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Etiqueta: glorificación del nazismo

Votación anual en la ONU contra la glorificación del nazismo: Las contradicciones de Occidente

Félix Madariaga Leiva
Periodista

Cada año la Asamblea General de las Naciones Unidas vota una resolución que, en principio, debería generar consenso global: la condena a la glorificación del nazismo, el neonazismo y otras formas contemporáneas de racismo y xenofobia. Sin embargo, lo que podría parecer una decisión ética y obvia, se ha convertido en un acto cargado de tensiones políticas y profundas contradicciones.

Durante la 80ª sesión de la Asamblea General de la ONU, el Tercer Comité aprobó el proyecto de resolución titulado «Lucha contra la glorificación del nazismo, el neonazismo y otras prácticas que contribuyen a la escalada de la discriminación racial, el racismo, la xenofobia y la intolerancia asociada». El texto, presentado por Rusia, busca condenar la rehabilitación de ideologías y símbolos vinculados al nazismo, así como el auge de movimientos que promueven la discriminación racial y la intolerancia.

A primera vista, el contenido de la resolución parece difícil de cuestionar. El nazismo representa uno de los episodios más oscuros de la historia contemporánea, responsable de millones de muertes, genocidios y una devastación sin precedentes durante la Segunda Guerra Mundial y más allá. Su condena ha sido, durante décadas, uno de los pilares del consenso internacional surgido tras la derrota del Tercer Reich en 1945.

Sin embargo, una vez más, la votación reveló divisiones profundas dentro de la comunidad internacional. Varios países occidentales —entre ellos Estados Unidos y numerosos miembros de la OTAN— votaron en contra de la resolución, mientras otros optaron por abstenerse.

La paradoja resulta evidente: muchos de estos países fueron víctimas directas de la expansión del fascismo y del nazismo durante el siglo XX. Sus poblaciones sufrieron invasiones, ocupaciones y destrucción masiva a manos del régimen nazi y sus aliados. Que hoy se opongan a una resolución que condena la glorificación de esa ideología genera interrogantes legítimos y, para muchos observadores, una profunda indignación.

Los gobiernos que votan en contra suelen argumentar que el texto puede ser utilizado con fines políticos, particularmente en el contexto de las tensiones entre Rusia y Occidente. Según estas posiciones, la resolución podría servir para justificar narrativas geopolíticas o limitar ciertas formas de expresión política. Sin embargo, para numerosos analistas y organizaciones antifascistas, estos argumentos no justifican rechazar una condena explícita al nazismo y a sus formas contemporáneas.

En un contexto internacional marcado por conflictos armados, tensiones entre potencias y el crecimiento de movimientos ultranacionalistas en distintas regiones del mundo, la discusión adquiere una relevancia aún mayor. El resurgimiento de discursos de odio, racismo y xenofobia demuestra que el legado del fascismo no pertenece al pasado.

La votación anual de esta resolución en la ONU se ha transformado así en un espejo incómodo de la política internacional. Más allá de los argumentos diplomáticos, pone sobre la mesa una pregunta fundamental: si la comunidad internacional es realmente capaz de sostener un consenso claro y sin ambigüedades frente a ideologías que han representado una tragedia histórica para la humanidad.

En tiempos de creciente polarización global, recordar las consecuencias del fascismo y defender activamente la memoria histórica no es solo un ejercicio simbólico. Es, ante todo, una responsabilidad política y moral frente al pasado y frente a las generaciones futuras.

Fuentes:

https://docs.un.org/es/A/RES/80/192

https://surcosdigital.com/53-votos-contra-la-resolucion-que-condena-la-glorificacion-del-nazismo-en-la-onu-nueva-decepcion-para-occidente/

En la ONU: 53 votos contra la resolución que condena la glorificación del nazismo

Félix Madariaga Leiva
Periodista

El pasado 17 de diciembre en la Asamblea General de la ONU se votó, como todos los años, la moción contra la glorificación del nazismo, que además de condenar y rechazar el horror que provocó, busca evitar el renacimiento de grupos que busquen ensalzar, difundir y reconocer el legado de esa ideología.

Desde 2005 la Federación Rusa presenta esta resolución ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, la que, a pesar del constante voto en contra de Estados Unidos, siempre ha sido aprobada mayoritariamente. En 2024 – ante la incredulidad de muchos – 119 países votaron a favor, 10 se abstuvieron y 53 países la rechazaron, número no menor si consideramos que entre las abstenciones y los rechazos se encuentran varios países fundadores de la ONU, es más, también se encuentran varios países que vivieron en carne propia el horror de la II Guerra Mundial.

