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Política anticapitalista en tiempos de COVID-19

… las únicas medidas políticas que van a funcionar, tanto económica como políticamente, son bastante más socialistas que cualquier cosa que pudiera proponer Bernie Sanders…

David Harvey (*)

David Harvey, profesor de Antropología y Geografía en el Graduate Center de la City University of New York (CUNY) analiza la pandemia del COVID-19 en el contexto del capitalismo.

El documento fue publicado por la revista Sin Permiso (*). Harvey, autor de numerosos libros, revisa el comportamiento de distintos países frente a la pandemia, refiere a episodios de crisis anteriores, visualiza el comportamiento del consumismo en distintos escenarios y comenta el impacto de la crisis actual en el capitalismo.

SURCOS les comparte el PDF desde este enlace:

* https://www.sinpermiso.info/textos/politica-anticapitalista-en-tiempos-de-covid-19

Compartido con SURCOS por Marino Marozzi.

Sección número 17 de la novela LA RUTA DE LOS HÉROES

Adriano Corrales Arias

Anteayer fue la refriega de verdad. Cerca de las 9 de la mañana se recibió un parte urgente. El Jeneral Mora mandaba replegar la tropa hacia Rivas porque el propio Walker los había atacado. Avisados todos a una voz exclamamos: ¡Viva Costa Rica! ¡Muera el invasor de nuestro suelo! Y dando un beso a nuestras cantimploras o calabazos con coñac “martum” o cususa, jefes, oficiales y soldados, partimos aceleradamente dejando medio batallón al mando del coronel Alejandro Escalante. Llegamos a Rivas cerca del mediodía. La cosa estaba fea. Había mucho muerto del lado nuestro. Los filibusteros que habían atacado por la madrugada de sorpresa se habían refugiado en un mesón. Nos acuartelamos en una gran casa cerca del Mando principal. Me contaron que mi Mayor don Juan Francisco Corrales, que había regresado la noche anterior, cayó valientemente espada en mano en la calle que teníamos al frente. Nos tenían a fuego graneado desde el mesón y los techos de otras casas. Se escuchaban las voces de los oficiales enemigos. ¡Un cañón, un cañón, tomad aquel cañón!, gritaba alguien que luego, según traducción de Barillier, supe era Sanders, uno de los mejores capitanes de Walker. ¡Ya tenemos artillería! ¡No tenemos fuego para prender la mecha!, le respondían. Desde la casona donde estábamos presencié el acto heroico de Juan Santamaría. Lo vi desprenderse del cuartel donde estaban los compañeros de Alajuela, los que estaban al mando de don Juan Francisco Corrales; llevaba una tea, atravesó la calle y la aplicó al alero de una esquina del mesón. Regresó sano y salvo. A rato lo vi salir de nuevo y hacer lo mismo, pero esta vez, al retirarse, cayó hacia media calle. No tengo palabras ni fuerza para contar todo lo demás. Estoy muerto en vida. Después de la partida de Juan y del incendio el tiroteo fue más intenso. Toda la noche pasamos en refriega. Hoy como a las cuatro de la mañana los filibusteros huyeron dejando muchas bajas. Los perseguimos hasta las afueras y en la carrera recibí un balazo en el muslo derecho. Por suerte, como estábamos agotados, se dio la orden de regresar a recoger heridos y enterrar a los muertos. Hubo mucha mortandad. Hiede a azufre, pólvora y carne chamuscada, a podredumbre, a infierno. Según el capellán, don Francisco Calvo, mi herida no es grave y sanará pronto. Por dicha y gracias al consejo del Dr. Don Carlos Hoffmann, me han dado una cantimplora casi llena de coñac “martum” para poder dormir.

**(De la novela LA RUTA DE LOS HÉROES de Adriano Corrales Arias, BBB Producciones, 2017).

Enviado por el autor.

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Los Derechos Humanos y su aplicación

Por José Rafael Quesada / pressenza.com

“Si a modo de crónica cotidiana tomáramos lo ocurrido en este campo en los últimos tiempos, tendríamos que replantear la pregunta y formularla así: “¿Qué pasa con el juego hipócrita de los gobiernos en el manejo de los derechos humanos?”, Silo, Cartas a mis Amigos. Novena Carta.

Luego de la Declaración Universal de los Derechos Humanos hecha en el marco del nacimiento de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), inició un serio proceso de construcción de conceptos, elaboración de desarrollo técnico de cada uno de los derechos con los que la población mundial consideraba suyos o por lo menos que se discutían más en muchos foros de todo el planeta, como fueron: Derecho a elegir los gobernantes, derechos de participación de las mujeres en la política local o de igualdad de género, los derechos de la niñez, acceso a la salud, a la educación y otros más.

Casi de inmediato al lanzamiento de la Declaración, comenzó la ONU a crear y encontrar mecanismos de financiamiento de las distintas Agencias ONU para lograr el cumplimiento de los Derechos Humanos en todo el mundo, donde aparecieron importantes esfuerzos para que organizaciones como UNICEF, FAO, OMS y otras, pudieran cumplir con el objetivo preciso de lograr que toda la población mundial tuviera un acceso efectivo a cada uno de sus derechos individuales y sociales.

Tal esfuerzo en muchos casos muy eficaces y en otros lugares del mundo de difícil acceso o por las circunstancias de conflictos sociales o de guerras de liberación colonial como la India (1948) y las sucesivas guerras de independencia de muchos nuevos Estados africanos a partir de los años 50 del siglo XX. En muchos países las diferencias culturales impidieron la correcta aplicación o al menos interpretación de la aplicación de los derechos humanos de sus poblaciones, solo enunciemos que el acceso de la población a los derechos de igualdad de género o de los niños y niñas, se convirtieron en tareas aún pendientes en la diferenciada cultura en el mundo árabe o islámico. Y así podemos señalar las fuertes disputas con diferentes etnias africanas con respecto a las viejas creencias y culturas sobre elementos como la mutilación genital femenina o en las culturas del sur de Asia donde es habitual aún el matrimonio de niñas con adultos y adultos mayores.

Y en otros casos, sobre todo en las décadas de los años cincuenta hasta los años 80, el creciente número de Gobiernos militares o de tendencia de control militar de las poblaciones, hizo que la ONU y el cumplimiento de los Derechos Humanos, cediera ante la negativa de estos estamentos militares de aplicar y siquiera discutir el concepto de la aplicación de los DDHH.

