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Etiqueta: movimiento obrero

Constantin Meunier: el artista de los obreros

Gabe Abrahams

Constantin Meunier fue un escultor y pintor belga de gran importancia en el arte contemporáneo. Su obra le convirtió en la voz visual de los obreros del siglo XIX.

Constantin Meunier, cuyo nombre completo era Constantin Émile Meunier, nació el 12 de abril de 1831 en Etterbeek, Bélgica, en el seno de una familia de artistas. Entre sus hermanos, destacó el grabador y dibujante Jean-Baptiste Meunier.

Constantin Meunier se decantó por las artes rápidamente y empezó a asistir a las clases de dibujo impartidas por su propio hermano Jean-Baptiste. En 1845, ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de Bruselas. Y, desde 1848, asistió a las clases del escultor Louis Jehotte.

Meunier completó su formación con el escultor Charles-Auguste Fraikin y el pintor François-Joseph Navez, ambos seguidores del estilo neoclásico.

En la década de los años cincuenta, Constantin Meunier se volcó con las obras de carácter religioso y hasta bien entrada la siguiente década las priorizó. Dos de sus mejores pinturas religiosas de ese periodo fueron Le Bénitier (1854) y Funérailles d’un trapiste (1860).

En medio de esa devoción hacia la religión, en 1862, Meunier se casó con Marie Victorine Léocadie Gorneaux, una pianista francesa, con la cual tuvo varios hijos.

Ya en 1868, Constantin Meunier se unió a la Sociedad Libre de Bellas Artes y, un año después, a la Sociedad Internacional de Grabadores. Y, en esas sociedades, descubrió el avance imparable del Realismo.

Pasado un tiempo, en 1878 y 1880, Meunier viajó a dos regiones industriales de Bélgica y, en la minera Borinage, conocida como el País Negro, observó la situación inhumana de los obreros, especialmente de los mineros, lo cual despertó su conciencia social.

Impactado por la situación, decidió darla a conocer a través de sus obras, apostó por el Realismo Social y pasó a ser un militante socialista entregado a la causa.

El artista relató su dura experiencia en las regiones industriales con estas palabras: “Entonces la casualidad me llevó a la región negra, la región industrial. Me impactó la belleza trágica y feroz… Una inmensa compasión me invadió”.

A raíz de todo eso, Constantin Meunier se convirtió, en definitiva, en el gran representante del mundo obrero en el campo del arte, tanto a través de la pintura como de la escultura. Y, de hecho, gracias a su legado obrerista, pasó a la posteridad como la voz visual de la realidad de los trabajadores del siglo XIX.

Entre las pinturas más logradas de Meunier sobre el mundo obrero, se incluyen La Descente des mineurs dans la bure (1882), Trois hiercheuses (1885), Au pays noir (hacia 1893), Le Retour des mineurs, Le Pays noir: Borinage, etc.

Y, entre sus esculturas más destacadas dedicadas a los trabajadores, sobresale de forma muy notable el Monumento al Trabajo de Bruselas, el cual se inició alrededor de 1890.

Dentro de este impresionante conjunto escultórico que lleva el nombre de Monumento al Trabajo, aparecen esculturas cargadas de simbolismo que merecen una atención especial. En la parte delantera del monumento, se erige La Maternidad (el futuro). En los tres ángulos restantes, se encuentran El Anciano (el pasado), El Minero (el viaje a las entrañas de la tierra) y El Herrero (el saber técnico y la creación). Y sobre estos, está El Sembrador (el cultivo y la producción). En los bajorrelieves laterales, las esculturas exaltan parcelas del mundo obrero como el puerto, la mina, la industria y la cosecha.

No es extraña la carga simbólica incorporada por Meunier a una obra del Realismo Social como el Monumento al Trabajo, ya que el artista belga fue masón y, por tanto, estudioso de los símbolos.

Meunier consta como iniciado y miembro de la logia Les Amis Philanthropes del Gran Oriente de Bélgica, logia fundada en 1798 y centro de unión de hermanos masones de la talla del arquitecto Victor Horta o del Premio Nobel de la Paz Henri Lafontaine (1913). Uno de los maestros de pintura de Meunier, François-Joseph Navez, también había sido iniciado como aprendiz en la misma logia el 25 de marzo de 1834.

Desde octubre de 1882 hasta abril de 1883, Constantin Meunier estuvo en España y se dedicó a copiar el célebre cuadro Descendimiento de Pedro de Campaña, nombre españolizado del pintor belga Pieter Kempeneers, y a realizar pinturas no exentas de interés como Factoría de Tabaco en Sevilla (1883).

Después de regresar a Bélgica, Meunier fue nombrado profesor de la Academia de Lovaina e inició un conjunto de esculturas que dieron vida al citado Monumento al Trabajo.

Ya en 1896, el artista también presentó su obra en la Galería Art Noveau de París, siendo ayudado para ello por el arquitecto y decorador belga Henry Van de Velde.

Meunier no cesó de trabajar en nuevos proyectos en sus últimos años de vida, a la vez que recibió cada vez más reconocimientos. Fue elegido miembro de la Academia Real de Bélgica en 1900 y se le otorgó como pintor la medalla de bronce en la Exposición Universal de 1889 y como escultor el gran premio de las exposiciones universales de 1889 y 1900.

Socialista militante y masón en activo hasta el final, Constantin Meunier falleció el 4 de abril de 1905 en Ixelles, Bélgica, siendo enterrado en el cementerio de esa localidad.

El artista dejó tras de sí un gran legado, enorme, el cual se encuentra a día de hoy repartido en unos cuantos museos como el Museo Constantin Meunier de Ixelles, la localidad en la que nos dijo adiós.

La influencia de Meunier en el arte contemporáneo es grande, y se podría decir que su influencia dentro del arte obrero no conoce igual.

Calufa vive: militancia comunista, antimperialismo y lucha por la verdadera libertad del pueblo

Partido Vanguardia Popular

Al conmemorarse el 117 aniversario del natalicio de Carlos Luis Fallas (1909-2026), el Partido Vanguardia Popular – PVP y la Juventud Vanguardista Costarricense – JVC, reivindicamos con orgullo y convicción revolucionaria el ejemplo vivo de su militancia comunista, de su coherencia ética y política, y de su entrega total a la causa de la clase trabajadora y de los pueblos oprimidos. Calufa no es una figura del pasado ni una postal folclórica de la historia nacional; es una presencia activa en cada lucha contra la explotación, en cada acto de resistencia frente al imperialismo norteamericano, en cada esfuerzo por construir una Costa Rica verdaderamente libre, soberana y justa.

La vida de Carlos Luis Fallas es la demostración concreta de que la conciencia de clase no nace en los salones, sino en el trabajo duro, en la pobreza, en la explotación cotidiana, en la organización colectiva y en la lucha sin concesiones. Su militancia comunista fue inseparable de su práctica revolucionaria, estuvo del lado de los obreros bananeros frente al saqueo de la United Fruit Company, del lado de los perseguidos frente a la represión estatal, del lado del pueblo cuando el poder económico y político pretendía imponer el silencio, el miedo y la resignación. Calufa encarnó al intelectual orgánico del proletariado, forjado en la experiencia directa de la explotación y en la convicción profunda de que solo la organización popular puede abrir camino a la emancipación.

En tiempos en que se pretende vaciar de contenido la palabra democracia y reducirla a un ritual electoral al servicio del capital, el ejemplo de Calufa nos recuerda que no hay verdadera democracia sin justicia social, sin soberanía nacional, sin control popular sobre la riqueza y sin ruptura con las cadenas del imperialismo. Su obra y su militancia denuncian, ayer como hoy, que la dependencia económica, la injerencia extranjera y el dominio de las transnacionales son incompatibles con la libertad real de los pueblos. Frente al discurso hipócrita del imperialismo norteamericano, que habla de derechos mientras impone guerras, saqueo, pobreza y miseria, Calufa nos lega una posición clara, dignidad, lucha y organización.

Desde el Partido Vanguardia Popular – PVP y la Juventud Vanguardista Costarricense – JVC afirmamos que honrar a Carlos Luis Fallas no es solo recordarlo, sino continuar su combate. Es asumir con optimismo revolucionario que el futuro pertenece a los pueblos que luchan, que Costa Rica no está condenada al neoliberalismo, a la desigualdad ni a la sumisión, y que es posible construir una patria al servicio de la clase trabajadora, en solidaridad con todos los pueblos oprimidos del mundo. Calufa vive en cada trabajador que se organiza, en cada joven que se rebela contra la injusticia, en cada voz que se alza contra el imperialismo y el capital. Su legado es una bandera en alto, y su ejemplo, una certeza histórica, la lucha continúa y la victoria será del pueblo.

Notas sobre el Codo del Diablo

Trino Barrantes Araya
camilosantamaria775@gmail.com

Han transcurrido 77 años de un horrendo crimen político y los autores intelectuales nunca fueron juzgados. Pero hagamos un breve recorrido antes de los acontecimientos del Asesinato del Codo del Diablo, a fin de reconocer los elementos más representantes de la coyuntura que antecede al Codo del Diablo.

Señalamos lo siguiente. Aunque desde un principio la posibilidad de inscribir un Partido Comunista ha sido imposible, aun en nuestros días, también es cierto que el papel de los comunistas por vía del proceso electoral no es nada despreciable.

Así, en 1932, en los primeros comicios electorales en los cuales tiene participación nuestro glorioso Partido, con el nombre de Bloque de Obreros y Campesinos, logra elegir dos diputados, el Zapatero Efraín Jiménez y al estudiante de derecho Manuel Mora Valverde; para la municipalidad de San José, fueron electos los obreros Guillermo Fernández y Adolfo Braña.

No debemos olvidar que, dos años antes, en 1934, se logra una de las principales derrotas al imperialismo yanqui, en el corazón de uno de sus enclaves más poderosos, la United Fruit Company. El papel destacado de la dirigencia del Partido Comunista fue muy significativo.

El primer lustro de los años 40 deja una impronta que definitivamente marca el ritmo del siglo XX. El Código de Trabajo, Las Garantías Sociales, La Caja Costarricense del Seguro Social y la Universidad de Costa Rica, van ampliando el sello en donde se materializó la influencia de los comunistas costarricenses, en donde la militancia del Partido Vanguardia Popular inscribe su sello revolucionario.

En ese mismo orden de las grandes conquistas del partido de los comunistas costarricense, debemos señalar que, en el año de 1946, se promulgó el primer Código Electoral impulsado por el Partido Vanguardia Popular. Le correspondió al camarada Lic. Luis Carballo Corrales, diputado Vanguardista ante el Congreso, la redacción del mismo. Lo novedoso de esta propuesta es que por primera vez se limitaba la potestad al Poder Ejecutivo de intervenir directamente en la organización, dirección y supervisión del proceso electoral (Arce,1987:36).

La cita nos sirve para reconocer los antecedentes que servirán de marco general a lo que la historia nacional conoce como la Guerra Civil del 48.

La Guerra Civil del 48 sirvió para desenmascarar el verdadero contenido dominante de la burguesía criolla. Al menos así lo demostraron los hechos surgidos desde la represión, consolidados en dicho proceso, mediante todos los mecanismos coercitivos contra la izquierda histórica de este país, cuyo punto más álgido lo constituyó, entre muchos otros crímenes resultado del conflicto, el asesinato del Codo del Diablo.

Enrique Benavides, con una pluma prístinamente incisiva, en su libro: “El crimen del Codo del Diablo”, nos narra lo siguiente.

