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Convocan protesta para defender bosque de Playa Panamá

El movimiento ciudadano Salvemos Playa Panamá convocó a una protesta para el miércoles 22 a las 4:00 p.m., en la segunda entrada a Playa Panamá, como respuesta a la anunciada afectación de aproximadamente 700 árboles en esa zona costera de Guanacaste.

Según la convocatoria difundida por la organización, la manifestación surge luego de que autoridades del SINAC y el MINAE habrían firmado decisiones que permitirían la intervención del bosque, situación que las personas defensoras del territorio califican como una “sentencia de muerte” para una importante cobertura arbórea en el lugar.

El movimiento también señala que el caso se desarrolla en medio de una investigación penal y de un proceso en la Sala Constitucional (Sala IV), elementos que, según sostienen, vuelven aún más preocupante cualquier autorización de tala o modificación ambiental mientras existen asuntos legales pendientes.

La protesta busca visibilizar la defensa del bosque, la biodiversidad y el acceso ciudadano a información transparente sobre decisiones que impactan ecosistemas costeros de alto valor ecológico y social. Playa Panamá es una de las zonas de mayor atractivo turístico del Pacífico norte, por lo que el conflicto también pone en debate el modelo de desarrollo en áreas sensibles.

Las personas organizadoras llaman a comunidades, organizaciones ambientales y ciudadanía en general a sumarse a la movilización para exigir protección del bosque y respeto a los procesos legales en curso.

El Río Frío está en alerta

Observatorio de Bienes Comunes

Las comunidades de Guatuso alzan la voz, mediante un pronunciamiento público, frente a décadas de extracción que han transformado el río y puesto en riesgo la vida en la cuenca.

No es solo un tema ambiental: es territorio, historia y futuro.

¿Qué está pasando?

▪️ Más de 40 años de extracción en el cauce

▪️ Erosión, pérdida de pozas y disminución del caudal

▪️ Impactos en ganadería, turismo y vida comunitaria

▪️ Riesgos para los humedales de Caño Negro

¿Qué proponen las comunidades?

▪️ Crear una zona de cuido del río

▪️ Frenar la extracción mientras se evalúan impactos acumulativos

▪️ Apostar por alternativas sostenibles y comunitarias

▪️ Abrir un diálogo real sobre el futuro de la cuenca

Hablar hoy no es oponerse: es cuidar.

Leé la nota completa aquí:
https://bienescomunes.fcs.ucr.ac.cr/rio-frio-en-alerta-comunidades-denuncian-decadas-de-extraccion-y-proponen-una-zona-de-cuido/

Límites ineludibles y emergencia de una nueva conciencia: entre la acumulación y la vida

Alberto Salom Echeverría
albertolsalom@gmail.com

Si algo distingue a la civilización contemporánea no es únicamente su extraordinaria capacidad de producir riqueza, sino su tendencia a expandirse sin reconocer los límites que la hacen posible. Durante décadas —incluso siglos—, este sistema ha logrado desplazar sus contradicciones: lo que no podía resolverse en un ámbito se trasladaba a otro; lo que no estallaba en el presente se difería hacia el futuro.

Pero no todos los límites son desplazables.

Los conflictos políticos pueden diferirse, las tensiones sociales pueden reprimirse y las crisis económicas pueden posponerse. Sin embargo, los límites ecológicos introducen una diferencia decisiva: no responden a la lógica del poder ni a la voluntad humana. No negocian, no se subordinan, no pueden ser contenidos por decretos ni por ejércitos.

En este punto emerge una contradicción de nuevo tipo: aquella entre un sistema que requiere expansión ilimitada y un planeta cuyos equilibrios biofísicos son finitos.

El poder que no puede dominar la Tierra

En su fase actual —marcada por el predominio de los combustibles fósiles— el capitalismo ha alcanzado una capacidad de intervención sobre la naturaleza sin precedentes. Las fracciones dominantes del capital financiero e industrial, apoyadas en la tecnología y en complejas arquitecturas de poder global, han extendido las fronteras de la acumulación hasta los rincones más remotos del planeta.

Y, sin embargo, ese mismo poder revela su impotencia frente a los límites ecológicos.

Ese poder financiero-industrial, puede intervenir gobiernos, condicionar economías, desatar guerras o reconfigurar territorios. Pero no puede alterar a voluntad los ciclos del clima, ni detener el deshielo polar, ni revertir por decreto la acidificación de los océanos.

Se trata de una paradoja histórica: el sistema más poderoso jamás construido por la humanidad se muestra incapaz de controlar las consecuencias de su propia expansión. Tal es en mi opinión, la nueva fase del desarrollo capitalista depredador de la naturaleza y de la vida.

América Latina: territorio de extracción y de resistencia

América Latina es una de las regiones del Planeta en donde esta contradicción se expresa con absoluta claridad.

La región ha sido históricamente integrada al sistema mundial como proveedora de naturaleza: minerales, petróleo, biodiversidad, agua, tierras fértiles y ahora inclusive en una parte del subcontinente, “tierras raras”. En la actualidad, esta función se ha intensificado bajo nuevas formas.

En la Amazonía —particularmente en Brasil— la expansión del agronegocio y la deforestación han llevado a este ecosistema a un punto crítico. Lo que está en juego no es solo un bosque, sino uno de los principales reguladores climáticos del planeta.

En los Andes —en países como Chile, Bolivia y Argentina— la extracción de litio, impulsada por la transición energética global, abre una nueva fase extractiva que tensiona territorios, comunidades y ecosistemas frágiles.

En buena parte de la comunidad andino-amazónica como son Colombia y Perú, la minería a gran escala y la explotación petrolera generan conflictos socioambientales persistentes, donde comunidades locales enfrentan a corporaciones transnacionales y a Estados que, muchas veces, actúan como intermediarios de la acumulación global.

Casos similares se observan en Ecuador y Venezuela. En la Amazonía ecuatoriana, comunidades como los Kichwa de Sarayaku, los pueblos Waorani del Yasuní y poblaciones de Sucumbíos y Orellana han enfrentado la expansión petrolera que vulnera sus territorios, su salud y sus derechos colectivos. En Venezuela, tanto las comunidades del Lago Maracaibo -afectadas por derrames petroleros- como los pueblos indígenas del Arco Minero del Orinoco evidencian los impactos sociales y ecológicos del extractivismo contemporáneo.

