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Etiqueta: Guerra Civil de 1948

¿Por qué soy una mujer de izquierda?

Marielos Aguilar Hernández
Historiadora

A estas alturas de mi vida, en el contexto de la presente campaña electoral, no puedo evitar interrogarme de nuevo: ¿Por qué desde muy joven experimenté gran simpatía por las causas de la izquierda de mi país?

Provengo de una familia de nueve hermanos, soy la cuarta entre ellos. Nací en 1952, a cuatro años de haber ocurrido la histórica Guerra Civil de 1948, la cual enfrentó a caldero-comunistas con un movimiento de oposición, quizá políticamente tan heterogéneo como el que se está presentando en las actuales elecciones.

Sin embargo, la memoria familiar del sufrimiento de mis padres en aquellos días, repetida por ellos a lo largo del tiempo, especialmente durante mis primeros años de mi vida, me dejó marcada para siempre.

Durante la guerra civil de marzo y abril de 1948, mi familia vivía en Tres Ríos, al lado de la carretera principal, justo en frente del Cementerio de la localidad. Esa circunstancia la dejó en una situación muy vulnerable, pues, en la medida en que las fuerzas revolucionarias avanzaban desde la zona de Cartago hacia la capital, ellos quedaban expuestos a los inminentes enfrentamientos armados que, de seguro, ocurrirían muy cerca de mi casa, dado el rápido avance de las tropas figueristas.

Por entonces, nuestra familia estaba conformada por mis dos hermanos mayores, un niño de seis años, una niña de dos, mi madre, mi padre y mi abuela paterna, una anciana ya setentona.

Uno de aquellos días de abril de 1948, mi madre se percató de que, a cien metros al oeste de la puerta de nuestra casa, justo al lado del Cementerio, se estaba levantando una enorme trinchera militar, por parte de las fuerzas vanguardistas encabezadas por su comandante en jefe, Carlos Luis Fallas. Como quien dice, aquella vecindad se estaba convirtiendo en carne de cañón. Las fuerzas de Figueres se acercaban ya al Alto de Ochomogo.

Mientras tanto, a las familias lugareñas no les quedó más alternativa que brindarle su ayuda a Calufa y a sus hombres. Compartían con ellos víveres, agua y algunos animales para alimentar a la tropa. Claro, muchos temblaban de miedo, pero no tenían otra alternativa. Así fue como llegó por primera vez a mis oídos el nombre del protagonista de mi primer libro de historia.

Por cierto, esos episodios luego le sirvieron como argumento a los Tribunales Especiales para acusar a Fallas de “hurto”. En el expediente judicial se le acusó luego de “…haberse robado unas gallinas en la comunidad de Tres Ríos”, delito por el que estuvo más de un año preso en la Penitenciaría Central.

Después del 20 de abril, fecha en la que el presidente Teodoro Picado abandonara el poder, en el Alto de Ochomogo se dieron unas negociaciones de paz entre el dirigente vanguardista Manuel Mora Valverde, acompañado de Carlos Luis Fallas, el jefe del Ejército de Liberación Nacional don José Figueres y el padre Benjamín Nuñez, también representante del Ejército de Liberación Nacional. El acuerdo ahí suscrito puso fin a los hechos armados de 1948, evitándose así aquel temido enfrentamiento militar frente a mi casa e iniciándose un nuevo período histórico en nuestro país conocido como la Segunda República y plasmado con la aprobación de la nueva constitución política de 1949.

Cuando yo ya era una niña de cinco o seis años, durante algunas tardes de vida familiar, mi madre repasaba una y otra vez, en voz alta, aquellos hechos militares tan traumatizantes que debió vivir muchos días con sus noches, sola con sus dos pequeños y su anciana suegra.

Por su parte, la situación de mi padre tampoco fue fácil. Él era chofer de la línea de autobuses Tres Ríos – San José y su jefe, un gran mariachi, le ordenó dedicarse a trasladar en el autobús a los soldados del gobierno de Teodoro Picado a la zona de Tarbaca, en el cantón de Desamparados, cerca de la finca La Lucha, centro de operaciones de las actividades militares del bloque revolucionario. Al finalizar la guerra, el cumplimiento de ese trabajo le costaría, primero, la huida hacia la zona norte del país y luego, el encarcelamiento por varios meses en la Penitenciaría Central. Ahí le tocó de nuevo estar cara a cara con Calufa.

