Diversas organizaciones sociales convocan a una concentración en defensa de la democracia, con el llamado explícito a participar activamente en el proceso electoral y a ejercer el derecho al voto de manera masiva.
La actividad se realizará el jueves 29 de enero, a las 11:00 a.m., en el Parque Nacional, en San José, bajo la consigna “¡Salgamos a votar!”. La convocatoria invita a las personas asistentes a llevar chonete, vestirse de blanco y portar banderas de Costa Rica, como símbolo de unidad y defensa del sistema democrático.
El llamado subraya la importancia de unirse como país para defender la democracia y promover la participación electoral de cara a las elecciones del 1.º de febrero, destacando el voto como una herramienta fundamental para el fortalecimiento de la vida democrática.
La concentración es convocada por las siguientes organizaciones, cuyos logos aparecen en la imagen:
Mujeres en Lucha Social
MANA
Rescate Nacional
ISFODE
y otras agrupaciones de la lucha social
Las organizaciones convocantes hacen un llamado amplio a la ciudadanía a sumarse a esta acción colectiva en defensa de la democracia y del ejercicio responsable del voto.
Nos encontramos a escasos días de la convocatoria para llevar a cabo nuevas elecciones y nombrar al presidente -o presidenta- que sustituirá al Sr. Rodrigo Chaves Robles. Asimismo, debemos renovar con nuestro voto a todos los representantes de los diversos partidos políticos en el seno de la Asamblea Legislativa.
Dado el particular estilo de gobierno del presidente en ejercicio, caracterizado por un notable irrespeto verbal e institucional hacia sus adversarios, sean estos representantes de otros partidos políticos, medios de comunicación o instituciones públicas, ello ha llevado a una coyuntura muy compleja en el marco del actual proceso electoral. Sin duda, esto lo está convirtiendo en uno de los procesos electorales más particulares y peligrosos de los últimos cincuenta años, cuyas repercusiones podrían ser nefastas en el conjunto de la ciudadanía, especialmente, en el sector integrado por las personas más jóvenes.
Desde la década de los años cuarenta, han transcurrido más de siete décadas durante los cuales los costarricenses vimos madurar un modelo de democracia social, aunque con ciertos vacíos no siempre resueltos. Sin embargo, debemos reconocer que ese modelo nos convirtió en un pueblo más educado y saludable gracias a la democratización de la educación pública, a la adecuada atención de los problemas de la salud por parte de la CCSS y al programa de vivienda digna llevado a cabo por el INVU. A ello se sumó el impulso dado a la enseñanza superior pública con la creación de nuevas universidades, las cuales le han aportado a nuestro país el capital humano necesario para modernizar los diversos sectores de la economía, la salud, la administración del Estado y la educación. Sobre esa base, los diversos sectores productivos pudieron llevar adelante sus proyectos económicos y sus aspiraciones de expansión empresarial.
Sin embargo, todo aquel esfuerzo no fue suficiente para enfrentar con éxito, desde la década de los años ochenta, los grandes retos asociados a la globalización de la economía mundial. De ahí en adelante, nuestro país, como tantos otros, ha vivido un difícil proceso histórico, con ambigüedades y disfunciones que no todos vieron venir con espíritu crítico y que aún hoy día, nos tiene inmersos en una crisis de nuestro modelo de país.
Por otra parte, el proceso electoral de hace cuatro años se encargó de hacernos ver claramente a los costarricenses los serios síntomas de un agotamiento social y político que hoy en día nos tiene en las puertas de una crisis de gobernabilidad.
El estilo autocrático e irrespetuoso del presidente Rodrigo Chaves ha venido a debilitar las formas civilistas de gobernar que caracterizó a la gran mayoría de las anteriores administraciones presidenciales, especialmente de los años cincuenta en adelante. Esto se está convirtiendo en un reto muy grave por la posible inestabilidad nacional que se pueda derivar. La sana convivencia familiar, vecinal, laboral e institucional es un bien inmaterial que no tiene precio. Debemos cuidarla por sobre todas las cosas.
