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Etiqueta: complicidad institucional

Los intocables y los cómplices de la política global

Juan Huaylupo[1]

En nuestra casa nacional estamos viviendo una experiencia, no conocida en la historia costarricense, el tener un gobierno que se burla de la ciudadanía, atentando contra ella, lo hace con la participación y complicidad de funcionarios públicas que complacen a la tiranía, a la que temen. Los ejecutores de las acciones contra personas de su propia clase e intereses asumen inocencia por cumplir órdenes, pero son culpables, como los decisores y gobernantes que obedecen y protegen.

La historia está plagada de inocentes, corruptos, traidores y criminales al servicio de gobernantes tiranos, que participan en innumerables delitos, como múltiples son los pretextos para reprimir, secuestrar o desaparecer a las personas por ideas, etnias, religiones, ideologías, culturas, migrantes, miedos, o por la apropiación de territorios ajenos. Los ejecutores de los vejámenes y crímenes de lesa humanidad son los subordinados y los delincuentes. Las víctimas y victimarios son instrumentos del despotismo totalitario.

La política fundada en el miedo distorsiona y niega la libertad y la democracia, como impide imaginar un mundo sin regulación y coacción, como en la libertad de no tener miedo en sociedades del miedo. Al parecer la historia se repite aquí como caricatura, como nos recuerda Erich Fromm “… hemos debido reconocer que millones de personas, en Alemania, estaban tan ansiosas de entregar su libertad, como sus padres lo estuvieron de combatir por ella”. La libertad, esa utópica esperanza antagónica a los miedos, es quizás la ilusión cada vez más olvidada de la humanidad.

Es una obviedad el afirmar que las tiranías de todo tipo, así como las guerras, se sustentan en funcionarios incondicionales y de otros dispuestos a todo, que ejecutan ordenes, pero también habrá que reconocer, que en la manipulación de la historia han omitido los infinitos casos, donde la desobediencia permitió desenmascarar culpables y revelar injusticias, así como evitar tragedias o poner fin a guerras.

Evidenciamos una violencia verbal gubernamental de odio permanente contra la ciudadanía y la institucionalidad pública, como infames son los calificativos a quienes demandan y protestan por las obligaciones incumplidas del Estado en salud, educación, seguridad, así como con la protección a las mujeres, niños, jóvenes, migrantes y poblaciones originarias. La liquidación de la institucionalidad pública que efectúa el cogobierno no destruye entidades bajo su control, lo hace contra las políticas públicas, que fueron creadas históricamente por las necesidades y las problemáticas sociales que no han desaparecido. El gobierno se enfrenta ilegal, ilegitima y cobardemente contra las poblaciones que tiene el deber de proteger y amparar, en la inequidad y la desigualdad existente que ha agudizado.

Es una lástima que los funcionarios de la institucionalidad pública sean impasibles ante las prácticas de jerarcas que violentan sus obligaciones, mientras sus obedientes subalternos no están eximidos de culpabilidad ni de las consecuencias de sus propios actos. Los autócratas destruyen nuestra precaria democracia, sin cuestionamiento por los abusos contra los derechos ciudadanos y constitucionales. Al parecer los inmunes, luego de los juegos de poder, concertan en coexistencia pacífica, mientras …

Es patológica la actuación de individuos que, desde poder estatal, atentan contra la calidad de vida de una población y los valores nacionales, como es, de cobardes insultar, difamar y mentir contra los ciudadanos, cuando dispone de todos recursos del poder para ampararse y ser intocables.

Las tiranías del presente arguyen ser demócratas y a todos que los cuestionen les dicen izquierdistas, -aunque no es ningún problema ni un delito- o cualquier calificativo que los degradan o los condenan, cuando precisamente es lo inverso. La democracia implica el respeto a la heterogeneidad de pensamientos, análisis y posiciones, porque las personas y las realidades son diversas, como sus desenvolvimientos y perspectivas, así como, por existir intereses y tendencias contradictorias en un universo desigual e inequitativo. Si bien, la igualdad es una utopía, porque no somos robots, ni poseemos idénticas culturas, ni deseamos ni aspiramos lo mismo, pero no implica enfrentarnos e intentar liquidarnos, porque los tiranos han mostrado, hoy y siempre ser capaces de destruir sociedades y civilizaciones.

La democracia supone y requiere del diálogo, para negociar, conciliar o disentir, porque somos interdependientes y convivimos en el mismo espacio social, económico y político. Así, creer que empobrecer y destruir a unos, será el enriquecimiento y la usurpación de otros, es una visión que también un economista premiado, James Buchanan, creía que “una situación ideal” es “dominar un mundo de esclavos”. Sin duda, una ignorante y estúpida posición, además de ser una regresión cognoscitiva e histórica.