No es exagerado de mi parte afirmar que aquellos acontecimientos y relatos de mi madre, en buena medida, marcaron mi posterior vida profesional. Cuando era estudiante de Historia en la Universidad de Costa Rica y me vi ante el reto de elegir un tema de investigación, no tuve que pensarlo mucho: Carlos Luis Fallas, su época y sus luchas, ese sería mi ámbito de estudio. Aquella tesis de grado, que con tanto entusiasmo llevé a cabo bajo la dirección del historiador Vladimir de la Cruz, respondería mis principales interrogantes sobre una figura histórica tan destacada como atacada, a partir de su militancia en el Partido Comunista y de su relevante participación en los hechos bélicos de 1948. Dicha tesis se convirtió en el libro que lleva ese mismo nombre y que estamos en espera de su nueva publicación por la editorial de la UNED.

Pero ahí no terminaron mis deseos por conocer mejor la historia de la década del cuarenta. Al continuar mis estudios, cursando una Maestría en Historia en esta misma universidad, retomé ese período histórico para conocer más profundamente el papel de los sindicatos costarricenses en las luchas por conquistar y defender las reformas sociales, consolidadas por medio de la alianza caldero-comunista durante la década del cuarenta con la participación, en las décadas posteriores, de los nuevos sindicatos socialdemócratas que también le dieron muchos aportes a la Nueva República.

Estas anécdotas las comparto en estos días previos a la convocatoria a elecciones generales en nuestro país, con la intención de explicarle a quienes me han conocido por qué he sido y soy una mujer de izquierda.

Desde 1974, mi primer voto fue para el PASO, una coalición electoral que reunía al PVP con otras organizaciones de izquierda de reciente fundación, hecho que se convirtió en el antecedente inmediato para la restauración de la legalidad de la izquierda costarricense, suprimida desde julio de 1948.

Hoy me permito llamar a la consciencia de jóvenes y adultos, hombres y mujeres, a que nos acompañen para seguir reivindicando nuestras conquistas democráticas y de justicia social. Nada ha sido perfecto, sin embargo, no podemos obviar la buena fe de las generaciones ciudadanas que, a pesar de las contradicciones y las heridas dejadas por la guerra civil de 1948, nos depararon un país con un modelo de Estado de bienestar donde las necesidades de las grandes mayorías, aunque parcialmente, fueron tomadas en cuenta.

Ha quedado mucho por hacer, sobre todo después del actual gobierno neoliberal, populista y autoritario de Rodrigo Chaves Robles. La unidad del pueblo costarricense se está viendo

amenazada con los discursos de odio del presidente y su candidata Laura Fernández Delgado, ambos empeñados en desmontar el sistema político que aún conservamos. Su alianza con los partidos confesionales, su odio en contra del mayor representante de la izquierda nacional, el Frente Amplio y su resentimiento histórico con el PLN y el PUSC, principales representantes del viejo bipartidismo, los ha colocado a ambos en el centro del huracán político que quieren promover. De esto solo nos libraremos con el voto honesto de viejos y jóvenes, de todos los que tanto amamos a Costa Rica.

Notas sobre el Codo del Diablo

Trino Barrantes Araya
camilosantamaria775@gmail.com

Han transcurrido 77 años de un horrendo crimen político y los autores intelectuales nunca fueron juzgados. Pero hagamos un breve recorrido antes de los acontecimientos del Asesinato del Codo del Diablo, a fin de reconocer los elementos más representantes de la coyuntura que antecede al Codo del Diablo.

Señalamos lo siguiente. Aunque desde un principio la posibilidad de inscribir un Partido Comunista ha sido imposible, aun en nuestros días, también es cierto que el papel de los comunistas por vía del proceso electoral no es nada despreciable.

Así, en 1932, en los primeros comicios electorales en los cuales tiene participación nuestro glorioso Partido, con el nombre de Bloque de Obreros y Campesinos, logra elegir dos diputados, el Zapatero Efraín Jiménez y al estudiante de derecho Manuel Mora Valverde; para la municipalidad de San José, fueron electos los obreros Guillermo Fernández y Adolfo Braña.