Centroamérica tampoco escapa a esta dinámica. En Honduras, Guatemala o El Salvador, la presión sobre los recursos naturales —agua, minería, monocultivos— ha generado resistencias comunitarias que, aunque frecuentemente invisibilizadas, constituyen expresiones de un conflicto más profundo: el choque entre la lógica de la vida y la lógica de la ganancia. En Nicaragua, comunidades campesinas e indígenas han cuestionado proyectos como el canal interoceánico por sus posibles impactos territoriales y ecológicos. En Costa Rica, pese a su imagen internacional de sostenibilidad, han surgido tensiones en torno a proyectos hidroeléctricos, monocultivos como la piña, la gestión del agua que afecta a comunidades locales, así como el conflicto minero por la explotación del Oro de Crucitas. En Panamá, pueblos indígenas han resistido iniciativas mineras e hidroeléctricas en sus territorios, denunciando afectaciones ambientales y falta de consulta sobre los proyectos. Incluso en Belice, la expansión de actividades extractivas y agroindustriales ha generado preocupaciones por la degradación de ecosistemas sensibles y el impacto sobre comunidades rurales.

Así, América Latina aparece simultáneamente como espacio de intensificación de la acumulación y como territorio de emergencia de resistencias que anticipan otras formas de relación con la naturaleza.

Guerra, acumulación y desplazamiento de las contradicciones

En paralelo, el sistema continúa desplazando sus tensiones a través de la geopolítica y la guerra.

Conflictos como el de Rusia y Ucrania, o las tensiones en Medio Oriente que involucran a Los Estados Unidos -ora financiando armamento, ora interviniendo directamente-, Israel, Irán y Palestina, no pueden entenderse al margen de disputas por recursos, territorios y hegemonía global.

La guerra opera, en este sentido, como mecanismo extremo de reorganización del sistema. Es decir, a lo largo de la historia, la guerra ha operado como un mecanismo extremo de reorganización del sistema al desencadenar transformaciones simultáneas en múltiples niveles: en el plano económico, al destruir capital y reactivar ciclos de acumulación mediante la reconstrucción; en el geopolítico, al redefinir jerarquías de poder y dar lugar a nuevos órdenes internacionales, como ocurrió tras la Segunda Guerra Mundial con la emergencia de instituciones como la Organización de las Naciones Unidas y la configuración de la Guerra Fría, en el ámbito político interno, al concentrar poder estatal y reconfigurar regímenes; y en el social y cultural, al movilizar poblaciones enteras, transformar roles y producir narrativas colectivas. Como los relatos compartidos que una sociedad construye para darle “sentido” a la guerra y sus consecuencias: relatos de victoria o derrota, por ejemplo, la idea de “liberación” o “resistencia” tras la Segunda Guerra Mundial, memorias oficiales y conmemoraciones -héroes, mártires, fechas patrias, monumentos-. O también justificaciones del sacrificio, discursos que legitiman pérdidas humanas (“murieron por la patria”, “defensa de la libertad”). Identidades nacionales reforzadas o redefinidas: quiénes somos “después” de la guerra. Finalmente, la reorganización del sistema se refiere a advertencias o traumas colectivos, como cuando se dice “nunca más”, después de haber experimentado conflictos devastadores. En síntesis, son las historias que una sociedad se cuenta a sí misma para explicar la guerra y reorganizar su vida después de ella.

En este sentido, la guerra no aparece como una solución racional ni deseable, sino como una forma límite, profundamente destructiva, mediante la cual sistemas en crisis han sido históricamente reordenados.

Pero incluso aquí se manifiestan límites. Ninguna dominación ha sido absoluta ni definitiva. La historia del siglo XX —desde Adolfo Hitler hasta José Stalin— lo demuestra con claridad. Y en América Latina, las dictaduras de Jorge Ubico, de Anastasio Somoza García (el padre), de Anastasio Somoza Debayle (el hijo), o de Maximiliano Hernández Martínez evidenciaron que el poder puede reprimir, pero no suprimir definitivamente las contradicciones sociales. La lección es clara: la ausencia visible de contradicción no significa su desaparición, sino su desplazamiento.

El límite que no puede desplazarse

Sin embargo, como lo hemos explicado, el cambio climático introduce una ruptura en esta lógica.

A diferencia de las crisis anteriores, no puede ser trasladado geográficamente, ni diferido indefinidamente. No hay un “afuera” al cual exportarlo. No hay periferia que absorba sus efectos sin devolverlos amplificados.

Sequías prolongadas, incendios forestales, huracanes más intensos, pérdida de biodiversidad, desplazamientos humanos, derretimiento de casquetes polares, todos estos fenómenos no son eventos aislados, sino manifestaciones de un sistema que ha comenzado a encontrar un límite infranqueable.

Aquí, el desplazamiento deja de ser posible.

Conciencia, conflicto y posibilidad histórica

Pero este límite no implica una resolución automática.

Nada garantiza que la humanidad responderá de manera racional o solidaria. La historia no avanza por determinismos mecánicos. Lo que se abre es un campo de posibilidad, no una certeza. La clave reside en la conciencia.

En la medida en que la magnitud del peligro se haga cada vez más evidente, puede comenzar a configurarse una convergencia inédita de fuerzas sociales y políticas: trabajadores, comunidades, gestores comunitarios, movimientos ambientales, sectores medios, incluso fracciones disidentes dentro de las propias élites, además de los tradicionales movimientos sindicales, cooperativos y hasta en algunos casos cámaras empresariales que hayan captado que el desarrollo con justicia social y en equilibrio con la naturaleza, no pasa por la extracción y explotación de los combustibles fósiles que han enfermado la tierra acarreando el calentamiento global. Se puede prever incluso una coalición de fuerzas a escala mundial, por el vértice común que poseen los impactos del calentamiento climático global en todo el orbe.

No se trata de una alianza homogénea ni exenta de tensiones, sino de una articulación histórica frente a una amenaza común.

Esta convergencia no necesariamente requiere de la violencia como forma dominante. Puede expresarse en transformaciones políticas, culturales y económicas que desplacen progresivamente la centralidad de la ganancia como principio organizador de la vida social.

Frente a ella, -la centralidad de la ganancia- las élites que hoy concentran el poder económico podrían encontrarse crecientemente aisladas. No porque pierdan de inmediato su capacidad material, sino porque su lógica se vuelve incompatible con la sostenibilidad de la vida.

Hacia un nuevo horizonte civilizatorio

Nos encontramos, entonces, ante una bifurcación histórica. De un lado, la persistencia de una lógica de acumulación que, de no ser contenida, profundizará las condiciones de destrucción ecológica y social.

Del otro, la posibilidad de una reorientación civilizatoria basada en la primacía de la vida, en la reconstrucción de vínculos con la naturaleza y en la redefinición de lo que significa prosperar.

No es necesario que la humanidad alcance un punto de colapso total para emprender este camino. Pero el tiempo histórico disponible para hacerlo no es indefinido; porque determinados impactos ambientales sobre la naturaleza pueden tornarse irreversibles. Un caso muy citado es el del derretimiento de los casquetes polares como consecuencia del calentamiento global, tanto de la atmósfera como de las aguas oceánicas.

