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Etiqueta: doctrina Monroe

¿Cumbre de las Américas, de Alto o de Bajo Nivel?

La nueva arquitectura política y militar que Trump intenta imponer en el continente

Vladimir de la Cruz

Hace pocos días, el 7 de marzo, el presidente de los Estados Unidos se reunió, con varios presidentes de América Latina y el Caribe, en lo que denominó “una cumbre de alto nivel” para tratar con ellos asuntos de “seguridad regional”, “enfrentar bandas narcocriminales” en el continente, “reducir la migración ilegal” y, especialmente, imponer límites a la “influencia de China en América Latina”. También se trataron temas de “inversión”, “promoción de los intereses estadounidenses”

Doce presidentes del continente asistieron a su convocatoria. Ellos fueron los presidentes de Argentina, Javier Milei; de Bolivia, Rodrigo Paz; de El Salvador, Nayib Bukele; de Ecuador, Daniel Noboa; de Honduras, Nasry Asfura, de Paraguay, Santiago Peña; de Costa Rica, Rodrigo Chaves; de Panamá, José Raúl Mulino; de Guyana, Irfaan Ali; de República Dominicana, Luis Abinader; el presidente electo de Chile, José Antonio Kast; y la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar. A esta reunión Trump no invitó a la presidenta recién electa de Costa Rica, Laura Fernández, aunque sí la recibió aparte con el presidente costarricense, Rodrigo Chaves.

La reunión de la llamada “Cumbre de alto nivel” no fue en Washington, en la Casa Blanca o en el Departamento de Estado. Fue sencillamente en el Club y campo de golf, en el Trump National Doral Hotel, en Miami, quizá con una visita obligada a Mar-a-Lago, a su sitio de placer y descanso, en el Estado de Florida, en lo que pudo ser una reunión de placer con la sesión de “trabajo” para oír al Presidente Trump imponiéndoles su agenda, diciendo tonterías, expresando amenazas contra países, y sometiéndolos en su ruta geopolítica, aparte de recibirlos escupiéndoles en la cara, indicándoles que no les hablaría en “su maldito idioma español”, lo que generó risueñas manifestaciones gestuales en los rostros de los invitados. Solo les faltó aplaudir.

Entre las tonterías que dijo Trump fue que “entre las cosas buenas que le está pasando a Venezuela es que podría llegar a ser el Estado 51 de la Unión Americana”, después de la intervención militar que realizó el 3 de enero y del Protectorado que ha impuesto en ese país. Después de esa introducción todos empezaron a hablar en inglés.

El jefe de la diplomacia estadounidense, como un gesto de buena voluntad y quizá para igualar los ánimos expresados en los gestos, Marco Rubio, nacido en Estados Unidos, de padres cubanos emigrados antes de la Revolución Cubana, antes de 1960, se dirigió al presidente Trump, “pidiéndole permiso” para hablar en “español” ante los latinoamericanos que había convocado. Trump por su parte enfatizó que a él le traducían si fuera necesario.

Mínimo decoro, mínima decencia, mínima dignidad, y mínimo sentido patriótico y nacional, hubiera sido que todos los invitados a ese “week end florideño”, donde quizá les mostraron, en ese mismo lugar, las andanzas de Jeffrey Epstein, con el mismo Trump, con su corte de jóvenes adolescentes, muchas se dice, menores de edad, situación escandalosa y parlamentaria en Estados Unidos, que trata de ocultar con su criminal guerra en Irán y en el Medio Oriente, donde no le está yendo tan bien.

Evidentemente, ese sentimiento y orgullo patriótico latinoamericano no apareció por ningún lado. Todos ellos, como agentes vendedores de las riquezas naturales de sus países, vendedores de las soberanías nacionales, y como representantes de los intereses extranjeros estadounidenses en sus países, se alinearon con los elementos geoestratégicos y geopolíticos de Trump hacia el continente, para ver quien sacaba más, en medio de las posiblemente “ricas atenciones” que disfrutaron en los sitios de reunión donde los tenían concentrados.

Doce países de 34 que tiene oficialmente la Organización de Estados Americanos, es lo que llamaron “Cumbre de Alto Nivel”. Doce países que no representan ni el 25% de la población de toda Latinoamérica y el Caribe.

No fueron invitados, ni tomados en cuenta los países pequeños del Caribe: Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belize, Dominica, Grenada, Haití, Jamaica, Saint Kitts y Nevis, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas. Tampoco invitaron a Surinam, ni a Brasil, Colombia, Ecuador, Guatemala, México, Perú, Uruguay, así como tampoco a Venezuela, Nicaragua, Canadá, ni a Cuba, que para todos los efectos ya forma parte como país membro de la OEA, aunque Cuba desista en participar de ese organismo continental.

¿Cómo puede entenderse una “Cumbre de Alto Nivel” de América Latina si no están allí, al menos, Brasil, Colombia, Ecuador, Guatemala, México, Perú, Uruguay? Se puede comprender que Venezuela, Nicaragua y Cuba no hubieran sido tomados en cuenta.

Los que llevaron a Miami eran sencillamente los fieles representantes de los países felpudos de la política exterior de los Estados Unidos en el continente. Esa fue una “Cumbre del más Bajo Nivel” de los países seleccionados para decir “yes man”…ante las acciones agresivas, injerencistas e intervencionistas que pueda realizar Trump em Cuba, Nicaragua, Colombia o cualquier otro país que se le ocurra calificarlo de narco Estado, narco Fallido, para indicar la necesidad de decir y reclamar por un “Estado ocupado” …

Es natural la reunión con los convocados porque Trump todavía abriga los deseos intervencionistas en Groenlandia; en Canadá, de quien ha planteado que pueda ser parte de la Unión Americana; en México de intervenir en toda la frontera común con su ejército para enfrentar las bandas narcodelincuentes que allí existen; en Panamá, donde ya plantó nuevamente su bota opresora en el control del Canal transístmico; em Colombia donde trató de vincular al presidente Petro con la narcodelincuencia y el narcoterrorismo, en Nicaragua y Cuba donde ha señalado que deben constituirse gobiernos, como el de Venezuela, después del secuestro del presidente Maduro, totalmente alineados a los intereses económicos y geopolíticos de los Estados Unidos, especialmente en lo referente a la presencia continental de Rusia, la República Popular China e Irán, y de agudizar el bloqueo a Cuba, procurando con él un levantamiento de la población contra su gobierno acusándolo de ser el culpable de la mala situación social y económica que viven los cubanos.

Si en Cuba hay mala situación no es por el gobierno, es por el criminal e infame bloqueo de más de 60 años.

En el caso cubano Trump está yendo más lejos. Amenaza con una intervención militar directa, para la cual hasta ha hecho el anuncio de un posible Gobierno que ya tiene formado con cubanos de Miami, y hasta con el mismo Marco Rubio. Pero, cuidado, Cuba no es Venezuela ni La Habana es Caracas. Cuba asemeja un portavión gigante a pocas millas de Estados Unidos. Con lo que vemos de la guerra contra Irán, y su capacidad defensiva, podemos entender por qué Trump no quiere que Cuba socialista exista a 90 millas de sus costas.

Con la celebración de esa “Cumbre de Bajo Nivel”, Trump ha dado un golpe a la Organización de Estados Americanos. Ha propuesto de hecho un nuevo escenario de relación continental de los Estados Unidos con Latinoamérica.

La Organización de Estados Americanos es hoy un organismo político continental debilitado. Ni siquiera opera ya como el clásico organismo de colonias que tenía Estados Unidos en su política continental.

La nueva relación establecida por Trump está bajo el diseño de un nuevo concepto actualizado de la vieja Doctrina Monroe, de 1823. En sus relaciones con América Latina definieron, desde aquella época, la política de que el continente americano debía estar al margen de las expansión imperialista y neocolonial que impulsaban países europeos como Inglaterra y Francia, presentándose los Estados Unidos como el país guardián, ante esas amenazas, y como el país que respetaba la Independencia, la Soberanía y la Libertad de los países que acababan de romper con el yugo colonial español.

Estados Unidos impulsó en el continente, desde 1811, la Política del Principio de No Transferencia que pretendía detener que los territorios americanos pasaran a manos de las potencias europeas como lo pretendía Inglaterra en el Cono Sur, en esos años

Los años siguientes, en el continente, Estados Unidos desarrolló la Doctrina Monroe. El 2 de diciembre de 1823, en su sétimo discurso al Congreso sobre el Estado de la Unión, el presidente Monroe declaró que los Estados Unidos tenían el “carácter elegido”, la “idea americana” de la “defensa” de las Américas, considerando que los esfuerzos ingleses de controlar o influir, particularmente, en Suramérica debían considerarse una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos. Luego siguieron con la doctrina del Destino Manifiesto, en la segunda mitad del siglo XIX, que permitió la expansión de los Estados Unidos con la usurpación de los territorios de México. En 1846 Estados Unidos impuso a Colombia el Tratado Mallarino-Bidlack, con el cual se aseguró el derecho de tránsito por el Istmo de Panamá a cambio de garantizar la soberanía colombiana sobre el territorio. Poco tiempo después, con los filibusteros en Centroamérica, intentaron adueñarse, en 1856-1857, de todos los países centroamericanos. También la expansión con la compra de los territorios de la Luisiana francesa, la Florida española, en 1819, el Alaska ruso, en 1867, y la usurpación de las tierras indígenas de la América estadounidense en su proyección hacia el oeste, con motivo de la extracción minera de California, así como con la Guerra Hispano Estadounidense, a finales del siglo XIX, que proyectó a Estados Unidos en Cuba, Puerto Rico, Filipinas. De esa guerra se quedó con la región de Guantánamo en Cuba, estableciendo en Cuba durante 1901-1902, la llamada República Plattista, resultante de la Enmienda Platt que le fue incorporada, por imposición, a la Constitución cubana de esos días. Igual fue su participación intervencionista para la segregación de Panamá, de Colombia, con la intención de quedarse con el dominio de la construcción del canal interoceánico.

A finales del siglo XIX, los Estados Unidos impulsaron la Doctrina Monroe bajo el concepto del Gran Hermano, tratando de unir a los países del continente alrededor de su mercado y de sus políticas comerciales, y proyectándose como mediador de conflictos fronterizos, como lo fue el de Esequibo que enfrentó a Venezuela con Inglaterra, que se sigue manteniendo entre Venezuela y la Guyana, hoy disputando franjas petroleras y mineras, o el conflicto fronterizo de Nicaragua y Costa Rica. Así fue la intervención militar en 1902-1903 en Maracaibo, Venezuela.

A principios del siglo XIX impulsaron la política del Gran Garrote, que les permitía y justificaba intervenir en países, especialmente del Caribe. La Doctrina del Gran Garrote garantizaba que los países cumplieran con sus obligaciones con los acreedores internacionales y no violaran los derechos de Estados Unidos, ni invitaran a una «agresión extranjera en detrimento de todo el conjunto de las naciones americanas». Igualmente ejercían control de aduanas. Con ello también buscaban restablecer estabilidades internas en las regiones o países que intervenían. Los mismos argumentos que hoy emplea Trump.

Roosevelt, como lo hace Trump, declaró que Estados Unidos podría “ejercer poder policial internacional en “casos flagrantes de tal irregularidad o impotencia”. De esa manera intervino en Cuba, Nicaragua, Haití, República Dominicana.

Roosevelt afirmó: «No garantizamos a ningún estado contra el castigo si se comporta mal», nada alejado de las frases y expresiones que Trump acostumbra a manifestar como amenaza a quien no se le someta, asegurando de esa forma el derecho de Estados Unidos a intervenir en Latinoamérica en casos de «faltas flagrantes y crónicas por parte de una nación latinoamericana» para evitar la intervención de los acreedores europeos.

También se impuso la llamada Diplomacia del Dólar: lo que no podían hacer a la fuerza lo harían mediante las intervenciones e inversiones económicas, facilitando que las corporaciones que se beneficiaban colaboraran de esa manera con la seguridad nacional estadounidense, evitando la presencia financiera y económica de países europeos.

Trump está reinterpretando en tiempo actual la Doctrina Monroe, actuando directamente, por la fuerza allí donde lo considere necesario, en su visión global, en cualquier parte del mundo. Para eso tienen más de 800 bases y emplazamientos militares en más de 100 países.

En el ambiente de la II Guerra Mundial desarrollaron la política de Buena Vecindad. Pero, al terminar la II Guerra Mundial, junto con Inglaterra, Estados Unidos impulsó la Guerra Fría y de nuevo políticas agresivas. El mundo fue dividido en los países que estaban detrás de la llamada Cortina de Hierro, en Europa, y detrás de la llamada Cortina de Bambú, en el Asia, con motivo del surgimiento de nuevos países socialistas. Al interior de los Estados Unidos durante la década de 1950-1960 las políticas macartistas definieron las políticas internas represivas, y a nivel continental desde finales de la década de 1940, se impulsaron las doctrinas económicas de Plan Clayton y de las doctrinas militares del presidente Truman. Con estas se fortalecieron regiones agrícolas para evitar guerrillas campesinas. Con la doctrina Truman se le dio impulso a las bases militares en el Canal de Panamá para preparar los ejércitos de los países latinoamericanos en su lucha anticomunista y de contrainsurgencia guerrillera.

A nivel de América y de Centroamérica, con motivo del triunfo de la Revolución Cubana se impulsó el Plan de la Alianza para el Progreso, y a nivel militar el Consejo de Defensa Centroamericano, CONDECA, que unía a los ejércitos de Centroamérica.

De esta Doctrina de Truman surgió el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, TIAR, con la intención de crear una Fuerza Interamericana de Paz, un ejército continental en capacidad de enfrentar cualquier expansión soviética al continente, o cualquier amenaza extracontinental a cualquier país latinoamericano, obligando a su segura defensa hemisférica, lo que no sucedió en la Guerra de las Malvinas, ni con las intervenciones de los Estados Unidos en 1965, cuando invadió República Dominicana, resultado un gobierno militar 13 años, o cuando el gobierno democrático del Estado Socialista de la isla Granada, en el Caribe, que dirigieron en sus dos gobiernos, Maurice Bishop y Bearnard Coard, quien fue derrocado por una intervención militar estadounidense en 1983.

Con la doctrina Truman se impulsaron dictaduras, tiranías, satrapías, gobiernos autoritarios y despóticos, persecuciones y represiones anticomunistas en el continente.

Con el gobierno de Trump, en este segundo período, se proyecta su doctrina política y militar de modo más agresivo. Haciendo guerras, interviniendo países, secuestrando presidentes y amenazando con hacerlo si es necesario a sus intereses de seguridad nacional. Los objetivos de la acción militar Trump los podemos ver así, como ha sucedido con Venezuela:

Primero: control de las relaciones internacionales de Venezuela en el contexto mundial, considerando esa proyección dentro de esas relaciones de Estados Unidos. Debilitar y quebrar las relaciones con Rusia, con la República Popular China, con Irán, con Cuba principalmente.

Segundo: ejercer control de la producción petrolera venezolana, considerada una de las reservas mundiales más importantes. Las primeras acciones después de la intervención militar y de las relaciones que han establecido con las autoridades a cargo del gobierno venezolano así lo demuestran. Control de otros minerales que consideren importantes, oro y las llamadas tierras raras.

Tercero: informar al mundo que Estados Unidos no acepta países latinoamericanos disidentes de su esquema de política exterior, en el contexto mundial de países que surgen como rectores hegemónicos mundiales, como son Rusia y China particularmente. De manera especial China que se proyecta como la principal economía del mundo a partir del 2030.

Cuarto, establecer bien claro el Meridiano que separa al continente de Europa.

A la par de la llamada “Cumbre de Alto Nivel” Trump también hizo una Mini Cumbre de Ejércitos del continente. La llamó “Conferencia de las Américas contra los Carteles. Declaración conjunta de Seguridad”. Tiene más de aspectos políticos, económicos que militares. Trump, en ese diseño geopolítico, ha impulsado la llamada Junta de la Paz, casi sustitutiva de la ONU.

En el continente, el presidente Donald Trump reunió el pasado 4 y 5 de febrero, antes de la reunión con los presidentes felpudos, también en Miami, en su club familiar de Mar-a-Lago, a representantes de los Ministerios de Defensa y de los Ejércitos de 17 de los 34 países de América Latina, con el propósito, de poder actuar con el Ejército de los Estados Unidos allí donde al presidente Trump se le ocurra y justifique en su lucha contra las drogas, o en su lucha contra la presencia de Irán, Rusia, China y Cuba en el continente.

A esa mini reunión de representantes de mini ejércitos, en las cabezas de los ministros de Defensa, fueron invitados Argentina, Bolivia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay, República Dominicana, la Republica Cooperativa de la Guyana, Jamaica, la República de Trinidad y Tobago, Las Bahamas, Belice y Costa Rica, que no tiene ejército por prohibición constitucional.

No invitaron a participar a los grandes países de América Latina, México, Colombia y Brasil, que solos ellos constituyen casi el 70 % de toda la población de América Latina, además de ser países conocidos por vivir situaciones de narcotráfico, narco delincuencias, narco producción y de organizaciones altamente desarrolladas en esos negocios. Sencillamente no lo invitaron a participar, porque a Trump no le interesa esa lucha con ellos presentes, en ese organismo que ha creado, donde él gobierna y manda, y los ministros, y presidentes, de esas pequeñas naciones obedecen.

La DEA, la CIA y otras dependencias militares actúan en todos los países de América Latina, donde hay casi 30 bases militares, que no llevan a cabo luchas de ninguna clase contra ese crimen organizado.

Sencillamente, Trump ha creado un círculo de pequeños países alrededor de Cuba, Nicaragua, México, Colombia donde quiere actuar como lo hizo con Venezuela. Por eso no invitaron a Venezuela, qué la tienen intervenida como si fuera un Protectorado neocolonial, a Nicaragua que la tienen marcada y especialmente a Cuba, que le llevan ganas. México le acaba de dar una lección de control de la lucha contra las drogas a Trump.

Esa Junta de Trump, de militarotes de los ministros de Defensa, reunidos y jefeados por el secretario de Guerra, como ahora se llama el Ministerio de Defensa de los Estados Unidos. Óigase y léase bien: Departamento de Guerra, para hacer guerras, no para negociar la paz ni buscar la paz. El negocio es la guerra y el control de territorios de materias primas que esas guerras produzcan.