En los años 90 y ya con la caída del Muro de Berlín, se amplía la égida de Estados Nacionales que se adherían al estilo de vida y los modelos de desarrollo que la cultura occidental promovía para la nueva civilización, que según diversos autores emergería sobre la ruinas del mundo socialista y que sobrevendría un mundo de paz, libre expresión, democracia y libre mercado, que de alguna manera garantizaría el cumplimiento de los Derechos Humanos para cada persona en este nuevo mundo unipolar.

Somos testigos y miles de millones de seres humanos víctimas de este “nuevo mundo” y su preconizada democracia y economía neoliberales. No se pueden cumplir los Derechos de cada persona en este nuevo mundo, donde la ideología imperante es “sálvese el que pueda” y que supone que cada ser humano debe valerse por sí mismo en este agresivo mundo de la libre competencia (jamás regulada) y que deja realmente totalmente desprotegidas a las poblaciones en cada territorio a lo largo y ancho del planeta. La pandemia del COVID-19 terminó por desnudar este modelo increíblemente deshumanizado y muchas veces criminal de ejercer la administración de los recursos del planeta, sólo a favor de las mismas elites depredadoras asociadas cual red delincuencial, en cada país. Salvamos de este juicio histórico a algunos gobiernos y países (muy pocos) que propician sistemas de gobierno más o menos protectores de las mayorías en sus territorios.

Entonces, somos testigos epocales del fracaso constante de la intención de ver realizados los Derechos Humanos de millones de seres humanos, postrados ante la violencia de un sistema injusto, donde las organizaciones, instituciones y gobiernos, fingen que cumplen y fingen que defienden los derechos. Muchas instituciones han fracasado en este papel de consolidar y defender los Derechos Humanos y es posible que sea la hora de fundar y refundar muchas de estas organizaciones.

En fin, se trata entonces de como garantizar en esta época el cumplimiento de los Derechos Humanos a cada persona en cualquier circunstancia y en cualquier lugar del planeta, se trata pues de poner al Ser Humano como valor principal. Y esto significa poner el Estado, las instituciones, las distintas unidades de administración al servicio del cumplimiento del Derecho que todo ser humano tiene para gozar de una calidad de vida o mejor dicho, gozar de la vida tal como lo merece un ser humano en cualquier parte, sólo por el hecho de haber nacido.

Entonces constituir espacios en los territorios partiendo de los ayuntamientos o municipios, se podrían instalar servicios de trazabilidad de cada derecho humano que no se le haya cumplido o garantizado a cada persona en cualquier etapa de su vida. Sistemas que amparen a la persona en cualquier lugar y que la institución prestataria del servicio de protección de los derechos en cada territorio logre “representar” a cada persona, asistiéndola, haciendo compañía y controlando el proceso de defensa de su derecho en cada momento desde que se inicia el proceso de atención, denuncia y acceso al cumplimiento efectivo del derecho de la persona.

La tecnología actual y futura, se convierte en el aliado específico, oportuno y directo, para que el ciudadano (la persona), pueda ver su derecho cumplido, defendido y apoyado, y que el funcionario asignado, pueda convertirse en un “defensor del habitante” directo y seguro para que la persona se ampare y logre este cumplimiento efectivo ante la desidia y fuerte deshumanización de las instituciones que desalienta a la persona a defenderse del “sistema” antihumano, en cada momento de su vida.

Si una mujer es violentada psicológica, física y estigmatizada socialmente, va a las unidades más cercanas para que le apoyen en su defensa y cumplimiento del derecho a no vivir en violencia, y normalmente el proceso de defensa se suspende en algún momento o sencillamente el trámite se paraliza y vuelve a la indefensión usual, provocando desánimo, nueva angustia o suma a la angustia tenida, desilusión y sobre todo de desesperanza. Y el sufrimiento reaparece una y otra vez, cargado del dolor físico de la agresión y violencia recibidas.

Entonces si esta persona desde su municipio o ayuntamiento y organizaciones sociales, recibe apoyo en la defensa de sus derechos, la tecnología de trazabilidad, convertiría al defensor en un “personaje incómodo” para todo aquel funcionario, policía, fiscal, juez y gobernante, que se negara por decisión o por inopia a responder a la persona, a ese sujeto de carne y hueso que osa defender su derecho como ser humano a vivir y en las condiciones que su intención lo lleve a ser.

Si tal como lo señalara el Maestro Silo: “Siempre el tema más importante consiste en saber si se quiere vivir y en qué condiciones hacerlo”, entonces estamos hablando de una metodología que realmente conduciría a la realización de cada uno de los derechos humanos que cada ser humano tiene y desea para sí mismo, donde todos y todas queremos recibir ese trato. Por lo tanto vale la pena construir este tipo de herramientas que como experiencia personal llamaremos la Casa de los Derechos, que servirán para que miles puedan realizar sus derechos en forma efectiva, directa y evaluada como cierta.

Será de esos instrumentos que la humanidad necesita entre múltiples opciones de carácter humanista, construir para garantizar el cumplimiento real de los Derechos Humanos, independiente de las épocas, los gobiernos, las crisis y las formas antihumanistas que aún puedan persistir a pesar el crítico momento actual que vivimos desde nuestras casas.

Como dijimos en otro momento “Lo que queda es afirmar que el nuevo mundo entonces será Humanista o no lo será…”, y así podrá ser, si logramos construir instrumentos, organizaciones e instituciones que puedan trabajar por realizar ese mundo humanista, donde sus funcionarios actuando con coherencia, tiendan a trabajar por la construcción de ese mundo Humanista que ya se avizora en lontananza.

 

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Pandemia: ¿Y después qué, y después cómo, y después quiénes?

Guillermo Sullings

Publicado en pressenza.com   

Mucho se debate acerca de cómo será el mundo después de la pandemia, y en verdad ni siquiera sabemos cuándo será ese después. Podría ocurrir que en algunos países los contagios alcancen el pico máximo en algunas semanas para luego retroceder; pero simultáneamente el contagio avanzará en otras naciones. Tampoco sabemos si habrá nuevos brotes donde se suponía todo controlado. Este es un fenómeno aún en desarrollo, y las consecuencias en el aspecto económico y político, que a la fecha ya son más graves que las de la crisis del 2008, dependerán en definitiva de la prolongación en el tiempo y de la localización de los mayores estragos. Pero si insistiéramos en pensar en cómo será el día después, podremos observar algunos indicadores de fisuras en el sistema, que de profundizarse darán lugar a que se filtren algunos vientos de cambio.