La pregunta permanece abierta —y con ella, la responsabilidad colectiva—:

¿será capaz la humanidad de reconfigurar su destino antes de que los límites que ha desbordado se impongan de manera irreversible?

La Amazonía: umbral de irreversibilidad y destino compartido

No todos los procesos de deterioro ambiental avanzan de forma lineal. Algunos sistemas naturales, al ser sometidos a presiones crecientes, pueden alcanzar umbrales críticos a partir de los cuales su transformación se vuelve abrupta e irreversible. La Amazonía constituye uno de los ejemplos más inquietantes de este tipo de dinámica.

Diversos estudios científicos advierten que la selva amazónica —el mayor bosque tropical del planeta— podría aproximarse a un punto de no retorno si se combinan tres factores: la deforestación sostenida, el aumento de las temperaturas y la alteración del régimen de lluvias. En ese escenario, amplias zonas de bosque húmedo podrían degradarse progresivamente hasta convertirse en sabanas, con una pérdida masiva de biodiversidad y una drástica reducción de su capacidad para almacenar carbono, vital, como es obvio, para la supervivencia de la flora universal.

Pero, la Amazonía no es solo un reservorio de especies o un “pulmón del mundo” en sentido metafórico. Es, sobre todo, un regulador climático de escala continental. A través de los llamados “ríos voladores” —corrientes de humedad que se desplazan desde la cuenca amazónica hacia otras regiones de América del Sur—, este ecosistema sostiene ciclos de lluvia fundamentales para la agricultura, el abastecimiento de agua y la vida urbana en países como Brasil, Perú, Bolivia y más allá.

El debilitamiento de este sistema tendría efectos en cascada: sequías más intensas, pérdida de suelos fértiles, inseguridad alimentaria y presiones migratorias. En otras palabras, lo que podría parecer un problema localizado en la selva se convertiría en una crisis civilizatoria extendida.

Aquí se vuelve tangible la tesis central: el tiempo histórico disponible no es indefinido. Si la Amazonía cruza ese umbral, ya no se tratará de mitigar daños graduales, sino de enfrentar una transformación estructural del sistema climático regional con consecuencias imprevisibles.

Sin embargo, también en este caso emerge la posibilidad de una convergencia inédita: Pueblos indígenas, comunidades locales, científicos, movimientos ambientales e incluso sectores económicos comienzan a reconocer que la defensa de la Amazonía no es una causa sectorial, sino una condición de posibilidad para la continuidad de la vida tal como la conocemos en la región.

El agua y la crisis hídrica

América Latina, históricamente rica en recursos hídricos, comienza a experimentar tensiones cada vez más visibles: agotamiento de acuíferos, contaminación de fuentes y desigual acceso. Grandes ciudades enfrentan ya escenarios de estrés hídrico, mientras comunidades rurales ven comprometidas sus formas de vida. El agua deja de ser un bien abundante para convertirse en un eje de conflicto social y territorial.

Migraciones climáticas

A su vez, el deterioro ambiental comienza a traducirse en desplazamientos humanos. Sequías prolongadas, eventos extremos, como los incendios forestales, por un lado, y huracanes indómitos y desbordamientos de ríos, por otro, juntamente con la pérdida de medios de subsistencia, obligan a miles de personas a abandonar sus territorios. Estas migraciones, aun insuficientemente reconocidas en los marcos legales internacionales, anticipan tensiones sociales y políticas que redefinirán las dinámicas regionales.

Estos tres casos —la Amazonía, la crisis hídrica y las migraciones climáticas— serán abordados con mayor detenimiento en una próxima entrega, en la que se examinarán sus dinámicas específicas y sus implicaciones para América Latina y el mundo.

¿Qué está pasando con la incineración de residuos sólidos en Costa Rica?

Cine-foro con participación de especialistas nacionales e internacionales
• Visita internacional busca ampliar la discusión sobre alternativas de manejo de residuos
• Encuentro centroamericano y actividades en la Asamblea Legislativa

En el país han resurgido, en distintos momentos, propuestas para la incineración de residuos sólidos, presentadas como alternativas a los rellenos que resultan cada día una opción más in-sanitaria. Este proceso consiste en un tratamiento térmico que quema los desechos a altas temperaturas, reduciendo su volumen y generando energía. Sin embargo, también produce cenizas peligrosas y emite gases tóxicos que pueden afectar el aire, el suelo y las fuentes de agua, con implicaciones directas para la salud humana y los ecosistemas.

En un contexto donde la gestión de residuos se ha convertido en una problemática cada vez más urgente, diversas empresas han retomado la incineración como una supuesta solución. No obstante, múltiples sectores advierten sobre los riesgos de promover este tipo de tecnologías sin un análisis integral de sus impactos.

Durante el último año, un colectivo de organizaciones sociales y comunales, junto con el Programa Kioscos Socioambientales, ha impulsado espacios de reflexión pública- mediante foros- para visibilizar tanto las problemáticas como las alternativas en el manejo de residuos. En estos espacios se han abordado los impactos de la llamada “basurización” en comunidades como Miramar, Desamparados, Cariari, La Carpio, Mora, Turrúcares y Osa, así como las amenazas que enfrentan distintos territorios ante modelos de gestión insostenibles.

Estos espacios han coincidido en una alerta compartida: la situación actual del manejo de residuos en Costa Rica constituye una “bomba de tiempo” que podría derivar en una crisis ambiental, social y sanitaria de gran magnitud. A pesar de contar con más de siete décadas de legislación en la materia, en la práctica ha predominado un modelo centrado en grandes rellenos in-sanitarios operados por empresas privadas, sin avanzar de manera decidida hacia soluciones integrales y sostenibles.

En este contexto, se han señalado preocupaciones sobre la creciente influencia de intereses corporativos, la fragmentación de la rectoría institucional entre el Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE) y el Ministerio de Salud, y la promoción de soluciones rápidas o “mágicas”, como la incineración, que no abordan las causas estructurales del problema.

Con el apoyo de la organización internacional Global Alliance for Incinerator Alternatives (GAIA), se busca abrir espacios de discusión informada sobre los impactos de la incineración y promover enfoques basados en el desarrollo humano y la justicia ecológica. GAIA es una red global que trabaja en la promoción de soluciones de “basura cero”, orientadas a transformar los modelos extractivistas de producción y consumo.

Como parte de esta iniciativa, el próximo jueves 23 de abril se realizará el cineforo “¿Qué es la incineración y cómo afecta a nuestras comunidades?”, en el auditorio de la Escuela de Tecnologías en Salud (primer piso), en la sede Rodrigo Facio de la Universidad de Costa Rica, de 3:30 p. m. a 5:00 p. m.

