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Etiqueta: Pegasus

El Hondurasgate y la transformación de la presencia israelí en Centroamérica

Por Juan Carlos Cruz Barrientos
Comunicador social

En el programa La Base del 27 de julio último, el equipo de redacción analiza la nueva publicación exclusiva de audios del Hondurasgate, los cuales fueron sometidos a una auditoría forense independiente que revelan la penetración de Israel en América Latina con armas de espionaje, control y guerra sucia digital. En el programa interviene la periodista Valeria Duarte de Canal Red América Latina, quien participó en la investigación y que complementa investigaciones desarrolladas por organizaciones como Citizen Lab, Forbidden Stories, Artículo 19, Project Torogoz, Revista Raya y Señal Colombia.

Se trata de una nueva entrega de audios de la plataforma Honduras Gate que Diario Red América Latina y el medio de Estados Unidos Dropside que han vuelto a colocar sobre la mesa un tema que América Latina ha discutido de manera fragmentaria durante las últimas décadas: el papel desempeñado por Israel en la región y la transformación de los instrumentos mediante los cuales ejerce su influencia. El reciente programa La Base, titulado Espionaje israelí en América Latina, ofrece una oportunidad para abordar esa discusión desde una perspectiva histórica más amplia, evitando tanto las simplificaciones como las explicaciones conspirativas.

Para comprender el alcance de estas revelaciones es necesario retroceder varias décadas. La relación entre Israel y Centroamérica no comenzaron con Pegasus, la inteligencia artificial o las campañas digitales. Durante los años más intensos de la Guerra Fría, Israel desempeñó un papel relevante en la estrategia de seguridad de varios gobiernos centroamericanos, particularmente en Guatemala, El Salvador y Honduras. En un contexto marcado por la confrontación entre Estados Unidos y la Unión Soviética, el Estado israelí suministró armamento, entrenamiento militar, asesoría en inteligencia y tecnología de defensa a gobiernos que enfrentaban movimientos guerrilleros.

Diversos historiadores y especialistas en relaciones internacionales han documentado que esa cooperación adquirió especial importancia cuando la política exterior estadounidense encontró restricciones impuestas por el Congreso para continuar proporcionando asistencia militar directa a determinados gobiernos acusados de violaciones a los derechos humanos. En ese escenario, Israel se convirtió en un proveedor estratégico de armas, capacitación y asistencia técnica, actuando en numerosos casos dentro de una convergencia geopolítica con Washington, cuyo objetivo consistía en impedir el avance de organizaciones insurgentes en la región.

Aquella etapa dejó una huella profunda en la historia centroamericana. Sin embargo, el fin de los conflictos armados no significó el retiro de Israel. Lo que cambió fueron los instrumentos de su presencia.

Durante las décadas siguientes, la cooperación comenzó a orientarse hacia ámbitos como la agricultura de precisión, la gestión del agua, la salud pública, la innovación tecnológica, la investigación científica y la formación de recursos humanos. Paralelamente, crecieron las inversiones privadas, la participación de empresas israelíes en proyectos de infraestructura tecnológica, telecomunicaciones, ciberseguridad, software, energías renovables y transformación digital. La presencia israelí dejó de estar asociada casi exclusivamente al ámbito militar para convertirse en un fenómeno mucho más amplio, donde convergen diplomacia, cooperación técnica, inversión privada, innovación, redes académicas y relaciones empresariales.

Precisamente esa transformación constituye uno de los aspectos más interesantes del análisis presentado por La Base. El programa sostiene que el Hondurasgate no debería interpretarse únicamente como un posible caso de espionaje político, sino como una manifestación de un cambio más profundo en las formas del poder internacional.

Los ejemplos que presenta son reveladores. En México, investigaciones de Citizen Lab y Artículo 19 documentaron el uso del software Pegasus, desarrollado por la empresa israelí NSO Group, para intervenir teléfonos de periodistas, activistas y defensores de derechos humanos durante el gobierno de Enrique Peña Nieto. En Colombia, investigaciones de Revista Raya y Señal Colombia revelaron la presunta compra clandestina de Pegasus mediante el traslado de once millones de dólares en efectivo hacia Israel durante la administración de Iván Duque. En El Salvador, el Project Torogoz, elaborado por Citizen Lab, identificó infecciones con Pegasus en teléfonos pertenecientes a periodistas de El Faro, La Prensa Gráfica, Diario El Mundo y otras organizaciones de la sociedad civil.