Esta iniciativa militar “liquida” al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, TIAR, y al Consejo de Defensa Centroamericano, CONDECA. Impulsa un grupillo de países con poca capacidad militar para justificar, bajo la jefatura del Ministerio de Guerra de los Estados Unidos acciones militares en el continente, cuando así lo decidan y declaren de conformidad a lo acordando el 4 y 5 de marzo en Doral, Miami, frente a las amenazas que enfrenta el Hemisferio Occidental, para combatir el narcoterrorismo, fortalecer la seguridad hemisférica y las esferas que se determinen mutuamente, para “promover la paz a través de la fortaleza”, quedando al frente de esta alianza militar Pete Hegseth, Secretario de Guerra de los Estados Unidos.

La dignidad no ocupa visa: De William Walker a Donald Trump

Por JoseSo (José Solano-Saborío)

A propósito del retiro de la visa gringa a expresidentes, funcionarios del Poder Judicial, diputados y ciudadanos costarricenses:

Desde 1973 hasta 2016 viajé a los Estados Unidos, con visa múltiple indefinida (que ya no existe), por estudio, trabajo, negocios o turismo.

A partir de ese momento en que el convicto Trump fue electo presidente por primera vez, «nada se me ha perdido» en ese país. Al contrario, ni siquiera he intentado renovar la visa.

Por dignidad, y porque soy un tico orgulloso y ciudadano del mundo libre, decidí que no tenía nada que hacer en una potencia que, sistemáticamente antes y descaradamente ahora, viola el derecho internacional, los tratados comerciales y la soberanía, ya no solo de países enemigos, sino de sus propios aliados. Es el país que incluso ahora, con el presidente naranja, no solo reprime, sino que hasta asesina a sus propios ciudadanos por discrepar con el gobierno; detiene y deporta inmigrantes, legales o ilegales por igual, separa familias… arresta a niños de 6 años…

Es la potencia imperialista más violenta, cuya política exterior desde el siglo antepasado se basa en autoproclamarse dueña de todo el continente americano con su Doctrina Monroe de «América para los americanos», creyendo que los únicos americanos son ellos.

No… no me voy a someter a la censura de mis valores y convicciones de paz, aunque me duela en el alma la traición del actual gobierno, dirigido por siervos menguados y traidores a la Patria que pisotean el orgullo y legado de Juanito Mora, y la memoria de los Juan Santamaría que ofrendaron su vida para echar al filibustero imperialista William Walker, hoy reencarnado en Donald Trump.

Y le voy a facilitar el trabajo a los cónsules y funcionarios gringos, para que no se tengan que esforzar mucho:

From 1973 to 2016, I traveled to the United States with an indefinite multiple-entry visa (which no longer exists) for study, work, business, or tourism.

From the moment that the convicted felon Donald J. Trump was elected president for the first time, I felt I had “no business being” in that country. In fact, I haven’t even tried to renew my visa.

Out of dignity, and because I am a proud Costa Rican (tico) and a citizen of the free world, I decided I had no business in a nation that—systematically in the past and blatantly now—violates international law, trade agreements, and the sovereignty not only of enemy countries but of its own allies. It is the country that even now, under the orange president, not only represses but even murders its own citizens for disagreeing with the government; it detains and deports immigrants, legal or illegal alike, separates families… arrests six-year-old children.

It is the most violent imperialist power, whose foreign policy since the century before last has been based on proclaiming itself the owner of the entire American continent with its Monroe Doctrine of “America for Americans,” believing that they are the only Americans.

No… I will not submit to having my values and convictions of peace censored, even though my soul aches at the betrayal of the current government, led by diminished public servants and traitors to the Homeland who trample on the pride and legacy of Juanito Mora, and the memory of the Juan Santamarías who sacrificed their lives to kick out the imperialist filibuster William Walker, reincarnated today in Donald Trump.

El Escudo de las Américas, la lucha contra las drogas y la entronización del militarismo en Costa Rica

Vladimir de la Cruz

Queda cada vez más claro el camino militarista, autoritario, despótico que impulsa el gobierno de Rodrigo Chaves Robles. Preguntado el presidente por un periodista mexicano sobre su deseo de volver a ser presidente, contestó de manera directa que no tenía interés de ser presidente, pero sí tenía interés de ser Gobernante.

Tal vez parezca que no hay diferencia en los conceptos presidente y Gobernante, porque usualmente se usan como sinónimos de la persona que ejerce la presidencia del Poder Ejecutivo.

Un presidente es un funcionario público, que en la tradición política y democrática costarricense es electo por un período de cuatro años.

El presidente tiene la máxima autoridad del Estado y del gobierno nacional. En términos generales representa la unidad nacional. Es en cierta forma un símbolo nacional. Preside las sesiones o reuniones del Consejo de Gobierno, que se integra con todos los ministros del gobierno escogidos por el presidente, una función que es única y propia de él.

El presidente cumple las funciones constitucionales, legales, administrativas y políticas, que le están señaladas para el desarrollo de sus funciones y para la toma de decisiones estratégicas sobre el desarrollo nacional. El presidente es el dirigente político nacional de mayor relevancia en el país.

En la Costa Rica de la Segunda República, 1948-2026, el presidente puede reelegirse dejando pasar ocho años después de que ha ejercido ese alto cargo político.

El actual presidente desearía poder reelegirse indefinidamente, o al menos dejando pasar un plazo de cuatro años. Es decir, aspira volver a ser presidente en el 2030, para lo cual tendría que modificarse la Constitución Política, para poder reelegirse a los cuatro años de haber dejado la presidencia, y no a los ocho años. Esto lo intentará en el gobierno de Laura Fernández, que inicia el 8 de mayo, con la nueva Asamblea Legislativa, que le da una mayoría holgada de 31 diputados, que le facilita, con las alianzas y acuerdos legislativos adecuados, las posibilidades de reformar la Constitución Política en este sentido.

Un Gobernante es quien manda con su autoridad. Manda quien ordena, quien delega, quien dispone y dirige de conformidad a su real entender y saber. Manda quien considera súbditos a los receptores de sus órdenes. Manda quien impone con su autoridad su voluntad. Manda quien domina y quien es obedecido, quien impone sus normas, órdenes, directrices, indicaciones obligando a la sumisión y disciplina de acatamiento de lo dictado, como sucedió cuando la Ministra de Ciencia y Tecnología, frente al Presidente, manifestó que respetaba un fallo judicial, y el presidente la interrumpió e increpó de inmediato, en vivo, a todo color, frente a las cámaras de televisión, diciéndole que él no respetaba a la Corte, ni los fallos judiciales, aunque tuviera que acatarlos. Además, le dijo a la ministra que ella tenía que proceder igual que él…y la ministra quedó ni chus ni mus, sin decir palabra o, ni oste ni moste, es decir callada en todo…popularmente, calladita más bonita, mejor en silencio que dar una opinión que nadie le pidió.

Al gobernante se le considera el líder o la máxima autoridad o cabeza de un Estado, que de manera soberana ejerce las funciones de representación del Estado y del Gobierno. El gobernante es el jefe, es quien gobierna de manera tiránica, con poder absoluto. Esto fue lo que quiso decir el presidente Rodrigo Chaves al periodista mexicano. Que le interesaba gobernar con poder absoluto, no sometido a límites y controles establecidos por la Constitución Política o por las Leyes nacionales que controlan y limitan el ejercicio administrativo del gobierno y de las acciones públicas. La presidenta Laura Fernández también se ha quejado de que tiene que acatar lo que la legislación nacional le permite hacer, enfatizando que ese es el problema para gobernar, señalando que quisiera gobernar sin esas limitaciones.

Es claro que la próxima presidenta, Laura Fernández, quien asumirá el 8 de mayo la Jefatura del Poder Ejecutivo, está totalmente identificada, por lo menos hasta ahora, con los deseos y aspiraciones del Presidente Rodrigo Chaves, y que procurará impulsar las reformas de ley para facilitar la reelección de Chaves en el 2030, lo que podría alterarse si la reforma constitucional llegare a aprobarse, facilitando la reelección consecutiva, donde la misma Laura podría verse ella misma en la posibilidad de reelegirse en el 2030.

Por ahora este tema es como apretar un jabón, nadie sabe para dónde sale. Son arenas movedizas las que se están tratando de caminar.

El gobierno autoritario, despótico, tiránico, requiere, necesita un aparato de seguridad militar fuerte, tenebroso, temible, como decía Maquiavelo, “mejor temido que amado”. Por ello el actual gobierno ha venido en estos cuatro años preparando toda la estructura institucional es esa dirección. Ha impuesto, desde su tribuna de los miércoles, el terror reverencial del presidente. Ha hecho cambios importantes en los mandos de la Seguridad Pública, fortaleciendo las lealtades hacia el presidente Rodrigo Chaves, ha creado unidades policial militares, que solo le reportan a él.

El ministro de Seguridad y su viceministro más importante han desarrollado unidades militares especiales en este sentido, como los cuerpos de la SS y SA que tenía Hitler, en este caso para la investigación y control ciudadano. Fortalecen la actuación militarista de la policía, lo que se observa en el trato público que tiene ese cuerpo institucional al abordar huelgas o protestas, al actuar contra ciudadanos, y al desarrollar prácticas de maltratos y quizá torturas que se dan con detenidos, como se han hecho públicos algunos sucesos de este tipo, que pareciera que son para ir acostumbrando a la población a ese tipo de detenciones y actuaciones.

Igualmente, han debilitado las instancias militares y policiales existentes en el país encargadas de la persecución del narco tráfico y sus redes organizativas, aunque tengan un discurso de fortalecimiento y de persecución del narco tráfico. Han debilitado los controles administrativos del Estado encargados de vigilar el tráfico de drogas, su negocio y sus actividades comerciales en general. Costa Rica se ha convertido en la bodega más importante de receptación y movimiento de drogas del Caribe. De aquí se envían constantemente, sin importantes controles nacionales, las drogas a los principales puertos de Europa, de Medio Oriente, sin descuidar otras regiones o países receptores de estos envíos. En Europa, y esos países, constantemente las policías especializadas en esas aduanas de esos países capturan, y dan testimonio de los envíos que les llegan de Costa Rica.

No casualmente al Estado costarricense se le considera un narco estado. Esto significa que las instituciones públicas legítimas, el gobierno, la policía o la Fuerza Pública, en sus diversos componentes, el sistema judicial están influidos, y en algunas situaciones contralados por narco organizaciones, lo que permite actuar a sus actores con bastante impunidad, convirtiéndose de esta manera el Estado, en su órgano más importante, el Gobierno, en facilitador del narcotráfico, como sucede en el país con el narco comercio y narco tráfico internacional y nacional.

El narco estado también se da cuando el tráfico de drogas influye para determinar funciones del propio estado, para alimentar los mecanismos de alta corrupción en la administración pública y la violencia en la vida ciudadana, el control de regiones urbanas y rurales por parte de pandillas, grupos o clanes narco delincuentes y grupos criminales, que imponen controles de coerción y de violencia sobre las personas, cobros de peajes en calles de barrios, la violencia generada por préstamos gota a gota que amenaza la seguridad ciudadana.

El narco estado se manifiesta en la flexibilidad o facilidad para el lavado de dinero y la inversión de dineros movidos por la narco actividad en áreas importantes de las de la vida económica nacional, así como en el tráfico de armas. En algunos países el narco estado produce la inestabilidad política, lo que todavía no se da en Costa Rica.

Costa Rica se ha convertido en el país que, en términos absolutos de gasto al consumidor, es el de mayor nivel de consumo de los hogares de toda Centroamérica, que fue de $56 millones en el año 2024 y que ronda los $60 millones de dólares en el año 2025.

Estados Unidos se lleva el récord mundial de país consumidor, de uso y abuso de drogas, de mayor mortalidad por estas drogas. Es el país con el mayor tráfico de cocaína y marihuana o cannabis, así como de la sustancia sintética conocida como fentanilo o metanfetaminas.

Las drogas sintéticas son hoy más baratas, más potentes, con mayor efecto devastador. En Estados Unidos muchos Estados de la Unión América permiten el cultivo de la marihuana, además de que se ha establecido una autorización para su uso personal recreativo. En Costa Rica hace tiempo se dispuso ese uso y la cantidad de droga que puede portar un ciudadano si es para su uso personal, como es el caso de la marihuana, que no cae del cielo como si fuera maná.

El narcotráfico ha sido utilizado por países, como Estados Unidos para financiar grupos armados organizados, por sus agencias policiales y militares, como la CIA o la DEA, de acuerdo a sus intereses geopolíticos o estratégicos, para desestabilizar, ofrecer resistencia y lucha militar a Estados y Gobiernos legítimamente constituidos, que Estados Unidos rechaza especialmente por su definición política o ideológica o por sus vínculos internacionales.

Actualmente así actúa y presiona contra aquellos países de América Latina que tienen relaciones políticas fuertes o comerciales con Rusia, China, Irán y Cuba, dentro de su perspectiva hegemónica de control mundial que impulsa el presidente Donald Trump. En Costa Rica el actual gobierno y el presidente se han comportado como felpudos de estas políticas y decisiones que le han sido impuestas por Estados Unidos de manera directa, clara y pública, especialmente en lo que corresponde a las relaciones con la República Popular China.

En la década de 1980 fue pública, notoria y escandalosa la actividad en este sentido, en aquellos años, con el llamado escándalo Irán Contras, con el cual Estados Unidos suministraba droga a los grupos contra revolucionarios de Nicaragua y en Centroamérica para que la comercializaran, y con ello, financiaran sus actividades contra el gobierno sandinista de aquellos años.

En 1985 Embajador estadounidense se reunió, por separado, con los candidatos presidenciales más importantes del momento, Oscar Arias y Rafael Ángel Calderón para negociar el mantenimiento de las bases militares que tenían funcionando de hecho en la región fronteriza con Nicaragua, asociadas a las luchas contra revolucionarias y del tráfico de drogas. Oscar Arias fue contundente. Le manifestó que si él ganaba las elecciones de febrero de 1986, como resultó ganador, el 8 de mayo esas bases debían estar fuera de Costa Rica, como también sucedió. El presidente Arias, hay que reconocérselo se le plantó a Ronald Reagan con altivez, decoro y dignidad nacional. No casualmente pudo impulsar su plan y negociaciones para poner fin a las guerras en Centroamérica, que merecidamente, como el mismo Fidel Castro se lo reconoció, por ello le dieron el Premio Nobel.

La lucha contra las drogas, hoy, le ha permitido a Estados Unidos elaborar una narrativa contra gobiernos que no son de su simpatía, en una perspectiva de replanteamiento de su vieja Doctrina Monroe, de 1823, puesta en el escenario actual como un control total de los países que se identifiquen o identifican con la política exterior de los Estados Unidos. Esa narrativa es la de calificar a los grupos narcotraficantes y narco productores como organizaciones terroristas, y como tal objeto de lucha del Ejército de los Estados Unidos, dándose la libertad de actuar unilateralmente. Contra gobiernos, presidentes y gobernantes que así también los califique y actuar contra ellos, como hizo contra el presidente Nicolás Maduro el 3 de enero pasado, desatando una acción militar, una pequeña guerra, contra ese país y secuestrando al presidente Maduro, pocos días después de estar haciendo prácticas de tiro al blanco, con misiles, y ajusticiamientos y ejecuciones contra pescadores, sin que hubiera podido demostrar públicamente que en sus lanchas traficaban drogas. Sencillamente los eliminaban, no los detenían para capturarles la droga e imponer, de esa manera, el terror de sus actuaciones.

En este sentido los Estados Unidos impulsa alianzas estratégicas y tácticas de actuación en el plano internacional, como la Junta de la Paz, o en el continente, como lo ha hecho el pasado 4 y 5 de febrero, el presidente Donald Trump con las reuniones, de esos días, en Miami, de los Ejércitos de 17 de los 34 países de América Latina, con este propósito, de poder actuar con el Ejército de los Estados Unidos allí donde al presidente Trump se le ocurra y justifique en su lucha contra las drogas, o en su lucha contra la presencia de Irán, Rusia, China y Cuba en el continente.

Curiosamente a esa mini reunión de representantes de mini ejércitos, en las cabezas de los ministros de Defensa, no invitaron a participar a los grandes países de América Latina, México, Colombia y Brasil, que ellos solos constituyen casi el 70 % de toda la población de América Latina, además de ser países conocidos por vivir situaciones de narcotráfico, narco delincuencias, narco producción y de organizaciones altamente desarrolladas en esos negocios. Sencillamente no lo invitaron a participar, porque a Trump no le interesa esa lucha con ellos presentes en ese organismo que ha creado, donde el gobierna y manda, y los ministros y presidentes de esas pequeñas naciones obedecen. La DEA, la CIA y otras dependencias militares actúan en todos los países de América Latina, donde hay casi 30 bases militares, que no llevan a cabo luchas de ninguna clase contra ese crimen organizado.

Sencillamente Trump ha creado círculo de pequeños países alrededor de Cuba, Nicaragua, México, Colombia donde quiere actuar como lo hizo con Venezuela. Por eso no invitaron a Venezuela, qué la tienen intervenida como si fuera un Protectorado neocolonial, a Nicaragua que la tienen marcada y especialmente a Cuba, que le llevan ganas. Pero, Cuba no es Venezuela, ni La Habana es Caracas. México le acaba de dar una lección de control de la lucha contra las drogas a Trump. Y, Costa Rica representada en esa Junta de Trump, de militarotes de los ministros de Defensa, reunidos y jefeados por el secretario de Guerra, como ahora se llama el Ministerio de Defensa de los Estados Unidos. Óigase y léase bien: Departamento de Guerra, para hacer guerras, no para negociar la paz ni buscar la paz. El negocio es la guerra y el control de territorios que esas guerras produzcan.

Desde hace muchos años los Estados Unidos ha firmado pactos y tratados, incluso con Costa Rida, para el patrullaje marítimo de ambas costas, para el control de drogas. El control marítimo de Costa Rida se hace con el de Centroamérica. En la práctica no ha servido casi para nada en ese propósito.