El disidente no merece ningún calificativo que afecte su integridad, capacidad ni derechos, pero suponer que la verdad es la enunciada por el poder gubernamental, y que los críticos están equivocados, que deben callarse, irse o ser aislados, es precisamente la posición antidemocrática y totalitaria que se observa tendencialmente aquí y en la globalidad imperial.

[1] Catedrático jubilado. Facultad de Economía. Universidad de Costa Rica.

La traición del aula: El abuso de poder disfrazado de consentimiento

Anais Patricia Quirós Fernández.

MSc. Anais Patricia Quirós Fernández
Especialista en la Enseñanza del Idioma Inglés

Estudios en Género, Diversidad y Derechos Humanos
Diplomada en Cambio Climático y Gestión Integral del Riesgo de Desastres

¿Docentes o amantes, quienes comparten los salones de clase con el estudiantado?

En el siguiente ensayo, tocare un tema repugnante, que se repite una y otra vez. Situaciones que se viven en diferentes centros educativos y universitarios, que requiere la atención de las autoridades en un tono de cero tolerancias, señalando que no se trata de “historias de amor”, sino de una quiebra absoluta de la ética profesional y, en muchos casos, de un abuso de poder. Después de 30 años en las aulas, he comprendido que la forma más despreciable de corrupción no es el desvío de fondos sino el desvío de destinos.

El contrato roto: de la excelencia al abuso

Toda institución de educación superior se fundamenta sobre pilares de integridad. Por ejemplo, si analizamos la Misión de una universidad moderna, encontramos conceptos recurrentes: «Formar profesionales líderes, éticos y comprometidos con el bienestar social». Su Visión suele proyectarse como «Ser un referente de excelencia académica, valores humanos y un espacio seguro para la innovación intelectual».

Estas palabras no son adornos en un sitio web; son un contrato social. La universidad como otros centros educativos se vende a los padres y a la sociedad como un santuario del saber, un ecosistema donde el estudiante es la prioridad y su crecimiento está resguardado por la guía experta de sus maestros.

Sin embargo, esta estructura de valores se desmorona cuando el docente- el custodio de esa misión- decide instrumentalizar su posición de poder para fines personales, afectivos o sexuales. Es entonces, cuando la misión se pervierte pasando de la formación a la subordinación transformándose en una traición ética.

Cuando la visión del centro educativo se nubla, este deja de ser una guía para convertirse en un terreno de caza donde los depredadores encuentran su fuente con acceso ilimitado a sus víctimas bajo el disfraz de la “mentoría”.

Es aquí donde debo aclarar la trampa de la asimetría, ¿Por qué el estudiante siempre es la victima?

A menudo, los agresores y las instituciones cómplices intentan diluir la responsabilidad alegando que, en el ámbito universitario y otros centros educativos, se trata de «dos adultos que consienten». Esta premisa es una perversión de la realidad. El estudiante siempre es la víctima por tres razones fundamentales que el mentor abusador utiliza a su favor:

  1. El aula no es un bar ni una red social; es un espacio de jerarquía intelectual. El docente posee el conocimiento, el prestigio y la autoridad.
    • El estudiante entra en la relación desde un lugar de admiración y búsqueda de validación.
    • El mentor abusador confunde deliberadamente esa sed de conocimiento con atracción personal, utilizando su «brillantez» como una herramienta de seducción y manipulación emocional.
  1. En una universidad, el docente es juez y parte. Tiene el poder de:
    • Otorgar o negar calificaciones.
    • Recomendar (o vetar) al estudiante en círculos profesionales y becas.
    • Validar la capacidad intelectual del alumno frente a sus pares. Incluso si no hay una amenaza directa, la presión sutil siempre está presente: el estudiante sabe que rechazar al mentor o terminar la relación tiene consecuencias reales en su carrera. No se puede elegir libremente cuando el sustento de sus sueños está en manos de la otra persona.
  1. Cuando se unen, la madurez en desarrollo con la experiencia depredadora aparece una brecha de experiencia vital que el mentor utiliza para su beneficio. Mientras el estudiante está navegando por la formación de su identidad profesional y personal, el docente ya es un individuo establecido que conoce perfectamente los límites éticos que está decidiendo romper. El mentor posee la ventaja estratégica y sabe como leer las inseguridades del alumno y como manipular las emociones volviéndose el único que entiende y escucha, moviendo como la araña, la tela para que un insecto caiga y así devorarlo luego.
  2. El abusador, suele envolver la relación en un resplandor de «clandestinidad especial», haciendo creer al estudiante que son una excepción a las reglas. Este secreto no es para proteger el amor, sino para desarmar al estudiante. Ya que, al mantener la relación oculta, el mentor priva a la víctima de su red de apoyo y de la posibilidad de compartir con terceros tal secreto como también protegerse de que las autoridades institucionales o su familia, se enteren, pues la mayoría tienen esposa, esposo, o hijos.
    • Cada vez que se salta de la mentoría al abuso; se rompe la barrera profesional, no solo se falta al código de ética personal sino se invalida la razón de existir de la universidad. No existe “consentimiento” válido cuando una de las partes tiene el poder de elegir el futuro académico, la reputación y la validez intelectual de la otra en una forma tan poco profesional. Dejando en evidencia el uso de la cátedra como una plataforma de seducción que, en términos llanos, no es más que una malversación de autoridad. La forma más baja de esta corrupción no es solo el acto en sí, sino la perversión del rol.
    • El aula deja de ser un espacio seguro para convertirse en un terreno de caza. La confianza del estudiante se fragmenta: ya no sabe si sus notas son por su esfuerzo o por su «disponibilidad», ocurriendo la desintegración de la confianza.