“…El viaje a San José se haría en el Motocar 156 de la Northern Railway Company. A las 7:30 PM, salieron de Limón, justo el 19 de diciembre de 1948; custodiados por el Capitán Manuel Zúñiga Jirón, el Subteniente Clarencio Aulud Alvarado y Hernán Campos Esquivel…”

Por su parte Eduardo Mora, escribe parte de los procesos que vivió esa época, de la manera siguiente:

“…a 15 miembros de la Juventud del Partido los fusilaron en Quebradillas; a 60 militantes en El Tejar, y a dos, liberados de la Penitenciaría Central por orden de un juez, los llevaron hasta La Cangreja, en Cartago, y allí los mataron. Uno de ellos fue Edwin Vaglio, hijo de Tobías Vaglio. (Mora,2000:189).

No solo la historiografía costarricense ha tenido que ver con este evento. También la literatura costarricense ha expuesto sobre el acontecimiento del Codo del Diablo.

José Jacinto Brenes Molina en su artículo sobre el tema en referencia,

“…estudia tres obras de la literatura costarricense (Los vencidos, El eco de los pasos y Final de calle de los autores Gerardo César Hurtado, Julieta Pinto y Quince Duncan, respectivamente) las cuales se producen durante la década de 1970. Significativamente las tres novelas se refieren a los hechos de la Guerra Civil de 1948 con una intención que pueda ser comparada literariamente…”

Por su parte el novelista Gerardo César Hurtado, refiriéndose al texto anterior indica lo que sigue:

“…La figura de José Figueres y su principal obra política es puesta en la balanza literaria de tres narradores costarricenses. Mediante un análisis de base sociológico-literario, el artículo demuestra que las novelas: Los vencidos, El eco de los pasos y Final de calle se estructuran alrededor de la tesis de que los ideales que inspiraron el surgimiento de la Segunda República liderada por José Figueres Ferrer fueron traicionados en la práctica política posterior…”

En otro texto, pero en el mismo contexto que referimos, el poeta y ensayista Alfonso Chase, subraya lo siguiente:

“…La historia es fácil, ahora que se tiene nueva información. Fue un asesinato selectivo. Rumores que corrieron en Limón, en esos días previas a la Natividad, sobre un escarmiento que se iba a hacer en la persona de algunos militantes del Partido Vanguardia Popular, para prevenir un alzamiento interno. Los detenidos fueron capturados en sus casas y encarcelados, días antes, sin ningún cargo específico, cuando no fuera su militancia política y el respeto de que disfrutaban entre sus amigos, vecinos, militantes y entre la gente honrada de Limón”.

Nos corresponde a las nuevas generaciones y principalmente a la juventud, reescribir la nueva historia. Pero la historia no puede ser desprovista de una clara visión política e ideológica y en consecuencia, reescribir desde una perspectiva clasista.

El reloj roto de la historia: crónica de una jornada en retroceso

Frank Ulloa Royo

Hay relojes que no marcan la hora, sino la vergüenza. Relojes que no avanzan, sino que giran hacia atrás, como si el tiempo fuera un capricho de los poderosos y no una conquista de los pueblos. En Costa Rica, ese reloj se rompió en 1920, cuando los trabajadores, tras huelgas y revueltas, lograron que el Estado reconociera su humanidad en forma de ley: ocho horas de trabajo, ni una más. Fue una victoria contra el agotamiento, contra la lógica colonial del cuerpo como recurso. El tiempo, por fin, era también territorio obrero.

Pero hoy, cien años después, los nuevos conquistadores—con corbata y logo corporativo—exigen doce horas de jornada. No con látigo, sino con decreto. No desde Sevilla, sino desde San José. El Estado nacional, que antes legislaba para proteger, ahora legisla para rendirse. Se invoca el desarrollo como antes se invocaba la evangelización. Se ofrece el cuerpo del trabajador como incentivo, como moneda de cambio. Y el reloj, ese viejo testigo de las luchas, empieza a girar hacia atrás, como si la historia fuera un error que conviene corregir.

El derecho laboral de Indias fue un campo de batalla entre la ley y la realidad, entre el discurso humanista y la práctica colonial. Las leyes proclamaban dignidad, pero legitimaban el despojo. Su legado es ambivalente: testimonio de una voluntad reformista y evidencia de su fracaso. Sin embargo, en medio de sus contradicciones, esta legislación dejó huellas profundas que aún resuenan en los sistemas jurídicos modernos.

Muchos de sus principios —aunque nacidos en contextos de dominación— anticiparon derechos que hoy consideramos fundamentales. La limitación de la jornada laboral, la protección de la maternidad, el reconocimiento del salario justo, la regulación de oficios peligrosos, la prohibición del trabajo infantil y la defensa de la salud en el trabajo fueron formulados como alternativas al trabajo forzoso y a la esclavitud. Estas propuestas, aunque incompletas y muchas veces incumplidas, constituyen los primeros esbozos de una ética laboral que buscaba humanizar la producción.

La legislación indiana, entonces, no puede ser leída únicamente como instrumento de control. También fue espacio de disputa, de reforma, de resistencia jurídica. En sus márgenes se gestaron debates sobre la humanidad del otro, sobre la legitimidad del poder, sobre el derecho al descanso, al cuerpo, al salario. Como señala Borrajo Dacruz (2003), “la historia del derecho del trabajo no comienza con la revolución industrial, sino con los primeros intentos de limitar el abuso en contextos coloniales”.

Lo irónico es que ni las Leyes de Indias, redactadas en pleno siglo XVI por una monarquía esclavista, se atrevieron a tanto. Felipe II, en su Instrucción de 1593, ordenaba que los obreros trabajaran ocho horas, repartidas para evitar el rigor del sol. ¡Felipe II, nada menos! El mismo que gobernaba sobre minas, encomiendas y amputaciones, reconocía que el cuerpo humano tenía límites. Hoy, en cambio, se pretende que el trabajador moderno—con más derechos, más ciencia, más Constitución—trabaje más que un indígena bajo el sol colonial. ¿Progreso? ¿Modernidad? No. Es el regreso al feudo, pero con Wi-Fi.

La ley que se propone no es una reforma: es una parodia. Una tragicomedia legislativa donde el Estado se disfraza de gestor, pero actúa como capataz. Se redactan protocolos, se celebran foros, se imprime el retroceso en papel membretado. Y mientras tanto, el reloj sigue girando hacia el abismo, marcando no las horas trabajadas, sino las horas perdidas. Perdidas en la historia, en la dignidad, en la memoria.

Porque legislar doce horas no es solo legislar tiempo: es legislar olvido. Es borrar la huelga de 1920, la Revolución del Sapoá, los sindicatos que entendieron que el cuerpo no es mercancía. Es decirle al trabajador: “Tu historia no importa. Tu cansancio no cuenta. Tu tiempo no es tuyo.”

Pero el reloj, aunque roto, recuerda. Y cada vuelta hacia atrás es también una señal de alarma. Porque hay memorias que no se archivan, cuerpos que no se rinden, y pueblos que saben que el tiempo no se negocia: se conquista.

Y mientras se redactan leyes para extender la jornada, se archivan las inspecciones, se recortan pensiones, se normaliza el despojo. El trabajador accidentado, incapacitado, descartado, se convierte en expediente. Se le quita el cuerpo, luego el trabajo, luego el nombre. Se le deja la espera. Se le deja la nada.

Hoy más que nunca, el movimiento de los que trabajan bajo una jornada debe levantar la voz y no permitir que las agujas del reloj retrocedan. No para pedir favores, sino para recordar conquistas. No para negociar retrocesos, sino para defender el tiempo como derecho. Porque si el reloj gira hacia atrás, que sea para recordar quiénes somos, de dónde venimos, y por qué luchamos.

Historias de un caminante – La columna liniera 1947

Edison Valverde Araya

Años atrás había escuchado hablar de este libro y de más de 1.000 obreros agrícolas de plantaciones de la United Fruit Co., jornaleros del campo y pequeños campesinos que juraron defender hasta la muerte, los avances sociales conquistados por la clase trabajadora en años de lucha heroica, que caminaron desde el Pacífico Sur hasta San José en setiembre-octubre de 1947.

No fue sino hasta el domingo pasado, que el compañero Lenin Chacón Vargas me visitó y me regaló el libro.

Su autor José Meléndez Ibarra, vivió en Barrio San Gerardo de Paso Ancho.

El libro me interesó por mi amor a las caminatas, muchas de ellas por causas sociales y ambientales y también por haber trabajado en una finca bananera entre 1967 y 1970.

La caminata de Los Linieros fue en apoyo al presidente Picado, a las Garantías Sociales y al Código de Trabajo.

Los caminantes eran trabajadores de las fincas bananeras del Pacífico Sur, organizados en sindicatos y en el Partido Vanguardia Popular.

Los dos dirigentes de la Columna Liniera fueron Carlos Luis Fallas y Eduardo Mora, aunque muchos otros los acompañaron. También aparecen en la historia Carmen Lyra, Gladys Sáenz, Luisa González, Emilia Prieto, Carlos Luis Sáenz, Arnoldo Ferreto, Manuel Mora, Rodolfo Guzmán y Jaime Cerdas.

También participaron varias mujeres y trabajadores nicaragüenses.

La caminata fue de Dominical a San Isidro, Cerro de la Muerte, Cartago, Tres Ríos y San José. Los trabajadores venían de diversas comunidades del Sur, entre ellas Palmar, Ciudad Cortés y Quepos.

Los linieros fueron amenazados de muerte a su paso por Cartago, por los enemigos de la clase obrera, pero soportaron la presión y lograron avanzar disciplinadamente.

El 12 de octubre de 1947 La Columna entró a la ciudad capital, con machetes en alto, en medio del júbilo de una parte de la población y el desprecio de otra parte.

Al año siguiente muchos participaron en la Guerra del 48, al lado de Manuel Mora, del Dr. Calderón Guardia y de Monseñor Sanabria, frente a las fuerzas de José Figueres Ferrer. Cientos de ellos perdieron la vida.

Yo acabo de leer el libro de un solo tirón, me recordó las caminatas de Crucitas (2010) 63 años después de La Columna Liniera- contra la minera canadiense Infinito Gold y el gobierno de los Hermanos Arias.

Gracias linieros, gracias, Carlos Luis Fallas y Eduardo Mora, gracias Vanguardia Popular por el Código de Trabajo y las Garantías Sociales.

¡Seguimos!

70 años de la huelga legal bananera en Puerto González Víquez (Laurel) – 10 de setiembre de 1955

José Joaquín Meléndez G.

El 10 de setiembre de 1955 se declara la huelga legal de los trabajadores bananeros en Puerto González Víquez (Laurel). Una huelga legal, pero la imposición imperial y flojera del gobierno le dieron vuelta a la historia en contra de los trabajadores.

Comparto parte del texto incluido en la tesis La United Fruit Company y las huelgas bananeras, del doctor Arturo Fournier Facio:

Compañeros miembros de los Comités de Huelga. De acuerdo con la resolución de los Tribunales de Trabajo y notificación del Ministerio de Trabajo, la huelga legal debe iniciarse hoy a las cinco de la tarde, hora de Costa Rica, o sea a las seis de la tarde aquí. De esta manera, debe notificarse ahora mismo a todos los compañeros de las fincas, que nadie debe hacer trabajo de esa hora en adelante. Sólo se seguirán trabajando los de sanidad y los de dispensarios. Deben organizarse de inmediato los grupos de compañeros que se encargarán desde esta noche, de cuidar las plantas de sigatoka, los comisariatos, inclusive las zonas. También debe convocarse a todos los trabajadores para que estén mañana en Laurel a las 5 e la mañana, pues viene el Ministro de Trabajo y es urgente que ningún trabajador se quede en su casa, ni las mujeres siquiera. La huelga en general, desde hoy a la hora antes dicha, se ruega no hacer caso a bolas que se dan a rodar sobre este asunto. Debe atender sólo las indicaciones que se impartan aquí. Tampoco deben hacer caso a las publicaciones de prensa y la unidad debe mantenerse. POR EL COMITÉ DE HUELGA LEGAL, Atentamente, Eladio Guido Sánchez, Pedro Flores Díaz. Nota: El señor ministro propondrá una fórmula de arreglo a los trabajadores que podrán aceptar o rechazar, según les parezca a los compañeros, y por eso mismo es importante que todo el mundo esté aquí mañana. Isaías Marchena, José Meléndez Ibarra, Domingo Rojas, Juan Rafael Solís, Miguel Ángel Brenes Castillo y Gonzalo Fernández”.

