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Etiqueta: Cuba

Hagamos que estos cubanos lleguen a su destino

Rafael Ugalde

 

No es una solución difícil; es más fácil de lo que pensamos. Pero, paradójicamente lejana, si no actuamos como latinoamericanos, como la gran patria de Martí, Bolívar, Mariátegui. Nuestros hermanos cubanos de paso hacia Estados Unidos son el reflejo, por un lado, de las difíciles condiciones económicas dejadas por más de 500 años de inclemente saqueo de nuestros países, y por el otro, que se presenta en calidad de víctimas, de un imperio que, a pesar del dialogo con Cuba, mantiene una ley de coloniaje llamada de “ajuste cubano” que sólo ha servido a la propaganda y a los más bajos intereses contra la Revolución Cubana. No es Cuba, Ecuador, Nicaragua, Colombia o Panamá, para poner unos pocos ejemplos, los que han promovido históricamente la emigración ilegal con fines políticos de cubanos. Conozco esta realidad y me consta que atrás de la Ley de Ajuste Cubano se mueven millonadas de dólares. Es un negocio de rangos distintos donde todos ganan.

No veo cuál es el miedo de nuestro gobierno de buscar la ayuda logística de Nicaragua, Honduras, Guatemala etc., para que los cubanos lleguen a su destino final, al fin y al cabo la Ley de Ajuste Cubano sigue en vigencia.

Salieron legalmente de Cuba y quieren hacer su vida en Estados Unidos y lo menos que podemos hacer es dar contenido a este derecho humano de estos hermanos cubanos, del que Costa Rica es respetuoso, una y otra vez, así dicho por nuestro canciller y Presidente de la República.

Cualquier otra “salida” que no sea poner en tierra estadounidense a quienes salieron legalmente de Cuba lleva, irremediablemente, a politizar esta masiva migración, como ya lo están intentando los medios locales inspirados en una CNN que se ha convertido en la abanderada número uno de las peores causas en nuestra América.

Como pueblo no podemos negar la solidaridad a estos latinoamericanos varados en la frontera con Nicaragua, pero a la vez exigiendo a nuestros gobernantes no se presten más a viejos juegos políticos para seguir difamando la Revolución Cubana.

Hagamos que estos cubanos lleguen a su destino.

 

*Imagen con fines ilustrativos.

Enviado a SURCOS Digital por Marcela Zamora Cruz.

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El mensaje de una ceremonia inolvidable

Ricardo Alarcón de Quesada*

 

Especial para CLARIDAD

 

Ver la bandera de la estrella solitaria otra vez alzada en la Embajada cubana en Washington trae inevitablemente el recuerdo de quienes no pudieron asistir a una ceremonia por cuya realización, sin embargo, dieron generosamente sus vidas. Son muchos, cubanos, estadounidenses, puertorriqueños e hijos de otras tierras, los ausentes que asaltan la memoria y, vencedores del olvido, incitan a escribir estas rápidas reflexiones.

Mencionaré sólo a uno que a todos sintetiza. Carlos Muñiz Varela, quien hizo suyas y defendió hasta el último aliento dos insignias hermanas. Él tampoco asistirá, pero su presencia será imborrable, el día no lejano en que la enseña boricua se levante, libre, orgullosa y solitaria, en la capital norteamericana.

El restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos es ante todo una gran victoria del pueblo cubano y también de la solidaridad internacional. No se habría llegado a ese día sin la abnegada y heroica resistencia antillana frente al bloqueo económico que aún persiste y constituye el genocidio más prolongado de la Historia. Tampoco habría sido posible sin la exigencia unánime de los países de América Latina y el Caribe y de incontables amigos solidarios en Norteamérica y en otras partes.

Se pudo alcanzar este acuerdo, sobre todo, porque el continente vive una época nueva y los intentos por aislar a Cuba fueron derrotados y terminaron aislando totalmente a Washington. Hace medio siglo el Imperio forzó a todos los miembros de la OEA, salvo a México, a romper con Cuba, pero ahora, cuando reabre su Embajada en La Habana, encontrará aquí que, desde hace tiempo, todos los demás habían regresado y el poderoso vecino era quien estaba en la absoluta soledad que ahora quiere superar.

De Martí viene a los cubanos la obligación de respaldar el derecho de Puerto Rico a su independencia. Que Cuba flaquease en el cumplimiento de ese deber fue durante muchos años una de las principales demandas norteamericanas para normalizar las relaciones. De hecho, ésa fue la exigencia más duradera, pues otras condiciones igualmente inaceptables, como los vínculos con la URSS o el apoyo a los movimientos de liberación en África y Centroamérica, hace décadas fueron superadas por la historia.

Cuba nunca renunció a la solidaridad con la causa nacional puertorriqueña. No lo hará jamás y Washington lo sabe.

Por eso esta victoria cubana pertenece también a Puerto Rico y se produce cuando la isla hermana enfrenta una coyuntura definitoria, luego de que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) ha reafirmado que el caso de Puerto Rico es parte de su propia Agenda y avanza un apoyo internacional indispensable que debe hacerse cada vez más resuelto y eficaz.

El actual estatus colonial fue rechazado por la mayoría absoluta de la población en el plebiscito de noviembre de 2012 y todos reconocen que su modelo económico se derrumba y Puerto Rico sufre una profunda crisis de la que sólo podrá salir con el pleno ejercicio de la soberanía y la independencia.

Estados Unidos tiene una responsabilidad insoslayable y debe ejercerla si quiere mejorar sus vínculos con nuestro Continente. El imperio yanqui se apoderó de Puerto Rico por la fuerza en 1898 y desde entonces la trata como territorio que le pertenece, como a una posesión suya, es decir, una colonia. El presidente Obama, profesor de Derecho Constitucional, conoce que el colonialismo es ilegal y que las potencias coloniales, de acuerdo con las normas internacionales, tienen el mandato de devolver a los pueblos sometidos todos los poderes que detentan. Debe dar los pasos que le incumben para que el pueblo puertorriqueño asuma sus inalienables derechos nacionales y lo haga por sí mismo, libremente, sin intromisiones ni presiones foráneas. Debería apoyar una fórmula que cuenta hoy con muy amplio consenso, la realización de una Asamblea Constituyente en la que participen todas las corrientes de opinión boricuas y cuyos trabajos y resultados Estados Unidos se comprometa a respetar.

Hay otras cuestiones que el presidente Obama está en plena capacidad de resolver y respecto a las cuales tiene también una obligación ineludible. Poner en libertad inmediatamente a Oscar López Rivera, disponer que el FBI entregue toda la información que aún oculta respecto a los asesinatos de Santiago Mari Pesquera y de Carlos Muñiz Varela son decisiones que dependen enteramente de él y debe tomarlas ya, sin más dilación.

Estas medidas son acciones que puede emprender fácilmente ahora y están en sus manos precisamente porque Puerto Rico todavía es una colonia del Imperio que él preside. Sí se puede y él lo sabe.

 

* Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba de 1993 a 2013, Ministro de Relaciones Exteriores, y Embajador de Cuba en Naciones Unidas. Además, fue miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y su Buró Político.

 

Enviado a SURCOS Digital por Carlos Meneses.

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