Ir al contenido principal

Etiqueta: imperialismo

La izquierda y la derecha en la política global

Juan Huaylupo

Catedrático. Docente e investigador. Jubilado. Facultad de Ciencias Económicas. Universidad de Costa Rica

Los gobiernos contemporáneos han adoptado un estilo particular cuando los gobernados critican, protestan y hacen manifestaciones contra la actuación estatal que atenta contra el interés social. Por ello, los etiquetan de izquierdistas, por cierto, un apelativo poco original, pero descriptivo y contradictorio, pues precisamente reafirman su cotidianidad contra las mayorías trabajadoras de la sociedad.

La calificación de izquierdistas rememora cómo se ubicaban físicamente las posiciones políticas con respecto del presidente de la Asamblea Nacional Constituyente en la Francia revolucionaria de 1789, pues a su derecha estaban los nobles, el clero y los conservadores que defendían la monarquía y el veto absoluto de Luis XVI, mientras que a su izquierda se ubicaban los burgueses de ese entonces, los comerciantes, los sectores populares y los revolucionarios (jacobinos), que pretendían limitar el poder del rey y la eliminación del veto absoluto. En el siglo XIX, la división persistía, los conservadores monárquicos y la Iglesia católica eran de la derecha política, mientras que la izquierda eran los que proclamaban el establecimiento de la república, el crecimiento del liberalismo económico y la defensa de los trabajadores y su organicidad.

Las derechas desde su denominación original hasta el presente se han identificado con las ideas más retrógradas y las prácticas contra los excluidos. Así, en el siglo XX la derecha conservando su trayectoria regresiva, ha estado asociada con el crecimiento de la clase explotadora propietaria del capital, con los efectos de la Segunda Guerra Mundial promovió la violencia política (Guerra Fría) contra la diversidad política y organicidad de los trabajadores e impulsó la industria de la guerra.

La izquierda en el XX apoyaba la consolidación de la clase obrera y la formación de sindicatos y de partidos progresistas que gestaron el derecho laboral, que aún supervive, como la jornada de ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho de vida personal. Asimismo, lograron establecer sistemas de jubilación, seguros de desempleo, invalidez y de accidentes laborales, igualdad entre las personas, así como la formalización del derecho a huelga, de sindicalización y de negociación laboral, como también el derecho a vacaciones pagadas, los aguinaldos, salud y sufragio universal, así como en las movilizaciones y protestas conquistaron reivindicaciones –como la vivienda popular, educación pública gratuita y universal– que contribuyeron al mejoramiento de la calidad de vida de las familias pobres y necesitadas.

Asimismo, fueron los izquierdistas quienes con sus luchas conquistaron el derecho al voto, la igualdad social y laboral que revolucionaron las relaciones laborales y la institucionalidad global, que aún los trabajadores e izquierdistas defienden con denuedo.

En este siglo XXI, la derecha violenta la independencia de los poderes del Estado para centralizar, concentrar e intentar privatizar el poder político, a la vez que pretenden desde dentro desaparecer el Estado Social e imponer el totalitarismo fascista. Un proyecto que está destruyendo la democracia electoral con fraudes, la manipulación de leyes y engaños con troles y granjas de bots, así como apoya o es indiferente ante los genocidios contra pueblos en el mundo, que concesiona o privatiza los recursos nacionales para los consorcios empresariales mundiales y empeña la soberanía nacional y su futuro a un imperio, que se cree dueño absoluto de nuestra Latinoamérica.

La defensa y la restauración democrática, así como el respeto por los derechos ciudadanos, la soberanía nacional y la conservación del medio ambiente, son tareas necesarias y urgentes de la ciudadana y de la izquierda, como también lo son el enfrentamiento ante la privatización financiera de la jubilación de los trabajadores, contra el cierre y liquidación de las instituciones públicas y la revaloración ciudadana de los principios constitucionales violentados.

El calificativo de izquierdistas y derechistas, en este breve y simple recuento histórico, es evidencia de que las derechas políticas están conformadas por los poseedores de las riquezas y poderes de un sistema económico, social y jurídico que los amparan, a la vez empobrecen a los empobrecidos que desprecian y liquidan.

En la perspectiva del poder y los privilegios que brinda la explotación del trabajo y la apropiación de recursos de los subalternos por los propietarios del capital, en alianza con el imperio, las derechas pretenden eternizar el dominio contra las sociedades, proceso que solo garantiza el enfrentamiento clasista y la polarización social. El odio clasista de la derecha nunca podrá eliminar a los subalternos, porque de ellos depende su bienestar y riqueza privada. Es absurda, estúpida y distópica la ilusión imperialista de ser el amo y esclavizar a los trabajadores del mundo, como también es la pretensión de superar las capacidades de subsistencia, resistencia y de defensa de los subalternos.

La conformación histórica del Estado costarricense fue un proceso de unidad política de izquierda y derecha, que posibilitó la eliminación del ejército, la construcción de una sociedad democrática y pionera en derechos sociales, donde el capital no antagonizaba contra la subsistencia, la vida ni la sociedad. La expansión del poder imperial en la segunda mitad del siglo pasado paralizó dicho proceso con la agresiva intromisión política norteamericana, las ambiciones de los conglomerados empresariales y los entes financieros del sistema iniciaron la degradación política, económica y social de lo construido social e históricamente por los costarricenses.

La derecha es quien liquida los resquicios del Estado de Bienestar en Costa Rica, la gorgona Medusa, es la servidora en el poder regresivo, la que amenaza a quienes la observan y critican para petrificarlos en su nueva cárcel. La derecha es torpe y ciega que abusa con su séquito e imagina representar a un salvaje jaguar contra la historia y futuro costarricense. Pretender degradar a quienes luchan por el bien común, el bienestar y el progreso para todos, es una muestra fehaciente de la caótica incapacidad y torpeza de la derecha y sus servidores.

¿Trumpimperialismo, una nueva fase del imperialismo?

En términos generales, acudimos al concepto de imperialismo para referirnos al período histórico que surge a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX.

Vladimir de la Cruz

El siglo XIX se caracterizó por dos grandes revoluciones industriales. La primera ocupó los años finales del siglo XVIII y la primera mitad del XIX, asociada a las industrias vinculadas al carbón, al hierro, a la máquina de vapor y al inicio de los ferrocarriles. El uso del vapor en el transporte naviero y ferrocarrilero fue clave para la expansión del comercio internacional de esa época.

La Segunda Revolución Industrial, en la segunda mitad del siglo XIX e inicios del siglo XX, se asoció al impacto de las leyes de Mendel en la intensificación de la reproducción animal y agrícola; al gas, a la electricidad, al petróleo, al acero y a la explotación minera de metales necesarios para este nuevo proceso industrial, tales como el hierro, el carbón mineral, el cobre, el aluminio, la bauxita, el zinc, el carbono, el plomo, el estaño, el oro y la plata. Las nuevas aleaciones de metales y el acero fueron los momentos estelares de este proceso, pues permitían grandes innovaciones en la producción, la elaboración masiva de productos y el desarrollo de grandes obras de infraestructura y transporte.

Con el hierro, el acero y los ferrocarriles se impulsaron obras de infraestructura como puentes y edificios elevados (los llamados rascacielos), que fueron diseñados con estructuras metálicas. Igualmente, esto influyó en la industria militar.

El cobre sirvió a la electricidad y a las comunicaciones. Los cables submarinos se impulsaron como conexión entre continentes; se promovió el desarrollo del telégrafo, del alumbrado público primero y luego del privado, así como de los telares. Se sentaron las bases de la industria automotriz y de la aviación, y se fortalecieron la industria naviera, la del cemento y la del concreto, claves para la ingeniería civil. La industria tipográfica y la siderúrgica crecieron. Todos esos metales y otros hicieron surgir el latón, el bronce, el acero, el oro para joyería (entre ellos el oro blanco) y los metales para soldar derivados del estaño.

A esos metales siguieron el níquel, el magnesio, el titanio y, hoy en día, la demanda de metales o elementos metálicos de las llamadas tierras raras, como el escandio, el itrio, el lantano, el cerio, el praseodimio, el samario, el gadolinio y el lutecio, entre otros.

La ubicación geográfica de los yacimientos de estos metales no es homogénea; se encuentran distribuidos de manera irregular en las diferentes partes del mundo. Algunos se concentran en regiones específicas que constituyen grandes reservas contenidas en determinados países.

El desarrollo industrial de finales del siglo XIX y principios del XX hizo surgir la necesidad, en los grandes países que impulsaban ese desarrollo, de controlar esas regiones estratégicas de materias primas. Para ello, se volcaron sobre ellas con el fin de someterlas a su dominio político y económico y extraer dichos metales. Así, controlaban países, regiones y poblaciones para trabajar en la explotación de esas materias primas, además de dominar esos países como mercados para vender caros los productos elaborados con esa mano de obra barata. Era un control absoluto de productos, mano de obra y mercados.

En este proceso se desarrolló una alianza estratégica entre el capital industrial y el bancario, lo que originó el capital financiero e hizo surgir nuevas corporaciones empresariales como los monopolios, oligopolios, trusts y cárteles, los cuales empezaron a proyectarse más allá de sus países de origen, controlando grandes regiones, naciones y mercados.

Algunos de esos monopolios, como la United Fruit Company —fundada en marzo de 1899 y dedicada a la explotación del banano en el Caribe y Centroamérica—, le dieron nombre y apellido a la región: las «Banana Republics» o Repúblicas Bananeras, debido a la enorme influencia y peso político y económico que ejercían en el interior de estos países.

La Primera Guerra Mundial, en cierta forma, fue el escenario donde las potencias europeas y los Estados Unidos se disputaron estas regiones de materias primas, mano de obra barata y mercados finales para los productos elaborados.