El ministro de Trabajo de la época era el Lic. Otto Fallas Monge.

Es importante que lo conozca todo trabajador, sindicalista y bananeros.

San José, 10 setiembre 2025

Imagen con fines ilustrativos tomada de: http://calas.lat/sites/default/files/angulo_sonia_-_culturas_obreras-bananeras_el_codiciado_oro_verde_3.pdf

¡No a las jornadas de 12 horas! ¡Exigimos dignidad laboral!

Manifiesto del Movimiento Trabajo Digno CR

En pleno 2025, la Asamblea Legislativa de Costa Rica insiste en mantener un debate que como sociedad habíamos superado hace más de un siglo: la extensión de la jornada laboral y los derechos de las personas trabajadoras.

Desde 1920 la jornada laboral de 8 horas fue conquistada en nuestro país y más adelante consagrada en la Constitución Política de 1949, el Código de Trabajo y en diversos tratados internacionales ratificados por el Estado costarricense. Pese a ello, hoy se discute el Proyecto de Ley 24.290, impulsado por la diputada Daniela Rojas del PUSC, que pretende autorizar jornadas laborales de hasta 12 horas diarias sin el pago de horas extras durante cuatro días de trabajo con 3 días de descanso. Aunque incluso los días de descanso- prometidos como compensación- se ven amenazados, ya que el texto actual permite que dos de los tres días queden a disposición del patrono.

Nos encontramos frente a un proyecto de Ley que pretende modificar el Código de Trabajo, no para modernizarlo sino para despojar a la clase trabajadora de derechos fundamentales como el pago de horas extra. Esta propuesta representa un grave retroceso en las conquistas históricas del movimiento obrero costarricense y una amenaza directa a los principios de dignidad, justicia social y salud.

Nuestra oposición al proyecto de jornadas de 12 horas

Trabajo Digno CR, surge como un movimiento de oposición al Proyecto de Ley 24.290, reúne organizaciones sociales, partidos políticos, sindicatos y personas de la sociedad civil. Nos une la urgencia de frenar este retroceso en derechos laborales, pero también la convicción de que Costa Rica merece un modelo de desarrollo que ponga en el centro a las personas y sus condiciones de vida y no los intereses empresariales.

¿Por qué rechazamos este proyecto de ley?

  1. Porque representa la legalización de la explotación y la precariedad laboral al extender la jornada sin condiciones dignas de descanso ni con una compensación real.

  2. Porque no crea empleos, solo reparte más horas entre menos personas, mientras miles de costarricenses se mantienen desempleados o en la informalidad.

  3. Porque rompe con el principio de progresividad, contradice la Constitución Política y los tratados internacionales e ignora la jurisprudencia y la historia del derecho laboral costarricense

  4. Porque expulsa del mercado laboral a las personas cuidadoras, que son en su mayoría mujeres, profundizando las brechas de género.

  5. Porque precariza la economía del hogar al eliminar el tiempo disponible para estudiar, capacitarse o emprender.

  6. Porque atenta contra la familia, vulnerando directamente el derecho de la niñez a crecer con adultos presentes y recibiendo un cuidado adecuado.

  7. Porque es insostenible: ni el cuerpo humano ni la economía de un país se puede sostener con la sobreexplotación laboral.

  8. Porque se disminuye salarialmente sin pago de horas extras.

El Colectivo Trabajo Digno CR, invita a toda la población costarricense a movilizarse, organizarse y a levantar la voz en contra de este retroceso en derechos laborales. De cara a los intentos existentes de legalizar la sobre explotación, alzamos nuestra voces. No permitiremos que se retrocedan más de 100 años en derecho laborales que costaron sangre, organización y lucha.

Las organizaciones firmantes hacemos un llamado urgente a rechazar este proyecto de ley, a defender lo conquistado y a construir colectivamente alternativas que garanticen un empleo digno, tiempo libre y equidad de género.

No hay justicia social sin un Trabajo Digno para todas las personas.

¡Paremos YA!, el proyecto de Ley 24.290.

Artículo: Manuel Mora Valverde. Facetas de su vida y sus luchas

Vladimir de la Cruz

(Con motivo del 26 aniversario de su fallecimiento transcribo el discurso pronunciado en sus actos funerarios en la Iglesia La Soledad, el 29 de diciembre de 1994, publicado en surcosdigital.com el 31 de diciembre del 2020, publicado en larevista.cr el 7 de enero del 2020)

La vida de Manuel Mora está íntimamente ligada a la historia nacional de los últimos setenta años. Su obra, su lucha revolucionaria, fue la Revolución Social, la lucha por transformar este país, por desarrollarlo hacia una sociedad más justa, más próspera, más democrática, más igualitaria.

La actividad política Manuel la inicia siendo un joven estudiante en la década del 20, década en la cual hereda las mejores tradiciones antiimperialistas, obreras y nacionales de lucha del pueblo costarricense.

En cuanto a las luchas antiimperialistas, desarrolladas desde principios de siglo, la segunda mitad de esta década fue rica. La Sección costarricense del APRA, en la cual estaba Carmen Lira, Luisa González y Gonzalo González; La Liga Cívica Juan Rafael Mora, en la que participaban Alejandro Alvarado Quirós y Ricardo Fournier crearon una conciencia sobre la defensa de los recursos y de la soberanía nacionales. Así Manuel impulsa también la Sección costarricense de la Liga Antiimperialista de las Américas, organización que se suma a esas tradiciones haciéndola un instrumento importante de lucha orientada a salvaguardar la identidad nacional de América Latina, cuando el continente era presa de constantes intervenciones norteamericanas, como la que sufría entonces Nicaragua que dio origen a la gesta heroica de Augusto César Sandino, en 1927.

Su activismo estudiantil lo continuó aún ya fundado su Partido Comunista, cuando en 1933, en San José, encabezó la delegación costarricense del II Congreso Iberoamericano de Estudiantes.

En cuanto a las luchas populares y la experiencia organizativa del movimiento obrero, hereda la lucha que se remonta al movimiento popular de Félix Arcadio Montero, a finales del siglo pasado; a las luchas políticas de Dr. Aniceto Montero, organizador y divulgador del pensamiento socialista en el país a principios de los veintes, a las luchas populares del General Volio y su Partido Reformista, a la presencia y luchas de la organizaciones sindicales que desde 1901 llegan constituir la Confederación General de Trabajadores de 1913 y, al disolverse ésta para dar origen al Partido Reformista, a la Confederación Obrera Costarricense o Nacional, desde 1923 hasta 1928. En 1928, se constituye la Unión General de Trabajadores la más importante organización obrera de esos años y de la década del 30, en la cual había dirigentes obreros como Gonzalo Montero Berry, Fabián Soto, Abel Dobles. Igualmente hereda una tradición de luchas huelguísticas impulsadas desde el siglo pasado.

Hereda también una rica tradición de organización política, partidos de la clase trabajadora, el partido de Obreros y Artesanos (1886), el Independiente Demócrata (1893-98), los Partidos Obreros de Limón, San José y Grecia (1913), el Partido Socialista de Costa Rica (1919-20), el Partido Reformista (del período 1923-28), el Partido Alianza de Obreros y Campesinos (1930).

Se ligó a la creación de la Asociación Revolucionaria de Cultura Obrera y poco tiempo después, en junio de 1931, fundó el Partido Comunista de Costa Rica, destacándose Manuel, desde entonces, no solo como organizador y luchador político. Desde entonces su Partido Comunista es la institución de mayor trayectoria política que tiene el país, apenas seguido en edad por el Partido Liberación Nacional que se acerca a los 45 años.

En su lucha política impulsó la organización de periódicos, entre ellos La Revolución (1929-31), Trabajo (1931-48), Adelante (1953-1961) y Libertad (1961-1993), en los cuales tuvo presencia constante. Fue articulista en otros medios, incluso durante el período de lucha clandestina en el que utilizaba seudónimos para escribir como Eladio Jara. El periódico para Manuel era un vehículo de educación política, de agitación y debate, de organización y movilización de lucha social.

Los acontecimientos internos como la situación internacional de la década del 30 permitieron el desarrollo político de Manuel y su Partido. Fueron años de grandes huelgas como las del 34, la bananera, la de zapateros y la de cogedores de café, de movilizaciones de desocupados de la crisis del 30, de la primeras luchas políticas por la legalidad electoral de su Partido, años de desarrollo de las luchas campesinas, donde fue asesinado Herminio Alfaro en Barba de Heredia y gran cantidad de luchas que permitieron desarrollar más la organización de obreros, trabajadores y campesinos. Fueron los años que realzaron la figura parlamentaria y la oratoria política de Manuel, diputado continuo desde 1934 hasta 1948.

Fueron años también en que se vinculó a tareas se solidaridad internacional en la lucha contra la posibilidad de la segunda guerra mundial, contra el ascenso del fascismo y nazismo en Europa, por la República Española (1930-1936) y en defensa de ella durante la guerra civil española (1936-1939). Fueron años de duras dictaduras centroamericanas lo que lo llevó a las luchas por la democratización de centroamericana apoyando las luchas contra los dictadores Hernández Martínez, Ubico, Carías, también de solidaridad contra la dictadura de Juan Vicente Gómez en Venezuela y otras más.

Fortaleció en esta década la organización obrera y campesina en el Valle Central provocando que en 1938 se impulsara bajo la dirección de su partido el Comité Sindical de Enlace (1938-1942) y la Unión Nacional Campesina (1938-1942), instituciones que dieron las principales luchas por la consecución de las garantías sociales y el Código de Trabajo, unidas en 1942-43 bajo el nombre de Comité Nacional Sindical de Enlace, que en 1943 se disolvió para dar paso a la Confederación de Trabajadores de Costa Rica (CTCR 1943-1948), organización que inicialmente representó a los trabajadores en la Junta Directiva de la CCSS. Más tarde, en 1945, se incorporó a dicha Junta la Confederación Costarricense de Trabajadores Rerum Novarum con el padre Benjamín Núñez. A la CTCR le tocó desarrollar las grandes movilizaciones para consolidar las reformas sociales.

En este período, dio importantes luchas por la legalidad electoral de su Partido, que tuvo que participar en los procesos electorales con el nombre de Bloque de Obreros y Campesinos (1934-1942), porque con el nombre de Partido Comunista, no se le permitía. Durante el gobierno de León Cortés (1936-40) su organización fue bastante reprimida y hasta le anularon el nombramiento de diputado del poeta Carlos Luis Sáenz. En estos años fue recibido con honores por el Congreso de la República de México.

Desde 1934 hasta 1948 fue diputado ininterrumpidamente, destacándose como gran parlamentario y orador político. En 1937 se graduó de abogado, profesión que desempeñó junto a su actividad política. Otros parlamentarios de su Partido fueron Efraín Jiménez Guerrero, Alfredo Picado Saénz, Jaime Cerdas Mora, Luis Carballo Corrales, Carlos Luis Fallas, Víctor Cordero. La actividad político-parlamentaria Manuel la convirtió en escuela de educación obrera y de lucha social. Sus proyectos de ley estuvieron siempre asociados a la movilización de sectores sociales en su apoyo y a la organización para lograrlos. El parlamento lo convirtió también en una tribuna de agitación, de movilización y de organización, en una escuela de acción revolucionaria.

