Ir al contenido principal

Etiqueta: Manuel Rojas D.

¿Qué es un comité patriótico?

Lic. Manuel Rojas D.

1

Costarricenses,

Hay palabras que usamos tanto que, con los años, dejamos de preguntarnos qué significan. Comité es una de ellas. Patria es otra.

Un comité, en su sentido más elemental, no es más que un grupo de personas que decide reunirse para atender una tarea común. No exige que todos pensemos igual. Tampoco que tengamos la misma profesión, edad, origen, religión o pensamiento político. Lo que exige es algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, más difícil: reconocer que existe un asunto que nos concierne y que algunas cosas se hacen mejor cuando dejamos de actuar solos.

Patria es una palabra más profunda, polisémica.

Proviene de una antigua idea de pertenencia: la tierra de nuestros antepasados, el lugar del que venimos. Pero una patria moderna no es únicamente un territorio delimitado por fronteras. Es también una memoria compartida, una comunidad, unas instituciones y un conjunto de acuerdos que permiten que personas profundamente diferentes puedan vivir juntas.

Para un costarricense, patria puede ser el recuerdo de la escuela, el parque del pueblo, la plaza donde alguna vez jugamos, el cafetal, la costa, la montaña, la pulpería del barrio, una conversación bajo un corredor mientras cae el aguacero.

Pero patria también es algo menos visible. Es poder discrepar del Gobierno sin dejar de ser costarricense. Es que una persona pueda acudir ante un tribunal y esperar que se haga justicia. Es que un periodista pueda investigar al poder. Es que un diputado pueda cuestionar al Ejecutivo. Es que una institución de control pueda fiscalizar recursos públicos. Es gobernar sin quitar derechos a las minorías.

Y es que, cada cierto número de años, quienes gobiernan sepan que el poder que ejercen nunca les perteneció: les fue prestado por la ciudadanía.

Nuestra Constitución Política señala:

ARTÍCULO 9º—El Gobierno de la República es popular, representativo, participativo, alternativo y responsable. Lo ejercen el pueblo y tres Poderes distintos e independientes entre sí. El Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial.

Ahí hay una definición de patria que a veces olvidamos, Costa Rica no es solamente su territorio, también es la forma democrática que escogimos para convivir dentro de él.

2

Conciencia, organización, resistencia y lucha

En 2007 nuestro país vivió una experiencia política excepcional. Costa Rica debía decidir mediante referéndum si aprobaba o rechazaba el TLC. El resultado fue extraordinariamente estrecho. Durante aquella discusión surgieron por todo el país los llamados Comités Patrióticos. No eran un partido político. No tenían una gigantesca estructura central. No todos sus integrantes compartían ideología.

Había sindicalistas y empresarios pequeños; estudiantes y profesores; agricultores y profesionales; militantes de partidos y personas que nunca habían pertenecido a ninguno; adultos mayores y jóvenes; personas provenientes de movimientos sociales, organizaciones comunales y universidades.

Lo que compartían era una preocupación determinada sobre el rumbo del país. Aquellos comités reunieron personas provenientes de experiencias sociales, políticas y organizativas muy diversas.

Y ocurrió algo profundamente costarricense:

La gente comenzó a organizarse. Una persona conocía a otra. Alguien prestaba una sala. Otra persona preparaba café. Un profesor explicaba un documento. Alguien diseñaba un volante. Una vecina convocaba a otras personas. Un estudiante ayudaba con una computadora. Un agricultor ofrecía transporte.

Se organizaban conversatorios, encuentros, actividades culturales y visitas a comunidades. No había que pedir permiso para preocuparse por Costa Rica.

Los Comités Patrióticos demostraron que la participación ciudadana podía desarrollarse también desde el barrio, el distrito y el cantón, y que una estructura horizontal y territorial podía convertirse en un actor nacional significativo.

El movimiento patriótico contra el TLC finalmente perdió el referéndum. Pero sería un error pensar que aquello convirtió la experiencia en un fracaso. Una democracia no existe solamente cuando nuestra posición gana. Existe también cuando somos capaces de organizarnos, argumentar, escuchar, participar, votar, perder, continuar discrepando y seguir reconociéndonos mutuamente como ciudadanos de la misma República. Esa quizá sea una de las enseñanzas más importantes de 2007.

3

¿Qué podría significar un Comité Patriótico en 2026?

Han pasado veinte años. El contexto es diferente y también deberían serlo los comités. Un Comité Patriótico del presente no tendría por qué reconstruir literalmente la campaña del 2007 ni revivir la discusión del TLC.

Su razón de existir puede ser mucho más elemental: cuidar la República democrática, que no es perfecta, pero es perfectible y tenemos las herramientas para mejorarla.

Eso significa, defender la democracia aun cuando el resultado de una elección no nos guste. Defender la institucionalidad aun cuando una institución tome una decisión con la que discrepamos. Defender la independencia judicial, la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. Defender la Asamblea Legislativa aunque allí se pronuncien ideas que rechazamos. Defender la libertad de prensa incluso cuando una publicación nos incomode. Defender el Tribunal Supremo de Elecciones independientemente de quién gane. Defender las instituciones fiscalizadoras cuando investiguen tanto a quienes adversamos como a quienes apoyamos. Y defender los derechos humanos precisamente porque estos no pueden depender de la popularidad.