No debemos olvidar que, dos años antes, en 1934, se logra una de las principales derrotas al imperialismo yanqui, en el corazón de uno de sus enclaves más poderosos, la United Fruit Company. El papel destacado de la dirigencia del Partido Comunista fue muy significativo.

El primer lustro de los años 40 deja una impronta que definitivamente marca el ritmo del siglo XX. El Código de Trabajo, Las Garantías Sociales, La Caja Costarricense del Seguro Social y la Universidad de Costa Rica, van ampliando el sello en donde se materializó la influencia de los comunistas costarricenses, en donde la militancia del Partido Vanguardia Popular inscribe su sello revolucionario.

En ese mismo orden de las grandes conquistas del partido de los comunistas costarricense, debemos señalar que, en el año de 1946, se promulgó el primer Código Electoral impulsado por el Partido Vanguardia Popular. Le correspondió al camarada Lic. Luis Carballo Corrales, diputado Vanguardista ante el Congreso, la redacción del mismo. Lo novedoso de esta propuesta es que por primera vez se limitaba la potestad al Poder Ejecutivo de intervenir directamente en la organización, dirección y supervisión del proceso electoral (Arce,1987:36).

La cita nos sirve para reconocer los antecedentes que servirán de marco general a lo que la historia nacional conoce como la Guerra Civil del 48.

La Guerra Civil del 48 sirvió para desenmascarar el verdadero contenido dominante de la burguesía criolla. Al menos así lo demostraron los hechos surgidos desde la represión, consolidados en dicho proceso, mediante todos los mecanismos coercitivos contra la izquierda histórica de este país, cuyo punto más álgido lo constituyó, entre muchos otros crímenes resultado del conflicto, el asesinato del Codo del Diablo.

Enrique Benavides, con una pluma prístinamente incisiva, en su libro: “El crimen del Codo del Diablo”, nos narra lo siguiente.

“…El viaje a San José se haría en el Motocar 156 de la Northern Railway Company. A las 7:30 PM, salieron de Limón, justo el 19 de diciembre de 1948; custodiados por el Capitán Manuel Zúñiga Jirón, el Subteniente Clarencio Aulud Alvarado y Hernán Campos Esquivel…”

Por su parte Eduardo Mora, escribe parte de los procesos que vivió esa época, de la manera siguiente:

“…a 15 miembros de la Juventud del Partido los fusilaron en Quebradillas; a 60 militantes en El Tejar, y a dos, liberados de la Penitenciaría Central por orden de un juez, los llevaron hasta La Cangreja, en Cartago, y allí los mataron. Uno de ellos fue Edwin Vaglio, hijo de Tobías Vaglio. (Mora,2000:189).

No solo la historiografía costarricense ha tenido que ver con este evento. También la literatura costarricense ha expuesto sobre el acontecimiento del Codo del Diablo.

José Jacinto Brenes Molina en su artículo sobre el tema en referencia,

“…estudia tres obras de la literatura costarricense (Los vencidos, El eco de los pasos y Final de calle de los autores Gerardo César Hurtado, Julieta Pinto y Quince Duncan, respectivamente) las cuales se producen durante la década de 1970. Significativamente las tres novelas se refieren a los hechos de la Guerra Civil de 1948 con una intención que pueda ser comparada literariamente…”

Por su parte el novelista Gerardo César Hurtado, refiriéndose al texto anterior indica lo que sigue:

“…La figura de José Figueres y su principal obra política es puesta en la balanza literaria de tres narradores costarricenses. Mediante un análisis de base sociológico-literario, el artículo demuestra que las novelas: Los vencidos, El eco de los pasos y Final de calle se estructuran alrededor de la tesis de que los ideales que inspiraron el surgimiento de la Segunda República liderada por José Figueres Ferrer fueron traicionados en la práctica política posterior…”

En otro texto, pero en el mismo contexto que referimos, el poeta y ensayista Alfonso Chase, subraya lo siguiente:

“…La historia es fácil, ahora que se tiene nueva información. Fue un asesinato selectivo. Rumores que corrieron en Limón, en esos días previas a la Natividad, sobre un escarmiento que se iba a hacer en la persona de algunos militantes del Partido Vanguardia Popular, para prevenir un alzamiento interno. Los detenidos fueron capturados en sus casas y encarcelados, días antes, sin ningún cargo específico, cuando no fuera su militancia política y el respeto de que disfrutaban entre sus amigos, vecinos, militantes y entre la gente honrada de Limón”.