Durante la década del 30 la lucha contra el ascenso del fascismo y el nazismo en Europa, por la República Española y durante la Guerra Civil de España, Manuel y su gente estuvieron ligados no solo en actos de solidaridad y creando organizaciones como Socorro Rojo Internacional, especie de Cruz Roja de los comunistas, desde Costa Rica, sino en los propios campos de batalla con la presencia de Adolfo Braña y Rafael Ángel Llubere, militantes de su organización que habían sido expulsados del país y que se integraron al combate por la República Española y contra el fascismo y el nazismo en tierras europeas. En esta lucha también estuvo Vicente Sáenz, extraordinario costarricense, quien fue luego guía espiritual de don Pepe Figueres en su exilio en México del año 42 y 43.

En 1935 su partido se hizo representar en el VII Congreso de la Internacional Comunista, celebrado en Moscú con el dirigente obrero Rodolfo Guzmán, año en que también participaron con Arnoldo Ferreto en la Conferencia de la Habana de partidos comunistas de América Latina.

En el 39, ante la amenaza de derogar las leyes liberales se produce la primera alianza táctico electoral importante del Partido Comunista y de Manuel con otros sectores políticos nacionales encabezados por don Ricardo Jiménez, que dio origen al Partido Alianza Democrática Nacional, del que era su secretario de Organización. Fue un cambio de táctica de don Manuel, pero no de principios porque Manuel Mora Valverde nunca dejó sus principios ni nunca renunció a sus ideas. La violenta campaña electoral hizo que don Ricardo se retirara y a las elecciones del 39 solo se presentaran tres partidos, entre ellos el de Manuel postulándolo como candidato a la Presidencia, elección que ganó el Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia, inicialmente combatido por el movimiento obrero y popular y por los comunistas por el apoyo de la oligarquía conservadora que tenía.

La guerra mundial avanzó. Las condiciones internacionales también empezaron a modificarse. La crisis económico social se cernía sobre gran cantidad de países del mundo y de aquellos que como el nuestro dependían del comercio con Europa. Así desarrolló un Plan para salir de la crisis de guerra, que contenía en esencia, los elementos básicos de las garantías sociales y de la legislación social. Pero también empezó a definir con inteligencia las relaciones de nuestro país en el contexto de la guerra mundial y de las relaciones con Estados Unidos en ese período.

La década del 40 inició así con la Guerra Mundial, en el campo internacional; con el ascenso del Dr. Calderón Guardia a la presidencia de la República y de Monseñor Sanabria, a la jefatura de la Iglesia, ambos hombres sensibles y talentosos que, en el plano nacional, como Manuel, representaban fuerzas sociales importantes.

Fue en la segunda parte de la Administración Calderón Guardia, luego del ataque japonés a Pearl Harbor y la incorporación de los Estados Unidos a la guerra mundial, que se crearon las condiciones internacionales favorables para se produjera una nueva alianza política y social a partir de 1942 y 43 que culmina con la promulgación de la Garantías Sociales y el Código de Trabajo, sumándose a las reformas de seguridad social y educativas del país, ya planteadas e iniciadas en la administración Calderón Guardia.

Como resultado de esta alianza el Partido Comunista cambió de nombre a Vanguardia Popular, Manuel reconoció que la reforma social que se impulsaba bajo esta alianza tenía fundamentos socialcristianos y la Iglesia Católica en boca de su arzobispo manifestó que los católicos podían ingresar a la organización Vanguardia Popular “sin cargo de conciencia alguna”.

La guerra permitió también a Manuel fortalecer su lucha contra el fascismo mundial. Junto con costarricenses como Fernando Valverde Vega, Francisco Orlich Bolmarcich, Manuel Picado Chacón impulsó el Comité Antinazi de Costa Rica, que importante papel desempeñó en esos años complejos, de profunda agudización de las contradicciones sociales.

A nivel latinoamericano, durante este período, su partido participó en la gestación de la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), por medio de Arnoldo Ferreto, quien junto a Jaime Cerdas desarrollaban importantes luchas con el campesinado y los trabajadores nacionales y de colonización agrícola en la periferia del Valle Central.

Los años de la alianza con Calderón y Sanabria, con el gobierno y la Iglesia, permitieron la promulgación de la legislación social y la materialización de las principales instituciones sociales del país. Fueron años de lucha también por la ley de inquilinato, por la llamada ley de parásitos o precaristas, por las casas baratas, por protección a los campesinos, por la seguridad social, por comida barata etc.

El país ya ha rendido homenaje a dos de esos costarricenses, al llevar sus nombres dos instituciones hospitalarias, el Hospital Calderón Guardia y el Hospital Monseñor Sanabria. El nombre de Manuel Mora debe ligarse igualmente a una de las dos instituciones hospitalarias que están por crearse, el Hospital de trasplantes o el Hospital oncológico. En la administración Calderón Fournier (1990-94) importante monumento se hizo para conmemorar el 50 aniversario de la aprobación de las Garantías Sociales. El gobierno de don José María Figueres (1994-98) ha elaborado el proyecto para que a ese conjunto escultórico, de la rotonda del Zapote, se le agreguen las figuras de Manuel Mora y de Monseñor Sanabria.

Los años que siguieron a la reforma social, fueron tensos, agitados, violentos. A favor de la legislación social y en contra de ella, a favor de la defensa del sufragio y de la pureza electoral se enmarcaron las luchas políticas de la población costarricense, de los años siguientes, polarizándose cada vez más hasta culminar en los acontecimientos que todos, de distinta forma conocemos, en la guerra civil o el movimiento armado de marzo y abril de 1948, el enfrentamiento entre costarricenses que abanderados de reforma social, de defensa del Código de Trabajo, de la seguridad social y las garantías sociales o de pureza electoral se enfrentaron.

Fueron años de intensa actividad opositora al gobierno de Calderón Guardia, que en su segunda mitad tuvo el apoyo de los comunistas. Fueron los años contra los intentos del gobierno de impulsar una ley electoral orientada a favorecer el fraude, ley contra la que el propio Manuel Mora estuvo en contra. Y fueron los años en que la alianza política con el calderonismo culminó en la creación del bloque electoral denominado Bloque de la Victoria, que llevó a Teodoro Picado a la Presidencia y a Manuel a ser jefe ocasional de la bancada de diputados no solo de su partido sino también del gobierno.

Durante estos años, de la segunda guerra mundial, el Partido Comunista con Manuel al frente estuvieron de acuerdo en dejar de lado, tácticamente, la lucha por la dictadura del proletariado y la lucha de clases, convocando a la colaboración de clases y de los distintos sectores sociales del país para enfrentar patriótica y unitariamente los principales problemas nacionales. Pasada la guerra mundial se desarrolló internacionalmente la guerra fría cuyos elementos esenciales los introdujo en Costa Rica Otilio Ulate en ese mismo tiempo, desde las páginas de su periódico El Diario de Costa Rica.

Bajo el gobierno de Picado la tensión aumentó y la violencia contra los comunistas y el propio Manuel se exacerbó. Atentados contra él, contra su partido, contra la Confederación de trabajadores, contra el periódico del gobierno. Violencia ejercitada también por la propia policía encabezada por el tenebroso Tavío contra la oposición y los propios comunistas hicieron que el partido de Manuel desarrollara las llamadas Brigadas de Choque, para su autodefensa, que constituyeron un elemento más en esta escalada de violencia que sufría la sociedad costarricense.

Murió León Cortés en 1946. La jefatura de la oposición disputada por Figueres y Ulate la asumió don Otilio, quien propiciaba una salida política en las elecciones del 48, bajo la condición de que si hubiera fraude se pasaría a la insurrección, que era la tesis de Figueres. En 1947, con los ánimos exaltados, después de la huelga de los brazos caídos de finales de julio, el gobierno entregó a la oposición el control del aparato electoral. Calderón insistía en ser postulado nuevamente a la presidencia. No contaba inicialmente con el apoyo de los comunistas, quienes inscribieron sus propios candidatos. Las circunstancias de la violencia que vivía el país y la supuesta amenaza contra las reformas logradas hicieron que los comunistas votaran por Calderón, sin haber materializado pacto alguno con él. El resultado favorable de esas votaciones a Ulate, el voto salvado de Max Koberg Bolandi en el Consejo Electoral por el supuesto de fraude e irregularidades electorales hicieron que el Congreso, que debía ratificar el proceso lo anulara y Figueres consecuentemente con ello se levantó en armas para garantizar dicho resultado.

Importante es señalar que Manuel Mora, Jaime Lobo, Jaime Cerdas, entre otros dentro del Partido Comunista, se opusieron a la nulidad de las elecciones y por respetar su resultado. Ello explica, entre otras razones por qué el discurso en el Congreso, por la bancada comunista, la hizo el diputado Luis Carballo Corrales, por lo demás redactor del Código Electoral de 1946.

Un mes de guerra, con saldo de 3000 muertos, con amenaza de intervención extranjera de Nicaragua por el norte, y de los Estados Unidos por el sur, hicieron que Manuel Mora, sin renunciar a los principios renunciara a las armas en interés de la patria y buscara un pacto con Figueres para evitar y el dolor y la humillación de la intervención militar extranjera en Costa Rica. Esta ha sido la única renuncia en interés de la patria que ha hecho Manuel, la renuncia de las armas, pero no de los principios. Así se firmó el Pacto de Ochomogo por Figueres y Núñez, del Ejército de Liberación Nacional, por Carlos Luis Fallas (Calufa) y Manuel Mora por el Partido Vanguardia Popular, sin presencia de elementos del gobierno y con el apoyo de Monseñor Sanabria.

En este Pacto se comprometieron los comunistas a entregar las armas, lo que hizo Manuel Mora en discurso en el Parque España, frente al local de la CTCR, y Figueres a respetar la legalidad de los partidos y organizaciones y las reformas sociales. En lo esencial del pacto se cumplió todo excepto la legalidad de los comunistas que fueron proscritos. En la Junta de Gobierno Benjamín Núñez, Francisco Orlich y José Figueres estuvieron de acuerdo en respetar esa legalidad.

Siguieron los años difíciles del 48 y del 49; los años de la represión y del exilio de Manuel y de Carmen Lira, quien murió en el extranjero, pero también años de exilio de muchos costarricenses. Regresó nuevamente Manuel a principios de la década del 50. El ambiente nacional era difícil para sus partidarios y para los calderonistas. Su Partido se reconstruyó con apenas 50 militantes en 1951, que actuaban en la clandestinidad, en años de represión, de aislamiento social, de persecución. Los sucesos del 48 culminaron trágica y dolorosamente cuando Calderón intentó en diciembre de ese año invadir Costa Rica y elementos de la Junta de gobierno dispusieron asesinar a algunos dirigentes comunistas presos llevando a cabo el asesinato del Codo del Diablo. Esa aventura de Calderón no contaba con el apoyo de los comunistas ni de Manuel Mora.

Fueron años de persecución, de clandestinaje para muchos costarricenses, de difícil situación social en el país, pero años en que Manuel y su gente, reducida a menos de 100 personas, lograron nuevamente impulsar la organización no solo de su Partido sino también de trabajadores y de sindicatos, de trabajadores urbanos y campesinos, y nuevamente iniciar el camino de la lucha por el fortalecimiento democrático de Costa Rica, porque el camino del socialismo costarricense de Manuel es el camino de la democracia; para Manuel al socialismo solo se podría llegar con mayor democracia, no solo política, sino también social y económica.

