Ir al contenido principal

Etiqueta: fascismo

La rebelión de los cabreados y el neofascismo

Álvaro Vega Sánchez
Sociólogo

El globalismo neoliberal y libertario (liberticida, Rogelio Cedeño QEPD) han enriquecido a un puñado de personas, el 1%, mientras han precarizado a los sectores medios y empobrecido a las mayorías, quienes pagan los platos rotos de sus extravagancias. Ninguna novedad, para quienes consideran que el mundo es de los audaces, y salados los que carecen de esa cualidad; sobrevivan o muéranse.

                Son estos sectores mayoritarios, los cabreados (molestos, enojados, indignados…), quienes en su desesperación se han convertido en la clientela electoral de una “nueva” clase política que les ofrece salir de su condición de marginalidad y precariedad a cambio de su adhesión incondicional. De esta manera, ha sabido aprovechar y capitalizar su enojo, desesperación y resentimiento, utilizando un discurso grandilocuente cimentado en una promesa de futuro próspero en lo económico, socialmente beneficioso y hasta pacífico. Está creando, así, las condiciones para legitimar su autoritarismo antidemocrático -revestido de una falsa democracia-, mostrándose como defensor y garante de derechos económicos y sociales de las mayorías.

                Al respecto, cabe destacar, el señalamiento de Benjamín Tijerina sobre la correlación entre los porcentajes de los electores protestantes, tanto en zonas rurales como urbanas, y a través de todas las capas sociales y generacionales, y los triunfos de Hitler. De ahí, se concluye que el Partido Nacional Socialista no era simplemente un partido de las clases medias radicalizadas, sino un partido popular de la protesta (Tijerina, B. 1998). Efectivamente, en la Alemania de posguerra, primera Mundial, el discurso racista y supremacista de Hitler, así como sus acciones genocidas se vieron favorecidos por las condiciones leoninas y precarias a que fue sometida (Tratado de Versalles). En ese contexto, se supo capitalizar el resentimiento social de las mayorías populares, incluidos por supuesto los protestantes que eran la mayoría religiosa. Un sector de la jerarquía católica y uno minoritario protestante: la Iglesia Confesante, mantuvieron oposición al régimen fascista de Hitler; incluso, uno de sus miembros, el destacado teólogo Dietrich Bonhoeffer, fue víctima y mártir de la causa antifascista.

                Hay un sustrato religioso popular en el apoyo que recibió Hitler de protestantes y católicos, así como por los rasgos propiamente religiosos que asumió el fascismo. Este fenómeno, con nuevos matices, tiende a replicarse en el neofascismo contemporáneo. Gravita con fuerza el factor religioso en su versión tanto secular como confesional. La economía se convierte en religión neoliberal (de mercado, Franz Hinkelammert) y la religión en economía neoliberal (pseudoteología de la prosperidad). Es el revestimiento religioso de la economía y económico de la religión. Por lo tanto, ahora, religión y política no requieren legitimarse recíprocamente, a la manera del régimen de cristiandad, vía lo ideológico, simbólico y ritual -aunque esta legitimación se continúe dando- sino que, manteniendo su “autonomía”, se ven integradas, haciendo causa común alrededor de un proyecto económico y cultural: el neoliberalismo, que se comporta religiosamente, favoreciendo un neoecumenismo de corte fundamentalista. Este fenómeno explica, en alguna medida, la emergencia de los partidos confesionales evangélicos en alianza, siempre, con aquellos sectores y partidos que impulsan el proyecto neoliberal, pero disputándose un espacio propio para acceder al poder.

                De esta manera, el neofascismo ha encontrado asidero político-electoral en esta nutrida clientela de cabreados sociales, que asumen como ideario las nuevas promesas mesiánicas de los “vendedores de prosperidad” (Paul Krugman) de la nueva religión neoliberal. Por lo tanto, no es casual el apoyo, por ejemplo, recibido por Donald Trump en la reciente contienda electoral, tanto por los sectores medios precarizados, también “radicalizados”, y los empobrecidos (contando ahora con un alto porcentaje del voto de afroamericanos y latinos), donde el factor que incidió e inclinó la balanza electoral fue, en buena medida, la promesa de salvación económica. Con un apoyo, desde arriba y desde abajo, avanza peligrosamente, por los derroteros del autoritarismo que induce a nuevos genocidios (hoy, particularmente, de rostro palestino) y ecocidios. El neofascismo neoliberal es intrínsecamente violento; se comporta como un cerco o gueto que está conduciendo al “suicidio colectivo”. A los cabreados se les ofrecerá “pan y circo” (también represión si se portan mal) y, mientras se entretienen, la riqueza seguirá fluyendo hacia arriba.

La prosperidad para todos, al igual que la “paz” que anunciaban los falsos profetas en tiempos de Jeremías, es la gran mentira del neofascismo, que resulta más digerible cuando asume los rasgos de la ficción literaria (la novela como la “mentira bien contada”, con la gran diferencia de que en la literatura esta “mentira” está al servicio de la bondad, la justicia, la belleza…) o se reviste de religiosidad, bajo el carisma de sus agentes (legitimidad carismática, Max Weber) y la fe de unos seguidores, cuyo fanatismo induce al odio y la violencia. El neofascismo se articula, así, desde un discurso de distracción, por lo consolador y lúdico, y socialmente polarizador, por lo confrontativo, apologético y violento.

Un análisis del régimen posfascista de Jair Bolsonaro en Brasil, señala, siguiendo los planteamientos de Antonio Negri, por un lado, que el posfascismo corresponde a una “fase dura” del neoliberalismo, propia de un período donde este se muestra incompetente para generar modelos de equilibrio político, atender las demandas sociales y enfrentar la fuerte resistencia social. Por otro lado, se trata de una transformación autoritaria del Estado para el salvataje del programa neoliberal; un período en el cual se da una “fuerte recuperación de soberanismo”, donde la multitud ocupa el centro de la lucha de clases como protagonista de los procesos históricos; una implosión de esta multitud “en términos de inseguridad económica o ambiental y de miedo al futuro” y de un repliegue sobre la “defensa de la identidad” (Diego Sztulwark https://www.revistaanfibia.com/lula-bolsonaro-neofascismo/)

Sí, estamos ante el avance político de un neofascismo o posfascismo de rasgos decididamente autoritarios y violentos, cimentado, en buena medida, en una religiosidad secular y confesional, que hace causa común alrededor de una promesa de salvación económica (el reino de Dios en este mundo) y de la seguridad que ofrece el retorno de los valores tradicionales para encarar las incertidumbres; desde ahí, utiliza y manipula la desesperación y el desencanto de las mayorías. La rebelión de los cabreados al servicio de sus victimarios.

Sin embargo, ahí donde está su fortaleza también está su talón de Aquiles. Como bien señala Paul Krugman en un reciente artículo, donde el resentimiento está conduciendo al poder a gente mala, este poder no se sostiene a largo plazo, pues cuando despotrican contra las élites la gente comprende que ellos también son elites; asimismo les cobrarán sus promesas incumplidas, y buscarán a quienes procuren decir la verdad. (https://www.nytimes.com/es/2024/12/10/espanol/opinion/elites-multimillonarios-tecnologia-gobierno.html).

                El gran desafío para enfrentar la creciente ola neofascista es continuar develando sus contradicciones, la inconsistencia de su discurso grandilocuente, cínico, demagógico y propiciador del odio y la violencia. “La verdad nos hace libres”.

Proceso electoral: de MAGA (Make America Great Again) a Laura Fernández Delgado-LAFEDE (Populismo chavista y la derecha cuestionada)

Trino Barrantes Araya
camilosantamaria775@gmail.com

La Nueva Doctrina de Seguridad Nacional (“Hagamos que EE. UU. sea grande otra vez”), sustenta los pilares sobre los cuales se afirma la Doctrina Trump y el ascenso de la derecha y el fascismo en América del Sur y Centro América.

El supremacismo, la violencia patriarcal y misoginia, el racismo, la lucha contra los derechos individuales, el ataque sostenido a la institucionalidad, la ausencia de programas y recorte violento de presupuestos a los programas de salud, educación, vivienda y agricultura, el irrespeto a los acuerdos contra el cambio climático y el acelerado proceso de explotación de recurso fósiles, forman parte del manifiesto ideológico al cual se adscribe el gobierno de LAFEDE.

Algunos analistas describen este momento como la “Doctrina Donroe”. Es una actualización de la Doctrina Monroe, pero aún más violenta que su predecesora. La lucha y el control contra la población migrante y la búsqueda desesperada para romper con el mundo multilateral que se afirma a pasos agigantados, orientan a la USA a desmontar todo el tejido de la posguerra y a afirmar un nefasto y enfermizo nacionalismo supremacista-fascista.

De esta manera se rompen los consensos, se irrespetan viejas alianzas y se afirma la nación bajo las brutales medidas impositivas de los aranceles, impuestos unilateralmente. La guerra de cuarta generación, el sometimiento de la prensa a intereses oscuros, la ruptura con el orden internacional y el marcado proceso contra la migración, acompañado a lo interno de un populismo de derecha, dan el rostro de esta alianza política que se sintetiza con el acrónico de MAGA. Hoy con once países de América, bajo ese modelo.

Pero dejemos ese tema tan sugerente para otro momento. Nos interesa aquí ensayar algunas hipótesis que expliquen el triunfo de LAFEDE. Reconocer a los actores sociales y a la masa amorfa y acéfala que mayoritariamente con el ejercicio del voto popular, envistió al Partido Pueblo Soberano, como ganador absoluto de la contienda electoral.