La reunión de los militarotes en Miami, entre ellos el flamante ministro de Seguridad de Costa Rica, con Trump, fue solo la pantalla. Por la Declaración firmada por todos esos representantes militares, pareciera que la reunión fue pura lámpara. Las firmas no se recogieron en la sesión final, sino que hicieron en días separados, como si ya estuvieran cocinadas. Así, unas son firmadas el 4-3 (suponemos el 4 de marzo), otras el 3-4 (podría ser 3 de abril).

Pero, la que destaca más es la del ministro de Seguridad de Costa Rica, que con mucha seguridad estampó su firma el “4-6-26” (queda claro que es el 4 de junio del 2026, no podría interpretarse que es el 6 de abril del 2026, ni podría ser pieza testimonial de que los días 4 y 5 de marzo estaba atendido por Trump, en Mar a Lago y no en Doral, ¿o es lo mismo?

En la interpretación extrema de ambas fechas no calza con la realización de la reunión de Miami los días 4 y 5 de marzo. ¿Dónde estaba volando Mario Zamora? ¿Estaba en su sano juicio, proyectado, volado, extasiado en el 6 de junio, como si Laura Fernández lo hubiese nombrado ministro y en esa fecha hubiera rubricado ese documentazo para “Promover la Paz a través de la Fortaleza, para hacer frente a futuras amenazas a nuestros intereses mutuos” y “unirnos a una coalición para combatir el narco terrorismo y otras amenazas compartidas que enfrenta el hemisferio occidental”?

Como el emblemático ministro de Seguridad firmó el 6 de junio, es claro que esa firma no tiene ningún valor real, formal, institucional. Si acaso tendrá valor sentimental. Oficial ninguna. No tiene validez. No puede comprometernos como país. Sería horroroso que le alteren la fecha, para hacerla calzar con la reunión del 4 y 5 de marzo, o que lo lleven a pasear de nuevo a Doral, Mar a Lago o al Pentágono para que refirme el documento o le ponga un “otro sí”.

Está claro, por lo demás, que Costa Rica por su disposición constitucional, Artículo 12, abolió el ejército no puede participar activamente en organismos militares, constituidos por ejércitos para por la “Fuerza” “promover la Paz”.

De la Declaración firmada por esos militares pareciera que enterraron el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, que tiene la Fuerza Interamericana de Paz, que es el organismo político militar de la Organización de Estados Americanos, que usó 42000 soldados estadounidenses y 25 guardias civiles de Costa Rica en la invasión de República Dominicana en 1965, que no se puso del lado de Argentina en la Guerra de las Malvinas, en 1982, cuando los Estados Unidos se prestó de aliado con Inglaterra para la ocupación inglesa de esas islas, ni hizo nada contra Estados Unidos cuando invadió la pequeña isla de Granada en el Caribe sur, en 1983

La Declaración del Escudo de las Américas, como también se le llama a esa coalición militar, también deja sin efecto al Consejo de Defensa Centroamericano, CONDECA, que ya es un organismo bastante inoperante, del que Costa Rica es miembro observador.

Lo que no se puede tirar por la borda el flamante ministro, de Inseguridad Nacional, es la Sentencia de la Sala IV del 2004 cuando obligó al presidente Abel Pacheco a retirar la firma que había puesto de apoyo y solidaridad con Estados Unidos para la guerra que desarrolló en Irak. Fue clara la Sala IV al manifestar que Costa Rica por haber abolido el ejército de manera permanente no podemos participar en organismos ni coaliciones de carácter militar, que participen en guerras.

Para ello, Trump ha desarrollado un nuevo concepto de hacer guerras justificadas por razones políticas y geopolíticas guardando sus intereses. Ha modificado su lucha contra el narcotráfico bajo la perspectiva de la lucha contra las organizaciones narcoterroristas como las llama, y las coloca en la órbita de la lucha militar, de los ejércitos sin fronteras. La lucha contra las drogas para él es una tarea del ejército. En ninguna parte del mundo esa es una tarea militar, del ejército de los países. Esa es una tarea encomendada a cuerpos policiales altamente especializados.

La incorporación de Costa Rica en la Coalición militar de Trump, en la perspectiva de hacer guerras por doquier, con el impulso que trata de darle a su nueva Organización Mundial, sustitutiva de la ONU, nos lleva a la militarización del país, a la ocupación militar de Costa Rica, a la posibilidad de entregar el territorio nacional para construir emplazamientos militares y bases militares que no contribuirán en nada al desarrollo económico, social, político y democrático del país. Solo facilitará el desarrollo de tendencias militaristas en el país, la posibilidad de desarrollar de nuevo el ejército y de disminuir más los gastos públicos en educación, salud, vivienda, cultura, ciencia y tecnología.

La “firmita” del ministro Zamora es un compromiso de muerte para el país, para la democracia nacional y para la paz social que se ha construido y vivido en Costa Rica, prácticamente desde el siglo XIX, desde 1869 cuando empezó a fortalecerse más la educación y la salud pública.

La firmita del ministro Zamora, de ahora o de junio, es el camino al autoritarismo, al militarismo y al gorilismo rampante en el país.

La Coalición militar anti-carteles de las Américas de Donald Trump

Alberto Salom Echeverría
albertolsalom@gmail.com

1. Propósito oficial (lo que declara Washington)

El siguiente fue el objetivo oficial anunciado públicamente: “Combatir militarmente a los carteles del narcotráfico en América Latina.

Los puntos centrales de la iniciativa son:

-Coordinación militar entre 17 países del hemisferio (más o menos)

-Compartir inteligencia. Vigilancia y operaciones.

-Permitir que los Estados Unidos apoye operaciones contra carteles en distintos países.

-Posibilidad de usar fuerza militar directa contra organizaciones criminales.

Debe tenerse presente que Trump ha declarado que los carteles son organizaciones terroristas y que la coalición busca destruirlas con fuerza letal”.

Expresemos sumariamente todo lo anteriormente escrito en un lenguaje sencillo: Lo que se ha pactado es la reedición de una especie de OTAN regional contra el narcotráfico.

2. Propósito estratégico de seguridad de EE. UU

Una buena cantidad de analistas han comentado que el verdadero objetivo va más allá del narcotráfico, ya que la iniciativa permite a los Estados Unidos obtener un alcance estratégico de mayor magnitud. En realidad, la nueva política de intervención de Trump pretende:

A. Militarizar la lucha contra el narcotráfico. Esto implica, cambiar el enfoque tradicional de carácter policial por otro militar y de guerra irregular.

Lo dicho abre la puerta a varios cometidos, tales como: ataques selectivos, operaciones especiales, despliegue de fuerzas estadounidenses en la región. Esto no es otra cosa para los países latinoamericanos aliados de los EE. UU que ceder o dar la autorización al imperio del norte para que pueda violar la soberanía de los países signatarios. En el caso costarricense la firma estampada por parte del ministro de seguridad, Mario Zamora, que implica la entrada en violenta contradicción con la Constitución Política costarricense en varios de sus articulados.

B. Justificar operaciones extraterritoriales

Si los carteles se declaran organizaciones terroristas, quedaría inmediatamente habilitado Estados Unidos para aplicar la misma doctrina que contra Al-Qaeda o ISIS. Es decir, ataques contra cualquier país donde se encuentren los carteles, inclusive sin que exista una guerra formalmente declarada.

C. Reafirmar el liderazgo geopolítico en América Latina

De modo que la coalición viene a reforzar la influencia militar de Washington en el hemisferio, así como refuerza en el más amplio sentido de la palabra, la coordinación con gobiernos aliados. Algunos analistas han interpretado que eso significa la reconstrucción del sistema de seguridad hemisférica, pero, esta vez, bajo el liderazgo estadounidense.

D. Contener influencias externas

La presencia extraterritorial más incómoda para los Estados Unidos en el continente americano es a todas luces la de la República Popular China. No es únicamente por razones ideológicas, porque China cuenta hoy con un mercado donde se compran y venden bienes y servicios, productos industriales, en una proporción que, se lo deseara cualquier país capitalista. Por lo que Los Estados Unidos teme a China es por el grado de desarrollo que ha experimentado en las últimas tres décadas, que le permite competir idóneamente con cualquiera de los países capitalistas desarrollados. En muchos campos de la actividad mercantil o industrial ha comenzado a competir con ventaja. Entre los socios comerciales clave con los que China tiene actividad mercantil citamos a Brasil, Colombia, Chile, México y Perú. Todos estos países juntos concentran cerca del 90% de la totalidad del intercambio comercial de todo el subcontinente.

Por lo demás, la República Popular de China tiene relaciones comerciales casi con la totalidad de las naciones de América Latina y del Caribe; se ha convertido en un socio comercial que ha llegado a desplazar a los Estados Unidos en casi todos estos mercados a los que nos hemos referido. Además de los citados tiene relaciones importantes con Costa Rica, Cuba, Panamá, República Dominicana, Argentina y ahora de nuevo, Venezuela. Gran parte de la motivación del señor Trump para estar promoviendo la “Coalición militar anti-carteles de las Américas” radica en esta preocupación de tener que encontrarse con el gigante asiático en su colindancia trasera en mayor medida que lo que desea.

La otra gran influencia objeto de la inquietud de los Estados Unidos son las redes criminales y los carteles de la droga que, de acuerdo con sus interesadas investigaciones y la información obtenida, las supone vinculadas con actores políticos en el Irán. Claro que, la potencia neocolonial, ni siquiera menciona la presencia de los carteles de la droga y las poderosas redes del crimen que operan dentro del mismo territorio estadounidense.

De esta manera, desde la óptica geopolítica, la coalición tiene cuatro objetivos cruciales que son concomitantes y simultáneos entre sí, a saber: reorganizar la seguridad hemisférica bajo el liderazgo de los Estados Unidos; aumentar la capacidad de intervención militar en la región; combatir las redes criminales y ampliar sus intereses comerciales y mercantiles en las Américas.

3. Otras Doctrinas expansionistas de los Estados Unidos que provienen del pasado

En realidad, la actual doctrina de Trump está enlazada con viejas pretensiones de otros presidentes estadounidenses que fueron esbozadas tiempo atrás.

3.1. Vale la pena mencionar primero a la muy famosa Doctrina Monroe, la cual fue proclamada por el presidente James Monroe en 1823. Se hizo célebre mediante la frase “América para los americanos”, un juego de palabras muy a conveniencia del naciente imperio del norte, mediante el que Los Estados Unidos pasaron de ser un país más que acababa de alcanzar su independencia de la Gran Bretaña unos cincuenta años atrás, a considerarse a sí mismos los dueños del continente y por ello se apodaron de la expresión “somos los americanos” convirtiendo el gentilicio que se usa para denominar a cualquier habitante de todo el continente, en una metonimia o sinécdoque, mediante lo cual se emplea el nombre del país (EE. UU), para referirse todo el continente. De ahí que cuando Donald Trump lanza su “slogan” de campaña “Let´s make America Great again”, se está refiriendo exclusivamente al territorio de los Estados Unidos.

Políticamente, la sinécdoque que convierte por arte de “birlibirloque” en sinónimos a una parte con el todo, busca consolidar el pretendido derecho de Estados Unidos a intervenir en el hemisferio para “preservar su orden como único”, es decir para impedir nuevas colonizaciones europeas en el continente y pretender proteger así a los nuevos estados latinoamericanos. Esa lógica, buscaba fallidamente, darle un halo de legitimidad a numerosas intervenciones de USA en América Latina.

3.2. Luego, entre 1900-1930, bajo el liderazgo del presidente Theodore Roosevelt se esbozó el llamado corolario Roosevelt que, se agregó a la Doctrina Monroe.

El corolario decía que los Estados Unidos podía intervenir en cualquiera de los países latinoamericanos que tuviera una de estas dos condiciones: 1. Que tuviese inestabilidad política. 2. Que no pagase sus deudas externas.

Mediante esos mandatos auto otorgados fue que intervinieron en: Cuba, Nicaragua, Haití y República Dominicana. Era una lógica policial y militar sobre todo el hemisferio.

3.3. Pero, al sobrevenir la Segunda Guerra Mundial, contando además y con el inicio de la guerra fría, cambió el objetivo, ya no se trataba de detener las intervenciones europeas, pues quedaban pocas posibilidades para que se produjeran; ahora de lo que se trataba era de detener el comunismo.

Para cumplimentar este nuevo objetivo se creó un sistema de seguridad hemisférica: 1.la Organización de Estados Americanos, que pronto excluyó a Cuba. 2. El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). No obstante, la historia continuó registrando intervenciones directas o indirectas de parte de Estados Unidos: *Invasión de Bahía de Cochinos en Cuba (1961), *Golpe de Estado en Chile 1973, *Invasión de Panamá en 1989, entre las más connotadas. Se trataba de impedir la emergencia de gobiernos hostiles a Washington.

3.4. Desde los años 80, surge un nuevo énfasis por parte del gobierno de los Estados Unidos, “la Guerra contra las drogas”. Una nueva doctrina para combatir el narcotráfico como amenaza a la seguridad nacional.

Bajo el influjo de esta nueva doctrina, se produjeron: 1. El Plan Colombia y 2. La Iniciativa de Mérida en México.

Estas políticas implicaban:

-cooperación militar

-entrenamiento de fuerzas locales por parte del ejército estadounidense

-inteligencia compartida

-presencia de asesores estadounidenses

4. Conclusión

La nueva propuesta impulsada por Donald Trump.

Esta propuesta contine nuevos elementos:

4,1. Los Carteles de la droga como terrorismo. Como fue expresado supra, Si los carteles eran considerados terroristas, entonces EE. UU podría aplicar la misma doctrina utilizada contra Al Qaeda y El Estado Islámico.

Todo lo cual ha implicado, merced a la nueva tecnología: *ataques con drones, *operaciones especiales, *acciones extraterritoriales.

4.2. Una coalición militar hemisférica

Esta coalición ha implicado, en lugar de acuerdos bilaterales (como lo fue el caso del Plan Colombia), acuerdos multilaterales o una alianza regional de carácter permanente, como la que se ha propuesto. O sea, algo así como una OTAN hemisférica informal contra el crimen organizado.

Hipotéticamente, afirmo que se trata de Estados Unidos reconstruyendo una doctrina de seguridad hemisférica en pleno siglo XXI.

Trump en definitiva está buscando un renacer del imperialismo, apropiándose sobre todo del espacio en América Latina y desde ahí desplegar las alas del águila imperial por todo el orbe, para volver a consolidarse como una única potencia hegemónica política, militar, y económica.

Los datos incluidos en este texto fueron tomados de Wikipedia.

¿Daño colateral o el negocio de Wall Street? Nosotros ponemos los muertos, ellos lavan el dinero

Por JoseSo (José Solano-Saborío)

Hagámonos una pregunta incómoda, de esas que la mayoría prefiere evadir: ¿Qué va a pasar cuando un familiar suyo se tenga que enlistar en una fuerza armada? Peor aún, ¿qué hará cuando alguien que usted ama se convierta en el “daño colateral” de una de sus operaciones militares? ¿Empezará por fin a oponerse y a alzar la voz, o seguirá guardando el mismo silencio de ahora?

El oficialismo fue a Mar-a-Lago, el Club Privado de Trump que, junto a su propietario, aparece mencionado no una, ni dos, sino cientos de veces, en los “Archivos de Epstein”; para firmar un acuerdo, supuestamente “Anti Carteles” de la droga, junto a otros 11 países latinoamericanos más, que tienen en común el tener en el poder a grupos y presidentes Populistas y vasallos de extrema derecha neo conservadora, pero que en realidad fue otra cesión más de la soberanía a la decadente potencia del Norte, como una extensión más de su Doctrina Monroe.

Hoy nos quieren vender la idea de que la militarización es la varita mágica contra el narcotráfico. Nos piden que cedamos nuestra paz a cambio de una supuesta seguridad. Pero seamos racionales y veamos a nuestro alrededor. Colombia y México tienen ejércitos inmensos, equipados hasta los dientes. Honduras tiene una base militar de los Estados Unidos instalada en su propio territorio. ¿Qué diferencia real ha hecho todo esto para evitar el narcotráfico? Ninguna. La sangre se sigue derramando en las calles latinoamericanas mientras el negocio sigue intacto.

La cruda realidad es que, mientras los Estados Unidos no dejen de financiar este mercado y de enviar ríos de armas a los carteles de la droga, la guerra está perdida. No hacemos absolutamente nada con discursos de “amarnos” y con permitir absurdos como que lancen misiles a nuestro territorio soberano, si no se ataca la raíz del problema.

Y esa raíz tiene código postal. ¿Cuándo hemos visto grandes operativos de la DEA y el FBI en su propio país? ¿Cuándo hemos visto que tumben las puertas en los suburbios ricos donde se distribuye la droga? Y lo más crítico: ¿Cuándo hemos visto políticas reales, persecución y sanciones a los enormes capitales ensangrentados que se lavan, a plena luz del día, en Wall Street?

En esta región nosotros ponemos los muertos, el “daño colateral” y las lágrimas, pero el dinero se cuenta en el norte. No nos engañemos más: el problema del narcotráfico nace, crece y se fortalece en Estados Unidos, el país que tiene la mayor demanda de drogas ilegales del mundo.

Ya es hora de dejar de comprar recetas fracasadas y de exigir que quienes consumen y lavan el dinero, asuman su verdadera responsabilidad.

Una visión del sur: Los riesgos de un mundo que se derrumba…

Gilberto Lopes
San José, 27 de febrero de 2026

El mundo corre inmensos riesgos. “Nunca, desde la Segunda Guerra Mundial, la situación geopolítica y militar global había sido tan peligrosa”, estiman los brasileños Mauricio Bustani, exdiplomático, y el economista Paulo Nogueira Batista Jr., director del New Development Bank (NDB), el banco de los BRICS, entre 2015 y 2017.

Bustani y Batista Jr. pasan revista al escenario internacional y a algunos desafíos que la situación representa para Brasil, en un artículo publicado el pasado 26 de enero. Exembajador de Brasil en Londres y París, Bustani era el director general de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPCW) cuando la administración Bush montaba su campaña contra el gobierno de Sadam Hussein, en Irak, al que acusaba de poseer armas de destrucción masiva.