La glorificación del nazismo es una forma de racismo e intolerancia que se combate en gran parte del planeta, nos parece lo mínimo en un mundo que se declara civilizado. En el caso de América, Latina se está observando – deberíamos con temor – el surgimiento de movimientos y organizaciones que escondidos detrás de una “democracia liberal” que todo lo soporta, promueven un nacionalismo extremo. Como ejemplo Chile, con las ideas del diputado Joanes Kayser que a 360º (radio, tv y diarios) invita y seduce a sus seguidores con proclamas contra los extranjeros, contra el voto de las mujeres y contra las diversidades sexuales con la justificación de “salvar la nación”.

De mal en peor

El consenso sobre la valoración internacional del nazismo y el fascismo como ideología totalitaria, sanguinaria, capaz de genocidio, se alcanzó en 1945 como resultado del trabajo del Tribunal de Nuremberg, y en ese momento histórico, fue absolutamente aceptado por el peligro que representó para la humanidad. Casi 80 años después, frente al rechazo de Estados Unidos y varios países de la Unión Europea a la moción, nos preguntamos qué razones hay detrás de sus votos: ¿un cambio en la ética, intereses geopolíticos, superficialidad? Cualquiera sea la respuesta, nos parece peligrosa, porque de una forma u otra, sugiere que quieren cambiar la historia, que se olvidaron o quieren olvidar lo que fue el nazismo, y sus consecuencias.

Dentro de los 53 países que votaron en contra se encuentran Estados Unidos, Ucrania, Canadá, Italia, Polonia, Austria, Alemania, Bélgica, Australia, Dinamarca, Francia y Finlandia, Irlanda y Japón, entre otros. Curiosamente, en muchos de ellos, hoy gobiernan políticos de derecha o de extrema derecha. Quizás por ello, la memoria se ha vuelto tan corta.

Quizás por eso hoy escuchamos declaraciones egoístas e interesadas de parte del presidente electo de Estados Unidos, quien ha dejado claro que los intereses de su País están por sobre el resto. No cuentan los compromisos ni las alianzas cuando ellos tienen mucho que ganar. Así hemos visto a Trump declarando con mucha soltura que en sus planes podría estar el control de Groenlandia, la anexión de Canadá y recuperar el control del Canal de Panamá. Nada más y nada menos mostrando que a él no le complica el expansionismo de su país, sólo le preocupa el de los demás.

En este juego de simplificaciones, de grandes y pequeños, de buenos y malos, de vencedores y vencidos, ya casi nada parece sorprender, pero aún hay algunos que sienten vergüenza frente a países ayer enemigos y hoy aliados contra un “enemigo” común. Cuesta entender, por ejemplo, que Polonia parece haber olvidado el verano de 1943, cuando el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), fundado por los partidarios de Stepán Bandera inició una masacre en las regiones de Volinia y Galitzia Oriental (en ese entonces parte de la Polonia ocupada por Alemania), asesinando se calcula a unos 100.000 civiles.

Ejemplos hay muchos, demasiados para nuestro gusto, incluso en el fútbol. Sí, sucedió hace unas semanas en Italia durante un partido de la segunda división italiana, donde Romano Floriani Mussolini marcó el gol de la victoria para su equipo la Juve Stabia contra el Cesena. Los hinchas celebraron haciendo gestos fascistas en honor a Benito Mussolini, bisabuelo del jugador, este los manda a callar

Y no es de tontos graves preocuparse por lo que pasa en los estadios, es irresponsable no entender que el nazismo nunca ha dejado de estar presente en nuestras sociedades. Y los votos en contra de la resolución de la glorificación del nacismo – que es de sentido común – sólo demuestran la incapacidad de los gobiernos y de las instituciones internacionales de frenar el descontento frente a una realidad internacional que no es capaz de integrar, acoger y asegurar un futuro cierto a sus ciudadanos.

Y entonces es simple, es fácil, es de perogrullo que surjan discursos de odio hacia el extranjero, hacia las diversidades, hacia el progresismo, hacia el cambio. Se necesita un enemigo al que culpar por la falta de oportunidades, por el estancamiento de la economía, por la falta de servicios… la lista es interminable y el enemigo será siempre el más débil.

Chile lo vivió con la dictadura de Pinochet, Chile dio refugio a fugitivos nazis, Chile permitió que nuestro Sur se manchara de una Colonia Dignidad, Chile también sufrió en carne propia el odio hacia el que no pensaba como el sistema; y hoy, hoy sólo podemos afirmar y reafirmar nuestro compromiso con los derechos humanos, exigiendo a nuestro gobierno de turno, votar una y otra vez, hasta el cansancio e incluso en soledad, contra la glorificación del nazismo. ¡Lo exigimos, como exigimos que Nunca Más!