1.- El pueblo hambreado, el lumpen proletario, el lumpen burguesía, el voto castigo y los pentecostales

Definitivamente, las tres provincias más marginadas, invisibilizadas y hambreadas, una vez más en la creencia a ultranza de la promesa electoral, vuelven a apostar a favor de su propio verdugo.

No existen referentes concretos, sino en forma de narrativa electorera, de programas a favor de la salud, la educación, la vivienda y el empleo digno y sostenido. Al contrario, la narrativa estuvo empeñada en justificar que, desde “la continuidad del cambio” la prioridad del gobierno era conducir las reformas a la Constitución Política. Brindar autonomía a la Sala Constitucional, aplicar reformas profundas a la Caja Costarricense, intervenir de manera integral la Fiscalía y al Organismo de Investigación Judicial y por supuesto debilitar los órganos de control político y fiscal.

Temas como la “inseguridad ciudadana” y el “crecimiento económico con equidad”, son solo parte de un discurso de promesas porque, a decir verdad, en toda su campaña hubo ausencia de programas orientados a erradicar estas grandes problemáticas. Por el contrario ese continuismo es heredero de los grandes vacíos en educación, salud, seguridad y políticas agrarias. No sabemos, y nos es muy difícil especular, que significa en su comparecencia en la conferencia de prensa el criterio emitido por LAFESE sobre “imponer un sello personal al ejercicio de su función como presidenta”.

Los otros dos actores son fácilmente identificables. Si damos por sentado que, como parte de las clases sociales, el lumpen proletario es un segmento de la población profundamente marginada del sistema productivo y sin conciencia de clase, representado por un buen número de sicarios, narcotraficantes y pobres marginados. Podemos encontrar ahí una buena masa de votantes a favor del PPSO. En el otro extremo el lumpen-burgués, en tanto sector de clase como burguesía parasitaria, proimperialista y desnacionalizada apostó, desde su comodidad clasista, por el continuismo.

2.- Sigue prevaleciendo en esta contienda el voto castigo

Los fantasmas del bipartidismo asoman con frecuencia, pese a la renovación que, en esta oportunidad, logró el PLN, con la persona de Álvaro Ramos. El otro gran contingente se lo dio Fabricio Alvarado, que, gracias a sus errores, movió una gran masa de su electorado a las filas del continuismo.

3.- Creo que inicia con errores la actual mandataria electa

En su mensaje del 1 de febrero, expresó que: “La oposición, por oposición, obstruccionista y saboteadora, enceguecida por el revanchismo y el canibalismo político, se empeña en propiciar el fracaso del gobierno…”. Obviamente, el 2 de febrero en la conferencia de prensa, tiene un giro a su posición confrontativa. Habla en esa oportunidad de “tender puentes”, “conversar, dialogar y construir consensos”. Pero de nuevo deja ver serias contradicciones discursivas.

Estas contradicciones ponen en su foco al Banco de Costa Rica-BCR. Frente a estas afirmaciones, los personeros del BCR rechazan enfáticamente dichas declaraciones, señalando que esta entidad bancaria no está en quiebra y que goza de buena salud financiera.

4.- En conjunto, con muchas otras fuerzas llamamos a votar

A darle al ejercicio del sufragio su valor histórico. Eso se logró, pues de un padrón de más de 3 millones 7 mil sufragantes, inscritos en 7.154 mesas, según lo indicó el TSE, se logró un 69% del voto efectivo. Pero aquí también descansa una tercera hipótesis. Finalmente, el ejercicio de convocatoria a favor del voto, fue canalizado por el continuismo.

5.- Historiográficamente no existe la “Tercera República”

Eso es una simple metáfora, una gran bofetada a la memoria histórica, a la idiosincrasia del ser costarricense. Empezamos mal con ese enunciado. Costa Rica está inserta en un proyecto de democracia liberal burguesa y no se ha roto el proceso desde 1821. El gran ausente del poder sigue siendo el pueblo, los sectores populares que en estos largos años de República, solo nos ha quedado como alternativa delegar el poder en el “presidencialismo y en el poder parlamentario”.

San Ramón, y a 4 de febrero 2026

Del fuego inquisitorial a las bombas “divinas”: La barbarie vuelve a hablar en nombre de Dios

Martín Rodríguez Espinoza

La Inquisición del siglo XIII no fue solo un exceso religioso del pasado; fue un sistema de poder que se arrogó el derecho de decidir quién era humano y quién no, quién merecía vivir y quién debía ser castigado, en nombre de una supuesta verdad divina. La herejía no era pensar distinto, sino desafiar al poder. Y ese es el hilo que conecta aquellos tiempos oscuros con lo que hoy vuelve a emerger en pleno siglo XXI.

Cuando sectores fascistas sionistas y figuras como Donald Trump se presentan como los “elegidos de Dios”, no estamos ante una simple metáfora religiosa. Estamos frente a una lógica inquisitorial moderna, la idea de que existe un pueblo superior, moralmente autorizado, con derecho a imponer su voluntad por la fuerza, bombardear países, exterminar pueblos, destruir sociedades enteras y silenciar toda disidencia, porque, según ellos, Dios está de su lado.

En la Inquisición medieval, la cruz legitimaba la hoguera. Hoy, el discurso del “pueblo elegido”, de la “guerra justa”, legitima genocidios, ocupaciones, bloqueos, sanciones criminales y guerras sin fin. Antes se perseguía al hereje; al que pensaba, al que disentía contra “la corona”, hoy se persigue al que resiste, al que denuncia, al que no se somete. Cambian los métodos, no la lógica.

Entonces se torturaban, se quemaban libros y cuerpos. Hoy se destruyen países enteros, se borran pueblos de los mapas y se criminaliza la protesta global. Entonces la Inquisición decía hablar en nombre de Dios; hoy los nuevos inquisidores hablan en nombre de Dios, de la democracia, la seguridad nacional o la voluntad divina, mientras ejercen una violencia sin límites ni permiso. En Costa Rica, los nuevos fascistas aplauden eso.

Lo más peligroso no es solo la violencia material, sino la normalización de la idea de que hay vidas que no valen, pueblos que sobran y derechos humanos que pueden suspenderse cuando el poder así lo decide. Esa es, exactamente, la herencia más oscura de la Inquisición, convertir la deshumanización en norma y el exterminio en deber moral.

Condenar esta realidad no es una postura ideológica opcional, es una obligación ética, los comunistas lo tenemos muy claro. Porque cada vez que se acepta que alguien puede hacer “lo que le venga en gana” en nombre de Dios, de la patria o del orden, la humanidad retrocede siglos. Y hoy, el mundo vuelve a asomarse peligrosamente a los tiempos más oscuros de su historia. Ya lo vivimos en la II Guerra Mundial contra el fascismo también, y los fascistas de hoy, de EEUU, Israel, América Latina y Europa, no lo perdonan.

Ya lo vemos, sobre los cuerpos de niños, mujeres y hombres palestinos, en la tierra anegada con la sangre y las vidas de millones de palestinos, hoy planean condominios, empresas, clubes de lujo, y quien quiera participar debe pagar $1.000 millones, o hacer como hizo el criminal de Milei de Argentina, entregar su propio país y su propio pueblo como forma de pago.

El trabajo iniciado con Hitler en Alemania, que fue derrotado por los heroicos pueblos de la Unión Soviética, hoy lo retoman los fascistas sobrevivientes en el mundo. Pero ¿saben qué?, igualmente serán derrotados tarde o temprano.

Socialismo o barbarie.

Las grietas del imperio y sus lacayos locales

Martin Rodríguez Espinoza

Mientras el gobierno terrorista número uno del mundo, el de Estados Unidos, empuja al planeta hacia la guerra mundial para sostener un dominio que ya perdió, al interior de su propio país el sistema se resquebraja. No es un dato menor que incluso autoridades locales del mismo engranaje capitalista enfrenten a Trump y salgan a las calles a respaldar huelgas, como la de las enfermeras en Nueva York. Son contradicciones claras en el corazón del imperio.

Las protestas masivas, el desempleo creciente, la pobreza, millones sin salud ni vivienda, la epidemia de drogas producidas en el propio Estados Unidos y la represión brutal contra su pueblo muestran la verdadera cara del sistema, un imperio en descomposición. Podrido, pero cada vez más violento.

Como advirtió Lenin, el imperialismo es la fase superior del capitalismo y el fascismo su expresión política extrema cuando entra en crisis. Hoy vemos ese fascismo avanzar en Estados Unidos, en Europa y en América Latina, represión, autoritarismo y saqueo para defender los intereses del gran capital.

Nada es casual. En la decadencia del imperio florecen ladrones, estafadores y mafias políticas que, amparadas por Washington, aspiran a gobernar para robarlo todo. Eso ocurre en Estados Unidos, pero también en Costa Rica, El Salvador, Argentina, Chile y muchos otros países.

Por eso, cuando Laura Fernández habla de “arrasar”, habla con sinceridad. Quiere acabar con todo. La democracia costarricense siempre ha sido una democracia para los ricos, pero en los últimos gobiernos el saqueo se volvió descarado, obsceno, sin vergüenza. Ahora no les basta robar, sueñan con dictadura. Y detrás de ellos está el respaldo del imperialismo estadounidense, que desde sus embajadas financia, protege y legitima el crimen en todo el planeta.

La historia nos enseña una cosa, cuando el imperio cae, intenta arrastrarlo todo con él, y la única respuesta posible es organización, conciencia y lucha.

