones Unidas, el 16 de octubre del 2023, y al explicar las verdaderas intenciones detrás de la intensidad de la respuesta militar de Israel al ataque del 7 de octubre del 2023:

«Lo que está ocurriendo en Gaza no es una operación militar, es una agresión a gran escala contra nuestro pueblo. Son masacres contra civiles inocentes. Nada en el derecho natural ni en el derecho internacional permite atacar a civiles y perpetrar contra ellos ataques tan indiscriminados y bárbaros”.

(intervención realizada por el representante de Palestina ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en su sesión del 16 de octubre del 2023: véase acta S/PV/9439, en página 9).

Esta verdadera masacre a gran escala de carácter punitivo contra civiles, con una aniquilación total de la mayor parte de la infraestructura pública existente en Gaza, y con un ensañamiento raramente observado por parte de un ejército contra una población civil (al que Israel le bloquea la ayuda humanitaria que necesita urgentemente así como alimentos y agua en cantidades suficientes) no se ha logrado frenar en estos últimos tres años: pese a intensos esfuerzos de Israel, de Estados Unidos y de sus círculos de influencia en todo el mundo contra esta calificación, lo que está ocurriendo en Gaza califica jurídicamente como un verdadero genocidio, siempre en curso. Este documento reciente publicado por la misma JURDI en Francia detalla la cronología de las diversas constataciones de un genocidio en Gaza, desde octubre del 2024 hasta octubre del 2026.

Los principales jefes políticos y militares israelíes responsables de este genocidio enfrentan también acusaciones por crímenes de guerra: las órdenes de arresto contra el primer ministro israelí y su ex ministro de Defensa por parte de la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya se mantienen vigentes desde noviembre del 2024, pese a la intensa campaña de intimidación que Estados Unidos está propiciando contra la justicia penal internacional de La Haya.

Por su parte, una fundación como la fundación Hind Rajab ha logrado rastrear, ubicar y presentar demandas ante los tribunales nacionales e internacionales contra otros criminales de guerra israelíes de rango intermedio o menor que vacacionan en diversas latitudes del mundo (véase sitio): se trata de un sitio que debería de interesar a los operadores de justicia de Estados en los que se observa cierta cantidad de turistas israelíes en sus playas y en sus montañas. En el caso de Nueva Zelanda, desde enero del 2025 sus autoridades migratorias han establecido un cuestionario para todo turista israelí deseoso de ingresar al territorio neozelandés, de manera a conocer más en detalle qué hizo en Gaza mientras estaba enrolado en el ejército israelí (véase nota del TimesofIsrael).

Esta reciente entrevista de Democracy Now (30 de octubre del 2026) da una idea de la destrucción planificada y sistemática de todas las habitaciones y casas en la superficie existentes en Gaza, como continuación de un genocidio: imposibilitar el retorno de los desplazados gazatíes a sus antiguos barrios constituye la estrategia israelí que se denuncia en esta entrevista con un reconocido especialista en arquitectura forense (entrevista que en lo personal consideramos muy recomendada ver, escuchar y volver a ver). Las fotos satelitales no dejan duda alguna sobre las claras intenciones de Israel en la parte de Gaza que ocupa militarmente desde el supuesto «Plan de Paz» suscrito en octubre del 2025, cuyo contenido fue finiquitado entre Estados Unidos e Israel: habíamos tenido la oportunidad de señalar que este supuesto «Plan de Paz» no era sino una operación de comunicación de ambos mandatarios de cara a la fecha del 7 de octubre del 2025 (Nota 3)

Por su parte, este foro en Londres realizado el 31 de octubre del 2026 con expertos de Naciones Unidas (véase video) explica el ataque deliberado a niños al que se prestan los soldados israelíes en el territorio palestino ocupado: se trata de una estrategia de los militares israelíes ya denunciada y ampliamente documentada en este informe del 2023 elaborado por Francesca Albanese (véase informe): un informe con sello de Naciones Unidas que prácticamente no se divulgó mayormente luego de su presentación oficial.

Foto de escolares en una escuela en Gaza al reinicio del ciclo lectivo, extraída de la portada del informe de Naciones Unidas sobre la situación humanitaria en el territorio palestino al 2 de octubre disponible en este enlace.

En el mes de septiembre del 2026, un informe sobre la destrucción en Gaza por parte de Israel estimaba a más de 71.000 millones de US$ el monto necesario para su reconstrucción (véase nota de la UNCTAD). A notar que al conmemorarse un año desde el 7 de octubre el 2023, se informó que Estados Unidos había destinado a Israel armas y equipos militares por un valor de 17.900 millones de US$ (véase nota de la agencia AP de noticias de octubre del 2024).

Un nuevo informe de Naciones Unidas: algunos extractos

El pasado 26 de octubre del 2026, un nuevo informe de una comisión de investigación de Naciones Unidas creada desde el 2021, confirmó nuevamente que la calificación de genocidio aplica a lo que se está observando en Gaza, y que el ensañamiento desde hace más de tres años contra civiles palestinos corresponde a crímenes de lesa humanidad y a crímenes de guerra, que se cometen sistemáticamente por parte de Israel en Cisjordania así como en los demás territorios palestinos ocupados: véanse al respecto esta nota oficial de Naciones Unidas con enlace remitiendo al informe A/81/430.

En el punto 23 se lee que:

«23. In some cases, Israeli forces fired live ammunition at vehicles carrying Palestinian families, including children, claiming that they accelerated towards the forces and constituted a threat, when there was no evidence to support such a claim. In one example, on 5 June 2026, a seven-month-old baby was killed and the parents were injured, when an Israeli soldier opened fire on a car in Hebron. Video footage shows that the father slowed down and stopped the car when approaching the soldiers, raising his hands. Evidence shows that an Israeli soldier fired two rounds using an Israeli‑manufactured X95 Tavor rifle with 5.56×45mm ammunition into the car, without warning, shooting the baby in the head. No medical assistance was provided to the family. According to the Israeli Army, a member of the Yehuda Brigade fired at the vehicle due to the car accelerating towards the soldiers. At a 10 metre range, the soldier would have had a clear, unobstructed view of the persons in the vehicle. In a similar case documented by the Commission, Israeli forces fired at a car carrying a family of six in Tammun, Tubas Governorate, on 15 March 2026. The mother, father and two of their youngest sons were shot in the head and killed inside the car, while two older sons were injured and subsequently assaulted by the soldiers».

En los puntos 28 y 29 se precisa que:

«28. The change reflects the import of the Gaza strategy of total destruction into West Bank operations. As a result, Palestinian residents in camps, have been killed or displaced, and large areas have been made uninhabitable. Military operations since January 2025 have led to the largest displacement of Palestinians in the West Bank since 1967;30 with 34,176 Palestinians remaining displaced as of August 2026.

  1. Palestinians who have tried to return to their homes in refugee camps have been killed or wounded by Israeli forces, which declared these locations closed military areas. In one incident, on 8 September 2025, a 14-year-old Palestinian boy was shot in the chest and died near the entrance of the Jenin refugee camp. The camp had been closed since the beginning of Operation Iron Wall in January 2025, but rumours had spread about the military withdrawing and some 50-60 Palestinian residents sought to return to the camp to check on their homes. Israeli forces arrived by vehicle and without warning fired at the Palestinian residents, including the 14-year-old boy. According to reports, another 14-year-old boy was killed, and at least two others were injured in this incident. «

En los puntos 43 y 44, leemos que:

  1. The Commission finds that Israeli military operations in the West Bank since 7 October 2023 constitute a course of conduct that forms part of a widespread and systematic attack against the civilian population. The attack requires a high level of coordination and organised planning, indicating the existence of a policy to attack the civilian population. The Commission finds that the Israeli authorities utilised settler violence to target the Palestinian civilian population, and intended settlers’ conduct to form part of the ‘attack’ against the civilian population. In relation to Ayşenur Eygi, the Commission underscores that she was perceived by the Israeli soldiers as part of the targeted population; her killing was therefore part of the attack directed against the civilian population.
  2. The Commission finds that sexual and gender-based violence by the Israeli soldiers and settlers is instrumentalised not only as punishment against the individuals, but as part of a pattern of collective punishment to fracture, expel, humiliate and subjugate the Palestinian population in its entirety. The Commission finds that the targeting of children by the Israeli soldiers and settlers in the West Bank is deliberate. Similar to cases of sexual violence, the Commission finds that Israeli authorities knew and intended the conduct against children to form part of the attack against the broader civilian population.»

En los puntos 47-48, las conclusiones a las que llegan los tres integrantes de esta comisión son contundentes:

«47. The Commission considered (i) the large number of victims killed; (ii) the methods used by the Israeli forces to target the civilian population (through the firing of live ammunition and airstrikes); (iii) the locations of the killings (densely populated areas); and (iv) the remarks and statements of the Israeli authorities, and finds that the cases it investigated and documented show a pattern where civilians in the West Bank were intentionally and directly targeted and killed by the Israeli soldiers on a mass scale since 7 October 2023. The Commission finds that, together with the mass killings by the Israeli forces, settler violence constitutes a component of the attack against this civilian population. Conduct of Israeli authorities indicate that they knew and intended settler violence to be part of the attack. The Commission concludes that the Israeli authorities and security forces have committed the crime against humanity of extermination against the civilian population in the West Bank since 7 October 2023.

  1. The Commission’s findings on extermination apply equally to the crime against humanity of other inhumane acts. The Commission concludes that the Israeli authorities and forces have committed the crime against humanity of other inhumane acts, in particular causing serious injury to body and to mental or physical health against the civilian population in the West Bank since 7 October 2023″.

Por su parte, el punto 59 se lee de la siguiente manera:

«59. Israeli state violence has accelerated since October 2023 and has, since the establishment of Israel, never claimed or impacted as many lives in the Occupied Palestinian Territory. Over 75,000 Palestinians across the Occupied Palestinian Territory have been killed since 7 October 2023, including at least 21,500 children, and 11,000 women. While Israeli authorities and security forces continue to commit genocide in Gaza, the situation in the West Bank has deteriorated drastically. Israeli military operations, complemented by sustained settler violence, form part of a widespread and systematic attack against the civilian population in the West Bank since 7 October 2023. Accordingly, the Commission concludes that the Israeli authorities and forces have committed the crimes against humanity of extermination, torture, rape and other forms of sexual violence in the West Bank, as well as persecution based on intersecting discriminatory grounds, with nationality, race and ethnicity at its core».

La lectura completa del informe como tal se recomienda, de manera a entender la estrategia de aniquilación que Israel está cometiendo, en particular desde el 7 de octubre del 2023, en contra de la población palestina. Esta entrevista a uno de los integrantes de esta comisión divulgada este 3 de noviembre del 2026 explica el contexto legal en el que Israel se encuentra ante el resto de la comunidad internacional. Al respecto, en la página 17 del informe, se pueden leer las recomendaciones hechas a Israel y a Estado terceros para que éstos no contribuyan con su conducta a este genocidio en curso en Gaza y a estos crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra reiterados por parte de Israel.

Recomendamos en particular su lectura a quienes desde la Asamblea Legislativa de Costa Rica, continúan sosteniendo que aprobar un tratado de libre comercio (TLC) con Israel en las actuales circunstancias es muy provechoso para Costa Rica, y en particular una lectura pormenorizada del presidente de la Comisión de Relaciones Internacionales y Comercio que no desea oír la palabra «genocida» en dicha comisión (véase nota de Delfino.cr del 25 de junio del 2026): se trata de una postura que también se le escuchó al entonces canciller de Costa Rica en este artículo publicado por el Semanario Universidad en julio del 2026, cuyo título refleja el alineamiento total con Israel del entonces jefe del aparato diplomático costarricense.

Los informes anteriores de esta misma comisión están disponibles en este enlace oficial de Naciones Unidas.

Esta comisión de investigación en el 2025 ya había calificado de genocidio lo observado en Gaza (véase comunicado oficial de Naciones Unidas de septiembre del 2025): su lectura es siempre muy recomendada a quienes, por alguna razón que sería de sumo interés conocer, siguen negando en diversos artículos y columnas en Costa Rica, la realidad de lo que está ocurriendo en Gaza.

El alineamiento de las actuales autoridades de Costa Rica con Israel

Las actuales autoridades de Costa Rica (y las anteriores correspondientes al período 2022-2026) se han alineado como nunca con Israel y con Estados Unidos, con una presidenta que considera ahora oportuno transferir la embajada de Costa Rica en Israel de Tel-Aviv a Jerusalén y aprobar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Israel: véanse al respecto este artículo publicado en El País (España) en mayo del 2026 así como nuestra nota publicada en septiembre del 2026 y titulada:

«Se puede fomentar el libre comercio … ¿ignorando obligaciones jurídicas internacionales? A propósito del trámite de aprobación del TLC entre Costa Rica e Israel«, disponible en este enlace.

Costa Rica se «destaca» también por el hecho que su presidente hiciera mofa en una conferencia de prensa del drama indecible que vive la población en Gaza (véase nota del Semanario Universidad del 4 de julio del 2025): se trata del único jefe de Estado en el mundo registrado en burlarse de esta manera de la situación prevaleciente en Gaza en público (Nota 4).

De igual manera, de los distintos actos de traspaso observados en los últimos años en América Latina, el único en el que vino desde Tel Aviv en persona el presidente de Israel fue con ocasión de la toma de posesión realizada en mayo del 2026 en la capital costarricense por las nuevas autoridades electas. En las tomas de posesión posteriores observadas en Perú (julio del 2026) y luego en Colombia (agosto del 2026), no asistió el presidente de Israel. Se sugiere realizar una búsqueda de actos de traspaso en presencia del presidente de Israel en otros continentes de manera a poder estimar aún mejor el grado de cercanía de Israel con las autoridades costarricenses actuales y las anteriores correspondientes al período (2022-2026).

Otro punto de igual manera «destacado«, y muy poco señalado, resulta del hecho que nunca antes un ministro de Relaciones Exteriores en el ejercicio de sus funciones había recibido un premio como el premio «Jerusalén» (Nota 5): véase al respecto el comunicado oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de Costa Rica del 24 de agosto del 2026).

Como se señaló con anterioridad, el titular de este artículo publicado en julio del 2026 en el Semanario Universidad permite entender mejor las motivaciones en algunos círculos para otorgarle este premio al que fue canciller de Costa Rica hasta su insólita destitución el pasado 24 de septiembre, en plena Asamblea General de Naciones Unidas, días antes de pronunciar su alocución, y semanas antes de entrar en la recta final de cara a la designación de un(a) sustituto (a) para asumir el puesto de Secretario (a) General de Naciones Unidas (contienda en la cual compite una candidatura oficial de Costa Rica): es posiblemente el peor momento que pueda escoger un Estado para destituir a su canciller. No se tiene registro en Naciones Unidas de la destitución de un canciller en plena Asamblea General de Naciones Unidas y agradecemos el concurso de nuestros estimables lectores si tienen en mente un caso que se nos haya escapado.

La información sobre lo que ocurre en Gaza

Este nuevo informe coincidió con la presentación por parte de Francesca Albanese, de su último informe sobre la responsabilidad de los medios de prensa en el genocidio en curso en Gaza: su informe A/81/249 está disponible en los diversos idiomas oficiales de Naciones Unidas, y tuvimos la ocasión de analizar su contenido y su alcance, así como las reacciones ya habituales de Israel cuando fracasa estrepitosamente su diplomacia en Naciones Unidas (Nota 6).

Ya en el 2025, tuvimos la oportunidad de detallar el cerco informativo que Israel intentaba mantener en los primeros 23 meses desde el 7 de octubre del 2023, con el asesinato deliberado y reiterado de periodistas, comunicadores y camarógrafos en Gaza, ante una indiferencia casi generalizada del gremio de profesionales en periodismo en Costa Rica y en muchas otras partes de América Latina (Nota 7).

«Gaza, cerco informativo, cerco de la justicia internacional«

son los ejes de varias conferencias, foros y publicaciones nuestras (disponibles en la red) en las que hemos participado en los últimos tres años, haciendo ver que los diversos argumentos de Israel difundidos por sus embajadas y los pequeños círculos que gravitan a su alrededor, no resisten un debate contradictorio frente a integrantes de jurisdicciones internacionales.