Esta situación del surgimiento de monopolios, oligopolios, trusts y cárteles es lo que caracterizó a finales del siglo XIX, y particularmente a inicios del siglo XX, el debate y la conceptualización sobre el imperialismo, principalmente desde su perspectiva económica, a la que luego se añadió la dimensión política.

El desenlace de la Primera Guerra Mundial conllevó la caída de varios imperios: el alemán, que perdió sus colonias en África y el Pacífico; el austrohúngaro, que quedó desintegrado en varios países; el otomano, que fue desmembrado en diversos países y mandatos en la región que hoy se denomina Medio Oriente (quedando bajo el control principal de Gran Bretaña y Francia); y la eliminación del imperio ruso, lo que facilitó el surgimiento de la Revolución Rusa de 1917 y la gestación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en 1922.

La discusión teórica, económica y política sobre el imperialismo se desarrolló desde 1890 hasta 1917, cuando Lenin cerró ese capítulo con su libro El imperialismo, fase superior del capitalismo.

Posteriormente, en el esquema del imperialismo del siglo XX, prosiguió la proyección de los Estados Unidos dentro de ese proceso, tanto a través de sus empresas imperialistas como mediante las políticas geopolíticas que venía desarrollando desde el siglo XIX y las que impulsó en el siglo XX.

Las primeras manifestaciones a inicios del siglo XIX obedecieron al principio de hegemonía hemisférica que Estados Unidos disputaba con Gran Bretaña tras la ruptura inicial de la presencia colonial española a raíz de los movimientos independentistas. Sin un enfrentamiento militar directo, luchaba por el control hegemónico comercial. Así se enfrentó a Inglaterra en el Cono Sur y lo justificó teóricamente. Gran Bretaña, en su pugna europea con España, contribuía a financiar los movimientos independentistas en América Latina procurando aumentar su presencia comercial, financiera y marítima en las naciones recién independizadas.

Eso llevó a los Estados Unidos a que en 1823, con el presidente Monroe, se proclamara en su discurso ante el Congreso el principio de «América para los americanos», advirtiendo a las potencias europeas que cualquier nueva colonización o intervención en el continente sería considerada un acto hostil contra Estados Unidos. De este modo, marcaba y definía su zona de influencia geopolítica.

Con ese planteamiento procuraba frenar el avance comercial y la presencia de las potencias europeas constituidas alrededor de los acuerdos del Congreso de Viena de 1815, frenando a Inglaterra y a Francia. Estos países rechazaban los intentos de España por recuperar sus colonias porque ello les dejaba el terreno libre para sus propios propósitos comerciales y geopolíticos.

A la Doctrina Monroe le siguió la Doctrina del Destino Manifiesto, dominante en la segunda mitad del siglo XIX. Con ella, Estados Unidos se presentó como la nación elegida por Dios para expandirse y dominar el continente americano. Esto le sirvió para ampliar sus territorios mediante la compra de Luisiana a Francia en 1803, así como con los territorios que despojó y anexó de México desde la década de 1840: Texas en 1845, California en 1848, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah, Colorado y partes de Kansas y Oklahoma (territorios que incluyeron Oregón), sumado a la imposición del Tratado de Guadalupe Hidalgo. Asimismo, proyectó su poder a través de los filibusteros de William Walker en Centroamérica entre 1855 y 1860 (derrotado en su afán de anexar estos países a los estados esclavistas del sur de la Unión) y con la compra de Alaska a Rusia en 1867.

Resultado de esta doctrina fue la aniquilación de las poblaciones indígenas de los Estados Unidos, la reducción de sus territorios, los desplazamientos forzados para despojarlos de sus tierras y la lucha interna por asegurar su desarrollo industrial mediante la Guerra de Secesión, la cual Lincoln definió como «la última y mejor esperanza sobre la faz de la Tierra».

Fueron también las justificaciones legales que impulsaron para asegurar su expansión y sus guerras, las cuales culminaron al finalizar el siglo XIX con la Guerra Hispano-Estadounidense en 1898. Esta permitió, mediante el Tratado de París, dominar Puerto Rico, Guam y las Filipinas, imponer en 1902 la Enmienda Platt en Cuba e intervenir en la independencia de Panamá en 1903 para apropiarse del Canal y su Zona Canalera.

Desde 1890, el Destino Manifiesto justificó intervenciones militares asociadas a la idea de una supuesta «misión» para promover y defender la democracia en todo el mundo.

Esto llevó al presidente Theodore Roosevelt, en 1904, a pregonar con más fuerza la Doctrina del Gran Garrote (Big Stick), la cual se extendió hasta 1940, cuando, en el contexto del inicio de la Segunda Guerra Mundial, Franklin Delano Roosevelt impulsó por un breve período la Doctrina del Buen Vecino en América Latina. Con esta estrategia se buscaba asegurar el dominio absoluto en el hemisferio occidental, imponiéndose en el plano económico bajo la amenaza de la intervención militar y actuando como un «policía internacional» para corregir las faltas de los gobiernos y la inestabilidad regional, bajo la premisa de que las repúblicas latinoamericanas carecían de capacidad de autogobierno.

Al tiempo que intervenían en Panamá y Cuba, lo hicieron en Venezuela (Maracaibo, 1902-1903), luego de nuevo en Cuba (1906-1909), en la República Dominicana (1916-1924), en Haití (1915-1934) y en Nicaragua (1912-1925 y 1926-1933), e intentaron un desembarco de marines en Costa Rica en junio de 1919.

La Revolución Rusa hizo que en 1920 el presidente Woodrow Wilson señalara que «el mundo debía hacerse seguro para la democracia», enfatizando que «es ciertamente el destino manifiesto de los Estados Unidos realizar el esfuerzo para que este espíritu prevalezca».

Tras la Segunda Guerra Mundial, el presidente Truman reafirmó estos elementos doctrinales con el Plan Marshall para la reconstrucción europea y la Doctrina Clayton para América Latina en 1946 y 1947, acompañados por la Doctrina Truman, mediante la cual Estados Unidos brindaría asistencia política, militar y económica para evitar la expansión soviética y contener a los movimientos de izquierda, socialistas, comunistas y nacionalistas en el continente y en el resto del mundo.

De la Primera a la Segunda Guerra Mundial el escenario internacional cambió drásticamente. No solo se desintegraron los imperios decimonónicos, sino que la Revolución Rusa dividió al mundo en dos procesos políticos, históricos y económicos, enmarcados en la confrontación entre el socialismo mundial y el capitalismo, situación que se mantuvo desde 1917 hasta 1991. El orden colonial existente continuó debilitándose, siendo el nacimiento de la URSS y la lucha anticolonial que impulsó un factor determinante en ello.

La Sociedad de Naciones, nacida de las cenizas de la Gran Guerra, no logró evitar nuevos conflictos. El ascenso del fascismo en Italia y del nacionalsocialismo en Alemania en las décadas de 1920 y 1930 alertó sobre su peligro global.

El Partido Comunista de la URSS, bajo el liderazgo de Lenin, promovió la creación de la III Internacional en 1919 con el fin de impulsar el movimiento revolucionario mundial, orientar a los partidos comunistas y fortalecer a las organizaciones sindicales.

Los siete congresos internacionales que realizó la III Internacional desarrollaron estos ejes estratégicos: la dictadura del proletariado frente a la dictadura de la burguesía; la alianza obrero-campesina necesaria para la revolución socialista; la lucha antiimperialista mundial como elemento esencial de la época; y la lucha antinazi en defensa de la democracia mediante bloques de Frentes Populares, contienda que condujo a subordinar transitoriamente la lucha antiimperialista para priorizar la derrota del nazifascismo hasta 1945.

Terminada la Segunda Guerra Mundial y ante el nuevo panorama político europeo —con nuevas naciones en transición al socialismo, sumado a las luchas de liberación nacional en la India y China (esta última con la proclamación de la República Popular China en 1949)—, el anticomunismo resurgió con más fuerza, aun con el nacimiento de las Naciones Unidas el 24 de octubre de 1945, fundada en reemplazo de la Sociedad de Naciones para evitar futuros conflictos globales y fomentar la cooperación internacional.

La Guerra Fría se escudó en el concepto del «Telón de Acero» para aislar al hemisferio occidental de la influencia soviética e impedir revoluciones socialistas. Esto derivó en la formación de los bloques Occidental y Oriental, liderados por Estados Unidos y la URSS respectivamente, lo que alimentó conflictos territoriales, disputas regionales y alianzas militares como la OTAN (que perdura hasta hoy) y el Pacto de Varsovia (desaparecido tras la desintegración del bloque soviético).

Desde 1945 hasta la actualidad, la ONU pasó de los 51 Estados miembros fundadores a los 193 que la integran hoy. La inmensa mayoría emergió de las guerras de liberación nacional y de los procesos de descolonización.

El siglo XX fue el período que produjo la mayor liberación de países y pueblos a nivel global. Sin embargo, no se ha logrado neutralizar el afán de las potencias capitalistas hegemónicas por ejercer un control total en lo político, económico, financiero y geopolítico, tal como lo evidencia el papel predominante ejercido por los Estados Unidos.

Durante la Segunda Guerra Mundial surgieron instituciones globales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, las cuales fijan pautas de desarrollo económico e institucional a sus países miembros. De hecho, actúan de forma análoga a como lo hicieron los monopolios, oligopolios, trusts y cárteles en la primera mitad del siglo XX.

La desintegración de la URSS y del Bloque Socialista convirtió a Estados Unidos en la potencia hegemónica unipolar casi absoluta desde 1990 hasta la década de 2020, cuando comenzó a resentir la contrapresión de Rusia y de la República Popular China en medio de las intervenciones militares estadounidenses en Medio Oriente.