Durante la actividad se proyectará el documental Burning Injustice (2023), que sigue la lucha de activistas latinos en Estados Unidos contra una de las últimas incineradoras de basura en California, evidenciando sus impactos en la salud de las comunidades y las resistencias organizadas para su cierre.

El espacio contará con la participación de personas expertas como Alejandra Parra Muñoz, activista chilena y coordinadora de la Alianza Basura Cero Chile e integrante de GAIA; Mauricio Álvarez, docente de la Escuela de Geografía y Ciencias Políticas e integrante del Programa Kioscos Socioambientales de la UCR y del IDELA-UNA; y Ronald Arrieta Calvo, doctor en Ingeniería en Biotecnología y docente jubilado de la Escuela de Química de la UCR.

La actividad es gratuita y abierta al público. Por motivos de espacio, se solicita completar el formulario de inscripción: https://forms.gle/1mXXgPACLUqnPM7B8

Actividades regionales

La visita internacional forma parte de una gira regional que incluye un Encuentro Centroamericano los días 21 y 22 de abril de 2026 en El Salvador, con el objetivo de fortalecer una alianza regional hacia modelos de “basura cero”.

En Costa Rica, las actividades continuarán el 23 y 24 de abril con espacios de diálogo sobre los impactos de la incineración y alternativas para la gestión de residuos. El viernes 24 de abril se realizará además un encuentro en la Asamblea Legislativa: “Valorización de Residuos Orgánicos en Costa Rica: Realidad, Desafíos y Decisiones, organizado desde el despacho de la diputada Cynthia Córdoba, en conjunto con GAIA y ASOBIOGAS, para discutir la valorización de residuos orgánicos y analizar el proyecto de ley 25.271, relacionado con la generación sostenible y el aprovechamiento energético.

Nuevo reglamento de vida silvestre genera alertas por posibles retrocesos en protección ambiental

La Asociación Preservacionista de Flora y Fauna Silvestre (APREFLOFAS) emitió un comunicado en el que analiza críticamente la propuesta de nuevo Reglamento de Vida Silvestre impulsada por el MINAE. Desde un enfoque técnico, científico y de defensa ambiental, la organización advierte sobre posibles retrocesos en la protección de la biodiversidad, cuestiona la falta de recursos para el SINAC y llama a una revisión profunda, participativa y fundamentada en evidencia científica antes de avanzar con la normativa.

SURCOS le comparte el comunicado de APREFLOFAS:

  • La propuesta planteada por el MINAE para un nuevo Reglamento de Vida Silvestre busca derogar el actual reglamento, Decreto Ejecutivo 40548-MINAE de 2017.

  • El manejo de la vida silvestre debe ser planteado desde el conocimiento científico y dirigido hacia la conservación.

  • La propuesta del MINAE no incluye recursos financieros para el SINAC.

La Asociación Preservacionista de Flora y Fauna Silvestre (APREFLOFAS), fundada en 1985, en su condición de promotora y defensora de la protección ambiental ha desarrollado distintas acciones, estrategias y capacidades a lo largo de cuatro décadas, entre estas la educación ambiental, la investigación, el análisis técnico y jurídico de leyes y reglamentos en materia ambiental; y la difusión de conocimiento científico sobre la interacción entre los seres humanos y la vida silvestre.

La normativa relacionada con vida silvestre (flora y fauna) se encuentra contenida principalmente en la Ley de Conservación de Vida Silvestre (Ley 7317 y sus reformas) y en el actual Reglamento de Vida Silvestre, establecido en el Decreto 40548-MINAE de 2017.

El actual Reglamento de vida silvestre, Decreto 40548-MINAE de 2017

La elaboración del Reglamento actual (Decreto 40548-MINAE de 2017) fue realizada por el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) entre los años 2015 y 2017, antes de ser oficializado, el reglamento fue presentado a consulta pública en el año 2017; dicho reglamento se compone de 231 artículos.

La elaboración del Reglamento actual (Decreto 40548-MINAE de 2017) tuvo además el apoyo técnico y los aportes de centros e institutos de investigación especializados en vida silvestre de la Universidad de Costa Rica (Jardín Lankester) y de la Universidad Nacional (ICOMVIS y Hospital de Especies Menores y Silvestres), colegios profesionales, especialistas en medicina veterinaria y organizaciones no gubernamentales especializadas en vida silvestre.

Desde su entrada en vigencia en el año 2017, el Reglamento actual ha generado disconformidad por parte de quienes prefieren una mayor apertura y uso comercial de la vida silvestre, especialmente de la fauna. En ese sentido, un total de ocho acciones de inconstitucionalidad fueron interpuestas desde 2017 contra el actual reglamento, todas ellas fueron declaradas sin lugar por la Sala Constitucional mediante las sentencias 2018-2844, 2018-4285, 2018-8413, 2018-18563, 2020-11171, 2021- 2185, 2021-3851 y 2024-25584.

Las limitaciones al comercio, la exhibición y la reproducción de especies de fauna bajo las distintas categorías de manejo establecidas en el Reglamento, fueron los principales reclamos resueltos por la Sala Constitucional en las sentencias antes mencionadas.

El proceso de un nuevo Reglamento

El 21 de octubre de 2025, el Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE) mediante una convocatoria su sitio web puso a disposición para consulta pública el proyecto para un nuevo Reglamento de Vida Silvestre, esa primera versión contenía 325 artículos y 22 anexos.

La consulta oficial para emitir criterios estuvo disponible hasta el 04 de noviembre de 2025 en el sitio web del Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC), dado que la propuesta de reforma ha sido planteada desde el mecanismo de mejora regulatoria, el cual es coordinado y supervisado por el MEIC.

Una disconformidad recurrente durante este proceso de consulta, ha sido el plazo disponible de 10 días hábiles para hacer observaciones sobre un instrumento que versa sobre materia sumamente técnica, como lo es la conservación y manejo de vida silvestre. Estas disconformidades sobre el plazo de consulta fueron planteadas por colegios profesionales, organizaciones no gubernamentales especializadas en vida silvestre, investigadores e investigadoras, centros de investigación e institutos especializados en vida silvestre, entre otros.

En cuanto a las observaciones sobre el contenido de la primera propuesta presentada para consulta pública, distintos grupos de la sociedad civil, colegios profesionales, especialistas y distintas ONG emitieron aproximadamente 800 observaciones para revisión del MINAE.

Una de las observaciones más reiteradas por parte de la ciudadanía, visible en el expediente de consulta implicó cuestionamientos a la excepción a la tenencia cinco especies de aves silvestres de la familia de los psitácidos (Amazona autumnalis, Amazona farinosa, Brotogeris jugularis, Eupsittula canicularis, Psittacara finschi) y a la tenencia de Aras híbridas (lapas híbridas) contenida en el artículo 126.a (página 80) de la versión sometida a consulta pública; pese a los cuestionamientos, el MINAE mantuvo esa disposición intacta en la segunda versión del proyecto del 29 de enero de 2026 (artículo 126.1, página 86) y en la tercera versión del 9 de marzo de 2026 (29 de enero de 2026 (artículo 126.1, página 84), aun cuando en el mismo expediente y en la consulta pública constan distintos cuestionamientos sobre la legalidad de esa medida, la severa regresión ambiental que implica y el cuestionamiento sobre si existen o no criterios técnicos para fundamentarla.