En el punto 72 del informe de Francesca Albanese, una mención interesará a los muchos espectadores costarricenses que fueron masivamente a ver la película titulada La voz de Hind Rajab, una niña de Gaza de tan solo seis años cuyo nombre ha sido escogido por una fundación que rastrea y ubica con gran éxito a criminales de guerra israelíes que turistean por el mundo (véase sitio). En efecto, el punto 72 se lee de la siguiente manera:

«72. Cuando ciertos hechos ya no pudieron seguir negándose ni “camuflándose”, la cobertura informativa con frecuencia omitió o minimizó la responsabilidad de Israel. Un análisis de contenido ha concluido que la BBC actuó de ese modo en el 83 % de los titulares pertinentes y The New York Times en el 65 %. Un ejemplo particularmente ilustrativo es el caso de Hind Rajab, asesinada por fuerzas israelíes, cuya muerte sigue siendo presentada por la BBC bajo el titular: “Hind Rajab, de 6 años, hallada muerta en Gaza días después de realizar llamadas pidiendo ayuda” «.

Es de notar que, por segundo año consecutivo, Francesca Albanese debió presentar su informe desde el exterior (por video conferencia) al estar sujeta a sanciones en su contra por parte de Estados Unidos (véase video de su presentación, cuya visualización completa se recomienda).

Foto extraída de esta nota de la BBC titulada «El tribunal de la historia nos juzgará. Y su conclusión será implacable con los que niegan que hay genocidio en Gaza»: Francesca Albanese, relatora de la ONU», edición del 19 de diciembre del 2024

Este 29 de octubre del 2026 se realizó un importante foro en Naciones Unidas (véase video completo) con Francesca Albanese en videoconferencia y con otros expertos de Naciones Unidas, titulado:

“Human Dignity Under Strain: The Humanitarian and Human Rights Consequences in the Occupied Palestinian Territory»

organizado por el CEIRPP de Naciones Unidas (siglas en inglés del Committee on the Exercise of the Inalienable Rights of the Palestinian People).

A finales del mes de noviembre próximo, la Universidad de Costa Rica (UCR) debería otorgar formalmente en un acto oficial solemne a esta jurista italiana su máxima distinción, el Doctorado Honoris Causa: no está de más recordar que Francesca Albanese es objeto de una intensa campaña de descrédito sin precedentes orquestada por Israel, Estados Unidos.

Pese a esta intensa campaña de desprestigio contra Francesca Albanese, ampliada por los círculos afines a Israel en todo el mundo, España en mayo del 2026 le otorgó la máxima distinción oficial del Orden al Mérito Civil (véase comunicado oficial del Palacio de la Moncloa). Se trata de un reconocimiento de España a su persistente labor de documentación y de denuncia, y que bien podría inspirar a muchos otros Estados y entidades en el mundo, dada la contundencia de sus informes y sobre todo, la justeza de sus análisis, y ello desde su primer informe después del 7 de octubre del 2023, titulado: «Anatomía de un genocidio» (véase enlace). Siempre en España, desde la parte más periférica de su geografía, es la Universidad de La Laguna en Tenerife la que anunció el otorgamiento del Doctorado Honoris Causa a Francesca Albanese (véase nota de dicha universidad).

En abril del 2026, fueron tres universidades flamencas en Bélgica las que también otorgaron conjuntamente un Doctorado Honoris Causa a esta valiente jurista italiana (véase nota oficial).

Cabe también traer a la memoria que cuando en febrero del 2026 la UCR optó por otorgarle su máxima distinción a Francesca Albanese (véase artículo del Semanario Universidad de marzo del 2026), en el mes de abril del 2026, se informó de un intento por parte de un egresado de la UCR de restarle validez a esta decisión del Consejo Universitario de la UCR, el cual como era de prever fracasó (véase nota del Semanario Universidad). No se tiene idea exacta del número de egresados de la UCR como para valorar la pertinencia de las «gestiones» realizadas de manera unipersonal en contra de la decisión de la máxima instancia decisoria dentro de la UCR.

Más allá de la gran seguridad que anima a algunos egresados a la hora de cuestionar de manera solitaria una decisión de la UCR que otorga su máxima distinción académica a una persona, resulta oportuno añadir que además de Naciones Unidas, Israel ahora debe enfrentar cuestionamientos desde la misma sociedad israelí. El documental Naza realizado por dos valientes periodistas de investigación israelíes fue estrenado con gran éxito en las principales capitales del mundo (véase enlace) en el mes de octubre del 2026: incluida la de Costa Rica, con un estreno antecedido por una verdadera saga para que no se proyectara (Nota 8). Esta película recoge el testimonio de un total de 24 militares de cierto rango (pilotos, integrantes de la unidad 8200, operadores de drones, integrantes de batallones de infantería y en la parte final del documental, miembros del departamento político del ejército israelí denominado «departamento Bibi«, un departamento particularmente preocupado por la justicia penal internacional de La Haya): se trata de entrevistas realizadas por la noche, en las azoteas de edificios en Tel-Aviv. En varias de las entrevistas realizadas, se denota como un operador de drones israelí, al obedecer a instrucciones de sus superiores, acaba con la vida de familias palestinas enteras, hablando de sus operaciones en Gaza con una frialdad escalofriante, como si estuviera refiriéndose a un banal video juego.

A diferencia de los informes que provienen de Naciones Unidas, a los que Israel ya no presta mayor atención (más allá de sus habituales vociferaciones y gesticulaciones iracundas tildando de «antisemitas» a los autores de estos informes), resulta de interés observar la desesperación de las autoridades de Israel con respecto al contenido del documental Naza: han prohibido su proyección en Israel, han propuesto una ley que retire la nacionalidad a cualquier periodista que critique el ejército israelí y han anunciado que sancionarán a los militares que dieron sus testimonios (véanse esta nota de The Guardian y esta nota de France24). El pequeño detalle que omiten estos gestos desesperados ya habituales del aparato estatal israelí es que las identidades de estos militares israelíes fueron omitidas y sus voces modificadas para realizar este documental sin exponerlos a represalias.

La maquinaria informativa israelí desplegada desde hace ahora más de tres años para maquillar sus crímenes en Gaza va quedando al descubierto, tanto luego de proyectarse el documental Naza como de leerse el informe de Francesca Albanese y muchos otros informes de Naciones Unidas. En el caso del informe de Francesca Albanese, quedan también puestos en evidencia los analistas, columnistas, editorialistas y supuestos «expertos» que no han tenido reparo alguno en repetir la narrativa israelí en estos largos tres años, sosteniendo lo insostenible, en particular desde el punto de vista jurídico.

A modo de conclusión

A la valiosa información contenida en los informes que periódicamente emiten órganos de Naciones Unidas y que vendrá a documentar las acciones legales contra Israel que se están llevando a cabo en su contra (como Estado) ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) y ante la CPI (contra dos de sus dirigentes y posiblemente muchos más), hay que añadir el hecho siguiente: las reacciones registradas en Israel contra los dos directores de Naza confirman como nunca el gran poder del periodismo de investigación y el valor de algunos comunicadores para enfrentarse al poder político.

Fue este mismo equipo de periodistas israelíes que, al acceder a documentos confidenciales del aparato militar israelí,

– en abril del 2024, dio a conocer al mundo el uso del programa informático “Lavender” en Gaza (véase artículo publicado en Magazine+972 en abril del 2024 titulado “Lavender’: The AI machine directing Israel’s bombing spree in Gaza”);

– en mayo del 2024, reveló la existencia de un programa de muchos años de escuchas y de monitoreo de Israel con respecto al personal y al contenido de las computadoras de la CPI en La Haya: véase el artículo titulado «Surveillance and interference: Israel’s covert war on the ICC exposed».

Tal y como se puede observar en este final de mes de octubre e inicio de noviembre del 2026, Israel enfrenta un repudio generalizado a nivel internacional por su insensato actuar en Gaza y en el resto del territorio palestino ocupado: el único aliado incondicional que le queda (Estados Unidos) bien podría cambiar de posición dada la cercanía de las elecciones en Estados Unidos y el rechazo de gran parte de la sociedad norteamericana a este apoyo incondicional. Un reciente libro publicado en Estados Unidos y titulado «Israel’s lobby: America in the grip of a foreign power» (véase ficha técnica) explica cómo la política exterior de Estados Unidos es decidida por círculos de influencia cercanos a Israel, con decisiones que incluso a veces van en contra de los intereses norteamericanos (véase video de entrevista a sus autores). Nótese que estas elecciones de «midterm» en Estados Unidos de noviembre del 2026 han significado un monto de 12.000 millones de US$ en gastos de campaña: un monto nunca visto con anterioridad (véase nota de la BBC).

El genocidio en curso en Gaza no es ajeno a la campaña electoral en Estados Unidos que culminó con las elecciones de «midterm» del 3 de noviembre del 2026: tanto dentro del campo demócrata como republicano, la crítica a la forma en que Estados Unidos ha apoyado a Israel de manera total se extiende cada vez a mayores sectores políticos. Fue tal la desesperación por desmarcarse de Israel que el actual ocupante de la Casa Blanca, el mismo día de los comicios, anunció su intención de frenar la ayuda futura de Estados Unidos a Israel (véase nota de la BBC): un intento de último momento para frenar la debacle de los republicanos que resultó vano y que no tuvo mayor efecto en el resultado de estas elecciones del 3 de noviembre del 2026.

Cada vez son más las voces en Estados Unidos (y fuera de Estados Unidos) para denunciar que la insólita campaña del actual ocupante de la Casa Blanca en Estados Unidos en contra de la justicia penal internacional de La Haya persigue un solo y único objetivo: garantizar a toda costa a los dirigentes israelíes una total impunidad.

Cada vez son más los israelíes (en Israel y fuera de Israel) convencidos que todos los esfuerzos del actual primer ministro y de sus aliados extremistas en la Knesset para que no se cree una comisión de investigación independiente sobre las circunstancias en las que se dio el ataque del 7 de octubre del 2023 responden todos a un objetivo similar: asegurarle al equipo que dirige los destinos de Israel desde varios años el no tener que rendir cuentas con respecto a su verdadera irresponsabilidad en el ataque perpetrado por el Hamás el 7 de octubre del 2023.

– – Notas – –

Nota 1: En el mes de octubre, tuvimos la ocasión de referirnos al «asedio total» a Gaza anunciado por Israel, que se confirmaría semanas después de su anuncio, ampliado a bombardeos masivos en zonas urbanas densamente pobladas de Gaza: véase BOEGLIN N., «Voz experta: Ataque de Hamás desde Gaza y el «asedio total» de Gaza anunciado como respuesta israelí«, sitio oficial de la UCR, edición del 30 de octubre del 2023. Texto integral disponible aquí. Una versión anterior se publicó en ElMundo.cr, y ello desde el mismo 10 de octubre del 2023 (véase texto).

Nota 2: Nos permitimos entonces señalar en esta nota publicada en el sitio jurídico de DIPúblico (Argentina) en abril del 2021 que: «El pasado 18 de marzo, el presidente de Israel, de gira por Europa, visitó a su homólogo de Francia para convencerle de la validez de los argumentos israelíes contra los emitidos recientemente por la justicia penal internacional de La Haya (véase, por ejemplo, esta nota de prensa de la agencia china Xinhua). Antes de París, el presidente israelí había estado en Berlín y en Viena para reunirse con sus pares con el mismo propósito. Además, esta misma tercera semana de marzo es cuando el propio jefe de la diplomacia israelí optó por ir a Moscú para reunirse con su homólogo ruso (véase esta nota de prensa del JerusalemPost). Cabe señalar que hace unas semanas, una inusitada campaña llevó a los embajadores israelíes en ejercicio a expresarse en varios periódicos (es el caso, en América Latina, del Excelsior en México, del Diario de Centroamérica en Guatemala, por citar sólo algunos ejemplos) o a recurrir a relevos locales (caso de La Estrella en Panamá)». El 18 de marzo de 2021 fue también el día en que los medios de comunicación israelíes mencionaron, por primera vez, la existencia de una carta enviada por la Corte Penal Internacional (CPI) a las autoridades israelíes en relación con los crímenes cometidos en territorio palestino, dándoles un mes para responder (véase la nota de prensa del Times of Israel titulada «Israel said to receive formal letter from ICC informing of war crimes probe«). Esta campaña israelí al más alto nivel político refleja la profunda preocupación que genera una reciente decisión de la justicia penal internacional, y que pareciera haber tomado desprevenido al aparato estatal israelí».

Nota 3: Véase BOEGLIN N. «Gaza / Israel: algunos apuntes sobre el denominado «Plan de Paz» de Estados Unidos e Israel a la luz del derecho internacional público, analizado desde Costa Rica«, 1 de octubre del 2025. Texto integral disponible en este enlace.

Nota 4: Estas declaraciones del mandatario costarricense provocaron una reacción indignada de un intelectual de ascendencia judía radicado en Europa, que reportó el 3 de julio del 2025 esta nota de La Nación titulada “Respuesta de Rodrigo Chaves sobre niños en Gaza y TLC con Israel desata fuerte reacción de filósofo judío”. Dicho sea de paso, es este mismo intelectual el que ha sido invitado a impartir una conferencia magistral sobre Gaza que organizó la Facultad de Ciencias Sociales (FCS) de la UCR, el pasado 24 de septiembre; véase volante así como el video completo de la charla realizada, que se recomienda visualizar.

Nota 5: Usualmente los premios Jerusalén en América Latina vienen a premiar a profesionales de la comunicación, sean columnistas, analistas o periodistas: en el caso de Uruguay, el denominado «Premio Jerusalén» fue otorgado en el 2026 a un periodista (véase emisión de la televisión uruguaya). En el caso de Colombia, en el 2025, este mismo premio también fue otorgado a un periodista y columnista (véase enlace). Siempre con respecto a Costa Rica, este mismo premio fue otorgado a un exdiplomático en el año 2022 (véase nota de prensa), al parecer también comunicador.

Nota 6: Véase BOEGLIN N., «¿Cómo volver aceptable lo inaceptable? Francesca Albanese y su informe sobre Gaza, la manipulación y la desinformación de los medios de prensa«, 11 de octubre del 2026. Texto integral disponible en este enlace.

Nota 7: Véase BOEGLIN N., «Informar al mundo desde Gaza y prensa: el cerco persistente que Israel intenta mantener desde hace 23 meses, analizado desde una Costa Rica inaudible», 5 de septiembre del 2025. Texto integral disponible en este enlace.

Nota 8: Véase al respecto nuestra nota BOEGLIN N., «Gaza / Israel: reflexiones sobre el documental Naza y la verdadera saga observada con respecto a su proyección en Costa Rica«, 23 de octubre del 2026. Texto integral disponible en este enlace.

Algunas repercusiones de las elecciones parlamentarias en Estados Unidos

Juan Félix Montero

Cierto todo lo que han dicho con motivo del triunfo demócrata en las elecciones legislativas: que en EUA gobierna un monstruo de dos cabezas, que las diferencias entre demócratas y republicanos son cosméticas, cuyo único interés es preservar a Estados Unidos como imperio y que domine el mundo.

Una política de Estado para EUA (me refiero a bipartidista) es, por ejemplo, destruir algún día la Revolución Cubana, para ello ha mantenido leyes aprobadas por el Senado y Cámara de Representantes, que son las más difíciles de aprobar y de reformar, para el bloqueo de la isla que ya dura sesenta y cinco años.

En el gobierno del presidente Raúl Castro, mediante una hábil política, se logró que EUA suavizara algunas de las sanciones del bloqueo y Cuba comenzó a sentir mejores aires. Hasta restablecieron las relaciones diplomáticas como lo ha hecho ahora Venezuela. Obama visitó La Habana y se abrazó con Castro. (Nadie habló de traición por ello, era realpolitik.)

Posterior a Obama ganó las elecciones el republicano Donald Trump e inmediatamente borró con el codo todo lo que había hecho Obama con la mano, para mejorar las relaciones con Cuba.

