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Los vilipendiados de mi patria

Rafael A. Ugalde Q.*

Síntesis: La consulta electoral del 1 de febrero, a un costo de más de 39 mil millones de colones por concepto de “deuda política y 30% de votantes que no se dejaron intimidar con el cuento de la “dictadura”, abrió el camino para la futura aparición de una organización opositora responsable y destinada a dar contenido a la participación real a nuestra democracia, aporte soluciones cotidianas a miles de costarricenses, supere medio siglo de reformismo por todo lados e inicie el camino hacia la transformación socioeconómica de Costa Rica.

“Las personas con mayor nivel educativo no votó por el continuismo”; “la gente pobre de las costas dio el triunfo al chavismo”, “no supieron razonar su voto”, etc. Así explicaron algunos de nuestros expertos electorales y la mayoría de los candidatos a la presidencia y a diputados consultados la noche del 1 de febrero, sobre la victoria contundente de Laura Fernández, quien ya es un hecho gobernará cuatro años con una mayoría parlamentaria simple y una “oposición” que aún no asimila la derrota, pero desde ya mira con optimismo hacia 2030.

Ciertamente, estas personas de esas deprimidas costas habitan una de las regiones más olvidadas por nuestras élites, arraigadas todas ellas en la parte central de la nación; asimismo, por nuestra ya descabellada distribución presupuestaria y división territorial, no dudaron en otorgar al Partido Pueblo Soberano un total de 2.267.404 sufragios para la presidencia y diputados.

La estrategia de derrotar al “oficialismo” en una segunda ronda el próximo 1 de abril, cierto es que no salió como esperaba la denominada “oposición”, que en todo caso, sí hubiera salido como pensaba, no había ningún proyecto país de verdadera defensa a nuestra soberanía, contra el injerencismo en cuestiones internas de otros Estados y menos de empoderar desde las bases a las organizaciones y movimientos populares. Fracaso cantado como serán los próximos años para los trabajadores.

Una segunda ronda, como esperaban los adversarios del oficialismo, nos hubiera aumentado las obligaciones pecuniarias para con los dueños de las franquicias partidarias. Cálculos extraoficiales nos dicen que Pueblo Soberano tiene derecho a hacerse con más de 20 mil millones de colones, Liberación Nacional 12 mil millones, Frente Amplio tres mil millones, Coalición Agenda Ciudadana casi dos mil millones y Unidad Social Cristiana más de mil quinientos millones.

Sin embargo, la fragmentación evidente dejadas por estas recientes elecciones, sobre todo entre grupos muy afines a nuestros actores proletarios y la llamada “clase media” como profesionales, asalariados estatales, así como maestros, universitarios y profesores, considerados no necesariamente proletarios, paradójicamente como sociedad, nos dejan en una encrucijada cuyas manecillas del reloj corren contra el futuro político de quienes creen en una democracia que incorpore desde las bases a movimientos y personas que el conservadurismo a ultranza hace suyos.

O surge una verdadera opción electoral viable y producto de la unidad no coyuntural, que tenga como norte nuestra independencia en los distintos campos y necesidades como nación, o los grupos violentos, acostumbrados a vilipendiar, mentir, descalificar por razón de raza, sexo, cultura o idioma, terminan por establecerse definitivamente como forma de gobierno, tras largos años de venir “legitimándose” y casi sin que nos percatemos en las altas esferas del Estado costarricense.

No es cierto, por tanto, que estos humildes jóvenes, trabajadores y trabajadoras de nuestras costas, sean costarricenses de segunda o tercera clase que por sus condiciones materiales hicieran presidenta a Fernández , cuando vemos que debido a que la llamada Gran Área Metropolitana – San José, Alajuela, Heredia y Cartago – concentra el mayor número de sufragantes y es, consecuentemente, la veta “chineada” de nuestra clase política, desde que el reformismo echó raíces en nuestro país, como proyecto ideológico.

No son personas que, por su supuesto bajo nivel educativo, la disminuida capacidad de consumo por sus escuálidos ingresos, o “pobretes” de los barrios del sur que cayeron ante el “populismo chavista”, quisieran estar en esas condiciones; es por una decisión presupuestaria de la democracia liberal que huye y teme a empoderar a los humildes, porque éstos, precisamente, tienen años de ser simplemente una mercancía electoral.