De la disolución soviética, la Federación Rusa emergió como el actor más relevante en ese equilibrio de poder, reinsertándose como parte del sistema capitalista mundial. Por su parte, la República Popular China asumió el papel central en el desarrollo de una sociedad socialista con características propias, consolidándose como una superpotencia económica y comercial con proyección dominante. Desde finales de la década de 2000, China ya estaba afianzada como la segunda economía del mundo, con una enorme influencia geopolítica y tecnológica global.

Por otro lado, Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, ha intensificado sus esfuerzos por preservar la hegemonía global, proyectándose con rasgos imperialistas al servicio de corporaciones interesadas en el control de materias primas estratégicas.

Trump ha diseñado una geopolítica global de control e influencia directa. Ha alterado la dinámica de las relaciones internacionales al cuestionar o renegociar unilateralmente acuerdos comerciales con Europa, China y diversos países del continente americano (Canadá, México y Centroamérica), además de tensionar los vínculos en el seno de la OTAN. Asimismo, ha instrumentalizado conflictos territoriales y disputas allí donde considera conveniente a sus intereses económicos o geoestratégicos, especialmente en torno a las reservas de petróleo, gas y minerales de tierras raras.

En esta nueva proyección, ha sugerido cambiar el nombre del golfo de México por «Golfo de América» y el lago Ontario por «Lago de América». Ha manifestado posturas anexionistas respecto a Canadá, ha sostenido planteamientos similares respecto a México y se ha difundido un mapa de América del Norte cubierto por la bandera estadounidense que abarca México, Estados Unidos, Canadá, Alaska y Groenlandia (territorio este último sobre el que contempló opciones de compra o presión militar, llegando a negociar la ampliación de presencia militar).

El Caribe continúa siendo considerado como su área de influencia directa. En este esquema, Cuba se mantiene como un objetivo político estratégico con el fin de modificar su sistema político y controlar los pasos navales de la región. Destacan entre ellos los estrechos estratégicos como el Canal de la Florida (entre Cuba y EE. UU.), el Canal de Yucatán (que separa a México de Cuba), el Paso de la Mona (entre Puerto Rico y República Dominicana) y los pasos insulares de las Antillas Menores hacia América del Sur. Con respecto al Canal de Panamá, se ha llegado a utilizar la denominación informal de PanaMAGA.

Las presiones sobre Cuba y Nicaragua se enmarcan en un contexto donde la intervención del 3 de enero de 2026 en Venezuela marcó un hito en el control de sus recursos petroleros, gasíferos y mineros, incidiendo de forma directa en su dinámica institucional. Asimismo, se ha evidenciado un involucramiento activo en procesos electorales de la región mediante el apoyo explícito a alineamientos afines.

Son, sin duda, posturas imperialistas emparentadas con las doctrinas históricas mencionadas: en lo político, impulsando corrientes de derecha y extrema derecha, avivando el anticomunismo de la Guerra Fría con tintes macartistas, cuestionando el multilateralismo, promoviendo la salida de organismos y tribunales internacionales como la Corte Penal Internacional y promoviendo la militarización de la lucha contra el narcotráfico, a pesar de que la evidencia histórica demuestra que el crimen organizado no se combate adecuadamente con enfoques estrictamente militares.

El propio Trump ha parafraseado la Doctrina Monroe denominándola, en un juego de palabras, la «Doctrina Donroe». Con esta postura reafirma la pretensión de hegemonía sobre el hemisferio occidental, abarcando desde América Latina hasta Canadá y Groenlandia.

Bajo esta línea se promueven acciones militares, el incremento de bases en el continente, intentos por reactivar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y la Fuerza Interamericana de Paz, a pesar de sus fracasos históricos en crisis como la de las Malvinas o la invasión a Granada. Del mismo modo, se profundiza la militarización de la lucha antidrogas mediante iniciativas como el llamado Escudo de las Américas, aumentando los activos militares en Puerto Rico, al tiempo que desde la Portavocía de la Casa Blanca se ha reiterado que «el uso del Ejército de EE. UU. es siempre una opción».

Ante la denominada «Doctrina Donroe», ¿nos encontramos frente a una nueva fase del imperialismo mundial? ¿Deben reorganizarse los movimientos antiimperialistas del mismo modo en que lo hicieron en las primeras décadas del siglo XX? ¿Debería impulsarse una Liga Antiimperialista Mundial como la que se fundó en Bruselas en 1927? ¿Qué significa ser antiimperialista en la actualidad?

El término antiimperialista como adjetivo describe a quien se opone y lucha de forma activa contra el imperialismo; es decir, contra el dominio político, económico, cultural o militar que ejerce una potencia extranjera sobre otros países o territorios.

Actualmente existe la llamada Plataforma Antiimperialista Mundial (PAM), una red internacional de organizaciones políticas, movimientos sociales y partidos de izquierda enfocada en la oposición a la hegemonía de Estados Unidos y la OTAN. Esta plataforma busca unificar las luchas de partidos, sindicatos y movimientos populares en diferentes continentes, concentrando su acción principalmente contra el imperialismo estadounidense y sus aliados, así como alertando sobre los riesgos de escalada bélica en Europa que podrían desencadenar un conflicto global de consecuencias irreversibles.

Si el trumpimperialismo constituye la nueva fase del imperialismo contemporáneo, con todas sus implicaciones, es allí donde se sitúa el debate sobre la articulación de la lucha internacional hoy. ¿Estamos, efectivamente, ante esa nueva fase del imperialismo actual: el trumpimperialismo?

Compartido con SURCOS por el autor.

¿Por qué la paz casi nunca dura?

José A. Amesty Rivera

(Una mirada marxista latinoamericana ante el conflicto entre EEUU, Israel e Irán)

Hipótesis para el Debate y la Discusión:

Cuando los grandes medios hablan de las guerras, casi siempre nos cuentan que todo se debe al odio entre pueblos, a diferencias religiosas o a rivalidades que vienen de hace mucho tiempo. Pero esta explicación apenas muestra una parte de la realidad. Detrás de los grandes conflictos casi siempre hay intereses económicos, militares y geopolíticos mucho más profundos.

Desde una mirada marxista latinoamericana, las guerras no pueden entenderse separadas de la lucha por el poder, los recursos naturales, las rutas comerciales, los mercados y el control político. En el capitalismo, sobre todo en su etapa imperialista, la guerra deja de ser algo excepcional y pasa a ser una herramienta para defender intereses económicos y estratégicos. El conflicto entre EEUU, Israel e Irán deja ver con bastante claridad esta realidad.

Cada cierto tiempo escuchamos que hay un alto al fuego, que vuelven las negociaciones o que las tensiones han bajado, sin embargo, poco después regresan los bombardeos, las amenazas y las acusaciones. ¿Por qué pasa esto una y otra vez?

Porque las causas de fondo siguen ahí, no estamos viendo solo una pelea entre gobiernos, lo que está en juego es el control de una de las regiones más importantes del mundo desde el punto de vista energético, comercial y militar; Medio Oriente concentra enormes reservas de petróleo y gas, además de rutas estratégicas por donde pasa buena parte de la energía que mueve la economía mundial.

Quien tenga mayor control sobre esa región también tiene una enorme capacidad para influir en la economía mundial; durante décadas, EEUU ha construido una fuerte presencia militar en Medio Oriente: bases militares, alianzas, acuerdos de seguridad y tecnología de punta forman parte de una estrategia para mantener su lugar como la principal potencia del mundo.

Dentro de esta estrategia, Israel ocupa un papel clave, más allá de los vínculos históricos y políticos entre ambos países, es uno de los principales aliados militares de Washington en la región.

Por su parte, Irán busca aumentar su influencia política y militar, fortalecer su capacidad para resistir las presiones externas y consolidarse como una potencia regional capaz de desafiar el orden impulsado por EEUU.

EEUU cuenta con un poder económico, militar, financiero y tecnológico que ningún otro actor involucrado posee, tiene capacidad para imponer sanciones económicas, intervenir militarmente, influir en organismos internacionales y presionar a numerosos gobiernos alrededor del mundo.

En América Latina conocemos bastante bien cómo funciona esa relación desigual, nuestra historia está llena de bloqueos económicos, golpes de Estado, intervenciones militares, operaciones encubiertas y presiones diplomáticas, casi siempre justificadas en nombre de la democracia, la seguridad o la defensa de determinados intereses.

Por eso muchos pueblos latinoamericanos miran con desconfianza cualquier intervención de las grandes potencias, no se trata de un prejuicio; se trata de memoria histórica.

Otro tema del que se habla poco es el papel del capital; cada guerra mueve cantidades enormes de dinero, mientras millones de personas pierden sus casas, sus familias o sus vidas, otros multiplican sus ganancias.

La industria militar vende aviones, misiles, drones, radares, sistemas de defensa, municiones, satélites y tecnología de vigilancia; cada vez que aumentan las tensiones internacionales, los grandes fabricantes de armas consiguen contratos multimillonarios.

Esto no quiere decir que las guerras existan únicamente para vender armas, esta sería una explicación demasiado simple, pero tampoco puede ignorarse que existe un enorme negocio que obtiene beneficios cada vez que los conflictos continúan.

Hace más de medio siglo, el presidente estadounidense Dwight Eisenhower advirtió sobre el enorme poder que podía llegar a tener el llamado complejo militar-industrial sobre las decisiones políticas de su país; con el paso del tiempo, aquella advertencia parece tener todavía más sentido.

La guerra también cumple otra función dentro del capitalismo actual, sirve para justificar grandes presupuestos militares, fortalecer los aparatos de seguridad, ampliar los sistemas de vigilancia y reforzar alianzas políticas, bajo la idea constante de que existe una amenaza externa, así, el miedo termina convirtiéndose en una herramienta política.