Nos corresponde a las nuevas generaciones y principalmente a la juventud, reescribir la nueva historia. Pero la historia no puede ser desprovista de una clara visión política e ideológica y en consecuencia, reescribir desde una perspectiva clasista.

El peligro de politizar la guerra civil de 1948

Rodrigo Cabezas Moya

Rodrigo Cabezas Moya.

Recuerdo muy bien sus antecedentes y esa guerra. Las heridas que dejó en la conciencia nacional perduraron durante muchos años y hasta ahora nadie en su sano juicio se ha atrevido siquiera a mencionarla en el contexto de una discusión política.

Es irresponsable que el presidente de la República haga referencia a ella en relación con las acusaciones sobre el caso Pista Oscura. Preocupante también que ex miembros cuestionados de la Fuerza Pública convoquen a manifestaciones en su apoyo.

Los ataques al fiscal general y miembros del Poder Judicial son muy peligrosos y podrían conducir a situaciones impredecibles.

En un país que ha disfrutado de la democracia durante tantos años bajo gobiernos de diversas orientaciones, es alarmante el giro que este gobierno ha tomado.

“La Generala del 48, una mujer de armas tomar” de Lucía Fallas Chacón. Editorial UNED. 2024

Memorias de líderes y testimonios de guerra.

Por Macarena Barahona Riera

La memoria histórica de un pueblo refleja los intereses de un grupo por conocer, explicar y revalorar determinados acontecimientos. Es un proyecto político que controla un pasado, construye identidad y transforma el imaginario social que une a una sociedad.

El grupo victorioso de la guerra civil costarricense de 1948, por décadas ha construido mitos, falacias y elaboraciones propias desde su visión de combatientes, dirigentes, militares, poseedores del poder y la verdad.

La memoria debe construir identidad, en el caso de Costa Rica, ha creado una ficción desprovista de lo vivido por cientos de costarricenses, una manera ruda de no ver el pasado, de vaciar la memoria histórica de una sociedad, para controlar pasivamente a una realidad usurpada.

Pero un testimonio, es una posesión de los recuerdos, es recuperar libertad, la memoria de alguna forma recompone el pasado, dignifica lo vivido, es un relato humano de memoria , ausculta la verdad de hechos vividos, muchas veces silenciados.

Revisar el pasado es entender lo que pasó para que no vuelvan a pasar, hay que revisar y no negar.

El aporte que hace Lucia Fallas Chacón de editar el testimonio de su madre María Teresa Chacón Mora en la Editorial de la UNED, es invaluable para la memoria histórica de nuestra sociedad y de las mujeres particularmente.

Una guerra es un conflicto armado entre dos o más grupos, es la forma más destructiva y violenta del género humano implica la destrucción, implica el no respeto al enemigo ni a las normas comunes de convivencia, el uso de la fuerza y la guerra civil; una sociedad se divide y se fragmenta enfrentándose en general en dos bandos.

En el caso de Costa Rica la guerra se fragmentó en más de dos bandos y la destrucción de la paz se inició con actos terroristas e invasión de fuerzas extranjeras.

Sin entrar en un análisis de la guerra civil, si debemos pensar que el proceso de paz es el proceso en que se reconocen los derechos humanos y se reinstala la defensa y la permanencia de ellos como garantes de una sociedad democrática, esto duró muchísimo más tiempo y para eso está la memoria, para volvernos a permitir ver acontecimientos y poder reflexionar sobre la importancia de La Paz y los derechos humanos.

La participación de las mujeres,

de las mujeres en la historia de Costa Rica es un tema para mí de vida y de compromiso. Con respecto al tema de las mujeres y la guerra civil de 1948 hicimos un documental hace más de 20 años con Ana Xolchil Alarcón, muy premiado, llamado “ Las mujeres del 48” , cuando realicé la investigación estuve en todos los lugares donde hubo acontecimientos militares, acontecimientos violentos, donde fueron las batallas, donde hubo enfrentamientos y entrevisté a mujeres de cada uno de sus lugares y hombres también, ese material lo tengo preparado para dar testimonio y poder volver a los acontecimientos en la voz de ciudadanos costarricenses que sufrieron y vivieron esa violencia desatada que produce una guerra civil.