Acto seguido, gana las elecciones Biden, el vicepresidente de Obama y le dio su bendición a las acciones de Trump contra Cuba y jamás restableció los avances diplomáticos de Raúl Castro y Barack Obama para normalizar las relaciones entre Washington y La Habana.

A Trump le quedan dos años de gobierno y ante un Senado y Cámara de Representantes adverso, dice que gobernará por decreto, tal y como lo hizo don Pepe Figueres después del 48 en Costa Rica.

Y vendrá un nuevo gobierno en EUA que de seguro será demócrata y veo muy difícil que reconsidere este rumbo.

Guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania, guerra de EUA e Israel en Medio Oriente contra Irán, Europa en decadencia y que deberá resolver qué va a hacer con su conflicto con Ucrania, Rusia, EUA, la guerra económica…los BRICS…la caída del dólar…la ultraderecha internacional filofascista dirigida por Trump, son temas pendientes.

Quiero aterrizar en lo que visualizo para Venezuela.

Nelson Mandela estuvo 27 años en la cárcel acusado de terrorista por la CIA y el apartheid, estoy seguro de que Maduro y Cilia Flores no durarán tanto antes de ser liberados.

Terminaré citando estas palabras: «la mejor victoria es vencer sin combatir», del célebre general y filósofo chino Sun Tzu (siglo V a. C.) en su obra clásica El arte de la guerra.

«La suprema excelencia consiste en romper la resistencia del enemigo sin luchar». Esta enseñanza plantea que la verdadera maestría estratégica radica en usar la inteligencia, la diplomacia, la psicología y la planificación para neutralizar al adversario antes de que el conflicto se vuelva físico y destructivo.

La dirección política del PSUV pasará a la historia por actuar en consecuencia y no por haber llevado al pueblo venezolano a un holocausto, aunque los llamen traidores por ello.

Trump pierde las elecciones, pero la Doctrina Donroe sigue en pie

La derrota republicana en las elecciones de medio mandato modifica el equilibrio político en Estados Unidos, pero no desmantela los intereses económicos, militares y tecnológicos que sostienen su política de dominación sobre América Latina.

Juan Carlos Cruz B, para SURCOS

El 3 de noviembre, los electores estadounidenses le tomaron la palabra a Donald Trump. El presidente había pedido que imaginaran que él mismo estaba en la papeleta electoral. Y así lo hicieron: castigaron a su gobierno y dieron a los demócratas el control de ambas cámaras del Congreso.

El resultado constituye un severo revés político para Trump. El encarecimiento del costo de la vida, la incertidumbre económica, la represión a personas migrantes, las consecuencias de la guerra con Irán, los conflictos de intereses y el estilo autoritario de ejercer el poder alimentaron el descontento ciudadano.

Sin embargo, sería prematuro interpretar esta derrota como el principio del fin del trumpismo. Y sería todavía más equivocado suponer que un Congreso controlado por los demócratas transformará automáticamente la política exterior estadounidense hacia América Latina.

Esta es una de las principales advertencias que plantea Marlon Ochoa en su análisis publicado en Diario Red, titulado «¿Sobrevivirá la Doctrina Donroe a las elecciones de medio término?».

La llamada Doctrina Donroe, adaptación trumpista de la histórica Doctrina Monroe, concibe América Latina como un espacio de influencia privilegiada de Washington. Los recursos naturales, las posiciones geográficas estratégicas y las decisiones políticas de nuestros países son considerados parte de los intereses de seguridad y competencia internacional de Estados Unidos.

Pero esta orientación no responde exclusivamente a la voluntad de Trump. Detrás de ella existe una estructura de poder económico, militar y tecnológico que atraviesa a los dos grandes partidos estadounidenses.

El tradicional complejo militar-industrial incorpora hoy a las grandes corporaciones tecnológicas y financieras. Las empresas vinculadas con inteligencia artificial, vigilancia, análisis de datos y tecnologías militares mantienen relaciones cada vez más estrechas con el Pentágono, los organismos de inteligencia y los centros de decisión política.

La competencia con China por minerales críticos, tierras raras, litio y otros recursos estratégicos explica buena parte del renovado interés estadounidense por nuestra región. No se trata solamente de asegurar materias primas, sino de controlar cadenas de suministro, inversiones, infraestructura y posiciones geopolíticas.

Por eso, aunque republicanos y demócratas mantienen diferencias importantes en sus instrumentos y procedimientos, existen coincidencias estratégicas que sobreviven a los cambios de gobierno.

La historia ofrece una advertencia. En los años ochenta, durante la administración de Ronald Reagan, el Congreso estadounidense impuso restricciones al financiamiento de la guerra contra el gobierno sandinista de Nicaragua. Sin embargo, la intervención continuó mediante operaciones clandestinas que desembocaron en el escándalo Irán-Contra. Los controles institucionales pueden limitar determinadas actuaciones, pero no necesariamente desmantelan los intereses que las sostienen.

Esto no significa que la victoria demócrata carezca de importancia. El nuevo Congreso podrá fiscalizar las actuaciones presidenciales, investigar conflictos de intereses, cuestionar operaciones militares y elevar el costo político de determinadas intervenciones. Puede abrir espacios para limitar las presiones unilaterales y ampliar los márgenes de negociación de los países latinoamericanos.

Pero esas oportunidades no llegarán por sí solas. América Latina necesita fortalecer sus mecanismos de integración, la cooperación económica, la defensa de sus recursos naturales y la coordinación diplomática. La fragmentación política y la competencia entre gobiernos facilitan la imposición de intereses externos.

Aquí el tema central no es solamente quién controla nuestros recursos, sino quién decide cómo se utilizan, quién agrega valor a su transformación industrial y quién se beneficia de la riqueza que producen.

Hay, además, una lección política que trasciende las fronteras estadounidenses. Ganar elecciones puede modificar la correlación de fuerzas institucionales, pero no equivale necesariamente a transformar las estructuras de poder. Para ello se requiere organización social, participación ciudadana y capacidad colectiva para disputar los intereses económicos que condicionan las decisiones del Estado.

Esta reflexión tiene particular relevancia para Costa Rica. Frente a proyectos políticos que buscan concentrar el poder, debilitar las instituciones democráticas y presentar intereses particulares como si fueran los de toda la sociedad, no basta con esperar su desgaste electoral. Es necesario construir organización, fortalecer la conciencia democrática y articular alternativas vinculadas con las necesidades concretas de la población.

La derrota de Trump demuestra que el autoritarismo también encuentra límites electorales. Pero no debemos confundir el debilitamiento de un gobierno con la desaparición de las estructuras que sostienen su poder.

La Doctrina Donroe puede enfrentar mayores obstáculos y controles, pero sus raíces económicas, militares y tecnológicas son mucho más profundas que la voluntad de un presidente. La soberanía no se concede desde Washington, se construye desde nuestros pueblos.

Referencia

Ochoa, M. (2026, 2 de noviembre). «¿Sobrevivirá la Doctrina Donroe a las elecciones de medio término?». Diario Red.

«Cristofascismo»: cuando el Evangelio se arrodilla ante el poder

Glenm Gómez Álvarez, Pbro.

Hay una perversión del cristianismo que merece ser denunciada con franqueza: la utilización de Jesucristo para bendecir el autoritarismo, justificar la intolerancia y convertir la fe en instrumento de dominación política. Tiene un nombre tan incómodo como revelador: cristofascismo.

El término no es nuevo. La teóloga protestante alemana Dorothee Sölle lo utilizó en 1970 para denunciar la complicidad de sectores cristianos con el nazismo. Décadas después, el concepto cobró renovada fuerza en el Brasil de Jair Bolsonaro, donde el teólogo Fábio Py lo recuperó para describir la alianza entre sectores religiosos fundamentalistas y un proyecto político de rasgos autoritarios. Una vieja corrupción con nuevos protagonistas: utilizar el nombre de Dios para conquistar el poder y, después, utilizar el poder para imponer una determinada visión de Dios.

Basta observar ciertos escenarios políticos. Pastores convertidos en propagandistas, templos transformados en plataformas electorales, predicadores que confunden la voluntad de Dios con las ambiciones del gobernante de turno. Se invoca a Cristo para conquistar el poder y, una vez conquistado, se utiliza su nombre para exigir obediencia.

El negocio, además, resulta extraordinario. El político obtiene una legitimidad casi divina; el dirigente religioso consigue influencia, privilegios y acceso a los despachos donde se toman las decisiones. Ambos salen ganando. El Evangelio, en cambio, termina siendo pisoteado.

La contradicción es escandalosa. Jesús proclamó bienaventurados a los misericordiosos y a quienes trabajan por la paz, y algunos de sus supuestos representantes celebran la humillación del adversario, alimentan el desprecio hacia los migrantes y presentan la dureza como virtud suprema. Predican el amor al prójimo mientras confeccionan cuidadosamente la lista de quienes no merecen ser amados.

Y todavía tienen el descaro de llamarse provida y defensores de los valores cristianos…

No se trata de cuestionar la participación de los creyentes en política. Tienen pleno derecho a intervenir en la vida pública, defender sus convicciones y contribuir al debate democrático. El problema comienza cuando pretenden convertir sus creencias en imposición, cuando consideran enemigos de Dios a sus adversarios y cuando colocan la fidelidad a un caudillo por encima de cualquier exigencia ética.

Tampoco sería justo atribuir esta degradación exclusivamente a determinadas iglesias evangélicas, aunque es la moda. El catolicismo conoce demasiado bien las consecuencias de sus propias alianzas con los poderosos. Nuestra historia tiene suficientes altares próximos a los tronos como para repartir certificados de inocencia.

Lo verdaderamente peligroso del cristofascismo es que llega a vaciar la fe de su contenido más exigente. Conserva los himnos, las oraciones y las multitudes. Lo que desaparece es el Cristo que cuestiona al poderoso, acoge al extranjero y se identifica con los últimos.

Jesús fue categórico cuando advirtió a sus discípulos sobre la conducta de los gobernantes: «Los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre ustedes» (Mt 20,25-26). ¡No ha de ser así entre ustedes! Difícil encontrar una advertencia más contundente para quienes pretenden convertir el cristianismo en una plataforma de dominación. Jesús conocía perfectamente las tentaciones del poder y quiso impedir que se instalaran entre los suyos. No fundó una comunidad de cortesanos ni una asociación de aduladores del César. Propuso exactamente lo contrario: que la autoridad se ejerciera como servicio. Por eso resulta grotesco que algunos ministros religiosos terminen bendiciendo precisamente aquello que Jesús les prohibió imitar.

Una sociedad democrática debe desconfiar de cualquier gobernante que se presente como elegido de Dios. Y una comunidad cristiana debería desconfiar todavía más de sus pastores cuando parecen sentirse más cómodos junto al poder que junto a quienes sufren sus abusos. Cuando la religión deja de ser conciencia crítica para convertirse en maquinaria de obediencia, ya no estamos ante una expresión valiente de la fe, sino ante su lamentable prostitución.

Cristo no necesita guardaespaldas políticos. Mucho menos necesita que sus ministros le cambien las bienaventuranzas por un programa de gobierno.

¿Pudimos ser trinqueteados hace 28 años con la Ley General de Concesión de Obras Públicas con Servicios Públicos?

Francisco Guevara Matarrita

Una interpretación constitucional, una ficción de aprobación legislativa anticipada y veintiocho años de consecuencias para el control democrático de los bienes públicos.

Francisco Guevara Matarrita

Hay decisiones cuyos efectos no se descubren el día en que se adoptan, sino décadas después, cuando la realidad permite comprender qué se decidió, qué se dejó de decidir y cuáles competencias constitucionales pudieron quedar desplazadas.

En 1998, la Asamblea Legislativa de Costa Rica aprobó la Ley N.º 7762, Ley General de Concesión de Obras Públicas con Servicios Públicos, promulgada el 14 de abril de aquel año.

La ley estableció un régimen general para la participación privada en el financiamiento, construcción, explotación y mantenimiento de determinadas obras públicas y servicios asociados.

Su aprobación fue presentada dentro de una discusión nacional sobre la modernización de la infraestructura, las limitaciones financieras del Estado y la necesidad de atraer inversiones.

Pero detrás de aquella discusión existía otra cuestión, mucho más profunda, que comprometía directamente la distribución constitucional de las competencias públicas.

¿Podía la Asamblea Legislativa, mediante la aprobación de una ley general, tener por aprobados contratos administrativos que todavía no existían?

¿Podía una autorización normativa sustituir la aprobación parlamentaria de un contrato concreto cuando la Constitución exigiera esa intervención?

¿Y podía una interpretación de la Sala Constitucional convertir el ejercicio de una competencia legislativa en el supuesto ejercicio anticipado de otra competencia constitucional enteramente distinta?

Veintiocho años después, estas preguntas adquieren una trascendencia extraordinaria.

Porque en 2012 se suscribió el contrato de concesión de la Terminal de Contenedores de Moín con APM Terminals, sin que ese contrato fuera sometido a una aprobación legislativa individual.

El contrato existe. Sus obligaciones existen. Sus condiciones de explotación existen. Sus consecuencias sobre la actividad portuaria, JAPDEVA, Limón y la economía nacional también existen.

Lo que no existe es un acto parlamentario mediante el cual la Asamblea Legislativa haya examinado y aprobado individualmente ese contrato.

Y, sin embargo, durante años se ha sostenido que aquella aprobación no era necesaria porque la Ley N.º 7762 ya había proporcionado una autorización legislativa general.

Ahí comienza nuestra controversia.

No estamos afirmando que los magistrados que desarrollaron esa interpretación actuaran deliberadamente para favorecer intereses particulares. Una imputación semejante exigiría pruebas que no pueden sustituirse por sospechas.

Estamos cuestionando algo que puede examinarse mediante documentos, disposiciones constitucionales, antecedentes legislativos y resoluciones judiciales.

¿Cómo pudo tenerse por ejercida una competencia parlamentaria de aprobación contractual mediante la aprobación de una ley general, cuando ambas funciones poseen naturaleza, objeto y finalidad constitucionalmente diferentes?

Y todavía más:

¿Cómo pudo aquella interpretación terminar sirviendo de fundamento para la ejecución de un contrato portuario de extraordinaria trascendencia nacional que nunca fue sometido a aprobación individual de los representantes del pueblo?

Esa es la pregunta que da sentido al título de este texto.

I. La Asamblea Legislativa aprobó una ley. Ese fue el acto que realizó.

Conviene comenzar por lo elemental, porque precisamente en lo elemental puede encontrarse el origen de una confusión de enormes consecuencias.

En 1998, la Asamblea Legislativa aprobó la Ley N.º 7762.

Al hacerlo, ejerció su potestad constitucional de legislar.

Estableció un régimen normativo general destinado a regular determinadas concesiones de obras públicas con servicios públicos.

Ese fue el acto legislativo realizado. Ni más ni menos.

No aprobó mediante aquella votación el contrato de concesión de la Terminal de Contenedores de Moín.

No podía haberlo hecho porque ese contrato todavía no existía.

No conoció sus cláusulas, sus condiciones económicas, su distribución de riesgos, sus obligaciones particulares, sus condiciones de exclusividad ni las consecuencias que tendría para JAPDEVA.

Tampoco conoció la identidad de quien años después resultaría adjudicatario de aquella concesión.

La Ley N.º 7762 creó un marco jurídico para actuaciones futuras.

Pero la aprobación de una ley y la aprobación legislativa de determinados contratos administrativos constituyen funciones constitucionalmente distintas.

Cuando la Asamblea Legislativa dicta una ley, ejerce una potestad normativa general.

Cuando aprueba un contrato administrativo sujeto constitucionalmente a su conocimiento, ejerce una función de control sobre un acto jurídico determinado.

En el primer caso, establece normas.

En el segundo, se pronuncia sobre un acto concreto.

La diferencia no desaparece porque ambas competencias correspondan a la Asamblea Legislativa.

La identidad del órgano no produce identidad entre sus actos.

Este principio constituye el punto de partida de nuestro cuestionamiento.

No discutimos que la Asamblea Legislativa tuviera competencia para aprobar la Ley N.º 7762.

La tenía.

Lo que discutimos es que aquel acto legislativo pudiera considerarse, por una interpretación judicial, como el ejercicio anticipado de otra competencia constitucional: la aprobación de contratos administrativos particulares, cuando esta resulta exigible.