Tampoco hay que olvidar la política interna; los gobiernos no toman decisiones pensando solo en lo que ocurre fuera de sus fronteras, también responden a intereses económicos nacionales, grupos empresariales, sectores militares y cálculos electorales. Muchas veces resulta más conveniente mostrarse como un líder firme que como un gobernante dispuesto a negociar, esto ocurre en EEUU e Israel.

Por eso los altos al fuego suelen ser tan frágiles, no representan una solución definitiva, ya que son apenas pausas dentro de un conflicto que sigue abierto porque ninguno de los problemas de fondo ha sido resuelto.

Las sanciones económicas continúan, la disputa por el programa nuclear sigue vigente, la presencia militar estadounidense permanece en la región, las tensiones alrededor del estrecho de Ormuz siguen siendo claves para el comercio mundial y la competencia por el liderazgo regional no desaparece; mientras estas contradicciones sigan existiendo, cualquier tregua será temporal.

Desde una perspectiva marxista latinoamericana, la paz no puede entenderse simplemente como el silencio de las armas, una paz verdadera exige cambiar las relaciones de dominación que generan los conflictos. No puede haber una paz duradera mientras unos pocos Estados, pretendan decidir el destino del resto del mundo mediante la fuerza militar, las sanciones económicas o la presión diplomática.

Tampoco puede consolidarse una paz estable mientras las disputas por los recursos naturales, las fuentes de energía y los mercados sigan resolviéndose mediante la confrontación.

La experiencia latinoamericana también deja otra enseñanza. El derecho internacional pierde credibilidad cuando se aplica con una medida para los aliados de las grandes potencias y con otra muy distinta para quienes desafían sus intereses; este doble rasero alimenta la desconfianza y debilita cualquier intento de construir un orden internacional basado en reglas iguales para todos.

Por esto la defensa de la soberanía de los pueblos debe ser un principio válido sin excepciones; y quizás la principal enseñanza sea desconfiar de las explicaciones fáciles.

Las guerras no empiezan simplemente porque haya gobernantes buenos y malos, tampoco terminan con la firma de un acuerdo; detrás de cada conflicto hay intereses materiales, relaciones de poder y disputas económicas que necesitan ser analizadas con espíritu crítico.

Desde una mirada marxista latinoamericana, el imperialismo sigue siendo una pieza fundamental para entender muchos de los grandes conflictos actuales. Una política verdaderamente emancipadora exige mantener una mirada crítica sobre todos los Estados, defender el derecho de los pueblos a decidir su propio destino y rechazar cualquier forma de dominación.

Porque, al final, quienes siempre pagan el costo de las guerras no son los grandes empresarios, los fabricantes de armas ni las élites políticas, son los trabajadores, las familias humildes, los campesinos, los jóvenes enviados al frente de batalla y los pueblos que ven destruidas sus ciudades mientras otros se disputan el poder.

Esta sigue siendo, probablemente, la mayor lección que América Latina puede ofrecer al mundo: la paz solo será duradera cuando la vida de los pueblos valga más que los intereses del capital, de los imperios y de quienes han convertido la guerra en un negocio permanente.

La fábula del zorro y sus gallinas esterilizadas

Rafael A. Ugalde Q.*

Aunque parezca inaceptable, en pleno siglo de los avances tecnológicos, se sabía con más de una semana de antelación que Estados Unidos, actuando como el viejo zorro que es, entró en todos los gallineros encontrados a su paso para acallar cualquier cacareo entre sus asustadizas aves, ya esterilizadas y sin capacidad de posturas, desde hace años.

Un cable filtrado del secretario de Estado Marco Rubio reveló presiones de Washington para censurar y evitar en el seno de Las Naciones Unidas el debate sobre el bloqueo económico contra Cuba y sus inhumanos efectos. (Ver: https://espanol.almayadeen.net/noticias/politica/2204025/ee–uu–intenta-imponer-mordaza-global-en-onu-ante-debate-).

Según dicha información, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, envió un cable diplomático a sus embajadas para presionar a gobiernos de todo el mundo e impedir que Naciones Unidas celebre una sesión para debatir sobre la agresión económica a la que Washington somete a Cuba.

La fuente original proviene del estadounidense diario The Nation – fundado en 1865 y editado en Nueva York – cuando reveló los pormenores del cable filtrado, el cual confirma las denuncias de Cuba sobre la política agresiva de Estados Unidos que incluye un cerco energético.

Según el artículo, el documento ordena a las embajadas estadounidenses presionar a sus países anfitriones para oponerse al debate solicitado por Cuba en la Asamblea General de la ONU.

La reunión de la ONU se realizó el pasado 7 de julio y a pesar de los intentos de la delegación estadounidense de evitar el análisis del tema, el debate recibió el respaldo de 136 naciones, con solo nueve votos en contra y 30 abstenciones.

Costa Rica votó en contra de abrir el debate, en torno sí esta práctica que incluye medicinas y comercio, abarcando energéticos, atenta contra el Derecho Internacional y los derechos humanos.

Con plena sumisión diplomática a Washington, votaron igual que nuestro país, los mismos Estados Unidos, Argentina, Israel, Marruecos, República Checa, Macedonia del Norte, Paraguay y Ucrania.

El canciller cubano, Bruno Rodríguez, encabezó la delegación de su país, anunciando que presentará una denuncia formal contra las acciones agresivas de Washington, incluido el cerco energético que ha puesto en riesgo servicios esenciales como la salud, la alimentación y el transporte, agregó.

Las naciones Unidas discutirán los estragos ocasionados a Cuba por el antijurídico bloqueo comercial. Nuestro país apoyó al estadounidense. (F. Prensa Latina).

Diversos medios de prensa recogieron la versión del jefe de la diplomacia cubana, que calificó como «un acto de guerra» el cerco energético impuesto por Estados Unidos contra la isla caribeña.

Durante su intervención, el canciller cubano afirmó que las restricciones han agravado la crisis energética que enfrenta el país y reiteró el llamado de La Habana para que se levanten las sanciones estadounidenses.

Tras el triunfo diplomático cubano, un periódico digital suizo recogió declaraciones del canciller Rodríguez, en el sentido que el « Gobierno de Estados Unidos impone a Estados soberanos que abandonen su relación con Cuba no por interés propio ni por desventajas comerciales, sino por el dictado de un régimen ajeno, que se supone que no tenga jurisdicción ni autoridad sobre la actividad de ciudadanos y empresarios fuera de sus fronteras», apostilló; (ver: https://www.swissinfo.ch/spa/ee.uu.-se-opone-sin-%C3%A9xito-a-debate-sobre-bloqueo-a-cuba-en-la-asamblea-general-de-la-onu/91712237).

El diplomático caribeño hizo también referencia a la reacción fúrica de la Casa Blanca poco después de conocer la aplastante derrota propinada por la Asamblea General de la ONU aquel 7 de julio.

Los diplomáticos norteamericanos acreditados en la ONU recurrieron al viejo relato para matizar la arcaica justificación a favor del bloqueo. Acudieron a la argucia que Cuba tiene cientos de presos políticos, no respeta los derechos humanos etc.

El Gobierno de Cuba lleva registrados daños por el bloqueo estimados entre marzo de 2025 y febrero de 2026 por el orden de $8.103 millones de dólares.

Esta cifra representa un incremento del 7% respecto al periodo anterior y eleva el impacto acumulado histórico a más de $178.700 millones de dólares a precios corrientes.

¡Este zorro no cambia las mañas ¡!Tampoco sus gallinas!

*Periodista, abogado y notario por la UCR, miembro del Comité Bolivariano de Solidaridad Yamilet López.

De la asfixia imperial a la esperanza activa: Por una ontología de lo humano

Mainier Barboza

Por: Mainier Barboza Soto
Teólogo, analista crítico y dirigente social

I. El derrumbe de los fundamentos: Un diagnóstico de nuestra era

La crisis global contemporánea no es un fenómeno meramente económico o político; es, en su raíz, una fractura de las bases éticas que sostienen la convivencia. El texto bíblico expresa esta realidad con crudeza: «Si fueren destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer el justo?» (Salmo 11:3). Esta sentencia no debe leerse como un lamento pasivo, sino como un diagnóstico preciso: al perderse lo ético por la codicia humana, se fractura la esencia misma del ser.

En este escenario, la humanidad enfrenta un dilema existencial. Como señala Chomsky (2021), estamos ante la disyuntiva de «unirse o perecer». Vivimos bajo la sombra de un imperio sin controles que impone leyes nacionales a otros países como si fuera el árbitro absoluto del mundo, despojando a las naciones de su soberanía y a los individuos de su dignidad ontológica.

II. La ingeniería del «grito económico»: El caso de Chile como espejo

La historia nos ofrece lecciones amargas sobre la manipulación de las estructuras. El caso de Chile es emblemático: la «ingeniería del grito económico» fue acuñada a través de la intervención y derrocamiento de Salvador Allende. Detrás del bloqueo del cobre y las falsas huelgas que dañaron su economía, estuvieron las manos de la CIA, Nixon y Kissinger, (Kornbluh, 2013).

Es imperativo esclarecer que los centros de poder manejan el lenguaje para acuñar mitos: culpan al comunismo o al socialismo de cada fallo social, encubriendo así una economía diseñada para grupos poderosos. La realidad es que 12 magnates poseen una riqueza combinada que alcanzaría para repartir a 4 mil millones de personas —la mitad de la población mundial—, mientras 10 transnacionales controlan cerca del 80% de la distribución de alimentos (Oxfam, 2024). Este capital financiero especulativo asfixia a los agricultores y convierte la soberanía alimentaria en un mito.

III. De la Revolución Francesa a la hegemonía del capital financiero

Los principios de la Revolución Francesa han sido ajustados a los intereses de las élites: hoy vemos una «libertad» reducida al mercado libre, una «igualdad» solo entre grandes magnates y una «fraternidad» restringida a las transnacionales que se reparten el mundo.