Una vez concluida la consulta pública, el Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC) emitió el informe DMR-DAR-INF-261-2025 del 12 de noviembre de 2025, donde señaló 44 recomendaciones con carácter vinculante que deben ser corregidas, como puede verse en la página 32 de ese informe, donde dicho Ministerio indicó:

Como resultado de lo expuesto, esta Dirección concluye que la propuesta transgrede los principios de mejora regulatoria de: Cooperación Intra e Interinstitucional, Eficiencia, Legalidad, Publicidad, Reglas Claras y Objetivas, Seguridad Jurídica, Transparencia. Por lo tanto, emite, con carácter vinculante, las siguientes recomendaciones (…)”

En fecha 18 de marzo de 2026 tuvo lugar en la Universidad Nacional un conversatorio sobre el proyecto de nuevo reglamento, este espacio de diálogo y reflexión técnica, científica y jurídica tuvo ponencias por parte de APREFLOFAS, el Instituto Internacional de Conservación de Vida Silvestre (ICOMVIS), el Centro de Rescate Wildlife Rescue Center (antiguamente ZooAve) y el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC), en este espacio, uno de los temas de mayor discusión fue el tema de la tenencia de aves silvestres y la posibilidad de mantenerlas en cautiverio, situación que estuvo definida expresamente en las tres versiones del reglamento disponibles hasta ese momento (21 de octubre de 2025, 29 de enero de 2026 y 09 de marzo de 2026). La grabación completa del conversatorio puede verse en este enlace en el canal de Youtube del ICOMVIS.

Durante el conversatorio, hubo además cuestionamientos sobre los criterios técnicos que fundamentaron esa decisión, sin que a la fecha de este comunicado de prensa conste en el expediente si existen o no esos criterios. Esto es particularmente relevante, dado que las decisiones sobre vida silvestre deben ser definidas con base en la ciencia y la técnica.

Luego del conversatorio del 18 de marzo, en una cuarta versión del proyecto de nuevo Reglamento, el MINAE retiró la posibilidad de cautiverio de cinco de las especies de aves, manteniendo esa posibilidad para las lapas híbridas, lo cual también ha sido objeto de cuestionamientos por parte de la opinión pública durante los últimos días.

De tal manera, según lo que consta en el expediente digital, la rectificación del MINAE sobre la tenencia de varias especies de aves, surge hasta que los cuestionamientos sobre esta medida salieron a la luz pública en distintos espacios.

Otros de los elementos que ha llamado la atención es la aprobación de una nueva categoría de sitio de manejo que combina “centros de rescate” con “zoológicos sin fines comerciales” contenida en el artículo 179.b de todas las cuatro versiones del proyecto de nuevo Reglamento. Al respecto, no consta en el expediente mayor detalle sobre los criterios científicos que avalen estas y otras medidas.

El nuevo reglamento no plantea nuevos recursos para el SINAC

Desde APREFLOFAS consideramos sumamente relevante destacar que la propuesta del nuevo reglamento no viene acompañada de la asignación de recursos técnicos, tecnológicos, financieros, presupuestarios o humanos para el SINAC.

En ese orden de ideas, debe recordarse que el último Informe del Programa Estado de la Nación (2025), ya advertía sobre el recorte de presupuesto que viene siendo aplicado en el Sistema Nacional de Áreas de Conservación, señalándose en el Informe (página 169):

El presupuesto del Sinac se redujo un 40% en el último lustro. En consecuencia, se realizaron menos actividades de control, monitoreo y fiscalización en las áreas de conservación. Esta situación se agrava por la progresiva transformación de la estructura de gobernanza hacia una mayor concentración de poderes en detrimento de la participación y el criterio técnico”.

Adicionalmente, desde APREFLOFAS estimamos sumamente relevante destacar que un nuevo Reglamento de vida silvestre no debe ser más permisivo que el anterior, especialmente, cuando la situación mundial de la biodiversidad es hoy todavía más delicada que la que tuvimos en el año 2017.

Consideramos oportuno destacar que la permisividad y flexibilidad es todavía más riesgosa cuando no se tienen estudios poblacionales de las especies de fauna silvestre, recordando que el Reglamento tiene efecto en todas las especies de flora y fauna, no solamente en las que hemos mencionado en este comunicado.

Por todo lo anterior, desde APREFLOFAS:

  1. Consideramos que cualquier propuesta de nuevo Reglamento debe buscar fortalecer la protección y conservación de vida silvestre y debe ser fundamentada en criterios técnicos y científicos verificables.

  2. Cualquier propuesta de Reglamento de vida silvestre debe ser objeto de la difusión oficial de información amplia, veraz y transparente para la ciudadanía.

  3. Señalamos que cualquier propuesta de nuevo Reglamento resulta operativamente inviable si el SINAC sigue siendo objeto de recortes en su presupuesto.

  4. Solicitamos al MINAE designar una mayor cantidad de guardaparques, personal, vehículos, recursos técnicos y recursos tecnológicos de vigilancia para la protección de las Áreas Silvestres Protegidas, particularmente en las áreas con alta incidencia de delitos ambientales y en las oficinas regionales.

  5. Las decisiones sobre vida silvestre son de interés público y deben fundamentarse en la ciencia y la técnica.

  6. Solicitamos a las autoridades una minuciosa revisión de la propuesta para cerrar la posible apertura de portillos que permitan delitos ambientales, por lo cual, consideramos que debe darse una pausa en el avance de esta propuesta, permitiendo su revisión detallada y el escrutinio ciudadano.

  7. Invitamos a toda la ciudadanía a informarse sobre este tema y a solicitar la rendición de cuentas por parte de las autoridades.

¡Respetemos a la vida silvestre!

Obispos llaman a soluciones integrales en Crucitas sin sacrificar la vida ni la naturaleza

La Conferencia Episcopal de Costa Rica emitió un mensaje sobre la situación de Crucitas, en Cutris de San Carlos, en el que advierte que la problemática no es únicamente ambiental o social, sino una crisis socioambiental compleja que exige respuestas integrales. Desde la Doctrina Social de la Iglesia, los obispos llaman a no normalizar la minería ilegal ni sus impactos, a fortalecer la presencia del Estado y a promover soluciones basadas en el bien común, el diálogo participativo, la dignidad humana y el cuidado responsable de la creación.


