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Etiqueta: apertura comercial

La fantasía de COMEX sobre el Acuerdo Transpacífico

Francisco Esquivel V.
Economista

En cualquier actividad humana no hay peor error que confundir las oportunidades que tengan las personas o las organizaciones con la capacidad de aprovechar esas oportunidades. Pueden aparecer múltiples oportunidades, pero otra cosa es que se tenga la capacidad de aprovecharlas. Por ejemplo, la Federación Costarricense de Fútbol puede tener la ilusión de inscribir a la selección para el próximo campeonato mundial, pensando en que se va a ganar dicho torneo. Indudablemente, se abre la oportunidad de ser campeones mundiales de futbol; sin embargo, ¿tiene la selección la capacidad de ganar el campeonato? Con el nivel actual del futbol tico, probablemente ninguno se atrevería a afirmar que se logrará ese objetivo. Así que, una cosa es una oportunidad y otra muy distinta es aprovecharla.

El Ministerio de Comercio Exterior (COMEX) incurre en ese error. En un documento publicado hace poco (Posibles resultados de la incorporación de Costa Rica al Acuerdo Transpacífico, sin fecha), nos dice que, si aprobamos el Tratado de Comercio con el área del Transpacífico, aumentaremos las exportaciones a los países de esa alianza comercial. Según COMEX se abre una gran oportunidad de incrementar la colocación de nuestros productos en esos países. Sólo necesitamos que la Asamblea Legislativa apruebe el Tratado, y la oportunidad se traducirá en un aumento de las exportaciones. Es decir, hay una continuidad mecánica entre oportunidad y capacidad de exportación. Sería muy torpe de nuestra parte, dice COMEX, no aprovechar esa oportunidad.

Sin embargo, en realidad, el documento está vendiendo humo. No se han realizado los estudios para comprobar que los productores nacionales tendrán la capacidad de elaborar productos a un precio competitivo, con la calidad que requiere el mercado mundial y en los volúmenes apropiados para que los negocios sean efectivos. Por el contrario, principalmente en el sector agrícola y ganadero, se observan múltiples dudas sobre la capacidad para competir aquí, en el mercado nacional, contra los productos que vendrán del área del Transpacífico. Es decir, se piensa que, no sólo no podremos exportar lo que promete COMEX, sino que tampoco podremos competir con los productos importados. En consecuencia, no se podrá aprovechar la oportunidad que ofrece el citado Tratado, porque no hay capacidad de competir con los productos del Transpacífico. Desde luego, la realidad no es estática. Si se desarrollara una verdadera estrategia productiva que mejore la capacidad competitiva del productor nacional y que mejore el contexto del proceso exportador (carreteras, puertos, aeropuertos, etc.), a mediano y largo plazo podríamos competir con el área del Transpacífico y con muchos países. Pero, llevamos cuatro décadas evadiendo esa estrategia productiva, impulsando, por el contrario, una apertura comercial que favorece a los grandes importadores y a los grandes operadores del sector financiero, además de generar zonas francas que se convierten en enclaves de exportación para grupos específicos del capital extranjero. Estos enclaves son plataformas de ensamblaje que generan pocos encadenamientos por lo que aportan poco al crecimiento de la economía.

Para vender el humo, el documento en mención usa un modelo de simulación econométrico, basado en las estadísticas de exportación de los países y en algunos aspectos adicionales. La validez de todo modelo de simulación reside en los supuestos con los que se realizan los cálculos. En este caso, el supuesto principal es que habrá continuidad mecánica entre oportunidad y capacidad de competir, una vez que los aranceles (los impuestos de importación) se reduzcan a cero. El modelo se realiza con fórmulas de cálculo que incluso muchos economistas y estadísticos tendrían dificultad de entender. El ciudadano común, que no tiene preparación en el tema, no entendería qué significan esas fórmulas. Sin embargo, se utilizan para que el humo tenga colores atractivos. “Si lo dicen los economistas, cómo vamos a dudar de los resultados”. El objetivo de esto es confundir a los productores, a los dirigentes de las organizaciones productivas, a los diputados, y en general, al ciudadano común. Con un modelo de cálculo que parece muy científico, “¿quién va a dudar de lo acertado de los resultados?”.