Como ciudadana costarricense y estudiosa de la historia de nuestro país, me preocupan seriamente todas esas repercusiones negativas que podrían derivarse de la crisis actual. Una eventual agudización de las contradicciones políticas amenazaría la estabilidad y el progreso de la sociedad como un todo, pero, particularmente, iría en detrimento de las jóvenes generaciones, esas que apenas comienzan a experimentar sus primeras vivencias ciudadanas y que anhelan vivir en un país donde se respeten las reglas del juego democrático. Pero, sobre todo, esa juventud necesita oportunidades de estudio y de trabajo que les permita formarse de cara al futuro y, sobre todo, los libre de las amenazas que la expansión del narcotráfico significa diariamente para su seguridad emocional, existencial y vital.
El pésimo modelo que encarna el presidente Chaves con su lenguaje soez, sus actos públicos irreverentes y su vulgaridad de macho indómito, seguramente afectarán negativamente la formación política y emocional de tantos adolescentes costarricenses que hoy están hilvanando sueños profesionales, laborales, deportivos o artísticos, y que pronto se convertirán en los protagonistas que decidan el futuro de nuestro país.
En tal sentido, las generaciones que ya peinamos canas tenemos el deber de aportarle a nuestros jóvenes nuevas oportunidades de participación ciudadana para evitar que el pesimismo derivado de la crispación electoral y la violencia verbal del presidente y de algunos de sus seguidores, los lleve a construir una visión pobre y despectiva, respecto a la participación electoral. Al contrario, su activa participación en estas elecciones es la mejor forma de contrarrestar los efectos perversos que nos está dejando la administración Chaves Robles en la cultura política de nuestra juventud y en el país en general.
A pocos días de las elecciones nacionales, el historiador y analista de la realidad nacional Óscar Aguilar Bulgarelli dirigió un mensaje especialmente a las personas indecisas, en particular a quienes tienen entre 18 y 40 años, invitándoles a reflexionar sobre el valor histórico, social e institucional de Costa Rica y la responsabilidad que implica el ejercicio del voto.
Aguilar Bulgarelli parte del reconocimiento de la indecisión como una señal de duda legítima frente a los discursos que han predominado en los últimos años. Desde su experiencia vital —como integrante de la generación que vivió la posguerra y la aprobación de la Constitución de 1949— plantea que a esa generación se le ha acusado injustamente de haber “robado el país”, cuando en realidad fue la que construyó las principales bases del Estado social costarricense.
En su recorrido histórico, recuerda que esa generación heredó instituciones fundamentales como la Caja Costarricense de Seguro Social, el sistema público de educación gratuita, las universidades públicas, el Código de Trabajo, el aguinaldo, el salario escolar, el Instituto Costarricense de Electricidad, los acueductos y alcantarillados, el sistema solidarista, el IMAS, las becas Avancemos, los comedores escolares y las redes de cuido, pilares que han garantizado derechos, movilidad social y calidad de vida a amplios sectores de la población.
El historiador subraya que estos logros no se alcanzaron mediante el odio, la confrontación o la agresión, sino a través del diálogo, la negociación y la convivencia democrática, incluso después de una guerra civil. Esa capacidad de sentarse a hablar y construir acuerdos permitió forjar un país que durante décadas se distinguió por la paz social, la convivencia y la seguridad cotidiana.
Desde esa perspectiva, Aguilar Bulgarelli invita a valorar cuánto cuesta la paz y a no dejarse arrastrar por discursos que siembran resentimiento y división. Llama a recuperar un espíritu de respeto, decencia y convivencia, y a acudir a las urnas con serenidad y responsabilidad cívica.
Finalmente, aclara que su llamado no es a votar por una candidatura específica, sino a votar por Costa Rica, entendiendo el sufragio como un acto de defensa de la democracia, de las instituciones y del proyecto histórico que permitió construir un país con derechos y oportunidades. El mensaje concluye con una invitación a votar en paz, pensando en el bien común y en el futuro colectivo.
