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Etiqueta: defensoras ambientales

El fuego del amor consciente: Rebeca y la defensa del río Montezuma

«La protección de la naturaleza no se decreta desde la comodidad de los escritorios oficiales; se defiende en el territorio cuando los ciudadanos asumen el coraje de denunciar el desprecio y la destrucción».

Por Jaime E. García González, Dr. sc. agr.
Profesor catedrático jubilado UNED y UCR
Miembro de la Red de Coordinación en Biodiversidad (RCB) y de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza de América Latina (UCCSNAL)
biodiversidadcr@gmail.com

A propósito de las denuncias ambientales en la península de Nicoya y el reciente reconocimiento otorgado a la activista; una mirada crítica sobre el impacto de la gentrificación, el inmovilismo institucional y la urgencia de la fiscalización ciudadana.

Hay luchas socioambientales que nacen de la estricta necesidad material, pero hay otras, más profundas, que brotan de la coherencia ética y el arraigo territorial. La defensa de la cascada y el río Montezuma, en el distrito de Cóbano de Puntarenas, personifica este segundo escenario.

Las alarmantes intervenciones en una zona ambientalmente tan sensible, marcadas por la tala ilegal de hileras de árboles y movimientos de tierra, han encontrado un dique de contención definitivo en el coraje de la vecina Rebeca Montero Castro.

Su voz se ha levantado con firmeza para plantear una interrogante incómoda que exige respuestas inmediatas del Estado: «¿Quién se va a hacer responsable de este maltrato a la naturaleza?».

En un video difundido de forma directa por la propia comunidad, Rebeca señaló con indignación la tala indiscriminada de árboles y la apertura arbitraria de un claro justo al frente de la cascada de Montezuma.

A través de este registro de denuncia audiovisual, la activista cuestionó con severidad que este tipo de acciones destructivas puedan ejecutarse de manera impune en una zona ambientalmente tan sensible y con una alta densidad de flora y fauna nativas, donde los pobladores locales poseen una -de verdad- arraigada conciencia ecológica de protección.

El origen de este ecocidio en la península de Nicoya responde a una lógica mercantil de exclusión agresiva. Bajo el amparo de la gentrificación y la búsqueda de un lucrativo «ocean view» impulsado por el poderoso caballero don dinero, se introdujeron tractores y se provocó la caída de rocas hacia el cauce del río y el sendero turístico.

Esta preocupante destrucción no solo arruina el paisaje. También compromete la estabilidad del terreno, altera la flora y fauna de la zona y amenaza directamente la seguridad de las personas que visitan uno de los patrimonios naturales más emblemáticos del país.

Atentar contra este ecosistema es destruir la gallina de los huevos de oro que sostiene buena parte de la actividad turística y la vida comunitaria.

La parálisis del SINAC y la respuesta comunal

El verdadero rostro de la crisis ambiental costarricense es la impunidad propiciada por el inmovilismo institucional. A pesar de que los vecinos informaron oportunamente a las autoridades sobre la construcción de gaviones y traslados de material pesado ocurridos entre agosto y noviembre de 2025, el Estado hizo la vista gorda, tal como consta en la pormenorizada reseña publicada por el diario SURCOS Digital («Comunidad de Montezuma denuncia daños al río y la cascada…») y el Semanario Universidad («SINAC confirma afectación de patrimonio natural por intervenciones en catarata de Montezuma»).

La parálisis del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) obligó a la comunidad organizada y al Comité de Vigilancia de los Recursos Naturales (COVIRENA Cabo Blanco – Ario) a interponer la denuncia N.º 37.797 ante el Sistema Integrado de Trámite y Atención de Denuncias Ambientales (SITADA) para frenar la destrucción de la cobertura forestal dentro del margen de protección hídrica.

Frente a la pasividad estatal, la respuesta civil se ha consolidado a través de una masiva petición ciudadana en línea respaldada por las asociaciones de desarrollo de Santa Teresa, Mal País y Montezuma. El río Montezuma forma parte del Programa Bandera Azul Ecológica, un galardón conquistado colectivamente por el pueblo durante años de esfuerzo comunitario que hoy se encuentra en grave riesgo por la desregulación, según detalla el informe de prensa.