A estos antecedentes se suman las investigaciones internacionales sobre empresas privadas dedicadas a operaciones de influencia política. Facebook eliminó en 2019 cientos de cuentas vinculadas con Archimedes Group, una firma israelí acusada por la propia plataforma de desarrollar campañas coordinadas de manipulación política mediante perfiles falsos en distintos países. Poco después, la investigación internacional Story Killers, coordinada por Forbidden Stories, expuso las actividades del denominado «Equipo Jorge», encabezado por el exmilitar israelí Tal Hanan, quien aseguró ante periodistas infiltrados haber participado en operaciones de desinformación, hackeo y manipulación de procesos electorales mediante sofisticadas herramientas digitales. Hanan ha rechazado haber cometido actividades ilegales, pero el caso abrió un debate internacional sobre la existencia de un mercado privado dedicado a intervenir la conversación pública y los procesos democráticos.

La importancia del Hondurasgate radica precisamente en que invita a observar estos antecedentes como parte de un mismo proceso histórico. No solamente porque demuestra la existencia de una red regional de espionaje, sino porque plantea preguntas coherentes con fenómenos cuya existencia ya ha sido documentada en distintos países.

Lo verdaderamente novedoso no es la presencia israelí en América Latina, sino la transformación de sus herramientas. Si durante la Guerra Fría el eje de la cooperación estuvo constituido por armas, entrenamiento militar e inteligencia clásica, hoy el centro de gravedad parece desplazarse hacia la ciberseguridad, la inteligencia artificial, la vigilancia electrónica, el análisis masivo de datos, las plataformas digitales y la comunicación estratégica.

Ese desplazamiento no significa que hayan desaparecido las formas tradicionales de cooperación en materia de seguridad. Significa, más bien, que el poder internacional incorpora nuevas dimensiones donde la información, los algoritmos y la infraestructura tecnológica adquieren una importancia comparable a la que anteriormente tuvieron los equipos militares o la asistencia logística.

Esta evolución también obliga a ampliar el objeto de análisis. Las relaciones entre Israel y Centroamérica ya no pueden estudiarse únicamente desde la diplomacia o la cooperación militar. Es necesario incorporar la dimensión económica, identificar las empresas israelíes que operan en la región, analizar los sectores donde concentran sus inversiones, estudiar el papel del capital israelí dentro de las economías centroamericanas y reconstruir las redes que articulan inversión privada, cooperación tecnológica, universidades, consultoras, cámaras empresariales y organismos estatales.

Desde esa perspectiva, el Hondurasgate deja de ser un episodio exclusivamente hondureño para convertirse en una oportunidad de investigación regional. Las preguntas relevantes ya no son únicamente quién espió a quién o qué tecnología se utilizó. También importa conocer cómo se adjudican los contratos de ciberseguridad, qué empresas participan en la transformación digital de los Estados, qué mecanismos supervisan el uso de tecnologías de vigilancia, qué consultoras intervienen en campañas de comunicación política y cómo interactúan estos actores con gobiernos, empresas y organismos internacionales.

La historia de la presencia israelí en Centroamérica puede leerse como la historia de la transformación de las formas del poder: de la cooperación militar propia de la Guerra Fría a la innovación tecnológica de la posguerra; de las armas a los datos; de la inteligencia convencional a los algoritmos; del fusil a la inteligencia artificial.

Comprender esa evolución constituye hoy uno de los grandes desafíos para el periodismo de investigación y para las ciencias sociales latinoamericanas. Solo mediante investigaciones rigurosas, sustentadas en documentos, registros públicos, datos verificables y contraste permanente de fuentes, será posible distinguir entre hechos, hipótesis y especulaciones, contribuyendo así a una comprensión más precisa de las nuevas formas de influencia que atraviesan la región.

Escuche el programa completo:

Pegasus, espionaje telefónico mundial

Mg. José A. Amesty Rivera

Pegaso (Pegasus), es un ser de la mitología griega, representado por un caballo con alas, quien fue el primer y único animal que estuvo alrededor de los dioses y que vivió en el Olimpo, llegando allí por orden de Zeus, debido a sus hazañas. Al final de sus días, Zeus lo convirtió en una estrella, una constelación; debido a la misma se pueden localizar objetos en el cielo nocturno.

Recordemos que el presidente Nicolás Maduro denunció el sistema de espionaje «Pegasus», diseñado por Israel, y enfatizó que detrás de eso «hay una gran trama y una conspiración contra la Revolución Bolivariana, en un contexto en el que también se prepararon incursiones terroristas contra Venezuela”. Agregando además que fue empleado para recabar y utilizar información privada de importantes figuras políticas venezolanas.

En este sentido, según el sociólogo, periodista, investigador y profesor universitario argentino, Jorge Elbaum, “La conectividad global supone crecientes desafíos a las soberanías nacionales. Dichos retos incluyen el seguimiento y monitoreo de actores políticos, militares o comunicacionales, la planificación de operaciones de espionaje sobre poblaciones enteras y la implantación de campañas propagandísticas, destinadas a influir, condicionar y determinar formatos cognitivos y conductas sociales».