Y se entusiasman con Dua Lipa, pero también con Malpaís, Taylor Swift, Drake, Olivia, Eminem, Maluma, E-hoy, Clean Girl, y más. Siguen el fútbol y se ilusionan (o desilusionan) con la Sele, con el Barcelona, con el Real Madrid, con Messi y con Keylor. Son una generación que nació y se desarrolla en un país donde, para un buen número, el «pura vida» ha sido una marca. Donde los sicarios solo estaban en canciones de Rubén Blades y el narcotráfico letal era solo una noticia originada en Colombia. Donde nunca había que pensarlo dos veces para salir a cualquier hora de la noche o el día, y donde no existe temor de ser vapuleado por un militar con cara de asesino.
Con el respeto ganado, me dirijo a los que fueron mis estudiantes y también estudiantes de tantos miles de docentes de escuelas, colegios y universidades, que han constituido un sistema educativo mayormente gratuito, que valora la libertad y las iniciativas individuales, que sustenta, en fin, una juventud para la cual la cultura está a la mano, y, algunos dirán, en el infaltable celular. A esa juventud que no concibe lo que es prestar un «servicio militar» para un ejército depravado. Que sabe que en su tierra existe un sistema de garantías constitucionales, que respeta sus derechos humanos, su libertad de movimiento y de reunión, su libre expresión, su derecho a servicios de salud, a la educación, a la justicia, a elegir y ser electo, su privilegio a respirar libertad.
Ustedes, muchachas y muchachos, que casi nunca han tenido que salir de su juvenil burbuja para enfrentar especiales retos democráticos, por sentir que su independencia personal no está en peligro, les tengo una oportuna advertencia. Porque este profesor amigo conoció lo que era vivir bajo una dictadura como la de Pinochet en Chile, no puedo dejar de pasar por alto, evidentes amenazas que se han anunciado para esta adorada Costa Rica. Les cuento que para un tico es muy difícil describir cuánto se degradan emocionalmente las personas sometidas por un gobierno que, sin ton ni son, se le ocurre derogar, por el tiempo que sea, las sagradas garantías individuales. Y es que, si las normas constitucionales fuesen las responsables del deficiente manejo de la seguridad ciudadana, ¡y no las deplorables condiciones sociales que sufren los que han sido lanzados al barril de la miseria extrema!, la candidata presidencial del oficialismo, propone repetir en nuestra Patria, los abusos perpetrados por los dictadores en Chile, Nicaragua y El Salvador. Regímenes que secuestran de sus íntimas viviendas a «presuntos delincuentes», sin órdenes judiciales pertinentes, y sin dejar rastros formales de sus acciones, ni de los desenlaces de sus violaciones. Para ellos, el “toque de queda”, sinónimo de “suspensión de garantías” es representativo de una nueva legalidad, la legalidad de los sátrapas.
Por eso le hablo a usted joven que valora su libertad, sus derechos, su independencia, ¡su vida!, y lo invito a que piense un instante en las consecuencias de esa propuesta arbitraria, nacida en el seno de los que aspiran perpetuarse en el poder para cambiar profundamente la nación que parecen querer destruir.
Cuando se suspenden las garantías constitucionales “por regiones”, como propone Laura Fernández, Nogui Acosta, y otros, específicamente en comunidades miserables de Limón, Puntarenas y el valle central, inevitablemente «pagarían justos por pecadores», pues la «ley de la selva» se aplica a diestra y siniestra, con el pretexto perverso de apresar “a delincuentes”, que por supuesto, no han sido juzgados.
Pienso que quizá otros temas de la campaña electoral no puedan competir con Bad Bunny o Maluma, pues por ahí andan sus gustos, pero jóvenes costarricenses, este asunto si debería merecer de parte de ustedes, momentos de reflexión, pues se estaría dando un paso muy peligroso hacia una Costa Rica mucho menos democrática, y de paso, más violenta.
Por fortuna, su voto es decisivo para evitar que algo semejante pudiese suceder.
