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Etiqueta: política exterior costarricense

La dependencia internacional es perjudicial para el país

Óscar Madrigal

Oscar Madrigal

Debo confesar que me causó risa la noticia dada a conocer por el latoso ministro de seguridad Zamora, el canciller y el presidente, que declara terroristas a varias organizaciones del Medio Oriente. Causa risa por lo ridículo de la postura. Me dio la impresión de que el canciller lo dijo con cierta vergüenza, pero se la aguanta por sus problemas con la justicia.

El vasallaje ante Trump, su incondicionalidad ante las políticas guerreristas ha hecho a la camarilla chavista perder la razón. ¿No se han dado cuenta que su mismísimo patrón va a negociar con esos “terroristas”?

¿No se han dado cuenta que Trump es un presidente que no es de fiar? Esto ya lo han entendido la gran mayoría de los gobiernos, como los europeos. Además, ¿tampoco han comprendido que Trump sólo entiende y respeta el lenguaje de la fuerza, de los golpes, como lo está enseñando Irán?

Es tan de poco fiar que no importa de lealtades o negociaciones cuando se trata de aranceles, bombardeos, despojos de tierra, secuestro de presidentes o riesgo a sus negocios familiares.

Los gobernantes que le besan el culo, como el mismo Trump lo dijo, no gozan de ningún respeto y sólo se ganan su desprecio. Chaves no comprende que, entre más incondicional de Trump, más despreciado es.

Chaves entre más arrastrado menos beneficios obtiene para el país: caída de la inversión, aranceles más altos e investigaciones sobre la producción nacional. El que no se respeta a sí mismo, no es respetado por nadie.

Costa Rica ha forjado un prestigio internacional por ciertas posturas contrarias a los dictados de los gobiernos estadounidenses, tal el caso de Carazo ante el Fondo Monetario Internacional o del plan de paz de Arias ante posturas de Reagan.

La absoluta dependencia del Gobierno de Chaves de las políticas díscolas e incongruentes del presidente Trump es no tener ninguna política internacional, y en consecuencia gozar del irrespeto mundial y dejar de tener opiniones constructivas que aportar en los distintos foros internacionales.

El pendejismo del gobierno de Costa Rica ante el bloqueo contra Cuba

Por Alejandro Arguedas Sibaja

Por primera vez en más de tres décadas, el gobierno de Costa Rica, un país cuya institucionalidad siempre se ha vanagloriado de defender la paz, ha tomado una decisión sumamente vergonzosa en la última sesión de la ONU. Ante la resolución sobre la necesidad de poner fin al bloqueo impuesto por EEUU contra Cuba, nuestro país quedó entre los pocos (poquísimos) países que no votaron a favor. Si bien tampoco votó en contra, su abstención es una muestra de complicidad con el agresor y, por añadidura, de pendejismo.

Esta deplorable decisión constituye dos significados: el primero es el de un acto de traición hacia un país hermano, la República de Cuba, con el cual no solo compartimos semejanzas culturales e históricas, sino además un amplio historial de cooperación mediante convenios y tratados de entendimiento áreas como la educación, el arte, el deporte, la inmigración y la lucha contra el narcotráfico; donde sobresale la cooperación en Salud, pues son bastantes los médicos costarricenses que han ido a especializarse en las universidades cubanas sin que se les cobrase ni un colón, como también son varios los médicos cubanos que llegan periódicamente a Costa Rica a capacitarse con el uso de nuevas tecnologías de atención médica. Y que no se nos olvide que, en más de una ocasión, Cuba ha enviado brigadas de médicos a Costa Rica para brindarle atención médica a nuestros compatriotas cuando nuestro sistema de salud no daba abasto para ciertas áreas.

Cuba es un país que nunca nos ha intentado perjudicar, más bien, nos ofrece su ayuda y nos ha recibido con los brazos abiertos, y ahora la delegación de nuestro gobierno los apuñala por la espalda, y todo por motivos… ¿ideológicos?, no, va mucho más allá de eso. Es válido criticar al gobierno de Cuba, sus políticas o los fundamentos ideológicos con los que se guía, siempre manteniendo el respeto a su soberanía, pero el no votar a favor de esta resolución no es exponer una crítica, es avalar una táctica de guerra unilateral injusta para perjudicar a un pueblo entero.

El bloqueo contra Cuba obstaculiza significativamente la entrada de alimentos, medicinas, equipo médico, combustible, materias primas y todo el resto de los elementos requeridos para cubrir las necesidades de la economía y del pueblo cubano, al perseguir y sancionar a todas las empresas alrededor del mundo que intenten comerciar con la isla. El esfuerzo que se debe hacer por parte de Cuba para obtener productos del exterior es por lo menos el triple del que hace cualquier país que comercia con normalidad, el bloqueo convierte a Cuba en una fortaleza sitiada, es una táctica de guerra; y el principal afectado por esta guerra no declarada es el pueblo cubano, cuyo único crimen ha sido nunca rebelarse contra la Revolución ni someterse a los intereses de Estados Unidos, de un gobierno extranjero.

El otro significado de esta decisión es la sumisión del gobierno a las presiones de Estados Unidos. Es sabido que la razón por la que más gobiernos (aunque ni tantos) decidieron votar en contra o abstenerse de votar esta resolución, es la presión ejercida por el nuevo gobierno de Donald Trump y su Secretario de Estado, el ferviente anticubano Marco Rubio, quienes recurrieron a tácticas intimidatorias como amenazas de revocación de visas e imposición de aranceles a quienes apoyaran la resolución, así como acusaciones infundadas contra el gobierno de Cuba como su supuesto apoyo al mercenarismo y al terrorismo, una deleznable forma de intervenir en la política de países soberanos.

La decisión de la delegación costarricense representa una legitimación de ese inmoral estilo de negociación del trumpismo, de cómo el recurrir a amenazas para hacer que los demás países pongan su soberanía y la de un país agredido por debajo de los intereses gringos es una estrategia funcional, ya que en efecto habrá gobiernos como este que sí rebajarán su soberanía y la de Cuba con respecto a los intereses de esa potencia extranjera.

Tal vez alguno crea que por lo menos abstenerse de votar fue mejor que votar en contra, pero el silencio frente a una agresión unilateral y despiadada no es más que complicidad hacia un crimen; y el mantener ese silencio para quedar bien con el agresor mientras se trata de aparentar neutralidad ante el mundo, es ser un pendejo.