Los sucesos de 1955, la intentona de otra guerra civil por la intervención armada desde Nicaragua por parte de calderonistas y llamados los coyotepes, tampoco contó con el apoyo de Manuel ni de su Partido, que procuraban dentro del espacio político nacional abrir cauces democráticos de participación y de recuperar las libertades políticas restringidas.

Fueron años de intensa lucha por la organización de los trabajadores urbanos y rurales. Cantidad enorme de huelgas se empezaron a desarrollar con la participación de los comunistas desde la clandestinidad.

Nuevamente fue reconstruida su organización sindical, la Confederación General de Trabajadores Costarricenses. Fueron años de lucha por la paz mundial a propósito de la Guerra de Corea, de la guerra en Indochina contra los franceses, de gran solidaridad internacional con la lucha nacional libertadora de gran cantidad de pueblos que durante estos años derrotaron el colonialismo en distintas regiones del mundo.

Estos años permitieron que ese extraordinario costarricense Joaquín García Monge facilitara con su compromiso por la justicia su nombre y su prestigio, para organizar primero un periódico llamado Adelante, para darle voz a los que después de la guerra no la tenían, y luego una organización política, el partido Progresista Independiente, para intentar la participación ciudadana de los que habían perdido en la guerra. El periódico Adelante lo cerraron en 1961 pero inmediatamente Manuel impulsó otro llamado Libertad, al que se vinculó hasta su muerte.

Durante el gobierno de don Mario Echandi, bajo las circunstancias del proceso integracionista centroamericano y de industrialización, amenazante para ciertos sectores tradicionales, se crearon condiciones para un acercamiento de Manuel y su Partido con el Gobierno, que se tradujo en tolerancia para su organización y oportunidad para abrir locales, los Centros Obreros de Estudios Sociales, y volver a ocupar espacios radiales para referirse a problemas del país. Pero también fueron de enfrentamiento con ese gobierno por la ruptura de las relaciones diplomáticas con la recién triunfante Revolución Cubana, para lo cual se creó la Sociedad de Amigos de la Revolución Cubana. Oportunidad hubo también de inscribir el Partido Acción Democrática Popular, con participación de los comunistas que llevó a la Asamblea Legislativa a Julio Suñol Leal.

A pesar de la tensa, represión y persecución, de estos años, se abrieron importantes compuertas para la lucha democrática en el país. A finales de los sesenta la crisis que atravesaban importantes sectores de cafetaleros y económicos nacionales hicieron que el propio gobierno del presidente Trejos Fernández le otorgara pasaporte diplomático para gestionar ventas de café en los entonces países socialistas. Así Manuel sirvió también a la Patria, al país y a sus grupos económicos más poderosos, haciendo de agente comercial internacional, cuando el país le demandó esta colaboración, aun cuando en el plano político interno le tenían limitaciones de participación electoral.

En estos años Manuel no solo era una personalidad política nacional sino también lo era en el plano internacional, a nivel del llamado movimiento comunista internacional y en los movimientos revolucionarios centroamericanos. Manuel está ligado a la fundación y desarrollo de organizaciones revolucionarias en Centroamérica, desde la década del 30 y en los 50s a la fundación del llamado Segundo Partido Comunista de Honduras. Las conferencias de Partidos Comunistas centroamericanos tenían mucha influencia del Partido de Manuel y de su talento e inteligencia. Cuando en 1961 se realizó la llamada Conferencia de los 81 Partidos comunistas del mundo, que valoró la situación internacional y enfrentó las posiciones que entonces enarbolaba el Partido Comunista de China, Manuel fue escogido, en una comisión de 5 miembros, para hablar en nombre de todos los Partidos de dicha conferencia con el Partido Comunista de China y con Mao Tse Tung. De los dirigentes comunistas de América Latina era de los de mayor trayectoria de lucha y de mayor prestigio reconocido.

Vino la década del 70, intensa de luchas nacionales, obreras y populares, y centroamericanas. Volvió Manuel al Congreso en el gobierno de Figueres a luchar por la derogación del segundo párrafo del Art. 98 de la Constitución Política que se aplicaba únicamente a los ciudadanos que eran o aparentaban ser comunistas para proscribirlos de su actuación electoral. En esta lucha, como en otras importantes, coincidió con Figueres, quien como presidente se empeñó en superar los odios y las pasiones del 48. A Figueres se le deben los monumentos unitarios a los caídos de los dos bandos, sus mensajes a volver a reunir la familia costarricense superando las pasiones del 48. Figueres como parte de esta nueva situación también se empeñó -con el apoyo de Manuel- contra viento y marea, contra las presiones internacionales de los Estados Unidos, por restablecer relaciones con la entonces Unión Soviética y algunos países socialistas y crear condiciones para la superación de la guerra fría en nuestro país.

Fueron también años de grandes huelgas de trabajadores y de universitarios en el país y de la insurgencia centroamericana, especialmente de la lucha en Nicaragua y el Salvador. El aporte de Manuel a la caída de Somoza es innegable si consideramos la presencia en esa lucha de la Brigada Fallas y de la Brigada Mora y Cañas, que con costarricenses de su partido y de otras fuerzas de izquierda, se sumaron a aportar su grano de combate en la caída del dictador, en el triunfo de la revolución sandinista y del ascenso revolucionario en Centroamérica. En esta lucha murieron costarricenses y miembros del Partido de Manuel.

En el plano político partidario desde la década del sesenta empezaron a desarrollarse otros grupos y fuerzas de izquierda en Costa Rica, que tuvieron siempre abiertas las puertas de Manuel, para su consejo, la discusión de las divergencias y sobre todo para encontrar los puntos de convergencia. Esta década culminó en este aspecto con el desarrollo de la organización electoral más grande de la izquierda desde 1948, que fue Pueblo Unido.

En el campo sindical enormes e importantes luchas se llevaron a cabo, pero especialmente culminó ello en el Comité Unitario Sindical, que buscaba con la presencia del Partido de Manuel, la unidad de todos los trabajadores del país.

La lucha por la defensa del proceso de la revolución sandinista llevó a Manuel, hace diez años, con setenta y cinco años de edad, al propio frente de combate, al río Coco, en Honduras, a enfrentar la llamada Contra nicaragüense. Allí llegó Manuel Mora enarbolando la bandera de su lucha y de su obra la revolución social en Centroamérica. Estos méritos, entre otros, le valieron por parte del Gobierno cubano el reconocimiento de la Medalla Playa Girón, por su aporte a la causa de la revolución.

El tiempo que siguió es poco conocido aún en detalles. En este período Manuel ha jugado un papel extraordinario en la lucha por la pacificación y la búsqueda de una solución política al conflicto centroamericano. Múltiples reuniones nacionales e internacionales con don Pepe, Fidel Castro y otras personalidades del país y del área llevó a cabo con este propósito. En este sentido, el Dr. Luis Burstin también sirvió de intermediario de Fidel, don Pepe y Manuel ante el Departamento de Estado, en búsqueda de esta solución política y pacífica para el problema militar en Centroamérica. Por ello no se ha dicho todo sobre la paz en Centroamérica.

Manuel Mora siempre tuvo presente el desarrollo institucional de Costa Rica. El socialismo en Manuel era la búsqueda constante de la democracia más plena, de manera que la lucha por la democracia era para Manuel la lucha por el socialismo, la lucha por el desarrollo institucional y democrático de Costa Rica era un camino para lograr esa sociedad mejor a la que aspiraba Manuel Mora. En este sentido su patria no se reducía a Costa Rica, alcanzaba Centroamérica, América Latina y el Mundo, porque su Patria no tenía las fronteras administrativas de Costa Rica, como bien dijo el señor presidente en la Iglesia de La Soledad el día de sus honras fúnebres, sino que su Patria alcanzaba las tierras donde hubiera una gota de injusticia social. Allí plantaba Manuel sus banderas de la redención social lo que lo hacía un hombre profundamente humanista e internacionalista.

Manuel Mora puede estar tranquilo de que sus ideas no cayeron al vacío. Mientras haya una gota de injusticia social, de pobreza, de miseria o de opresión; mientras haya el deseo de tener una Costa Rica más justa, más próspera, más democrática allí estaremos todos los que como Manuel creemos en una Costa Rica más democrática.

La Revolución, en Manuel, se reducía una palabra: SUMAR, no restar, no dividir. SUMAR, esa era la consigna y motivación política de Manuel, sumar conciencias, sumar voluntades para transformar democráticamente a Costa Rica. Y SUMAR democracia, como un camino necesario al socialismo.

Sin ninguna duda Manuel Mora estará permanente y cotidianamente incrustado en la historia nacional y en la vida de todos los costarricense aun cuando ellos mismos lo ignoren. En cada huelga, en cada organización sindical que se forme, en cada lucha campesina, en la lucha por el derecho a la Tierra, al Trabajo y al Techo, las tres T que preocupaban permanentemente a Manuel, en la lucha por desarrollar las libertades públicas y electorales, en las cuestiones inquilinarias, en la lucha por defensa de la soberanía e independencia nacional siempre estará presente la firma MANUEL MORA VALVERDE.

(Transcripción del único discurso pronunciado, en el acto fúnebre realizado el 29 de diciembre de 1994, a la salida de la Iglesia de la Soledad, publicado en Revista Reflexiones, de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Cota Rica, Nº 31, febrero 1995. ISBN 1021-1209, p. 16-28. y en mi Libro: “Tendencias en el movimiento obrero costarricense y otros artículos”, ISOLMA, 2014, p. 481-494. En diversas publicaciones y periódicos se reprodujo o se hizo un resumen de este.
Publicado en
surcosdigital.com el 31 de diciembre del 2020)

Este 3 de agosto celebramos el Día Nacional del Trabajador Bananero: su significado histórico

Marielos Aguilar Hernández
Historiadora
Catedrática jubilada, U.C.R.

Sería imposible comprender la consolidación del Estado costarricense sin tener en cuenta el invaluable aporte de nuestra clase trabajadora. Ésta, compuesta por hombres y mujeres del campo y la ciudad, participó decididamente, con su creatividad y entrega, en darle impulso a la economía nacional para la agroexportación. Primero, con la expansión del cultivo del café, el cual se convirtió en la base material del posterior desarrollo nacional y, luego, con el incremento de nuevos cultivos, particularmente el del banano en la zona atlántica.

Con la expansión de la producción bananera, ocurrieron cambios profundos en el panorama económico nacional y en la composición de la clase trabajadora costarricense. En lo sucesivo, la aparición de los nuevos obreros agrícolas contratados por la United Fruit Co. vino a modificar, definitivamente, el mundo del trabajo de nuestro país. Surgía así una masa asalariada proveniente de diferentes puntos del territorio nacional y desprovista de las mínimas condiciones para sobrevivir con dignidad. La mayoría eran varones que dejaban su tierra y sus familias, llegaban a las plantaciones bananeras contando tan solo con su fuerza de trabajo para vendérsela a la UFCO, a cambio de un salario, casi siempre insuficiente.

Fueron aquellas condiciones las que permitieron el surgimiento de la conciencia de clase entre los miles de trabajadores que se trasladaron desde comienzos del siglo XX hacia los bananales del Atlántico.

Con paciencia y valentía, aquellos trabajadores fueron forjando su espíritu de lucha ante las injustas condiciones en las se veían obligados a vender su mano de obra. Los bajos salarios, las pésimas condiciones de vivienda, los graves accidentes de trabajo y los altos precios que cobraban los comisariatos -también propiedad de la UFCO- fueron algunas de las razones que alimentaron su espíritu de lucha.

Desde principios del siglo XX, los trabajadores bananeros comenzaron a recurrir a los paros de labores para reclamarle a la UFCO condiciones más justas, sobre todo durante las crisis económicas provocadas por la Primera Guerra Mundial y, luego, por la crisis mundial de 1929. Su conciencia colectiva iba madurando.