Matemáticamente, más allá del espejismo de las fórmulas, el modelo es muy sencillo. Lo que dice es que, si hoy exportamos, por ejemplo, US$20.000 millones a un grupo de países, si ampliamos el comercio bajando los aranceles a cero a nuevos países, necesariamente vamos a exportar más, a la vez que importamos más. ¡Mecanicismo absoluto! En particular, nada garantiza que la exportación se va a producir, mientras el análisis se mantenga a un nivel macro. Abrir el comercio abre oportunidades, pero no garantiza la capacidad del productor nacional de exportar a los nuevos países.

El modelo le da forma numérica a la confusión entre oportunidades y capacidad para exportar. Si hoy exportamos US$20.000 millones a los actuales socios comerciales, no hay nada que fundamente que vamos a exportar US$4.000 millones, US$5.000 millones, o algo similar, a los nuevos países, sólo porque estos tienen capacidad de compra. Lo que presenta el documento es un cálculo macro, global, de carácter mecánico sin apego a la realidad. No tiene absolutamente nada relacionado con una evaluación micro sobre la realidad competitiva de los diversos sectores productivos nacionales. Lo único que nos permitiría afirmar que podemos exportar más al área del Transpacífico, serían evaluaciones producto por producto que nos muestren su eficiencia, sus costos de producción, la calidad de los productos y otros aspectos de competitividad. Además, habría que estudiar si nuestro país ofrece las condiciones de contexto apropiadas para que la nueva exportación pueda salir oportunamente y al costo adecuado. Es decir, evaluar, por ejemplo, el estado de nuestras carreteras, puertos, aeropuertos, además del ambiente institucional (como trámites y factores relacionados).

Observando el documento en detalle notamos que COMEX se pega un tiro en el pie, porque acepta que en el proceso de apertura pueden existir ganadores y perdedores. En la figura 10 del documento, que reproducimos a continuación, se muestran los porcentajes de disminución o crecimiento que tendrían los sectores productivos, según su cálculo. Resulta que la figura admite que las oportunidades para el sector agrícola y la ganadería no existen, porque estima que, en lugar de crecer, su nivel de producción bajaría (es decir, tendría porcentajes negativos de variación con el Tratado). Esto se destaca con un recuadro rojo. Por el contrario, los sectores de producción ubicados en zona franca, destacados en la figura con un recuadro azul, aumentarían su producción. En consecuencia, según el modelo de simulación, el Tratado sería una herramienta para reproducir la estrategia actual de apertura que ha favorecido la producción de ensamblaje ubicada en zonas francas, mientras destruye a la agricultura y la ganadería, que son los sectores que le ofrecen más potencial de crecimiento al país. Remata la figura con una declaración de derrota: indica que el crecimiento adicional del PIB que produciría el Tratado sería de un 0,34%. Se interpreta que esa expansión se lograría luego de aplicados los instrumentos del Tratado, por lo que el cálculo se refiere a lo que se lograría en varios años. Obtener un crecimiento de la economía del 0,34% después de 3, 4 o 5 años sería absolutamente insignificante. Hoy el PIB crece al 3,5% anual, lo cual es un porcentaje malo. Agregarle a eso 0,34%, luego de varios años, es prácticamente nada. El país necesita, basado en una nueva estrategia productiva, liderado por el sector agropecuario, porcentajes de crecimiento anual en el rango del 6% al 8%, durante dos o tres décadas, de manera constante. Sólo así superaríamos el bajo nivel de ingreso por habitante que tenemos, y lograríamos acercarnos a economías que hoy tienen un nivel de ingreso promedio relevante, como Noruega, Suecia, Corea, Países Bajos, etc. Con ese crecimiento que ofrece COMEX con el Tratado del área del Transpacífico no nos movemos, ni un milímetro, del atraso en que estamos.