13 de enero 2026

No podemos equivocarnos… esta vez

Dr. Oscar Aguilar Bulgarelli

En la campaña política del 2022 Rodrigo Chaves ocupó el segundo lugar en la primera votación del 6 de febrero con un pírrico 16.8% de los votantes lo que equivale a un 9.92% del Padrón Nacional, y en la segunda votación o balotaje lo favoreció solo el 28.7% del total de ese Padrón. Es decir, hubo 667.000 votos de ciudadanos que no votaron por él la primera vez, y se negaron a darle su voto a José Ma. Figueres en la segunda votación y, de acuerdo con los análisis hechos entonces, la mayoría de ellos salieron de las filas de los partidos Liberal Progresista, Nueva República, PUSC y Frente Amplio. Evidentemente una minoría obnubilada por el mensaje de odio y vanas promesas que hicieron Rodrigo Chaves y Pilar Cisneros, nos llevaron a la tragedia nacional que hoy vivimos, y que nos tiene al borde del abismo autoritario y, más grave, fascista.

Pero el próximo 1 de febrero los costarricenses no pueden equivocarse otra vez, no queda espacio para ello, estas elecciones no son las más importantes en la Historia de Costa Rica, son las definitivas, lo he dicho muchas veces. O salvamos la democracia liberal o la hundimos y perdemos para siempre en manos de una horda de advenedizos, nacionales y extranjeros, que quieren tomar la Patria por asalto para saciar sus ansias de riqueza, a través de ejercer el poder con una amplia base de evidente narco corrupción. Como dice Giuliano Da Empoli en su libro “La Hora de los Depredadores”, para ellos nada del pasado tierne importancia, ni la división de poderes, el respeto a las instituciones, a las minorías y los derechos humanos, nada de eso tiene el menor valor, pues la “hora de los depredadores” se anuncia con bombos y platillos, voces altisonantes, lenguajes grotescos y corrupción galopante.

Para entender por qué son los “jaguares depredadores” es importante recordar algunas palabras de Rodrigo Chaves y de su acolita candidata Laura Fernández: “somos un tsunami que vamos a destruir todo” dijo en campaña, luego el 24 de julio del 2024 en Peñas Blancas sentencio que “queremos destruir ese sistema” pues según su insano criterio, quienes quieren darle un imaginario golpe de estado “se han atrincherado en lo que llaman la institucionalidad”. Además, su dócil delfina y candidata Laura Fernández, cuando era ministra de Planificación dijo, a raíz de la obsesión por hacer la Ciudad Gobierno saltando por encima de la Constitución y las leyes, que “el problema es el Estado de Derecho que nos obliga a las instituciones públicas a hacer lo que la ley dice”; entones ¿pretende que no haya leyes, ni controles, y que puedan hacer lo que les dé la gana? Obviamente NO, por eso, entre muchas otras cosas, este régimen autócrata, populista y con ínfulas de fascismo no puede continuar.

Para convencer al costarricense del mensaje mesiánico del culto chavista y de su sumo sacerdote, crearon lo que acertadamente Ignacio Ramonet llama en su libro “La Era del Conspiracionismo” el culto de la mentira, con el cual se logra provocar una triple crisis que él considera es la principal desazón contemporánea: crisis de la verdad, de la información y de la democracia. Para lograr este objetivo integraron en primera línea, a la par de Chaves, a la más importante sacerdotisa del culto a la mentira Pilar Cisneros y ambos, con una envidiable habilidad histriónica y circense, propalaron por todo el país el odio y la mentira. Cisneros, según su propio dicho, se dedicó a ser, no la docente sino la indecente, de la mentira, dedicada a entrenar a ministros y altos funcionarios a mentir, pues según ella, los “ticos básicos” todo se lo creen, y es fácil engañarlos.

De esa manera el culto chavista logró algo fundamental en todos los regímenes de orientación autocrática y fascista: que sus actos y acusaciones de odio, se convirtieran en actos de fe, que como en cualquier religión, son incuestionables y aceptados sin el menor análisis crítico. Igualmente, a Chaves y Cisneros, el sumo sacerdote y su sacerdotisa, les dieron casi el don de infalibilidad, así todo el odio y rencor que expelen se convirtió en verdad absoluta. Veamos un ejemplo: la corrupción.

En campaña Chaves ofreció luchar contra la corrupción, que metería a la cárcel a los que se habían apropiado del país, en su plan de gobierno ofreció nombrar a funcionarios eficientes y probos, pero, que pasó en la realidad. Tenemos el gobierno más corrupto de la Historia: nunca fue acusado ni encarcelado un solo funcionario de administraciones pasados, tenemos al narcotráfico corriendo campante por el país, favoreció a sus amigos arroceros con 60.000 millones de colones y no bajó el precio del arroz; cambió la forma de declarar el precio de vehículos nuevos para que pagaran menos impuestos y derechos de circulación y favoreció a sus amigos importadores de vehículos de alta gama con 32.000 mil millones de colones. Sus funcionarios han sido tan ineficientes y corruptos que tiene casi cien remociones en su gabinete, presidentes ejecutivos y directores de instituciones, de los cuales muchos están acusados penalmente ante el ministerio público en más de 50 causas, algunos de ellos como Nogui Acosta, Marta Esquivel, Stephan Brunner, José Miguel Villalobos, Katharina Müller y la propia candidata presidencial Laura Fernández, gracias a la red de cuido chavista, están en las papeletas para presidente y diputados, buscando el refugio de una inmunidad que se vuelve inmundicia, como en el caso del propio Chaves y más de cien acusaciones penales y administrativas, que lo esperan para ser enjuiciado después del 8 de mayo.

Pero si se le pregunta a un chavista, dice que le Rodrigo Chaves y Pilar le abrieron los ojos y que luchan contra la corrupción; porque si le abrieron los ojos es para que vea para otro lado, se tape la nariz, y acepte el desmadre como acto de fe… ¡por ser un básico! Diría con sarcasmo Pilar Cisneros.

Por todo esto y para evitar que caigamos más abajo en el despeñadero al que nos tiró Rodrigo Chaves, Pilar Cisneros, la candidata Laura Fernández…muy básica precisamente, y todos sus secuaces desde altos funcionarios hasta el último creador de contenidos basura y troles, debemos decir con determinación fuera Chaves y su pandilla, porque esta vez, definitivamente no cabe quedarse en casa, hay que ir a votar por cualquiera que no sea un chavista evidente o solapado, pero debemos salvar el país del caos fascista que ya se nos metió en la casa, y como con las cucarachas…barrer ¡pa´juera!

Del combate a la corrupción al abuso de poder: Costa Rica en la mira

Martín Rodríguez Espinoza

Yo no sé ustedes, pero a mí como ciudadano me preocupa como se vienen dando estas, y muchas otras cosas sin que se le ponga freno, antes de que sea tarde. ¿Violar la Constitución Política, las Leyes y autonomía de los Poderes de la República?, me suena a que se cocina un régimen autoritario, con sesgos cercanos al fascismo muy fuertes. Esto, aunque crea que crea en que vivimos en una democracia de los ricos y no del pueblo, la Constitución, no perfecta, pero con cosas importantes, es La Constitución.

También creo que, desde el golpe de Estado en 1948, los años 50’s, 60’s, 70’s, y profundizándose más fuertemente desde los años 80’s a esta parte del siglo XXI, la corrupción descarada, el saqueo y la estafa han prevalecido. Hay un poder financiero de un grupúsculo de familias que han manejado títeres en la silla presidencial y las curules legislativas, así como en gobiernos locales, para seguir acrecentando sus ganancias a costa de la clase trabajadora y el pueblo en general.

Ya lo vemos hoy con el tema de la CCSS, la jornada de 12 horas, la Ley antihuelgas, el Combo Fiscal, la Ley de Empleo Público, el TLC y tantos otros nefastos inventos impulsados por ese poder económico y ejecutado por los verdugos del pueblo desde el Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial, aparte de los “medios de comunicación”, que pertenecen a esta casta financiera.

Claro que hay razón para hablar que hay una inmensa telaraña de corrupción y saqueo en Costa Rica, siempre dije que este país es de los más corruptos del mundo.

Pero en Costa Rica estamos viendo con profunda preocupación cómo el aparato estatal está siendo utilizado para perseguir políticamente a congresistas y periodistas, bajo el pretexto de combatir esa corrupción. Que una unidad como la UEI, adscrita al Ministerio de la Presidencia, reciba órdenes “de arriba”, como dicen los medios de comunicación, para vigilar a diputados vinculados a Huawei y a comunicadores sociales es un grave atentado contra la Constitución Política, aunque ya lo han hecho contra dirigentes sociales desde hace décadas.

No estamos hablando de una investigación judicial legítima, sino de seguimientos extralegales ordenados desde el poder Ejecutivo, lo cual recuerda los peores momentos del autoritarismo disfrazado de lucha contra la corrupción. Cuando el Estado vigila a quienes deben fiscalizarlo, cuando se espía a la prensa y al parlamento, no estamos ante un gobierno transparente, sino ante uno que abusa del poder para silenciar y amedrentar. La verdad no se busca con espionaje, se exige con rendición de cuentas, respeto a la libertad de expresión y al proceso de recolección de pruebas que demuestren el delito.

Esto que vivimos en este momento, como sucedió en la Alemania Nazi, en el Chile de Pinochet, de Efraín Ríos Montt en Guatemala, los Somoza en Nicaragua y tantos otros, puede convertirse en una dictadura fascista. Eso, quiéranlo aceptar o no, es una tragedia social de grandes y nefastas consecuencias.

En mi siguiente comentario, “El bonapartismo en Costa Rica”, que estoy por terminar, comentaré sobre cómo y por qué surgen este tipo de peligrosos sujetos, y cómo desde el marxismo ya estaba identificado este tipo de situaciones producto de la podredumbre del sistema capitalista en decadencia.