Desde el punto de vista político debemos distinguir entre la crisis del sistema y la de los liderazgos. La tardía o nula reacción de algunos líderes para prevenir los contagios, no parece ser exclusividad de políticos de la derecha, como Trump, Johnson o Bolsonaro, sino que también López Obrador ha minimizado el tema, aunque luego la realidad los forzara a todos a ocuparse. Sería un error entonces focalizar las críticas en las personas porque en una situación de emergencia, podrían aparecer como héroes o villanos personajes del más diverso signo, perdiéndose la perspectiva del enfoque sistémico y procesal. Baste recordar que, en la segunda guerra mundial, la emergencia de la lucha contra el nazismo erigió en héroes a tres líderes tan diversos como el comunista Stalin, el ultra conservador Churchill y el demócrata keynesiano Roosevelt.

Debemos poner el foco en la crisis de los sistemas y no en la contradicción de los circunstanciales líderes; y en ese sentido es muy evidente que las políticas neoliberales de las últimas décadas han deteriorado sensiblemente los sistemas de salud, abandonándolos a la lógica del mercado. En esa lógica el cuidado de la salud de las mayorías no es rentable, la prevención no es rentable, y una infraestructura sanitaria dimensionada para ocasiones excepcionales como ésta, tampoco sería rentable. En consecuencia, todos los políticos que han impulsado o sostenido al neoliberalismo son responsables del colapso sanitario, independientemente del nivel de respuesta que ahora puedan dar frente a la emergencia. Buscando analogías digamos que, si los padres de un niño fueran tan desaprensivos y violentos como para lastimarlo y poner en riesgo su vida, pero luego alarmados reaccionaran llevándolo a un hospital donde salvasen su vida, ¿Merecerían nuestro aplauso por esa última reacción, o nuestra condena por la conducta previa? ¿Supondríamos que después de tal evento cambiarían su actitud, o que tarde o temprano repetirían su comportamiento?

A menudo se hacen comparaciones entre la actual pandemia y otras anteriores que sufrió la humanidad. Seguramente que ahora los índices de mortalidad serán menores; sin embargo, el mundo ha reaccionado de forma inédita, se han paralizado las actividades y no se habla de otra cosa en los medios de comunicación. Esto no se debe solamente a que la interconectividad globaliza el pánico, sino también a que los avances en la medicina nos permiten emplazarnos de un modo diferente frente a las enfermedades. En otras épocas las pandemias se asumían como una fatalidad, tan lejos de la voluntad humana como un terremoto o un huracán, y sólo cabía esperar la muerte o el milagro; mientras que ahora esperamos que haya un sistema de salud que nos proteja y lo exigimos. Es por ese motivo que cuando algunos gobernantes han sugerido que no se podía detener la economía con cuarentenas, y se debía aceptar que el virus avance como una fuerza natural, la opinión pública los rechazó y los presionó a hacerse cargo.

Pues bien, esa opinión pública debiera exigir también que, a partir de ahora, pasada la emergencia, los estados se ocupen verdaderamente y preventivamente de la salud de la población, para lo cual será menester abandonar las políticas neoliberales. El terreno parece estar fértil para tales cambios, porque muchos de los que antes compartían el discurso neoliberal, ahora valoran la intervención del estado en la salud y la economía.

Sin embargo, no es la primera vez que las mayorías ponen en duda las políticas neoliberales. La permanente concentración de la riqueza y los recurrentes colapsos financieros provocados por los especuladores, ya fueron motivo de cuestionamientos generalizados. El calentamiento global y el desastre ecológico ya desataron críticas al capitalismo depredador y consumista. Hoy se renuevan las voces de rechazo al sistema y la esperanza de que todo cambie; algunos buscan similitudes con la Peste Negra del siglo XIV, cuando murió un tercio de la población europea y eso marcó el fin del feudalismo y el comienzo del renacimiento. Se habla ahora del fin del capitalismo; pero en rigor de verdad, hace más de un siglo que se viene pronosticando el fin del capitalismo, y éste se ha sobrepuesto a todas sus crisis, mientras otros sistemas alternativos se derrumbaban. Habrá que saber muy bien qué se propone en su reemplazo, cómo se implementa, y quienes serán capaces de llevarlo adelante, si esperamos que este momento sea un punto de inflexión en la historia, pues no se dará mecánicamente.

Con respecto al qué y el cómo, en lo que se refiere a la acción de los gobiernos ya lo hemos desarrollado extensamente en otros escritos: una Economía Mixta, en la que el Estado tenga un rol coordinador fundamental, forzando la reinversión productiva de las ganancias, haciéndose cargo del sistema financiero, y fundamentalmente garantizando un ingreso básico, salud y educación. Analicemos entonces el concepto de quienes.

Debiera quedar claro para las poblaciones, que no se puede seguir apoyando a quienes sostuvieron políticas neoliberales antes de la pandemia, porque cuando ésta haya pasado, nos propondrán “volver a la normalidad”; la normalidad de la dictadura del mercado, del endeudamiento y la concentración de la riqueza. Posiblemente exhibirán algunas inversiones en el área de salud, para que creamos que han aprendido la lección, pero todo seguirá como antes y aún peor, porque seguramente el poder financiero habrá usufructuado la crisis para adueñarse a precio vil de las empresas devaluadas, habrá endeudado aún más a gobiernos y personas y el encadenamiento con esas sanguijuelas será total. Ya lo vimos en la crisis financiera del 2008, cuando los gobiernos se endeudaron para rescatar a los bancos mientras la gente perdía sus viviendas, acelerando el endeudamiento mundial que hoy representa tres veces el PBI global.

Tampoco se puede perder el rumbo permitiendo que continúe el avance de los nacionalismos. Ese riesgo crecerá en la medida que el cierre de fronteras se prolongue en el tiempo y las limitaciones a la circulación por prevención sanitaria favorezcan el incremento de la xenofobia y el autoritarismo de quienes aspiran a un estado controlador. Pero, así como las crisis extremas pueden ser usufructuadas por líderes funestos, también son oportunidades para que emerjan referencias superadoras, a las que la gente debiera apoyar sintonizando con las intenciones y objetivos generales, evitando enredarse en perfeccionismos disgregadores.