Esta distorsión alimenta una de las principales contradicciones del sistema: el capital financiero versus el capital productivo. Como argumentó Correa (2012), hemos pasado de «Repúblicas bananeras» a «no Repúblicas» supeditadas a la especulación. Es necesario recuperar propuestas como la Tasa Tobin para frenar este casino financiero y revisar los postulados de soberanía estatal. Bajo la mirada de Rose Mary Muraro y Leonardo Boff, el mundo ha variado de una lógica de «ganar-ganar» a una de «ganar-perder», y hoy, con la destrucción de la casa común, estamos en un escenario de «pierde-pierde».

IV. La Esperanza Activa: Hacia una ecología integral y humana

Frente a los males que han salido de la «Caja de Pandora» de la modernidad, la respuesta no puede ser una esperanza pasiva. Debemos recuperar el adagio «A Dios rogando y con el mazo dando». Frente a la fallida teoría del derrame, Sachs (2021) propone una economía de la justicia que proteja lo aparentemente «no vivo» —agua, tierra, aire— tratándolos como parte de la integralidad de la Tierra. Como afirma el Papa Francisco (2015) en Laudato si’, debemos cuidar nuestra «casa común» bajo una ecología integral.

El sueño de Martin Luther King Jr. (1963) sigue vigente: que un día vivamos el verdadero significado de nuestro credo, donde sea evidente que todos somos creados iguales. El llamado hoy es a que los pueblos se unan sobre tres principios básicos: la paz, la justicia íntegra y la fraternidad universal.

V. Conclusión: Recuperar lo fundamental

Debemos superar los conceptos ideológicos por conceptos ontológicos que rescaten lo fundamental: la humanidad. Para los creyentes, fuimos creados para ser felices y vivir en libertad; para los no creyentes, la evolución nos ha dado las capacidades para compartir en armonía los bienes de la Tierra.

Si queremos sobrevivir, debemos amar la casa común como a nuestra propia madre, desterrando el nefasto patriarcado y recuperando nuestra dignidad. Los bienes de la Tierra están para ser compartidos de forma gregaria, no para ser acumulados.

Referencias Bibliográficas (APA 7.ª Edición)

  • Biblia de Jerusalén. (2009). Salmos. Editorial Desclée de Brouwer.

  • Boff, L. (2004). Introducción. En R. M. Muraro, El destino del capital dinero. Editorial Planeta.

  • Borón, A. (2014). América Latina en la geopolítica del imperialismo. Ediciones Continente.

  • Chomsky, N. (2021). El dilema de la humanidad: Unirse o perecer. Editorial Crítica.

  • Correa, R. (2012). De la república bananera a la no república. Debate.

  • Galeano, E. (2004). Las venas abiertas de América Latina. Siglo XXI Editores.

  • King, M. L., Jr. (1963). I have a dream [Discurso]. March on Washington for Jobs and Freedom.

  • Kornbluh, P. (2013). The Pinochet File: A Declassified Dossier on Atrocity and Accountability. The New Press.

  • Oxfam. (2024). Desigualdad S.A.: Cómo el poder corporativo divide nuestro mundo. Informe Anual.

  • Papa Francisco. (2015). Carta Encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común. Tipografía Vaticana.

  • Sachs, J. (2021). Las edades de la globalización. Deusto.

  • Tobin, J. (1978). A proposal for international monetary reform. Eastern Economic Journal, 4(3-4), 153-159.

Sobre el autor: Mainier Barboza Soto es teólogo con estudios en economía, dirigente social y analista crítico. Su labor se centra en el empoderamiento de la sociedad civil como protagonista del cambio, promoviendo la articulación entre la academia, los tomadores de decisiones políticas y las fuerzas económicas para construir un modelo de desarrollo humano y solidario.

El Imperio espera la rendición; Cuba responde sin claudicar

José A. Amesty Rivera

Cada cierto tiempo, los voceros del poder imperial vuelven a lanzar la misma profecía, ahora sí cayó Cuba, ya sí se derrumba la Revolución, ahora sí llegó el final.

Lo dijeron cuando desapareció la Unión Soviética, lo repitieron durante los años más duros del Período Especial, lo anuncian con cada crisis económica, con cada apagón y con cada ola migratoria.

Y, sin embargo, aquí está Cuba, golpeada, asediada, castigada por carencias reales que afectan la vida cotidiana de millones de personas, pero de pie.

Esta es la verdad que incomoda a Washington y a sus operadores políticos y mediáticos; porque el problema nunca fue la democracia ni los derechos humanos, el problema fue siempre otro, que una pequeña isla del Caribe se atrevió a romper las cadenas de la dependencia, recuperó el control de su destino y desafió el dominio imperial a apenas noventa millas de la mayor potencia militar del planeta.

Desde 1959, EEUU no ha dejado de intentar doblegar a la Revolución Cubana con: invasiones, sabotajes, terrorismo, financiamiento de grupos desestabilizadores, campañas de desinformación, guerra económica y aislamiento diplomático, que forman parte de una misma estrategia histórica, rendir por hambre a un pueblo que decidió no obedecer.

Por esto el bloqueo no es una simple sanción económica, es una guerra prolongada contra una nación soberana, es una política deliberada de castigo colectivo diseñada para provocar desesperación, fractura social y rendición política. Ningún país latinoamericano aceptaría durante sesenta días lo que Cuba ha soportado durante más de seis décadas.

Quienes hoy intentan explicar la crisis cubana exclusivamente como resultado de un supuesto fracaso del socialismo, no buscan comprender la realidad, buscan construir un relato utilizable a los intereses de quienes jamás aceptaron la independencia de Cuba.

No existe análisis serio que pueda ignorar el peso brutal del bloqueo sobre la economía cubana; la imposibilidad de acceder libremente a mercados, créditos, tecnologías, inversiones y sistemas financieros internacionales, tiene consecuencias concretas sobre la producción, el transporte, la energía, la salud y la vida cotidiana del pueblo.

Pero sería igualmente irresponsable cerrar los ojos ante los problemas internos, precisamente porque defendemos la Revolución, tenemos la obligación política y moral de hablar con claridad. El bloqueo explica una parte decisiva de las dificultades, pero no todas.

Existen problemas estructurales que requieren respuestas urgentes, como que, persisten trabas burocráticas que frenan decisiones necesarias, existen insuficiencias productivas que afectan la capacidad de generar riqueza social, se perciben desgastes institucionales y mecanismos de participación popular, que necesitan fortalecerse para responder a los desafíos de una nueva etapa.

La crítica revolucionaria no es una concesión al enemigo, por el contrario, la crítica revolucionaria es una herramienta de defensa del propio proceso revolucionario.

Los pueblos que hicieron revoluciones no las hicieron para administrar inercias, ni para preservar estructuras inmóviles, las hicieron para transformar la realidad. Defender la Revolución significa tener el coraje de corregir errores, combatir privilegios, enfrentar deformaciones burocráticas y abrir nuevos caminos para la participación popular.

La peor amenaza para cualquier proyecto emancipador no es la discusión, es el inmovilismo. Las recientes conversaciones entre La Habana y Washington expresan las contradicciones del momento histórico.

En sectores del poder estadounidense existe una constatación imposible de ocultar, después de más de sesenta años de agresión, la Revolución Cubana no ha sido derrotada.

No lograron destruirla con invasiones, no lograron destruirla con atentados, no lograron destruirla mediante el aislamiento, no lograron destruirla mediante el bloqueo.

Pero también saben que el desgaste económico acumulado, puede generar condiciones favorables para impulsar una restauración capitalista gradual, presentada como modernización, apertura o normalización y aquí reside uno de los grandes peligros de la coyuntura actual, porque la historia latinoamericana ofrece demasiados ejemplos.

Los mismos grupos económicos que privatizaron empresas públicas, destruyeron derechos laborales, multiplicaron la desigualdad y entregaron recursos estratégicos a corporaciones extranjeras, son los que hoy aparecen como supuestos defensores de la libertad y el progreso.

Nuestra América ya conoce esta receta, la aplicaron bajo la supervisión del Fondo Monetario Internacional, la aplicaron en nombre de la eficiencia, la aplicaron prometiendo prosperidad.

Y el resultado fue más pobreza, más dependencia, más exclusión y más concentración de la riqueza; por esto la salida para Cuba no puede ser el regreso al neoliberalismo.

La respuesta tampoco puede consistir en administrar indefinidamente las dificultades existentes, la respuesta debe surgir desde una profundización del proyecto revolucionario, como:

Más participación popular, más protagonismo de los trabajadores, más control social sobre la economía, más cooperativas, más capacidad productiva, más combate contra los privilegios burocráticos, más democracia socialista, más Revolución.

Porque la disyuntiva no es socialismo o mercado, la verdadera disyuntiva es soberanía o dependencia.

Quienes, desde Miami, o desde determinados centros de poder sueñan con convertir a Cuba en un paraíso para fondos de inversión, especuladores financieros y grandes cadenas transnacionales, no están pensando en el bienestar del pueblo cubano.

Están pensando en negocios, no buscan justicia social, buscan restaurar privilegios, no buscan soberanía, buscan subordinación, no buscan democracia popular, buscan recuperar espacios de dominación perdidos en 1959.

La izquierda latinoamericana tiene una responsabilidad histórica en este momento, ya que solidaridad no significa silencio, solidaridad tampoco significa repetir consignas mecánicamente.

La verdadera solidaridad consiste en defender sin vacilaciones el derecho del pueblo cubano a decidir su propio destino, frente a cualquier forma de injerencia imperial, al mismo tiempo que se promueve un debate revolucionario, capaz de fortalecer, renovar y proyectar hacia el futuro las conquistas alcanzadas.