Pero no fue sino hasta 1934, cuando persistían los efectos de la Gran Depresión de 1929, que se pudo palpar más claramente la aparición de la conciencia obrera en el seno de los trabajadores bananeros. El desarrollo de uno de los movimientos sociales más estremecedores de aquella época, la histórica huelga bananera del Atlántico, entre agosto y setiembre de 1934, marcó para siempre la historia de los bananales costarricenses.

En aquella ocasión, unos diez mil trabajadores contratados en las diversas fincas bananeras de la zona atlántica lograron ponerse de acuerdo y decretaron una huelga general. Exigían mejores salarios, viviendas dignas, pago en efectivo para eliminar los cupones que solo podían cambiar por mercadería en los comisariatos de la misma Compañía, botiquines con medicamentos de primera necesidad, cobertura de la Ley de Accidentes de Trabajo y, estratégicamente, algo muy importante, el reconocimiento legal del Sindicato de Obreros del Atlántico y demás organizaciones sindicales del país.

Ese pliego de peticiones lo recibieron el día 4 de agosto de 1934 el gerente general de la UFCO y los productores nacionales de banano, acompañado de una carta firmada por el secretario general del sindicato, Carlos Luis Fallas Sibaja, en la que se notificaba el comienzo de la huelga.

A partir del día 5 de agosto se inició el paro de labores, el cual debió prolongarse ante la resistencia de la UFCO a firmar el convenio que pondría fin a ese justo y vigoroso movimiento. Sin embargo, la UFCO nunca llegó a firmarlo.

El sufrimiento de aquellos trabajadores, y sus dirigentes, se escribió con sangre. El gobierno de don Ricardo Jiménez Oreamuno, presionado por la Compañía, envió cuerpos policiales que sometieron por la fuerza la férrea voluntad de los miles de trabajadores que, guiados por sus valerosos dirigentes, escribieron páginas gloriosas en la historia de la clase trabajadora costarricense.

No cabe duda de que el significado histórico del día 4 de agosto de 1934 debe perdurar en la memoria de la sociedad costarricense. Ha sido una fecha que, noventa años después, continúa dignificando a los trabajadores y trabajadoras de las plantaciones bananeras. Más importante aún: es una fecha que debe alimentar la conciencia nacional y la memoria antiimperialista que otrora caracterizó a los trabajadores de las transnacionales del banano.

En las décadas siguientes, los trabajadores bananeros también estuvieron presentes en las luchas por la legislación social costarricense. Incluso, no dudaron en tomar las armas en 1948 para sumarse a la defensa de las Garantías Sociales y el Código de Trabajo, insignes conquistas que, desde 1943, alumbraron el camino correcto hacia la construcción de una Costa Rica más justa y democrática.

Las décadas posteriores a la guerra civil, de nuevo fueron testigo de innumerables paros y huelgas, siempre en defensa de mejores condiciones de trabajo y, muy especialmente, de la libertad de organización sindical, tanto en las plantaciones del Atlántico como en las del Pacífico Sur. Fue así como en la huelga de 1953 en Golfito se conquistó la extensión de la Ley de Accidentes de Trabajo a los bananales y en 1959, luego de otra huelga ejemplar, se logró el derecho al pago de un mes de aguinaldo, como a la mayoría de los trabajadores del resto del país.

La década del setenta del siglo anterior fue un período muy productivo en materia de conquistas laborales por parte de los trabajadores bananeros de todo el país. La firma de un buen número de convenciones colectivas, tanto en el Atlántico como en el Pacífico Sur, trajo mejoras sustantivas, muchas de las cuales venían siendo reclamadas desde aquel lejano mes de agosto de 1934.

A la centenaria producción bananera nacional se le ha sumado, en los últimos tiempos, el cultivo de otra fruta para la exportación, la piña, actualmente producida en la región norte de nuestro país. Sabemos también de sus difíciles condiciones de trabajo. Sus luchas ya han comenzado y el ejemplo de los obreros bananeros, seguramente, les estará marcando el camino a seguir.

Algunas reflexiones sobre el Movimiento Obrero, el Primero de Mayo y la Masonería

ALGDGADU
SFU

Conferencia de Vladimir de la Cruz MM
en el Templo Mayor de la Logia Masónica.
En la Tenida de Trabajos Ordinarios de la V
L Hermes Nº 7 el lunes 5 de mayo del 2025

Estimado y QH, Venerable Maestro, Álvaro Rojas Salazar,

QQHH de la VL Hermes Nº 7

Agradezco profundamente la invitación que me hicieran para compartir con ustedes algunas reflexiones, a propósito de la fecha gloriosa del 1º de Mayo en Nuestra Patria, su relación con el movimiento obrero y con la Masonería.

De manera conceptual el movimiento obrero refiere en una acepción al movimiento comunista y sus organizaciones sindicales y, en otra acepción, remite al movimiento sindical en general. A los efectos de esta reflexión, me guiaré por entender al movimiento obrero en su versión de movimiento sindical en general.

La fecha del 1º de Mayo en Nuestra Patria se asocia, primero, a la rendición del filibustero estadounidense William Walker que se produjo el 1º de Mayo de 1857, poniendo fin a la Gran Guerra Nacional y Centroamericana que había iniciado en 1856, en el caso nuestro, cuando invadió Costa Rica, donde fue derrotado el 20 de marzo del 1856 en la Batalla de Santa Rosa, y unos días después, el 10 de abril, en la Batalla de Sardinal. Para mí, estas dos batallas fueron las más importantes porque se derrotó a los filibusteros en suelo costarricense, sacándolos y expulsándolos del suelo nacional. Esas dos batallas marcaron la persecución que se hiciera de los filibusteros para asegurar que no penetraran el territorio costarricense, y para sacarlos de Nicaragua.

De ambas batallas se marchó hacia Nicaragua, donde los filibusteros habían llegado en 1855, donde sirvieron al gobierno de entonces y donde también fueron enfrentados. Aun así, Walker se hizo fuerte en Nicaragua al frente del Ejército y proyectó la dominación de toda Centroamérica, en sus cinco países, que quiso anexar a los estados sureños de los Estados Unidos, y con ello establecer la esclavitud a los pueblos centroamericanos, que por breve período impuso en Nicaragua.

La heroica y dura Batalla de Rivas, del 11 de abril, infligió otra derrota militar y moral a las tropas filibusteras. No pudo ser capturado Walker en su huida por haberse desatado la peste del cólera, que obligó a que las tropas costarricenses regresaran dejando, por pocas semanas, el escenario de la guerra. Así concluyó lo que se conoce como la Primera Campaña de combates contra los filibusteros.

La peste de cólera afectó terriblemente a la población costarricense. Se estima que un 10% falleció, cerca de 10.000 costarricenses.

El 20 de junio de 1856 Walker desconoció al gobierno nicaragüense presidido por Patricio Rivas, e impuso de presidente a Fermín Ferrer.

El 10 de julio el presidente Ferrer declara al General William Walker presidente de Nicaragua. En esos mismos días empezaban a llegar a Nicaragua los ejércitos de El Salvador y Guatemala a combatir a Walker, articulándose los ejércitos aliados, con el de Costa Rica, para derrotar y expulsar a Walker de Nicaragua, desde donde constituía una grave amenaza para toda la región. Así se dio la llamada Segunda Campaña de combates contra los filibusteros, ya integrado el ejército costarricense, comandado por el Presidente Juan Rafael Mora Porras, su hermano, el General José Joaquín Mora Porras y su cuñado el General José María Cañas.

La Segunda Campaña culmina con la rendición de William Walker y su salida de Nicaragua, el 1º de Mayo de 1857, lo que motivó que el Presidente Juan Rafael Mora Porras, declarara, que el 1º de Mayo de cada año debía celebrarse, a partir de 1858, de manera perpetua, como un día feriado nacional en todo el territorio costarricense, para celebrar la rendición y expulsión de los filibusteros. Así se origina el día feriado del 1º de Mayo de 1857 en el país.

En el Ejército Nacional, que salió a combatir a los filibusteros, se integró, apoyando la lucha y la movilización popular y voluntaria de ciudadanos, la Iglesia Católica, a la que el Obispo Anselmo Llorente y La Fuente la hizo participar. Con la tropa participó casi una decena de sacerdotes, jefeados, por el Padre Francisco Calvo, como Capellán del Ejército, para cumplir los apoyos espirituales y materiales que los soldados, heridos y caídos necesitaran. El Padre Calvo empezó a destacar desde entonces en la Iglesia y en el panorama nacional.

En 1865 el Padre Calvo funda la Logia Masónica de Costa Rica, desde entonces existente en el país. El movimiento masónico ya existente, había jugado su papel en el proceso de Independencia de la América hispana y en el Virreinato de México, al cual pertenecíamos.

En los días de la Independencia, en 1821, en México cuando el clero católico apoya la declaratoria de emperador de Agustín de Iturbide, las logias masónicas se le enfrentaron. En Costa Rica la presencia masónica se remonta a los mismos días de la Independencia, cuando desde 1824 se tenía conocimiento de masones en el país y en Centroamérica.

A partir del proceso post independentista en muchos países la masonería tuvo importante influencia en la estructuración de los Estados liberales, el desarrollo de las libertades ciudadanas, los derechos individuales, en las tendencias laicistas del desarrollo institucional y democrático, en los procesos educativos, la gestación democrática, y en la constitución de Repúblicas.

El movimiento masónico en esos días estuvo ligado también a la gestación de la prensa que facilitó la divulgación de las ideas de la independencia, la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad. También estimuló y se ligó a impulsar organizaciones como las Sociedades Económicas de Amigos del País, que se desarrollaron en distintas partes de nuestra geografía iberoamericana, para modernizar e impulsar el progreso social y material, contribuir a la recuperación de la caída economía colonial estimulando la libertad de comercio, enfrentando las trabas burocráticas del sistema colonial, superando el oscurantismo ideológico imperante por la presencia eclesiástica en América, difundiendo las ideas sociales y políticas más avanzadas del momento, encarnando los ideales revolucionarios de Francia, de su Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano.

En Costa Rica, desde 1824 hasta 1865 hay información de la presencia y del paso de masones. Algunos fueron expulsados por herejes y revoltosos. A otros se les atribuyeron la fundación de Logias en San José, Cartago y Heredia. Otros fueron acusados ante el Tribunal de la Inquisición que todavía funcionaba. Se dijo que el Jefe de Estado Braulio Carrillo se inició como masón en una Logia dependiente del Gran Oriente Español de las Indias y, fueron masones también los que derrocaron a Carrillo, motivo por el cual, dice el Historiador y ex Gran Maestro y Benemérito de la Orden, Rafael Obregón Loría, que pudo ser ésta la causa por la cual Carrillo se separara de la masonería. También, se afirma que el grupo La Tertulia, en 1833, estaba impulsado por masones, por sus luchas, por los ideales que pregonaban y por las personas que lo integraban, aunque no constituyeran Logias o Talleres de trabajo masónico en esos años. Monseñor Víctor Manuel Sanabria reconoce la existencia de Logias desde 1826 en San José, Heredia y Cartago. La influencia masónica de esos años se nota en 1846, cuando en el libro Lecciones elementales de las dos primeras partes de la filosofía, primer libro, usado en la Universidad de Santo Tomás, en su portada se pusieron símbolos masones, de la misma manera que se hizo entre 1843 y 1858 con la publicación de los Estatutos de la Universidad de Santo Tomás.