Por ello, las exigencias de Rebeca superan la simple protesta. La ciudadanía reclama acceso público a los estudios de impacto ambiental y demanda una inspección de campo urgente acompañada por los vecinos para garantizar la restauración del ecosistema agredido.

El reconocimiento al coraje ecologista

La valentía de defender la vida invisible no pasa desapercibida para el movimiento social del país. En un emotivo acto público, el movimiento ecologista Bloque Verde otorgó un merecido reconocimiento y homenaje a Rebeca por haber tenido el valor civil de registrar con su celular los destrozos, levantar la alerta y avivar el fuego de la organización.

Su testimonio constituye una profunda lección de dignidad para una sociedad adulta habituada al desapego: «Siento como que hice caso a mi corazón y eso era lo correcto. Actué desde el amor, porque todo lo que sea una lucha desde la conciencia, desde el amor, desde el respeto a la naturaleza, es algo de todos».

El Gobierno actual no puede permitir que el capricho del dinero pase por encima de las leyes de protección forestal. Nuestra patria se hace más fuerte cuando defiende sus bienes comunes y protege la integridad de sus agroecosistemas.

Es hora de que los inquilinos transitorios de los despachos públicos dejen la estridencia, salgan a los territorios periféricos y asuman con responsabilidad el mandato de proteger la trinchera fundamental de nuestra biodiversidad.

Tal como lo demostró de forma valiente Rebeca Montero Castro, si vemos que algo destructivo está ocurriendo, nuestro deber es gritar ayuda y organizarnos para que nadie quede atrás.

Solidaridad con Stella Chinchilla

Costa Rica, 13 de enero de 2026. Desde los colectivos, movimientos sociales y organizaciones aquí firmantes, alzamos la voz con profunda preocupación ante el señalamiento público y la exposición mediática que hoy enfrenta nuestra querida compañera, comunicadora y activista Stella Chinchilla. Lo que se intenta instalar en la opinión pública no es únicamente una acusación sin sustento probado: es un mensaje de amedrentamiento dirigido a quienes se atreven a incomodar al poder.

Stella es una mujer comprometida que ha puesto su voz, su tiempo y su cuerpo al servicio de causas colectivas: la defensa de la vida, del ambiente, de los territorios y de las comunidades históricamente ignoradas. Su trabajo como comunicadora nace desde el afecto, la cercanía y la convicción ética de qué informar y acompañar también es una forma de cuidar. Pretender vincularla con un delito gravísimo, sin indicios ni elementos verificables, constituye un acto de violencia política y simbólica que no podemos ni debemos normalizar.

Los supuestos “indicios” y los insumos de la denuncia que han sido filtrados públicamente no corresponden a un plan ni siquiera mínimamente creíble. Por el contrario, presentan rasgos burdos, prefabricados y carentes de rigor, y que carecen de lógica y seriedad. Resulta poco creíble que, en una época de tecnologías avanzadas y capacidades técnicas reales, se pretenda sostener una acusación de esta naturaleza a partir de audios y mensajes de WhatsApp. Subestimar de ese modo la inteligencia social resulta inaceptable.

Por otro lado, la actuación de cuerpos como la Unidad Especial de Intervención (UEI) y la DIS ha sido reiteradamente cuestionada en contextos de conflicto socioambiental. En numerosas comunidades del país se ha documentado su presencia para el seguimiento de personas y colectivos considerados “incómodos”, mediante prácticas de vigilancia abiertas o poco transparentes. En ese sentido, no sorprende que esta denuncia surja en un contexto electoral y previo a la visita del presidente Nayib Bukele, en un intento por instalar la narrativa de que el encarcelamiento y la mano dura constituyen la solución a problemas estructurales como el narcotráfico y la violencia.

Este hecho no ocurre en el vacío. Forma parte de un patrón cada vez más evidente de hostigamiento, estigmatización y persecución contra personas defensoras ambientales y sociales en Costa Rica, muchas de ellas señaladas, amenazadas o judicializadas por enfrentar intereses económicos y decisiones gubernamentales que ponen en riesgo bienes comunes. El mensaje es claro y profundamente peligroso: se puede montar cualquier denuncia sin mayor sustento y dañar gravemente la imagen pública de quienes se organizan, cuestionan o se oponen al poder.