Porque una competencia constitucional no se demuestra ejercida simplemente porque el mismo órgano haya ejercido otra competencia diferente.

Y llamar aprobación general a una autorización normativa no demuestra, por sí solo, que haya existido una aprobación contractual.

II. La reforma constitucional de 1975: el antecedente que no puede ignorarse

Para comprender la dimensión del problema debemos regresar a 1975.

Mediante la Ley N.º 5702, del 5 de junio de aquel año, se reformaron los artículos 124 y 140, inciso 19, de la Constitución Política.

La reforma introdujo una distinción expresa entre la aprobación legislativa de contratos administrativos y la naturaleza jurídica de las leyes.

El artículo 124 estableció que la aprobación legislativa de contratos, convenios y otros actos administrativos no les confiere carácter de ley, aunque se tramite siguiendo el procedimiento legislativo ordinario.

Por su parte, el artículo 140, inciso 19, reafirmó que la aprobación legislativa de determinados contratos no los transforma en leyes ni los exime de su régimen jurídico administrativo.

Pero la reforma hizo algo más.

Eliminó expresamente del artículo 140, inciso 19, la excepción relativa a los contratos regidos por leyes especiales.

Este detalle merece especial atención.

El constituyente derivado no se limitó a realizar una modificación terminológica. Intervino sobre el tratamiento constitucional de los contratos administrativos y su relación con la potestad legislativa.

La aprobación de un contrato no debía confundirse con la promulgación de una ley.

Tampoco debía transformar el contrato en una disposición legislativa ni sustraerlo de su régimen jurídico administrativo.

De aquella reforma surge una consecuencia que consideramos fundamental.

Legislar y aprobar contratos son competencias constitucionalmente diferenciadas, aunque ambas puedan ejercerse mediante procedimientos parlamentarios.

Por supuesto, esta distinción no significa que todos los contratos administrativos deban someterse individualmente a la Asamblea Legislativa.

Pero sí significa que, cuando la Constitución exige esa aprobación, debemos explicar cómo se cumple la competencia y qué acto jurídico constituye su ejercicio.

Y aquí aparece una pregunta que no puede resolverse mediante una simple referencia a la Ley N.º 7762.

Si en 1975 se eliminó la excepción relativa a los contratos regidos por leyes especiales, ¿cómo debe justificarse constitucionalmente que, años después, una ley general pueda considerarse suficiente para prescindir de la aprobación individual de determinadas concesiones?

La pregunta es particularmente relevante cuando se trata de bienes protegidos por el artículo 121, inciso 14, de la Constitución.

Porque el legislador ordinario no puede, por medio de una ley, modificar la distribución de competencias establecida por la Constitución.

Tampoco una interpretación judicial puede prescindir de la finalidad de una reforma constitucional sin ofrecer una justificación rigurosa.

III. El antecedente de los contratos-ley y la verdadera dimensión de la reforma

La reforma de 1975 debe comprenderse dentro de la evolución histórica del derecho público costarricense.

Durante décadas, la aprobación legislativa de determinados contratos generó discusiones sobre su naturaleza jurídica y sus efectos.

El problema de los llamados contratos-ley consistía, entre otros aspectos, en la posibilidad de atribuir a un contrato administrativo una condición normativa que dificultara su control mediante los mecanismos ordinarios del derecho administrativo.

La reforma constitucional procuró separar esos planos.

Un contrato administrativo no se convierte en ley porque la Asamblea Legislativa lo apruebe.

Y la aprobación legislativa no elimina su naturaleza contractual.

Esta distinción resulta particularmente importante para nuestra investigación.

Porque si la Constitución separó expresamente la aprobación de contratos de la promulgación de leyes, no podemos aceptar sin examen que, mediante una interpretación posterior, la aprobación de una ley general termine produciendo los efectos de una aprobación contractual.

No son operaciones jurídicas equivalentes.

Una ley general regula una pluralidad de situaciones futuras.

Un contrato administrativo establece obligaciones y derechos entre sujetos determinados.

Y su aprobación legislativa, cuando resulta constitucionalmente exigible, constituye una decisión de control sobre ese acto particular.

Por eso, la discusión sobre la Ley N.º 7762 no puede reducirse a determinar si el Parlamento tenía facultades para aprobar un régimen general de concesiones.

Por supuesto que las tenía.

La cuestión es quién convirtió esa potestad de legislar en el supuesto ejercicio anticipado de una competencia diferente.

IV. De 1992 a 1993: el cambio jurisprudencial que abrió el camino

La interpretación que cuestionamos no nació exclusivamente en 1998.

Sus antecedentes se encuentran en la jurisprudencia constitucional de los años anteriores.

En la sentencia N.º 3789-92, del 27 de noviembre de 1992, la Sala Constitucional examinó un proyecto legislativo relacionado con las concesiones de obra pública.

En aquella oportunidad, consideró constitucional un procedimiento que contemplaba la aprobación parlamentaria de concesiones para construir y explotar nuevas instalaciones de ferrocarriles, muelles y aeropuertos.

La Sala reconoció entonces la existencia de un procedimiento calificado que suponía finalmente la aprobación de la Asamblea Legislativa.

La importancia de aquel razonamiento radicaba en la especial protección constitucional de los bienes involucrados.

No se trataba de bienes públicos ordinarios.

Se trataba de instalaciones y actividades sometidas a un régimen particular de protección constitucional.

Sin embargo, en la sentencia N.º 6240-93, del 26 de noviembre de 1993, la Sala Constitucional desarrolló una interpretación diferente.

Reconoció dos vías para determinadas concesiones: una mediante intervención directa de la Asamblea Legislativa y otra mediante concesiones otorgadas por la Administración Pública bajo condiciones establecidas en una ley general.

Esta segunda interpretación permitió sostener que la Asamblea Legislativa podía establecer anticipadamente las condiciones imperativas de determinadas concesiones, sin intervenir necesariamente en cada contrato individual.

Aquí encontramos un cambio de extraordinaria importancia.

La discusión dejó de concentrarse exclusivamente en la aprobación parlamentaria de un contrato concreto y comenzó a admitir la posibilidad de una autorización normativa general como forma suficiente de intervención legislativa.

La cuestión que debemos examinar es si ese cambio interpretativo respetó plenamente la distribución constitucional de competencias.

Porque una cosa es reconocer que la Asamblea Legislativa puede establecer condiciones generales para concesionar determinados bienes.

Y otra, muy distinta, es sostener que mediante esa regulación se cumple automáticamente la aprobación particular de un contrato cuando la Constitución la exige.

La diferencia no es semántica.

Es constitucional.

V. Marzo de 1998: las resoluciones N.º 2318-98 y N.º 2319-98

El 31 de marzo de 1998, la Sala Constitucional dictó las resoluciones N.º 2318-98 y N.º 2319-98, en el contexto de consultas legislativas relacionadas con el proyecto que desembocaría en la Ley N.º 7762.

La resolución N.º 2319-98 reviste particular importancia porque retomó la doctrina de la autorización legislativa general.

La Sala consideró constitucionalmente admisible que una ley marco facultara al Poder Ejecutivo para otorgar determinadas concesiones sin requerir una aprobación legislativa individual.

La interpretación descansaba en que la Asamblea Legislativa habría conferido una aprobación general mediante la propia legislación.

Aquí se consolidó la construcción jurídica que constituye el centro de nuestro cuestionamiento.

La aprobación de una ley general fue considerada suficiente para satisfacer la intervención parlamentaria constitucionalmente exigible en determinados supuestos.

Pero hay un problema que no podemos ignorar.

Ni las resoluciones constitucionales ni la Ley N.º 7762 pueden mostrar un acto parlamentario individual de aprobación de los contratos que posteriormente se celebrarían.

Lo que pueden mostrar es una ley aprobada.

Lo que pueden mostrar es una interpretación judicial que atribuyó a esa ley efectos de autorización general.

Lo que no pueden mostrar es que la Asamblea Legislativa hubiera conocido y aprobado las condiciones particulares de contratos todavía inexistentes.

Y no pueden mostrarlo porque aquel examen contractual no ocurrió.

La cuestión no consiste en negar que la Sala haya reconocido jurídicamente la autorización general.

La reconoció.

El problema consiste en determinar si ese reconocimiento podía convertir el ejercicio de la potestad legislativa en el cumplimiento de una competencia constitucional distinta.

Porque llamar aprobación general a una ley no demuestra, por sí mismo, que se haya producido una aprobación contractual.

Puede constituir la conclusión de una interpretación jurisprudencial.

Pero no demuestra la existencia histórica de un segundo acto parlamentario.

Y, cuando se trata de una competencia constitucional, la diferencia entre interpretar que un acto es suficiente y demostrar que otro acto se realizó resulta fundamental.

VI. El artículo 101 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional: la limitación que no puede desaparecer

Hay un aspecto particularmente importante que debe incorporarse al análisis.

Las resoluciones N.º 2318-98 y N.º 2319-98 fueron dictadas en el contexto de consultas legislativas de constitucionalidad.

No constituyeron sentencias dictadas en acciones de inconstitucionalidad contra el contrato de concesión de la Terminal de Contenedores de Moín.

Ese contrato ni siquiera existía.

El artículo 101 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional establece una regla expresa sobre los efectos de los dictámenes emitidos durante las consultas legislativas.

Dispone que solamente son vinculantes cuando determinan la existencia de trámites inconstitucionales del proyecto consultado.

También establece que esos dictámenes no impiden la impugnación posterior de las normas mediante los mecanismos de control de constitucionalidad.

Esta disposición obliga a distinguir entre el valor interpretativo de una opinión consultiva y sus efectos jurídicos vinculantes dentro del procedimiento legislativo.

Las opiniones consultivas pueden contener razonamientos relevantes.

Pueden orientar interpretaciones posteriores.

Incluso pueden convertirse en antecedentes de una línea jurisprudencial consolidada.

Pero no deben confundirse sus efectos originarios con los de una decisión jurisdiccional que examine un contrato concreto ya celebrado.

Las resoluciones de 1998 examinaron un proyecto legislativo.

No examinaron el contrato TCM–APM Terminals.

No examinaron sus adendas.

No examinaron las condiciones específicas de exclusividad operativa.

No examinaron las consecuencias que su ejecución produciría sobre JAPDEVA.

Por consiguiente, no pudieron efectuar un control constitucional concreto de esos actos futuros.

Una opinión consultiva puede interpretar un proyecto de ley. No puede crear un acto parlamentario de aprobación contractual que nunca ocurrió.

Y aquí surge otra interrogante esencial.

Si el artículo 101 no atribuyó efectos vinculantes generales sobre el fondo a aquellas opiniones consultivas, ¿cómo debe justificarse el uso posterior de sus razonamientos para sostener que una aprobación legislativa particular resultaba innecesaria?

Es necesario reconocer que la Sala Constitucional reiteró posteriormente la doctrina de la autorización general en decisiones dictadas fuera del procedimiento consultivo.

Por tanto, el problema actual no se agota en los efectos originarios de las resoluciones de 1998.

También debemos examinar críticamente esa jurisprudencia posterior.

Pero una cosa permanece inalterable.

Ni la reiteración de una doctrina ni la autoridad de quienes la formularon pueden convertir en acontecimiento histórico una aprobación parlamentaria individual que nunca se produjo.

Los artículos 13 y 87: la fuerza de los precedentes no equivale a cosa juzgada constitucional

La discusión no termina con reconocer que la Sala Constitucional reiteró posteriormente la doctrina de la aprobación legislativa general.

Precisamente porque esa reiteración existió, corresponde distinguir dos instituciones jurídicas que no deben confundirse: la fuerza vinculante de los precedentes y los efectos de las sentencias que desestiman acciones de inconstitucionalidad.

El artículo 13 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional establece expresamente:

«La jurisprudencia y los precedentes de la jurisdicción constitucional son vinculantes erga omnes, salvo para sí misma».

La disposición reconoce la fuerza obligatoria de los criterios constitucionales frente a los demás órganos y sujetos del ordenamiento jurídico.

Pero contiene una excepción igualmente importante: la propia Sala Constitucional no queda vinculada de manera inmutable por sus precedentes.

Puede distinguirlos, precisarlos, reconsiderarlos y variar su interpretación cuando existan fundamentos jurídicos suficientes.

La autoridad de una interpretación constitucional, por consiguiente, no significa que esa interpretación haya quedado sustraída para siempre del examen de la propia jurisdicción constitucional.

El artículo 87 introduce una segunda distinción, todavía más relevante para nuestra controversia.

Dispone que las resoluciones que denieguen una acción de inconstitucionalidad deben examinar todos los motivos alegados para fundamentarla.

También establece que esas resoluciones solamente surten efectos entre las partes en el caso concreto y no producen cosa juzgada, permitiendo ejercer nuevamente la acción contra normas o actos previamente declarados constitucionales en casos o procesos distintos.

La ley distingue así entre una sentencia desestimatoria y una sentencia estimatoria que declara la inconstitucionalidad y anula la norma o el acto impugnado.

Esta última produce los efectos de cosa juzgada previstos en el artículo 88.

La diferencia es decisiva.

Una sentencia que desestima una acción no convierte automáticamente en definitivamente resueltas todas las controversias constitucionales que puedan surgir posteriormente alrededor de los mismos instrumentos jurídicos.

Tampoco la mención de un contrato, una ley, una cláusula o un decreto en una resolución anterior demuestra que todos sus posibles vicios constitucionales hayan sido examinados.

Para determinar qué fue realmente resuelto, debemos identificar el objeto impugnado, la causa jurídica, el parámetro constitucional utilizado, los argumentos sometidos al Tribunal y la razón decisoria del pronunciamiento.

Por eso, la expresión «estése a lo resuelto» no puede atribuir a una sentencia anterior un contenido que esta nunca tuvo.

La remisión a un precedente no puede convertir un rechazo procesal en un examen de fondo inexistente.

Ni puede transformar la coincidencia documental entre dos acciones en identidad de sus respectivas controversias constitucionales.

Reconocer los precedentes no significa atribuirles efectos mayores que los establecidos por la ley.

Y respetar la jurisprudencia constitucional no significa renunciar al derecho de exigir que los nuevos cargos reciban el examen que jurídicamente corresponda.

Esta es una de las cuestiones fundamentales de nuestra acción de inconstitucionalidad del 15 de septiembre de 2026.

No pretendemos que se anulen las sentencias anteriores.

Pretendemos que se examine una controversia constitucional concreta: la interpretación y aplicación de la Ley N.º 7762 como aprobación política anticipada de contratos futuros, los actos públicos que materializaron esa interpretación y la omisión continuada del Poder Ejecutivo de someter el contrato de Moín a aprobación legislativa particular.

Porque la existencia de precedentes sobre la autorización general no demuestra que esos tres objetos, con sus fundamentos y pretensiones propios, hayan recibido anteriormente una respuesta constitucional material.

Y menos aún demuestra que la Asamblea Legislativa haya aprobado individualmente un contrato que nunca le fue sometido.

VII. La aprobación general que nadie puede mostrar como acto contractual

Aquí llegamos al centro de la controversia.

Durante años se ha sostenido que la aprobación de la Ley N.º 7762 produjo una autorización legislativa general suficiente para determinadas concesiones futuras.

Pero debemos separar cuidadosamente dos afirmaciones.

La primera consiste en sostener que la Asamblea Legislativa aprobó un régimen general de concesiones.

Eso es un hecho histórico y jurídico verificable.

La segunda consiste en sostener que esa aprobación legislativa equivalía al ejercicio anticipado de la competencia constitucional de aprobar determinadas concesiones particulares.

Esa es una interpretación jurídica.

No son afirmaciones idénticas.

La primera puede demostrarse mediante el procedimiento legislativo y la promulgación de la ley.

La segunda requiere demostrar que la Constitución permite atribuir a ese acto normativo los efectos de la competencia contractual que se considera satisfecha.

Y precisamente esa demostración es la que cuestionamos.

No basta señalar que la Asamblea Legislativa aprobó la Ley N.º 7762 para demostrar que también aprobó los contratos particulares celebrados posteriormente.