Mensaje de los Obispos de la Conferencia Episcopal de Costa Rica sobre la realidad de Crucitas, Cutris de San Carlos:

No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social,
sino una sola y compleja crisis socioambiental
.” (Laudato Si´, 139)

Ante la realidad presente en Crucitas, distrito de Cutris de San Carlos, Zona Norte de nuestro país, deseamos ofrecer una palabra de orientación que brota de nuestra misión pastoral y de la Doctrina Social de la Iglesia, mirando al bien integral de la persona humana y de la creación.

Durante más de veinte años, la zona ha sufrido las consecuencias de la minería ilegal: deforestación, contaminación de fuentes de agua, deterioro del tejido social, violencia e inseguridad. Esta realidad no puede normalizarse ni perpetuarse. El abandono del territorio y la ausencia de soluciones eficaces han provocado dolor en muchas familias y han expuesto la riqueza natural a graves daños. La indiferencia no es una opción moralmente válida.

Al mismo tiempo, la Iglesia recuerda que el desarrollo auténtico no puede construirse sacrificando la casa común ni poniendo en riesgo la vida y la salud de las comunidades. La experiencia histórica y los principios del Magisterio de la Iglesia nos enseñan que el progreso económico debe estar siempre subordinado a la dignidad humana, al destino universal de los bienes y al cuidado responsable de la creación.

En su Encíclica Caritas in Veritate, el Papa Benedicto XVI dejaba en claro el equilibrio que debe existir en la relación del hombre con el ambiente natural: “El tema del desarrollo está también muy unido hoy a los deberes que nacen de la relación del hombre con el ambiente natural. Éste es un don de Dios para todos, y su uso representa para nosotros una responsabilidad para con los pobres, las generaciones futuras y toda la humanidad. Cuando se considera la naturaleza, y en primer lugar al ser humano, fruto del azar o del determinismo evolutivo, disminuye el sentido de la responsabilidad en las conciencias. El creyente reconoce en la naturaleza el maravilloso resultado de la intervención creadora de Dios, que el hombre puede utilizar responsablemente para satisfacer sus legítimas necesidades -materiales e inmateriales- respetando el equilibrio inherente a la creación misma. Si se desvanece esta visión, se acaba por considerar la naturaleza como un tabú intocable o, al contrario, por abusar de ella. Ambas posturas no son conformes con la visión cristiana de la naturaleza, fruto de la creación de Dios”, n. 48.

Por ello, invitamos a que cualquier decisión que se tome sea fruto de un diálogo amplio, transparente y participativo, donde se escuche a las comunidades locales, a expertos independientes y a todos los sectores involucrados. Se requiere un discernimiento serio que considere no solo los beneficios económicos inmediatos, sino también los impactos ambientales, sociales y culturales a corto, mediano y largo plazo.

La superación de la minería ilegal y de la violencia asociada exige una presencia efectiva del Estado, políticas públicas claras, alternativas laborales sostenibles y un compromiso real con la legalidad. Enfrentar el crimen no puede implicar decisiones que pongan en riesgo irreversible el patrimonio natural que pertenece a todos.

La Iglesia no es instancia técnica ni política, expresa sí la conciencia ética que recuerda que toda decisión debe orientarse al bien común. Animamos a las autoridades y a la sociedad costarricense a buscar soluciones integrales que protejan la vida, restauren el orden, promuevan oportunidades dignas de trabajo y salvaguarden la riqueza natural que hemos recibido como don y responsabilidad.

Que este momento sea ocasión para renovar el compromiso con un desarrollo verdaderamente humano, solidario y sostenible, donde la justicia, la paz social y el cuidado de la creación caminen siempre unidos.

En San José a 14 de abril del 2026.

Javier Román Arias
Obispo de Limón
Presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

Bartolomé Buigues Oller
Obispo de Alajuela
Secretario General de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

El río también recuerda

Observatorio de Bienes Comunes

Lo que parece una simple limpieza de río, en realidad es mucho más: memoria viva, encuentro comunitario y defensa del territorio.

En Los Chorros, cada bolsa de residuos que se retira también revela algo más profundo: historias, luchas y decisiones colectivas que han hecho posible que este lugar siga siendo fuente de vida.

Algunas ideas clave:

* Limpiar el río también es recordar su historia.

* El río no es solo agua: es vida, comunidad y sustento.

* Este lugar existe gracias a personas que lo han defendido.

* Conocer la historia nos ayuda a cuidar mejor el territorio.

* Cuidar el río es también cuidar a la comunidad.

Defender los bienes comunes empieza por reconocer que somos parte del territorio y de su historia.

Leé la nota completa aquí:
https://bienescomunes.fcs.ucr.ac.cr/el-rio-tambien-recuerda-memoria-y-comunidad-en-los-chorros/

UCR invita a taller participativo sobre manejo de fauna silvestre y normativa ambiental

La Universidad de Costa Rica (UCR, a través de la Vicerrectoría de Acción Social y el programa Kioscos Socioambientales, invita al Taller participativo sobre manejo de fauna y reglamentos, un espacio orientado a promover el conocimiento y la convivencia responsable con la fauna silvestre.

La actividad se realizará el miércoles 15 de abril, de 4:00 p.m. a 6:00 p.m., en la Sala Multimedia de la Facultad de Ciencias Sociales (primer piso), en la Ciudad de la Investigación.

Formación para la convivencia con la vida silvestre

El taller busca generar un espacio de diálogo y aprendizaje sobre las prácticas adecuadas para el manejo de fauna silvestre, así como sobre la normativa que regula su protección. La iniciativa parte de la premisa de que convivir responsablemente con la biodiversidad implica también conocer las leyes y reglamentos que resguardan estos ecosistemas.

En este sentido, la actividad pretende fortalecer capacidades en las comunidades para actuar de manera informada frente a situaciones relacionadas con la fauna, promoviendo el respeto por la vida silvestre y la conservación de los territorios.

Facilitación especializada

El taller será facilitado por Edgar Castrillo, de la Unidad Especial de Protección y Rescate Animal (UESPRA), quien aportará su experiencia en el manejo y rescate de fauna, así como en la aplicación de normativa ambiental.

Espacio abierto a la comunidad

La convocatoria está dirigida a personas interesadas en temas socioambientales, estudiantes y comunidades que buscan fortalecer sus conocimientos y prácticas en relación con la protección de la fauna silvestre.

Esta actividad forma parte de los esfuerzos de la UCR por promover la educación ambiental y el vínculo entre la academia y las comunidades en la defensa de la biodiversidad.

Convocan a jornada “Picnic en el río Chirripó” en defensa de los ríos

En el marco de la 10ma Jornada Nacional de Acción por los Ríos 2026, organizaciones ambientalistas invitan a participar en la actividad “Picnic en el río Chirripó”, un espacio de encuentro comunitario que promueve el disfrute responsable y la protección de los ecosistemas acuáticos.