29 de junio de 2025

Un presente costarricense que niega y olvida su pasado

Juan Huaylupo Alcázar1

1 Catedrático pensionado. Facultad de Ciencias Económicas. Universidad de Costa Rica.

En apariencia los ciudadanos costarricenses estamos tranquilos, como siempre respetando el civilismo heredado de otros tiempos, del equilibrio entre la sociedad civil y el Estado, en una época que confiábamos de la estabilidad laboral, seguridad social, vivienda popular, participación ciudadana, con un Código de Trabajo digno y leyes justas. Nunca imaginamos el incremento de la pobreza, inseguridad ciudadana, precariedad en los servicios de salud públicos ni su atención privada solo para pudientes, además de ser una atención mercantilizada y corrupta. También se tenía un sistema judicial oportuno, consistente y pertinente, mientras que en la actualidad existe una negligente práctica administrativa que absurdamente regula el cumplimiento jurídico y como tal, sometida a las jerarquías y procesos inventados para eludir reglamentos, leyes e incluso la propia Constitución de la República. Así, la Sala Constitucional con cientos de resoluciones contradictorias e inapelables y con muchas otras demandas que esperan años sin resolver, a pesar de las evidencias que violentan el espíritu y letra de nuestra Carta Magna. Ello, viola la democracia, los derechos ciudadanos, al orden institucional, al estado social de derecho y de lo mucho que enorgullece moral y socialmente nuestro pasado.

Tampoco conocimos gobernantes que amenazaran a la ciudadanía y la sociedad con la creación de hordas fascistas entre las fuerzas policiales, ni inducir el descontento social contra la institucionalidad pública, que paradójicamente, el propio gobierno estrangula, agudizando su crisis y liquidación. Los fantoches del poder que transgreden permanentemente las históricas conquistas sociales se creen omnipotentes e inmunes por haberse debilitado y liquidado las diversas formas organizativas defensoras de los trabajadores, de la ciudadanía y de la democracia, efectuada por el poder estatal, los partidos políticos y por la traición y corrupción de quienes los representaban.

Los jóvenes de hoy que no conocieron ese Estado ni sociedad sobre nuestro inédito pasado, en parte, por la precariedad de la educación y porque la historia nacional no es la historia del pueblo costarricense que ha sido invisibilizado e ignorado por los individuos que se han impuesto como los hacedores de la historia nacional. La historia es una construcción por el pueblo, no de individuos de rancias familias ni partidos que se han apropiado del pasado costarricense y que aun gozan de privilegios y monopolizan la vida política. Reivindicar la actuación del pueblo es una necesidad en momentos que otros buscan usurpar y privatizar el futuro nacional.

El poder político y económico oculta y desconoce la voluntad capacidad de actuación del pueblo en la historia, para inventar e imponer que el pasado costarricense fue obra de individuos, nunca de pensamientos y actuaciones concientes y consecuentes de la colectividad popular, al que imaginan, aun en nuestros días, ser solo objetos del poder racista y segregacionista.

La relativa inercia y responsabilidad es de los jóvenes, no los culpabiliza, es el sistema, la educación y de los medios, que sistemática e intencionalmente, nos quieren ignorantes e intentan borrar la historia y cultura de los pueblos, para destacar exclusivamente el amarillismo, el fascismo y el poder geopolítico dominante, como expresión de la tiranía política y delincuencial existente.

Un pueblo que ignora su pasado está condenado a perder su identidad, su futuro y humanidad. Conocer nuestra historia trasciende el ámbito cognoscitivo, porque no se trata solo de conocimiento sobre la verdad de los procesos ocurridos, es la impronta que otorga significación, responsabilidad y compromiso al devenir colectivo del pueblo. Es el sello peculiar y característico que va más allá de los acontecimientos sociales que marcaron, no solo su pasado, también contribuyen a conocer el presente y que guían su futuro. Asimismo, analizar el pasado a partir del presente, nos permite interpretar y descubrir muchos de los dilemas y luchas del presente.

Historia y cultura se confunden en una unidad política identitaria, peculiar e inédita, quizás por ello, la dominación política actual aun lucha contra la legitimidad social del pasado, como un fantasma que amenaza su existencia, no solo como parte de la historia, sino porque los intereses, ambiciones, conflictos políticos y de clase, no han desaparecido, por el contrario, se han radicalizado contra los subalternos, la sociedad y la humanidad. La historia oficial ha formalizado, ideologizado y privatizado el poder del presente en un pasado inventado.

Desde luego, esta reflexión no será comprendida por el gobierno actual, por los liberales empiristas ni por los tecnócratas de la economía, que todo lo reducen a magnitudes sobre las finanzas del estado y de la riqueza privada, nunca sobre las repercusiones sociales que causa el mecanicismo economicista promovido y protegido por las tiranías políticas, tampoco han comprendido que la economía como ciencia es una relación social e histórica, que no son cantidades ni representan realidades complejas. Las tragedias sociales y ambientales ocasionadas por esas técnicas solo son vistas como daños colaterales inevitables, como si la sociedad y el mundo estuviera gobernado por una máquina que no puede ser modificada, reprogramada ni destruida. La estupidez de los tecnócratas económicos y de los funcionarios del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, son máquinas robotizadas con algoritmos, pero no son esclavos del poder, son simplemente cosas sin vida ni conciencia, por ello se sustituyen y se olvidan, por inservibles.

Una economía sin sociedad, cultura ni historia, nunca podrá ser ciencia. Las mediciones económicas son vacías y superficiales, como el medir el valor de la producción con el Producto Bruto Interno (PIB), o el pseudo equilibrio fiscal, de ningún modo representan la complejidad de una sociedad, como tampoco la riqueza nacional, el bienestar social ni la suficiencia económica estatal. El enriquecimiento privado a través de los bienes y servicios finales en el mercado nacional, generados en un periodo temporal, de ningún modo es progreso nacional ni da cuenta de la situación económica de un país, como fue reconocido por su propio creador Simon Kuznets (1901-1985), a quien el Congreso de EE.UU le encomendó medir la crisis económica mundial de 1929-1932, «… el bienestar de una nación difícilmente puede inferirse de una medida del ingreso nacional» (Kuznets, 1934).

El repetir incesantemente, como verdades absolutas, la situación cuantitativa y las previsiones económicas nacionales de los organismos internacionales, no solo muestra el mecanicismo tecnocrático de la economía, también son evidencias del absurdo desconocimiento del impacto del dinámico devenir político internacional, que inciden en el ámbito económico nacional, a la vez pone de manifiesto el corrupto e interesado compromiso geopolítico, del gobierno y de los partidos del poder, con el cómplice silencio ante la debacle humana con el genocidio contra el pueblo palestino y la confrontación bélica mundial.

Los propietarios del capital ni la jerarquía burocrática estatal crean riqueza ni son autosuficientes, como expresan algunos candidatos, que se disputarán la Presidencia de la República. De este modo, manifiestan su transparente ignorancia e incapacidad previsible, si obtienen los votos de aparente validez.

Explotar a los trabajadores y apropiarse de los recursos del pueblo y de la nación, son auténticos atentados contra la vida y el futuro nacional. Costa Rica nos pertenece a todos, no es un espacio social con dueño, ni el poder estatal es privado. No somos esclavos, somos ciudadanos creadores de nuestro presente y futuro común.

Fascismo, una definición

Por Frédéric Lordon, abril de 2025*

Ascenso de la extrema derecha

Debería empezar a estar bastante claro, cuando las milicias desfilan por París al grito de “París es nazi” y apuñalan a militantes de izquierda, que hacia lo que nos dirigimos es el fascismo. Está claro y, al mismo tiempo, todavía no está tan claro. La alusión histórica directa durante el episodio en cuestión no está sujeta a muchas interpretaciones. El drama es que hagan falta manifestaciones tan claramente reconocibles para que los comentaristas acepten hablar de “fascismo”. Probablemente harán falta esvásticas en el frontón de los edificios públicos para que La Nuance admita el peligro de una deriva fascista (por el momento, hemos de contentarnos con “iliberal”, y eso solo los días de gran embriaguez política). Es cierto que, ochenta años después, algunos siguen negando, frente a la colaboración y las redadas, que existiera nada parecido al fascismo francés.

Lamentablemente, esa evitación no se limita a la prensa burguesa. Por razones basadas en supuestas exigencias de rigor histórico y motivaciones políticas menos confesables, muchos sectores de la izquierda crítica no quieren decir simplemente “fascismo”; porque el “pánico fascista” es mal consejero, da lugar a estampidas electorales y a frentes republicanos improvisados, en definitiva, a masas errabundas.

Eso por lo que respecta a las motivaciones políticas. En cuanto a las exigencias de rigor, se esconden detrás de Poulantzas, Marx o Gramsci.

Y se dice “Estado autoritario”, “bonapartismo” o “cesarismo”. Pero en ningún caso “fascismo”.

Sin embargo, salimos del “bonapartismo” o “cesarismo” cuando el Estado autoritario se vincula al elemento racista más allá de cierto umbral. Porque “vinculado” lo está casi constitutivamente, en tanto Estado del capital y, por consiguiente, Estado racial (1), desde las depredaciones de la acumulación primitiva hasta el tratamiento contemporáneo de los pueblos surgidos de la colonización o la esclavitud. Sin embargo, hay trasposiciones de umbral que marcan diferencias cualitativas, como cuando el racismo sistémico de Estado comienza a manifestarse en la modalidad sistemática de la deportación.

La modalidad es ahora explícita en los Estados Unidos de Trump, pero no tardará en serlo en la Francia de Le Pen-Retailleau. En ambos casos, la alianza del chárter y la motosierra tiene mucho futuro por delante; secundariamente, veremos cuánto tiempo más finge el Partido Socialista francés no darse cuenta de nada.