No olvidemos que esta denuncia, tiene por lo menos una década. Ya desde 2013, se habla de software espía, cuando se revelaron documentos clasificados por parte de Edward Snowden, de la Agencia de Seguridad Nacional NSA, donde se dejaba ver que esta, «podía obtener las comunicaciones electrónicas de casi cualquier persona, porque tenía acceso secreto a los cables transnacionales, que transportan el tráfico de internet en todo el mundo y a los datos de empresas de internet como Google y de gigantescas compañías de telecomunicaciones como AT&T».

Según el medio de investigación Misión Verdad, en julio de 2021, el medio estadounidense The Washington Post (WaPo), junto a Forbidden Stories, la ONG Amnistía Internacional (AI) y otros 16 medios asociados, publicaron el 18 de julio, «los resultados de una investigación internacional que en los últimos meses ha examinado una lista de más de 50 mil números de teléfono. La pesquisa incluía, según los análisis forenses de docenas de iPhones, al menos a algunas personas objeto del programa espía Pegasus, con licencia para gobiernos de todo el mundo. «Se trata de un programa espía de grado militar, autorizado por la empresa israelí NSO, que se ha utilizado para piratear teléfonos inteligentes, con el supuesto objetivo de asegurar el seguimiento de terroristas y delincuentes».

De estos 50 mil teléfonos, al menos, 67 fueron examinados por Amnistía Internacional AI, determinando que 37 fueron «hackeados con éxito por Pegasus, o mostraban signos de intento de hacerlo. Los 37 teléfonos inteligentes pertenecían a periodistas, activistas de derechos humanos, ejecutivos de negocios y dos mujeres cercanas al periodista saudí asesinado Jamal Khashoggi». Además de presidentes en ejercicio, ministros, ex primeros ministros, el rey Mohammed VI de Marruecos, y de diferentes países del mundo. Así como, varios miembros de la familia real árabe, al menos 65 ejecutivos de empresas, 85 activistas de derechos humanos, 189 periodistas y más de 600 políticos y funcionarios del gobierno, incluidos ministros del gabinete, diplomáticos y oficiales militares y de seguridad, entre muchos otros.

Por ejemplo, la investigación reveló que, «más de 15 mil números de teléfono mexicanos figuran en la lista, incluido el del expresidente Felipe Calderón, quien había sido añadido a la lista después de que terminara su mandato en 2012. Posteriormente, en 2016 y 2017, más de 15 mil mexicanos aparecieron en la lista examinada por el consorcio mediático, entre ellos al menos 25 reporteros que trabajaban para los principales medios de comunicación del país, según los registros y entrevistas».

A su vez, «entre 2018 y 2019 también habrían sido vigilados el ex primer ministro Saad Hariri, el jefe de la Corriente Patriótica Libre Gibran Bassil y el director general de Seguridad Pública del Líbano, el general de división Abbas Ibrahim».

Así mismo, en septiembre de 2019, el medio Politico español, informó que funcionarios del gobierno estadounidense habían concluido que Israel era responsable de colocar dispositivos de vigilancia de teléfonos celulares llamados «Stingrays» alrededor de Washington, e incluso los había utilizado para espiar las comunicaciones de la Casa Blanca.

Al mismo tiempo, Snowden afirmó que hasta Biden pudo ser objeto de espionaje por Pegasus y que la «gente normal» no podía hacer nada para evitar que sus teléfonos fueran pirateados.

Reiteramos, desde hace mucho tiempo, se viene espiando a mucha gente y de muchos países, a través de mecanismos de comunicación, en este caso específico, por medio de Pegasus y otros mecanismos.

Ahora, ¿cómo opera Pegasus?

El sistema Pegasus fue diseñado por ex ciberespías israelíes, para recopilar archivos, teléfonos inteligentes (smartphones), y puede activar también cámaras y micrófonos para la vigilancia en tiempo real en momentos clave. Puede introducirse tanto en iPhones como en dispositivos Android y apoderarse de los dispositivos sin hacer clic. Puede leer todo lo que el usuario tenga en el teléfono, robar fotos, grabaciones, registros de localización, comunicaciones, contraseñas, registros de llamadas y publicaciones en redes sociales, así como puede activar cámaras y micrófonos para la vigilancia en tiempo real.

Lo hace a través de tres formas consecutivas:

  • Alguien envía lo que se conoce como un enlace trampa, a un teléfono inteligente que persuade a la víctima para que toque y active, o se activa por sí mismo sin ninguna entrada, como en los trucos más sofisticados sin hacer clic.
  • El software espía captura y copia las funciones más básicas del teléfono, grabando desde las cámaras y el micrófono y recogiendo datos de localización, registros de llamadas y contactos.
  • El implante comunica en secreto esa información, a un agente que puede utilizarla para trazar detalles sensibles de la vida de la víctima.

