El verdadero rostro del imperialismo
Martín Rodríguez Espinoza
Cuando el imperialismo norteamericano afirma abiertamente que su objetivo es apoderarse del uranio enriquecido de Irán, más de 400 kilogramos, queda claro que no estamos, una vez más, frente al viejo y conocido rostro del imperialismo, la codicia por los recursos estratégicos del planeta, al costo que sea necesario, la guerra, la muerte o la destrucción de países enteros.
A lo largo de la historia reciente, Estados Unidos ha invadido, bombardeado o desestabilizado países enteros bajo distintos pretextos, la “democracia”, la “seguridad”, la “lucha contra el terrorismo”, la libertad, el narcotráfico (que ellos mismos manejan en todo el mundo), pero detrás de esos discursos siempre aparece el mismo objetivo, el control de las riquezas naturales. Petróleo, gas, minerales estratégicos, rutas comerciales y ahora también materiales energéticos como el uranio.
No se trata solamente de Irán. La misma lógica depredadora ha marcado la intervención en el Golfo Pérsico, en Medio Oriente, en África, en América Latina y en el Caribe. Donde hay recursos estratégicos, aparece la presión política, las sanciones económicas, las bases militares o, en el peor de los casos, las bombas.
El imperialismo no negocia desde la igualdad entre pueblos; negocia desde la amenaza, el bloqueo y la guerra. Su objetivo no es la paz entre naciones soberanas, sino la subordinación económica y política de los países que poseen riquezas que las grandes corporaciones desean controlar, para ello cuenta con serviles encada rincón.
Por eso cada vez resulta más evidente para los pueblos del mundo que las guerras que promueve el imperialismo no se libran por valores ni principios. Se libran por el dominio de los recursos y por la perpetuación de un sistema que necesita apropiarse de la riqueza ajena para sostener su poder.
Frente a esa realidad, la defensa de la soberanía de los pueblos y de sus recursos naturales se convierte en una causa común de la humanidad. Porque cada pueblo que resiste al saqueo imperialista defiende no solo su territorio, sino el derecho de todos los pueblos del mundo a existir con dignidad, independencia y paz. Cuba es un ejemplo de esa dignidad, pese al criminal bloqueo económico, comercial y financiero, igual Venezuela, Palestina, y todos aquellos que no renuncian pese a las calamidades que los criminales fascistas provocan en su tierra.