Tampoco basta invocar una sentencia que haya considerado constitucionalmente suficiente la autorización general.

Es necesario explicar cómo esa interpretación se concilia con las competencias diferenciadas de la Asamblea Legislativa, con la reforma constitucional de 1975 y con las exigencias especiales del artículo 121, inciso 14.

La Constitución no puede ser sustituida por una fórmula interpretativa cuya conclusión se utilice como demostración de su propia validez.

Si se sostiene que la aprobación general era suficiente, corresponde demostrar por qué la Constitución permitía prescindir de la aprobación individual.

No podemos invertir la carga del razonamiento y afirmar que la aprobación particular no era necesaria simplemente porque una interpretación previa así lo estableció.

Eso equivaldría a convertir la conclusión discutida en su propia justificación.

La existencia de una doctrina jurisprudencial demuestra que esa doctrina fue adoptada. No demuestra, por sí sola, que su contenido sea la única interpretación constitucionalmente admisible.

VIII. El artículo 121, inciso 14: los bienes públicos no son una mercancía cualquiera

El artículo 121, inciso 14, de la Constitución Política establece un régimen especial de protección para determinados bienes de la Nación.

Entre ellos se encuentran los ferrocarriles, muelles y aeropuertos nacionales en servicio.

La disposición contiene restricciones expresas destinadas a impedir que esos bienes salgan del dominio y control del Estado.

También regula las condiciones constitucionales bajo las cuales pueden desarrollarse determinadas formas de explotación.

Por eso no podemos analizar una concesión portuaria como si se tratara de un contrato administrativo ordinario.

La especial protección constitucional de los muelles nacionales exige examinar la naturaleza del bien, las facultades concedidas, las restricciones asumidas por el Estado y las condiciones de explotación.

No basta afirmar que el Estado conserva la titularidad formal de la infraestructura.

La concesión no equivale necesariamente a una enajenación, pero la permanencia de la propiedad pública tampoco resuelve automáticamente todas las cuestiones constitucionales relacionadas con su explotación.

Debe examinarse si el Estado conserva las facultades de dirección, regulación y control exigidas por la Constitución.

Y debe determinarse si las condiciones particulares de la concesión requieren intervención parlamentaria específica.

En nuestra tesis, la aprobación de la Ley N.º 7762 no podía sustituir esa intervención respecto del contrato de la Terminal de Contenedores de Moín.

No porque neguemos la posibilidad constitucional de concesionar determinadas obras públicas.

Sino porque sostenemos que la autorización general no puede confundirse con el ejercicio de una competencia parlamentaria de aprobación contractual cuando esta resulta constitucionalmente exigible.

La cuestión es especialmente relevante frente a contratos que establecen condiciones de explotación exclusivas o restricciones de operación que inciden sobre instituciones públicas preexistentes.

La protección constitucional de los bienes nacionales no se agota en conservar su nombre en un registro de propiedad. Comprende también el régimen jurídico de su utilización y las competencias públicas que deben intervenir en las decisiones que los afectan.

IX. El contrato de Moín: desde 2012 existe una concesión sin aprobación legislativa individual

En 2012 se suscribió el contrato de concesión de obra pública con servicio público para el diseño, financiamiento, construcción, explotación y mantenimiento de la Terminal de Contenedores de Moín.

La concesión fue otorgada a APM Terminals dentro del régimen de la Ley N.º 7762.

El contrato obtuvo el refrendo de la Contraloría General de la República mediante el oficio N.º 02739, DCA-0692, del 21 de marzo de 2012.

Este dato es importante.

El contrato no careció de toda intervención institucional.

Existieron actuaciones administrativas, adjudicación y refrendo contralor.

Pero ninguna de esas actuaciones constituye, por sí misma, una aprobación legislativa individual.

La Contraloría General de la República y la Asamblea Legislativa ejercen competencias constitucionales diferentes.

El refrendo contralor no es una votación parlamentaria.

La adjudicación administrativa tampoco lo es.

Y la suscripción del contrato por las autoridades correspondientes no demuestra que haya sido sometido a la Asamblea Legislativa.

Desde 2012 existe, por tanto, un contrato de concesión de extraordinaria trascendencia nacional que no recibió aprobación legislativa individual.

Ese es el hecho que sostenemos.

La controversia constitucional consiste en determinar si aquella aprobación era jurídicamente indispensable.

Nuestra posición es afirmativa.

Y por eso consideramos que la falta de aprobación no constituye una simple particularidad procedimental, sino una omisión constitucional cuyos efectos continúan proyectándose sobre la ejecución del contrato.

No pretendemos desconocer que la jurisprudencia constitucional ha sostenido una interpretación diferente.

Precisamente cuestionamos esa interpretación.

Porque ninguna resolución puede modificar por sí misma la distribución de competencias establecida por la Constitución.

Y ninguna ley ordinaria puede conferir a un órgano potestades que la Constitución haya reservado a otro.

X. La sentencia de 2013: la controversia fue planteada y la Sala mantuvo su doctrina

Sería incorrecto presentar esta discusión como si nunca hubiera sido examinada judicialmente.

En la sentencia N.º 15693-2013, la Sala Constitucional resolvió una acción relacionada con la Ley N.º 7762 y la necesidad de aprobación legislativa de determinadas concesiones, incluyendo el cuestionamiento vinculado con la Terminal de Contenedores de Moín.

La Sala mantuvo la doctrina que reconocía la posibilidad de que una ley general estableciera las condiciones suficientes para que el Poder Ejecutivo otorgara concesiones sin requerir aprobación parlamentaria individual.

La acción fue declarada sin lugar.

Ese pronunciamiento constituye un precedente constitucional que debemos reconocer expresamente. Pero el artículo 87 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional establece que las sentencias desestimatorias no producen cosa juzgada en los términos allí previstos, mientras que el artículo 13 reconoce que la propia Sala puede reconsiderar sus precedentes.

Nuestra acción de inconstitucionalidad de 2026 no reproduce simplemente la omisión legislativa examinada en 2013. Identifica una interpretación y aplicación normativa concretas, actos subjetivos de autoridades públicas y una omisión continuada atribuida al Poder Ejecutivo.

Por consiguiente, la existencia de aquella sentencia no elimina la necesidad de determinar si estos cargos autónomos, sus parámetros constitucionales y sus pretensiones específicas fueron efectivamente examinados y resueltos.

Este antecedente debe reconocerse expresamente.

No podemos sostener que la controversia carece de respuesta jurisprudencial.

La tiene.

Pero eso no significa que la respuesta esté exenta de examen crítico.

La Sala consideró constitucionalmente suficiente la autorización general.

Nosotros cuestionamos que esa interpretación preserve adecuadamente la distinción entre la potestad de legislar y la competencia de aprobar determinados contratos.

La diferencia es sustancial.

La existencia de una sentencia que acoge una interpretación no demuestra la existencia histórica de un acto parlamentario individual.

Demuestra que el tribunal consideró innecesario ese acto bajo su interpretación de la Constitución.

Y precisamente allí permanece nuestra objeción.

No afirmamos que la Sala haya inventado materialmente una votación legislativa. Afirmamos que su doctrina atribuyó a una votación legislativa general efectos equivalentes a los de una aprobación contractual particular.

Esa equiparación es el objeto de nuestra crítica.

Y debe ser confrontada con la reforma de 1975, el artículo 121, inciso 14, el artículo 140, inciso 19, y la naturaleza diferenciada de las competencias parlamentarias.

XI. JAPDEVA y Limón: cuando la interpretación constitucional se convierte en consecuencias materiales

La controversia adquiere una dimensión particularmente grave cuando examinamos sus consecuencias sobre JAPDEVA y la provincia de Limón.

JAPDEVA no es una simple empresa portuaria.

Es una institución pública creada dentro de una concepción histórica del desarrollo regional, vinculada con la administración portuaria y con la responsabilidad del Estado de promover el progreso económico y social del Caribe costarricense.

La concesión de la Terminal de Contenedores de Moín modificó sustancialmente el escenario de la actividad portuaria nacional.

Las condiciones de operación de la nueva terminal, particularmente las relativas al manejo de determinados tipos de carga contenerizada, afectaron el ámbito de actuación de JAPDEVA.

La exclusividad operativa concedida merece un examen específico.

No solamente por sus efectos comerciales.

También por sus consecuencias sobre la capacidad institucional, los ingresos, la utilización de infraestructura y las oportunidades de desarrollo regional.

En nuestra investigación hemos señalado que las condiciones de exclusividad relacionadas con la carga contenerizada y la operación de buques portacontenedores especializados constituyen elementos fundamentales para comprender la transformación de la actividad portuaria.

Estas condiciones no pueden examinarse aisladamente del contrato que las estableció.

Tampoco pueden separarse del régimen constitucional de los bienes públicos ni de las competencias de las instituciones afectadas.

La pregunta no es simplemente si APM Terminals construyó y opera una infraestructura moderna.

La pregunta es si el modelo contractual utilizado, sus condiciones de exclusividad y sus consecuencias institucionales respetaron íntegramente las exigencias constitucionales aplicables.

Porque el desarrollo portuario no debe medirse únicamente por la capacidad de movilizar contenedores.

Debe examinarse también por sus efectos sobre la economía nacional, la sostenibilidad de las instituciones públicas y el bienestar de las comunidades.

Limón no puede reducirse a un punto geográfico por donde entra y sale mercancía.

Es una provincia habitada por personas cuyas oportunidades económicas están profundamente relacionadas con las decisiones adoptadas sobre sus puertos.

Y una interpretación constitucional que contribuyó a definir el régimen jurídico de una concesión de semejante trascendencia no puede quedar fuera del escrutinio democrático.

XII. La protección territorial y ambiental también forma parte del problema

El examen de la Terminal de Contenedores de Moín no debe limitarse al régimen contractual.

La infraestructura portuaria se desarrolló en un espacio sujeto a disposiciones jurídicas de protección territorial y ambiental.

Entre los antecedentes relevantes se encuentra la Ley N.º 2906, relacionada con la zona comprendida entre Portete y Doce Millas, así como las disposiciones aplicables al entorno del río Moín.

También deben examinarse los actos administrativos y reglamentarios mediante los cuales se modificaron o interpretaron condiciones de utilización del territorio.

Entre ellos figuran actuaciones del Instituto Costarricense de Turismo, del Poder Ejecutivo y de las autoridades ambientales.

La relación entre el régimen de protección territorial, la concesión portuaria y las decisiones administrativas posteriores constituye una controversia adicional.

No debemos confundirla con la cuestión específica de la aprobación legislativa contractual.

Pero tampoco debemos separarla artificialmente de la realidad institucional del proyecto.

Porque una concesión de esta magnitud no produce efectos únicamente sobre una relación contractual entre el Estado y una empresa.

También afecta el uso del territorio, la organización de servicios públicos y el ejercicio de competencias administrativas.

Por ello, la legalidad y constitucionalidad de las actuaciones relacionadas con el proyecto deben examinarse dentro de sus respectivos regímenes jurídicos.

XIII. La omisión constitucional continuada: el problema no terminó en 2012 y sus efectos permanecen

Presentamos ante la Sala Constitucional una acción de inconstitucionalidad por omisión continuada, contra actos subjetivos de autoridades públicas y contra la interpretación y aplicación inconstitucionales de la Ley N.º 7762.

No se trata de una acción dirigida a anular las sentencias de 1998 ni a desconocer la existencia de pronunciamientos constitucionales posteriores.

Su objeto es mucho más preciso y sus consecuencias son considerablemente más profundas.

Cuestionamos que una interpretación atribuida a la Ley N.º 7762 haya permitido sustituir una competencia constitucional de aprobación parlamentaria mediante la ficción de que los contratos futuros quedaron políticamente aprobados desde 1998, cuando todavía no existían.

Y denunciamos que esa interpretación fue posteriormente aplicada al contrato de concesión de la Terminal de Contenedores de Moín, consolidado con sus adendas números 1 y 2 y suscrito el 13 de febrero de 2012.

Nuestra acción identifica tres manifestaciones de una misma infracción constitucional.

La primera es la interpretación y aplicación de los incisos 2) y 3) del artículo 2 y del inciso 4) del artículo 5 de la Ley N.º 7762, mediante las cuales una autorización legislativa general para tramitar y adjudicar concesiones terminó siendo considerada una aprobación política anticipada de contratos particulares.

La segunda comprende los actos subjetivos de las autoridades públicas que tuvieron por plenamente eficaz y ejecutable el contrato de Moín sin someterlo al control parlamentario concreto que estimamos constitucionalmente indispensable.

La tercera, y principal, es la omisión continuada del Poder Ejecutivo de remitir a la Asamblea Legislativa el contrato ya formado para que esta ejerciera la competencia de aprobación que sostenemos reservada por la Constitución.

Esta distinción resulta fundamental.

No estamos acusando a la Asamblea Legislativa de haber incumplido su obligación de pronunciarse sobre un contrato que nunca recibió.

Estamos denunciando que el Poder Ejecutivo omitió someterlo a su conocimiento y permitió que se ejecutara como si la intervención parlamentaria hubiera quedado satisfecha catorce años antes.

La abstención no consistió en una simple demora administrativa.

No se postergó la aprobación. Se actuó como si nunca hubiera sido necesaria.

Y esa decisión produjo consecuencias que no terminaron con la firma del contrato.

Mientras la concesión continúe desplegando efectos jurídicos, operacionales y económicos bajo la misma interpretación, permanece la situación constitucional que cuestionamos.

El tiempo transcurrido no puede convertir una omisión en cumplimiento.

La ejecución material del contrato tampoco puede crear retroactivamente el acto parlamentario que nunca se realizó.

El artículo 101 y los límites de las consultas de 1998

Nuestra acción examina particularmente las resoluciones N.º 2318-98 y N.º 2319-98, dictadas durante el procedimiento legislativo que culminó con la Ley N.º 7762.

El artículo 101 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional limita los efectos vinculantes de las opiniones consultivas legislativas a los supuestos en que se declaran trámites inconstitucionales.

Los pronunciamientos de 1998 no declararon la existencia de esos vicios procedimentales.

Por consiguiente, sostenemos que sus criterios de fondo sobre la aprobación general no adquirieron, por el solo hecho de haber sido emitidos en aquellas consultas, eficacia vinculante capaz de cerrar definitivamente el control constitucional posterior.

Reconocemos que esa interpretación fue retomada en la jurisprudencia posterior.

Pero distinguimos cuidadosamente el valor de los precedentes, los efectos de las opiniones consultivas y la existencia de una decisión material sobre los cargos concretos que ahora planteamos.

La acción tampoco ignora la sentencia Nº 2013-015693, que resolvió por el fondo una controversia relacionada con la aprobación legislativa de concesiones.

La diferencia que exponemos es sustancial: aquella acción cuestionó una omisión normativa atribuida al legislador por no incorporar expresamente un trámite de aprobación parlamentaria dentro de la Ley N.º 7762.

La nuestra denuncia una omisión posterior del Poder Ejecutivo, surgida cuando el contrato quedó formado y mantenida durante su ejecución.

No cuestionamos que la Asamblea Legislativa pudiera establecer un régimen general de concesiones.

Cuestionamos que esa autorización normativa fuera interpretada y aplicada como sustitución anticipada de una competencia parlamentaria distinta.

Por ello, nuestra acción distingue cuidadosamente entre el valor vinculante de los precedentes, la inexistencia de cosa juzgada derivada de las sentencias desestimatorias en los términos del artículo 87 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional y los efectos propios de los rechazos procesales. No pretendemos desconocer lo resuelto. Exigimos que no se atribuya a las resoluciones anteriores un examen de fondo que no realizaron, ni se utilice la reiteración de la doctrina de la aprobación general para impedir el conocimiento de los cargos constitucionales autónomos que ahora formulamos.

Lo que solicitamos a la Sala Constitucional

Nuestra pretensión no se agota en obtener una declaración sobre la inexistencia de aprobación legislativa individual.

Solicitamos que la Sala declare inconstitucional la interpretación que atribuye a la Ley N.º 7762 el efecto de aprobar políticamente contratos futuros todavía inexistentes.