Porque la batalla de Cuba nunca ha sido solamente una batalla cubana, es una batalla latinoamericana. Es una batalla de todos los pueblos que luchan por la independencia, la justicia social y la dignidad nacional.

Por eso Cuba sigue siendo un símbolo, no porque sea perfecta, no porque esté libre de errores o contradicciones, sino porque representa una verdad que el imperialismo jamás ha logrado destruir, como que los pueblos tienen derecho a construir su propio destino sin amos, sin tutelajes y sin imposiciones extranjeras. Mientras esta convicción siga viva, la Revolución seguirá siendo una posibilidad abierta.

La tarea de esta hora no es administrar la derrota, la tarea es impedir la restauración, la tarea es defender la soberanía, la tarea es abrir un nuevo ciclo de participación popular, transformación económica y ofensiva revolucionaria.

Porque Cuba no está vencida y porque los pueblos de Nuestra América todavía tienen cuentas pendientes con la historia.

¡Se llevaron todo!

Rafael A. Ugalde Q.*

Al principio no fue así. Perteneció a los pueblos de la antigua Grecia, Nuestra América o los chinos, cada uno tenía su forma de competir, de mostrar su destreza, unir y alegrar a sus comunidades, al fin y al cabo, el hombre deja de ser humano cuando olvida su animal social por naturaleza, que lleva dentro quiera o no.

Sí, los famosos juegos de nuestros aborígenes, mediante el cual pasaban un objeto por un aro, el llamado Cuju chino, el Episkyros griego o el fútbol de carnaval de la vieja Europa, todos sin excepción y a su manera – para decepción de quienes encasillan todo como el “opio de los pueblos” – contribuyeron a la identidad de pueblos enteros, movilizados por un ideal y una victoria.

Seguramente sí Marx, Lenin, Engels, Rosa Luxemburgo, Fidel, Mariátegui, el “Che” o Chaves, etc., estuvieran vivos, nos mandarían a analizar con más dedicación y más seriedad como este sistema de la maximización de la ganancia – no basta la cajonera palabra “capitalista” – cuando se deja a la libre y sin orden alguna del mercado a favor de las mayorías, quienes sobornan, hacen lobby, recurren a la diplomacia o al poder de los paraísos fiscales, arrollan todo a su paso, desnaturalizan todo, se vuelven en peligrosísimos depredadores.

Este acabose de la llamada “fiesta” del pueblo cada cuatro años empezó, sobre todo, a partir de 1974, cuando el brasileño Jao Havelange descubrió el “dulce encanto” del tráfico de influencia, los negocios sucios, limpiados por la política y la televisión, encontró en el silencio de sus súbditos una valiosa moneda de cambio para la compra de conciencia, etc., hasta llegar hoy a la actual Copa Mundial instrumentalizada con todos los mecanismo de los que hace uso el sionismo, el nazismo y el fascismo.

Sin embargo, fue con la llegada del suizo, Joseph S. Blatter, (1998 – 2015) a la presidencia de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), tras el retiro de Havelange, cuando este organismo hace otro “descubrimiento” para quedar por encima incluso de la misma ONU.

La FIFA nació el 21 de mayo de 1904, cuando se asoció el futbol francés, el belga, el danés, el holandés, el español, el sueco y el suizo. Cuenta actualmente con 211 naciones afiliadas, mientras hay 193 en Naciones Unidas, tiene sus disposiciones legales que se cumplen sí o si en todos sus miembros, a veces por encima de leyes locales.

Blatter, lejos de enderezar la barca, giró el timón sobre tormentas de arena de todo tipo, hasta que el actual presidente de la organización, el italiano Giovanni Vincenzo Infantino (asumió en 2016), ya sin nada que perder y ganando todo, terminó aliándose con las monarquías árabes, dándole a Qatar el mundial de 2022.

Sí alguna vez, como en 2015, el FBI y las autoridades suizas detuvieron a docenas de altos ejecutivos por sobornos, fraude y lavado de dinero, hoy la diversificación de los negocios de la FIFA casi hace imposible ese cometido.

Al tráfico de lo que sería en este siglo “pies de obra” barata desde el Sur Global, en lugar de “mano de obra “regalada como solían llevar y traer esclavos en el pasado, ahora las naciones industrializadas llaman a esto eufemísticamente “fichaje” o “transferencia” de jugadora o jugador.

Controla además apuestas bajo la libertad de comercio y la autonomía de la voluntad, maneja resultados de partidos por distintas plataformas, todo moralmente apegado a las reglas del llamado Occidente colectivo, no vaya a ser que confundan todo esto con aquellos repugnantes mafiosos que todo lo hacían en la oscuridad.

Lo mismo le da promover en los estadios la marca de un condón, una empresa de transporte aéreo, una pachita de ron o un botellón de cerveza. Sí las tabacaleras no estuvieran de capa caída por el cáncer y los desastres del tabaco en la salud, usted vería la publicidad de marcas de cigarrillos por todo lado dentro y fuera de los estadios.

El argumento dado sobre el negocio va dirigido a personas subnormales. El fútbol – argumentan – necesita financiamiento y dicha publicidad no está dirigida a los niños ni jóvenes acompañantes de sus padres en los reductos deportivos o ven el partido por cualquier canal que, de paso, debe pagarse por ello.

No hubo en el mundo un país que el portero ruso Yashin no inspirara a los jóvenes. En Río Janeiro, Brasil, actualmente rinden homenaje con una estatua suya.

Pero no siempre fue así. El futbol, además de unir a “iguales” en torno a un balón, un árbitro y 22 participantes, generalmente salidos de los cinturones de miseria, nos dio a ese rebelde de todos los tiempos, Diego Armando Maradona, a quien la FIFA jamás amansó.

Ordenaron a Maradona dejar de hablar sobre corrupción, racismo y negocios no del todo claros en el balompié asociado de su tiempo; sin embargo, ni las amenazas ni los boicots en contra de él lo apaciguaron.

¿A cuántos millones de jóvenes menores de 20 años inspiran aún hoy aquella selección juvenil de la antigua URSS, que en 1977 ganó en Túnez el primer mundial en su categoría y abrió para siempre el camino para este tipo de certámenes?

Y cuando hablamos de patrimonio mundial de los pueblos, no podemos dejar por fuera a Lev Yashin (n.22/10/1929- m.20/3/1990), conocido en todos los continentes como la impenetrable Araña Negra. Caballero de principio a fin fiel siempre a su Rusia y revolucionario hasta su muerte, deceso ocurrido a raíz de complicaciones por la diabetes.

Por eso cualquiera de los líderes revolucionarios citados líneas atrás, especialmente Lenin, verían con crudeza en cada partido el “imperialismo como la fase superior del capitalismo”; a la vez una puerta abierta para pelear por las grandes transformaciones.

Allá largo, donde denominan las tribunas VIP de los estadios, los palcos no albergan la soberanía popular, sino al capital transnacional unificado en monopolios financieros que dictan leyes, eximen impuestos y exigen la suspensión de soberanías locales para el libre tránsito de sus mercancías.

Ciertamente, Federico la Mont en su brillante artículo, da en el clavo, (https://latitudmegalopolis.com/2026/06/11/futbol-con-marx-y-engels/); cuando nos dice que el fútbol actual ya no pertenece a las masas – el suscrito prefiere llamarlo proletariado – que lo crearon; es la puesta en escena de una corporación de depredación intensiva que explota identidades nacionales para acumular riqueza abstracta en paraísos fiscales.

Agregaría solo algo que el futbol conserva y perdemos a veces de vista. Y ello es trascendental. La solidaridad y el alma reflejada durante los noventa minutos de los partidos entre quienes lucían en las graderías los colores de la Palestina martirizada. Durante el partido entre Nueva Zelanda e Irán resultaba conmovedor como explosionaban los aficionados cada vez que el árbitro se hizo de la vista gorda y no pitó a los persas dos faltas penales.

O cada vez que los persas venían desde atrás con el marcador en contra y emparejaron a 2-2 el resultado final.

El futbol nos enseña, si bien es cierto se presenta dentro un rectángulo de juego, donde se combina con exactitud velocidad, tiempo y forma, sea con un esquema 1-4-4-2; 1-5- 4-1 e interminables combinaciones de este dibujo táctico, es cierto asimismo que los enemigos son minoría, pero pueden cuando no hacemos nada y con miles de jóvenes, mujeres y hombres que protestaban contra la dictadura chilena, por ejemplo. Sí nosotros también sabemos, podemos y queremos, la cosa cambia.

El que dude consulte la historia.

*Periodista y exjefe de la redacción de deportes del Semanario Universidad.

No habrá réquiem por quienes quieren que olvidemos / Parte 2

Rafael A. Ugalde. Q.*

Fidel en sus cien años sigue fusil al hombro luchando contra el fascismo de ayer y hoy como “brazo armado y expresión más acabada del pensamiento reaccionario burgués e imperialista».

Sí alguna duda hubo en la edición anterior como el imperialismo europeo nos “premió” con quintas columnas para secar los intentos revolucionarios en Hispanoamérica, es cuestión de revisar como la Revolución mexicana de 1910 es reducida a simple “evolución” y “reformas”.

Es hasta que, en 2018, los mexicanos escogen entre el “neocorporativismo “como única opción de desarrollo por quienes se habían enriquecido sirviendo al Partido Revolucionario Institucional (PRI), o elegían con todo y el temor infundado por los medios de desinformación tradicionales, algo distinto que les devolviera patria, pusiera a los viejitos, los jóvenes sin becas y los obreros con salarios congelados, en el centro de todas las decisiones economicistas de sus tecnócratas.