Elegido para el cargo en 1997 y reelegido en 2001, fue destituido en abril del 2002 cuando la presión del gobierno norteamericano logró una votación mayoritaria en ese sentido: 48 a 7, con 43 abstenciones. Abstenciones a las que Bustani atribuyó a la falta de un apoyo explícito del gobierno brasileño de Fernando Henrique Cardoso y del canciller Celso Laffer. Los países de América Latina, Asia y África pensaron que Brasil veía con reservas mí desempeño y, a última hora, se abstuvieron, dijo Bustani.

Bustani negociaba con el gobierno iraquí su incorporación a la OPCW, otorgando así acceso a los inspectores de la organización al supuesto arsenal de armas químicas, de cuya existencia dudaba.

Pero Bush ya preparaba la invasión de Irak y no le interesaba la gestión de Bustani. Por el contrario, el 5 de febrero del año siguiente –un mes antes de la invasión– hizo que su secretario de Estado, el general Colin Powell, hiciera una dramática presentación de “documentos” y “pruebas” en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas –falsas, como sabemos hoy– justificando el ataque que ocurriría el mes siguiente.

La tradición imperial norteamericana

La principal fuente de amenazas y agresión en este escenario es bien conocida, aseguran. Sin embargo “sería un error atribuir la responsabilidad de todo lo que está sucediendo actualmente únicamente a Donald Trump. El ‘factor Trump’ es temporal, mientras que el problema es esencialmente estructural y, por lo tanto, duradero”.

Bustani recordó más tarde –en entrevista a un diario brasileño–, que son, sobre todo, los presidentes demócratas “los responsables de las grandes guerras desatadas por los norteamericanos”. El imperio norteamericano no da tregua: Obama, responsable del mayor número; Clinton, el que decidió apoyar la ampliación de la OTAN hacia el este, violando los acuerdos logrados entre Gorbachov y Reagan para poner fin a la Guerra Fría.

El fenómeno Trump debe verse como la reacción de una superpotencia en decadencia que ya no puede mantener su hegemonía global respetando las reglas de una competencia económica organizada de forma ordenada”. Con Trump, el poder imperial simplemente “se quitó las máscaras”. En un mundo donde China, Rusia y el Sur global se hacen oír, “desenmascaran su verdadero rostro y pierden los modales”.

Irán y Ucrania

En la otra entrevista –concedida al periodista Leão Serna, publicada en el diario conservador Folha de São Paulo el pasado 21 de febrero–, Bustani se refirió a la perspectiva de una guerra contra Irán y al escenario europeo, luego de la invasión rusa a Ucrania.

Estados Unidos repite hoy acusaciones contra un supuesto plan iraní para hacerse de armas atómicas. Plan que Irán niega. Cuyo desarrollo estuvo, además, bajo control del Organismo Internacional de Energía Atómica de Naciones Unidas hasta que Trump rompió los acuerdos con el gobierno iraní durante su primer mandato y se puso fin a esa vigilancia.

Hay señales de que el régimen iraní solo sobrevive gracias a una represión brutal, dijo el periodista.

Estás equivocado, contestó Bustani. Esa es una historia mal contada, es la visión de Occidente. Irán firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear, es inspeccionado regularmente por la Agencia Internacional de Energía Atómica, pero sigue siendo demonizado, afirmó. “No creo que vaya a ocurrir una rebelión interna, como dice al prensa occidental”.

Serna le preguntó también cuál sería la próxima víctima de Putin, luego del ataque a Ucrania.

No habrá, afirmó Bustani. Esta amenaza “es una creación europea”. “¿Ud. cree que Putin va a invadir Londres y París? ¿Alguien, con conciencia política, puede imaginar eso?”.

El periodista insistió: creo que va a invadir los países bálticos.

¡Jamás! Ya habrían invadido. ¿Por qué lo harían? No lo necesitan. Europa no lo entiende. Rusia siempre quiso ser europea.

Para Bustani, Trump quiere una solución para ese conflicto porque no hay forma de que Ucrania pueda ganar.

La Doctrina Donroe

¿Qué puede hacer un país como Brasil frente a estos cambios en el escenario internacional? ¿Cómo resistir a la Doctrina Donroe, una actualización de la vieja Doctrina Monroe con la que, en 1823, un naciente Estados Unidos definió su política de “América para los americanos”? En ese intento por controlar el hemisferio –dice Bustani– Trump cuenta con el apoyo de Argentina, Paraguay, Bolivia, Chile, Ecuador, Costa Rica, Honduras y El Salvador.

En Costa Rica, un asesor del nuevo gobierno, que asumirá en mayo próximo, ya sugirió reformar la constitución para permitir la instalación de bases militares norteamericanas en las costas del país y combatir el narcotráfico. Parece un paso lógico, después de que la actual Asamblea Legislativa aprobara el año pasado, por unanimidad, una reforma que permite extraditar a costarricenses a Estados Unidos.

El ataque a Venezuela y el intento de recolonizar el país debe despertar en Brasil y en otros países la preocupación por su capacidad de disuasión, advierten Bustani y Batista Jr. El secuestro del presidente Nicolás Maduro dejó en evidencia la ausencia de medios para esa defensa. Proponen, para eso, el desarrollo de una fuerte base industrial de defensa, el control de los recursos naturales, así como de las rutas de comercio por el Atlántico Sur. Y llegan a la conclusión de que es necesario reexaminar la participación del país en el Tratado de No Proliferación Nuclear.

En eso también el orden de posguerra, que solo reconoce como potencias nucleares a los cinco integrantes del Consejo de Seguridad, está completamente superado.

La última oportunidad de Occidente

La discusión sobre las perspectivas del nuevo orden internacional se extiende, naturalmente, por todo el mundo.

El presidente finlandés, Alexander Stubb, un ferviente partidario de la OTAN y que hoy Rusia considera representante de la extrema rusofobia que se extiende por Europa, se lamenta del fracaso de las esperanzas surgidas al final de la Guerra Fría, de un mundo unificado bajo las normas de la democracia y del mercado capitalista. “La era de la posguerra Fría es cosa del pasado”, asegura, en un artículo titulado “The West last chance”, publicado en Foreign Affairs en diciembre pasado.

Para Stubb, Occidente tiene una última oportunidad para preservar el orden liberal mundial. Para eso debe aprender a oír y promover reformas de las instituciones internacionales, de modo que reflejen de mejor manera el peso económico y político del Sur global y del Oriente global.

El académico y diplomático singapurense, Kishore Mahbubani, coincide con el visión de Stubb sobre el papel del Sur global. Desde su perspectiva, el Occidente y el Oriente luchan por conquistar el corazón y las mentes del Sur global. La razón es simple, asegura: ellos perciben que “el Sur global decidirá la dirección del nuevo orden mundial”.

Una invasión provocada

Mahbubani se refiere a la invasión rusa de Ucrania. Occidente insiste en que “no fue provocada”. Claro que Ucrania nunca atacó a Rusia –afirma– , pero muchos pensadores occidentales, “como el diplomático estadounidense George Kennan y el intelectual australiano Owen Harries, advirtieron hace décadas que la expansión de la OTAN hacia el este acabaría provocando una reacción violenta por parte de Rusia”.

Para Mahbubani, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, expresó “una visión más matizada sobre la guerra en Ucrania cuando, en mayo de 2022, declaró: ‘Putin no debería haber invadido Ucrania. Pero no solo Putin es culpable. Estados Unidos y la UE también lo son. ¿Cuál fue el motivo de la invasión de Ucrania? ¿La OTAN? Estados Unidos y Europa deberían haber dicho: ‘Ucrania no se unirá a la OTAN’”.

Como sabemos, eso no ocurrió. Ocurrió todo lo contrario. Derrotada y desaparecida la Unión Soviética, Washington pensó que su hora había llegado. Que no tenía que dar cuenta de sus decisiones. Sin el tono estridente con que hoy Trump dice poder hacer lo que quiera en el mundo, Clinton decidió avanzar las líneas de la OTAN hacia las fronteras rusas, sin oír las advertencias sobre lo peligroso de esa decisión.

Invocando principios morales y compromisos con la democracia y los derechos humanos, tensaron también las relaciones con China. Creían estar del lado correcto de la historia, dice Mahbubani.

Pero, el pueblo chino “ha prosperado cuando han contado con un fuerte, un efectivo gobierno central que los gobierne sabiamente. Bajo la dirección del Partido Comunista el pueblo chino ha disfrutado de los mejores 40 años de desarrollo humano y social en 4.000 años de historia”.

Mahbubani concluye que Stubb tiene razón al pensar que “esta es la última oportunidad de Occidente para convencer al resto del mundo de que son capaces del diálogo, en vez del monólogo”.

Pero –agrega– para dialogar hay que oír. “Desgraciadamente, el 12% de la población que vive en Occidente no ha aprendido el arte de oír al restante 88% con los que comparte el planeta”.

Europa sueña otra vez con derrotar a Rusia

Mientras tanto, en Europa sube el tono de las voces que apuestan por continuar la guerra hasta la derrota de Rusia. “Hoy, Europa se rearma. Los países de la UE han pasado de invertir 214.000 millones de euros en defensa en 2021 a 326.000 millones en 2024”, dice una corresponsal del diario español El País en una nota sobre los cuatro años de la guerra, que se cumplieron el pasado 24 de febrero. Nos recuerda que la Unión Europea, “ha desembolsado unos 194 mil millones de euros para Ucrania” y tiene pendiente un préstamo por otros 90 mil millones.

Es inevitable pensar en cual sería el papel de la UE en el mundo si hubiese destinado alguna suma cercana a esa a proyectos de desarrollo, en Ucrania, en África, o en cualquier lugar del mundo. Pero eso es impensable.

“Nosotros debemos asumir toda posibilidad de incrementar la presión sobre la economía rusa y fortalecer la posición de Ucrania”, dijeron Rachel Reeves, ministra de Finanzas de Inglaterra y Elisabeth Svantesson, de Suecia, en un informe donde aseguran que la presión económica sobre Moscú, “está funcionando”.

Europa sueña con cumplir la misión a la que Alemania no pudo dar fin en los años 40 del siglo pasado. Hace ya años que su único plan es ganar la guerra, sin que prospere ni una sola iniciativa diplomática.

Cierro este texto el viernes 27 de febrero, cuando crecen las amenazas de otra guerra, con dramáticas consecuencias, fáciles de imaginar: el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, una decisión que Trump ha reivindicado como únicamente suya.

Ante esta realidad, Mahbubani no pierde las esperanzas: –Si el ensayo de Stubb despierta un proceso de escucha en Occidente, especialmente en Europa, habrá servido para un fin útil, afirma.

No parece, en todo caso, estar ocurriendo así. Occidente no parece oír la advertencia de Stubb, él mismo un entusiasta del esfuerzo militar y económico por derrotar a Rusia. Occidente está desperdiciando su “última oportunidad”. El riesgo que corremos es que el resto del mundo tampoco tenga otra…


NOTAS

El artículo, titulado “If you want peace…”, publicado el pasado 26 de enero, puede ser visto aquí: https://eng.globalaffairs.ru/articles/peace-bustani-batista/

La entrevista a Bustani puede ser vista aquí: https://www1.folha.uol.com.br/amp/ilustrissima/2026/02/bustani-diz-que-trump-mente-sobre-risco-nuclear-do-ira-e-repete-bush-no-iraque.shtml

El artículo de Alexander Stubb, titulado “The West last chance”, puede ser visto aquí: https://www.foreignaffairs.com/united-states/wests-last-chance

El artículo de Kishore Mahbubani, titulado “The dream palace of the West”, publicado en febrero, puede ser visto aquí: https://www.foreignaffairs.com/united-states/dream-palace-west?utm_medium=newsletters&utm_source=fatoday&utm_campaign=Ukraine%20and%20the%20New%20Way%20of%20War&utm_content=20260220&utm_term=EDZZZ006ZX

Un país sin memoria es un país sin futuro. Venezuela y Cuba ante la intervención estadounidense.

Vladimir de la Cruz

Intervención de Vladimir de la Cruz, Historiador y Miembro del Consejo Universitario de la UNED, en el acto convocado por Cátedra Abierta Manuel Mora, la Cátedra de Sociología de la UNED y el Centro de Estudios Políticos y Sociales Manuel Mora, en el Paraninfo Daniel Oduber, de la Universidad Estatal a Distancia, UNED, el día 18 de febrero del 2026, bajo el tema de “Venezuela la intervención: Soberanía, resistencia y proyectos en disputa. Al unilateralismo imperialista: resistencia, soberanía y autodeterminación. Los caminos de la autodeterminación en el contexto actual”. Participaron también Eric Valdés, Embajador de Cuba en Costa Rica, y Mag. Andrés Mora Ramírez, Coordinador del Instituto de Estudios Latinoamericanos, IDELA, de la Universidad Nacional.

Nos reúne esta noche la necesidad de iniciar una reflexión, que debe mantenerse con periodicidad este año, por los acontecimientos internacionales que se han venido produciendo en las últimas semanas, que se anuncian, se avecinan y que pueden desembocar en un escenario cercano al marco de una tercera guerra mundial, así como de un replanteamiento agudo de las relaciones internacionales, de una redefinición de las regiones geopolíticas mundiales, que afectan de manera directa al continente americano. En este caso por las amenazas directas que ha hecho el presidente Donald Trump respecto a Groenlandia, Canadá, México, Panamá. Por la intervención militar que hizo en Venezuela, el pasado 3 de enero, y las amenazas indirectas que hizo sobre Colombia y las similares que hace de manera destacada sobre Cuba.

Igualmente, porque ha trazado una nueva política de seguridad nacional de los Estados Unidos, que pone en peligro de intervención a todos los países del continente, que por esa política, los declaren que amenazan su seguridad nacional y procedan a actuar en ellos militarmente. Del mismo modo, por la intervención del Secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, en la 62 Conferencia de Seguridad Internacional, en Munich el pasado 16 de febrero, que señaló claramente estas necesidades, incluso invocando la posibilidad de acudir a la guerra.

Desde hace muchos años a los Estados Unidos les interesaba y preocupaba más el contexto de las relaciones internacionales de los países de América, que su orden político interno, si dictadura, tiranía, régimen autoritario, sistema democrático. Patrocinaron dictaduras, tiranías y regímenes autoritarios en tanto garantizaran esas relaciones internacionales asegurando alianzas y colaboraciones políticas, económicas, militares y geoestratégicas con la política exterior de los Estados Unidos.

Durante el período de la Guerra Fría esto fue más que evidente. La expulsión de Cuba de la OEA, el 31 de enero de 1962, marcó desde entonces la política exterior de los países latinoamericanos en el continente aliada a los Estados Unidos. La razón de la expulsión fue su declaración de país socialista, imponiendo que esa condición no era compatible con el sistema interamericano. México en ese momento fue el único país que mantuvo sus relaciones diplomáticas con Cuba y reivindicó su derecho a la autodeterminación de su política interna y externa.

Hasta el 2008 poco a poco los países fueron restableciendo sus relaciones diplomáticas con Cuba, siendo Costa Rica de los últimos países en hacerlo ese año, cuando solo faltaban tres países en restablecer de nuevo esas relaciones, lo cual ya era vergonzoso y más vergonzoso hubiera sido que las restableciera después que Estados Unidos lo hiciera, como por tiempo después el presidente Barak Obama las restableció.

El gobierno de Obama limó las últimas asperezas restableciendo esas relaciones con Cuba, que el gobierno de Donald Trump ha congelado nuevamente, y de manera agresiva, en las nuevas condiciones internacionales que él impulsa, pretende intervenir en la política interna de Cuba, de cambiar su gobierno y su sistema político y de considerar, en esa intención, una acción militar como la que realizó en Venezuela, para validar su pretensión de imponerle a Cuba un nuevo régimen de gobierno.

Con Trump se han revivido, de forma actualizada, las diferentes doctrinas intervencionistas, de carácter imperialista, colonialista que los Estados Unidos impulsaron en el continente, desde 1811, cuando los Estados Unidos aprobó la Política del Principio de No Transferencia que pretendía detener que los territorios americanos pasaran a manos de las potencias europeas como lo pretendía Inglaterra en el Cono Sur, en esos años. Luego, en 1823, con la llamada Doctrina Monroe cuando, el 2 de diciembre de ese año, en su sétimo discurso al Congreso sobre el Estado de la Unión, el Presidente Monroe declaró que los Estados Unidos tenían el “carácter elegido”, la “idea americana” de la “defensa” de las Américas, considerando que los esfuerzos ingleses de controlar o influir, particularmente, en Suramérica debía considerarse una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos. Sostenía, también. que Europa y América debían considerarse como dos esferas de influencias separadas. Alexander Hamilton, en los días inmediatos a la Independencia de los Estados Unidos ya había señalado que Europa debía mantenerse lejos de América, valorando el papel que Estados Unidos podría jugar en esa época en el plano internacional. John Quincy Adamas, presidente de Estados Unidos, también se pronunció contra cualquier intento de presencia colonial europea luego que se fueron declarando las independencias de los países americanos.

En ese tiempo los Estados Unidos adueñaron de la Florida, en 1819, que pertenecía a España y, en 1821, proclamaron la “defensa” arrogándose el derecho de intervenir unilateralmente en los estados latinoamericanos, convirtiéndose de hecho en sus protectores. Así, enfrentaron a Europa que quería restaurar su dominio colonial en América.

En 1845 el presidente James K. Polk afirmó sobre la Doctrina Monroe que ninguna nación o Estado europeo podía interferir con la expansión estadounidense que se estaba realizando.

En 1846 Estados Unidos impuso a Colombia el Tratado Mallarino-Bidlack, con el cual se aseguró el derecho de tránsito por el istmo de Panamá a cambio de garantizar la soberanía colombiana sobre el territorio. En 1867 Rusia perdió sus posesiones americanas.

Hacia 1880 los estados latinoamericanos eran considerados protectorados de Estados Unidos.

A la par de la Doctrina Monroe se desarrolló en el siglo XIX la Doctrina del Destino Manifiesto, que justificó la expansión hacia el oeste de los Estados Unidos, arrasando con todas las culturas originarias de esa gran nación, y se volcaron sobre los territorios de México y de Centroamérica, lo que produjo la guerra de 1856-1857, cuando los filibusteros actuaron, intervencionistamente, en posibilidad de anexar estos países y de someter a la esclavitud a los pueblos centroamericanos.

