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Etiqueta: Escuela de Danza UNA

45 años de danza vuelven al escenario con Archivo Vivo

Cinco obras creadas entre 1985 y 2015 se presentan en el Teatro de la Danza en una temporada que reúne distintas generaciones de intérpretes, memoria, música y producción audiovisual. La entrada es gratuita con reservación previa.

Una obra creada hace más de 40 años vuelve a encontrarse con el público. Otra, estrenada en 2001, regresa con nuevos intérpretes. Y 36 jóvenes bailarines llevan al escenario una creación de 2015. Ese encuentro entre distintas generaciones es el corazón de Archivo Vivo, el espectáculo con el que la Compañía Danza UNA celebra 45 años de trayectoria.

Más que reconstruir exactamente lo que ocurrió décadas atrás, Archivo Vivo propone mirar qué sucede cuando una coreografía vuelve a otros cuerpos y a otro tiempo. Las obras conservan su historia, pero cambian con quienes hoy las interpretan.

Cinco historias, cinco momentos de la danza

Paloma (2015), de Yul Gatjens, toma como punto de partida el comportamiento de las palomas y otras aves que conviven diariamente con nosotros en las ciudades. La adaptación reúne en escena a 36 estudiantes de primer y segundo nivel de la Escuela de Danza, con música de Yma Sumac y Trentemøller.

Indómitas Ánimas (2001), de Elsa Flores, explora el apego a la vida y el coraje. Estrenada originalmente en el Teatro Nacional, regresa en un extracto acompañado por la música del compositor polaco Henryk Górecki.

Desde los primeros años de la Compañía vuelve Voces del Tiempo (1985), de Jorge Ramírez, ahora interpretada por integrantes del elenco actual, con música de Gwendolyn Watson y Laurie Anderson.

Sique-Siqué (2002), de Ileana Álvarez, juega con las palabras, el sonido, el cuerpo y el movimiento para abrir múltiples posibilidades de significado. La obra original tenía una duración de una hora y para esta temporada se recupera un extracto, con textos y composición musical de Leo Maslíah y adaptación de Manuel Monestel.

Completa el recorrido Guaca: La Gran Nicoya (2005), de Nandayure Harley, que vuelve al escenario con música de Jorge Reyes y recupera también elementos de su propuesta visual original.

Las funciones serán el viernes 28 y sábado 29 de agosto, a las 7 p. m., y el domingo 30, a las 6 p. m., en el Teatro de la Danza, en San José.

El elenco de la Compañía Danza UNA está integrado por Keisy Gabriel Arce Fonseca, Juliana Espinoza Mora, Valeria Lara Badilla, Bryan Rodríguez Bonilla, Camelia Estefanía Salgado Rojas, Jeudin Steven Villalta Alfaro y Fabián Andrés Zamora Delgado, junto con Dylan Andrés Estrada Marchena, estudiante suplente.

La dirección general y artística está a cargo de Yul Gatjens y la producción de Uriel Morera. Glendo Ramírez tiene a cargo la edición y el diseño sonoro, mientras Álvaro Piedra Romero y Gabriel Piedra Alfaro realizan el diseño de iluminación.

La imagen también forma parte de este recorrido por la memoria. Aldo Bonilla Quirós está a cargo del video, registro audiovisual y edición, y la temporada incorpora además un documental realizado por Aldo Bonilla Quirós, Alberto Blanco Madrigal y Uriel Morera.

Funciones

Viernes 28 de agosto | 7 p. m.
Sábado 29 de agosto | 7 p. m.
Domingo 30 de agosto | 6 p. m.

Teatro de la Danza, San José
Entrada gratuita con reservación previa

Formulario de reservación:
https://forms.gle/JgU1ZzYu17tLf5198

Las reservaciones están sujetas a la capacidad del teatro y la confirmación del espacio se enviará por correo electrónico.

La sonrisa de Maritza

Por Memo Acuña (Sociólogo y escritor costarricense)

Ese día estrenaban camisetas. En su hombro derecho lucia estampado con grandes letras blancas su nombre: Maritza. Su apellido: Matarrita. Me dice que antes de entrar al proyecto de producción de ostras pensaba dedicarse a otra actividad de la pesca artesanal, pero terminó involucrándose desde el principio en la ostricultura, una de las acciones productivas acompañadas por la siempre necesaria Universidad Nacional.

Es un medio lluvioso y cálido. A un lado del local destinado para la preparación y producción de ostras, conversamos con Maritza sobre su trabajo. “Trabajamos de 7 de la mañana a 4 de la tarde, pero a veces debemos quedarnos más tiempo. Tenemos que limpiar todo el lugar y los instrumentos que utilizamos para la manipulación de las ostras. Luego llego a mi casa a seguir trabajando: limpiar, cocinar, hacer el oficio”.

Bajo una lluvia pertinaz es casi medio día en Isla Venado, una de las Islas del Golfo de Nicoya donde la Universidad Nacional acompaña procesos productivos, económicos, ambientales, turísticos y le brinda a las mujeres y hombres herramientas para fortalecer sus capacidades. Lo hace desde su mandato claro como Universidad pública costarricense, pero además lo realiza como la Universidad Necesaria, líder en la extensión social en Costa Rica.

Precisamente acompañamos hace poco una gira académica de trabajo por dos días, organizada por la Vicerrectoría de Extensión de la UNA, en la que conocimos los distintos proyectos que atienden las necesidades de estas comunidades costeras.

Conversacion con Maritza Matarrita, mujer productora de ostras en Isla Venado. Fotografía producida por Ericka Vásquez, Decana del CIDE (UNA).

De hablar fuerte y con convicción, doña Maritza es una de las mujeres incluidas en acciones puntuales desarrolladas por el proyecto “Cuerpo: emoción, palabra, voz y movimiento”, desarrollado por la Escuela de Psicología, el Instituto de Estudios Sociales en Población y la Escuela de Danza, de la Universidad Nacional.

Pensada como acción para estimular la creatividad, contribuye al mismo tiempo a generar mecanismos de autocuidado en las personas, como doña Maritza: “una necesita relajarse de tanto trabajo y estrés – me dice- todavía tengo la bolita que Sofia y Natalia (académicas del proyecto) nos dejaron para hacer ejercicios de relajación; me han servido mucho”.

Mientras dice estas últimas palabras, la lluvia arrecia. Con sus compañeras del grupo han preparado una pequeña degustación de ostras para las personas participantes de la gira. Me pregunta si voy a probar y deja ir una sonrisa de satisfacción, la misma que seguramente la acompaña cuando ve el fruto de su trabajo cotidiano y el de sus compañeras.

Durante los dos días de visita a los distintos proyectos en Isla Venado, constatamos la cuantía de la Universidad Pública en estas comunidades. Abstraídos del furibundo ataque mediático y político a lo que hacemos pero sobre todo a lo que representamos para estas poblaciones, pudimos comprobar una vez más que como universidad vamos por el camino correcto y que las personas de estas zonas esperarán siempre la llegada de proyectos de investigación, extensión y docencia con los cuales fortalecerse para la vida. Por eso con igual pasión debemos defender el presupuesto constitucional asignado para nuestro quehacer.

El valor de estas acciones no es estrictamente económico, aunque sí urgente. Su verdadero aporte está en dejarle condiciones a Doña Maritza para que un buen día pueda reducir su doble jornada laboral y sentarse al fin a pensar en sí misma, sus sueños, sus esperanzas.

Reírse con la vida.