La actividad se realizará el domingo 19 de abril, de 8:00 a.m. a 12:00 mediodía, en Chimirol de Rivas, Pérez Zeledón, específicamente en el puente de entrada a San Francisco.

Encuentro comunitario en torno al río

El evento propone una jornada recreativa y educativa bajo el formato de picnic, donde las personas participantes podrán compartir en contacto con la naturaleza. Entre las actividades previstas se incluyen juegos y espacios de convivencia, con el objetivo de fortalecer la relación entre las comunidades y los ríos.

La invitación es a asistir con merienda propia y disfrutar del entorno natural, promoviendo prácticas responsables con el ambiente.

Llamado a la responsabilidad ambiental

Como parte central de la actividad, se hace un llamado a evitar el uso de plásticos de un solo uso y a gestionar adecuadamente los residuos, fomentando hábitos que contribuyan a la conservación de los ríos.

Las personas organizadoras enfatizan la importancia de asumir un compromiso individual y colectivo con la protección de estos ecosistemas, fundamentales para la vida y el bienestar de las comunidades.

Organización y apoyo

La actividad es organizada por la organización ambientalista Montaña Verde, con el apoyo del Observatorio Ciudadano del Agua y Río Chirripó Pacífico, así como la participación de iniciativas como Río Urbano, Bandera Azul Ecológica y Ríos Limpios.

Para más información, se encuentra disponible el número telefónico 8682-3299.

La lógica de la ganancia frente a la lógica de la vida

Alberto Salom Echeverría
albertolsalom@gmail.com

La crisis climática no es exclusivamente, en su raíz, un problema ambiental. Es el síntoma más visible de una forma de civilización que ha organizado la vida —y no solo la economía— en torno a la ganancia. Y es esta forma de vida, eminentemente consumista y en gran medida devoradora de todo lo que existe, la que ha dado lugar a la crisis ambiental que hoy padecemos, derivada del calentamiento global.

Por vez primera en la historia, no digamos de la especie humana, sino del Planeta, se ha desatado una crisis climática, que amenaza la vida misma en todas sus formas y manifestaciones, la cual tiene un origen antropocéntrico; es decir, esta crisis ha sido y cada vez más es un colapso que reviste un origen humano.

Es paradójico, pero es real. La especie sobre la tierra que ha sido capaz de desarrollar la mayor inteligencia; la que ha construido grandes civilizaciones desde hace entre 5.500 a 5.000 años (entre 3.500 a 3.000 años antes de la era cristiana); es también la que inventó la escritura, el arte, la música, el lenguaje, la que hoy visita el espacio exterior; es al mismo tiempo la que ha llegado a desatar las guerras más destructivas, la que ha creado la actual civilización de la era industrial consumista y, hoy tiene en vilo a la humanidad entera, merced a la producción de los hidrocarburos más contaminantes de la atmósfera de la tierra, de los océanos, de los bosques y, que ha logrado poner en riesgo la vida misma de la propia especie humana, así como las demás formas de vida del resto de las especies vivientes.

Durante más de dos siglos, una idea ha orientado el rumbo del mundo: crecer es siempre bueno, y crecer más es mejor. Bajo esa premisa se levantaron fábricas, se expandieron ciudades, se acortaron distancias y se multiplicaron los bienes materiales. Pero también, silenciosamente, se fue incubando un desequilibrio profundo entre la actividad humana y los sistemas naturales que la sostienen.

El carbón primero, el petróleo después, y el gas en tiempos más recientes, han sido los combustibles de esa expansión. No solo movieron máquinas: moldearon sociedades enteras. La abundancia energética permitió imaginar un mundo sin límites visibles. Pero esos límites no desaparecieron; fueron desplazados, ocultos, postergados.

Hoy regresan: se manifiestan en sequías que agrietan la tierra y comprometen cosechas en regiones enteras de Centroamérica; en inundaciones que obligan a comunidades a abandonar sus hogares en Asia; en incendios forestales que devoran millones de hectáreas en lugares tan distantes como California o Australia. Lo extraordinario se vuelve cotidiano. Lo improbable, frecuente.

La naturaleza, durante mucho tiempo tratada como un telón de fondo, irrumpe ahora como protagonista de desastres. Pero no lo hace de manera neutral. Su irrupción desnuda una lógica: la lógica de la ganancia.

Porque el problema no es solo cuánto producimos, sino cómo y para qué producimos. La persistencia del modelo basado en combustibles fósiles no responde a desconocimiento. La evidencia científica ha sido clara durante décadas. Lo que está en juego son intereses: estructuras económicas que han convertido la explotación intensiva de la naturaleza en fuente de riqueza y poder.

Sin embargo, reducir esta lógica a una mera cuestión económica sería insuficiente. La ganancia no es solo un resultado; es un principio organizador de la vida social. Define aspiraciones, orienta deseos, modela imaginarios. No se trata únicamente de un sistema que produce mercancías, sino de un sistema que necesita producir sujetos que deseen consumirlas.

Se nos ha enseñado, de múltiples formas, que vivir mejor es consumir más.

Basta observar un objeto cotidiano: el teléfono móvil. Diseñado para ser reemplazado en pocos años, incluso cuando podría durar mucho más, se convierte en símbolo de una cultura donde lo nuevo desplaza rápidamente a lo útil. La obsolescencia no es un accidente técnico, no desaparece porque se estropea; es una decisión económica que se traduce en más extracción de minerales, más energía consumida, más residuos acumulados.

Algo similar ocurre con el transporte en muchas ciudades. El automóvil individual, elevado a símbolo de progreso, ha configurado espacios urbanos extensos y fragmentados. Millones de personas pasan horas diarias desplazándose, quemando combustibles fósiles, respirando aire contaminado. No se trata simplemente de una elección individual: es el resultado de una forma de organizar la vida colectiva.

Las clases dominantes de ese sistema hiper dominante, el capitalismo, son las responsables de haber entretejido una trama política, social, económica y cultural, donde habitamos todos como individuos esencialmente adictos al consumo, un modo de vida del que nadie por sí solo puede escapar, pero, cuyos efectos van paulatina y progresivamente minando la vida misma y, por lo tanto, la vida social se consume, se fagocita a sí misma.