El siglo XIX fue un siglo de regímenes y sistemas colonialistas.

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX se desarrolló la fase imperialista de la sociedad capitalista, cuando surgieron los trust, los carteles, los monopolios y los oligopolios, como expresión de la fusión del capital financiero e industrial volcado en el control de áreas estratégicas, países y regiones, de materias primas necesarias de la Revolución Industrial, como petróleo, estaño, cobre, zinc, aluminio y otras, volcadas en el control de la mano de obra barata de esas regiones, convertidas a su vez en regiones compradoras de los bienes que con esa mano de obra barata y esa materia prima se les vendía caro, con las empresas que estaban surgiendo, como “dueñas”, de esas regiones. Algunas veces las empresas imperialistas les daban apellido, a los países o regiones, como fue el caso de la United Fruit Company que a Centromérica la hizo llamar las Repúblicas Bananeras o Bananas Republics, por el peso que esa empresa tenía para nombrar o quitar presidentes, tiranos, dictadores o militares en gobiernos, o controlar decisiones judiciales y legislativas.

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX se produjo la Guerra Hispano Estadounidense que produjo que Puerto Rico, Guam y las filipinas pasara a control de los Estados Unidos.

Cuba en ese período fue igualmente intervenida, aprovechando ese conflicto. Cuba se independizó de España y Estados Unidos se aprovechó para ocuparla hasta 1902, estableciendo una cláusula constitucional, que dio origen a la llamada República Plattista, por la Enmienda Platt que se le agregó a la Constitución, apropiándose de igual manera del territorio de la Bahía de Guantánamo.

A finales del siglo XIX, los Estados Unidos impulsaron la Doctrina Monroe bajo el concepto del Gran Hermano, tratando de unir a los países del continente alrededor de su mercado y de sus políticas comerciales, y proyectándose como mediador de conflictos fronterizos, como lo fue el de Esequibo que enfrentó a Venezuela con Inglaterra, que se sigue manteniendo entre Venezuela y la Guyana, hoy disputando franjas petroleras y mineras, o el conflicto fronterizo de Nicaragua y Costa Rica.

De igual modo fue el caso de la explotación mundial del petróleo desde inicios del siglo XX. Desde las décadas de 1940 hasta la de 1970 siete empresas petroleras se impusieron globalmente, llamadas las siete hermanas, que fueron y siguen siendo algunas de ellas, la Oil of New Jersey, renombrada Exxon, la Standard Oil of New York, Mobil, la Standard Oil of California, Chevron, la Gulf Oil Corporation y Texaco, la angloneerlandesa Royal Dutch Shell, y la británica Compañía Petrolera Anglo-Iraní o British Petroleum.

La I Guerra Mundial, disputó entre las potencias de esa época, esas regiones por los intereses que tenían en sus materias primas. De allí surgió el imperialismo en su expresión política intervencionista en distintos países y regiones. América Latina no fue excepción.

A principios del siglo XX se impuso la Doctrina del Big Stick o el Gran Garrote, del presidente Theodore Roosevelt que usaba la fuerza militar para afirmar sus dominaciones políticas. Así actuaron con el bloqueo naval en 1902-1903 en la región de Maracaibo, en Venezuela. Para los Estados Unidos era también un concepto de relación entre pueblos bárbaros y pueblos civilizados. El presidente Trump a veces apela a este ideario político.

Con la Doctrina del Gran Garrote garantizaban que los países cumplieran con sus obligaciones con los acreedores internacionales y no violaran los derechos de Estados Unidos, ni invitaran a una «agresión extranjera en detrimento de todo el conjunto de las naciones americanas». Igualmente ejercía control de aduanas. Con ello también buscaba restablecer estabilidades internas en las regiones o países que intervenían. Los mismos argumentos que hoy emplea Trump.

Roosevelt, como lo hace Trump, declaró que Estados Unidos podría “ejercer poder policial internacional en “casos flagrantes de tal irregularidad o impotencia”. De esa manera intervino en Cuba, Nicaragua, Haití, República Dominicana.

Roosevelt afirmó: «No garantizamos a ningún estado contra el castigo si se comporta mal», nada alejado de las frases y expresiones que Trump acostumbra a manifestar como amenaza a quien no se le someta, asegurando de esa forma el derecho de Estados Unidos a intervenir en Latinoamérica en casos de «faltas flagrantes y crónicas por parte de una nación latinoamericana» para evitar la intervención de los acreedores europeos.

En el caso de Colombia intervino apoyando la separación de Panamá, “inventándose un país” para apropiarse de un canal interoceánico. En el caso de Cuba impuso un apéndice constitucional en 1901, conocido como la Enmienda Platt, en su inicial lucha por Independencia, en el contexto de la guerra Hispano Estadounidense, limitando su soberanía, permitiendo intervenciones militares y apropiándose de una región para establecer la Base Naval y Militar de Guantánamo que todavía hiere la Soberanía plena territorial y el corazón del pueblo de Cuba, territorio que sigue ocupado contra la voluntad de Cuba, de su gobierno y de su pueblo. La Enmienda Platt dio pie también para que esos dos primeros años se conociera a Cuba como la República Plattista.

Todas estas políticas se cubrieron bajo la forma también de la Política de las Cañoneras, que eran las acciones de fuerza, que ejercía Estados Unidos, en sus relaciones internacionales cuando así lo considera necesario o conveniente en la defensa de sus intereses, enviando barcos para bombardear puertos, facilitar desembarco de marines y obligarle a aceptar sus condiciones, así fue en Maracaibo en 1902-1903, y así volvió a producirse en Venezuela el 3 de enero del 2026. Y así se está pretendiendo actuar en Cuba con una fuerte campaña desinformativa y provocativa en esa dirección.

También se impuso la llamada Diplomacia del Dólar: lo que no podían hacer a la fuerza lo harían mediante las intervenciones e inversiones económicas, facilitando que las corporaciones beneficiándose colaboraran de esa manera con la seguridad nacional estadounidense, evitando la presencia financiera y económica de países europeos.

Lo que Trump hace es reinterpretar en tiempo actual la Doctrina Monroe, actuando directamente. De igual modo procuran cercenar en América Latina la presencia de Rusia y de la República Popular China en la economía, las finanzas, la tecnología y el comercio latinoamericano.

Ante el ascenso del nazi fascismo y la lucha de los pueblos europeos, inicialmente, y luego del mundo entero, y ante el desarrollo de la II Guerra Mundial, los Estados Unidos impulsaron su política de Buena Vecindad, del presidente Franklin Delano Roosevelt, que suponía la no intervención ni injerencia en asuntos internos de Latinoamérica. Se procuraba con esta Doctrina la solidaridad hemisférica contra las amenazas nazifascitas y mejorar las relaciones con las naciones de Centroamérica y de Suramérica fortaleciendo su estabilidad, priorizando comercio y cooperación.

En las condiciones de la Primera Guerra Mundial se produjo la Gran Revolución Socialista de Octubre, en Rusia, en 1917, estableciendo por primera vez un régimen socialista político y de producción. En diciembre de 1922 se unieron bajo la bandera de la construcción socialista 13 naciones, Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Kazajistán, Kirguistán, Moldavia, Tayikistán, Turkmenistán, Ucrania, Lituania y Uzbekistán, dando origen a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, a las que se sumaron, después de la II Guerra Mundial, Estonia y Letonia, que habían sido parte de la Rusia zarista, separadas por el Tratado de Brest-Litovsk, del 3 de marzo de 1918. Así se mantuvo la URSS hasta su desintegración en 1991.

Este gran período histórico dividió el siglo XX en dos grandes grupos de países, los de desarrollo capitalista y los de desarrollo socialista. En medio de ellos, desde la I Guerra Mundial, pero particularmente a partir de la II Guerra Mundial, entró en crisis el sistema mundial del colonialismo, que ejercían los países capitalistas como lo eran España, Portugal, Reino Unido, Francia, los Países Bajos, Alemania, Italia, Japón y Bélgica, que controlaban enormes territorios en América, África y Asia.

Al terminar la I Guerra Mundial se creó la Liga de las Naciones que llegó a tener casi 50 países, sin lograr sobrevivir frente al avance del nazifascismo en Europa y al impacto del inicio de la II Guerra Mundial.

Al terminar la II Guerra Mundial se constituyó la Organización de las Naciones Unidas, en 1945, con la participación de 51 países independientes y soberanos. Hoy tiene 193, como miembros reconocidos y dos como Estados observadores, que resultaron de las luchas nacional libertadoras, anticoloniales y antiimperialistas que se produjeron desde 1945 hasta el 2011 cuando se integró Sudán del Sur. Durante muchos años la ONU tuvo una Comisión de Colonias donde se atendían los problemas relacionados con su coloniaje y con sus luchas nacional libertadoras. Todavía 8 potencias o países, Australia, Dinamarca, Países Bajos, Nueva Zelanda, Noruega, Francia, Estados Unidos y el Reino Unido, mantienen dominación colonial sobre 61 regiones o países existentes. Cambio importante se produjo en la ONU con el ingreso oficial de la República Popular China el 25 de octubre de 1971, como los únicos representantes legítimos del pueblo de China, con lo cual también empezó a tener una proyección internacional mayor, formando parte además de los llamados países permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, junto con Francia, Estados Unidos, Reino Unido y Rusia.

Al terminar la II Guerra Mundial surgieron como países socialistas, en Europa, Albania, Bulgaria, la República Democrática de Alemania, Checoslovaquia, Polonia, Rumania, Yugoslavia y Hungría. Además de ellos en Asia y el resto del mundo se declararon socialistas casi 20 países más, y nueve países socialistas no marxistas.

Los países europeos junto a la URSS constituyeron un Bloque de países socialistas en Europa, que fueron contemplados dentro de la llamada Cortina de Hierro, concepto usado por Churchil, que caracterizó el período de la Guerra Fría, a escala internacional, desde 1946 hasta 1991. En el Asia operó la llamada Cortina de Bambú frente a las revoluciones encabezadas por la República Popular China, la República Popular Democrática de Corea del Norte, República Popular Democrática de Vietnam del Norte.

En América Latina sobresale hoy como una estrella solitaria la República de Cuba. Junto a Cuba en la historia latinoamericana conocemos los esfuerzos socialistas de la República Socialista de Chile en 1932, cuando el Partido Socialista de Chile tuvo un breve período de gobierno, del cual formó parte el Dr. Salvador allende, luego presidente de Chile desde 1970 hasta 1973 cuando fue derrocado por el General Augusto Pinochet en confabulación con la CIA y el gobierno de los Estados Unidos, que no querían luego de Cuba, otra Revolución Socialista en el continente, menos surgida de un proceso electoral. Con el derrocamiento de Allende, y el establecimiento de las dictaduras militares en el continente se procuraba no permitir el ascenso de fuerzas revolucionarias, políticamente socialistas, por la vía electoral, ni por la vía armada, a los gobiernos.

En 1965 los Estados Unidos también invadió República Dominicana, resultado un gobierno militar 13 años.

El gobierno democrático del Estado Socialista de la isla Granada, en el Caribe, que dirigieron en sus dos gobiernos, Maurice Bishop y Bearnard Coard, fue derrocado por una intervención militar estadounidense en 1983.

Nicaragua no figura en el almanaque internacional como país socialista de ningún tipo. El gobierno revolucionario de Nicaragua, de 1979 a 1990, surgido de una heroica lucha guerrillera, no condujo a Nicaragua a proclamarse como Republica Socialista. No lo es mes, menos ahora. En el triunfo de 1979 y en esos primeros años tuvieron participación importante las columnas ide combatientes internacionalistas de la izquierda política costarricense, constituida por los partidos Vanguardia Popular, Socialista Costarricense y Movimiento Revolucionario del Pueblo, dirigidas por Manuel Mora Salas.

La Venezuela surgida por el movimiento reformista de la V República y de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, tampoco aparece con el reconocimiento de ser un país socialista o comunista. Con el ascenso de Hugo Chávez Frías, en 1999 hasta el 2013 cuando falleció, se estableció un gobierno de profundas reformas sociales. A la muerte de Hugo Chavez continuó en el gobierno, el Partido Socialista Unido de Venezuela, PSUV, y Nicolás Maduro electo presidente de manera continua desde el 2013, por tres veces consecutivas hasta el que 3 de enero del 2026, fue depuesto de su mandato presidencial por la operación militar del presidente Trump, que lo secuestró para llevarlo a juzgar a los Estados Unidos, acusado de ser uno de los líderes de un cartel de narcotraficantes, que Trump calificó de narcoterrorista. Los últimos dos gobiernos de Nicolás Maduro fueron cuestionados nacional e internacionalmente en el resultado de sus elecciones como fraudulentas. Muchos países por ello no le reconocieron como Presidente legítimo de Venezuela, sin romper relaciones diplomáticas oficialmente con él ni con ese país.

En el escenario de la Guerra Fría se impuso en Estados Unidos la década macartista, en la década 1950-1960 con sus repercusiones anticomunistas en todas partes del mundo y en América Latina, con el impulso a gobiernos militares, dictaduras y tiranías, represiones políticas, ilegalidad de partidos de izquierda de todo tipo, golpes de estado, gobiernos autoritarios.

La Doctrina Truman dominó este período con el fortalecimiento de las bases militares en Panamá y la preparación de contingentes contra insurreccionales y de contraguerrillas. De esa época, resultado de la guerra civil, de marzo y abril de 1948, en Costa Rica se impuso la proscripción legal del Partido Comunista de Costa Rica hasta 1975. Al calor de la Revolución Cubana cerraron en 1962 el periódico semanal Adelante, mediante el cual sectores de la izquierda y el progresismo social podían expresarse, así como proscribieron casi una decena de partidos políticos de izquierda que procuraban participar en los procesos electorales.

Frente al triunfo de la Revolución cubana impulsaron el proyecto de la Alianza para el Progreso y del Punto IV, del Plan Clayton, para América Latina de finales de la década de 1940-1950, junto con la aprobación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, resultando de la Doctrina Truman, que pretendía defender al continente de una agresión comunista de la URSS.

Durante el período de Hugo Chávez, en Venezuela, se enarboló un concepto político de Socialismo del Siglo XXI, que fue bandera de la Revolución Bolivariana que impulsó Chávez son sus reformas sociales, sin tocar las bases capitalistas de la sociedad política y económica de Venezuela. Como concepto fue tomado por presidentes de países suramericanos como Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia, que incluso lo asumieron en sustitución de sus conceptos de Revolución Ciudadana y de Revolución Plurinacional que respectivamente agitaban en sus países. De igual modo cuando murió el presidente Chávez, retomaron sus denominaciones originales.

El concepto de Socialismo del Siglo XXI Cuba no lo asumió ni como bandera, no como concepto revolucionario de nuevo tipo, para el siglo XXI, ni como parte de sus banderas revolucionarias. Respetó el esfuerzo que en esa dirección se hacía en Sur América, como esfuerzo teórico desarrollado por Heinz Dieterich Steffan, esposo de Marta Harnecker, que no tuvo éxito, Heinz Dieterich fue asesor de Hugo Chávez hasta el 2008.

Los gobiernos reformistas de Argentina, bajo los gobiernos de los esposos Néstor Kirshner y Cristina Fernández, Chile de la Michelle Bachelet, Brasil, de Luiz Inacio Lulada Silva, Paraguay, de Fernando Lugo no acogieron la consigna del Socialismo Siglo XXI. Tampoco lo hicieron Nicaragua, con Daniel Ortega y El Salvador, bajo los gobiernos del Frente Farabundo Martí.

Digo esto para entender que el Socialismo Siglo XXI no era una doctrina, ni una teoría revolucionaria, que provocara movimientos revolucionarios, o institucionalizara el socialismo por Decreto allí donde hubo gobiernos reformistas.

Durante la época del presidente Chávez, con Chávez a la cabeza de este grupo de mandatarios reformistas suramericanos constituyeron un bloque de países, reformistas sí, progresistas sí, anticolonialistas sí, antiimperialistas sí, anticonfrontativos del gobierno estadounidense sí, solidarios con la Cuba Revolucionar sí. Bajo Chavez se impulsó un ideal de unidad latinoamericanista, nacionalista y antiimperialista.

Venezuela la solidaridad con Cuba la hizo y la mantuvo, de manera especial. Bajo los gobiernos de Hugo Chávez y de Nicolas Maduro ese lazo fue indestructible. El suministro de combustible y de energía que Venezuela le facilitaba a Cuba ayudaba a enfrentar el criminal bloqueo de 65 años que ha mantenido Estados Unidos contra el pueblo cubano y su gobierno. Especialmente ayudó después de la caída de la URRS cuando Cuba superaba el llamado período especial que tuvo durante toda la década de los años 1990-2000.

El bloqueo ha tenido el objetivo de crear las peores condiciones de sobrevivencia del pueblo cubano, de ahogarlo, de llevarlo a los límites de la asfixia, con la intención de que el pueblo cubano es tire a las calles, en manifestaciones, con acciones de resistencia civil callejera, para eliminar el gobierno, echándole la culpa de la mala situación que ha provocado el bloqueo, de una mala administración de gobierno y a un mal sistema político de gobierno y de vida, como es el socialismo en Cuba.

El gobierno de Trump decidió acabar con el ejercicio gubernativo de Nicolás Maduro, interviniendo militarmente en Venezuela, en una operación militar finamente elaborada, de carácter aéreo que permitió su “extracción” física, como le llamaron, de su rapto, su captura, demandada por la Administración Trump y la Justicia de los Estados Unidos, acusado de ser un alto dirigente del Cartel de los Soles, que Washington había calificado de narcoterrorista, bajo un nuevo concepto de seguridad nacional estadounidense, bajo la Administración Trump, donde han establecido que ese tipo de actividades deben ser combatidas militarmente, por el Ejército de los Estados Unidos, donde se encuentren, si son calificadas como amenazas a la seguridad nacional de ese país.

Los objetivos de la acción militar Trump en Venezuela los podemos ver así:

Primero: control de las relaciones internacionales de Venezuela en el contexto mundial, considerando esa proyección dentro de esas relaciones de Estados Unidos. Debilitar y quebrar las relaciones con Rusia, con la República Popular China, con Irán, con Cuba principalmente.