El 2 de enero de 1865 se fundó la Masonería en Costa Rica al amparo del Gran Oriente y Supremo Consejo Neogranadino, de Cartagena. El 28 de julio de 1865 empezó regularmente sus trabajos, emitida ya su Carta Constitutiva la Logia Caridad No. 26. Dos años más tarde, con el apoyo de la Gran Logia de Cuba, se estableció la Logia Unión Universal Nº 19. En 1871 con la existencia de otras logias se fundó el Supremo Consejo de Francmasones. Este mismo año se fundó, con asiento en San José, el Consejo Supremo Centroamericano, el 9 de enero.

El Padre Francisco Calvo pasó a jugar un papel muy importante en la vida política nacional, en esos años posteriores a la Guerra Nacional contra los filibusteros.

La Logia Masónica fue el motor del impulso liberal en las décadas siguientes, entre 1870 y 1890. Los principales presidentes de ese período pertenecieron a la Masonería, José María Castro Madriz, Bruno Carranza, Tomás Guardia Gutiérrez, Salvador Lara Zamora, Bernardo Soto y Próspero Fernández.

Hasta la constitución de la Gran Logia de Costa Rica, en diciembre de 1899, el movimiento masónico jugó un papel relevante en la vida política nacional. Su misión liberal se había concretado en el desarrollo del Estado Nacional y el ideario liberal nacional expresado en la legislación, la tradición, los usos y costumbres imperantes. Sus banderas se habían mantenido en alto, en este período, en el ámbito de las libertades públicas y de enfrentamiento con las intenciones eclesiásticas de recuperar influencia, presencia y poder político que la Iglesia había perdido con las leyes liberales.

En este período liberal, el Padre Francisco Calvo impulsó, en 1874, la creación y fundación de Sociedades de Trabajadores, Sociedades de Artesanos y Sociedades de Obreros, como alternativas clasistas, porque en ellas solo se podían organizar trabajadores, artesanos u obreros frente a las Sociedades Mutualistas, de Mutuo Auxilio o de Socorros Mutuos en las que se podían afiliar trabajadores, obreros, artesanos, estudiantes, mujeres y patronos.

Con las organizaciones laborales que impulsó el Padre Calvo la sociedad costarricense empezó a perfilarse y a comprenderse como una sociedad dividida en clases sociales, una dominante y otras dominadas. Esta situación se expresó políticamente cuando el último Rector de la Universidad de Santo Tomás, Félix Arcadio Montero, inició la organización política de estos sectores dominados primero, en 1886, con el intento de fundar un Partido de Trabajadores y luego, en la década de 1890, con el Partido Independiente Demócrata con el que llamó a los “descalzos”, “descamisados y “chaquetas” a enfrentar los “levitas”, por el traje de distinción que se usaba, y al “Olimpo”, por quienes estaban arriba, en el Poder Político.

El Padre Calvo cuando fundaba una Sociedad de trabajadores, de obreros o artesanos las llevaba en desfile hasta la Casa Presidencial, y las ofrecía al Presidente Tomás Guardia, que era Masón, para que las presidiera honoríficamente, lo que probablemente era un juego político que realizaba para garantizar su protección, su legalidad y existencia.

El padre Francisco Calvo falleció en 1890. Pudo acariciar las grandes luchas internacionales de los trabajadores europeos y estadounidenses, de la década de 1880-1890, por la jornada de trabajo de ocho horas. En esos años se habían desarrollado movimientos anarquistas, socialistas y comunistas, cuyas ideas empezaban a penetrar en el país por las noticias de prensa que llegaban, y por los trabajadores europeos que vinieron a trabajar en la construcción del ferrocarril al Atlántico, especialmente italianos y luego españoles. En Europa así surgió la Asociación Internacional de Trabajadores, llamada Primera Internacional, en 1864, y la Segunda Internacional en 1876, ambas fundadas por Carlos Marx, para darle unidad internacional a las luchas obreras.

En los Estados Unidos había surgido la Federación Americana del Trabajo (AFL), en 1886, que evolucionaba de la Federación de Sindicatos Organizados (FOTLU), y la organización de los Caballeros del Trabajo. En esos años se venía dando la lucha por establecer la jornada de trabajo diaria en ocho horas.

En los Congresos Obreros de la Federación de Sindicatos Organizados y de la Federación Americana del Trabajo de 1880, 1881, 1882, 1883, 1884 y 1885 se había venido preparando una gran huelga para que el 1º de Mayo de 1886 se presionara por establecer la jornada de ocho horas diarias. En aquella época, cada primero de año, en asambleas directas de trabajadores y patronos se negociaban los contratos de trabajo para el año siguiente, a partir del 1º de mayo. Así se dio la gran huelga general, que movilizó alrededor de un millón de trabajadores en Estados Unidos en 1886, que culminó en la ciudad de Chicago, con un incidente que produjo heridos y muertos, cuya culpa la hicieron recaer en los dirigentes de la huelga, la mayor parte trabajadores inmigrantes, de orientación anarquista, que fueron juzgados y condenados a la pena de muerte, por lo que se les conoce como los Mártires de Chicago. Ellos fueron August Spies, George Engel, Samuel Fielden, Adolph Fischer, Louis Lingg, Michael Schwab, Albert Parsons y Oscar Neebe.

Las huelgas de 1886 impusieron la jornada de trabajo de ocho horas diarias para el 80% de los trabajadores que se habían movilizado. En 1888, de nuevo la Federación Americana del Trabajo empezó a organizar, para el 1º de Mayo de 1890, otra gran huelga para lograr la universalización de la jornada de trabajo de ocho horas. La prensa masónica de España de 1890 informó activamente de esta lucha, apoyando la lucha por la jornada de ocho horas, como una lucha por la vida.

En 1889, dos Congresos Obreros, realizados en Paris, Francia, apoyaron esta convocatoria del 1º de Mayo de 1890. El Congreso Obrero, reunido en la Sala Petrelle, estableció que a partir del 1º de Mayo de 1890 se debían seguir movilizando los trabajadores, cada año, para hacer un balance de las luchas del año transcurrido y para establecer una plataforma de lucha para el año venidero. Así surgió el día 1º de Mayo como el Día Internacional de los Trabajadores, como un día de lucha, no de fiesta.

Los sucesos ocurridos en Europa, Estados Unidos y Chicago en 1886 fueron seguidos diariamente por la prensa costarricenses, que informaba de ellos con pocos días de atraso, lo que introdujo lentamente esta demanda de trabajo en el país, que tenía jornadas que superaban las doce horas y había jornadas de 16 y en algunos lugares hasta 20 horas de trabajo.

Entre 1890 y 1912 en Costa Rica se dio una gran revolución urbana e industrial. El capitalismo agrícola se desarrolló con las plantaciones de banano, café y caña de azúcar. El Valle Central se había modificado en su paisaje por estos cultivos. El llamado ferrocarril al Atlántico había acelerado la economía nacional. Ya había electricidad, a finales del siglo XIX, que alcanzaba a las ciudades del Valle Central. El Barrio Amón y el Barrio Aranjuez se construyen en esos años, así como grandes edificios, entre ellos, el de la Escuela del Edificio Metálico, el Teatro Nacional, con electricidad incluida, edificios aún existentes en la Avenida Central, el edificio de Correos, la vieja Penitenciaría Central, hoy Museo de los Niños. Se iniciaba el ferrocarril al Pacífico, habían fábricas de gaseosas, cervezas, jabonerías, imprentas, una activa prensa diaria. Habían empresas textileras e hilanderas.

Este cambio en la actividad económica había producido cambios en la organización económica. Los viejos talleres artesanales empezaron a sustituirse por pequeñas, medianas y grandes empresas. Aparecieron los monopolios como el de la United Fruit Company, que se había fundado en marzo de 1899, con apoyo de las plantaciones y empresas bananeras de Costa Rica. A los cambios empresariales se dieron los cambios en las organizaciones laborales de los trabajadores. Así surgieron, entre 1900 y 1901, Ligas Obreras y Sindicatos superando a las sociedades mutualistas y a las de trabajadores que había impulsado el padre Calvo.

A partir de 1905 empezaron a surgir las Federaciones de Trabajadores, dándole más fuerza a los trabajadores organizados, que también se vincularon a las luchas internacionales y regionales, tratando de impulsar en 1911 la Confederación de Obreros de Centroamérica (COCA), y en 1918 la Confederación de Obreros Panamericana (COPA). El escritor Joaquín García Monge representó a los trabajadores en la constitución de la Confederación de Obreros Panamericana, en Laredo, Texas. Con motivo del desarrollo de los monopolios se dieron luchas antimonopólicas y de carácter antiimperialistas desde 1901, iniciadas por sectores oligárquicos cafetaleros que empezaban a invertir en banano, afectados y limitados por cláusulas de los Contratos bananeros.

En la primera década del siglo XX, en 1907 y 1913, el poeta y autor de la Letra del Himno Nacional, José María Zeledón Brenes, escribió sobre estas luchas de los trabajadores y la jornada de ocho horas. En 1909 se constituyó el Centro de Estudios Sociales Germinal, que agrupaba a los escritores Joaquín García Monge, Omar Dengo, José María Zeledón Brenes, Carmen Lyra que impulsaron la creación de la Confederación General de Trabajadores, en 1913, que también convocó a la primera celebración del 1º de mayo como Día Internacional de Lucha de los Trabajadores, que desde ese año se celebra en Costa Rica.

En este tipo de luchas el movimiento masónico costarricense no se involucró. Tampoco las adversó. De manera activa, a finales del siglo XIX, con las dos visitas que hiciera el QH José Martí a Costa Rica, la Gran Logia de Costa Rica dio su apoyo a la lucha libertadora de Cuba, que encabezaba Martí, además de que en esos días surgieron seccionales del Partido Revolucionario Cubano, en distintas partes del país, con apoyo de trabajadores organizados.

Así, desde 1913 empezó a celebrarse el día 1º de Mayo como Día Internacional de los trabajadores, ligado a la celebración de la rendición de los filibusteros de William Walker. A medida que cobró fuerza la celebración de día de los trabajadores, se dejó de reseñar la rendición de William Walker, que es la que da origen a la Fecha Patria nacional.

De esta manera, vinculo la presencia de la Masonería al Movimiento obrero, con el padre Calvo, desde la Campaña Nacional como Capellán del Ejército Nacional, y como fundador de la Masonería nacional, como el gestor e impulsor de la organización clasista de los trabajadores, que lleva a la celebración del 1º de Mayo, en el caso costarricense, como Día Internacional de los trabajadores, a partir de 1913.

Así, el movimiento obrero costarricense, le debe al fundador de la Masonería los orígenes clasistas de su organización laboral. Si el movimiento masónico no se involucró más, en este sentido, fue por el papel que adquirió y tuvo en el desarrollo del Estado de Derecho liberal, en la preocupación por el ejercicio de las libertades y derechos ciudadanos, por el desarrollo de un Estado laico.

Las luchas sociales que emergieron a partir de finales del siglo XIX y durante las primeras décadas del siglo XX no atraparon el compromiso de los masones en su impulso y gestación. Pero, si fueron intelectuales liberales, con visión social, los que enfrentaron el tradicionalismo y el conservadurismo político de estas décadas. Las luchas obreras, nacionalistas y antiimperialistas tan características desde 1920 hasta 1935 tampoco atrajeron la atención de los masones de manera activa.

Sus banderas se habían mantenido en alto, en este período, en el ámbito de las libertades públicas y de enfrentamiento con las intenciones eclesiásticas de recuperar influencia, presencia y poder político.

Entre el Movimiento Obrero y la Masonería podemos apreciar coincidencias en sus principios fundamentales.

Los principios de la Libertad, la Igualdad, la Fraternidad, el respeto a las creencias religiosas son también esenciales en la organización de los trabajadores. La lucha por abolir toda forma de esclavitud laboral es coincidente con los principios de que el masón es un hombre libre, que lucha contra toda forma de opresión y esclavitud, el de ayudar a los débiles.