Ni siquiera está claro que esta evolución, por indiscutible que sea, baste para vencer las reticencias mientras toda la parafernalia fascista – uniformes, brazaletes y oriflamas– no vuelva a verse en las calles (aunque ya comienza a verse…). Es cierto que la fijación en los signos exteriores catalogados por la historia y bien identificados sigue siendo el principal obstáculo para reconocer lo mismo cuando se presenta bajo otro aspecto. Aunque no previó la variante “inmobiliaria” del trumpismo, Orwell advirtió del peligro de las reapariciones irreconocibles: el fascismo de “bombín y paraguas plegado” –o con una gorra roja “MAGA”–. Eso era lo esencial y, como no se le escuchó, el fascismo se quedó en su condición de hápax, inadecuado para pensar la política contemporánea. Solo hay un remedio para esa fijación en imágenes (particulares): el concepto, que es general y por lo tanto susceptible de aplicarse a diferentes configuraciones históricas, incluidas aquellas que aún no conocemos. Mientras no se proponga una definición, el fascismo seguirá siendo una alusión histórica imposible de trasponer. Es verdad que una definición no indica ni las causas ni las salidas de emergencia. Pero nos interesa definir adecuadamente para identificar las unas y las otras. Por otro lado, hasta una simple definición tiene consecuencias.

Este es generalmente el momento en que se menciona a Umberto Eco y sus “14 señales para identificar el fascismo” (2). Esa es la dirección que debemos seguir. Pero no con catorce criterios. Catorce criterios no alumbran un concepto o definición: hacen una descripción. E incluso una calcomanía de la primera coyuntura histórica, que precisamente nunca se reproducirá de manera idéntica y, por tanto, no sirve para reflexionar sobre actualizaciones originales.

Una definición: algo nada fácil. Lo primero es intentarlo. He aquí un intento: por fascismo debemos entender la combinación de tres elementos.

1) Un Estado autoritario. Un Estado, por un lado, embarcado en la uniformización institucional de todos los sectores de la producción de ideas: educación, investigación, cultura, medios de comunicación –la purga antiwoke de las instituciones públicas estadounidenses está sin duda destinada a convertirse en un modelo del género–. Un Estado, por el otro, reforzado en su aparato represor, una policía-justicia alineada ideológicamente, sin duda también armada, utilizable con fines policiales; aparato formal con extensiones informales: grupúsculos satélites y milicias callejeras espoleadas por milicias digitales en una voladura de todas las reglas de la violencia política. Entre las “señales” (y no los elementos de definición) estarán sin duda los asesinatos políticos. Por desgracia, podemos pronosticar que están a la vuelta de la esquina. En cualquier caso, con el fascismo la única regla en lo que a violencia política se refiere es que hay que esperar cualquier cosa.

2) Una instrumentalización sistemática de las angustias identificativas y las pasiones últimas, esto es, llevar a una mayoría de dominados, objetivamente maltratados por el orden socioeconómico y simbólicamente degradados, a recomponerse volviéndose, no contra los dominantes, sino contra aquellos más dominados que ellos, más exactamente contra algún segmento de la sociedad presentado como infame y construido simbólicamente para ese fin excretor.

3) Una doctrina civilizacional-jerárquica de horizontes apocalípticos, repletos de amenazas “existenciales”. ¿Queremos signos del resurgir fascista? La proliferación de la palabra “existencial” es una de las señales por excelencia. Es el concentrado paranoico del fascismo. Y la clave de su autorización de la violencia: porque si hay una “amenaza existencial”, entonces es cuestión de “vida o muerte”, y en esas condiciones de “peligro vital” todo está permitido. Disparar con ametralladoras sobre lanchas de migrantes estará permitido, ya que el “Gran Reemplazo” supone nuestra aniquilación. El genocidio de los gazatíes y la limpieza étnica de los supervivientes está permitido, ya que la propia Palestina es una “amenaza existencial” para Israel. Como lo será Rusia para nosotros si hay que plantearse una guerra exterior para que la gente se olvide de los problemas internos.

Entre el concepto y la realidad: ¿dónde estamos? Todo se está poniendo en práctica. La burguesía del poder, política y también mediática, ha elegido el racismo antiárabe como su nuevo valor directriz; del caso Benlazar a los destinos comparados de Bétharram y el instituto Averroès (3), la actualidad reciente sigue confirmando lo que la ha precedido. Todas las derechas se están fusionando en un bloque ideológicamente homogéneo de extrema derecha, incluido el macronismo, obviamente, que tan bien habrá preparado el terreno durante ocho años. Los medios de comunicación dominantes ahora tienen una sola agenda: hacer de muro de contención. Pero frente a la izquierda. Francia Insumisa es antisemita, Reagrupamiento Nacional es republicano. En Estados Unidos todo lo que está a la izquierda de Trump es “comunista”. El presidente bis hace un saludo fascista, los editorialistas creen ver una efusión un tanto torpe. Incluso cuando la imagen histórica está ante nuestros ojos, sigue siendo posible no verla.

De hecho, una emisora pública francesa examina el potencial de una Riviera de Gaza. El proceso sigue su trayectoria nominal.

(1) Según la tesis de David Goldberg, retomada y desarrollada por Houria Bouteldja. Véase David Theo Golberg, The Racial State, Wiley-Blackwell, Boston, 2001; y Houria Bouteldja, Patanes y bárbaros. La apuesta del nosotros, Akal, Madrid, 2023.
(2) Umberto Eco, Contra el fascismo, Lumen, Madrid, 2018.
(3) NdlR: El humorista Merwane Benlazar fue duramente atacado por su apariencia, considerada salafista, en el polémico programa de televisión “C à vous”, y tras la divulgación de antiguos comentarios en X. Más de 170 antiguos alumnos del colegio Notre-Dame de Bétharram, un prestigioso internado católico en Bearne, cerca de Pau, han denunciado violencia física, agresiones sexuales y violaciones cometidas en el centro. Las denuncias abarcan varias décadas de violencia contra los menores, sin embargo, hasta ahora había sido una institución intocable y de gran reputación, muchos de cuyos alumnos procedían de buenas familias del sur de Francia. En Lille, el liceo Averroès, el mayor instituto musulmán de Francia, dejó de recibir dinero público tras la decisión del exprefecto Georges-François Leclerc, quien acusaba al centro de “atentar contra los valores de la República”. Esta decisión está recurrida en los tribunales y el inicio del juicio está previsto para este abril. El magistrado instructor del tribunal administrativo de Lille ha solicitado la anulación de la decisión del exprefecto y el restablecimiento del contrato con el Estado francés.

Frédéric Lordon
Filósofo y economista, autor de Figures du communisme, La Fabrique, 2021, París.

Fuente: Le Monde Diplomatique, edición digital en español de abril de 2025
https://mondiplo.com/fascismo-una-definicion

El Pueblo imaginado por el populismo costarricense

Alejandro Guevara Arroyo1

1 Profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Costa Rica.

El pasado martes 18 de marzo, varios miles de personas se congregaron frente al edificio de la Corte Suprema de Justicia de Costa Rica. Acompañadas de banderas nacionales, exigían la destitución de la persona que actualmente ocupa el cargo de Fiscal General. El evento fue promovido desde Casa Presidencial de Costa Rica, y existen indicios de una inversión económica significativa destinada a movilizar a ciudadanos y ciudadanas desde zonas rurales del país.

A la manifestación asistieron varias diputaciones del partido de gobierno, exministros con aspiraciones de participar en las próximas elecciones nacionales y, notoriamente, el propio presidente Rodrigo Chaves Robles (quien no ha ocultado su conflicto con el Fiscal General, motivado por diversas causas que dicho funcionario tramita en su contra). Aclamado por sus seguidores, el mandatario afirmó que el Pueblo se ha despertado y, en una expresión con alguna reminiscencia lejana al filósofo Jean-Jacques Rousseau, que la voz del Pueblo es la voz de Dios.

Las líneas que siguen analizan críticamente el concepto de Pueblo que subyace en estos posicionamientos políticos y lo contrastan con su principal alternativa teórica.

¿Quién es este Pueblo del que habla el presidente con tanta vehemencia?

Pero, ¿quién es ese Pueblo al que aludió el presidente, y qué papel le corresponde frente a las instituciones del Estado? Ambas son preguntas de considerable profundidad, ciertamente. Quizá por ello encontramos diversas respuestas relevantes a cada una. Comencemos por la segunda.

Si atendemos a los principios fundamentales de nuestro orden constitucional, el Pueblo (o la Nación, con mayúscula, como lo llama nuestra Constitución Política) es una figura absolutamente central. Según la Constitución, se trata del titular de la soberanía y es el llamado a ejercer todas las funciones del poder público, incluido el más elevado de todos los poderes, el constituyente (es decir, la capacidad de crear una nueva Constitución).

Este es el Pueblo de la Democracia establecido en nuestra Constitución Política: gobierna a través de formas constitucionales, lo cual implica necesariamente la disposición de todos los derechos políticos fundamentales ciudadanos. Tiene, además, la notable facultad de modificar la Constitución misma, si así lo decide.

Esta concepción que proyecta nuestra Constitución se opone, por un lado, a la postura elitista, según la cual la ciudadanía no debe reclamar ni influir en el llamado Estado de Derecho. Pero también se distancia de lo que podríamos llamar una visión populista, que concibe al Pueblo como una entidad que puede gobernar sin instituciones, sin representantes, sin mediación; como si se tratara de un organismo con voluntad autónoma (en breve veremos que, desde este punto de mira, se suele entender que la voluntad popular tiene que tomar forma en la figura de un Líder).

