Ir al contenido principal

Etiqueta: Idela UNA

Maestría en Derechos Humanos y Educación para la Paz del IDELA

SURCOS comparte el siguiente comunicado:

¿Te interesa profundizar en los desafíos actuales de los derechos humanos y la construcción de sociedades más justas e inclusivas?

La Maestría en Derechos Humanos y Educación para la Paz del IDELA, Universidad Nacional, abre una nueva promoción en 2027.

Te invitamos a nuestra sesión informativa, un espacio para conocer la propuesta académica, el plan de estudios, el perfil de las personas graduadas, las oportunidades que ofrece el programa y los detalles del proceso de admisión.

📅 Martes 25 de agosto

🕕 6:00 p. m.

📍 Aula Tecnológica, Facultad de Filosofía y Letras, UNA

Si estás considerando realizar estudios de posgrado en derechos humanos y educación para la paz, este espacio es para vos.

📩 Confirme su asistencia:
posgradosidela@una.cr

En el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, activista Ngäbe-Buglé cuestiona: «¿Cuánto vale la vida de un niño o una niña Ngäbe-Buglé?»

San José, Costa Rica, 7 de agosto de 2026. En el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, la lideresa Zeidy Brukwä Rodríguez, integrante de la coordinación del Frente Nacional de Pueblos Indígenas y del Pueblo Ngäbe-Buglé, lanzó un llamado a la sociedad costarricense para colocar en el centro del debate la vida, la dignidad y los derechos humanos de las familias indígenas que cada año migran para participar en las cosechas de café.

Su reflexión parte de una pregunta que interpela al Estado, al sector cafetalero y a toda la sociedad costarricense:«¿Cuánto vale la vida de un niño o una niña Ngäbe-Buglé?»

El artículo surge en el contexto de las recientes discusiones nacionales sobre la muerte de niñas y niños indígenas durante la migración cafetalera y reivindica la necesidad de escuchar las voces de quienes han vivido esa realidad en carne propia.

«Muchas de las situaciones que hoy se denuncian no las conozco por informes ni por estadísticas. Las viví en carne propia. Hoy también soy madre. Y quizás por eso me duele aún más que el centro del debate deje de ser la vida de los niños y las niñas para convertirse en una discusión sobre fondos, seguros, inversiones y modelos de gestión», afirma Brukwä.

La activista recuerda que desde pequeña migró junto a su familia para recolectar café. Conoció el frío de las madrugadas, los largos recorridos, el hacinamiento en los albergues, la falta de acceso a la educación y la incertidumbre que enfrentan miles de familias indígenas cada temporada. Desde esa experiencia sostiene que el país mantiene una deuda histórica con el pueblo Ngäbe-Buglé.

Para Brukwä, los avances institucionales que se han alcanzado en los últimos años deben reconocerse, pero también es necesario recordar que muchos de ellos han sido resultado de años de denuncias y de la presión ejercida por las propias comunidades y organizaciones sociales.

«Los derechos no se compensan con programas sociales. Los derechos se garantizan», sostiene. Asimismo, enfatiza que las personas Ngäbe-Buglé no son simplemente mano de obra temporal. «Somos un Pueblo Indígena transfronterizo, con historia, identidad, idioma, espiritualidad, autoridades propias y derechos colectivos. Nuestra existencia no comienza ni termina con la cosecha del café.»

Brukwä advierte que durante décadas la historia de la migración cafetalera ha sido narrada principalmente por instituciones y sectores productivos, mientras que las voces de las propias familias indígenas han permanecido invisibilizadas. Esa historia también incluye discriminación, racismo, explotación laboral, barreras para acceder a servicios públicos, condiciones precarias de vivienda y la vulneración sistemática de derechos humanos.

La lideresa señala que el desarrollo económico del país no puede construirse sobre la vulneración de los derechos de quienes sostienen una parte fundamental de la producción cafetalera nacional.

Su artículo constituye además una respuesta al debate generado tras la publicación del texto «Historias completas construyen confianza: responsabilidad social en el sector café«, escrito por el gerente del Fondo Nacional de Sostenibilidad Cafetalera (Fonascafé). Brukwä coincide en que la historia debe contarse completa, pero sostiene que esa historia no comienza con los programas sociales o los mecanismos de aseguramiento, sino con generaciones de familias Ngäbe-Buglé cuyo aporte a la economía nacional nunca se tradujo en el pleno reconocimiento de sus derechos.