Solicitamos que declare la omisión continuada del Poder Ejecutivo y ordene remitir el contrato consolidado, sus adendas y sus instrumentos integrantes a la Asamblea Legislativa, dentro del plazo que establezca la sentencia.

No pretendemos que la Sala apruebe o impruebe el contrato en lugar de los diputados.

Pretendemos que determine si la Constitución exigía que los representantes populares ejercieran esa competencia.

Pero nuestra acción también reclama el examen de otras infracciones constitucionales autónomas.

Solicitamos que se determine si la Terminal de Contenedores de Moín, como muelle nacional, permanece bajo el dominio y control efectivos del Estado, conforme al artículo 121, inciso 14, de la Constitución Política.

Cuestionamos la suficiencia de una titularidad estatal puramente nominal cuando el ejercicio material de facultades públicas queda condicionado por estipulaciones contractuales.

Reclamamos el reconocimiento y restablecimiento de las competencias de JAPDEVA como Autoridad Portuaria y actor público en el Caribe costarricense.

Cuestionamos el desplazamiento de las disposiciones protectoras del régimen demanial, particularmente las relacionadas con las Leyes N.º 6043 y N.º 2906.

Y solicitamos el examen constitucional de las condiciones de exclusividad funcional que reservan automáticamente determinados tráficos portuarios a la terminal concesionada y restringen la participación de JAPDEVA.

La exclusividad no debe confundirse con la existencia misma de la infraestructura.

La utilidad de construir y operar una nueva terminal no demuestra, por sí sola, que fuera constitucionalmente indispensable excluir a la institución portuaria pública de determinados segmentos de actividad.

Por eso reclamamos que se examine la razonabilidad y proporcionalidad de ese régimen y su correspondencia efectiva con la finalidad pública invocada.

Restablecer la Constitución no significa paralizar el puerto

Hay un aspecto de nuestra acción que merece especial claridad ante la opinión pública.

No solicitamos que una eventual declaratoria de inconstitucionalidad provoque automáticamente el cierre, desmantelamiento o paralización de la Terminal de Contenedores de Moín.

La infraestructura portuaria constituye una realidad material que debe continuar sirviendo al país.

Lo que reclamamos es que su funcionamiento se ajuste íntegramente a la Constitución.

Por ello, solicitamos que, si la Sala declara alguna de las infracciones denunciadas, determine sus consecuencias, elimine los efectos jurídicos incompatibles con el orden constitucional y establezca, cuando corresponda, una transición institucionalmente organizada.

Esa transición deberá preservar la continuidad del servicio, la seguridad de las operaciones, los derechos legítimamente consolidados de buena fe y las competencias de las autoridades públicas.

También deberá impedir que la continuidad del servicio se utilice como justificación para perpetuar indefinidamente los efectos de un régimen declarado inconstitucional.

No estamos pidiendo que se sustituya una irregularidad por otra.

Estamos reclamando que se restablezca el orden constitucional sin sacrificar innecesariamente el funcionamiento de una infraestructura estratégica.

Y, sobre todo, que el control público no quede reducido a una declaración formal de propiedad estatal mientras las condiciones materiales de explotación permanecen fuera de las competencias que la Constitución y las leyes atribuyen a las instituciones públicas.

La cuestión que planteamos trasciende la suerte de una empresa concesionaria.

Concierne a la separación de poderes, al patrimonio público, a la organización del servicio portuario y al derecho de la ciudadanía a que las decisiones de extraordinaria trascendencia nacional sean adoptadas mediante los procedimientos constitucionalmente establecidos.

Porque una cosa es que la Sala Constitucional reconozca la validez de una autorización legislativa general.

Y otra es que esa interpretación pueda sustituir, sin justificación constitucional suficiente, una aprobación contractual concreta que sostenemos exigida por la propia Constitución.

La ley de 1998 existió. El contrato de 2012 existe. Lo que no existió fue una aprobación legislativa individual de ese contrato.

Nuestra acción exige que se determine si la Constitución permitía prescindir de ella.

Y, si no lo permitía, que se restablezca la competencia omitida y se corrijan los efectos constitucionalmente incompatibles del régimen que continúa ejecutándose.

Porque la Constitución no debe escoger entre la legalidad y el funcionamiento del puerto.

El puerto debe funcionar dentro de la Constitución.

XV. ¿Pudimos ser trinqueteados?

Volvamos a la pregunta que encabeza este artículo.

La palabra trinqueteados tiene una carga política deliberada.

Sugiere la posibilidad de que una construcción jurídica haya permitido presentar como constitucionalmente cumplida una competencia cuyo ejercicio concreto no ocurrió.

Pero debemos utilizarla con responsabilidad.

No estamos afirmando que exista prueba de una maniobra fraudulenta deliberada.

No estamos atribuyendo conductas dolosas a magistrados, diputados, funcionarios o empresarios.

Estamos señalando una controversia constitucional que puede investigarse a partir de sus fundamentos y consecuencias.

La Ley N.º 7762 fue aprobada como ley.

Las resoluciones constitucionales reconocieron la suficiencia de una autorización general para determinadas concesiones.

El contrato de la Terminal de Contenedores de Moín fue celebrado en 2012.

Y ese contrato no recibió aprobación legislativa individual.

Estos hechos deben distinguirse de la conclusión jurídica que se pretende extraer de ellos.

Nuestra tesis es que la aprobación de la ley general no podía sustituir la aprobación parlamentaria particular exigible para un contrato de esa naturaleza.

La jurisprudencia constitucional ha sostenido una interpretación diferente.

Pero esa discrepancia no elimina nuestra obligación de examinar el problema.

Al contrario.

La convierte en una controversia que merece una explicación pública especialmente rigurosa.

Porque si una interpretación permite considerar cumplida una competencia constitucional sin que se haya producido el acto individual que, según nuestra tesis, debía realizarse, debemos preguntarnos si estamos ante una autorización legítima o ante una ficción de aprobación.

Y una ficción jurídica no se convierte en realidad constitucional por haber sido repetida durante veintiocho años.

XVI. El pueblo costarricense merece una explicación constitucional, no una fórmula

El problema no se resuelve afirmando que la Ley N.º 7762 fue aprobada por la Asamblea Legislativa.

Eso nadie lo discute.

Tampoco se resuelve recordando que la Sala Constitucional admitió la autorización legislativa general.

Eso también es conocido.

La controversia consiste en determinar si esa autorización podía sustituir válidamente una competencia parlamentaria particular.

Y si podía hacerlo respecto de un contrato de concesión portuaria de la naturaleza y trascendencia del celebrado en Moín.

La respuesta debe construirse desde la Constitución.

Debe explicar la reforma de 1975.

Debe confrontar los artículos 121, 124 y 140.

Debe analizar los efectos de las opiniones consultivas conforme al artículo 101 de la Ley de la Jurisdicción Constitucional.

Debe examinar el cambio jurisprudencial entre 1992 y 1993.

Debe explicar la doctrina consolidada en 1998 y su reiteración posterior.

Y debe confrontar todo ello con la realidad contractual iniciada en 2012.

No basta invocar la autoridad de una sentencia.

Es necesario explicar por qué su interpretación preserva las competencias constitucionales que afirma respetar.

Tampoco basta afirmar que una ley general produjo una aprobación general.

Debe demostrarse qué significa jurídicamente esa aprobación y por qué puede considerarse suficiente cuando se cuestiona la falta de aprobación particular.

La aprobación de una ley es un hecho legislativo. La suficiencia de ese hecho para sustituir una aprobación contractual es una conclusión constitucional que exige demostración.

Confundir ambos planos es precisamente lo que denunciamos.

XVII. Veintiocho años después, la pregunta sigue abierta para la democracia

Costa Rica no puede construir su futuro sobre la idea de que las interpretaciones del pasado son incuestionables.

La seguridad jurídica es un valor fundamental.

Pero también lo son la supremacía constitucional, la separación de poderes y el control democrático sobre los bienes públicos.

Ninguno de esos principios debe desaparecer detrás de la conveniencia administrativa.

La modernización de la infraestructura es necesaria.

La inversión puede ser legítima.

La participación privada en determinadas actividades públicas puede encontrarse autorizada por el ordenamiento jurídico.

Pero ninguna de esas circunstancias sustituye la obligación de respetar las competencias constitucionales.

La experiencia de Moín nos obliga a examinar cómo se adoptaron decisiones que transformaron la actividad portuaria nacional y afectaron profundamente el escenario institucional de JAPDEVA.

También nos obliga a preguntarnos si la Asamblea Legislativa ejerció todas las competencias que constitucionalmente le correspondían.

Porque el problema no es únicamente jurídico.

Es democrático.

Y sus consecuencias no se quedaron encerradas en los expedientes judiciales.

Llegaron a los puertos, a las instituciones públicas, a los trabajadores, a las empresas y a la vida económica de Limón.

Por eso, veintiocho años después de la aprobación de la Ley N.º 7762, debemos exigir una explicación que no descanse exclusivamente en la reiteración de una doctrina.

Una explicación que demuestre, desde la Constitución, cómo se justificó considerar suficiente una autorización general para prescindir de la aprobación individual del contrato de la Terminal de Contenedores de Moín.

No estamos preguntando únicamente si en 1998 se interpretó equivocadamente una ley.

Estamos preguntando si aquella interpretación terminó atribuyendo a la Asamblea Legislativa una aprobación contractual que nunca realizó individualmente.

Estamos preguntando si el ejercicio de una potestad normativa general fue considerado equivalente al ejercicio de una competencia constitucional diferente.

Estamos preguntando si esa equiparación permitió que, desde 2012, se ejecutara una concesión portuaria de extraordinaria trascendencia sin aprobación parlamentaria particular.

Y estamos preguntando si las consecuencias de esa interpretación continúan afectando la organización de los servicios públicos, el patrimonio nacional y las posibilidades de desarrollo de Limón.

Tal vez no podamos demostrar que alguien quiso trinquetear al pueblo costarricense.

Pero sí podemos demostrar que la Asamblea Legislativa aprobó una ley en 1998 y que el contrato de concesión de la Terminal de Contenedores de Moín, celebrado catorce años después, no fue sometido a su aprobación individual.

Y podemos exigir que se justifique constitucionalmente por qué aquella primera decisión fue considerada suficiente para prescindir de la segunda.

Porque una interpretación judicial puede sostener que una autorización general satisface determinada exigencia constitucional.

Lo que no puede hacer es convertir en un acontecimiento histórico una aprobación parlamentaria individual que nunca ocurrió.

Y si la Constitución exigía esa aprobación particular, ninguna ficción interpretativa podía sustituirla legítimamente.

Esa es la controversia que hemos planteado.

Esa es la responsabilidad institucional que reclamamos esclarecer.

Y esa es la pregunta que, veintiocho años después, sigue esperando una respuesta capaz de convencer no solamente por la autoridad de quienes la pronuncian, sino por la fuerza constitucional de sus fundamentos.

Porque el derecho de la Constitución no puede descansar sobre la ficción de que el pueblo, por medio de sus representantes, aprobó un contrato que jamás tuvo oportunidad de examinar.

Y cuando esa ficción se proyecta durante años sobre bienes públicos estratégicos, instituciones nacionales y el destino económico de una provincia entera, el problema deja de pertenecer exclusivamente a los tribunales.

Se convierte en una cuestión de responsabilidad histórica ante toda Costa Rica.

Las verdades y mentiras en la memoria de 1948: Aclaraciones a la historia oficial, contra la exclusión histórica

Por: Lenin Chacón Vargas

El libro La Junta Fundadora de la Segunda República: Actas 1948-1949, compilado y presentado por mi amigo, el historiador Vladimir de la Cruz de Lemus, no solo reúne las actas del «gobierno de facto que gobernó como dictadura» —en palabras del propio Vladimir—, sino que nos ofrece proclamas, artículos y ensayos de diferentes autores sobre los acontecimientos alrededor de la guerra civil y otros aspectos de la vida y obra de José Figueres Ferrer exaltando la versión de los vencedores. La obra tiene la virtud de inducirnos a investigar aún más ese período tan controvertido; sin embargo, no aporta nada nuevo a la narrativa que ya conocemos: la historia oficial. Con esto, la historia de los vencidos se posterga una vez más y se blinda la historia oficial.

En estas páginas se exacerba y se exalta como una obra revolucionaria de Figueres lo que fue el proyecto de la Segunda República. Obra que debe someterse a estudio crítico. Se olvida que esta surgió, primero, de un fraude electoral perpetrado por la oposición de Figueres y Ulate en las elecciones de febrero de 1948; y segundo, de un levantamiento armado sedicioso, nutrido por militares mercenarios de Centroamérica y el Caribe, con armas modernas traídas desde Guatemala. Fue una guerra que José Figueres preparó minuciosamente desde su exilio en México. Para abonar el terreno, y según sus propias narraciones en el libro “El Espíritu del 48”, Figueres desarrolló campañas de rumores contra el gobierno constitucional de Teodoro Picado para infundir miedo en la población. Además, organizó a sus «muchachos» —como los llama en su libro— para ejecutar actos terroristas, como las bombas en el diario La Tribuna y en el auto de Manuel Mora Valverde; acciones de las que, paradójicamente, se vanagloria la historia oficial.

Una verdadera reconciliación nacional exige la historia completa. Hace falta reivindicar a los muertos de las fosas comunes, a los torturados y a los asesinados, a los desaparecidos, hacer justicia a los mártires del Codo del Diablo, la represión política durante los dieciocho meses del gobierno cívico-militar, y de la represión política de la posguerra de 1948 a 1958. (Notas 1 y 2 al pie de página).

Es imperativo reivindicar a todas y todos los comunistas encarcelados y sometidos a los Tribunales de Probidad; procesos de persecución inmediata que buscaban delitos que jamás encontraron. Su único «delito» fue pertenecer al Partido Vanguardia Popular (comunistas costarricenses). Eso, y acaso las gallinas que Carlos Luis Fallas permitió sacar de un patio ajeno para alimentar a su tropa de tres mil milicianos en los alrededores de Cartago. El mismo «Calufa» que intervino directamente para impedir que unos soldados del gobierno fusilaran a varios combatientes del Ejército de Liberación Nacional, entre los que estaba Ortuño Sobrado, un gesto que este último siempre le agradeció.

Estas son apenas palabras introductorias, porque la historia de la gestación y las consecuencias de la guerra civil es larga y cruel. No podemos continuar exaltando la historia oficial en procura de exonerar de responsabilidades a quienes fueron y siguen siendo los legítimos responsables: el Ejército de Liberación Nacional y el gobierno cívico-militar presidido por José Figueres, quien «gobernó como dictador». Hace falta la historia completa por la memoria y por la justicia.

Mientras tanto, el debate en torno a los acontecimientos de la guerra civil de 1948 en Costa Rica sigue secuestrado por una narrativa oficial que prefiere la comodidad del mito antes que el rigor de los documentos. Recientemente, mi amigo, el historiador Vladimir de la Cruz, ha sostenido afirmaciones basadas únicamente en lo que el presbítero Benjamín Núñez le relató de palabra: que él, José Figueres y Francisco Orlich supuestamente votaron en contra o no estuvieron de acuerdo con ilegalizar a los comunistas. Interpreto estas tesis como especulaciones carentes de un solo documento que las respalde. Todo lo contrario: el documento que existe como acta, donde se aprueba el Decreto 105 para ilegalizar al Partido Vanguardia Popular y a los sindicatos, y para perseguir a sindicalistas y comunistas, se encuentra en el Archivo Nacional con las firmas de José Figueres y sus ministros. Ahí no se consigna quién votó a favor o en contra; la realidad es que todos aprobaron el decreto.

La realidad histórica demuestra que el padre Núñez incurrió de forma sistemática en contradicciones, diciendo y desdiciéndose sobre los acuerdos que pusieron fin al conflicto armado. Las pruebas de esta ambigüedad son múltiples. En el libro del historiador Óscar Aguilar Bulgarelli, Núñez declaró abiertamente que sí hubo negociaciones y acuerdos con Manuel Mora Valverde para concertar el Pacto de Ochomogo. Es más, en un conocido documental de 1983, el propio José Figueres Ferrer y Benjamín Núñez recrearon frente a las cámaras los detalles de aquel encuentro, validando la legitimidad y los términos del pacto.