El Pueblo del Populismo

Transpira nuevamente la pregunta acuciante: ¿quién es este Pueblo de la Democracia? Queda claro que, sea lo que sea, es algo trascendental. En Costa Rica, el Pueblo posee un enorme poder sobre todas y todos nosotros o, al menos, así lo establece nuestra Constitución Política. Sin embargo, seguimos sin saber con claridad quién es y cómo se manifiesta.

Una alternativa que interesa considerar aquí es justamente la propuesta por el presidente Chaves: el pueblo se identifica o es representado exclusivamente por quienes apoyan su gobierno, con lo cual él se convierta en su única voz legítima. Esta visión coincide con lo que el teórico e historiador Federico Finchelstein, en su obra “Del fascismo al populismo en la historia”, caracteriza como la perspectiva populista del Pueblo o Nación. El populismo (junto con su pariente, el fascismo) entiende que el Pueblo de la Democracia toma forma en una parte (real o supuestamente) oprimida o maltratada de la población, que encuentra su expresión en una figura de liderazgo profético y emancipador: Nación, Seguidores y Líder constituyen una sola unidad política. El Líder es, por tanto, quien efectiviza la voluntad que debe guiar al resto de la Nación-Seguidores. De esta forma, suele justificarse que el Líder acumule los poderes y facultades atribuidas al Pueblo de la Democracia.

Habida cuenta de estas ideas, históricamente el populismo ha tendido a apoyar el empoderamiento de ciertos presidentes electos mediante votación popular, como mecanismo para localizar al Líder del Pueblo.

Frente a este movimiento, obviamente, solo puede existir su contrario, representado por el mal: la casta, la élite, el antipueblo, es decir, todas y todos quienes no forman parte del Pueblo-Seguidores o se oponen de alguna forma a lo que dispone su Líder.

En todas sus manifestaciones, el populismo tensiona las instituciones constitucionales y políticas propias de las Repúblicas modernas. No podría ser de otra manera, dados los supuestos ideológicos que incorpora: la identificación entre Líder, Seguidores y Nación, que se oponen frontalmente al Antipueblo (en especial: opositores políticos). Aun así, existen muchos ejemplos históricos que muestran movimientos populistas que llegan al poder sin romper completamente con dichas instituciones (por ejemplo, Cristina Fernández de Kirchner o Javier Milei en Argentina). En otros casos la deriva ha sido hacia regímenes autoritarios (como el de Nayib Bukele en El Salvador), llegando incluso a consolidarse plenamente en formas dictatoriales (como la Venezuela de Nicolás Maduro).

¿Pero, hay alguna forma distinta de ver al Pueblo de la Democracia? Hay quienes creen que no, y por ello auspician una forma completamente despolitizada de ver los órdenes constitucionales. Sin embargo, la respuesta se encuentra en la propia ideología que subyace a nuestras imperfectas Constituciones Políticas modernas, incluida la de Costa Rica. Se trata de lo que podemos llamar la visión republicana del Pueblo.

El Pueblo de la Democracia bajo la mirada republicana

Hay una alternativa tanto a la visión populista del Pueblo de la Democracia como a las visiones elitistas. Nuestra Constitución Política de 1859 la distinguió con notable claridad, en una formulación que lamentablemente no se preservó en nuestro texto constitucional actual. En su artículo primero, aquella Constitución señalaba: “La asociación política de todos los costarricenses constituye una Nación que se denomina: República de Costa Rica”. Esta es la mirada republicana del Pueblo de la Democracia costarricense. Se trata una comunidad intergeneracional, que comparte un pasado, un presente y un futuro, anclada entre sí por medio de sus derechos políticos en la forma de la ciudadanía. Se organiza en una República, con el objetivo de garantizar la igualdad política de todas las personas que integran la comunidad.

Notablemente, sin embargo, en la comunidad de la ciudadanía existen honestos desacuerdos sobre cómo y en qué dirección han de ejercerse los poderes del gobierno. Por ello se requieren medios institucionales que aseguren que todas esas visiones políticas sean escuchadas y representadas en la toma de las decisiones más importantes sobre cómo vivir en comunidad.

En los modelos constitucionales modernos, esta ambición se tradujo en instituciones características: los Congresos o Parlamentos legislativos, cuya integración debe ser electa y políticamente representativa de la diversidad ideológica de la ciudadanía, y, al mismo tiempo, estar abierta a sus reclamos y observaciones. Esta ideología republicana incluso se manifestó en la arquitectura de muchas de las salas donde se reunían en pleno los cuerpos legislativos: para simbolizar la igualdad entre todos los representantes -y, indirectamente, la del propio pueblo-, se adoptaba una disposición en semicírculo (lamentablemente, la sala del Plenario de nuestra Asamblea Legislativa ha olvidado ese notable simbolismo republicano). Por supuesto, es esta concepción del Pueblo la que justifica que la ley disponga de mayor legitimidad que las decisiones de un Presidente (sea o no el “líder” de un movimiento político).

¿Pero entonces, desde esta visión de la comunidad política, caben las denuncias vehementes contra los poderes fácticos, las corporaciones o las élites que buscan cooptar las instituciones y los gobiernos en su propio beneficio? ¡Claro que caben! El desacuerdo dentro de la comunidad política no tiene por qué vivirse “en baja intensidad”, ni excluir denuncias apasionadas por corrupción, corporativismo o cooptación institucional. El principio de acción, sin embargo, es que al formular la crítica política, debe preservarse -en la medida de lo posible- la distinción entre, por un lado, los adversarios políticos, y por otro, los actores facciosos, corporativos o extrainstitucionales. Solo al mantener esta distinción puede sostenerse una política de conflicto democrático sin caer en una lógica del populismo, que tensiona y pone en riesgo la vigencia de las instituciones formales de la República.

De forma que las implicaciones de la ideología republicana del Pueblo calan profundamente en nuestras instituciones y prácticas constitucionales, aunque muchas y muchos sentimos que, en nuestros días, estas no cumplen con sus aspiraciones más elevadas. De hecho, creo que la reiterada incoherencia entre los ideales a los que dicen dirigirse nuestras instituciones y el desierto de realidad que percibimos en su desempeño -con una deriva que con demasiada frecuencia recuerda a House of Cards o VEEP– constituye parte de lo que, en Costa Rica, ha empoderado a la visión populista de la política y del Pueblo. Y es este movimiento político el que, hoy día, cuestiona la visión políticamente igualitaria e inclusiva que subyace a la idea republicana del Pueblo de la Democracia.

El reformismo como arma contrarrevolucionaria en América Latina

Rafael A. Ugalde Q.*

En memoria del abuelito de barba blanca, periodista, abogado, economista y filósofo, fallecido en Londres el 14 de marzo de 1883, cuyas herramientas destinadas a los trabajadores del mundo cobran hoy relevancia.

a) -. Fascismos y trabajadores: Cuando el pasado13 de marzo, cientos de jubilados argentinos son garroteados y arrastrados para ser procesados judicialmente por protestar contra sus pensiones de hambre, el gobierno de Javier Milei acusaba a las empobrecidas masas de pretender dar un “golpe” a la “institucionalidad”. Surgía, entonces, desde acá, a 5.720 kilómetros de distancia, la pregunta sin ambigüedades: ¿Cómo llegaron los trabajadores de la Argentina a esta encrucijada de neocolonialismo y nazi fascista?

La pregunta cobra relevancia en momentos que asistimos al nacimiento de un nuevo orden mundial multilateral, pues mientras un imperio de viejo cuño lanza coletazos y aranceles por todo lado como forma de recolonización y despojo de pueblos enteros, gastando así, sus últimas energías, junto a una vasta red de aliados multicolores y autodefinidos como “verdes”, “rosaditos desteñidos” y, en otras, ellos mismos definidos “alternativa trabajadora”, “izquierda”, ”progresistas”, ”centro”, ”socialistas demócratas” etc. La lista es larga y sus disfraces variados.

En uno de los análisis más brillante de lo que va de 2025, titulado ¿Por qué determinada izquierda marxista es funcional al imperialismo?, el pensador contemporáneo, Antonio Torres, repasa las diferentes estrategias políticas y militares entre marxistas, que vienen desde el siglo pasado, en torno cómo lograr la liberación de los trabajadores en el llamado mundo occidental, convertidos cada vez más evidente en “cosificación” desechable en el vasto mercado de mercancías y degradación a que condena el actual modelo productivo a la persona obrera, el empleado público, el campesino, el joven, el profesional, el intelectual etc.

A manera de sentencia dice: Hoy, 30 años después de no ver ni una sola “revolución proletaria” en la Europa oriental ni en la desaparecida Unión Soviética, sino más bien la implementación al principio de verdaderas terapias brutales de choque neoliberales y la posterior consolidación de países capitalistas, cada uno con sus peculiares características, integrados la mayoría de ellos en la OTAN y la Unión Europea, toda aquella verborrea en unos casos, como sesudos análisis en otros, suenan a delirio o bien a predicciones de pitonisa televisiva de altas horas de la madrugada especialistas en regalar los oídos con aquello que se quiere exactamente oír. (enlace para quienes quieren consultarlo: https://haizeagorriak.wordpress.com/2025/02/17/por-que-determinada-izquierda-marxista-es-funcional-al-imperialismo).

Con mayor crudeza, el sociólogo puertorriqueño, Ramón Grosfoguel, responsabiliza a la que, define como “izquierda tibia”, por el avance del fascismo en occidente. Refiriéndose, concretamente, a la Argentina y, cómo se preparan por años los” cuadros” financieros que desencantaron a las masas de trabajadores, hace referencia a Cristina Fernández, presentada en su momento, como lideresa de “izquierda”, “progresista”, entre otros ilusionistas calificativos.