En cualquier caso, ya sea para cambiar gobiernos, o ya sea para exigirles un cambio sustancial del rumbo, será necesario que los pueblos realicen su propia transformación cultural. Porque la cultura del individualismo y del consumismo ha sido condición necesaria para que el capitalismo salvaje organizara la sociedad según sus intereses. Pero hoy las mezquindades de esa cultura individualista quedan más en evidencia al contrastarlas con la grandeza de otros comportamientos que surgen en plena crisis. La revalorización de la vida y la salud por encima de lo económico; las múltiples manifestaciones de solidaridad colectiva; el reconocimiento a los trabajadores de la salud que toman riesgos por el conjunto; el sentimiento colectivo de la causa común. Son todas experiencias que nos conectan con una nueva sensibilidad, y al compartirla entre personas de todo el planeta, se convierte en un fenómeno muy potente. Desde luego que esta nueva sensibilidad solidaria no es algo inédito, sino que viene creciendo paulatinamente desde hace tiempo, sobre todo entre las nuevas generaciones, los colectivos de mujeres, y numerosos movimientos que luchan por sus derechos; pero ahora esta crisis puede actuar como catalizador para que finalmente la balanza social se incline del lado de la solidaridad, dejando al individualismo en minoría hasta que algún día sólo sea el mal recuerdo de una sociedad que estuvo mentalmente enferma.

Podríamos preguntarnos si las personas comunes podemos hacer algo más para contribuir a ese cambio, además de experimentar las vivencias antes mencionadas. En ese sentido, y retomando el qué y el cómo, pero en el plano de la base social, todo lo que podamos hacer para difundir esas experiencias en las que aflora lo mejor del ser humano en diversos rincones del mundo, contribuirá a la cohesión colectiva. Todo lo que podamos hacer para propagar ideas y herramientas organizativas, contribuirá a consolidar las redes del tejido social. Todo lo que podamos hacer para ayudar a otros en el plano sicológico y espiritual, para vencer el temor, el aislamiento, la depresión, el vacío, y otras consecuencias colaterales de la pandemia, contribuirá a resolver las problemáticas personales desde un emplazamiento no-individualista.

Pero además de contribuir entre todos al surgimiento de una nueva Conciencia Colectiva partiendo de experiencias compartidas, será importante completarla con imágenes de futuro; para que esa convergencia humana no se diluya después de la pandemia y cobre sentido en la construcción de un mundo nuevo, con democracia real, con una economía equitativa y sustentable; con un nuevo orden internacional solidario, sin violencia ni discriminación.

Nada mejor que un sueño para salir de la pesadilla.

Economista, miembro del Movimiento Humanista de Argentina, autor de varios libros entre los que destaca «Economía Mixta» y «Encrucijada y Futuro del Ser Humano – Los pasos hacia la Nación Humana Universal», publicados en diversos idiomas www.encrucijadayfuturo.org

 

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A planear conscientemente el futuro

Cristóbal Pérez-Jerez

De la vida espontánea hacia la planificación

Cada día que pasa nos trae incertidumbre, temor y aislamiento social escandaloso. Los humanos estamos sufriendo una resaca de casi 50 años de crecimiento acelerado y consumo siniestro de los recursos de la Tierra. El auge de la medicina, las telecomunicaciones, la productividad económica, las políticas sociales y los modernos transportes nos convirtieron en amos y señores del universo. Nuestro consumo y la búsqueda de propiedad es infinita. Hace 12 mil años éramos un millón de humanos, en 1800 éramos ya una muchedumbre de 107 millones, en 1900 133 millones; y hoy la increíble suma de 7,790 millones. Un crecimiento que implica exterminar los recursos de la tierra, eliminar todas las otras especies y contaminar atmósfera, ríos, lagos, mares y bosques.

Nuestra mayor esperanza es que el ser humano recupere su capacidad de ser consciente. Que en lugar de producir masiva, alegre e intensivamente bienes y servicios innecesarios, reconstruya la sociedad basándose en un ser humano que recupere su ser natural, que produzca para sobrevivir, respetando el derecho de animales, plantas y recursos a vivir libremente, sin presiones del humano, en por lo menos la mitad del planeta.

Las alternativas, sí el coronavirus es derrotado, serán una sociedad planificada para generar la existencia en el planeta de unos 4 mil millones de humanos, viviendo en paz, cooperación y respeto a la naturaleza; o continuar nuestra vida espontánea de crecimiento económico, poblacional y tecnológico que nos acerque siempre a nuevas pandemias, que naturalmente, eliminen a los humanos sobrantes.

Todos los países debieran de generar una estrategia conjunta, que permita la unidad regional y mundial, para enfrentar los siete problemas capitales mencionados:

Uno, el gran peligro de destruir la vida en los océanos, lo que sería el inicio del fin de nuestra vida, de lo cual es un triste ejemplo el mar de basura en las costas de Honduras y Guatemala.

Dos, el deterioro del agua disponible en el planeta, ya en todos los países de la región no existen ríos sin contaminación.

Tres, los conflictos por el agua, que empezarán a ser continuos y cada vez más peligrosos sí no avanzamos una propuesta de negociación y estrategia regional.

Cuatro, la degradación de los suelos, que ya no soportan cultivos intensivos, ni efectos de agroquímicos.

Cinco, la deforestación, los bosques húmedos tropicales, una delicia del alma de cualquier centroamericano en la época en que eran abundantes.

Seis, el consumo desquiciado de energías de todo tipo.

Siete, lo más triste, la pérdida de la biodiversidad, la aniquilación del resto de seres vivos de la creación.

Queda poco tiempo para actuar. Salvar la naturaleza mide el valor de una nación.

Una propuesta de solución imposible

Engels nos motiva a proponer una solución inalcanzable. Inalcanzable pues el humano es producto de sus instintos no de su inteligencia científica. Nuestro instinto sigue las leyes del desarrollo o evolución planteadas certeramente por Darwin y Smith. El humano es egoísta y en búsqueda de su propio placer no tiene límites para depredar todos los sistemas de vida y de recursos naturales.