Eso es Estado de derecho: que las leyes estén por encima de las personas que temporalmente ejercen el poder.

Un comité patriótico no debe ser un comité del odio, este punto es esencial. Un movimiento que afirma defender la democracia no puede adoptar prácticas autoritarias para conseguirlo.

El autoritarismo se reconoce por sus métodos. Cuando alguien pretende concentrar el poder, desacreditar sistemáticamente todos los controles institucionales, convertir cualquier crítica en una traición, presentar a sectores de la ciudadanía como enemigos, sustituir argumentos por insultos o convencer a una sociedad de que solamente una persona representa auténticamente al pueblo, debemos prestar atención.

Y debemos hacerlo independientemente del nombre del partido, movimiento o liderazgo que lo intente.

4

Entonces, ¿quién puede integrar un Comité Patriótico?

Cualquier persona. No importa su lugar de origen. No importa de qué partido venga. No importa a quién haya votado. No importa si nunca ha participado en política. No importa si tiene veinte años u ochenta. Puede ser una agricultora, un comerciante, una estudiante, un trabajador, una pensionada, un empresario, una artista, un maestro, una médica, una taxista, un diseñador, una científica o una persona dedicada al hogar.

No necesita renunciar a sus ideas. Solamente necesita aceptar que existe un terreno común que debe permanecer por encima de nuestras diferencias: la democracia.

Aquellas personas que integren un Comité Patriótico contemporáneo deberían poder resumir su razón de ser, de organización, lucha y resistencia en cinco compromisos elementales:

Defender la democracia.

Defender la institucionalidad.

Defender la separación e independencia de poderes.

Defender el Estado de derecho y el Estado Social de derecho.

Defender los derechos humanos universales.

Y de esos cinco principios se desprende un sexto:

Rechazar cualquier forma de autoritarismo, violencia política, culto a la personalidad, revanchismo o concentración indebida del poder, venga de la derecha, de la izquierda, del centro o de cualquier movimiento que pretenda apropiarse de la representación exclusiva del pueblo.

Porque al pueblo no lo define una ley o un diccionario, sino que se expresa con muchos lenguajes a la vez. Somos pueblo social, gente común. Llamados a organizamos, a resistir y luchar por la patria, contra el autoritarismo y la dominación, a convertimos en un pueblo político, activo, despierto, pasar de ser “objetos” de la historia a ser sujetos de nuestra libertad, (Gallardo, Helio. Elementos de política en América Latina. San José: Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI), 1986).

Muchas veces nos enseñaron el patriotismo a través de símbolos. La bandera. El escudo. El Himno Nacional. El desfile de faroles. Los actos cívicos. Todos forman parte de nuestra identidad y merecen cariño.

Pero quizá existe otra forma de patriotismo menos ceremonial. Es levantarse una mañana y decidir que aquello que tardamos generaciones en construir merece ser cuidado. Es explicarle a una persona joven por qué existe una Sala Constitucional. Es preguntarle a una institución qué hizo con nuestro dinero. Es defender a un periodista cuando alguien quiere silenciarlo. Es reconocer que el Poder Ejecutivo necesita límites precisamente porque todo poder los necesita. Es sentarnos con alguien que piensa diferente sin convertirlo en enemigo.

Es comprender que Costa Rica nunca estuvo terminada y que cada generación recibe por un tiempo la responsabilidad de continuar construyéndola.

En 2007, miles de costarricenses descubrieron que podían encontrarse en una casa, un salón comunal, una universidad o debajo de un árbol y decir: “Hablemos del país, organicémonos y cambiemos el rumbo”. Ese gesto sencillo sigue teniendo una fuerza extraordinaria.

Tal vez un Comité Patriótico sea, en esencia, justamente eso: un grupo de personas diferentes que decide encontrarse porque existe algo que comparten y que consideran mayor que cualquiera de ellas. Eso se llama Costa Rica. No la Costa Rica de un partido. No la Costa Rica de un presidente. No la Costa Rica de una ideología. La República de Costa Rica, democrática, libre, plural, con poderes independientes, con instituciones que pueden y deben ser fiscalizadas, con ciudadanos que pueden cuestionar al poder sin miedo. Con elecciones en las que se puede ganar y perder, con leyes que alcanzan también a quien gobierna, con derechos que protegen incluso a quien piensa diferente.

Y con una ciudadanía que comprende que la democracia no se hereda automáticamente de una generación a la siguiente. Hay que cuidarla. Hay que ejercerla. Hay que defenderla.

Y, algunas veces, simplemente hay que reunirse alrededor de una mesa, servir café, acercar unas cuantas sillas y comenzar de nuevo a conversar. Quizá de ahí nacieron los Comités Patrióticos de ayer. Y quizá de ahí pueden nacer también los de hoy.

Por Costa Rica, por su democracia y por la República que compartimos