ElParlamento Cívico Ambiental con sus 37 organizaciones, junto amúltiples organizaciones ambientales, sociales, académicas y comunitarias, presentó hoy públicamente elManifiesto Ambiental Ciudadano, un llamado urgente a la conciencia nacional ante las decisiones que el país tomará en las elecciones del próximo1 de febrero de 2026.
El manifiesto advierte sobre el acelerado debilitamiento de la institucionalidad ambiental, la erosión regulatoria, la presión extractivista sobre territorios y bienes comunes, y el riesgo real de un retroceso histórico en materia de política ambiental. Al mismo tiempo, subraya que aún existe una oportunidad democrática para elegir un rumbo distinto, basado en evidencia, fortalecimiento institucional y protección efectiva del patrimonio natural.
El documento se sustenta en unestudio independiente elaborado por la Asociación ARTES-JUSTECO, presentado por el Parlamento Cívico Ambiental, que evaluó los programas de gobierno de los partidos políticos mediante50 indicadores en 13 categorías temáticas, con base en elCapítulo 4 del Informe Estado de la Nación. Los resultados evidencian diferencias sustantivas entre las propuestas partidarias y permiten a la ciudadanía votar de manera informada.
“El país no está eligiendo únicamente un gobierno, está decidiendo el futuro de su biodiversidad, sus costas, sus bosques, su agua y la solidez de su democracia ambiental”, señala el manifiesto. “Sin ambiente no hay economía, sin agua no hay salud y sin instituciones fuertes no hay conservación”.
El Parlamento Cívico Ambiental y las organizaciones firmantes hacen un llamado directo:
A la ciudadanía, a informarse y votar con base en evidencia, no en discursos vacíos.
A los medios de comunicación, a exigir definiciones claras a las candidaturas sobre erosión regulatoria, apropiación de bienes comunes y financiamiento de la institucionalidad ambiental.
A los partidos políticos, a asumir que sus compromisos serán observados y evaluados después del proceso electoral.
El manifiesto permaneceabierto a la adhesión de organizaciones y personasdel sector ambiental, académico, social y productivo comprometido con la sostenibilidad, con el objetivo de que el ambiente ocupe un lugar central en la agenda electoral. Puede firmarse en: https://c.org/ch8L2SwGwR.
“El 1 de febrero no se vota solo por un período de gobierno. Se vota por el tipo de país que heredarán las próximas generaciones”, concluye el documento.
Organizaciones firmantes dentro y fuera del Parlamento Cívico Ambiental
ACEPESA
ACOS
ADI Magnolias
ARCAA
ARTES-JUSTECO
ASECOBI
Asociación Plataforma Organizaciones de la Sociedad Civil por los Objetivos de Desarrollo Sostenible
Asociación. Belén Sostenible
Asociación Costarricense de Movilidad Eléctrica (ASOMOVE)
Asociación de Movilidad Activa y Sostenible Pedal
Asociación Mujeres AMICREO
Cruzando Fronteras.
Cruzando Fronteras.
Defensoría del Pescador Artesanal Escuela Socioambiental Caraigres
For the Oceans Foundation FORTECH S.A.
Frente por la Vida
Frente Mario Biza por las Áreas Silvestres Protegidas
Fundación Arboles y Vida
Fundación Laberinto
Fundación OneSea
Fundación Sombrilla del Bosque
Fundación XTREM@S
La Ruta del Clima
Movimiento Ciudadano Pymes
Movimiento Laudato Si
Natural Packing
OCA Quebrada Barreal
OCA Río Cañas
Pastoral Ecológica La Soledad
Programa de Gestión Local – UNED
Asociación Promoción Claretiana para el Desarrollo
Colectivo RASA
Red Costarricense de Reservas Naturales
Red de Juventudes y Cambio Climático
Universidad de Costa Rica.
Universidad Nacional
En cada proceso electoral en Costa Rica reaparece una pregunta que incomoda, pero que no podemos seguir esquivando desde el sindicalismo:
¿por qué trabajadoras y trabajadores terminan apoyando con su voto a candidatos y proyectos políticos que históricamente han atacado sus derechos laborales, sociales y sindicales?