El desarrollar una conciencia de clase trabajadora es equivalente al estudio de los masones por la superación individual y de actuar de conformidad a la voz de la conciencia, en búsqueda de la Verdad para el Masón, en la búsqueda de un sistema de relaciones laborales justas y de mayor bienestar social, para el movimiento obrero.

La preocupación del masón por enseñar al ignorante la tiene el movimiento obrero cuando también le enseña al trabajador su condición de ser social y de hombre libre, y de desarrollarle su conciencia de clase.

En la masonería un valor fundamental es el trabajo del hombre, el trabajo que libera, que conduce a la perfección del hombre por su trabajo y el desarrollo de su conocimiento. Las Logias masónicas operan como Talleres de trabajo, simbólicamente con un horario de 8 horas. Para el movimiento obrero es importante el hombre trabajador que tiene que liberarse de las cadenas que le atan, como esclavo moderno, de sus condiciones opresoras laborales.

En los tiempos antiguos, cuanto el hombre estaba más atado a la naturaleza, el trabajo del hombre fue esencial para su propio desarrollo, para la separación del hombre de la naturaleza y para el dominio de la naturaleza por el hombre, que es la lucha constante hasta hoy. Esa relación, del Hombre con la Naturaleza, lo condujo a establecer relaciones con la naturaleza y relaciones con los propios hombres, en el proceso de trabajo, en el proceso de la producción, que se conocen como relaciones de producción, que lo condujo a obtener mayor grado de libertad entre más se dominara y conociera la naturaleza, y entre más se liberaran las condiciones esclavistas de trabajo. Esto sigue vigente.

La masonería no es una práctica espontánea; es un plan, un programa. El desarrollo teórico de la masonería se extrae de la vida, de la propia realidad. Por ello, no es un movimiento utópico, es la unión de la vida y las ideas en búsqueda de un camino justo de superación humana. El movimiento obrero también busca el camino justo de la superación humana, aboliendo todas las formas de explotación y dominación social.

El simbolismo masónico expresado en la piedra bruta y la piedra cúbica, trabajada, es la transformación de la materia por el trabajo y el conocimiento.

El trabajo da habilidad, destreza, capacidad, fuerza, inteligencia, pero también relaciona al hombre no solo con la naturaleza sino con otros hombres y lo obliga a la solidaridad, a la cooperación, la fraternidad, la igualdad y a la libertad. El trabajo une así al hombre con la naturaleza pero también con otros hombres. Son relaciones de unión y de lucha.

El trabajo concebido masónicamente es esencial para la superación del hombre. El trabajo social, es el que resulta de la cooperación, de la unidad de los hombres, de la fraternidad de su relación, del estudio común, de su sociabilidad y de su inteligencia y capacidad de pensar.

El par dialéctico como hombre Libre y de Buenas Costumbres del masón es igual para el obrero, para el trabajador organizado.

El trinomio dialéctico que conduce la vida, la práctica y el espíritu del movimiento masónico, que tiene que ver con su propia transformación y la transformación social, que se representa en la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, en su doble relación dialéctica, su sentido político profano y su sentido iniciático, es igual para el obrero, en su relación dialéctica, de su sentido profano organizativo sindical con su sentido iniciático de su militancia sindical.

Los elementos dialécticos dentro del movimiento y organización masónica de los Tres Deberes, con el principio de vida, con nosotros mismos y con la Humanidad, se expresan en los trabajos masónicos, en la actividad colectiva de los Hermanos en el Taller, en la Logia. Para el movimiento obrero hay similitud con esos tres deberes realizados en la actividad colectiva de los Sindicatos.

El concepto de la Igualdad es un principio que, en teoría, los masones tienen que practicarla. La Justicia, es un elemento que también es importante, que está asociado a las actividades masónicas, que refiere a dos cosas: a dar a cada quien lo que le corresponde y a dar a cada quien lo que necesita. Este planteamiento está en los documentos del movimiento obrero y socialista internacional, con la frase frase «a cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades», manifestada por el mismo Carlos Marx.

Históricamente, los masones fueron perseguidos en distintas épocas, por distintos regímenes políticos y por la Iglesia católica, por las luchas que libraban por la Libertad, la Igualdad, la Fraternidad, por el Estado laico por las libertades y derechos ciudadanos. Fueron perseguidos y proscritos. El movimiento obrero de igual manera ha sido perseguido, en distintas épocas, por distintos regímenes políticos, e igualmente ha sido proscrito, por sus luchas sociales y políticas, por lograr más justicia social, más bienestar para los sectores trabajadores.

En el caso eclesiástico, Papas se pronunciaron contra los masones. En 1738, el Papa Clemente XII redactó el Primer decreto papal en contra de la Masonería, la bula “In Eminenti Apostolatus Specula o In Eminenti. En 1751 el Papa Benedicto XIV lo hizo con el documento pontificio “Providas romanorum”. En 1821, el Papa Pío VII afirmó categóricamente que los francmasones deben de ser excomulgados, por sus conspiraciones contra la Iglesia y el Estado, en el documento “Ecclesiam a Jesu Christo”. Igual siguieron los documentos papales “Quo Graviora”, de 1826, del Papa León XII, el documento pontificio “Traditi Humilitati”, de 1829, del Papa Pío VIII, el documento pontificio “Mirari Vos”, de 1832, del Papa Gregorio XVI, los documentos pontificios “Qui Pluribus”, de 1846, “Quibus quantisque malis, de 1849, “Quanta cura , de 1864, “Multiplices inter”, de 1865, “Apostolicæ Sedis”, de 1869 y “Etsi multa”, de 1873, del Papa Pío IX. De igual modo, los documentos papales de León XIII, “Etsi Nos, de 1882, la Encíclica “Humanum Genus”, de 1884, la Encíclica “Officio Sanctissimo”, de 1887, el documento pontificio “Ab Apostolici”, de 1890, la Encíclica “Custodi di quella fede” de 1892, la Encíclica “Inimica vis” , de 1892, los documentos pontificios “Praeclara Gratulationis Publicae” de 1894 y “Annum ingressi”.

El Código de Derecho Canónico, de 1917, establecido por el Papa Benedicto XV, condenó y excomulgó a los miembros de la Masonería, lo que se reafirmó en el Código Canónico de 1983, eliminando sanciones y la excomunión.

En 1974, el 19 de julio, la Congregación para la Doctrina de la Fe, del Vaticano, admitió que la Masonería estaba exenta de contenidos contrarios a la Iglesia y que por ello su pertenencia no llevaba consigo la pena de excomunión. En cuanto al movimiento sindical innumerables leyes, en todas partes del mundo, y en Costa Rica también, establecieron restricciones o prohibiciones de organización, de prácticas sindicales y de limitación del ejercicio de derechos laborales y sindicales.

Con el Papa Francisco, recién fallecido, hubo un retroceso por cuanto aprobó un pronunciamiento, del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, del 15 de noviembre del 2023, que señaló que ser masón no era compatible con ser católico, y que los católicos que se encontraran en las logias estaban en “estado de pecado grave”.

La Masonería ha sido considerada como una sociedad secreta, conspiradora, antisistema. De la misma manera, a organizaciones del movimiento obrero se les ha dado igual trato de conspiradoras y antisistema, y les ha tocado actuar desde la clandestinidad, como sociedades secretas. Las luchas políticas que ha dado la masonería pueden asimilarse a las luchas políticas del movimiento obrero, motivos por los cuales son perseguidas estas asociaciones y sus dirigentes.

La masonería ha estado ligada históricamente a grandes cambios y revoluciones políticas, de progreso social y humano. De igual manera, el movimiento obrero se liga a luchas políticas de progreso social y humano, particularmente a la lucha por la paz, y algunos movimientos obreros se han ligado a la lucha por el socialismo, en una visión anticapitalista.

En el movimiento sindical y el movimiento obrero se usan colores de manera tradicional. Particularmente son el rojo y el negro. El rojo simbolizando la lucha, la vida. El negro simbolizando los que han caído en esas luchas.

En la Masonería se usan colores. El rojo que simboliza la generosidad, se asocia también a los caídos en la lucha por la Libertad, o a la sangre derramada en esta lucha. También el color blanco que refiere a la pureza o inocencia, el verde a la esperanza.

En la Masonería los colores son simbólicos. Hay colores en la masonería que refieren al grado masónico especial, como el color azul y grana. Los colores blanco, azul, rojo, purpura o violeta, oro o doradas, amarillo, naranja son propios de las prácticas y usos masónicos, para los mandiles y cintas de las joyas que también se emplean.

Los sindicatos y las logias son igualmente espacios de reunión, de trabajo, de comunicación, de cohesión, de interacción de sus miembros o integrantes.

No hay históricamente un vínculo directo entra Masonería y Movimiento Obrero o sindical, como sí lo hay entre Iglesia Católica y movimiento sindical. La relación Masonería-Movimiento sindical es un tema de discusión académica, masónica y política, dentro y fuera de las Logias masónicas como dentro del movimiento obrero sindical.

Los derechos y las libertades de los ciudadanos como elemento de lucha masónica surgieron antes que los derechos y libertades laborales y sindicales. Cuando éstas últimas surgieron, desde la perspectiva y lucha de los trabajadores, los Estados de Derecho ya se habían consolidado, y dentro de ellos empezó a darse la lucha por separar de la legislación civil la legislación laboral, y a desarrollar el concepto de que los trabajadores son la parte débil de la relación capital-trabajo, que requiere ser protegida. Esta lucha se asoció y vinculó más a los partidos políticos de las clases trabajadoras que empezaron a surgir en la segunda mitad del siglo XIX, de orientación socialista, comunista o anarquista, que llevó a que la Masonería no levantara estas banderas de lucha social y humana, lo que no hace a la Masonería una organización antiobrera, ni alejada de estas luchas, o contraria a los derechos de los trabajadores. El algunos países las Logias saludan el 1º de mayo a los trabajadores en su día de lucha.

La Masonería es más que todo una organización iniciática de reflexión mientras el movimiento obrero es una organización de lucha por asegurar los derechos sociales de los trabajadores.

Por la naturaleza del surgimiento histórica de la Masonería ésta se desarrolló más como una organización masculina, mientras el movimiento obrero se desarrolló, en su organización, más democráticamente con hombres y mujeres.

La Masonería en su filosofía no ha promovido el análisis de la sociedad desde la perspectiva de la lucha de clases, como lo hace el movimiento obrero y sindical. Esto hace que en la Masonería haya personas muy vinculadas al poder político, a situaciones que en ejercicio del poder político puedan actuar violentamente tomando decisiones militaristas y guerreristas, represivas, incluso contra el movimiento obrero, mientras que miembros y dirigentes del movimiento obrero no participan de ese tipo de decisiones, lo que no impide que dirigentes del movimiento obrero sean masones, como lo fue Miguel Bakunin en el siglo XIX, o el presidente Salvador Allende en Chile, vinculados a las luchas sociales y obreras.

La Masonería históricamente ha estado asociada a estructuras del poder político mientras el movimiento obrero y sindical ha estado más asociado a la lucha contra el poder político, considerándolo un poder opresor de las clases trabajadoras. El valor Trabajo desde la perspectiva masónica no se asocia a las luchas de los trabajadores.

El tema de la relación Masonería- Movimiento Obrero, no es fácil de abordar. Tiene muchas aristas. Tan solo he hecho unas reflexiones a la luz de la historia nacional, de la historia de la Masonería en el país y de las luchas obreras asociadas al Primero de Mayo. Ambos escenarios, Masonería y Movimiento Obrero son muy disímiles en su accionar filosófico y político. Es un tema de investigación y de reflexión que hay que continuar, así como el de Masonería y Socialismo.