Doña María Teresa Chacón Mora, narra no sólo su vida, su liderazgo, sus intereses y a través de ella la historia de una gran familia y una comunidad, conocemos su vida, conocemos su trabajo, pero indudablemente sobresale su interés cívico su interés como costarricense en el tema de la política, su relación con el doctor Rafael Ángel Calderón, la actitud de defensa i de un gobierno y de unos resultados electorales que con el tiempo se ha aceptado que le pertenecieron al Dr Calderón Guardia.

Su valor su compromiso y esa memoria de denuncia franca y sincera, recordando nombres, recordando el vandalismo, la violencia que fue ejercida contra ella, los insultos, las amenazas, escupitajos, convirtieron la Escuela pública en una cárcel, la amenazaron y le dieron cárcel por casa a ella y a otros muchos costarricenses que habían perdido ya la guerra. Nos describe en su comunidad hordas asaltando a vecinos y vecinas y podemos reflexionar que ese pequeño universo sucedió a lo largo de todo nuestro país.

En eso llegó el padre Bolaños y me dice: “mira, Teresa, ten paciencia, dejaste insulten, si hasta adiós lo insultaron “ me tuvieron 18 horas sentada en una silla ya no aguantaba la cintura de ahí me pasaron a una cárcel que me dieron, un aula de la escuela por cárcel. Ahí vi que éramos como 80, 90; a cada rato llegaban en tropel eles, a todos los que cogían en sus casas: Tino porras, don Mariano Bermúdez, a la alcalde desamparados que era don Juan José Monge; a don Mariano lo pasaron desnudo y adonde David Rojas también cuando a mí me llevaron la orden del día llegó Miguel Caravaca y me dice: “ aquí traigo estas firmas, traigo esta orden del día para pasearla chinga, le vamos a cortar el pelo … por el frente la querida del padre Núñez, el padre y toda la procesión ahí. Al final me tuvieron nueve meses aquí amarrada el palo, que yo no podía ni respirar.”

Narra con valor esos momentos de violencia.

Otras muchas mujeres simpatizantes del Partido Republicano y del Partido Vanguardia Popular, como Corina Rodríguez de Cornick , Emilia Prieto Tugores, Luisa González Gutiérrez. Adela Ferreto Segura. María Bonilla, Pilar Bolaños, Alicia Albertazzi, María Ortega, María Josefa Esquivel Zapata, Mercedes Castillo, María Socorro Delgado, Estela Peralta, Esther Vázquez, Rosario Solano Mata detenidas en la Cárcel de Mujeres, las maestras y empleadas del estado, despedidas sin ningún derecho, el hostigamiento a estudiantes, de secundaria, primaria y universidad. Una política de odio e intolerancia.

El 17 de mayo de 1949 se publicaron unas condolencias al Pueblo de Costa Rica por parte del secretario de la confederación de trabajadores de América Latina Vicente Lombardo Toledano “la violencia política trajo a Carmen Lira hasta México. Arrancada de su pueblo y de su tierra, como acto final de una serie de ondas conmociones que sufriría la gran escritura de Costa Rica, Vivió en México llena de angustia por la suerte de los suyos y por los acontecimientos a lo largo de nuestro hemisferio. Enfermó aquí y la ciencia fue inútil para salvarle la vida. Su último deseo era el de morir en su patria; pero ni esto siquiera le fue dado “

¡Memoria viva, identidad, participación de las mujeres, resistencia de las mujeres costarricenses!

Este testimonio nos debe llevar a reflexionar sobre lo absurdo de las guerras, sobre la violencia en la destrucción de los derechos humanos y el valor innegable de la paz. En estos días en Costa Rica sufrimos enfrentamientos políticos violencia en el discurso político violencia en las calles la criminalidad del narcotráfico los Feminicidios la desigualdad social debemos construir procesos que abonen a la paz social y no a la guerra. Este es el testimonio del valor y el compromiso de una mujer extraordinaria.

A 77 años del inicio de esa guerra fratricida que pudo evitarse con más diálogo y compromisos éticos para que la paz no hubiera sucumbido con su terrible violencia desatada.