Segundo: ejercer control de la producción petrolera venezolana, considerada una de las reservas mundiales más importantes. Las primeras acciones después de la intervención militar y de las relaciones que han establecido con las autoridades a cargo del gobierno venezolano así lo demuestran.

Tercero: informar al mundo que Estados Unidos no acepta países latinoamericanos disidentes de su esquema de política exterior, en el contexto mundial de países que surgen como rectores hegemónicos mundiales, como son Rusia y China particularmente. De manera especial China que se proyecta como la principal economía del mundo a partir del 2030.

Del mismo modo, la organización de bloques de países, en el campo económico como el grupo BRICS, constituido originalmente por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, que hoy agrupa, después de la Cumbre del 2023, a Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, Indonesia. Recientemente México anunció su solicitud de ingreso a BRICS, dándole una bofetada a Trump, por las políticas aduaneras y económicas que ha impuesto a México y a Canadá y por la ruptura fáctica que ha hecho del Tratado de Libre Comercio del Norte.

Trump en este segundo gobierno ha marcado una nueva etapa imperialista de los Estados Unidos.

Empezó denominando el histórico Golfo de México como Golfo de América. Así lo impuso y así se ha reconocido en todos los sitios internacionales que accedan en búsqueda geográfica, cartográfica y en los medios electrónicos de localización informativa.

Siguió amenazando a Canadá con la tesis de que Canadá debe formar parte del territorio político y de la integridad político-administrativa de Estados Unidos.

Con Canadá además estableció políticas arancelarias muy fuertes. Canadá le ha respondido igual. Frente a las amenazas también Canadá ha amenazado con responder en el terreno que le afecte. Ha fortalecido en estos días sus vínculos con la República Popular China y con México, del cual son socios comerciales importantes.

Trump advirtió que quería tomar Groenlandia, la isla más grande del mundo, que tiene una población de 70.000 personas y es tan grande como Africa y Sur América, según se mire en el Mercator y, es comparable con una cuarta parte del territorio de Estados Unidos, y es 4.32 veces más grande que España.

Con Groenlandia se enfrentó a Dinamarca que es el Estado Europeo al cual pertenece administrativa y políticamente. Con esto ha logrado que se establezcan fisuras en la OTAN, de la cual Dinamarca es miembro, y ha provocado solidaridad militar de algunos países europeos, también miembros de OTAN, para defender militarmente cualquier acción militar de los Estados Unidos, o cualquier otro país en Groenlandia.

Con México Trump ha amenazado varias veces con intervenir con su Ejército, en la frontera, con el pretexto de atacar y combatir las organizaciones dedicadas al narco tráfico. México ha respondido que ni autoriza ni acepta acciones del ejército estadounidense en su territorio.

Frente a las políticas arancelarias impuestas, México ha respondido con buscar otros aliados comerciales, y ha solicitado ingreso a BRICS, ha terminado de construir la ruta ferrocarrilera y de transporte trans ístmica de Tehuantepec, de océano a océano, facilitando más el comercio mundial y provocando más cercanía con los mercados de Estados Unidos que hacerlo por Panamá.

Respecto al bloqueo criminal impuesto a Cuba, México ha empezado a enviar combustible y a garantizar que las líneas aéreas que necesiten volar a Cuba pueden abastecer combustible en México.

Frente a Nicaragua, Estados Unidos ha mantenido una relación particular. Incluso en maniobras militares organizadas conjuntamente de Nicaragua con otros países, participa Estados Unidos. Curiosamente, en la reunión continental que acaban de hacer en Estados Unidos, de los representantes de los Ejércitos de América Latina, no invitaron a Nicaragua, al mismo tiempo que Nicaragua ha fortalecido públicamente sus relaciones con la República Popular China.

Las relaciones Cuba Nicaragua parecen no ser un problema importante que preocupe a la administración Trump. Más le preocupa a Trump el tipo de gobierno de Nicaragua que descansa en dos copresidentes, Daniel Ortega y Rosario Murillo. Ha cuestionado esta figura de gobierno diciendo que no es legítima. Además entiende que Rosario Murillo no goza de la simpatía de todos los jefes militares de Nicaragua, por las decisiones que han venido tomando especialmente con los Comandantes históricos sandinistas de tenerlos presos o privados de libertad desde sus casas, como han sido los casos de Henry Ruiz y de Bayardo Arce.

En el caso de Panamá el interés de Trump de ejercer control total, de nuevo, sobre la administración y el control del Canal de Panamá. Ya ha logrado algo, debilitar la influencia de las empresas chinas en el Canal. Trump ha sido claro que ese dominio en el Canal impide que la China conozca el movimiento de buques y barcos, y de lo que transporta, porque eso puede ser material sensible estratégico.

En Suramérica Trump puso sus ojos en Venezuela y en Colombia. En Venezuela su objetivo político fue llevarse a Nicolás Maduro, presidente, a Diosdado Cabello, Ministro del Interior y acusado como el principal líder del Cartel de los Soles y a Vladimir Padrino, el jefe superior del Ejército. A todos ellos le había puesto recompensa por su captura.

Su objetivo estratégico eran las relaciones internacionales de Venezuela, que para los efectos energéticos las controla ya, indicando que se suspendieron los negocios y envíos de petróleo a Rusia, China, Irán y especialmente a Cuba, controlando además toda la comercialización y venta, depósitos de esos dineros e imponiendo la llegada de empresas extranjeras petroleras. Ha logrado Trump las modificaciones legales para las operaciones de las empresas petroleras.

A Colombia, de manera particular acusó al presidente Gutavo Petro de vínculos con el narcotráfico. El presidente Petro respondió fuertemente que en Colombia existen siete bases militares de Estados Unidos que desee hace varias décadas actúan contra las guerrillas y contra las organizaciones narcotraficantes y narco productoras sin que esa presencia estadounidense hubiere acabado con ellas. Que el él, Petro, podría valorar cancelar el derecho de esas bases militares en el suelo colombiano.

Lo sucedido en Venezuela el pasado 3 de enero fue una operación rápida y contundente, desarticulando las defensas aéreas y las capacidades de mando y control en las primeras horas, reduciendo la capacidad de respuesta que no tuvieron las tropas venezolanas, ni quienes tenían a cargo la seguridad del presidente Maduro. Aplicaron un uso muy avanzado de tecnología que inutilizó las capacidades venezolanas de resistencia.

A Venezuela le ha sido impuesta la negociación petrolera, que ahora gestiona y autoriza Estados Unidos, que ha permitido que las empresas india Reliance Industries Ltd y las CHEVRON y Repsol puedan extender actividades de exploración y explotación en nuevos lotes de la faja petrolera del Orinoco para fomentar la producción. Venezuela, igualmente, otorgará más bloques de perforación petrolera, realizará un censo en la Costa Oriental del Lago de Maracaibo para determinar cuántas empresas pueden reactivar operaciones en el sector petrolero. La empresa Valero Energy fue una de las primeras refinerías estadounidenses en reanudar las importaciones de crudo venezolano.

Venezuela ha sido visitada desde el día siguiente de la “extracción” del presidente Maduro, y recibido oficialmente por la Presidenta Encargada, Delcy Rodríguez, el Jefe de la CIA, el Secretario de Energía de EE.UU, Christopher Wright, y otros altos funcionarios del gobierno de Trump, incluso altos militares del Comando Sur, de la CIA y del Consejo Nacional de Seguridad, que participaron en las operaciones militares del 3 de enero. Ya se estableció de nuevo la relación diplomática que había sido suspendida en el 2019.

La operación del 3 de enero no fue un jaque mate a Venezuela. Ha permanecido todo el aparato institucional de gobierno, las autoridades legal y constitucionalmente en capacidad de asumir el mando del país lo han hecho.

Se llevaron al presidente Maduro dos días antes de que se instalara la Asamblea Nacional, el 5 de enero, que era el día que oficialmente se instalaba la Asamblea Nacional, en capacidad de juramentar a Delcy Rodríguez como sucesora encargada.

En Venezuela no se ha producido una vacante absoluta del Presidente. Legalmente está sustituido, con lo cual se mantiene en Venezuela la idea de que Maduro sigue siendo el presidente, hasta que no falte del todo. Oficialmente reclaman la liberación del Presidente Maduro y de su esposa Cilia Flores.

Además del petróleo están los minerales de las llamadas tierras raras. Venezuela tiene COLTAN Y THORIO, la segunda reserva mundial de este metal precioso. La mayoría de los yacimientos de estos minerales se ubican al sureste del país. Además hay depósitos de carbón; mientras que los de cobre están esparcidos por el centro-norte y el nororiente venezolano. Tienen hierro y todos los minerales llamados críticos, yacimientos de bauxita, carbón, cobre y níquel, incorporados en noviembre de 2025 a la lista elaborada por el Servicio Geológico de EE.UU. (USGS) como minerales críticos que son básicos para la economía estadounidense. El director de la USGS, Ned Mamula, apuntó que los minerales críticos «sustentan industrias por valor de billones de dólares, y la dependencia de las importaciones pone en riesgo sectores clave».

La operación contra Maduro descrita por el Embajador ruso señala:

-que no estuvo acompañado por personal de seguridad durante la captura

– que no había ningún guardia de seguridad con él.

-que puede decir sin rodeos que la situación es tal que, en el momento de su captura, prácticamente no había nadie cercano con él. Con ‘cercanía’ se refiero a las inmediaciones», dijo el Embajador Bagdasarov.

– que hubo interrupciones en las comunicaciones durante el ataque, lo que impidió que las defensas aéreas atacaran adecuadamente los objetivos

-que el huracán de fuego fue tan poderoso que, en esencia, disparaba contra todo lo que se movía. Fue una operación brutal; “nadie pretendía dejar a nadie con vida desde el principio», concluyó el embajador

-que Maduro fue traicionado desde su propio entorno de la élite venezolana, y agregó que las fuerzas de seguridad e inteligencia de Rusia conocían los nombres de los agentes involucrados en su arresto.

-que los servicios de inteligencia rusos y cubanos, de los que Caracas dependía para su seguridad, no identificaron vulnerabilidades ni proporcionaron información sobre la amenaza al líder venezolano, a pesar de las reiteradas declaraciones públicas del presidente Donald Trump sobre su intención de derrocar a Maduro.

-los sistemas de defensa aérea rusos S-300 y Buk-M2, no protegieron el espacio aéreo del país de las fuerzas estadounidenses.

-los ciberataques estadounidenses previos a la operación para capturar a Maduro provocaron cortes de electricidad en gran parte de Caracas.

Así, entre otros factores, se dieron las condiciones para la acción militar del 3 de enero pasado.

La experiencia de lo sucedido en Venezuela ha puesto a Cuba en alerta. Cuba ha hecho la evaluación política y militar de los sucedido. La experiencia del ataque estadounidense ha puesto en alerta a las autoridades y el gobierno de Cuba, sobre un posible ataque y una agresión militar similar, como lo viene anunciando Trump hacia Cuba.

Se intenta por parte de los Estados Unidos distraer la opinión internacional indicando que mantienen conversaciones directas con personeros del gobierno, con el propósito de buscar una salida política que evite la intervención militar directa que Trump piensa se puede realizar, empezando por un cerco naval similar al que provocó la Crisis del Caribe en octubre de 1960, que puso al mundo al borde de un conflicto mundial. Hoy una situación como ésa pondrá nuevamente al mundo en una situación al borde de una III Guerra Mundial.

El gobierno estadounidense, por su vocero Marco Rubio, y por el mismo Trump, consideran a Cuba “una nación fallida”, sin explicar que son la causa fundamental de la crisis económica y social que ha sufrido Cuba desde hace 65 años, por las casi mil medidas legales y políticas, y acciones de sabotaje que ha impuesto y desarrollado contra la República de Cuba, contra su Gobierno y especialmente contra su pueblo.

En la Conferencia de Munich, Rubio sostuvo que Cuba está atrapada por su propio modelo político, que Trump, en las condiciones de su visión hemisférica y global quiere cambiar, con intervención militar o sin ella, por medio del poder económico y métodos de coerción dirigidos, para Trump en una “operación que no sería muy difícil”. Trump considera, así lo ha dicho, que lo sucedido en Venezuela deja a Cuba necesariamente en la obligatoriedad “de hacer un trato” para sobrevivir.

El gobierno cubano ha señalado que en sus diferentes reuniones con el gobierno de Washington, siempre que las han tenido, no se ha puesto en discusión, ni se aceptan como temas, lo relacionado a cambio político o soberanía, lo “que no está sobre la mesa”.

La experiencia de Caracas no se repetirá en La Habana. Cuba no va a ser otra Venezuela. Cuba va tener capacidad de combate y de resistencia. El gobierno de Cuba ha tomado las medidas para responder con el pueblo armado cualquier agresión que pueda producirse.

Para Cuba y los cubanos posición en este sentido ha sido tomada:
¡Patria o Muerte, Venceremos!

De Venezuela a Davos. La línea roja del presidente Trump que altera las relaciones internacionales

Vladimir de la Cruz

¿Era previsible el ataque de Trump a Venezuela para sustraer al presidente Nicolás Maduro? La movilización militar que hizo Trump al Caribe sur, al frente de Venezuela, suponía una acción militar altamente planificada de mayor envergadura. Varios meses de planificación detallada al frente de las costas venezolanas para precisar lo que finalmente hicieron, una acción precisa para “extraer”, para “secuestrar”, para “sacar” a la fuerza al presidente Maduro.

Era una acción sumamente costosa para los Estados Unidos. No era un simple ensayo o práctica de los cuerpos militares que se organizaron para esa operación. Aparte de los medios de guerra movilizados supuso casi 15.000 efectivos también llevados y preparados para haber actuado en un posible desembarco, si les hubiera sido necesario, por empantanamiento de la acción de la “sustracción” del presidente Maduro.

Su salida no ha significado “descabezar” el Poder Ejecutivo de Venezuela. Ha quedado intacto debido a la estructura institucional y constitucional de su sustitución como presidente. De los miembros del Poder Ejecutivo ninguno hasta ahora ha cambiado. Tan solo la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, que en su condición, ha sustituido al presidente, como presidenta encargada, cargo que puede ejercer mientras Maduro del todo quede incapacitado de ejercer la presidencia. En este sentido a Maduro en Venezuela se le sigue considerando el presidente y a Delcy como la presidente Encargada, con todas las funciones de presidir el Poder Ejecutivo.

Un alto militar estadounidense lo había declarado ante una pregunta que le hicieron, sobre si los venezolanos se darían cuenta de cuando iniciaban sus acciones militares. De manera simple lo dijo: se darán cuenta cuando en ese momento no puedan comunicarse, porque interrumpirían todo tipo de comunicaciones en el territorio venezolano.

¿Era creíble ese ataque? Parecía dudoso. Parecía más una acción de amedrantamiento, orientada a provocar una “renuncia” del presidente Maduro. Parecía una operación de presión y amenaza para provocar el cambio en la dirección del Poder Ejecutivo venezolano, lo que no se produjo, y no se iba a producir.

¿Nocturna o diurna esa acción militar? Obviamente nocturna. Ventaja total para los atacantes, no solo por la tecnología usada, por los medios de guerra empleados, por las ventajas que da la nocturnabilidad en el ataque, sobre la base de que los atacados están en ese momento más a la “defensiva”, en cierta forma “desarmados” por estar descansando o durmiendo, por la sorpresa que puede producir el ataque nocturno difícil de localizar, si se han inutilizado redes eléctricas, radares y medios de detección de aeronaves, especialmente, sean helicópteros y aviones de apoyo.

Ventaja también para los atacantes en cuanto en las acciones de guerra. La iniciativa la tiene la aviación, en todas sus formas, por la capacidad de destruir infraestructura, de provocar incendios y demolición de edificios, que obliga a distraer fuerzas locales en atender esas emergencias. A esta capacidad se sumaba la del alcance en disparo que tenían los buques de guerra que tenían al frente de Venezuela, en posibilidad de apoyar una acción terrestre que no fue necesaria realizar.

¿Esperaba Trump algún apoyo local efectivo y público a su acción militar en Venezuela? Probablemente esperaban algo de apoyo, al menos en la “captura”, “secuestro”, “rapto”, “sustracción” que hicieron de Maduro. La realidad inmediata no tuvo ningún apoyo. Nadie en Venezuela, por más que no quisieran a Maduro, iba a movilizarse a favor de esa acción militar estadounidense.

La oposición política a Maduro, hasta ese momento, era en el escenario político y electoral. Con bajos y altos. Los altos para la oposición cuando ganaron algunos procesos electorales fundamentales, como fue la elección de la Asamblea Nacional, en manos mayoritaria de la oposición, sin que eso significara nada desde el punto de vista del poder real, efectivo. Los otros poderes del Estado y la totalidad de las instituciones estatales seguían en manos de Maduro y el madurismo. Más lograron cuando en paralelo convocaron a la Asamblea Constituyente que en la práctica se convirtió en una Asamblea Nacional Bis, debilitando la original, que fue de nuevo retomada por el Madurismo.

No ha habido durante todo el período de la V República, desde 1999 hasta hoy un solo evento de resistencia militar a los gobiernos de Hugo Chavez, desde 1999 hasta el 2013, ni al de Maduro desde el 2013 hasta el 2025.

Durante el período del presidente Chavez era fuerte la vida política y electoral, sostenida especialmente por las reformas y grandes proyectos sociales importantes que él impulsó, y por las condiciones del presidente Chavez que lo destacaba como el líder y político más importante de toda Venezuela, sobre la oposición política y sobre sus propios seguidores. En mi opinión, en ese período, no había un líder político como él.

Durante el período del presidente Maduro se debilitó su presencia como líder nacional. Las últimas dos elecciones principalmente mostraron esta debilidad, que implicó que se cuestionaran esos procesos electorales en su favor, provocando el desconocimiento de su investidura por gran cantidad de países, al mismo tiempo que otra igual cantidad de países le reconocieran como presidente.

En la realidad política nacional e internacional Nicolás Maduro era el presidente de Venezuela, para todos los efectos internacionales, como el venezolano. Lo sucedido el 3 de enero no le ha quitado ese reconocimiento de su investidura. Al contrario, se lo ha fortalecido. Lo que se produjo el 3 de enero fue un acto personalizado del presidente Trump contra el presidente Maduro, aprovechando la fuerza militar que el presidente estadounidense, en su fuero ejecutivo puede usar. No pudo declarar la guerra a Venezuela porque requería el apoyo legislativo de los diputados y congresistas que no se lo daban.