Sin embargo, la memoria oficialista comenzó a cambiar por conveniencia poco después. En 1986, en las páginas del diario Primera Plana, el coautor que auxilió a Núñez en la redacción de El Espíritu del 48 salió en su defensa alegando que la carta de compromiso firmada por el sacerdote —y esgrimida por Manuel Mora— era un documento «apócrifo». La réplica de Manuel no se hizo esperar: mediante una carta pública en el semanario Libertad en diciembre de 1986, detalló con rigor y precisión la verdad histórica del acuerdo de Ochomogo y la autenticidad de la firma que Núñez le entregó en la Embajada de México el 19 de abril de 1948. Cabe destacar que dicha carta original fue recuperada recientemente de los archivos resguardados en la Biblioteca Vicente Lombardo Toledano en México y publicada por el investigador Germán Chacón, sepultando cualquier duda sobre su existencia.

Ante la contundente réplica de Manuel Mora, Núñez y su entorno guardaron un silencio sepulcral durante un mes. Acto seguido, en 1987, publicaron el libro El Espíritu del 48. En dicha obra, Núñez y Figueres ejecutaron un malabarismo histórico inadmisible: afirmaron categóricamente que no existió ningún documento o carta suscrita por el presbítero para detener la guerra, desconociendo deliberadamente el Pacto de Ochomogo. Una flagrante contradicción, puesto que las firmas constan de forma irrefutable en los documentos que detuvieron el avance del conflicto.

No conformes con alterar los hechos, pretendieron manchar la dignidad y la honestidad política de Manuel Mora. Lo tildaron de mentiroso, acusándolo de urdir una «triquiñuela política» para engañar a la dirección de su propio partido. La mala fe de esta operación histórica quedó en evidencia cuando, tras salir de la imprenta, Núñez y su coautor obsequiaron un ejemplar a Arnoldo Ferreto. El objetivo era evidente: sembrar cizaña en un momento en que la izquierda costarricense sufría profundas divisiones internas. Ferreto, quien acababa de terminar su libro Gestación de la guerra civil de 1948 y sus consecuencias, se vio arrastrado por este testimonio falseado y añadió un epílogo cargado de diatribas hacia la figura de Manuel.

Aunque Mora Valverde realizó múltiples denuncias públicas y emplazó directamente a Figueres entre las décadas de 1950 y 1960, el caudillo liberacionista optó siempre por callar. Lo mismo ocurrió en agosto de 1969, cuando se discutía en el Parlamento si permitían o no la legalidad del Partido Bloque de Obreros, Campesinos e Intelectuales, y si aplicaban o no el artículo 98 de la Constitución Política. En una carta pública dirigida a José Figueres —entonces candidato presidencial del PLN— para que cumpliera «el pacto de Ochomogo», el líder optó por el silencio. Al Bloque le aplicaron la guillotina política: el artículo 98. Creer ciegamente en la memoria selectiva de Núñez es un favor inmerecido que la documentación histórica desmiente con absoluta rotundidad.

Esta política de exclusión e inmunidad para la versión de los vencedores se extiende hasta nuestras instituciones editoriales estatales. Es imperativo denunciar la mutilación histórica operada por la Editorial de la Universidad Estatal a Distancia (EUNED). En las ediciones de los años 2006 y 2011 de la célebre Cartilla Histórica de Ricardo Fernández Guardia, se eliminaron deliberadamente doce páginas del texto original. En esos folios, el insigne historiador detallaba pasajes clave sobre la finalización de la guerra y la instauración de la Junta de Gobierno; verdades incómodas que no resultaban del agrado de Alberto Cañas ni, por supuesto, de Benjamín Núñez.

Resulta una paradoja vergonzosa que, a pesar de las constantes denuncias de este atropello cultural, ningún director ni presidente de la editorial se haya atrevido a hacer justicia a la memoria de don Ricardo Fernández Guardia. El libro se sigue comercializando mutilado con total impunidad. ¿Acaso la censura y la exclusión de la historia real sobre el 48 no importan? Claro que importan, y pesan de forma alarmante cuando estas visiones pretenden ser legitimadas sin que ningún director de la EUNED ni los historiadores contemporáneos muevan un dedo para enmendar semejante distorsión.

El mismo sesgo se evidencia cuando Vladimir afirma —nuevamente sin un soporte documental— que los líderes José Figueres, Francisco Orlich y Benjamín Núñez, no votaron a favor de la ilegalización de los comunistas. Los documentos y la realidad de su actuar como miembros del gobierno cívico militar, dicen otra cosa. La verdad tangible es que durante 27 años se mutilaron las libertades republicanas, se restringió la libertad y el derecho al sufragio, y los comunistas fuimos perseguidos políticamente. Esa dirigencia jamás movió un dedo para impedir que el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) aplicara el infame artículo 98 constitucional entre 1953 y 1969.

Es más, durante la segunda presidencia de José Figueres Ferrer (1970-1974), la inacción fue total. Lejos de buscar la reconciliación democrática, Figueres procedió a archivar el dictamen de mayoría de diciembre de 1970 que buscaba reformar el artículo 98; un proyecto de ley que había sido propuesto y redactado por Manuel Mora para devolver la legalidad electoral a las fuerzas de izquierda. Estos hechos no pertenecen al terreno de la especulación oral; están completamente respaldados por las actas y documentos del país.

Seguiré escribiendo y rescatando las fuentes primarias y testimonios de los vencidos para hacer estricta justicia histórica a los comunistas costarricenses y a su papel destacado para poner fin a la guerra civil. Debo recordar, sobre todo, el valor y la hidalguía de Manuel Mora Valverde al subir en horas de la noche del 17 de abril de 1948 al Alto de Ochomogo, acompañado con Carlos Luis Fallas a encontrarse con Figueres en busca de un acuerdo para ponerle fin a la conflagración; lográndose así el Pacto de Ochomogo que dio origen a las cartas firmadas por Benjamín Núñez y al pliego de garantías del Ejército de Liberación Nacional al Partido Vanguardia Popular. Esos documentos y firmas pusieron fin a la guerra y evitaron miles de muertos. La historia patria no se puede seguir construyendo sobre señores a los que hoy se les reivindica como si se tratara de un acto para exonerarlos de la responsabilidad por las consecuencias de aquellos actos antidemocráticos ejecutados por decretos.

Una acomodada y excluyente narración de historia influida por el subjetivismo que hace a un lado relatar hechos tal como ocurrieron realmente, da pie para convertir la simple palabra de los vencedores en dogma o sus leyendas escritas en verdad, o la falsificación misma de una verdad creada para justificar una guerra innecesaria, carece enteramente de validez científica y moral. La verdad histórica de Costa Rica, sobre todo las verdades que hirieron profundamente a los costarricenses víctimas y protagonistas de la guerra se defienden con documentos, o acontecimientos debidamente verificados. Exonerar a los responsables de la guerra y de sus consecuencias inhumanas y antidemocráticas debe ser sometido a crítica.

Conclusión:

Existe abundante investigación, libros, tesis de historiadores contemporáneos sobre gestación de la guerra civil de 1948 y sus consecuencias en la vida civil, democrática institucional, las libertades republicanas y la vida política nacional para que se hagan nuevos esfuerzos a fin de que: el fraude electoral de 1948, el levantamiento armado sedicioso, la traída de mercenarios militares extranjeros para ejecutar el golpe de Estado al presidente constitucional don Teodoro Picado y, posteriormente, a don Otilio Ulate, así como la disolución del Congreso, del Poder Judicial y de los consejos municipales, de un Gobierno de facto que gobernó como dictadura son hechos que deben someterse a una revisión crítica impostergable para otorgarles, finalmente, el lugar que verdaderamente les corresponde en la historia nacional.

Lenin Chacón Vargas
Desde Porrosatí, la montaña huetar en Heredia, donde fue maestra Carmen Lyra y le dimos el último adiós a Manuel Mora Valverde.

1 de noviembre de 2026.

Notas:
1. Violencia política contra los Comunistas tras la guerra civil en Costa Rica (1948 – 1949) Silvia Elena Molina Vargas, máster en Historia. 2018.
2. En el fondo el olvido es un gran simulacro: violencia política en la posguerra costarricense (1948 – 1958). Alexia Ugalde Quesada, máster en Historia. 2017.

Investigar no es atropellar

Ana Virginia Calzada M.

La comparecencia de la magistrada Patricia Solano ante la Asamblea Legislativa obliga a reflexionar sobre los límites del poder y la responsabilidad de quienes lo ejercen. No se cuestiona la facultad de investigación parlamentaria, sino la forma en que se ejerce y el respeto que merece toda persona convocada ante una comisión legislativa.

El artículo 121 inciso 23 de la Constitución Política reconoce a la Asamblea Legislativa amplias potestades de investigación. Pero ninguna atribución constitucional constituye una licencia para el abuso. La autoridad debe ejercerse con razonabilidad, proporcionalidad y respeto a la dignidad humana.

En el caso de Patricia Solano, se investiga un crédito otorgado por una asociación solidarista. Resulta indispensable distinguir entre las responsabilidades de quien solicita y recibe un préstamo y las de quienes administran la entidad que lo concede. La persona deudora responde por la información que suministra y las obligaciones que contrae. La aprobación del crédito, las políticas financieras, los análisis de riesgo y la aplicación de los reglamentos corresponden, en principio, a los órganos competentes de la entidad.

No resulta razonable exigir a una deudora explicaciones sobre decisiones administrativas en las que no se ha demostrado que haya participado, ni pretender que responda por la interpretación jurídica que los administradores hayan dado a las disposiciones aplicables.

Especial preocupación generan los cuestionamientos relacionados con la edad de la magistrada y la posibilidad de que fallezca antes de cancelar su obligación crediticia.

¿Desde cuándo cumplir años permite presumir que una persona no honrará sus compromisos? ¿Con qué fundamento se cuestiona el cumplimiento de una obligación a partir de un acontecimiento futuro e incierto?

Un crédito pactado a treinta años no significa necesariamente que permanecerá vigente durante todo ese plazo. Puede cancelarse anticipadamente, si las condiciones contractuales lo permiten. Nadie puede afirmar hoy que Patricia Solano no tendrá los recursos para hacerlo.

Más preocupante que especular sobre un incumplimiento hipotético debería ser examinar, con criterios objetivos y libres de sesgos, aquellos casos en que efectivamente se han incumplido obligaciones financieras y, pese a ello, las personas involucradas han sido designadas para ejercer responsabilidades públicas.

La fiscalización debe ser coherente. No puede convertirse en un ejercicio selectivo en el que unas situaciones despiertan un escrutinio extraordinario mientras otras, en circunstancias comparables, reciben un tratamiento diferente sin una justificación objetiva.

También merece aclararse la función de las pólizas de seguro vinculadas con operaciones crediticias. No existen para enriquecer al Estado, sino para cubrir los riesgos previstos en un contrato y proteger los intereses asegurados. Cuando ocurre una contingencia cubierta, la póliza cumple precisamente la finalidad para la cual fue contratada.

Se trata de una operación propia del sistema asegurador. No es correcto afirmar, sin demostrarlo, que la eventual aplicación de una póliza significa que los ciudadanos terminarán pagando la vivienda de la persona asegurada. Una afirmación de esa naturaleza exige explicar quién es el asegurador, quién paga las primas, cuál es la cobertura y quién asume efectivamente el riesgo. No se vale aprovechar el desconocimiento sobre el funcionamiento de los seguros para generar conclusiones alarmantes.

Además, la muerte o cualquier otro acontecimiento asegurado puede presentarse a cualquier edad. Precisamente por eso existen mecanismos técnicos de evaluación del riesgo, entre ellos las tablas actuariales. La protección del crédito debe analizarse con criterios técnicos, no mediante especulaciones sobre cuánto tiempo vivirá una persona.

La Ley Integral para la Persona Adulta Mayor protege la dignidad y la igualdad de oportunidades. La edad no puede utilizarse como instrumento de descrédito personal. Mucho menos cuando se trata de una persona que comparece ante una autoridad pública y merece un trato respetuoso, independientemente de su cargo.

Existe, además, una circunstancia que exige especial prudencia institucional. Esta investigación se desarrolla cuando la Asamblea Legislativa debe decidir sobre la reelección de la magistrada. Esa coincidencia no demuestra por sí sola una finalidad ilegítima, pero obliga a extremar el cuidado para que el control parlamentario no se convierta en un mecanismo de presión sobre la independencia judicial.

Como tantas veces hemos señalado, la independencia judicial no es un privilegio de los magistrados. Es una garantía de los ciudadanos frente a cualquier intento de condicionar a quienes administran justicia. Tampoco puede aceptarse que las potestades de investigación se utilicen para intimidar a los funcionarios públicos. La firmeza y el conocimiento jurídico de Patricia Solano no disminuyen la obligación de las autoridades de respetar sus derechos.

Una democracia necesita investigaciones serias, preguntas rigurosas y funcionarios dispuestos a rendir cuentas. Pero también necesita representantes conscientes de que la autoridad no se demuestra mediante insinuaciones, especulaciones o cuestionamientos personales.

La potestad de investigar no coloca a los diputados por encima de la Constitución. Quien exige rendición de cuentas también debe responder por la forma en que ejerce el poder.

Investigar es una potestad constitucional. Atropellar no lo es.

Hace 75 años un tico hizo lo que California apenas intenta hoy

Por Welmer Ramos González
Economista

Hay estadistas y hay administradores. Los administradores gestionan lo que existe. Los estadistas transforman lo que es posible. Costa Rica tuvo, en José Figueres Ferrer, el más grande estadista del siglo XX latinoamericano. Y hoy, cuando miramos a nuestros dirigentes con la esperanza de encontrar, aunque sea un destello de esa visión, lo que vemos es, con demasiada frecuencia, el reflejo gris del miedo a pensar distinto.

Don Pepe no era un hombre sin errores. Era, al contrario, profundamente humano. Pero entre sus errores nunca se contaron la avaricia, la codicia ni el egoísmo. Esos espantos, que tanto daño hacen a la política, nunca le afectaron. Tenía un norte fijo, claro y obstinado: el bien común. No el bien de los poderosos, no el bien de los que ya tenían, sino el bienestar de todos los habitantes de este país. Con ese faro encendido, pensaba y repensaba. Dudaba y volvía a pensar. Y cuando actuaba, lo hacía con una valentía que hoy parece de otro mundo.

Democratizó el crédito cuando nadie en América se atrevió. El crédito era caro, clasista y empobrecedor. Los bancos intermediaban con el dinero del pueblo y prestaban barato a los ricos, caro a los pobres. Figueres determinó que eso era inaceptable y nacionalizó la banca. Por cuarenta años, las pequeñas y medianas empresas pagaron tasas similares a las que pagaban los grandes capitales. La gente dejó de trabajar para quien le prestaba y comenzó a trabajar para sí misma. Ni el más ardiente socialista de América Latina se atrevió a tanto, y sin embargo fue una medida que impulsó el desarrollo con crédito barato para producir y construir vivienda, no para el consumo. Cuando en los años ochenta el sistema financiero se abrió al libre mercado, la usura volvió de inmediato: la crisis de las financieras y la ruina de miles fueron el primer fruto amargo de soltar lobos entre las ovejas.

Financió el Estado cuando el Estado lo necesitaba. Tras la guerra civil de 1948, las arcas estaban vacías. Don Pepe impuso un impuesto del diez por ciento sobre los grandes capitales. Hoy, casi ochenta años después, el mundo apenas comienza a discutir algo parecido: California votará mañana para intentar imponer el cinco por ciento a las grandes fortunas. La mitad de lo que don Pepe impuso, con décadas de retraso. Mientras tanto, en Costa Rica vemos crecer el PIB y bajar la recaudación, vemos decenas de empresas que facturan más de cien millones de dólares al año y declaran pérdidas ante el fisco de manera consecutiva, vemos los Panamá Papers repletos de nombres conocidos. ¡Qué falta hace don Alberto Martén en Hacienda y don Pepe de presidente!