La campaña entonces a favor de la familia, la religión y la democracia desatada por estas elites de la llamada “derecha” neoliberal encontró asidero incluso allende de las fronteras mexicanas con amenazas abiertas como retirar inversiones si el “comunismo” chavista y cubano – haciendo alusión a Venezuela y Cuba – tomaba el control de México.

Nada del desastre pronosticado por los multimillonarios organizados en el “corporativismo” ocurrió. Por el contrario, 13 millones de mexicanos fueron rescatados de la pobreza, empresas españolas que controlaban gran la producción de electricidad se les pagó sus inversiones y les dieron las gracias, las mañas introducidas por grupos de intereses acostumbrados a ordeñar la seguridad social, están bajo control y disminuyen, por ende, con asombro las muertes por falta de atención adecuada etc.

Ciertamente, México está remotamente lejos de derrotar cinco siglos de coloniaje y bandolerismo oficial, pero sin ser declarada nación “comunista” o “socialista” logra, modernizando su poder judicial, la Comisión Nacional Electoral de grosero servilismo pasado etc., devolver un poco de confianza a millones de nacionales bajo el zapato de “la dictadura perfecta” ideada por un achacoso y corrupto PRI.

Los “corporativistas” se identifican en todas partes como grupos poderosos con intereses económicos específicos, que logran aglutinarse alrededor de gobiernos de mano dura encabezados generalmente por un ejecutivo con competencias de “gerente”, mientras la llamada “derecha” Hispanoamericana tiene marcada debilidad por modelos reformistas, defensores de valores tradicionales como la religión, la paz social, la institucionalidad etc.

Ambos protagonistas son populistas por excelencia y se nutren principalmente de amplios sectores de la denominada clase media, por lo que es usual que en determinados momentos históricos juntos cierran filas con el fascismo, como expresión reaccionaria del imperialismo.

Así, por ejemplo, las luchas revolucionarias en República Dominicana, de vieja data desde antes de 1940 (México, Colombia, Venezuela, Argentina, etc., tuvieron sus propios líderes reformistas) fueron frenadas en seco como Joaquín Balaguer Ricardo, quien sirvió a los gringos durante 22 años, en la década de los sesenta como modelo a seguir en la región,

Allá como acá el esfuerzo fue titánico para borrar de nuestro ADN y la memoria colectiva, con leves excepciones, las grandes luchas populares desde principio del siglo XIX hasta mediados del XX.

Sin embargo, esa alma de resistir y luchar está allí, tapadita “es más bonita” para muchos, de vez en cuando se viste de pueblo paraguayo y dice basta ya de corrupción y evasión de impuestos por ustedes ricos malditos.

En Bolivia se trajean de Aymara y mineros para desgañitarse con su ¡yankis ustedes no mandan aquí!, mientras en Honduras los hijos de Lempira, Morazán y la Berta Cáceres advierten a Trump que ¡esta patria no es de tus nos narcos!, etc.

Y nuestro país no ha sido la excepción en Nuestra América, como cuando su pueblo triunfó sobre la “república bananera” de la “Yunai”, Todo un acontecimiento con un antes y un después para miles de trabajadores y trabajadoras, que, hoy, siguen beneficiándose.

En una entrevista para la agencia Prensa Latina en la década de los ochenta con el líder de los comunistas locales, Manuel Mora Valverde éste no titubeó en calificar dicha huelga como “histórica”, porque según enfatizó, “definió de una vez por todas el aguinaldo como un derecho ganado para todos los trabajadores de nuestro pueblo”.

Recuerdo perfectamente la rememoración hecha por él en su amplia biblioteca de su residencia de San Pedro, cuando narró que los jefes del enclave bananero habían ordenados a sus “esbirros” disparar contra los “subversivos” llegados desde San José para alterar “el orden” y la “paz” en aquellos confines.

  • ¿Sí es cómo usted dice, por lo que no me caben dudas, cuál fue entonces el secreto para mantener la cohesión de la huelga y en los trabajadores?

  • Re/. La solidaridad entre los trabajadores y el clarísimo convencimiento de ellos en cuanto a que su lucha no podía perderse. Fíjese que como había ordenes de eliminar a sus dirigentes, visitábamos por la noche a los trabajadores en sus barracones, mientras en el día escondíamos a nuestra gente en la montaña, muchas veces con hambre y bajo fuertes aguaceros”.

Eso es lo que quieren que te oculte. Ni como periodista, vecino de un barrio humille o simplemente como jovenzuelo aún, rehuiré a la trinchera en la que la vida me ponga. No señoritos ni señoritas. No importa si son nuevos “socialdemócratas “, “socialistas democráticos”, del “progresismo” o “corporativistas”. ¡No! ¡No pidan imposibles!

Estos bananeros y bananera, sin no otro título que la conciencia desarrollada por el constante choque con una dura realidad social no escogida por ellos, obtienen así, a fuerza de razón y alma, reajustes en sus salarios, pago de horas extras, vivienda digna para los bananeros y sus familias, así como servicios de electricidad y agua potable, entre otros. ¡Y sin ceder un solo principio!

Pero esta conciencia – tengo aún dudas si ella es posible alcanzarla hoy solo a través de correos electrónicos y WhatsApp – tiene su peligro para quienes no dejan las mañas de culpar al socialismo y el comunismo de todo lo malo que ocurre en el planeta (Ver Laura Fernández, presidenta de la república, conferencia de prensa 27/5/2026).

Sí fuera como afirma la mandataria de esta bendecida nación con más maestros que soldados – repito lo que me enseñaron desde la escuela y me enfatizaron en los Estudios Generales de la benemérita U.C.R – los comunistas de Vietnam tendrían a su pueblo viviendo en la época de las cavernas.

SÍ… Una “Suiza Centroamericana” que según el Atlas Comparativo de la Defensa en América Latina y el Caribe publicado en 2016, muestra gastó seguridad la escandalosa suma de 949.094.945 dólares, superior a la suma de El Salvador, Honduras, Guatemala y Nicaragua, con militares de carrera aglutinados alrededor del ejército. (Consúltese: https://actualidad.rt.com/actualidad/244484-pais-latinoamericano-tiene-altos-gastos-seguridad).

En contraste con la paz vivida, los comunistas de Vietnam sufrieron una guerra impuesta durante 20 años, pero se han repuesto y hoy ese país tiene una robusta industria farmacéutica. En su sistema integrado de seguridad social coexisten la medicina moderna, la tradicional con miles de años de curar gente y terapias propias de procedencia china e india.

No se han documentado todavía entre los vietnamitas que alguien haya muerto esperando un cateterismo ni que hayan fallecido personas esperando una cita con el especialista, que siguen vivos en la lista de espera, seis meses después de su entierro.

Otro ejemplo, que a muchos ilustrados y otros del bajo mundo preferirían no saber nada, tiene que ver – para desgracia de ambos sectores – con la siempre solidaria Cuba, bloqueada y asediada inmisericordemente por los verdaderos enemigo de los pueblos.

No está de más recordar que en ocasión de la pandemia del Covid 19 no solo inmunizó a su población con vacunas desarrolladas por su industria farmacológica, sino que cuando los ecuatorianos y bolivianos caían en las aceras, dijo presente.

Se trató de las inyectables Abdala, Soberana 02, Soberana Plus, Mambisa y Soberana 01, con las cuales inmunizaron a más de 11 millones de cubanos bloqueados.

Empaque de dosis inmunológicas contra el cáncer. (Información y foto tomada de https://insurgente.org/cuba-presento-hebersavax-un-producto-de-su-biotecnologia-con-grandes-potencialidades-en-la-lucha-co).

Siete años después de aquella pandemia, la ciencia médica cubana, en peores condiciones materiales que en 2019, pone nuevamente a disposición de los pueblos otra vacuna como terapia contra el cáncer.

Se trata de la CIMAvax- EGF desarrollada integralmente por el ya conocido mundialmente Centro de Inmunología Molecular, inaugurado desde 1994.

Las dosificaciones están orientadas s luchar contra el cáncer avanzado de pulmón. Esta aprobada actualmente en naciones como Argentina, Paraguay, Perú, Colombia, Bosnia y Kazajistán,

De esta manera, Cuba se pone a la cabeza en América Latina para dotar a su seguridad social de una terapia para ese mal in creciendo en el mundo.

Sin petróleo, su gente movilizada para enfrentar una posible invasión anunciada por Trump y ya sin inversionistas privados, esta isla resiste en dar semejante “mal ejemplo”, en cuanto a lo que son capaces de alcanzar los pueblos cuando son soberanos y verdaderamente independientes.

La hostilidad contra todo logro alcanzado por los pueblos alcanza incluso a la República Popular China, posesionándonos la idea que el Partido Comunista Chino tiene esclavizados de hambre a más de 1.400 millones de personas.

Juegan con tan poca nobleza contra el sentido común de la gente que nos llevan a que creamos que los chinos aún recurren a las señales de humo para que los habitantes de Pekín se comuniquen con los de Shanghái.

¡La mentira, sin duda alguna, tiene patas cortas!

*Periodista, abogado y notario por la U.C.R, miembro deL Comité Bolivariano de Solidaridad con los pueblos.

Otra vez contra un pueblo hermano

Rafael A. Ugalde
Periodista, abogado y analista político

El teatro de la mentira está montado. Y el guion es el mismo que en el pasado, cuando cayeron sobre la isla de Granada, Guatemala, Nicaragua, República Dominicana, Panamá, la República Bolivariana de Venezuela o Chile de Allende, etc. La lista es grande y es más fácil enumerar qué pueblo de Nuestra América a quedado al margen de las amenazas primero, luego del invento de una «novela para coeficientes limitados, para después invadirlo, saquear sus riquezas, deponer gobiernos, matar o secuestrar gobernantes – qué parecer ser esto último la nueva moda impuesta por la Casa Blanca, cuando no asesina selectivamente gobernantes, se los lleva como hacían los Imperios decadentes-, como ocurrió el 3 de enero pasado en Caracas. En fin, ningún pueblo está ajeno a la exigencia de sangre fresca. En la nueva farsa contra Cuba, no habían terminado de montar el show de la acusación contra el General de Ejército Raúl Castro Ruz, líder de la Revolución cubana, cuando un grupo de ataque de portaviones encabezado por el USS Nimitz y el Destructor USS Gridley entró en el Mar Caribe, como presión militar contra la Antilla Mayor.!