Trump, para detener a Maduro, y actuar en el plano internacional, con el matonismo con que lo está haciendo, acudió a una reformulación inicial de su política de seguridad nacional, estableciendo la lucha contra el narcotráfico como una lucha de carácter antiterrorista y, como lucha antiterrorista la puso en la mira de las acciones que se pueden realizar, bajo esta óptica, con el Ejército de los Estados Unidos. De esta manera, justificó su accionar en la movilización para ir a capturar, sin que hubiera una orden internacional puesta en INTERPOL, para capturar a Nicolás Maduro como líder del narco, del narco tráfico, o de una organización narcoterrorista, que la crearon bajo el nombre de Cartel de los Soles, organización que ha servido para involucrar a otros dirigentes políticos venezolanos, como Diosdado Cabello, que sigue siendo el dirigente político y militar más destacado en este momento en la Venezuela post maduro. Sobre Maduro y sobre Cabello el presidente Trump había puesto recompensas de 50 y 25 millones de dólares.

Aún con esa calificación estadounidense que hacía Trump de Maduro no le autorizaba internacionalmente para actuar como lo hizo. Por la legislación internacional los presidentes gozan de inmunidad en este sentido.

Cuando ha habido necesidad de extraditar narcotraficantes a Estados Unidos se ha hecho con base a tratados de extradición de Estados Unidos con esos países. Tratados que Estados Unidos aplica solo en su favor. Cuando Costa Rica trató de extraditar un agente de la CIA, John Hull, que había vivido en Costa Rica, y había cometido actos sujetos de ser juzgado en Costa Rica, John Hull huyó del país a los Estados Unidos y ningún proceso de extradición se pudo aplicar y ejecutar, por el amparo que recibió Hull en Estados Unidos, y por la debilidad, también, de los gobiernos de Costa Rica, que no mantuvieron la presión de la extradición. Por otra parte, Estados Unidos no se sujeta a organismos judiciales internacionales, ni ha aprobado Convenios y Tratados de Derechos Humanos.

El pretexto inicial de Maduro como la principal figura de la organización narcoterrorista, como la califica Estados Unidos, del Cartel de los Soles, se calló cuando en el Tribunal donde fue presentado Maduro, para sus trámites acusatorios y defensivos, se eliminó ese pretexto. Ahora invoca otros pretextos, que tampoco le corresponde aplicarlos en defensa de los venezolanos, como son el origen del nacimiento de Madura, si fue en Colombia o en Venezuela, y la demostración palmaria de las actas del proceso electoral último que no ha presentado oficialmente, justificando su triunfo electoral, mientras la oposición política ha exhibido copias de ellas demostrando su triunfo.

Ha quedado claro que lo que le interesa a Trump en Venezuela son los pozos petroleros, la diversa riqueza natural que tiene Venezuela. De manera más precisamente le interesa el control de las relaciones internacionales de Venezuela, especialmente las que tiene con Cuba, Rusia, la República Popular China e Irán, y en estas relaciones lo que corresponde a las exportaciones venezolanas de petróleo. En esto Trump ha sido claro.

Según él, ha recuperado el petróleo que se le ha robado a Estados Unidos. ¿Pero, dónde están los pozos petroleros para habérselos robado: en Venezuela o en Estados Unidos? En Venezuela, claro está. Y claro es que también las riquezas naturales de los países les pertenecen a esos países. Obvia Trump que desde la presidencia de Carlos Andrés Pérez se había producido la nacionalización del petróleo sujetando así a las empresas extranjeras a esa nacionalización, en su producción y comercialización. Por eso también Trump se interesa en Groenlandia.

En esta dimensión inserta los recursos minerales, de Groenlandia, de Ucrania y Venezuela, como parte de su concepto de seguridad nacional, así como el control de las rutas comerciales que le puede significar el control del Canal de Panamá, y el control del norte de Groenlandia por el movimiento internacional que tiene hoy, resultado del deshielo, como ruta comercial del Artico, que para Trump favorece a China y a Rusia. Son las líneas rojas estratégicas de su gobierno, control de rutas y de recursos naturales.

Tampoco Trump descuida México y Canadá. Insiste en territorios y riquezas de estos países.

En el caso de América Latina también queda claro que el continente en su conjunto es parte de esta visión geopolítica y de control estratégico de Trump. Ya no hay Política de Buena Vecindad. Hay política de agresividad y de intervencionismo donde sea necesario, y de establecimientos de Protectorados donde pueda hacerlo.

Trump no tiene problema de reconocer que su actuación corresponde a una nueva redefinición de la Doctrina Monroe, la cual está acompañada de las Políticas del Destino Manifiesto, del Gran Garrote, de la Diplomacia de las Cañonera, de la Doctrina Truman de la post guerra mundial, de la de los golpes de estado y establecimiento de dictaduras y tiranías en Latinoamérica.

Y si se trata de Derechos Humanos tampoco se puede confiar en Estados Unidos. No ha firmado las siguientes Convenciones: la de eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer; para reprimir la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena; el de la protección y utilización de cursos de agua transfronterizos y lagos internacionales; el del derecho del mar; la de la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencias de minas antipersonal y sobre su destrucción, (a ésta se opone).

Además, la convención contra el reclutamiento, la utilización, la financiación y el entrenamiento de mercenarios; el de la represión y el castigo del crimen del Apartheid; el Protocolo de Kioto; los Estatutos del Centro Internacional de Ingeniería Genética y Biotecnología; el Segundo Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Civiles, Políticos, destinado a abolir la pena de muerte.

No ha ratificado los siguientes Convenios: el de Estocolmo sobre contaminantes orgánicos persistentes, para reducir o eliminar la liberación de sustancias químicas nocivas al ser humano y el medio ambiente; el de Basilea sobre control transfronterizo de desechos peligrosos; el de la diversidad biológica; el de los Derechos del Niño.

Asimismo, no ha firmado el de Libertad Sindical y de protección del derecho de sindicación; el de Derecho de sindicación y negociación colectiva; el de la edad mínima de admisión al empleo; contra la delincuencia organizada transnacional; contra la tortura; y el de la imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y los crímenes de lesa humanidad.

Tampoco ha ratificado el tratado de prohibición completa de los ensayos nucleares, que prohíbe todo ensayo de armas nucleares; los protocolos facultativos de las convenciones sobre los derechos del niño, relativos a la participación de niños en conflictos armados, y el de la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de los niños en pornografía; ni el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y culturales.

Estados Unidos declaró, en 1985, que se separaba de la jurisdicción y no acataría las decisiones de la Corte Internacional de Justicia, de La Haya, que ha servido para solucionar controversias entre Estados, al igual, en el 2002, del Estatuto de Roma, de la Corte Penal Internacional, para enjuiciar criminales de guerra y genocidas.

Mientras los Estados Unidos no ratifique estos convenios y actúe bajo los lineamientos del gran garrote, de las cañoneras y de la nueva doctrina Monroe, no se puede creer en los buenos propósitos que pregona.

Con Venezuela Trump advirtió que su línea roja en las relaciones internacionales no tiene límites, más que lo que le indica su moral, como lo ha dicho.

Si se trata de presencia en organismos internacionales, Trump ha planteado el retiro de los Estados Unidos en más de 50 organismos, que afecta por sus repercusiones a muchos países, miembros de ellos, y por los alcances que tienen en el significado de las relaciones internacionales. Incluso ha cuestionado la existencia del organismo de las Naciones Unidas, promoviendo su Junta de la Paz o Consejo de la Paz, más como un organismo privado de potencias y 26 países “fundadores” que lo quieran integrar y someterse a las directrices que desde allí imponga Trump. Es parte del diseño estratégico y geopolítico de los Estados Unidos hoy.

La reunión de Davos, hace pocos días, ha puesto de relieve el inicio de un nuevo proceso de reordenamiento de las relaciones internacionales, donde la Unión Europea se fortalece o tiende a perecer. Tampoco era previsible el matonismo diplomático de Trump en Davos, ni creíble su desplante ante los principales políticos europeos, a quienes les tendió un felpudo y no una alfombra roja.

De la Doctrina Monroe al injerencismo imperialista

Partido Vanguardia Popular

De la Doctrina Monroe al injerencismo imperialista hoy: Agresiones militares, secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros, violación a la soberanía y a la autodeterminación de la República Bolivariana de Venezuela

El respeto al derecho ajeno es la paz”
Benito Juárez

invasiones de los Estados Unidos a los Estados soberanos e Independientes

Permítasenos un breve recorrido por las doctrinas que han servido de pretexto al imperialismo yanqui, para intervenir nuestras soberanías, irrespetando las normas mínimas del derecho internacional

La filosofía injerencista e imperialista que deriva de la Doctrina Monroe encierra la esencia del imperialismo yanqui. La Unión de Estados Americanos-USA (EE.UU) nacido bajo el principio de las 13 colonias, pronto amplió sus fronteras, al resolver favorablemente los grandes conflictos que enfrentó a finales del Siglo XIX, contra Francia, apropiándose en 1803 de los territorios de Luisiana, después todas las tierras al este del Misisipí y Oregón, con la Rusia de los zares negociaron a un precio ridículo todo Alaska. Finalmente, con Inglaterra, iniciaron ese tipo de “entente”, sobre la base de la cual se elevó la Doctrina Monroe.

Es importante también señalar que el contexto de las revoluciones de independencia en América del Sur, iniciadas a partir de 1808 y que concluyen su ciclo, aproximadamente uno 15 años después, aceleraron una extraña alianza, entre varias naciones del viejo continente, a fin de reestablecer el poder monárquico español en sus viejas colonias de América Latina.

Aunque en principio la Doctrina Monroe, no lo es como tal, por el contrario, es más una declaración unilateral que define los rasgos esenciales de la política exterior de los Estados Unidos y no de Norteamérica.

“… La Doctrina Monroe fue enunciada ante el Congreso de los Estados Unidos para contestar la declaración rusa de que el Zar no permitiría que los barcos de la Unión se aproximaran a las aguas de Alaska (territorio de Rusia), desde el cual los rusos esperaban ampliar su influencia sobre la costa del Pacífico.

La Doctrina Monroe reconciliaba el principio de neutralidad tradicional de los Estados Unidos, frente a los asuntos europeos, con un nuevo principio americano…”.

En esa aparente neutralidad frente a Europa y de solidaridad para la América insular, el Caribe, Centro América y Sur América, se encerraba el embrión de “América para los norteamericanos”, la esencia misma del imperialismo gringo.

Simultáneamente con la Doctrina Monroe, John Quincy Adams, secretario de Estado en 1823, había sustentado la “teoría de la fruta madura”. El interés era materializar las pretensiones de Jefferson anunciadas desde 1805, para apoderarse de Cuba. Dejemos, pues, que las condiciones maduren y Cuba caerá suavemente en los regazos de los Estados Unidos. A estas vulgares pretensiones le han seguido el Bloqueo económico y comercial, la Ley Torricelli y la Ley Helms Burton.

Diecisiete años después de ese acelerado proceso de ampliación de sus fronteras, iniciado en 1823, precisamente en el año 1840, surge un principio que formará parte de la idiosincrasia del imperialismo de los EE. UU, hablamos del Destino Manifiesto. Doctrina que adquiere carta de ciudadanía en Centroamérica a partir de 1856, con la invasión imperialista en nuestros estados/nación en proceso de consolidación.

Se anticiparon de esta manera al concepto del Isael sionista, pues a partir de ese momento, Dios le otorgaba a este país la potestad para construir la civilización superior, frente a las naciones atrasadas y salvajes, dígase entonces: Asia, África y América Latina.(https://www.fgr.gob.cu/es/la-doctrina-monroe-columna-vertebral-del-imperialismo-norteamericano-parte-ii-y-final).

Después de la Guerra de Secesión, en 1848, el ideario idealista del imperialismo “yanqui”, se magnifica cada vez más en diferentes doctrinas. James Knox Polk,

afirma la Doctrina del Destino Manifiesto, mediante la usurpación de los territorios de Texas. K. Polk, elegido por los demócratas, afirmó el contenido injerencista de los EE. UU, bajo los principios de la doctrina del Destino Manifiesto de Estados Unidos, y teniendo como falsos argumentos que le correspondían a este país, ocupar todo el territorio continental, desde el Océano Atlántico hasta el Océano Pacífico. En esta prepotencia imperialista, nace esa frase ofensiva y peyorativa de creer al resto de países que están después del río Bravo, como su “patio trasero”.

En pleno siglo XX, se van articulando otras doctrinas, pero todas como una larga afirmación histórica de la doctrina Monroe, así entonces tenemos en la figura de Theodore Roosevelt (1858-1919), el modo preciso en que la doctrina imperialista logró proyectarse en la relación existente entre la ideología estadounidense y su política exterior hacia América Latina. Durante el gobierno de Teddy Roosevelt (1901-1909, la Doctrina de la Saludable Eficacia y la Enmienda Platt (Orville H Platt), forman parte del tejido de esa nación.

Tal vez a guisa de información didáctico, enumeramos las siguientes: La doctrina de la Zanahoria y el Garrote (Big Stick), la doctrina del “Resultado Cosechado”, la del “Éxito Relativo”. Con el triunfo de la Revolución Cubana se establece la Doctrina de Seguridad Interna, en el año 1960 y dos años después, se establece el bloqueo contra el proceso socialista de Cuba. Paralelamente tiene lugar la doctrina de la Guerra de Baja Intensidad y más integralmente la Doctrina de la Seguridad Nacional. Clinton no se quedó rezagado y en su período gubernamental estableció la Doctrina Clinton conocida como “Verdad Duradera”(https://repositorio.uasb.edu.ec/bitstream/10644/175/1/SM77-Castro-El%20mito%20Roosevelt%20para%20Am%C3%A9rica%20Latina,%201901-1909.pdf).

Bajo los lineamientos de estas doctrinas, los Estados Unidos legitimarán el “Derecho de Intervenir militarmente, de asesinar o secuestrar a presidentes democráticamente electos”, y como corolario de ello, las grandes tragedias para los proyectos de afirmación de la identidad de nuestros estados nacionales, su soberanía, independencia y autodeterminación. En el mapa adjunto se visualizan las intervenciones gringas en América Latina.

FUENTE: https://www.resolver.se/2016/06/no-lo-olvides-mira-todas-las-intervenciones-gringas-en-america-latina/

Resumidamente, las diferentes intervenciones de los Estados Unidos forman una larga antología. El siguiente esquema nos dice lo siguiente:

1846-1848, 1914, 1918: Invasión a México

1854, 1855, 1856: Invasión a Centro América, por Walker, Morgan y Garrison

1898, 1908: Invasión a Puerto Rico

1904, 1908, 1941, 1989: Invasión a Panamá

1901, 1961: Invasión a Cuba

1912, 1927, 1981: Invasión a Nicaragua

1915, 1994: Invasión a Haití

1924: Invasión a Honduras

1930, 1966: Invasión a República Dominicana

1941: Invasión de la Guyana Holandesa

1954: Invasión a Guatemala

1964: Brasil

1973: Invasión a Chile (pero la Operación Cóndor inició desde 1970)

1983: Granada

2002, 2025: Invasión a Venezuela

Recordemos tal y como lo refiere la Red Voltaire | Washington DC (EEUU) del 31 de mayo de 2011), que la intensificación de las agresiones militares en otros territorios a nivel mundial no ha tenido contemplaciones. El ataque a Pakistán, acusando falsamente a Islamabad de haber protegido a Osama Ben Laden, le permitió a la administración Obama trata de penetrar en la zona de influencia de China. Más recientemente en Siria.

Para el caso que nos ocupa, el 11 de abril del 2002, se llevó a cabo el golpe de Estado contra Hugo Rafael Chávez Frías. Como este hecho constituyó un rotundo fracaso. Los gobiernos de Barack Obama y Donald Trump, impusieron más de 1090 medidas coercitivas contra el proceso revolucionario de la República Bolivariana de Venezuela, cerrando este brutal ciclo de agresividad el 3 de enero de 2026, con el asesinato de soldados venezolanos y el secuestro de Nicolás Maduro Moro y su compañera sentimental Cilia Flores.

Deslegitimación de la narrativa, el equilibrio multilateral y los BRICS

El secuestro de Nicolás Maduro Moros y Cilia Flores, se vienen se dan en lo que se conoce militarmente como un golpe quirúrgico, se ha convertido en un “triunfo” pírrico para el desquiciado presidente actual de los EE.UU. Donald Trump.

El secuestro y la violación a la soberanía de la hermana República Bolivariana de Venezuela, demuestra la falacia del imperialismo gringo y sus verdaderos intereses en esa acción.

El no reconocimiento de Edmundo González y mucho menos a María Corina Machado, demuestra entonces al mundo, la legitimidad del proceso electoral del 28 de junio que da el triunfo a Maduro y su vicepresidenta Delcy Rodríguez. Pero, además, la ausencia y falta de pruebas, deja sin argumentos al fiscal general y al mismo Trump, de ligar a Maduro al cártel de los Soles y mucho menos al Tren de Aragua.

Dos argumentos falaciosos que convirtieron en “realidad” a través de la prensa servil y mediática a favor de los intereses del imperialismo gringo.

Se comprueba entonces que los siete pecados capitales del “largo historial criminal de María Corina Machado, un premio Nobel que huele putrefacto y a suciedad de academia”, que ofrece la inteligencia artificial, son absolutamente válidas. A saber:

(1) Participó en la trama de corrupción orquestada por el usurpador Juan Guaidó, quien promovió el criminal bloqueo a Venezuela.

(2) Apoyó el despojo de las empresas y riquezas del pueblo venezolano en el exterior, incluyendo la toma de CITGO, que causó daños materiales por US$32.500 millones.

(3) Apoyó el despojo de la empresa colombo-venezolana Monómeros, que fue devuelta a Venezuela en bancarrota cuando el presidente Petro asumió la presidencia de Colombia.

(4) Apoyó la retención ilegal de 31 toneladas de oro por parte del Banco de Inglaterra.

(5) Apoyó la congelación de 4.000 millones de dólares en el sistema financiero internacional.