«La dignidad de un Pueblo no se mide por los programas que recibe, sino por los derechos que efectivamente se le garantizan. Mientras la vida de un solo niño o una sola niña Ngäbe-Buglé siga estando en riesgo durante la migración cafetalera, ninguna cifra, ningún fondo y ningún comunicado podrán responder a la pregunta que realmente importa: ¿cuánto vale la vida de un niño o una niña Ngäbe-Buglé?»

La publicación también da continuidad al pronunciamiento público presentado el pasado 21 de julio por el Programa Kioscos Socioambientales de la Universidad de Costa Rica, la Clínica de Derechos Humanos Ambientales del Instituto de Estudios Latinoamericanos (IDELA) de la Universidad Nacional, el Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo (CICDE) de la Universidad Estatal a Distancia y el Observatorio de Relaciones Laborales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Costa Rica.

Ese pronunciamiento, respaldado por más de 500 personas y alrededor de un centenar de organizaciones de Costa Rica y Panamá, exige al Estado costarricense garantizar condiciones dignas de trabajo, vivienda, salud, educación y protección social para las familias Ngäbe-Buglé que participan cada año en las cosechas de café.

Mauricio Álvarez Mora, coordinador de la Clínica de Derechos Humanos Ambientales del Instituto de Estudios Latinoamericanos (IDELA-UNA), señaló que el aporte del artículo de Brukwä radica en devolver la palabra a quienes históricamente han sido objeto de decisiones sin ser escuchados.

«Durante muchos años la realidad de las personas trabajadoras indígenas ha sido contada por instituciones, empresas o personas externas. El principal aporte de Zeidy Brukwä es que coloca en el centro la voz del propio pueblo Ngäbe-Buglé. Escuchar sus experiencias, fortalecer el conocimiento sobre sus derechos y garantizar mecanismos efectivos para su protección constituye una responsabilidad ineludible del Estado costarricense.»

El Día Internacional de los Pueblos Indígenas fue establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1994 para promover el reconocimiento y la protección de los derechos de los pueblos indígenas. En Costa Rica, esta conmemoración fue oficializada mediante la Ley N.° 10449, que declara de interés público, académico y cultural la celebración nacional cada 9 de agosto.

Costa Rica entre los países con la tasa de encarcelamiento más alta de América Latina

  • Académicos de la UNA abogan por una reforma a Ley de Justicia Penal Juvenil vigente, no desde el punto de vista represivo, sino desde la atención integral.

UNA Comunica. 4 de junio de 2025. Por cada 100 mil habitantes, Costa Rica mantiene en sus prisiones hasta 343 personas, lo que representa una de las tasas de encarcelamiento más altas de América Latina y el Caribe. Esta estadística se da en momentos en que el Gobierno manifiesta su interés en construir una cárcel para 5.000 privados de libertad, aunque a la fecha no se conocen detalles sobre su ubicación, diseño o fuente de financiamiento.

Datos del World Prision Brief del 2024 indican que Costa Rica se ubica de quinto a nivel de la región (y tercero en América Central), solo superado por El Salvador con una tasa de 1.659 prisioneros por cada 100 mil habitantes, Cuba (794), Panamá (522) y Brasil (416).

La tasa costarricense está por encima de países como Uruguay que es de 321, Argentina con 268, Colombia con 201 o México con 165. Incluso, se ubica en la posición 22 a nivel global, al considerar a un total de 224 jurisdicciones.

Marco Feoli, académico del Instituto de Estudios Latinoamericanos (Idela) de la Universidad Nacional (UNA) y miembro del subcomité de las Naciones Unidas para la Prevención de la Tortura tiene una visión crítica sobre la política punitiva que pretende seguir el Gobierno, a la luz, además, de estas cifras.

Debemos reflexionar qué tanto sirve la cárcel y preguntarnos como sociedad si lo que nosotros queremos es tener a la gente encarcelada o que haya menos violencia. Porque si lo que queremos es menos violencia, entonces ya sabemos que la estrategia carcelaria no es la respuesta, porque el crimen organizado es mucho más poderoso y no va a dejar de funcionar solo por tener más personas encerradas. Ellos seguirán operando porque el Estado no tiene los recursos suficientes para administrar las prisiones, entonces es una promesa falsa lo que se le quiere hacer creer a la gente sobre esta propuesta de solución”, advirtió el académico.