La contradicción no es menor. La vemos cuando personas migrantes respaldan discursos xenófobos; cuando mujeres votan por figuras que minimizan la violencia de género o justifican el irrespeto; cuando sectores empobrecidos apoyan propuestas que debilitan la seguridad social, el empleo público y la organización sindical.
La guerra de las encuestas: fabricar inevitables
En el escenario electoral actual, las encuestas dejaron de ser solo instrumentos de medición para convertirse en armas políticas. Se usan para instalar la idea de que “ya todo está decidido”, para fabricar candidaturas “inevitables” y para empujar el voto útil o resignado.
A muchas personas trabajadoras no se les invita a reflexionar, sino a subirse al carro del ganador, aunque ese ganador represente recortes, privatizaciones o ataques directos a la Caja, a la educación pública o a los derechos laborales.
La encuesta sustituye al debate, y la repetición mediática reemplaza al pensamiento crítico.
La moral de los inmorales
Otro fenómeno preocupante es la doble moral electoral. Candidatos cuestionados por prácticas autoritarias, corrupción, discursos de odio o conductas de irrespeto aparecen repentinamente como defensores de la “familia”, la “decencia” o el “orden”.
Se condena la protesta social, pero se justifica el abuso de poder.
Se exige moral a los pobres, mientras se absuelve a los poderosos.
Se culpa al trabajador organizado, pero se perdona al evasor, al corrupto y al explotador.
Esta moral selectiva, promovida desde los grandes medios y redes sociales, termina confundiendo y desmovilizando a sectores populares que buscan certezas en medio del malestar social.
¿También la izquierda tiene responsabilidad?
Aunque incomode decirlo, sí.
Cuando las fuerzas progresistas y el sindicalismo:
Se alejan de la base trabajadora.
Hablan un lenguaje que no conecta con la vida cotidiana.
Subestiman el peso del miedo, la inseguridad y el desencanto.
Dejan el sentido común en manos de la derecha mediática.
…terminan facilitando que proyectos contrarios a los intereses populares ganen terreno.
No se trata de culpar al elector trabajador, sino de reconocer fallas propias y asumir que la disputa política no es solo electoral, sino cultural y comunicacional.
Reflexión final
Votar contra los propios derechos no es una traición individual; es el resultado de una ofensiva ideológica permanente, combinada con frustración social y abandono político.
Frente a la guerra de las encuestas y la moral de los inmorales, el sindicalismo tiene una tarea urgente: volver a hablar claro, defender la verdad, recuperar la memoria histórica y reconstruir la conciencia de clase.
Porque cuando la clase trabajadora deja de creer en su propia fuerza, otros deciden por ella.
H. Francisco Arrieta Arrieta Estudiante universitario Universidad Técnica Nacional (UTN)
A escasos días de las elecciones 2026, es difícil ocultar un sentimiento de incertidumbre al pensar que le pueda deparar el futuro al país que nos vio nacer o bien recibir. En qué momento fuimos a estar en una situación tan crítica para la democracia de Costa Rica, llena de caos en todos sus sentidos (educación, salud, seguridad, narcotráfico, agropecuario, …). Inclusive, en aquello que solía ser una fiesta política, hoy es un drama de indiferencia entre partidarios y claro que de la ciudadanía también, donde prolifera más que nada la falta de diálogo y de acciones concretas.
Tanto el continuismo como el oficialismo, ambos demuestran su lado inconveniente, sin pretender que sean perfectos claro.
Hay pocos políticos prometedores, porque cada uno presenta su propio show de fanfarronería, desde publicidad mediocre, acaparamiento de votos mediante alianzas, liderazgo insuficiente, intereses desmedidos, propuestas descabelladas sin donde acceder a recursos, falta de planificación, y mucho más. Y todo eso está pasando mientras el país se va a la deriva. Y peor aun cuando se demuestra una poca intención real de trabajar en equipo y en armonía para sacar adelante el país, sin importar los colores partidarios.