El movimiento de mujeres en Costa Rica continúa despatriarcalizando la historia, aportando una memoria histórica feminista.

La postguerra civil del 48 no fue un lecho de rosas

Por Juan Félix Montero Aguilar*

Dice Adriano Corrales Arias en su artículo “Costa Rica al borde del autoritarismo” publicado en la revista SURCOS que Costa Rica, después de la Guerra Civil del 48 “resolvió los conflictos acumulados de la crisis general del capitalismo durante la primera mitad de ese siglo, con una concertación nacional”.

Agrega Corrales Arias que “aquel pacto social inédito –la oligarquía, los sindicatos, la burguesía nacional, el partido comunista, la iglesia católica, sectores medios emergentes, se habían sentado a la mesa– representado por la Asamblea constituyente de 1949 que consiguió redactar una Constitución Política visionaria, amplia y robusta, la cual tuteló las grandes reformas y nacionalizaciones”.

Yo por lo menos tenía o tengo conocimiento de otra Costa Rica no tan idílica después de los hechos bélicos de 1948 del siglo pasado.

No voy a referirme a acontecimientos harto conocidos como los mártires del Codo del Diablo, el encarcelamiento de los principales dirigentes del PVP (Luis Carballo, Carlos Luis Fallas, Arnoldo Ferreto, etc.), la persecución de la labor de excombatientes, el exilio de Carmen Lyra y Manuel Mora.

Me referiré solamente a un episodio que tiene que ver con las afirmaciones de Adriano sobre la Asamblea Nacional Constituyente aprobada en noviembre de 1949.

Agradezco al historiador Gerardo Contreras, mi coterráneo de Alajuela y Turrialba, quien hace años con mucha paciencia me explicó estos acontecimientos.

Lo cierto del caso es que a esa constituyente no les fue permitido participar a los partidos que salieron derrotados en la guerra civil, así como tampoco a los sindicatos de la CTCR que fueron puestos fuera de ley.

Sin embargo, pese a todos los obstáculos, dicha constitución pudo llevar su sello gracias a terceros que fueron constituyentes, uno de ellos Celso Gamboa Rodríguez (Partido Constitucional), a quienes los dirigentes del Partido Comunista en la clandestinidad recurrieron para que en ella quedaran plasmadas las garantías sociales y el Código de Trabajo entre otras.

No fue sin embargo posible evitar que en dicha Constitución se incorporara el párrafo ll del artículo 98, mediante el cual mantuvieron fuera de ley, sin poder participar en elecciones a los militantes y simpatizantes del Partido Vanguardia Popular durante veintisiete años.

Después del 48 se abrió uno de los capítulos más oscuros de la historia patria, donde fueron conculcadas libertades individuales y colectivas y las organizaciones sociales y los partidos de izquierda se enfrentaron a un reto: luchar por recuperar la democracia.

Ni siquiera en procesos tan cruentos como lo fueron las guerras civiles de El Salvador, Guatemala o Nicaragua, la oposición beligerante fue sometida a tanta discriminación y represión como lo fue el partido comunista y los movimientos sociales que participaron en la lucha armada en Costa Rica.

Durante los años setenta del siglo pasado, el Partido Vanguardia Popular desplegó una intensa campaña dirigida a los sectores democráticos del país en la cual se recogieron miles de firmas y gestiones a nivel parlamentario lo que permitió recuperar la democracia en Costa Rica, entendida esta como el derecho de todos los ciudadanos a elegir y ser electos en los poderes del Estado.

*Juan Félix Montero Aguilar es profesor pensionado.

UCR: disculpa pública a personas de la comunidad universitaria forzadas a salir de la institución después de la Guerra Civil de 1948

El Consejo Universitario de la Universidad de Costa Rica invita a una sesión extraordinaria con motivo de realizar una disculpa pública hacia las personas de la comunidad universitaria que se vieron forzadas a salir de la institución después de la Guerra Civil de 1948

Esta sesión será realizada en la plaza del 24 de Abril, el 12 de junio a las 10 a.m. y la fecha límite para confirmar asistencia es el viernes 7 de junio al correo confirmaciones.cu@ucr.ac.cr o a los teléfonos 2511-1215 o 2511-1321.