Estaos argumentos los planteó al cierre de una charla con estudiantes del posgrado de Derecho Penal de la Universidad de Harding Simmons, de Texas, Estados Unidos, quienes visitaron la UNA, gracias a una alianza con la maestría en Administración de Justicia con enfoque sociojurídico, de la Escuela de Sociología.

Durante dos días, los estudiantes del posgrado conocieron a profundidad el funcionamiento del sistema judicial costarricense, el modelo de administración de justicia, el sistema penitenciario, la visión de derechos humanos e incluso realizaron una visita a la Ciudad Judicial en San Joaquín de Flores, en Heredia.

Realidad nacional

Al cierre del 2023, Costa Rica contaba con una población carcelaria de 18.090 personas, ubicados en 32 centros. Estas cifras han venido en ascenso en los últimos años: mientras en 2000 se registraron 7.575 personas privadas de libertad, al cierra de 2023 el número subió hasta 19.728.

Para Feoli, existen dificultades contextuales para sostener una discusión profunda sobre las causas del problema de violencia y sus eventuales soluciones. “Este debate es dificilísimo tenerlo porque lo que se plantean son soluciones maniqueas, pero eso no es suficiente. Las discusiones se polarizan, como todo ahora, entonces se dice que se busca defender delincuentes y no, se trata de defender un sistema que sí dé resultados y el proyecto de una megacárcel aquí termina siendo una ocurrencia”.

La expectativa generada por la actual administración sobre el proyecto carcelario choca con la realidad si consideramos que deberán realizarse estudios de suelo, planos y permisos. “De aquí a 10 meses o un año no va a estar y ellos—el gobierno—lo saben, pero como su objetivo es continuar en el poder ofrecen este tipo de soluciones que no sirven, pero que son atractivas para la gente”, afirmó.

Por otra parte, Marco Feoli apuntó que el desarrollo de una infraestructura carcelaria de estas dimensiones debería considerar el cálculo de cuántos policías penitenciarios se van a requerir, pero, además, contemplar a expertos en materia penal, medicina y personal administrativo.

Entonces, ¿por dónde se debe comenzar una discusión sensata? El académico considera que se deben atender las causas estructurales de la violencia con un enfoque social y que afronten las problemáticas de desigualdad que vive el país, la situación de la educación pública, la generación de oportunidades para personas jóvenes, la desintegración familiar y el consumo de drogas.

Que menores de entre 13 y 16 años ya estén insertos en estructuras criminales reflejan “lo mal que hemos hecho las cosas como sociedad. Son imágenes espeluznantes ver a un muchacho de esas edades accionar un arma y que luego vayan a dar a la cárcel y que serán fácilmente sustituidos por las propias estructuras a las que pertenecen”, afirmó.

Yolanda Pérez, coordinadora de la maestría en Administración de Justicia con enfoque sociojurídico, considera que la realidad de la delincuencia que involucra a personas jóvenes es otra comparada con décadas atrás y por ello es necesario reformular la Ley de Justicia Penal Juvenil, No. 7.567 y que data de 1996.

Esta ley surgió en un contexto donde el país vivía la situación de los ‘chapulines’, pero ahora es diferente porque es una legislación que se está aplicando a muchachos que son utilizados y reclutados por estas organizaciones. Y no digo que deba hacerse una reforma desde el punto de vista represivo, sino qué se le puede ofrecer a ellos para que no caigan en situaciones de riesgo”, indicó Pérez.

Ambos académicos concuerdan en que la sociedad también debe enfrentar los estigmas que suele acompañarlos el resto de sus vidas y que les dificulta una reinserción efectiva, frente a un fenómeno mundial que etiqueta a las personas por su condición, como ocurre con la población migrante en Estados Unidos.

Tanto Feoli como Pérez lamentan que el país esté perdiendo tiempo valioso en temas que no solucionan el problema, como el proyecto carcelario, y no atienda con prontitud la necesidad de una ruta de la educación, programa que en el actual Gobierno no se ha llegado ni siquiera a conocer.

Oficina de Comunicación
Universidad Nacional, Costa Rica