Un proceso destructivo o de autofagia que, en la naturaleza sólo se da cuando el proceso se desregula y el organismo termina devorándose a sí mismo. Se trata de una situación peculiar, extraña en la naturaleza misma, donde el mecanismo que debería sostener la vida, para reciclarse, se ha vuelto tan intenso o desregulado que tiende a su propia destrucción. Se trata por ende de una civilización (la nuestra por desgracia) que, expande su propio poder material mientras reduce las condiciones ecológicas, sociales y simbólicas que la hacen viable. La sociedad actúa como una especie de organismo que devora su propio sustento. El ejemplo más claro es precisamente la crisis del clima; el modelo energético que permitió el desarrollo es el mismo que hoy amenaza su continuidad. En psicología, Freud habló y estudió la tensión que se produce en la vida humana entre el principio de vida o Eros versus el Tánatos o, pulsión de muerte. Es en este ejemplo, como si dijéramos que, el Tánatos se impone sobre el principio de vida o Eros, acarreando la muerte del propio ser humano.

Desde luego, mi optimismo me lleva a pensar que la humanidad podrá sobreponerse a esta circunstancia tan adversa. Hablaré sobre esto en un próximo capítulo de mi trabajo sobre la crisis climática.

Ahora bien, esta “racionalidad auto devoradora” no ha sido exclusiva de las economías capitalistas.

Es cierto que experiencias históricas que buscaron construir alternativas viables para una forma de vida más justa, y en consonancia con la naturaleza, también reprodujeron, en buena medida, una relación instrumental con ella. La Unión Soviética impulsó una industrialización acelerada que, si bien logró avances sociales importantes, dejó tras de sí profundas huellas ecológicas. El caso del mar de Aral, reducido dramáticamente por decisiones productivas, es una de sus imágenes más elocuentes. Más recientemente, ya casi en los momentos de la implosión del sistema socialista conocemos el tremendo accidente, el desastre de Chernóbil. Este ocurrió el 26 de abril de 1986, cinco años antes de la disolución de la Unión Soviética acaecida en 1991; ha sido considerado el peor accidente nuclear de la historia. Fue un enorme desastre humano, ambiental y político, que además contribuyó a debilitar la legitimidad del sistema soviético en sus últimos años.

Por su parte, la República Popular China ha protagonizado uno de los procesos de crecimiento más intensos de la historia reciente, apoyado durante décadas en el uso masivo de carbón. Ese mismo proceso, sin embargo, ha comenzado a reorientarse en años recientes hacia energías renovables, mostrando las tensiones propias de esta transición.

Ahora bien, reconocer estos hechos no debe conducir a una falsa equivalencia.

Algunos ejes vitales para enfrentar el cambio climático y la lógica de la ganancia que le subyace.

La matriz histórica, estructural y expansiva del modelo que ha llevado al planeta a esta situación es indisociable del desarrollo del capitalismo.

Es en las entrañas de este sistema donde la ganancia se constituye el principio rector; donde la acumulación no encuentra límites internos; donde la competencia obliga a una expansión constante de la producción y del consumo; y donde la naturaleza es sistemáticamente reducida a condición de recurso.

A diferencia de otras experiencias, el capitalismo no solo ha desarrollado este modelo: lo ha universalizado. Lo ha convertido en norma global, integrando territorios, economías y culturas en una lógica que subordina la vida a la rentabilidad.

La presión sobre los ecosistemas no es, en este sentido, un efecto colateral, sino una consecuencia estructural. La necesidad de crecer para sostener la acumulación, de innovar para competir, de expandir mercados para sobrevivir, configura un metabolismo económico que tiende, de manera recurrente, a desbordar los límites ecológicos.

Por ello, aunque no sea el único responsable histórico, el capitalismo constituye hoy el principal vector de profundización de la crisis climática.

Y mientras esa lógica continúe operando como principio organizador dominante, cualquier esfuerzo por mitigar el cambio climático enfrentará límites severos.

Frente a esta racionalidad, comienza a perfilarse —todavía de manera fragmentaria— otra posibilidad: una lógica de la vida.

No se trata de una negación de la producción, sino de su reorientación. No se trata de idealizar la escasez, sino de cuestionar el exceso. En esta lógica, producir deja de ser un fin en sí mismo y se convierte en un medio subordinado a la reproducción de los equilibrios que hacen posible la existencia.

Algunas experiencias concretas permiten vislumbrar ese horizonte. La agroecología, por ejemplo, busca trabajar con los ciclos naturales en lugar de imponerles ritmos externos, reduciendo la dependencia de insumos químicos y fortaleciendo la resiliencia de los suelos. En ciertas ciudades, la expansión del transporte público y de la movilidad no motorizada comienza a desafiar el dominio del automóvil. En diversas comunidades, la gestión colectiva de recursos naturales demuestra que existen formas de organización distintas a la lógica puramente mercantil.

En América Latina, las propuestas asociadas al “buen vivir” han intentado articular estas intuiciones en un horizonte más amplio, aunque no sin tensiones frente a economías profundamente insertas en el mercado global.

Nada de esto ocurre en el vacío. La transición entre la lógica de la ganancia y la lógica de la vida está atravesada por relaciones de poder. Los sectores que se benefician del modelo actual no son abstractos: poseen nombres, instituciones, capacidad de decisión e influencia.

Por eso, la crisis climática es también una disputa.

Una disputa en la que las responsabilidades no están distribuidas de manera equitativa, ni tampoco sus consecuencias. Mientras algunos países construyeron su desarrollo sobre el uso intensivo de combustibles fósiles, otros enfrentan hoy los impactos más severos con menos recursos para adaptarse.

Aquí emerge la exigencia de justicia.

No como consigna moral abstracta, sino como condición práctica para cualquier solución duradera. Sin ella, las respuestas serán parciales; con ella, se abre la posibilidad de una transformación más profunda.

Nos encontramos, así, ante una encrucijada civilizatoria.

Persistir en el camino actual implica aceptar, de manera implícita, que la vida puede seguir siendo subordinada a la rentabilidad. Cambiar de rumbo supone reconocer límites, redistribuir poder y redefinir aquello que consideramos valioso.

No es un desafío menor. Es, quizás, el mayor de nuestro tiempo.

Porque en última instancia, la crisis climática nos confronta con una pregunta que trasciende lo ambiental y lo económico:

¿qué significa vivir bien en un mundo finito?

Mientras la respuesta siga anclada en la expansión sin límites, la vida continuará siendo negociable.

Y si no somos capaces de reorganizar nuestra forma de habitar el mundo, serán los propios límites del mundo los que terminarán imponiendo, con mayor dureza, esa reorganización.

Bibliografía de referencia

  • Leonardo Boff – Ecología: grito de la Tierra, grito de los pobres
  • Naomi Klein – Esto lo cambia todo: el capitalismo contra el clima
  • IPCC– Informes de evaluación
  • Jason W Moore – Capitalism in the Web of Life
  • Andreas Malm – Fossil Capital
  • Karl Polanyik – La gran transformación
  • Elinor Ostrom – Governing the Commons
  • Eduardo Gudynas – textos sobre extractivismo y buen vivir
  • CEPAL– informes sobre desarrollo sostenible
  • PNUMA – reportes ambientales globales