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Etiqueta: democratización del conocimiento

Shirley Campbell denuncia que literatura dominante excluye producción afrodescendiente

La antropóloga y poeta Shirley Campbell Barr alertó sobre la escasa participación de autores afrodescendientes en la producción editorial costarricense y recordó la importancia de incorporarlos tanto para reinterpretar nuestro pasado, como para completar la realidad nacional, la cual “no se consigue sin la voz afro”. Tales afirmaciones las manifestó durante la charla La feria del libro como espacio de memoria y pluralidad, con la que se inauguró la Feria Internacional del Libro Universitario (FILU), que se desarrolla en la Universidad Nacional (UNA) del 12 al 14 de marzo.

Aunque defendió las ferias de libros, también enfatizó que la escasa presencia de la literatura afrodescendiente en estos espacios responde a una combinación de factores que van desde elementos asociados con el canon hegemónico cultural, hasta barreras estructurales en la industria editorial y la invisibilización histórica de la experiencia africana y afrodescendiente.

Atribuye lo anterior, entre otras razones, al hecho de que la literatura dominante ha tendido a priorizar narrativas que no desafían los códigos culturales establecidos, con la consecuente marginación de contenidos. “Las experiencias negras y afrodescendientes son vistas a menudo como menos comerciales o relevantes en el mercado masivo, lo que limita su difusión”, agregó.

Otra barrera estructural que han contribuido a silenciar las voces afrodescendientes, recordó Campbell, es la menor representación en los catálogos editoriales que dominan los espacios feriales y cuestionó cuántos de estos autores hemos leído durante nuestra formación académica profesional, cuántos han sido protagonistas de las ferias del libro universitarias, cuántos están en los programas de estudio de nuestras carreras o cuántas de sus investigaciones académicas circulan como parte del conocimiento nacional.

La importancia de garantizar el acceso y la lectura de autores y autoras afro—enfatizó la autora—es que resulta una herramienta fundamental para reinterpretar el pasado, entender el presente y construir un futuro más equitativo, así como “desmantelar el racismo sistémico, recreando y conociendo los contextos históricos, los temas estructurales que explican la desigualdad y la ausencia”.

Agregó, parafraseando a Pierre Bourdeau, que el campo editorial no es un espacio neutral de intercambio comercial, sino un campo de poder donde se disputa la autoridad cultural, de ahí que estos espacios se consagren como las instancias donde se valida qué autores y obras merecen reconocimiento.

Recordó que uno de los elementos cruciales de las luchas de la cultura afrodescendiente ha sido la recuperación de la identidad y el auto reconocimiento. Por esta razón, desde su perspectiva, como literata afrodescendiente, “la literatura y el conocimiento de la historia permiten que niños, niñas y jóvenes se auto reconozcan con dignidad y orgullo, viendo su pasado no sólo a través de la tragedia que implicó la llegada de sus antepasados a este continente, sino a través de la resistencia, la creatividad y la dignidad”.

Dado que una feria libros no es solo una decisión comercial o un mercado de libros, sino un acto político y cultural y un espacio de visibilidad, Campbell Barr propuso, al final de su presentación, implementar curadurías inclusivas y políticas afirmativas en la programación cultural que desafíen las estructuras tradicionales, y que cuestionen qué autores y estéticas representan lo nacional y otras periferias. “Mientras las voces afrocaribeñas o afrodescendientes o de regiones periféricas sigan ausentes de los escenarios principales, la identidad que proyectamos seguirá siendo parcial y excluyente”, sentenció. De ahí su invitación a las universidades a transformar el ecosistema editorial, como un acto de justicia epistémica, democratización del conocimiento y espacio para reparar exclusiones.

III Filu

Mientras tanto, autoridades de la UNA, el Consejo Nacional de Rectores (Conare), las Editoriales Universitarias Públicas Costarricenses (Edupuc), la Editorial de la Universidad Nacional (EUNA) y la invitada de honor, la Universidad de Guanajuato y su editorial, condujeron el acto oficial de inauguración de la III Feria Internacional del Libro Universitario Costa Rica (FilU).

Durante dicho espacio se reiteró la importancia de la producción editorial como un recurso para construir comunidad. Se destacó, asimismo, la oportunidad que implica para las universidades participantes el fomento de un diálogo a través del libro, así como el aporte que las alianzas editoriales generan en la construcción de la crítica para la diversidad.

El acto cultural de la actividad estuvo a cargo del cantautor nicaragüense Luis Enrique Mejía Godoy, quien cantó y declamó algunos de sus poemas, ahora publicados en la antología poética (1970-1925) Oficio del corazón, por la Universidad Técnica Nacional.

En este evento participan las cinco editoriales de las universidades públicas costarricenses, el Departamento Editorial de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, la Universidad del Valle de Colombia y el sello mexicano especializado en literatura Dogma Editorial, así como 46 librerías-distribuidoras y editoriales.