Una revisión del “Informe del Estado de la Nación 2023” (ver mapa pág. 18), no deja dudas, en torno a la situación de cómo, por años, estos pueblos presentados ahora por algunos de nuestros analistas y dirigentes politiqueros despechados, como “ignorantes”, “tontos” e “incultos”, no tienen las mismas oportunidades reales con que sí cuentan las masas asentadas en la parte central costarricense, independientemente del nivel escolar alcanzado.

Sin embargo, la realidad, si es abordada con un mínimo de seriedad y de “sentido común”- para el filósofo, Miguel Onamuno, casi toda la gente tiene, aunque sea un poquito de este último – es otra diametralmente distinta a la que nos vendieron expertos y unos pocos académicos durante una semana, tras los comicios comentados.

Las poblaciones costeras víctimas de la desigualdad social y las asignaciones presupuestarias. (F. Semanario Universidad).

Los vilipendiados de nuestras costas, dependen, objetivamente, de acuerdo con dicho “Informe de la nación”, principalmente, de los ingresos no registrados y transferencias, entre los que destacan los aumentos de las pensiones contributivas.

Según este “Informe”, la desigualdad – para el suscrito entre los inteligentes que sí supieron votar y los torpes de las zonas costeras – radica en el acceso a recursos y oportunidades, con la obvia afectación a un deseado desarrollo más equitativo entre provincias. Más claro no canta un gallo.

Esta situación está implícita cuando el Informe Estado de la Nación 2023 y el Programa Estado Nación, nos cuentan que el presupuesto nacional está enfocado en buscar un equilibrio de la producción nacional con la distribución de la riqueza en todas las provincias, buscando disminuir la brecha de desarrollo. A confesión de parte, relevo de pruebas.

Sin que ello sirva de consuelo para quienes descalificaron a más de 2.000.000 de votantes por favorecer el “populismo” el “autoritarismo”, el peligro de un “dictadura” tipo Nicaragua, Cuba o Venezuela, el “levantamiento” de garantías constitucionales etc., condenaron además a un 30 % que vieron en el abstencionismo su forma de protestar, no tienen por qué sentir arrepentimiento por tantos epítetos lanzados en momentos de frustración. Son chispas del oficio.

Es la “moda”, diría Antonio Gramsci (1891-1937), quien en su momento se ocupó de ella. Iluso sería pensar que, con el desarrollo de los medios de propaganda masiva de finales del siglo pasado y la acelerada alimentación silenciosa por décadas en nuestro país de esta boga, no se desembocara en ella en su “razón” de ser y su “legitimidad” como pequeño grupo para reafirmarse sobre la mayoría, en ocasión de unas elecciones, máxime, cuando marcaron el fin de un ciclo y abrieron otro más allá de 2040.

Todo lo que contrarie las posiciones reaccionarias de este grupo, sean porque se confrontan directamente o mediante el “transformismos” políticos que nos plantea Gramsci, muchos de ellos ya tienen legitimado un relato sobre sus “preocupaciones” sociales, unas veces acompañado de un hecho dado a conocer parcialmente, de forma descontextualizada, o simplemente recurriendo al escarnio y las descalificaciones de la más diversa índole.

Gramsci, tuvo claro siempre que, este “transformismo”, está vinculado a lo que él denomina “revolución pasiva” como un proceso adherente a una etapa donde el capitalismo se desarrolla y moderniza – no con pocas dificultades dada hoy los saltos de la Revolución científica – tecnológica actuales, así como las nuevas formas de explotación y división del trabajo mundial – penalizándose a quienes atentan contra la institucionalidad, mientras se cercenan los derechos de los pueblos y evitan por todos los medios la movilización y articulación de las masas.

Lo anterior es facilitado, según este pensador italiano, porque este “transformismo” implica que la clase dominante capta, neutraliza y absorbe a los líderes e intelectuales de los grupos subalternos (izquierda/populares), con lo cual desnaturaliza sus luchas y hace que abandonen los principios revolucionarios y terminen integrándose definitivamente a lo que conocemos ya como “derecha” pura y dura.

Esto explica, en el caso costarricense, que desde la Casa Presidencial, la Asamblea Legislativa o el Mercado Central, sectores con nivel universitario, trabajadores “informales” o “indigentes” ( eufemísticamente ahora son “habitantes de la calle”) con o sin enjuague bucal, antes o después de almuerzo, despotricaron contra Nicaragua, Venezuela o Cuba, como parte de nuestra pasada campaña electoral y cuyos protagonistas zafaron el lomo a los verdaderos problemas de sumisión e imparables mecanismos de recolonización en que estamos como sociedad.