Lo más triste es ver como estos eventos convierten la formación académica en un mercado negro, donde el estudiante debe pagar para avanzar o le es imposible competir contra quienes fueron elegidos, lo que ensucia cualquier logro futuro.

Algo que agrieta muchísimo más es cuando otros docentes conocen la situación y entre copas lo llaman “carisma”, “líos de faldas” o muestran el logro llamándolo “mi hato”, normalizando la depredación. Esa es la verdadera fusión de la corrupción: cuando el mismo sistema autoriza y protege al abusador para no dañar la “reputación” del centro educativo, haciendo del silencio un cómplice. No se le puede llamar educación, es un sistema de transacción disfrazado de pedagogía donde el intelecto es el anzuelo y la confianza es la primera víctima que se sacrifica en el altar del abuso. En el que el intelecto del docente se convierte en un arma de acecho y la confianza del estudiante en una vulnerabilidad explotable.

Como conclusión, la academia no puede seguir siendo el refugio de depredadores disfrazados de intelectuales. El aula es un espacio sagrado de transformación, no un mercado de favores. Cada vez que se usa poder, el intelecto o la jerarquía para seducir, comprar o vulnerar a quien se debería proteger, se traiciona la esencia misma de la vocación. Quien intercambia cualquier elemento con un o una estudiante por silencio, no es un académico; es un parásito del sistema educativo. Nuestra trayectoria de décadas no es una patente de corso para el abuso, sino una responsabilidad mayor de vigilancia ética.

«Escribo estas líneas no desde el rumor, sino desde el archivo del dolor que he custodiado por años. En mis gavetas y en mi memoria pesan nombres y apellidos, fechas exactas y eventos que la burocracia institucional prefirió archivar bajo el polvo de la indiferencia. Lo que más me aterra no es solo la existencia del depredador, sino el eco del vacío que encontraron los estudiantes de secundaria y universitarias, que buscaron ayuda y recibieron la espalda por respuesta”.

Por eso, mi compromiso con estas líneas es el de la memoria activa:

  • A las instituciones y autoridades: Guardar silencio ante el abuso no es ‘proteger la imagen de una institución’, es ser cómplice necesario de un delito. Las declaraciones de quienes fueron ignorados están ahí, latentes, y mi pluma no descansará hasta que el sistema de formación sea, por fin, un lugar donde el intelecto no sea el anzuelo de un abusador.
  • A las víctimas que alzaron la voz y no fueron escuchadas: Su palabra no cayó en saco roto. Aunque el sistema les falló, la ética docente no ha muerto. Este artículo es un escudo para las que vienen y un megáfono para el silencio que les impusieron.

No busco venganza, busco higiene. Porque mientras existan docentes que tasen el futuro en favores, y autoridades que vigilen el prestigio en lugar de la integridad de sus alumnos, la academia seguirá siendo una farsa. No callaré, porque el silencio es el oxígeno de la impunidad.»

«En el aula, el consentimiento no es un acto de libertad, sino un subproducto del poder. Donde hay una nota de por medio, una carta de recomendación o un futuro profesional en juego, la libertad de decir ‘no’ está secuestrada por el miedo a las consecuencias.»

Imágenes ilustrativas aportadas por la autora.