Por supuesto, la firma israelí NSO Group, que es una compañía que, de acuerdo a su página oficial, se dedica a crear tecnología para las agencias gubernamentales de inteligencia, y cumplimiento de la ley en sus tareas de prevención e investigación del terror y el crimen, según ellos.

Ellos se lavan las manos a la hora de enfrentar acusaciones de espionaje con Pegasus, alegando que, sea un mecanismo de vigilancia, y enfatizando «los datos tienen muchos usos legítimos y totalmente adecuados que no tienen nada que ver con la vigilancia o con NSO». Sus 60 clientes de agencias gubernamentales de al menos 40 países, según ellos, sus objetivos «son supuestamente terroristas y criminales, como pedófilos, señores de la droga y traficantes de personas. Prohibiendo específicamente atacar a ciudadanos «respetuosos de la ley», incluidos los funcionarios públicos que realizan sus actividades ordinarias».

Finalmente, NSO señala que, «supervisa cómo se utiliza su software espía y cancela el acceso al sistema de cualquier cliente que lo utilice de forma indebida. Pero también dice que sus clientes, y no la propia empresa, son responsables de su uso».

Para ir concluyendo, nos preocupan algunos elementos que compartimos, ante el avance de este tipo de espionaje masivo:

  1. Además de la violación de la intimidad personal, y los DDHH, hay que estar atentos al uso generalizado de estos programas, que de alguna forma amenazan la democracia en el mundo.
  2. El hecho que el Ministerio de Defensa de Israel y EEUU exporten productos cibernéticos, según ellos, exclusivamente a entidades gubernamentales, para uso legal y con el propósito de prevenir e investigar el crimen y la lucha contra el terrorismo. Ya está conociéndose que EEUU utiliza las corporaciones tecnológicas, para recopilar ampliamente los datos de usuarios de internet sin que ellos lo sepan. En este mismo orden de ideas, se ha revelado, según un informe exclusivo del periodista Jamil Chade para UOL, que la operación Lava Jato en Brasil, había negociado con la firma israelí de armamento cibernético NSO, y por su software espía Pegasus, para que el fiscal acusador de Lula da Silva, espiara, consiguiera y amañara falsas pruebas contra el presidente brasileño, además de espiar sus comunicaciones privadas y personales.
  3. Por otro lado, nos preocupan dos elementos más:
  • Se ha revelado que, cientos de miles de aplicaciones comunes como: 9gag, Kik y varias orientadas a la identificación de llamadas como TrueCaller, «forman parte de una red global de vigilancia que comienza con anuncios dentro de cada aplicación y termina con sus usuarios, siendo incluidos en una herramienta de monitoreo masivo que ofrece sus informaciones a agencias de seguridad nacionales». La herramienta, de origen israelí, se llama Patternzy se presenta como una plataforma de publicidad que se encarga de recopilar la información detallada de usuarios sin necesidad de instalar software en sus dispositivos, lo cual ha sido posible gracias a la colaboración con gigantes de la industria publicitaria como Google y otros intermediarios, dice la investigación. Así han logrado la extracción masiva de datos.

Simplemente, a través de anuncios en aplicaciones móviles esta herramienta puede recopilar información sensible, incluidas coordenadas GPS, marca de teléfono, sistema operativo, pasatiempos e, incluso, enviar malware (software malicioso diseñado para dañar, alterar o acceder sin autorización a un sistema informático) a usuarios específicos.

Asimismo, la herramienta cuenta con la capacidad de rastrear la ubicación física, pasatiempos y otros datos personales basados en el análisis de más de 90 terabytes de datos diariamente. Construye perfiles de más de 5 mil millones de identificadores de usuarios diariamente.

Patternz no necesitaba implantar software en los dispositivos para extraer información, sino que hacía uso de sus vínculos con firmas de publicidad digital. Operaba como intermediaria en el mercado de subasta de espacios publicitarios a los fines de obtener indiscriminadamente datos privados.

  • Finalmente, a la anterior revelación, de por sí sola lo suficientemente preocupante, se une el anuncio hecho por el multimillonario tecnológico Elon Musk, acerca del éxito en la primera implantación del dispositivo cerebro-computador Neuralink en un ser humano. El dispositivo, que Musk llama «telepatía», está diseñado para que las personas puedan controlar telepáticamente teléfonos móviles y computadoras.

La misión pública de Neuralink es ayudar a las personas que padecen enfermedades neurológicas y sufren los efectos de lesiones cerebrales y de la médula espinal, así como «liberar el potencial humano del mañana». Sin embargo, en un entorno de grandes corporaciones y gobiernos que apuntan a la construcción de una infraestructura global de vigilancia masiva y manipulación de la información, cabe preguntarse sobre las implicaciones éticas.

3 octubre, 2024