Además, no es casual que hayan escogido a Stella Chinchilla como nuevo blanco de sus ataques. Su selección revela un componente profundamente misógino y patriarcal, coherente con un clima político que ha normalizado el ataque a las mujeres que piensan, cuestionan y se organizan. Atacarla a ella no es solo intentar silenciar su trabajo, sino amenazar de forma ejemplarizante a comunicadores independientes, activistas y ecologistas, y debilitar de paso a la oposición política y a la democracia costarricense.

Stella encarna el perfil que el autoritarismo prefiere atacar: mujer, madre soltera, luchadora, crítica y pensante. Golpearla a ella es intentar sembrar miedo en muchas otras; por eso nuestra respuesta debe ser colectiva, firme y sin concesiones.

Denunciamos que este clima ha sido alimentado por discursos y prácticas provenientes del propio poder político, que presentan a activistas y voces críticas como enemigas, obstaculizadoras o amenazas, debilitando la legitimidad de la defensa socioambiental y erosionando las bases democráticas del país.

Solicitamos a los medios de comunicación mayor rigor, responsabilidad y ética profesional, para que no se presten a este montaje, mantengan un enfoque balanceado y no pierdan de vista que esta acusación se inscribe en un patrón más amplio de acoso, descalificación y violencia contra periodistas, comunicadores y medios críticos.

Exigimos a las autoridades judiciales y políticas que se abstengan de utilizar el aparato institucional y mediático como herramientas de persecución y disciplinamiento social. Asimismo, demandamos el cierre definitivo de la policía política, ya sea en su versión DIS o UEI.

Hacemos un llamado urgente a la sociedad civil, a las organizaciones nacionales e internacionales y a los organismos de derechos humanos a mantenerse alertas frente a esta escalada de criminalización del activismo.

Nuestra solidaridad con Stella. La abrazamos con el cariño que se le da a quien cuida, acompaña y quien no ha dejado de creer en la fuerza de lo común incluso en los momentos más duros. No está sola. Defender el ambiente, la vida y los derechos humanos no es un crimen. Criminalizar a quienes lo hacen sí lo es.

Bloqueverde

Federación Costarricense para la Conservación del Ambiente (FECON)

Red de Coordinación en Biodiversidad

COECOCeiba-Amigos de la Tierra CR

Frente Eco Cipreses

Pronunciamiento Ecofeminista

El modelo extractivista que rige el desarrollo en Costa Rica se sostiene sobre una lógica de explotación que somete tanto a la naturaleza como a los cuerpos de las mujeres. La misma mentalidad que permite la destrucción de bosques, ríos, mares y territorios en nombre del «progreso» es la que reduce a las mujeres a meros recursos dentro de un sistema económico que invisibiliza sus aportes y precariza sus vidas. En este 8 de marzo, denunciamos que la devastación ambiental y la opresión de las mujeres son dos caras de un mismo sistema patriarcal y colonial que debe ser desmontado.

El derecho a un ambiente sano es un derecho humano fundamental, pero su acceso no es equitativo. Las mujeres, especialmente en comunidades rurales, costeras y las mujeres indígenas en las recuperaciones de tierra, enfrentan mayores obstáculos para acceder a recursos naturales, tierras, mares y agua potable, a pesar de que son ellas quienes sostienen las economías de cuidado y la producción de alimentos. La justicia ambiental no puede lograrse sin justicia de género; por ello, exigimos políticas públicas que garanticen la participación activa de las mujeres en la toma de decisiones ambientales y que reconozcan su rol esencial en la conservación de la biodiversidad y la protección de los bienes comunes.