Electrificó el país con justicia. El 8 de abril de 1949, el Decreto-Ley N.º 449 le dio vida al ICE. Pero no a un ICE para las ciudades rentables. A un ICE solidario: las ganancias de las zonas urbanas financiarían la electrificación rural donde no había negocio. Para todos, al costo, en todo el país. Hoy ese modelo —que Puerto Rico envidia mientras espera meses a que una empresa privada le restaure la luz tras un huracán— está en la mira de quienes quisieran convertirlo en negocio. Don Pepe ya sabía que hay sectores donde los lobos no pueden entrar.

Abolió el ejército siendo el general victorioso. Ganó la guerra y disolvió su propio ejército. Convirtió los cuarteles en museos y la plata del ejército la destinó a escuelas. Le dio rango de cuarto poder del Estado al Tribunal Supremo de Elecciones para blindar la democracia. Aprobó el voto femenino y la ciudadanía plena para la población afrocostarricense. Hizo de Costa Rica un refugio para los perseguidos políticos de América.

Y lo hizo escuchando. No tenía miedo de rodearse de personas que pensaban diferente. Tomó las reformas buenas de sus propios enemigos y las elevó a rango constitucional, sí, las de Manuel Mora y Rafael Ángel Calderón Guardia. No llegó al poder para instaurar el odio, sino para poner a todos a trabajar juntos.

Eso es liderazgo. No la amalgama ideológica que hoy se disfraza de prudencia. No el silencio calculado frente a las ideas incómodas. No el miedo a parecer diferente, a que le critiquen, a que el debate los incomode.

Don Pepe no conoció ese miedo. Y por eso algunos costarricenses le agradecemos tanto.

Don Pepe no gobernó para la historia. Gobernó para la gente; y esa distinción, hoy casi extinta, es exactamente lo que más nos hace falta.

«Esa parte no la leí»

Por Juan Carlos Cruz, para SURCOS

Una hora de entrevista, dos periodistas a quienes el entrevistado considera amigos y un programa que se llama No Mientas El Show. Rodrigo Chaves la grabó el martes y salió el viernes, mientras la presidenta Laura Fernández andaba por el Vaticano. Según lo reportó Álvaro Murillo en el Semanario Universidad, el ministro de Hacienda y de la Presidencia estuvo cómodo, sonriente y bromista. También repartió calificativos: «terrorista» para la rectora del TEC, «idiotas» para los diputados de Liberación, «vividores» para quienes protestan.

Sería un error leerlo como un arranque de mal genio. Llevamos años viendo que el estilo de Chaves tiene método, y esta entrevista lo muestra casi completo. Ese método se puede resumir en cinco operaciones.

Personalizar. El poder se concentra en pocas figuras. Chaves habla una hora como si el país fuera suyo, con la presidenta de viaje, y adelanta incluso una decisión sobre el Transpacífico que ella anunciaría después. Las instituciones quedan en segundo plano.

Polarizar. El país se divide en dos bandos: de un lado, «tres cuartas partes» que dicen «go, Laura, go»; del otro, un 12% de «vividores». No presentó dato alguno que respalde esas cifras. Lo que importa es la frontera, no la medición.

Deslegitimar. A quien controla o cuestiona se le quita credibilidad. La rectora que advierte que la sede de Limón podría cerrar por los recortes es «extorsionadora». Un magistrado tiene «podredumbre intelectual». Y una sola palabra sirve para todo: Liberación, que lleva décadas en el centro del sistema, es «ficha del comunismo». Cuando una palabra sirve para todo, deja de describir algo y solo marca de qué lado está cada quien.

Emocionalizar. El chiste a pedido, la burla y el insulto crean complicidad con quien escucha. Gramsci hablaba de intelectuales orgánicos: gente que da forma y voz a la visión del mundo de un grupo, sin que nadie les dé órdenes. Un programa afín, con preguntas cómodas, cumple esa función mejor que cualquier conferencia de prensa.

Saturar. Cada declaración abre una pelea, y cada pelea desplaza a la anterior. Con tanto ruido, los datos difícilmente permanecen en la conversación el tiempo suficiente para discutirse.

El momento clave

Hacia el final le preguntaron por el dato oficial más reciente: el ingreso de los hogares bajó 3,8% en el último año, y bajó en todos los quintiles. Hizo un gesto de poco interés y dijo: «esa parte no la leí».

Antes, uno de los entrevistadores le había planteado el aumento de la deuda frente al PIB, el golpe del tipo de cambio a los exportadores y los 300.000 hogares que siguen en pobreza. Chaves respondió que el país ahora es de «ingreso alto». Un promedio nacional sirve para presumir afuera, pero no paga el recibo de nadie. Casi la mitad de los hogares reporta deudas, y las listas de espera de la CCSS crecieron más de 30% en poco más de un año.

Eso es lo que el método permite: cuando falta la respuesta, aparece el culpable. Una sociedad golpeada por la deuda y el estancamiento necesita explicaciones. Si la política no las da, alguien ofrece otras, y la rabia se dirige hacia una rectora, hacia diputados, hacia gente que marcha, nunca hacia las decisiones que explican por qué los hogares ganan menos. El que reclama pasa a ser el problema.

La billetera y el bloque

Hubo otra frase que casi pasó inadvertida. Chaves dijo que los empresarios que financiaron a Liberación fueron traicionados, y que dar plata a ese partido sería de gente «muy corrupta». Aceptó, además, que los aportes de campaña condicionados son normales en política.

Se lee como un mensaje a quienes sostuvieron durante décadas al bipartidismo: la ventanilla cambió de lugar. Gramsci llamaba bloque histórico a la alianza de fuerzas sociales y económicas que sostiene a un grupo en el poder. Detrás de los insultos hay un intento de armar uno nuevo y de desarmar el viejo a golpe de burla.

Qué hacer con esto

El chavismo no disputa solo la información, disputa la interpretación de la realidad. Por eso desmentir cada frase o responder cada provocación no basta: es entrar al juego de la saturación. Competir haciendo más ruido es perder de antemano.

Lo que corresponde es hacer más comprensible la realidad: explicar las causas de lo que le pasa a la gente, contrastar los discursos con hechos verificables y sostener mensajes claros, repetidos con inteligencia. Si el discurso oficial usa la comunicación para generar identificación con un líder, la tarea democrática es usarla para generar comprensión, organización y participación.

Nada de esto significa que la rectora o los diputados tengan siempre la razón. Pueden equivocarse y deben responder por lo que hacen. Pero a un argumento se le responde con otro. Mientras tanto, los datos siguen ahí, los lea o no el ministro. Los hogares que perdieron ingreso este año sí leyeron esa parte.

La democracia inconclusa

Frank Ulloa Royo

Una democracia que no nació completa

La democracia costarricense se parece más a un largo camino de conquistas, retrocesos y disputas que a la imagen estática y perfecta que suele presentarse cada 7 de noviembre. La conmemoración oficial del Día de la Democracia coincide con la fecha de promulgación de la Constitución Política de 1949 y suele estar acompañada de discursos que exaltan la estabilidad institucional del país. Sin embargo, una mirada crítica a nuestra historia obliga a reconocer que la democracia costarricense no nació plenamente democrática. Fue una construcción gradual, conflictiva y profundamente marcada por las exclusiones de su tiempo (Aguilar Bulgarelli, 1977; Salazar Mora, 2003).

La Asamblea Nacional Constituyente de 1949 surgió de una sociedad fracturada tras la guerra civil. Aunque produjo un texto constitucional que con el tiempo se convertiría en el principal marco de convivencia democrática del país, aquella constituyente no reflejaba la diversidad de la sociedad costarricense. Los sectores vencedores del conflicto tuvieron una clara preeminencia en su integración. No hubo representación de la población afrodescendiente, ni de los pueblos originarios, ni de los sectores más vulnerables de la sociedad. Tampoco participó una sola mujer y apenas estuvo presente un representante vinculado al movimiento sindical. La Costa Rica real, diversa, popular y trabajadora, estuvo escasamente representada en aquel momento fundacional (Lehoucq, 1998).

La Constitución preservó importantes conquistas sociales heredadas de la década reformista de los años cuarenta. Sin embargo, en el terreno político mantuvo limitaciones que hoy resultan incompatibles con una concepción robusta de la democracia. Durante más de dos décadas, el artículo 98 constitucional sirvió de fundamento para excluir de la vida política legal a quienes profesaban determinadas ideas. La democracia coexistió con la proscripción. Mientras se organizaban elecciones periódicas y se fortalecían algunas instituciones republicanas, dirigentes políticos eran encarcelados, perseguidos o empujados al exilio. Los líderes del Partido Vanguardia Popular sufrieron el extrañamiento, la cárcel y la estigmatización. Muchas familias conocieron la represión, el silencio y el miedo como parte de su experiencia cotidiana (Molina y Palmer, 2014).

La democratización de la democracia

Por ello, resulta difícil sostener que la democracia costarricense nació completa en 1949. Más bien comenzó entonces una nueva etapa de la lucha por democratizar la propia democracia. Las reformas políticas impulsadas durante las décadas siguientes permitieron desmontar gradualmente mecanismos de exclusión y ampliar derechos. El reconocimiento pleno de la diversidad ideológica, la recuperación de libertades políticas para los sectores proscritos, las garantías para la organización sindical y el fortalecimiento de la negociación colectiva fueron pasos fundamentales para construir una ciudadanía más amplia e inclusiva (Rovira Mas, 2001).

La consolidación democrática alcanzó una dimensión social durante los años sesenta y setenta. La expansión de la seguridad social, que avanzó decididamente durante la administración de Daniel Oduber, contribuyó a extender derechos fundamentales a sectores históricamente excluidos. La educación pública, la salud universal, las instituciones autónomas y una política exterior capaz de mantener márgenes de independencia frente a los organismos financieros internacionales, particularmente durante el gobierno de Rodrigo Carazo, fortalecieron una visión de democracia que trascendía el simple acto de votar. Se trataba de una democracia que aspiraba a garantizar condiciones materiales para la dignidad humana (Sojo, 1984).

La ciudadanía social bajo presión

A menudo se olvida que la democracia no consiste únicamente en depositar una papeleta cada cuatro años. La democracia también significa acceso a la salud, al trabajo digno, a la educación, a la organización social y sindical, a la cultura y a la posibilidad real de influir en las decisiones que afectan la vida colectiva. Una sociedad profundamente desigual puede conservar elecciones periódicas y, sin embargo, debilitar progresivamente el ejercicio efectivo de la ciudadanía.

Precisamente eso comenzó a ocurrir con el avance del modelo neoliberal a partir de los años ochenta. Sin necesidad de interrumpir la institucionalidad política, se inició un proceso de erosión gradual de múltiples conquistas sociales. El debilitamiento del Estado social, la creciente concentración de la riqueza, la precarización laboral y el deterioro de espacios de negociación colectiva afectaron pilares que habían contribuido a la ampliación democrática de las décadas anteriores. La democracia mantuvo sus formas, pero comenzó a perder parte de su contenido social (Cerdas Cruz, 1993; Vega Carballo, 2004).

Durante ese proceso se fue consolidando una paradoja inquietante: mientras la democracia electoral parecía fortalecerse, la democracia social mostraba señales de desgaste. Los ciudadanos conservaron el derecho al voto, pero vieron disminuir gradualmente su capacidad efectiva para incidir en las grandes decisiones económicas que definían sus condiciones de vida.

La política del miedo

Hoy Costa Rica parece encontrarse ante una nueva encrucijada histórica. La crisis de seguridad ciudadana, el crecimiento del narcotráfico y el incremento de la violencia han generado preocupaciones legítimas entre amplios sectores de la población. Nadie puede negar la gravedad de estos fenómenos. Sin embargo, la historia demuestra que los momentos de miedo colectivo suelen abrir espacios para soluciones que terminan debilitando las libertades democráticas que se pretende proteger.

La democracia siempre enfrenta una tentación recurrente: sacrificar derechos en nombre del orden. Cuando el miedo domina el debate público, las garantías constitucionales empiezan a verse como obstáculos, los derechos humanos como privilegios indebidos y el pluralismo como una amenaza. Poco a poco, el lenguaje de la seguridad desplaza al lenguaje de la ciudadanía.

La experiencia latinoamericana demuestra que las democracias pocas veces retroceden mediante rupturas abruptas. Con más frecuencia se erosionan desde dentro, cuando la excepcionalidad se convierte en norma, la crítica es presentada como deslealtad y los derechos son percibidos como una molestia para la acción gubernamental (O’Donnell, 1997).

¿Qué democracia queremos defender?

Es en este contexto donde el gobierno de Laura Fernández Delgado deberá ser analizado críticamente. La cuestión fundamental no es si debe combatirse la criminalidad. Ninguna sociedad democrática puede renunciar a esa responsabilidad. La verdadera pregunta es qué tipo de democracia se construye mientras se combate. Existen diferencias profundas entre una seguridad ciudadana concebida como protección integral de las personas y una seguridad entendida exclusivamente desde la lógica del castigo, la exclusión y la restricción de derechos.

Cuando una sociedad comienza a aceptar que ciertas personas dejan de ser titulares de derechos por encontrarse privadas de libertad, cruza una frontera peligrosa. Los derechos humanos fueron concebidos precisamente para proteger la dignidad humana allí donde resulta más vulnerable. Defender los derechos de las personas encarceladas no implica justificar sus actos. Implica reconocer que la democracia no puede renunciar a los valores que le dan sentido.

La pregunta central de nuestro tiempo no es únicamente cómo enfrentar la inseguridad. La pregunta más profunda es qué democracia queremos preservar y ampliar para las próximas generaciones. Si la respuesta se construye desde el miedo, es probable que terminemos erosionando conquistas que costaron décadas de luchas sociales, políticas y sindicales. Si la respuesta se construye desde la ampliación de la ciudadanía, la justicia social y el respeto irrestricto a la dignidad humana, la democracia costarricense podrá seguir avanzando en ese largo camino que nunca ha sido lineal.

Una tarea siempre inconclusa

Quizá el mejor homenaje que puede hacerse cada 7 de noviembre no sea repetir consignas sobre una democracia perfecta que nunca existió. Tal vez el verdadero homenaje consista en reconocer las exclusiones, las luchas y los sacrificios que hicieron posible ampliar derechos a lo largo del tiempo. Porque la democracia costarricense no fue una obra terminada en 1949. Ha sido, y sigue siendo, una construcción colectiva e inconclusa. Y como toda construcción humana, puede fortalecerse con más participación, más igualdad y más derechos, o puede deteriorarse bajo el peso del miedo, la intolerancia y la violencia.

Las democracias rara vez desaparecen de un día para otro. Generalmente se desgastan lentamente. Pierden sensibilidad frente al sufrimiento humano, reducen espacios de participación, normalizan la exclusión y terminan confundiendo la fuerza con la legitimidad. Cuando eso ocurre, las instituciones permanecen en pie, las elecciones siguen realizándose y los discursos oficiales continúan celebrando la democracia. Pero el espíritu democrático ya ha comenzado a abandonarlas. Y entonces lo que queda no es una democracia viva, sino apenas la memoria de lo que alguna vez aspiró a ser.

 

Referencias

Aguilar Bulgarelli, O. (1977). Costa Rica y sus hechos políticos de 1948. San José: Editorial Costa Rica.

Cerdas Cruz, R. (1993). La otra cara del neoliberalismo. San José: EUNED.

Lehoucq, F. (1998). Institutions, Political Competition and Electoral Fraud in Costa Rica. Stanford University Press.

Molina, I., & Palmer, S. (2014). Historia de Costa Rica. San José: Editorial Universidad de Costa Rica.

O’Donnell, G. (1997). Contrapuntos: Ensayos escogidos sobre autoritarismo y democratización. Buenos Aires: Paidós.

Rovira Mas, J. (2001). Estado y política económica en Costa Rica. San José: Editorial Universidad de Costa Rica.

Salazar Mora, J. M. (2003). Crisis liberal y Estado reformista. San José: Editorial Universidad de Costa Rica.

Sojo, C. (1984). Estado empresario y lucha política en Costa Rica. San José: EDUCA.

Vega Carballo, J. L. (2004). Costa Rica: Economía y sociedad en el siglo XX. San José: Editorial Porvenir.