Diría el filósofo Engels: “Si nos preguntamos… qué son, en realidad, el pensamiento y la conciencia y de dónde proceden, nos encontraremos con que son productos del cerebro humano y con que el mismo hombre no es más que un producto de la naturaleza que se ha formado y desarrollado en su ambiente y con ella.”  Podríamos interpretar que al ser el humano y su organización social productos de la naturaleza, tienen que seguir una lógica similar a cualquier otro ser de la naturaleza, es decir, los humanos tendríamos que comprender que nuestra sociedad y existencia nacieron en determinado momento, se han desarrollado y tienen que morir.

El asunto anterior es un problema de consciencia. El ser humano al comprender que tiene que desaparecer, en un momento dado, de la Tierra lo puede hacer de una manera benigna y cariñosa con el medio que le dio la vida, es decir podríamos construir sociedades con menor cantidad de humanos, con menor consumo y con espacios libres para que el resto de seres vivos puedan continuar su existencia. O, de acuerdo a las leyes de la evolución podríamos acelerar la muerte del humano y su sociedad, provocando el sufrimiento y desaparición del resto de seres vivos. Esa es nuestra disyuntiva.

La solución inalcanzable es:

  1. Detener el crecimiento de la población humana, determinando un porcentaje de humanos por cantidad de espacio en todo el planeta.
  2. Establecer que en la mitad del territorio de todos los países del mundo quede prohibido el acceso de seres humanos, para permitir la libertad, felicidad y vida del resto de especies que comparten el planeta con el depredador.
  3. Establecer la racionalidad en el consumo y la expectativa de vida del ser humano

Imagen: https://www.lavanguardia.com/natural/20190730/463772770926/consumo-cambio-climatico-sobreexplotacion-recursos-planeta.html

Lo que cambiará post-pandemia

Óscar Madrigal, abogado

Muchas cosas cambiarán después de esta pandemia, pero esas cosas y los asuntos sociales y de Estado no lo harán automáticamente, de manera mecánica, sino que requieren del empuje de los movimientos sociales y políticos para que el país avance. Cuando no se genera una fuerza innovadora, las sociedades se estancan, se inmovilizan y tienden inercialmente por volver al viejo estado de cosas. En estas circunstancias, como lo ha mostrado la historia, por regla general ocurre una descomposición social, que se traduce en más pobreza, desigualdad y desesperación.

De aquí surge la imperiosa necesidad de la articulación del movimiento social y del movimiento progresista para desarrollar un programa que permita a la sociedad costarricense planear y avanzar en un nuevo concepto de sociedad.

Esa nueva alternativa de sociedad deberá fundamentarse en nuevos conceptos. Pienso en los siguientes:

1-. Ciudadanía. La ciudadanía debe concebirse de manera activa, contralora y propositiva. Los ciudadanos dejan de ser solo sujetos de momentos electorales, para asumir el poder ciudadano desde la sociedad misma para pedir cuentas, exigir cumplimiento de promesas o censurar a todos los ciudadanos que ocupan puestos de dirección en el Estado.

2-. Nación. La globalización como ha sido concebida ha mostrado ser insuficiente para afrontar los problemas globales. El concepto de Nación debe ser retomado para asumir el compromiso de desarrollo económico nacional y para exigir normas internacionales que resguarden los intereses laborales y económicos de todos los países.

3-. Soberanía. Solo mediante un concepto de soberanía que recupere el poder de decisión nacional en cuanto al apoyo a la producción nacional, así como la capacidad del país de mantener una política internacional independiente, sea manteniendo una neutralidad y respeto por a la autodeterminación de los países.

4-. Producción. El desarrollo productivo seguido hasta ahora debe cambiar de paradigma. El crecimiento económico desmedido sin considerar a la Naturaleza y la igualdad social es insostenible. El crecimiento del PIB no debe ser un único parámetro de medición de la riqueza social o natural. El respeto por la Naturaleza debe sustentarse en el apoyo y desarrollo de un fuerte movimiento ecologista para revertir los daños que estamos ocasionando a nuestro Planeta.

5-. Igualdad. La brecha social que cada vez se agranda más entre unos cada vez más ricos y otros cada vez más pobres, debe revertirse inmediatamente. La distribución de la riqueza, que es producida por los trabajadores, debe hacerse de manera equitativa. La igualdad de derechos humanos y patrimoniales entre hombres y mujeres es la única forma de mantener un desarrollo realmente humano.

6-. Solidaridad y humanismo. La sociedad debe fundamentarse en nuevos conceptos de solidaridad para que el desarrollo se vea como responsabilidad de todos, pero también para beneficio de todos. El humanismo es el fundamento del respeto a los derechos humanos de todas las personas como un atributo natural: creencias religiosas, preferencias sexuales, políticas, etc., la política es la no discriminación.

La democracia es el mecanismo político que permitirá el acceso de todos los grupos sociales y partidos políticos, en un plano de igualdad, a los medios de comunicación y a los procesos electorales.

Estos son algunos conceptos que debemos asumir para la sociedad post-pandemia. No son, lógicamente, los únicos, ni tal vez lo mejor elaborados, pero pueden ser una base de pensamiento.  De ellos se deducirán medidas concretas, como debe ser.

Pssst passt Milennials !!!…soy yo! El viejo encuarentenado!

Dr. Oscar Aguilar Bulgarelli

Aaahhh, hola, me alegra que me atendiera y no pasara indiferente a mi llamado, como se ha hecho costumbre. Estoy aquí, como todo costarricense responsable, pasando la cuarentena en mi oficinita de profesor pensionado, acompañado de mis libros y este chunche con el que le escribo, espero tenga un chancecito de leerlo en estos días de poco hacer.

Acabo de escuchar una canción muy linda que interpretó Juan Manuel Serrat, desde su casa en Barcelona, para todos los que como él respetamos la cuarentena; entonces recordé que él y yo por lo menos tenemos una cosa en común, somos modelo 1943, el de diciembre y yo de julio; pero ambos éramos igualmente dos güilas cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, por eso pasamos nuestra niñez y juventud en  el mundo de la post guerra; él soportaba la dictadura de Franco y yo, a pesar de ser de familia mariachi, era posible sobrevivir el 48 con alguno que otro sobresalto, pero mi padre trabajaba en lo suyo y ya era bastante,

¿Pero por qué te traigo a cuento todo esto? Sencillamente porque nos tocó vivir una generación impresionante que, aquí en Costa Rica, jugamos trompo, bolitas de vidrio, fuimos a pozas, cafetales y mejengueamos en plazas de pueblo y La Sabana, que hasta finales de los 70 trató de seguir los pasos de la generación de nuestros padres, para  hacer una sociedad más justa y más libre y que aquí, desde 1940 se había creado Estado Social de Derecho, o el Estado Benefactor, como lo han llamado sus detractores liberales.