El investigador puertorriqueño, Ramón Grosfoguel, responsabiliza a la “izquierda tibia” por los brotes de fascismo.

En ocasión de una conferencia magistral en la Casa de las América (Cuba), en noviembre de 2024, Grosfoguel atribuyó a la “izquierda tibia” su complicidad con la creciente aparición actual de las dos vertientes fascistas occidentales, desde la llamada Europa Comunitaria y desde el río Bravo hasta la Patagonia.

Donde quiera que ganan estos fascismos, pasó por allí una izquierda tibia”, sentencia Grosfoguel. Para mayor análisis consúltese https://www.youtube.com/watch?v=GkTvD-rV5Q0.

En todo caso, el periódico “Pagina 12”, en ocasión de esta inmisericorde represión desatada por lo que representa Milei – una oligarquía y burguesía argentinas que nunca han dudado en vender su alma al diablo, a cambio de las más repugnantes causas – nos deja ver como la actual cruzada liberalista pareciese encaminarse hacia una especie de “laboratorio” social para toda Nuestra América; esto a juzgar por Bukele en El Salvador, Álvaro Uribe en Colombia, Nasralla Salum en Honduras, Bolsonaro en Brasil, Noboa en Ecuador, Chaves en Costa Rica, Boluarte en Perú. En fin, la lista, es larga.

Solo 3 de 10 ven el país en la senda positiva, la inflación sigue segunda en el ranking de las preocupaciones y ya hay firmas advirtiendo que el acuerdo con el FMI tendrá rechazo social”, destaca Pagina 12.

En el caso de los trabajadores estatales, casi el58% rechazan la gestión del gobierno, en los jubilados el porcentaje roza el 55 % y la mitad de los que buscan trabajo desaprueban la política financiera, sintetiza la fuente.

Por su parte, la rancia oligarquía en Colombia, con más de 200 años echando sobre las espaldas del pueblo masacres de negros, indígenas, obreros y campesinos, hace de su defensa al “orden” democrático y la “institucionalidad” el encubrimiento perfecto para el criminal paramilitarismo, la corrupción e impunidad generalizadas, como política de Estado.

Estos, los defensores de la “institucionalidad” y “democracia” colombiana, desconocieron recientemente de un plumazo la voluntad de 11,2 millones de votantes que apoyaron en segunda vuelta a Gustavo Petro y su serie de reformas laborales, pensiones y en la salud pública.

Pequeños cambios políticos y socioeconómicos que tratan de pegar remiendos a una Colombia ultraconservadora, retratada en algún momento por novelistas como Jorge Isaacs, en” María” (1867), o el “Macondo” en “Cien años de soledad” (1967), de Gabriel García Márquez, con relaciones de producción propias entre amos y esclavos, en pleno siglo XXI.

Puede gustarnos o no esta realidad cercana al feudalismo; creer o rechazarlo, pero esta Colombia profunda no es la vendida en las novelas televisivas ni otros medios de propaganda como El Tiempo, la cadena Caracol y Semana. Es una realidad de un país fácilmente verificable, pues los vínculos de producción existentes mantienen a millones de trabajadores y trabajadoras en haciendas y fábricas, donde sus dueños, prácticamente, son sus propietarios , gracias a extenuantes jornadas laborales.

El pago de horas “extras”, después de las 6 pm, propuesto por Petro, es rebatido por todos los medios propagandísticos, con la consabida perorata globalista de que fomentará “desempleo”, cuando en realidad, la oligarquía y la burguesía colombiana han sido incapaces de terminar con el empleo informal o el desempleo de millones de seres humanos, que el año pasado, según cifras oficiales, superó el 10%.

En el fondo, este relato terrorífico, en cuanto perderemos “competitividad” y no habrá entonces empleo sí los trabajadores arrancan unas cuantas conquistas socioeconómicas a sus opresores, lo conocemos a la perfección también en Costa Rica, México, Guatemala, Honduras, Brasil, Uruguay etc.

No extraña, entonces que, el pasado 18 de marzo, millones de colombianos atendieran el llamado del presidente Petro para movilizarse en defensa de las reformas y las mayorías “oprimidas”. Solo en Bogotá, la capital colombiana, la Plaza Bolívar, resultó pequeña para albergar más de 50 mil almas.

¡Quedan, aún, en América, fuerzas capaces de echar a caminar el gobierno “de”, ”por” y “para” el pueblo. ¡Y esto asusta a unos pocos!

Presidente Gustavo Petro: las reformas se defenderán en las calles… (F. Infobae).

b)-. El robo: ¿Cómo en Haití, primer país de América en independizarse y hacer la primera revolución social (1791 – 1804), Cuba, El Salvador, Ecuador, Costa Rica, Bolivia, México, Venezuela, Guatemala o Perú etc., robaron a sus oprimidos los sueños de emancipación, libertad, igualdad, reforma agraria, democracia. ?

Bueno, dirían unos pocos, es que las revoluciones en Nuestra América es un proceso de “saltos” y “retrocesos”. Por lo tanto, es solo cuestión de esperar; algunos de éstos, hasta sacuden de vez en cuando la obra “Un paso adelante, dos pasos atrás” escrita por aquel genio político y militar del siglo pasado, como una táctica revolucionaria y nunca como concesión alguna a los revisionistas y reaccionarios de todos los tiempos.

No ha habido condiciones “objetivas” y “subjetivas”, replicarán algunos otros, con tufillo academicista y descontextualizando todo. El genio del que hablé anteriormente, en otras de sus obras, «La enfermedad infantil del izquierdismo» (1920), hace referencia a las desviaciones ideológicas por sectores pequeños y medianos burgueses, que perdían de vista la concientización, organización y articulación de los trabajadores como motor de toda revolución.

Estos izquierdistas en ninguna parte del mundo han hecho y sostenido “revolución proletaria” alguna. Las recientes desclasificaciones de documentos secretos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) evidencian como han sido instrumentalizados y usados para confundir a trabajadores, jóvenes, profesionales etc., para desmovilizar, dividir y atentar contra gobiernos con algunos atisbos populares o socialistas.

Es mediante el debate de ideas franco, sin segundas intenciones de sus lideres y lideresas alrededor del mundo, que los trabajadores asumen su compromiso, se organizan y se articulan, querámoslo o no, en el proceso de aseguramiento futuro suyo y las venideras generaciones.

Nada viene por “generación” espontánea, sino todo es producto del trabajo orientado a crear conciencia, en torno a que entre más sacudamos lo que parece quieto en nuestras sociedades, más profundas serán las transformaciones socioeconómicas en Nuestra América, por lejano que parezca para nuestros hijos, nietos y vejez.

Palabra más, palabra menos, este genio decía que, solo una vez construida esta especie de vanguardia (nota del suscrito: nunca se lograría con voluntarismo de la “izquierda ambidiestra” o “derechista”, masas desconcientizadas etc.), habría acciones suficientemente capaces de transformar el poder; pues la crisis por la crisis perdurará el estado de cosas a favor de las minorías, hoy responsables de la rapacidad nunca vista antes.

Por otra parte, la versión más generalizada en Nuestra América, a partir de la segunda mitad del siglo XX – con algunas excepciones a la regla – explicará que las transformaciones de fondo pasarán primero por cambios en el marco de la ” democracia” como la conocemos, para luego profundizar las reformas, supuestamente, para bienestar e igualdad de todos.

Este llamado “capitalismo del bienestar” tuvo ya su fin en todos lados. Tiene, por el contrario, a una clase dirigente europea inventando enemigos por doquier, exigiendo a las mayorías más impuestos, más sacrificios de toda índole, para alimentar la carrera armamentista y mantenerse así día y noche succionando la sangre de sus pueblos.

En un reciente artículo, la escritora argentina, Sara Rosenberg, radicada en España, artista y sobreviviente en la década del setenta de las mazmorras de su país, refleja con clara nitidez hasta dónde han llegado estos vampiros modernos. (Ver: “No haga caso a tu verdugo”; https://frenteantiimperialista.org/no-obedezcas-a-tu-verdugo-sara-rosenberg /).

Quizá, si regresáramos como humanidad a la era de los amos -minoría- y los esclavos – mayoría-, hasta llegar a nuestros días de burguesías y asalariados veríamos los estragos sucedidos hoy contra los trabajadores de América Latina y el Caribe.

Reconociendo múltiples diferencias de enfoque sobre el tema, es obvio para quien escribe estas líneas de que, cuando el grupo minoritario se apropia de tierras, herramientas, recursos, etc., la mayoría despojada de todos estos beneficios pasa, con el tiempo, a ser simples mercancías dependientes del primer grupo, quienes se han garantizado su perpetuidad controlando lo que conocemos como el Estado.

Entonces es, aunque nos disguste y nos tapemos los ojos, cuando las mayorías (intelectuales, profesionales técnicos, obreros, campesinos etc.), ofrecen a la minoría su único recurso disponible llamado trabajo, a cambio de un ingreso denominado salario, con el cual subsiste hasta nuestros tiempos. modernos.

Foto periódico Página 12.

Así, lo que el trabajador produjo con su esfuerzo, pertenece a otros, su ser profundo y transformador como persona humana, es despojado de todo en función del ir y venir de las mercancías. Esta dinámica real del mercado crea las ideas sobre artes, cultura, economía, justicia, política, educación, religión, moral, ética etc., transmitidas por diversos medios las mayorías que hacen suyas y hasta las defienden como propias. ¡La capacidad transformadora del ser humano está controlada por inhumanos!