La feria permanecerá abierta y gratuita hasta el domingo 14 de marzo a las 7 p.m. Entre las más de 50 actividades programadas habrá presentaciones de libros, charlas, conversatorios, talleres, foros, eventos de promoción de la lectura, actividades infantiles y juveniles, exhibiciones de proyectos universitarios y presentaciones artísticas. Para el cierre de la feria el acto artístico cultural estará a cargo de Manuel Monestel y de la Cimarrona Tradiciones UNA.

Oficina de Comunicación
Universidad Nacional, Costa Rica

Pensar en tiempos de la inteligencia artificial: una preocupación humanista

José Rafael Quesada / pressenza

Vivimos una época paradójica y compleja. Nunca antes la humanidad había tenido tanto acceso a información, herramientas de análisis y tecnología avanzada como hoy; sin embargo, asistimos a una disminución preocupante del pensamiento crítico, de la reflexión profunda y de la capacidad de escucha. Se lee menos, se estudia menos, se dialoga menos y se reacciona más. En este contexto reducido, la inteligencia artificial y la llamada “singularidad tecnológica” aparecen como una promesa ambigua: pueden ampliar la conciencia humana o, por el contrario, adormecerla.

El riesgo no reside únicamente en la tecnología, sino en la actitud que adoptamos frente a ella. El “scroll infinito”, la sucesión incesante de estímulos, noticias, videos y opiniones erosiona silenciosamente nuestra capacidad de concentración y de elaboración propia del pensamiento. El tiempo que antes destinábamos a reflexionar hoy se diluye en una corriente continua de consumo pasivo.

Como advertía Isaac Asimov, “el verdadero peligro no es que las computadoras empiecen a pensar como los hombres, sino que los hombres empiecen a pensar como computadoras”. Una frase escrita décadas antes del auge de la IA, pero inquietantemente actual.

La dificultad de pensar(se)

A este fenómeno se suma un elemento más profundo e incómodo: la dificultad personal para ejercer la autocrítica. Pensar críticamente no solo implica cuestionar el mundo exterior, sino también aceptar la incomodidad de revisar nuestras propias ideas, escuchar objeciones y reconocer límites.

Vivimos una expansión de la opinión sin reflexión, una acriticidad activa en la que el pensamiento se vuelve identitario y defensivo. La inteligencia artificial, en este contexto, puede convertirse en una prótesis peligrosa si sustituye —en lugar de potenciar— el esfuerzo humano de pensar.

Arthur C. Clarke lo expresó con lucidez al afirmar: “Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. El problema surge cuando aceptamos esa “magia” sin comprensión, sin preguntas y sin conciencia de sus efectos sobre nuestra forma de pensar.

Tecnología, conocimiento y conciencia

La ciencia ficción ha sido, en realidad, una gran escuela de pensamiento crítico. No por anticipar tecnologías, sino por obligarnos a pensar en sus consecuencias humanas, culturales y éticas.

En ese sentido, la obra de Liu Cixin aporta una perspectiva fundamental desde otra tradición cultural e histórica. En El problema de los tres cuerpos y el resto de la trilogía, el autor introduce una idea clave: la fragilidad de la civilización.

Como señala Liu Cixin: “En el universo, la supervivencia de una civilización depende de su capacidad para comprender su propia fragilidad”. Esta frase desplaza el foco desde el poder tecnológico hacia la conciencia histórica y colectiva.

La nueva desigualdad: quienes pueden pensar y quienes no

Junto con la caída de las grandes ideologías del siglo XX, asistimos al aumento de desigualdades tradicionales y al surgimiento de una nueva brecha silenciosa: la desigualdad cognitiva. Ya no se trata solo de ingresos o acceso a tecnología, sino de acceso al pensamiento.

Hay personas que nacen en contextos donde el tiempo para pensar, estudiar y reflexionar existe; y otras que nacen en condiciones donde la supervivencia inmediata impide el desarrollo del pensamiento crítico. Esta nueva desigualdad separa a quienes pueden comprender el mundo de quienes solo lo padecen.

Asimov advertía algo esencial para este punto: “La autoeducación es, creo firmemente, la única forma de educación que existe”. Cuando las condiciones sociales niegan esa posibilidad, la desigualdad se vuelve estructural y profunda.

El deber humanista en esta época

En este escenario, definirse como humanista no es una postura moral abstracta, sino una responsabilidad histórica. Ser humanista hoy implica trabajar activamente para democratizar el acceso al pensamiento crítico, defender el derecho a comprender, a preguntar y a disentir.

Implica también crear prácticas concretas —educativas, culturales, comunitarias y tecnológicas— que devuelvan a las personas la capacidad de pensar por sí mismas. La inteligencia artificial puede ser una aliada poderosa si se utiliza para ampliar la conciencia humana y no para reemplazarla.

El verdadero desafío no es estar “a la altura” de la inteligencia artificial, sino estar a la altura de lo humano. Porque el futuro no se jugará únicamente en la velocidad de las máquinas, sino en la profundidad de nuestra conciencia, nuestra capacidad de autocrítica y nuestra voluntad de no renunciar al pensamiento.

Publicado en https://www.pressenza.com/es/2026/01/pensar-en-tiempos-de-la-inteligencia-artificial-una-preocupacion-humanista/ y compartido con SURCOS por el autor.