 Si, mis compañeros de escuela y colegio vimos cómo se desarrolló la Universidad de Costa Rica que luego con su “Lucem Aspicio” nos abrió el mundo del conocimiento a la que después se unieron el TEC, la UNA, la UNED; también crecimos con la Caja, el ICE, el INS, Código de Trabajo, INVU, obras de una generación que  creó una sociedad distinta, sino totalmente equitativa y sin pobreza, si más justa, menos egoísta, en la que la riqueza estaba menos desigualmente repartida, menos ególatra y más humana.

Nos gloriábamos que el hijo del pobre y del rico se encontraban en las aulas del colegio público y sino, en las de la Universidad; los enfermos sin importar su condición social recuperaban su salud en los hospitales de la Caja cuando antes era solo por caridad y de la Junta de Protección Social, pues el que tenía unos chuminos de más, alquilaba una habitación en la Pensión Echandi del San Juan; el ICE iluminaba y comunicaba el país para todos y en sus lomos condujo el progreso de Costa Rica; el CNP y sus estancos equilibraban la producción agrícola con el suministro nacional, y en las épocas de crisis ahí estaba para sostener al campesino y al obrero, y tantas y tantas cosas más, que nos trajeron paz y progreso; sentíamos orgullo de lo que éramos, conocíamos nuestro pasado con sus grandezas y pequeñeces, al punto que para sostener la incipiente industria allá por los años 60, acuñamos una frase: compre y use lo que Costa Rica produce!, eso era signo de calidad, trabajo duro pero honrado… y orgullo nacional.

Pero a finales de los años 70 algunos vivillos,  miembros fundamentalistas de una logia neoliberal que tenía como Gran Maestro a Milton Friedman y su templo en la Facultad de Economía de la Universidad de Chicago y sus “ Chicago Boys”, que adoraban a un nuevo dios: el mercado y a sus becerros de oro; en Costa Rica conquistaron los bolsillos, la ambición y un poco las limitadas entendederas de algunos de mi generación, que hicieron creer a la de tus padres y la de mis hijos, que todo  aquello era malo porque el Estado, es casi el moderno Leviatán.

Siguiendo las reglas que dictaba otro de sus santos de palo en aquel templo, Mr. Ronald Reagan, aceptaron como frase profética aquella que dijo en el discurso a La Nación de 1981: “…el gobierno no es la solución a nuestros problemas…el problema es el gobierno…”, por lo tanto, siguiendo esas nuevas reglas del juego diseñadas en el Consenso de Washington impusieron sus normas que, en síntesis, son: privatizar, desregular, disminuir el tamaño del Estado, cerrar instituciones y dar mano libre al sector privado, que crearía toda la riqueza para que después, una mano invisible, la haría correr por todos los estratos sociales llevando riqueza y felicidad…ah pecadito!.

Especialmente a partir de 1986 empezó el jolgorio, los bancos del Estado fueron dejados a la competencia de capitales extranjeros, quitaron poder a las instituciones, seguimos las reglas del FMI y el Banco Mundial que nos vigilaban y exigían no invertir pues una represa del ICE o una carretera era un gasto no una inversión!, urgían en reducir el gasto público y lo mejor era privatizar para pagar la deuda externa; les aprobamos tratados de “libre comercio” y muchas otras cosas.

Políticos como Oscar Arias nos prometieron que en veinte años seríamos un país del primer mundo. Pero faltaba la fresa con la copa del helado: el TLC o tratado de libre comercio de Centro América con Estados Unidos, que si no lo aprobábamos nos iríamos al averno, pues papá USA  nos iba a dar una fajeada y nos volvería la espalda…por el contrario, si le abríamos la puerta, hasta nos ofrecían cambiar la bicicleta por una moto y el viejo Hyundai por un reluciente Mercedes Benz; además, en el 2021 celebraríamos la Costa Rica del Bicentenario entre los países ricos del primer mundo, y eso lo cumplieron ya vamos para la OCDE, a la que vamos a pagar 1500 millones de colones al año para sentarnos a la par de Mr. Trump, aunque ocultemos los tugurios de Lomas y vayamos en vestido de etiqueta alquilado y calzoncillos de manta.

Muchos nos opusimos, no creíamos aquellos cantos de sirena, veíamos los resultados de los anteriores 20 años que habían sido un engaño y nos preguntábamos…ah carachos, ¿comoesques?

Aquellas advertencias nunca fueron escuchadas, entre el miedo infundido por un memorandum salido de las entrañas de la Presidencia de la República; el deseo incontenible de latrocinio del país por un pequeño, pero poderoso, grupo empresarial refugiado en los sindicatos patronales y La Nazi-On; la corrupción galopante patrocinada e impulsada por ellos mismos, la ambición, el egoísmo, la indiferencia del “qué me importa a mi” que nos metieron hasta el tuétano de los huesos gracias a medios de comunicación corruptos, y otras razones más, era imposible frenar aquel tsunami de ambición que terminaría ganando el plebiscito del 7 de  octubre del 2007 y  destruyendo nuestro país.

A eso debemos sumar que, a cambio de un estadio “regalado” para un pueblo incauto o domesticado, como dijo don Pepe, y regalos evidentes para la clase político-empresarial del país, le abrimos las puertas a la China de ese régimen tan extraño de ideología capitalista/comunista, que ya embobaba al mundo de la mediocridad intelectual y la mendicidad moral.  

Desde hace algún tiempo voces aquí y acullá lo venían diciendo: las ideas neoliberales y la globalización eran un fracaso o iban por ese camino, pero los oídos de los intereses de siempre no escucharon las advertencias de la sensatez. Cuando la desigualdad creada por  el sistema de libertad comercial y eliminación de controles hizo aguas en el 2008, salvo unos pocos privilegiados como los grandes banqueros, nadie quedó totalmente sin daño; algunos para lograrlo incrementaron los niveles y sistemas de corrupción. Echaron mano a cuanto truco tuvieron a disposición para evadir impuestos a granel, se valieron de los paraísos fiscales para ocultar sus dineros corruptos y culparon de las desgracias financieras del Estado a otros, para evitar que los culparan por el robo que a diario hacían al fisco.