(6) Machado solicitó sanciones que impidieran la compra de medicamentos para 60.000 pacientes con VIH.

7) Aceptó el cargo de representante diplomática de Panamá ante la OEA.”

El nuevo equilibrio mundial, rasgos de la geopolítica

Las pretensiones fascistas y brutales del imperialismo gringo son más que evidentes y el papel sucio de las burguesías apátridas y parasitarias venezolanas, como serviles lacayos son claras. El interés de la Guyana Esequiva, la urgencia de dominar los pozos petroleros y la afirmación del mercado del crudo, son más que evidentes.

Recordemos que la Revolución Venezolana es humanista, socialista e antimperialista. Por el contrario, el imperialismo yanqui nunca ha renunciado a sus sucios intereses expuestos desde 1823 en la Doctrina Monroe.

El corolario de las intervenciones es una fórmula muy sencilla. En todos los golpes de Estado, pretendidamente se alega la afirmación de la democracia, pero el resultado ha sido, destrucción e imposición de gobiernos represivos, derechistas y fascistas. La perversidad de la geopolítica y el interés geoestratégico no ha cambiado en nada. La recolonización se anuncia como elemento general de cada una de las administraciones del imperialismo.

Hoy estamos frente a una situación muy compleja.

En Centroamérica el triángulo del norte: Guatemala, Honduras (hoy intervenida en su proceso electoral) y el Salvador, se prestan al sucio negocio de los intereses del imperialismo.

Costa Rica y Panamá cierran la tenaza sin ningún pudor renunciando a su soberanía e independencia.

En América del Sur, el fascismo, revestido de un populismo de derecha, marca la carrera de manera desenfrenada al afirmar sus gobiernos serviles y lacayos al amo del norte: Argentina, Bolivia, Ecuador, Chile, Perú, constituyen la plataforma para golpear a Venezuela y Colombia.

El Caribe insular, también tiene un incierto mapa. Los Estados Unidos logran aliados que como esclavos contemporáneos doblan su cerviz al imperialismo.

Nicaragua, Cuba, México, Venezuela (aún bajo las actuales circunstancias) Colombia y Brasil, forman el cuadro de esperanza en la resistencia y la recuperación de nuestra memoria revolucionaria. Todas, claro está, siendo asediadas por los intereses “monroistas” inspirados en las locuras de Trump.

Para el “trumpudo”, el viejo verde naranja, el escudo que constituyen hoy los BRIC´S no deja de ser un gran reto, porque, a decir verdad, el nuevo equilibrio mundial y el evidente debilitamiento del imperialismo, profundiza la crisis de la Casa Blanca, el Pentágono, la CIA y su departamento de guerra.

CONSIDERACIONES FINALES

  • Rechazamos y condenamos el secuestro y el asesinato a los héroes y heroínas que valientemente resisten esta nueva embestida del imperio yanqui.

  • Bajo el clamor de la opinión internacional, de las venezolanas y venezolanos, exigimos la presencia física de Cilia Flores y de Nicolás Maduro.

  • No negociamos los principios esenciales de soberanía, autodeterminación e independencia.

  • Llamamos a todas las fuerzas progresistas, democráticas y revolucionarias del mundo y, especialmente, de la Patria Grande, a una cadena de solidaridad con el pueblo venezolano y su gobierno, con la exigencia del retiro inmediato de los militares de la tierra de Simón Bolívar y Hugo Chávez.

  • Respaldamos en este proceso aciago a la compañera Delcy Rodríguez y demás autoridades venezolanas como verdaderos y legítimos dueños del poder popular de ese país.

  • Condenamos al fascismo del imperialismo yanqui, los sobrevuelos de intimidación y exigimos el respeto a los recursos naturales que pertenecen a la República Bolivariana de Venezuela.

  • Hacemos un llamado a superar la solidaridad de “papel” y “redes sociales”, bajo el compromiso de acciones concretas a favor de la soberanía de Venezuela.

  • Defendemos a la República Bolivariana de Venezuela como zona de paz y contra la guerra.

  • Como presidente legítimo y democráticamente electo ha sido sujeto de una intervención militar por parte del imperialismo yanqui.

Concluimos

Diciéndole al gobierno de Donald Trump y le recordamos que, el espacio natural, con todas sus riquezas y valor geopolítico y estratégico del Caribe, pertenecen a nuestro continente, por eso condenamos cualquier intento de arrebatarles a las naciones sus recursos, los cuales le pertenecen históricamente.

Los pueblos de América Latina no se rinden y solo doblaremos las rodillas para defender hasta el último palmo de tierra, de nuestra memoria, así honraremos esta historia que nos pertenece.

Condenamos los actos de terrorismo mediático, el matonismo injerencista y militarista y esa desproporcionada medida de intervenir el espacio aéreo venezolano, y el secuestro ilegítimo del presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores.

¡Viva el internacionalismo y la solidaridad!
¡Viva Venezuela libre y soberana!
¡Alerta, alerta, alerta que camina, la espada revolucionaria de Simón Bolívar!
¡La esclavitud es hija de tinieblas!, por eso no queremos, no nos da la gana, ser una colonia norteamericana. (Simón Bolívar)

San José, domingo 11 de enero 2026
Centro Obrero y Cultural Carmen Lyra

Cinco puntos, desde el contexto costarricense, sobre el ataque de Trump a Venezuela

Por César López Dávila

1- Responsabilidad ante el privilegio de la paz: Costa Rica es reconocido a nivel global como un país de paz, destacando por su abolición del ejército hace décadas y su enfoque en la diplomacia. Quienes habitamos la República, somos privilegiados de tener setenta y ocho años de no sufrir las consecuencias de un conflicto bélico a lo interno nuestras fronteras.

Ese privilegio implica la responsabilidad de no tomar posturas ligeras (ni exaltar pasiones como si se tratara de un partido de fútbol), ante una acción bélica militar, en ningún lugar del mundo; pero muy especialmente en nuestra región latinoamericana.

Recordemos que los misiles no tienen bando, sacuden la tierra, dejan dolor y destrucción a su paso.

El privilegio que tenemos los costarricenses, implica la gran responsabilidad de no legitimar actos de guerra. Los habitantes de un país orgulloso de no tener ejército, no podemos alegrarnos que un país con ejército destroce a bombazos, en parte o entera, a otra nación soberana. Lo contrario implicaría una doble moral ante nuestra idiosincracia, como país de paz.

2- Pensamiento crítico para indagar más allá de las apariencias: Ya desde la antigua Grecia, el dramaturgo Esquilo (525 – 456 a.C.), con la frase “la verdad es la primera víctima de la guerra”, condensa la idea de que, en tiempos de guerra, la información se manipula y la realidad se oscurece, haciendo de la verdad una de las principales bajas.

La responsabilidad ante el privilegio de la paz requiere de ser crítico ante la propaganda de guerra, entendida como aquella difusión masiva de información (a menudo sesgada) para influir en la opinión pública, buscando justificar el conflicto, movilizar apoyo, mediante el uso de emociones, y narrativas que presentan una visión favorable de quien impulsa la agresión bélica. Este tipo de propaganda, nunca se presenta como tal, sino a través de noticias que resultan falsas, chotas, notas parciales; y demás iniciativas tanto en medios tradicionales, como en las nuevas y no tan nuevas redes sociales y sus distintos formatos.

El llamado “influjo mediático” aparece entonces en escena, en tanto empuje de los medios de comunicación, para moldear opiniones, sentimientos y comportamientos de la sociedad, influyendo en la construcción de percepciones, a través del posicionamiento de cierta narrativa. Con frecuencia a través del «condicionamiento operante», se busca que tengamos afinidad o simpatía, con mensajes convenientemente preparados para producir una respuesta que sea favorable a intereses particulares.

En tales contextos, el pensamiento crítico, esa capacidad del ser humano para analizar y evaluar la información existente respecto a un tema, intentando esclarecer la veracidad; debe ser puesta en práctica para leer entre líneas, y ver más allá de las apariencias de la narrativa que domina la escena.

Sobre este mismo punto, y volviendo a Latinoamérica, el destacado escritor y periodista Uruguayo Eduardo Galeano, ya igualmente apuntaba décadas atrás: “Las guerras mienten. Ninguna guerra tiene la honestidad de confesar: ‘yo mato para robar’. Siempre alegan nobles causas, como progreso y democracia.”

Sin embargo, las guerras que, en nombre de la democracia, justifican la agresión armada bajo la bandera de expandir o defender la libertad, la justicia y los derechos humanos, a menudo; encubren complejidades políticas, intereses estratégicos por recursos naturales o posiciones geográficas.

En este caso particular, necesario es recordar, que Donald Trump (quien hoy escuda sus actos bélicos en el ideal democrático), ha sido acusado en tribunales de su propio país, de atentar contra la democracia de EEUU por la toma del Capitolio. La comisión bipartidista a cargo de la investigación de la toma del Capitolio describió un plan de siete pasos ejecutado por Donald Trump para anular una elección democrática, libre y justa, en Estados Unidos. De acuerdo con los testimonios recogidos durante la investigación -el hoy de nuevo presidente- sabía que no había ocurrido un fraude generalizado pues su propio entorno se lo dijo y, aun así, convocó a una turba para que detuviera la entrega del poder a Joe Biden y, cuando el ataque comenzó, se quedó cruzado de brazos (The new York Times, 12/06/2022).

No nos llamemos a engaños, a Trump no le interesa la democracia de su país, menos la democracia de América Latina, a la que considera sus colonias o patio trasero. Su pose de paladín de la democracia es solo una fugaz puesta en escena, un eslogan de su marca de guerra, para distraer el pensamiento crítico, e ir tras su interés.

3- No perder de vista enseñanzas de la historia, ni los movimientos del tablero geopolítico: La historia y la geopolítica están intrínsecamente conectadas: la primera vislumbra el contexto y las causas profundas de los conflictos y alianzas; la segunda analiza cómo factores geográficos (ubicación, recursos, clima) influyen en las decisiones políticas y las relaciones de poder entre naciones.

El uso del pensamiento crítico implica indagar hechos históricos y nociones de geopolítica. Un vistazo a ambas disciplinas, evidencian la pérdida de hegemonía de los intereses del gobierno de Trump, y el resurgimiento de la doctrina Monroe y el Destino Manifiesto en su política exterior.

Los gobiernos de Estados Unidos han intentado durante mucho tiempo inclinar la balanza en América Latina. La historia no miente, revela como han apoyado golpes militares, llevado a cabo operaciones encubiertas, invadido naciones soberanas (y respaldando dictadores militares en América Latina durante la guerra fría).

El origen de este tipo de accionar que considera a Latinoamérica su patio trasero se encuentra en la Doctrina Monroe (1823) que como política exterior de EE.UU, buscó sentar las bases para lograr hegemonía regional en América Latina. También en el Destino Manifiesto (1845), ideología que creía que EE.UU. tenía un derecho divino y deber de expandirse por Norteamérica, Centroamérica y el continente entero, para gobernar la América a su antojo.

Esto justificó la anexión de territorios como Texas y Oregón, la incursión de William Walker a Centroamérica, y demás invasiones durante décadas, en busca de consolidar su poder a través de la expansión territorial. Ambas ideologías (Doctrina Monroe y Destino Manifiesto), aunque distintas, se entrelazaron para impulsar el expansionismo estadounidense en el continente, a menudo ignorando los derechos de otros pueblos.

Aunque esta etapa se creía superada ante el derecho internacional y sus instituciones, lo cierto es que nuevamente están siendo retomadas. Si posterior a la Segunda Guerra Mundial, y al finalizar la guerra fría, EEUU posicionó su influencia mundial, esa influencia va lentamente en declive. Pese a serias alarmas su economía aún es fuerte, pero tecnológicamente están siendo superados. En resumen, el ascenso de China y la expansión de los BRICS como bloque económico anuncian una nueva etapa multipolar en la geopolítica.

Ante esta situación, Trump impregna en su política exterior la prioridad del control del hemisferio occidental, controlar el continente americano como retaguardia estratégica (materias primas, vías de comunicación, energía). Así consta en texto oficial del documento titulado “Estrategia Nacional de Seguridad de Estados Unidos” (NSS2025; The White House, 2025), anunciado a inicios de diciembre anterior, en lo que autodenominan como “Corolario Trump a la Doctrina Monroe”, y mediante el cual, se reedita a su manera la Doctrina Monroe de intervencionismo en Latinoamérica. Para Trump la doctrina Monroe es: hacemos lo que queremos en el hemisferio, porque pertenece a EE.UU. Esto al mejor estilo de la visión del filibustero William Walker y su incursión a Centroamérica (1855), siendo ahora más bien, un nuevo Pirata del Caribe.

Quizá por ello, Donald Trump comenzó el año pasado con promesas de apoderarse del canal de Panamá, tomar el control de Groenlandia y renombrar el golfo de México como golfo de América. Con la diferencia que el presente 2026, pasó de la retórica a las primeras bombas en territorios de Estados soberanos.

Desde meses más atrás, su objetivo real lo evidencian altos funcionarios de su gobierno, que han sido explícitos declarando. “Este es el barrio en el que vivimos”, dijo Mauricio Claver-Carone, enviado especial de Trump para América Latina hasta junio, quien sigue asesorando a la Casa Blanca. “Y no puedes ser la potencia global preeminente si no eres la potencia regional preeminente” (The New York Times en español, 17/11/2025).

Volviendo al tema que nos ocupa, es bueno tenerlo claro (así se evidenció en la conferencia de prensa de Trump luego de su agresión militar a Venezuela), el interés, no es la democracia sino la reserva de petróleo más grande del mundo. Venezuela cuenta con 303 000 millones de barriles de petróleo y 5.5 billones de metros cúbicos de gas (Forbes, 2026), además de gran riqueza mineral necesaria para la tecnología. Tal es el interés real, adueñarse por la fuerza del control de la riqueza de una nación soberana.

Lo anterior debe resultar inaceptable para quienes creemos en democracia y soberanía. La soberanía de los Estados, no es principio negociable (nada importa su tamaño, recursos, o ubicación en el mapa), esta resulta un principio inviolable. Hacerse de la vista gorda en cuanto a su flagrante violación de hoy en otras latitudes, implica el riesgo de legitimar la cuerda que nos cerque la garganta mañana, cuando lo que esté en apropiación, sea nuevamente, la estrategia de la geografía (la diversidad, o el recurso hídrico) de la región centroamericana.

EEUU no tiene derecho, como Trump ha dicho, de dirigir Venezuela. Menos aún de gestionar sus riquezas naturales. Por el contrario, la agresión militar impulsada por Trump no es solo violatoria del derecho internacional, sino que carece de legalidad ante el ordenamiento jurídico estadounidense, siendo inconstitucional. Así lo han iniciado a denunciar senadores como Bernie Sanders, y figuras políticas como Zohran Mamdani, actual alcalde de Nueva York (entre otros). De esto último también es menester llevar pulso e informarnos, más allá de las omisiones editoriales, las tendencias en los algoritmos, o los cercos mediáticos.

4- Abogar por la vigencia del derecho internacional, como alternativa a la ley de la selva: La ley de la selva, donde el más fuerte impone su voluntad dejando muerte a su paso, no puede ser la norma entre el concierto de las naciones.

Para evitar lo anterior, se ha establecido el derecho internacional, que sirve para regular las relaciones entre Estados, soberanos, organizaciones e instituciones internacionales y, a veces, individuos; estableciendo normas, tratados, principios y reglas, para evitar conflictos, promover la estabilidad global y mantener la paz.

No hay norma en el derecho internacional público que faculte la agresión militar impulsada por Trump hacia un país soberano. A las acciones hay que llamarlas por lo que son, el ataque militar del pasado tres de enero de Estados Unidos a Venezuela, se trata de una agresión armada que viola abiertamente el derecho internacional; vulnerando tanto el principio de la soberanía de los Estados, y a su vez, la prohibición del uso unilateral de la fuerza, establecida en la Carta de las Naciones Unidas (artículo y su inciso 4), así como la Carta de la Organización de Estados Americanos (artículo 3, acápites a, b, e, g, i; e igualmente los artículos del 19 al 22), entre otras resoluciones de instancias internacionales.

Tal violación del Derecho Internacional no debe ser noticia que alegre, sino que preocupe; sobre todo para un país como Costa Rica, sin ejército, y cuya seguridad global y respeto a su soberanía, se resguarda por completo, en el derecho internacional, los instrumentos jurídicos multilaterales, y sus instituciones hemisféricas y globales.

Ante toda agresión militar que desvirtúe lo anterior, nuestra prioridad como costarricenses debe ser la condena enérgica a la agresión militar del más fuerte (asentando responsabilidades), el llamado a la vuelta de la razón, la diplomacia, la desescalada del conflicto, y el retorno de la paz, etc.

5- El anhelo que América Latina y el Caribe sean un corredor de paz: En un mundo agitado por conflictos bélicos, en el cual repetidas veces, las agresiones militares se disfrazan de acciones altruistas, escondiendo intereses económicos, o geopolíticos que las impulsan en realidad; debemos tener claro las lecciones de la historia, comprendiendo que el aumento de agresiones y tensiones, perfectamente pueden derivar en graves conflictos regionales, o incluso en enfrentamientos globales.

La agresión bélica ordenada por Donald Trump a Venezuela no hace del mundo un lugar más seguro. Por el contrario, sienta un precedente para futuras agresiones militares a otros países de América Latina y el Caribe (o en otras partes del mundo). Legitima una lógica para que cualquier otro país ataque a otra nación para apoderarse de sus riquezas o cambiar sus gobiernos. Deja el mundo a la deriva de la fuerza bruta para dirimir diferencias. Tensa más el ambiente geopolítico hacia un desastroso conflicto global, que algunos intereses de industrias militares parecen irresponsablemente desear. De las guerras se sabe cómo inician, no cómo terminan.

Abogar siempre por el derecho universal a vivir sin violencia, conflictos armados ni amenazas, se hace hoy, como siempre necesario. Mantener lejos el doloroso monstruo de la guerra, resulta un ideal esencial, para lo cual, mantener América Latina y el Caribe como corredor de paz resulta ser una prioridad de gran importancia para la humanidad entera. Como habitantes de un país de paz, inmerso en la región latinoamericana, ese debe ser nuestro más legitimo anhelo.