¡Que equivocados están estos degenerados! Si creen que con ello el valiente y ejemplar pueblo cubano saldrá corriendo, se equivocan de tajo a rajo. Los revolucionarios cubanos, desde hace más de sesenta años, borraron la palabra miedo del diccionario. Hasta el último cubano y cubana morirán defendiendo el socialismo. La trayectoria de lucha viene desde la Colonia primero, y luego, durante todo el periodo de democracia para las minorías de entonces. Junto al comandante Fidel Castro aprendieron desde 1960 que ningún pueblo en el mundo, que ninguna nación en el orbe, ha sobrevivido luego de hacer concesiones a quienes los expolian y son insaciables en su sed por sangre.

En Miami convocaron a la prensa que ustedes ya conocen y tejieron la historia contra Raul con tufo de cadáver, porque los hechos ocurren en 1996, pero los presentan como si fueran en 2026. De Miam no te extrañe nada. Es conocida por albergar y dar refugio a Luis Posada Carriles y Orlando Bosh, quienes en 1976 fueron señalados por el acto terrorista que terminó con la vida de múltiples deportistas que viajaban en un avión de Cubana de Aviación que hicieron explotar en pleno vuelo. Estos grupúsculos han vivido en la máxima comodidad vendiendo eslóganes contra la Revolución.

No dicen que lo sucedido hace 30 años atrás fue un hecho de plena defensa de la soberanía de Cuba ocurrido cuando dos aeronaves controladas por la organización confiesan como terrorista, Hermanos al Rescate, ingresó al espacio aéreo cubano proveniente desde Miami, desoyendo las advertencias legales realizadas por radioperadores de la isla después de ingresar a la jurisdicción cubana. ¿Esperaban acaso que las autoridades de la isla se cruzaran de brazos? ¿O se creyeron sus propias fábulas de una nación en crisis? No hubo ni habrá alfombra roja para estos intrusos. El motivo es sencillo y el momento es inmejorable: Cuba no está sola y no hay un pueblo en el mundo que no esté en deuda con la Revolución por su solidaridad, el respeto por el camino escogido por otras naciones hermanas, por poner el ser humano en el centro de toda decisión social. Basta recordar que, pese a su infernal bloqueo comercial y financiero, fue el primer país que produjo dos vacunas contra el COVID, que puso a disposición de sus vecinos, a pesar, como se dijo, de un feroz bloqueo. Aún con el actual y criminal cerco energético, Cuba sigue haciendo ingentes esfuerzos para dar salud a su acosada niñez, a sus jóvenes universitarios que quieren contribuir con el desarrollo de su país.

Hace esfuerzos sobre humanos para agradecer a los abuelos todo lo que dieron en el pasado, dando ahora dentro de sus limitadas posibilidades, atención médica digna. Cuba no es amenaza para nadie sus únicas armas nucleares producidas en la isla son las ideas y la firmeza. Pueden terminar con hombres y mujeres, pero nunca con sus ideas ni los principios. Estos no se matan, entiendan eso. Cuba nos necesita. El momento no puede pasar inadvertidos en esta región de paz, pero no se equivoquen. A organizarnos ya y a estar listos a luchar en el campo que el enemigo nos quiera probar. Es la hora de Nuestra América. Es la hora de la verdad. Ahora o nunca. Contamos con vos.

Guerra y religión en Oriente Medio

Por Arnoldo Mora

Entiendo por “fundamentalismo” el intento ideológico por justificar la irracionalidad debido al abuso del poder, recurriendo a una interpretación suprarracional de la acción humana, con fines éticamente inaceptables en razón de su carácter inhumano, que puede llegar a una dimensión genocida. El recurso a la divinidad o a fuerzas sobrehumanas con el fin de imponer su voluntad de manera brutal, ha sido el recurso al que suelen recurrir los déspotas de todos los tiempos. Pero el fundamentalismo, si bien de origen esencialmente religioso por sus implicaciones metafísicas, se extiende también a otros ámbitos del quehacer humano, como la economía, la tecnología o la cultura; aunque lo más frecuente es el recurso al fundamentalismo religioso para legitimar pretensiones de sojuzgamiento político con fines de explotación de recursos humanos y naturales, o de expansionismo imperial.

Tal es el caso de lo que ahora mismo estamos viendo en la más reciente guerra, la que ha librado el eje Estados Unidos-Israel contra Irán. Los primeros recurren a argumentos religiosos, ya que invocando una supuesta condición de “pueblo escogido” por Dios, les daría un supuesto derecho divino a expandir las fronteras del actual Israel para crear el “Gran Israel”, que iría del Río Éufrates en el Este hasta el Río Nilo en el Oeste. Tal argumentación pseudoteológica se fundaría, según la exégesis bíblica de los sectores fundamentalistas judíos que constituyen la base político- ideológica del régimen de Netanjahu, y los movimientos evangélicos norteamericanos representados en el gobierno de Trump por su Ministro de Guerra y por el embajador en Tel Aviv, en los dos últimos capítulos del libro del Profeta Ezequiel, que anuncia proféticamente el retorno del pueblo de Israel, exiliado en Babilonia, al reino de Judea. Valga la pena enfatizar en que la enseñanza y la valiente actitud asumida por el Papa León XIV expresa la interpretación correcta de los textos proféticos. Demás está insistir en que todos los hombres y mujeres honestos sin distingos de ninguna especie, acuerpen la posición del Sumo Pontífice. Por su parte y contradiciendo esa grotesca interpretación de los sectores fundamentalistas, el propio Talmud concibe al pueblo de Israel, no como un territorio sino como un conjunto de comunidades (“diáspora”) que conviven pacíficamente con las naciones en cuyo seno cohabitan.

Evidentemente la argumentación fundamentalista es deleznable aunque de efectos aterradores en todas las épocas, pero especialmente en la actual, en razón del carácter destructor de toda forma de vida de que está dotado el armamento moderno, debido a su aterrador poder que posee gracias al incremento de los presupuestos multimillonarios destinados al desarrollo científico y tecnológico con fines militares. Recurriendo a los drones y cohetes como armas de guerra e instrumentos para lograr lo que en la estrategia militar se solía llamar ”ablandamiento artillero” , cuyo objetivo es destruir con bombas los puntos estratégicos del enemigo (puentes, carreteras, campamentos, frentes de avanzada, centros de telecomunicación, etc.) y provocar el terror en las filas y la población del enemigo, con el fin de preparar la invasión posterior del grueso de las tropas del ejército de tierra, esta infernal estrategia militar ha servido frecuentemente para aniquilar implacablemente a la población civil desarmada e inerme, compuesta mayoritariamente por niños, mujeres, ancianos y enfermos, lo cual le ha dado un carácter infernal a las guerras modernas. Todas las guerras lo han sido siempre, pero ahora la tecnología las ha hecho monstruosamente deletéreas, hasta el punto de que el recurso al armamento atómico y a la guerra biológica podría poner fin a la especie humana. Eso hace de la guerra un mal en sí, la negación del don más precioso, cuya preservación e incremento es la razón de ser de la ética, como es la vida, no sólo la humana sino en todas sus formas y manifestaciones.

Pero la guerra o el genocidio no son un destino fatal para la humanidad. Como respuesta civilizada a la búsqueda e implementación del poder, el ser humano ha ideado la “política”, es decir, el recurso al discurso, a la palabra persuasiva basada en argumentos racionales, con el fin de provocar consensos en que se funde el ejercicio de la libertad colectiva. De esta manera, los pueblos asumen los desafíos del presente y avizoran horizontes de esperanza hacia el futuro. Para lograr tan nobles objetivos, se han creado instituciones regidas por todo un cuerpo de leyes llamado “derecho internacional” o normas que rigen las relaciones entre naciones; con ello se hace factible que el enfrentamiento dialéctico desemboque en acuerdos políticos. El derecho internacional e instituciones como Naciones Unidas, han sido creados con este objetivo. Cumpliendo estrictamente las normas del derecho internacional bajo la supervisión de organismos supranacionales a fin de cumplir los acuerdos logrados, se alcanzarán los nobles objetivos de la política. El diálogo político que no rehúye el enfrentamiento ideológico, firme pero cortés, hace del otro un interlocutor con derechos y deberes, es decir, una “persona” y no un enemigo a destruir, como en la guerra. Porque quien trata al otro como un ser infrahumano, se deshumaniza él mismo; quien trata al otro como bestia, se convierte en bestia él mismo.

Por desgracia, lo que acabo de decir lo han vivido trágicamente los pueblos de Irán y Palestina, especialmente éste último. Estamos ante la bestialidad pura, todo sustentado cínicamente en argumentos pseudoteológicos; lo cual contradice palmariamente la enseñanza original de los maestros de las que se nutren esas ancestrales tradiciones religiosas. La utopía religiosa por excelencia en las religiones sinaíticas es la paz (shalom). Pero la paz es el fruto del reconocimiento de la dignidad del otro en su condición de desvalido. Nadie como el profeta Jeremías, fundador del nacionalismo judío, lo dijo en estos inequívocos términos: “Dios es la mirada de la viuda, del huérfano y del extranjero”. Y el más grande de los profetas de Israel, Isaías, dijo esta sentencia que nunca como ahora debe aplicarse en este abominable conflicto: “La paz es obra de la justicia”.