El asunto empezó a ponerse más complejo cuando hace pocos meses, organismos internacionales denunciaron que el mundo había llegado a tal grado de desigualdad que el 1% de la población era el dueño del 99% de la riqueza en el mundo y como, mucho de eso, se debía a la creación de un polo mundial de producción en la China Comunista donde, aunque parezca mentira, se podía contar con millones de trabajadores que con bajos salarios y casi esclavos, sin sistemas básicos de protección, etc. lograban producir a costos inmensamente inferiores a los existentes en el mundo occidental capitalista. Por lo tanto, las ambiciosas  grandes corporaciones en casi todos los campos, instalaron sus huestes de producción en aquel país, desde sencillos elementos como las pieles de conejo para abrigos de invierno hasta lo más sofisticados de la industria de alta tecnología. Dicho en otras palabras: ¡pusieron los huevos en la misma canasta!

Pero el coronavirus, nos hizo caer de la cama y despertar no en un bello amanecer, sino en una terrible pesadilla. En dos semanas, todo el montaje hecho a base de  la creación egoísta de riqueza, cayó como un castillo de naipes. Ese virus desconocido y todavía de origen incierto, del que muchos dicen ya se conocía en China desde Octubre del año pasado, de pronto salió desde Wuhan para infestar el mundo en muy pocos días y paralizarlo por entero, al extremo que aparte de las dolorosas cifras de infectados y fallecidos que vemos aumentar todos los días, nos dejó a todos en casa y las más portentosas industrias y cadenas comerciales a nivel mundial cerradas, y las calles de Roma, París, Madrid, Washington, Nueva York, Buenos Aires o San José desiertas como símbolo real de un mundo clausurado, cosa que jamás lo hubiéramos imaginado hace pocas semanas

Con ello quedó demostrado algo muy viejo…los huevos no se pueden poner todos en la misma canasta, y ahora se considera que si no va a desaparecer la globalización, si se va resquebrajar y reaparecerán aspectos sobre la importancia y conveniencia de lo local.

Por otro lado, de pronto, parar nuestra diaria carrera en pos de la rutina ha permitido, aunque parezca mentira, que tengamos un reencuentro con la dignidad humana, en varios sentidos: la familia en primer término, la lectura, música, juegos, cocina y talvez lo más importante y no nos damos cuenta: el ocio!; si ese ocio creador que ya en la antigua Grecia se dedicaba a pensar en la ciencia, la política, el arte y su filosofía, que nos pone ante la realidad pura y simple del ser humano: vida o muerte, cómo vale la pena vivir la vida? Vivíamos sí, pero los lujos y bienes materiales nos dieron calidad de seres humanos, ¿o simplemente fuimos objetos de consumo para el enriquecimiento de unos pocos, muy pocos?; en esa situación empezamos a preguntarnos: ¿qué va a pasar después?

Esa pregunta tiene dos respuestas. Una para los conformistas y cobardes que no se atreven a ver para otro lado, será frustrante y degradante ver que las cosas nunca volverán a ser igual; que aquel 1% de ricos del mundo y el porcentaje que corresponda a cada país que concentró la riqueza, saldrá mucho menos rico, pero como siempre tendrá más que los que lo perdieron todo; pero si no entienden que deben empezar a repartir o redistribuir buena parte de lo que les queda y se quedarán todavía con mucho, terminarán por perderlo todo y de eso no se trata, tampoco. El verdadero empresario debe tomar el camino de producir, es lo que sabe hacer, pero ahora sin el egoísmo de antes, sabiendo compartir, pues esta cruda experiencia hace saltar a primer plano una palabra casi olvidada: ¡solidaridad!

La segunda pregunta se responde con optimismo; claro que se va a cambiar y muchas cosas van a pasar; pero para ello el primer cambio va en el pensamiento de cada uno de nosotros. La Historia de las Mentalidades nos enseña que las grandes trasformaciones se logran, cuando cambiamos nuestra visión del mundo y de las cosas, lo demás vendrá casi por añadidura.

Luego debemos revisar profundamente la estructura política de Costa Rica, en donde la democracia deber convertirse en realidad en una democracia participativa renovada, pero esto tiene un requisito fundamental y radical: la mediocracia existente debemos erradicarla ya del poder en todos los campos en dónde existe: político, económico, mediático, empresarial, sindical, etc.; combinar correcta y equilibradamente la relación entre el Estado, lo privado y la equidad, sobre todo sobre la base de la honradez generalizada y sin la manipulación mediática como se ha hecho hasta ahora.

 Se impone la necesidad de renovar, para ello debemos desarrollar de la investigación en todos los campos que permita, entre muchas cosas, desarrollar el conocimiento que nos interesa, no el que nos importan los sectores interesados. Así debemos cambiar muchos de los intereses directos para lograr la efectiva y real defensa del ambiente, cambios en la educación no para hacer una sociedad de borregos sino de seres humanos pensantes que sepan valorar nuestra herencia y el patrimonio nacional; la distribución efectiva de la riqueza en que el sistema tributario no tenga fugas como si se trata de una vieja cañería; la recuperación de la producción nacional en todos los campos y la lista sería extensa; pero déjeme terminar con un aspecto más: la ética y la moral, que con la autoridad necesaria, elimine la corrupción que ha carcomido la sociedad costarricense hasta sus cimientos, pues ha caído en manos del cinismo de los poderosos, como acertadamente lo calificó el pensador español Javier Benegas.