Un aspecto clave del deterioro actual en nuestra democracia, y en los años siguientes es sin duda la educación que juega un papel fundamental, tanto en el pilar central que es la familia como de la educación llevada desde los centros educativos, donde se amplía una brecha social difícil de sanar en la inmersión a la ignorancia y la falta de valores, y que se denotan los resultados en momentos clave como el ejercer el sufragio.
Es un hecho que las elecciones presentan dos contrastes, por un lado, el abstencionismo (los indecisos) que deciden con detenimiento en una criticidad intensiva, y por otro lado aquellos que votan con ignorancia, subordinados, y con votos en el peor de los casos sobornados.
La ciudadanía expone sus banderas partidarias, cuando ni siquiera logramos tener la bandera nacional que nos demuestra el orgullo del ser costarricense con el blanco, azul y rojo; y también de nuestra bandera cantonal, porque no.
Espero que independientemente de quién quede en estas elecciones hagan una administración prudencial desde el gabinete presidencial hasta los diputados conformantes de la Asamblea Legislativa, donde busquen desde el día uno amparar los temas urgentes que ya bien conocemos. Porque por el pueblo han de estar ahí, y por el pueblo han de servir.
Salvando al país del naufragio que no nos lleve a hundirnos en aguas profundas, donde se encuentra un peor escenario que el actual. Es por eso por lo que debemos reflexionar con detenimiento y tomar una decisión razonable.
En este artículo, no mencionó partidos, ni por quién votar, solo demuestro el malestar que sienten algunos, como yo, con la situación política actual.
Aunque, si algo está claro es de la importancia más que nunca de salir a votar, e incentivar aquellos que forman parte del porcentaje del abstencionismo asistir a las urnas electorales.
A modo de reflexión, es claro que el futuro es incierto, y que nadie lo tiene asegurado. No obstante, día con día me invade el cuestionamiento como joven de ¿Que le reparara a mi país en los próximos años? ¿Seremos siervos menguados? ¿Qué ocurrirá con el labriego sencillo? ¿Podremos ser libres o solo será algo que quedará en el pasado?
Es nuestra responsabilidad como ciudadanos validar los pilares esenciales de una ¡República democrática, libre e independiente! ¡Salgamos a votar de forma deliberada! y que ¡Dios bendiga a Costa Rica hoy y siempre!
Adicional les invito a ingresar a mi documento gratuito llamado “El lenguaje de ladivisión territorial de Costa Rica”. Un documento modesto pero interesante sobre aspectos relevantes de la Geografía política de nuestro país tanto en la parte marítima como terrestre. Accede al siguiente enlace:
Un video que circula con fuerza en TikTok, publicado por la cuenta ElYoguiAbogado, ha conectado especialmente con personas jóvenes al poner sobre la mesa una pregunta sencilla pero profunda: ¿en qué país queremos vivir y bajo qué tipo de liderazgo? A partir de lo que se llamó un “antidebate”, el autor contrasta dos formas muy distintas de entender la política: una basada en la confrontación permanente y otra centrada en el diálogo, el respeto y la búsqueda de acuerdos.
En el video se destaca un encuentro entre cuatro candidaturas presidenciales de corrientes políticas distintas, dialogando con serenidad sobre temas relevantes para el país, desde la infiltración del narcotráfico hasta la defensa de la seguridad social. Lejos del insulto y el espectáculo, ese espacio generó algo que muchas personas dicen extrañar: cordialidad, civilismo y decencia. Los comentarios en redes reflejan ilusión, alivio y una sensación compartida de reconocimiento: “esto también es Costa Rica”.
El mensaje central apunta a algo clave en estas elecciones: no se trata solo de votar en contra de algo, sino de votar a favor de la democracia, del Estado de derecho, de la institucionalidad y de un país donde sea posible convivir entre diferencias. El video invita a ver la política no como una guerra, sino como el arte de debatir, consensuar y construir puntos comunes. Por eso, más que resumirlo, esta nota invita a ver el video completo, que está generando conversación, especialmente entre quienes sienten que aún hay razones para involucrarse y votar.