Las mujeres en Costa Rica han estado al frente de innumerables luchas por la defensa del agua, los bosques, los mares y la soberanía de sus comunidades, enfrentándose a megaproyectos mineros, monocultivos y la expansión turística descontrolada. Sin embargo, muchas de ellas sufren amenazas, violencia y criminalización por resistir. Casos emblemáticos como el de María del Mar Cordero, asesinada en 1994 junto a otros ambientalistas de la Asociación Ecologista Costarricense (AECO), evidencian los riesgos que enfrentan las defensoras del medio ambiente en el país. De igual manera, la canadiense Kimberly Blackwell, reconocida por su trabajo en conservación, fue asesinada en su casa en Costa Rica en 2011.

La criminalización y las amenazas contra defensoras ambientales en Costa Rica son estrategias de intimidación utilizadas para silenciar la protesta y frenar la denuncia contra industrias extractivas. Casos como el de Sonia Torres, enjuiciada por la minera Posesiones Gran Galaxie S.A., o Marta Blanco, demandada por Ríos Minerales, evidencian esta realidad.

Las agresiones también incluyen ataques directos, como el sufrido por Erlinda Quesada, quien fue blanco de una bomba casera, después de una acción en la Ruta 32, tras denunciar el comercio ilegal de madera. Asimismo, activistas como Anacristina Rossi, Patricia Sánchez Lurueña, Marianela Fournier, Marta Castro Bolaños, y Kiana Waltraud, han recibido amenazas por su lucha en defensa del Refugio Gandoca-Manzanillo y la denuncia de proyectos destructivos.

Estos casos reflejan el riesgo que enfrentan las mujeres que defienden el medio ambiente y la urgencia de garantizar su seguridad y reconocimiento, y reflejan la impunidad que rodea la violencia contra defensoras ambientales y la urgencia de medidas de protección.

Este 8 de marzo, exigimos garantías para la seguridad de las defensoras ambientales, así como el reconocimiento de su labor como un pilar fundamental para la sostenibilidad del país. No puede haber justicia climática sin protección para quienes arriesgan sus vidas por el planeta.

El cambio climático no afecta a todas las personas por igual. En Costa Rica, las mujeres de comunidades costeras y rurales son de las más golpeadas por la erosión, la sequía y los desastres naturales que ponen en riesgo su seguridad alimentaria, su vivienda y su salud. Sin embargo, las estrategias gubernamentales siguen ignorando este impacto diferenciado, perpetuando la desigualdad de género en la crisis ecológica. Demandamos políticas climáticas con enfoque de género que atiendan las necesidades de las mujeres, fomenten su autonomía económica y garanticen su acceso a recursos esenciales.

Frente a la crisis ambiental y social, las mujeres han construido alternativas basadas en el cuidado de la vida, la agroecología y el manejo comunitario de los recursos naturales. Las redes de mujeres productoras, las guardianas de semillas y las defensoras de la soberanía alimentaria demuestran que es posible otro modelo de desarrollo, uno basado en la regeneración de la naturaleza y la equidad social. Apostamos por una economía feminista y ecológica que ponga en el centro la vida y no la acumulación de riqueza; una economía que valore el trabajo de las mujeres y su conocimiento ancestral para la protección de los ecosistemas.

Bloqueazul

Bloqueverde

Defensores de la Casa Común

Eco Bichotas

COVIRENA Caribe Sur

Costa Rica por el Océano

Grupo Organizado de Cabuya, Montezuma

Talamanca Siempre Verde

ProBae Cuencas Hidrológicas Ojo de Agua, Belén

Conmemoración de las vidas de las personas defensoras ambientales: Oscar Fallas, María del Mar Cordero, Jaime Bustamante y David Maradiaga

El 07 de diciembre de 2024 se llevará a cabo una conmemoración de las vidas de las personas defensoras ambientales, la cual tendrá entrada gratuita y se llevará a cabo En Sendero, de la esquina sur-este de la Antigua Aduana 50 metros al este, línea del tren, frente al Jardín de Lolita. El itinerario de ese día es el siguiente:

–       4:30 pm Jornada de la memoria: Testimonios, poesía, anécdotas y más.

–       7:30 pm Concierto: Cantos de batalla y memoria histórica musical.

Convocan:

–       BOQUEVERDE.

–       OILWATCH COSTA RICA.

–       FECON (Federación Ecologista).

–       Red de coordinación en biodiversidad.

–       Comunidades Ecologistas.

–       PROAL.