El daño está hecho y el robo histórico consumado. Millones de latinos – caribeños, que en el pasado soñaron con ser independientes, libres, soberanos, hermano del que está al lado, encuentran ahora infranqueables fronteras, el hermano suyo, es su enemigo jurado, por un salario de hambre, por una casa, un título, un puesto, entre otros.

Queda obligado, así, a ver con” normalidad” y, hasta justificar, la interminable fila de gente en harapos, la niña excluida de la escuela “gratuita y obligatoria”, vendiendo perfumadas rosas y pisando a tan temprana edad el umbral de la madre soltera o la prostitución; el varoncito, limpiando zapatos o gritando “la noticia” del día, viendo cómo se llega a sicario exitoso o un ejemplar “emprendedor”.

No es un asunto de poner éste o a aquel personaje a gobernar. Es un problema creado por quienes controlan la mayor parte de los recursos claves para la producción, por concentrar el mayor porcentaje de riqueza. El asunto es más sencillo de lo que parece.

Fuentes oficiales, como Naciones Unidas y de los Estados Unidos, dan cuenta que el 10% más rico del mundo posee el 76% de la riqueza, en contraste con la mitad más pobre del planeta, que posee un 2%.

La apropiación de estos recursos para la producción de mercancías controlada por esta minoría inescrupulosa hace que el 1% de los multimillonarios tuviera en 2024 concentrada la riqueza, mientras un 95% de la población mundial pasándola mal.

En América Latina, Oriente Medio y África del Norte, el 1% más rico concentra casi la mitad del capital. Y en los Estados Unidos, primera potencia militar del orbe, un hogar negro medio solo posee el 15,8% de la riqueza de un hogar blanco medio.

Son las reglas de la “institucionalidad” que “globalistas” de las familias agroexportadoras en nuestro país están enfrentadas con las castas “proteccionistas” locales, ocultando así, la profunda contradicción de clase, con la amenaza incluso, de echar mano a una mayoría politiquera de costarricense para resolver sus diferencias que se sabían llegarían tarde o temprano.

La globalización con su libre mercado como colonización abierta está llegando a su final y el proteccionismo se abre paso como nueva forma cerrada de recolonización. Sí alguna duda cabe al respecto, véase a quienes no se cansan de chorrear por sus medios de comunicación la defensa del impuesto a la colectividad que significa su negocio especulativo de devaluar el colón costarricense respecto al dólar, y quienes están dispuesto a todo para defender sus multimillonarios negocios con las importaciones y una moneda local fuerte frente a la divisa extranjera.

Logran así, mantener lejos del debate de fondo a las mayorías sobre qué país queremos en la próxima década en el campo de la seguridad y la equidad social, qué etapas incluyen el urgente desarrollo de la robótica y la innovación tecnológica desde nuestra escuela primaria, en función de nuestro adelanto para el campesinado, la educación pública, las ciencias agropecuarias, medicina, cirugía, la ecología, el océano etc. Naciones en la región nos tomaron ya ventajas en campos como la Inteligencia Artificial y la robótica.

Rehúyen ir a fondo de la discusión sobre cómo estas mayorías participarán directamente en la devolución de los impuestos pagados, en forma de casas para quienes son “esclavos” de rentas mensuales o destinados a las artes, los deportes y la recreación para todos, etc.

c-. Ni “Suiza” ni “igualiticos”: El cuento es de vieja data, tendiente a qué creamos que las relaciones sociales y de producción entre el europeo intruso y nuestros pueblos originarios fueron bastante distintas, respecto con el resto del continente, ante la supuesta ausencia de riquezas y escasa población.

Es decir, tuvimos suerte, porque lo que será Costa Rica era tan pobre, pero tan pobre, que el invasor europeo y la posterior época de despojos y saqueos obligó a todos a labrar la tierra por igual para no morirse de hambre, mientras en el resto del continente la pasaban feo. Dios, desde entonces, parece nos protegía; porque años después nos mandó la venerada y patrona de los costarricenses: La Virgen de los Ángeles.

“Globalistas” y “proteccionistas” costarricenses agarrados de las mechas y apostando quién hace más propaganda contra la democracia realmente participativa. (F. La Nación 18/3/2025).

Esta “leyenda” oficializada desde la escuela mixta de Miramar de Montes de Oro y defendida por unos pocos aún en 1975 en los cursos de humanidades de la benemérita de la educación costarricense (U.C.R.), en gran medida, encontró eco con la masificación de la música mexicana mediante la expansión de la radio. Así fue como, desde mitad del siglo pasado, se popularizó la canción “ranchera” “Tan linda es mi Costa Rica” del gran compositor nicaragüense, Tino López.

El “rey del falsete” y su “chorro” de voz, el mexicano Miguel Aceves Mejía, catapultó para los chauvinistas locales – no dejaron pasar la oportunidad para resaltar como somos la “Suiza Centroamericana”, fruto de una supuesta igualdad entre saqueados y saqueadores-, donde la “Virgen de los Ángeles” vio la cosa tan bonita, pero tan bonita, que “al cielo jamás regresó”, escribió López.

¿Estafa o realidad? Lo cierto del caso es que, de esas relaciones primarias de producción en la antigua provincia de Costa Rica, basadas en cultivos como trigo, cacao o tabaco, hubo unos pocos proyectados años después como “La dinastía de los conquistadores”, según la obra cumbre de Samuel Stone.

Acumulación originaria, que hasta dónde conocemos, excluirá a la mayoría de quienes empujaban el arado y arreaban el equino en el cultivo de trigo, cacao, tabaco, maíz, frijoles, caña de azúcar, entre otros. Por el contrario, una casta de piel clarita aparecerá siempre, muchos años después, ligados a la tierra, al comercio, haciendo leyes y vinculada como clase satélite de los grandes centros de poder mundial, fotografiada con gran seriedad y profundidad en la obra “La dominación cultural en el subdesarrollo” de nuestro investigador, Daniel Camacho.

En esta línea de pensamiento traigo a colación una página entera del diario La Nación publicada el pasado 18 de marzo de 2025, que sirve de ejemplo cómo quienes han controlado para si la llevada y traída “institucionalidad democrática “obtienen máximos beneficios de la casi inexistente participación directa de los trabajadores, campesinos, jóvenes, gente sin casa, desempleados, pensionados etc., gracias a décadas de reformismo e ideologización de las masas.

En contraste, un informe, por ejemplo, del Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la Universidad de Costa Rica (IICE-UCR), en su análisis para el II trimestre 2023, había advertido que el 10% más rico en nuestro país percibía 18,3 veces más que el 10% más pobre, mientras que en mayo del 2023 recibían 20,7 veces más ingresos, en los primeros cinco meses del 2023.

El quintil del selecto grupo de ricos que reporta mayores ingresos tiene un ingreso promedio de ₡3.389.721 a mayo del 2023, alrededor de ₡340 mil más que en noviembre del 2022, mientras que la base amplísima del grupo, con menos ingresos, gana ₡163.699 y, para empeorar, alrededor de ₡3 mil menos que en noviembre 2022, según informó el semanario Universidad en su edición electrónica del 30 de agosto de 2023.

En el contexto contra esta marcada desigualdad social y falta de soluciones reales qué significa el “reformismo” afincado en Costa Rica, el analista e historiador, Oscar Barrantes, vaticinó que nuestra democracia urge de una especie de “modernización” a fondo, para dar contenido auténtico y creíble, sobre el gobierno “del”, “por” y “para” el pueblo.

Refiriéndose al reformismo, opina que no es una propuesta coherente en ningún lado para las grandes mayorías. Hace además referencia en su “reflexión” sobre los problemas mundiales, dejados por la llamada “globalización” y el surgimiento del” proteccionismo”, en relación con los enfrentamientos que estamos viendo en nuestro país entre los grupos históricamente monopolizadores del poder político y económico.

Apuesta a que las víctimas, pese de la fuerte ideologización que viven, decidan en su momento una verdadera transformación democrática, con sinceros anhelos de independencia y aspiraciones a un programa diáfana de lucha por un Estado soberano, moderno y originario de derechos plenos y universales, tales como salud, educación, cultura, recreación, pensiones, deporte, organización social, reflexión autónoma, espiritualidad y acceso real y plena expresión etc.

Es posible, según sostiene, avanzar en la medida que, formemos y organicemos el debate sapiente, filosófico, lúcido sobre la realidad nacional, en forma integral, como músculo moral y consciente para enfrentar al enemigo social y neocolonial con inteligencia y objetivos concretos dentro de las alianzas, coaliciones y frentes unitarios popular, en el plano nacional.

Sin la necesaria elaboración de las doctrinas del nuevo Estado popular, democrático y soberano – enfatiza- la transición hacia una economía mixta y de impulso real a la micro y pequeña empresa agrícola, industrial, alimentaria, pesquera, mecánica automotriz, naval y aérea, así como un desarrollo de la innovación tecnológica acorde con nuestras necesidades, serán sueño y caldo de cultivo de reformistas y oportunistas.

Contrariamente, de cara a las elecciones generales de 2026, los tradicionales conciliábulos, amigos del consenso y especialistas en estirar “puentes”, sostienen que todo es cuestión de “ajustar” algunas cosas que salieron mal en el desarrollo de nuestro proyecto como país y “focalizar” a quienes tuvieron poca suerte con el plan socioeconómico.

Mientras encuentran sus soluciones entre quienes tienen todo y otros casi nada: cantemos. Señores Mariachis, arranquen en tono de la: ¡“Tan linda es mi Costa Rica que la Virgen de los Ángeles bajó, y cuando la vio tan bonita al cielo jamás regresó”.

*Periodista, abogado y notario por la U.C.R.