Antes, durante y después de las elecciones, todos los esfuerzos de estos servidores de la elite, evadieron la confrontación de sus responsabilidades, por 40 años de programas económicos que socavaron el Estado Social. De lo que se trata, pues, es no molestar el establishment y llevar a su máxima expresión la fragmentación de las capas proletarias.

Por eso vemos la impávida conducta en la Asamblea Legislativa frente a créditos internacionales baratos y a mayores plazos, mientras la deuda pública es un auténtico látigo contra los costarricenses favoreciendo a los banqueros. Ello puede percibirse como una contradicción propia del régimen parlamentario, pero no hay tal discrepancia; sencillamente hay un acople a las ideas neoliberales y una defensa a favor de los financistas tenedores de títulos de deuda pública.

La fórmula ganadora 2026-2030 no cambia en nada, respecto lo que se ha hecho desde la década de los ochenta. Simplemente acelerará las “recetas” neoliberales emprendidas, ya fueran en las distintas administraciones reformistas de Liberación Nacional, la Unidad Socialcristiana o el fugaz ejercicio del poder de lo que fue Acción Ciudadana.

La esencia de estos grupos reaccionarios quedó al descubierto cuando en la Asamblea Legislativa 33 diputados hicieron el aspaviento para condenar el llamado “Cartel de los soles” en Venezuela, sumándose a la Admiración Trump que ordenó hicieran circular en la región el problema del narcotráfico desde tierras venezolanas, o aquellos 45 parlamentarios que dijeron sí al Tratado de Extradición de nacionales.

Sin embargo, ni el famoso cartel de los soles existió, ni dicho convenio de extradición acabará con el narcotráfico y el lavado de dinero en las altas esferas nacionales, evidenciado desde el 15 de julio de 2022, cuando el mexicano Rafael Caro Quintero entró como “Pedro por su casa” con una “libreta mágica” de contactos nacionales, su novia incluida. Luego, en término récord, fue expulsado del país. ¿Dónde estará ese cuadernillo?

Por eso, cuando se trata de Venezuela, Nicaragua o Cuba, estos grupúsculos conocidos en todo el orbe, primeramente, tienen un violento lenguaje, propio de su clase descalificante; y luego, pasan a las acciones destructivas, comparables solo con la temible violencia de un “Lomo Plateado”, debido a su carácter intolerable y su componente reaccionario, cuando se trata de socavar los esfuerzos de los pueblos por su autodeterminación y el respeto a las decisiones internas de otros Estados soberanos.

Con el cuento de la “democracia” y los “derechos humanos” cierran filas con quien hace de “policía” del mundo, sin decir una palabra por el secuestro de la pareja venezolana, constituida por el presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores, la muerte el pasado 3 de enero de 32 héroes de la isla caídos dignamente en combate y el acoso creciente y asfixiante emprendido contra la Revolución cubana.

Estarían felices con que el canciller cubano, Bruno Rodríguez Padilla, sí no hubiera concluido en su cuenta de Facebook, que la situación con respecto al gobierno de los Estados Unidos es una amenaza “inusual” y “extraordinaria”, que proviene total o sustancialmente de la “derecha neofascista” afincada en suelo estadounidense.

Aquellas luchas del pasado, traducidas en las conquistas disfrutadas por miles de costarricenses desde los años 40 en seguridad social, la educación, salud, los subsidios para nuestra agricultura, derechos laborales, justicia pronta, cumplida y de calidad, entre otras, estorban a estos grupúsculos de los que se ocupó Gramsci.

El encanto para estos grupos reaccionarios, inmersos en todos los partidos políticos nacionales, como ha quedado demostrado, sería mayor si el presidente cubano, Miguel Diaz Canel, no hubiera antepuesto el “respeto” a su nación y la “soberanía” de Cuba, frente al hipócrita y cínico ofrecimiento de “ayuda” a Cuba proveniente de Washington, como sí con ella pagara un solo día de bloqueo financiero y comercial durante más de 60 años.

Estamos hablando de una posición política cubana a favor de la soberanía que nada tiene que ver con la de los gobernantes costarricenses, que hace tiempo la empeñaron o borraron de su ideario, como la defendieron Juan Rafael Mora y el General José María Cañas. Todo encaminado a crear el «Estado totalitario de masas” advertido por Gramsci.

¡Fascismo puro lo llamó!

*Periodista, abogado y notario por la U.C.R., miembro del Movimiento Bolivariano Costarricense de Solidaridad Yamileth López.