▶️ Te invitamos a ver el video completo y a sumarte a la conversación.
A una semana de las elecciones, el panorama es claro: no todos quieren ciudadanos libres. Muchos prefieren súbditos emocionales, que reaccionen antes de pensar. Y sí, en muchos casos, la campaña política se nos ha reducido a un espectáculo estéril, lleno de miedos, prejuicios y evasión de los problemas reales: desigualdad, violencia, corrupción, educación, salud y justicia social.
Hay candidatos que ponen, con honestidad, de sí lo mejor, pero eso no exime al elector de su responsabilidad. La democracia depende de la conciencia activa de cada ciudadano: escuchar, discernir y decidir desde la razón y los principios. La libertad se ejerce, y ejercerla exige valentía para no dejarse arrastrar por consignas ni emociones manipuladas. Cada atajo que evita la reflexión ciudadana, cada temor sembrado, debilita los cimientos de nuestra vida colectiva.
Lo digo con sano orgullo: en este proceso, la Iglesia católica ha actuado con la coherencia que exigen la Constitución y su propia misión. Hemos evitado el partidismo, respetado los límites legales y, sobre todo, honrado una convicción más exigente: la fe no sustituye la conciencia; la interpela. No decirle a nadie por quién votar no es cálculo político; es una apuesta radical por la libertad responsable. Formar conciencias es más incómodo que dirigir votos, pero infinitamente más honesto.
El contraste duele. Otros han elegido el camino corto: agitar emociones primarias y convertir la contienda electoral en una “guerra moral absoluta”. Usar la fe como escudo o como arma no eleva la democracia; la empobrece y la condiciona.
Peor aún es reducir el discernimiento ético a etiquetas partidarias. El Evangelio no divide al mundo entre progresistas y conservadores; lo divide entre quienes sirven auténticamente a la verdad y quienes la manipulan. Encerrar la fe en una categoría política es asfixiarla. Cuando el mensaje cristiano se acomoda a una agenda, deja de incomodar a la conciencia para empezar a servir al poder. Todo lo que confirma prejuicios y legitima trincheras no es fe; es una caricatura espiritual que tranquiliza, pero no transforma.
El Evangelio no tiene partido, pero toma posición: defiende la dignidad humana, la justicia y la verdad. Usarlo para imponer miedos es traicionarlo; silenciarlo para no incomodar, también.
El voto no puede ser un desahogo ni un castigo emocional. Es un acto moral. Exige memoria para no repetir errores, información para no creer mentiras y honestidad intelectual para resistir el bombardeo de la desinformación.
Al entrar en la urna, los intermediarios desaparecen. No entran las consignas, ni los símbolos manipulados, ni las amenazas del algoritmo. Usted queda a solas con su conciencia, ese lugar sagrado donde nadie puede decidir por usted.
Allí, en el silencio, surge la verdad más incómoda: cada voto compromete. Escuche a su conciencia; ignorarla es la peor traición.
La urna es un espejo. Que refleje su libertad, no el eco de los intereses ajenos.
Deduzco que Laura no obtendrá el 40 por ciento, pero no es porque quiera, sino por el siguiente análisis.
Según la encuesta del CIEP-UCR el perfil de los indecisos es muy diferente al de los que votarán por Laura. De manera que ella no crecerá al ritmo que lo hizo hasta ahora. Por otro lado, observo que bastantes personas opositoras muy activas en las redes al fin se convencieron de que se estaban cocinando en su propio caldo y han decidido romper la burbuja y salir a hablar con la gente.
Si hacemos esto intensamente esta semana, lograremos pasar a segunda vuelta.
Fue lo que perseguimos cuando propusimos formar los Frentes Democráticos pero muy poca gente nos dio pelota.
Si hay segunda vuelta debemos retomar los Frentes Democráticos.