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Etiqueta: arte comprometido

Constantin Meunier: el artista de los obreros

Gabe Abrahams

Constantin Meunier fue un escultor y pintor belga de gran importancia en el arte contemporáneo. Su obra le convirtió en la voz visual de los obreros del siglo XIX.

Constantin Meunier, cuyo nombre completo era Constantin Émile Meunier, nació el 12 de abril de 1831 en Etterbeek, Bélgica, en el seno de una familia de artistas. Entre sus hermanos, destacó el grabador y dibujante Jean-Baptiste Meunier.

Constantin Meunier se decantó por las artes rápidamente y empezó a asistir a las clases de dibujo impartidas por su propio hermano Jean-Baptiste. En 1845, ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de Bruselas. Y, desde 1848, asistió a las clases del escultor Louis Jehotte.

Meunier completó su formación con el escultor Charles-Auguste Fraikin y el pintor François-Joseph Navez, ambos seguidores del estilo neoclásico.

En la década de los años cincuenta, Constantin Meunier se volcó con las obras de carácter religioso y hasta bien entrada la siguiente década las priorizó. Dos de sus mejores pinturas religiosas de ese periodo fueron Le Bénitier (1854) y Funérailles d’un trapiste (1860).

En medio de esa devoción hacia la religión, en 1862, Meunier se casó con Marie Victorine Léocadie Gorneaux, una pianista francesa, con la cual tuvo varios hijos.

Ya en 1868, Constantin Meunier se unió a la Sociedad Libre de Bellas Artes y, un año después, a la Sociedad Internacional de Grabadores. Y, en esas sociedades, descubrió el avance imparable del Realismo.

Pasado un tiempo, en 1878 y 1880, Meunier viajó a dos regiones industriales de Bélgica y, en la minera Borinage, conocida como el País Negro, observó la situación inhumana de los obreros, especialmente de los mineros, lo cual despertó su conciencia social.

Impactado por la situación, decidió darla a conocer a través de sus obras, apostó por el Realismo Social y pasó a ser un militante socialista entregado a la causa.

El artista relató su dura experiencia en las regiones industriales con estas palabras: “Entonces la casualidad me llevó a la región negra, la región industrial. Me impactó la belleza trágica y feroz… Una inmensa compasión me invadió”.

A raíz de todo eso, Constantin Meunier se convirtió, en definitiva, en el gran representante del mundo obrero en el campo del arte, tanto a través de la pintura como de la escultura. Y, de hecho, gracias a su legado obrerista, pasó a la posteridad como la voz visual de la realidad de los trabajadores del siglo XIX.

Entre las pinturas más logradas de Meunier sobre el mundo obrero, se incluyen La Descente des mineurs dans la bure (1882), Trois hiercheuses (1885), Au pays noir (hacia 1893), Le Retour des mineurs, Le Pays noir: Borinage, etc.

Y, entre sus esculturas más destacadas dedicadas a los trabajadores, sobresale de forma muy notable el Monumento al Trabajo de Bruselas, el cual se inició alrededor de 1890.

Dentro de este impresionante conjunto escultórico que lleva el nombre de Monumento al Trabajo, aparecen esculturas cargadas de simbolismo que merecen una atención especial. En la parte delantera del monumento, se erige La Maternidad (el futuro). En los tres ángulos restantes, se encuentran El Anciano (el pasado), El Minero (el viaje a las entrañas de la tierra) y El Herrero (el saber técnico y la creación). Y sobre estos, está El Sembrador (el cultivo y la producción). En los bajorrelieves laterales, las esculturas exaltan parcelas del mundo obrero como el puerto, la mina, la industria y la cosecha.

No es extraña la carga simbólica incorporada por Meunier a una obra del Realismo Social como el Monumento al Trabajo, ya que el artista belga fue masón y, por tanto, estudioso de los símbolos.

Meunier consta como iniciado y miembro de la logia Les Amis Philanthropes del Gran Oriente de Bélgica, logia fundada en 1798 y centro de unión de hermanos masones de la talla del arquitecto Victor Horta o del Premio Nobel de la Paz Henri Lafontaine (1913). Uno de los maestros de pintura de Meunier, François-Joseph Navez, también había sido iniciado como aprendiz en la misma logia el 25 de marzo de 1834.

Desde octubre de 1882 hasta abril de 1883, Constantin Meunier estuvo en España y se dedicó a copiar el célebre cuadro Descendimiento de Pedro de Campaña, nombre españolizado del pintor belga Pieter Kempeneers, y a realizar pinturas no exentas de interés como Factoría de Tabaco en Sevilla (1883).

Después de regresar a Bélgica, Meunier fue nombrado profesor de la Academia de Lovaina e inició un conjunto de esculturas que dieron vida al citado Monumento al Trabajo.

Ya en 1896, el artista también presentó su obra en la Galería Art Noveau de París, siendo ayudado para ello por el arquitecto y decorador belga Henry Van de Velde.

Meunier no cesó de trabajar en nuevos proyectos en sus últimos años de vida, a la vez que recibió cada vez más reconocimientos. Fue elegido miembro de la Academia Real de Bélgica en 1900 y se le otorgó como pintor la medalla de bronce en la Exposición Universal de 1889 y como escultor el gran premio de las exposiciones universales de 1889 y 1900.

Socialista militante y masón en activo hasta el final, Constantin Meunier falleció el 4 de abril de 1905 en Ixelles, Bélgica, siendo enterrado en el cementerio de esa localidad.

El artista dejó tras de sí un gran legado, enorme, el cual se encuentra a día de hoy repartido en unos cuantos museos como el Museo Constantin Meunier de Ixelles, la localidad en la que nos dijo adiós.

La influencia de Meunier en el arte contemporáneo es grande, y se podría decir que su influencia dentro del arte obrero no conoce igual.