Ya me extendí demasiado, va a perdonar joven Milennials, sé que ustedes en la época del twitter o como se llame, solo permiten frases de reglón y medio pero, ydiai, cómo le hago? Mi deseo es que tomen conciencia que será usted y su generación, los que tomarán las riendas de ese cambio; la mía ya tiene muy arrugado el pellejo para estos trotes; la de sus padres, salvo honrosas excepciones, tienen el cerebro lavado por los neoliberales y como dice Naomy Kleim esta transformación EXIGE romper con todas las reglas ideológicas.  Para terminar, le quiero  recordar la frase de Milton Friedman en 1982, que utilizó como  caballo de batalla para imponer sus ideas y ahora se les devuelve como boomerang, sobre todo por si se encuentra un neoliberal recalcitrante que no quiera entender y que vea como el gran gurú se los había advertido:

  •  “Solo una crisis-real o percibida como tal- produce un verdadero cambio. Cuando ocurre una crisis, las acciones que se emprenden dependen de las ideas existentes en aquel momento…”

Estamos en la posibilidad de seguir montados en ideas obsoletas o mirar el futuro en forma diferente, puesto que vivimos una crisis real, muy real y dura, por lo que nuestra mente y espíritu deben estar abiertos a aceptar e iniciar ese cambio.

Las desigualdades que enfrentan los hogares en cuarentena

Pamela Jiménez Fontana, Natalia Morales Aguilar y Rafael Segura Carmona (PEN)*

Este texto es una producción del Programa Estado de la Nación escrito por las personas que se indica. SURCOS lo comparte por la calidad y pertinencia del artículo.

Durante estos días, las familias costarricenses enfrentan las disposiciones sanitarias implementadas por el Gobierno para evitar un crecimiento exponencial en el número de personas contagiadas por la pandemia COVID-19. Entre las principales medidas de acatamiento obligatorio en todo el territorio nacional se encuentra la restricción en la operación de locales comerciales, cierre de fronteras y limitación en la circulación de vehículos, las cuales pretenden que la población se mantenga en sus casas durante las próximas semanas. Sin embargo, dadas las brechas sociodemográficas y económicas que persisten en el país, los hogares podrían estar enfrentando en maneras muy distintas la cuarentena.

Por ejemplo, el distanciamiento físico en períodos de larga estancia no es lo mismo para gran parte de la población. De los poco más de 1.600.000 hogares de Costa Rica, un 9% reside en viviendas en mal estado y un 2% posee hacinamiento (más de 3 personas por dormitorio). Los espacios reducidos también dificultan la situación. Aproximadamente un 15% de las casas mide menos de 40 metros cuadrados (m2), en contraste, un 27% supera los 100 m2 (INEC, 2019). Además, se estima que 104.000 viviendas (7%) no tienen acceso a servicios básicos como agua, luz y manejo de residuos sólidos.

Los efectos negativos del distanciamiento físico que está experimentando la población podrían ser compensados por una mayor conectividad remota a través de herramientas digitales; sin embargo, esto no es una posibilidad para todas las familias costarricenses. Mientras que un 79% de los hogares de mayores ingresos (quintil 5) tiene una computadora en la vivienda, en las familias de menores recursos (quintil 1) este indicador es de un 25%. Además, es importante considerar que un 40% de las viviendas en el país no tiene acceso a internet ni por cable coaxial, fibra óptica, o teléfono fijo.

Durante estas semanas de “quedarse en casa”, no todas las familias han tenido las mismas posibilidades de abastecerse de alimentos o de hacer uso de servicios de comida a domicilio para satisfacer sus necesidades. Aproximadamente 335.900 hogares (21%) se encontraban en condiciones de pobreza antes de la crisis, de los cuales 93.500 ni siquiera tenían los ingresos mínimos para cubrir las necesidades básicas alimentarias. Las limitaciones económicas que viven muchas familias de bajos recursos contrastan con la cuarentena que están viviendo aquellas de mayor ingreso. En Costa Rica, el 10% de los hogares más ricos tiene un ingreso 25 veces superior que los más pobres (PEN, 2019).

Una de las principales advertencias del Ministerio de Salud, es que aunque el COVID-19 puede afectar a toda la población, existen grupos con mayor riesgo. La tasa de mortalidad del virus es más alta en personas adultas mayores, los cuales representan un 9% de la población total. En casi una quinta parte de los hogares en Costa Rica reside al menos una persona de 65 años o más, lo cual significa que una gran parte de las familias deberían estar implementando medidas especiales para proteger a este grupo más vulnerable.

Las medidas sanitarias y de distanciamiento físico que ha implementado el Gobierno en las últimas semanas son fundamentales para evitar un colapso del sistema de salud y tener el menor número de personas fallecidas posible por COVID-19. Sin embargo, las brechas sociodemográficas entre los hogares costarricenses generan que las formas de enfrentar la cuarentena y acatar las disposiciones sanitarias sean distintas según dónde, cómo y con quién viva usted. Por lo tanto, más allá del fuerte impacto económico que va significar esta pandemia en la historia del país, es fundamental considerar en paralelo como parte del plan de atención y recuperación, el impacto social y en la salud mental que está teniendo esta crisis sobre las familias.

Fuentes:

INEC. 2019. Encuesta Nacional de Hogares. San José: Instituto Nacional de Estadísticas y Censos.

CCP-INEC. 2013. Estimaciones y proyecciones de población por sexo y edad 1950-2050. San José: Instituto Nacional de Estadísticas y Censos.

PEN. 2019. Informe Estado de la Nación 2019 en Desarrollo Humano Sostenible. San José: Programa Estado de la Nación.

* Publicado en: https://estadonacion.or.cr/las-desigualdades-que-enfrentan-los-hogares-en-cuarentena/

Ilustraciones: SURCOS.

Mesa virtual de diálogo: #NoContagiemosAlEmpleo en América Latina

La Oficina de la OIT para América Latina y el Caribe le extiende la invitación a participar en una conversación virtual sobre el desafío de reconstruir los mercados de trabajo de la región, enfrentados a una crisis sin precedentes como consecuencia de la pandemia del COVID-19.

Descripción:

En esta Mesa virtual de diálogo los panelistas se referirán, desde diversas perspectivas, a los impactos socio-laborales y medidas adoptadas para proteger la actividad económica, los puestos de trabajo y los ingresos.

Los países de la región enfrentan el desafío de generar nuevos empleos y recuperar los que existían, las empresas deben volver a funcionar a plenitud, las personas deben contar con protección y derechos para enfrentar la crisis del trabajo, y los motores de la economía deben volver a funcionar.

La Mesa virtual de diálogo de este 14 de abril tendrá una duración de una hora, entre las 10 a.m. y las 11 a.m. de Lima (UTC/GMT -5).

 

Enviado por Tyronne Esna Montero.

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