Ir al contenido principal

Etiqueta: resistencia cultural

Con la música por dentro

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Es una fresca tarde de julio en Caracas. Corre un viento calmo, una suave brisa que nos abraza y arrulla. Todo en el Barrio San Agustín es una aceitada maquinaria de color, olor y sabores.

Todo mezclado, diría Nicolás Guillén, quien también diría “Adivinanza de la esperanza, lo mío es tuyo y lo tuyo es mío, toda la sangre formando un río” …es inevitable leer estas letras del Son Número Seis y al mismo tiempo garabatear algunos pasos en el pavimento.

Es inevitable no hacerlo al entrar a uno de los lugares más icónicos del Barrio San Agustín del Sur, en Caracas: El Rincón del Pichón. En todas sus paredes se destila historia de la salsa latinoamericana más dura y clásica. Todo ese sitio es una poesía que lleva la música por dentro.

Pero es que todo San Agustín es eso: resistencia, pulsión, color. Un espacio urbano absolutamente coloreado con los más hermosos tatuajes en sus paredes. En uno de esos murales se lee “la pelea es bailando” y entonces entiendo el concepto de resistencia muy ligado a los sonidos y ritmos caribeños de esta Latinoamérica ancha y diversa que somos.

En tiempos en que hemos sido lastimados como región por este “ nuevo reacomodo” de las fuerzas hegemónicas que creen posible entrar a un país, violar su soberanía y ejecutar  «acciones exitosamente quirúrgicas” al precio de una lista que ya suma 50 personas fallecidas, vuelvo a recordar ese lugar de sonidos claros y resistentes; recuerdo el calor de ese barcito histórico en el que nació el grupo Madera, emblema del folclor afro venezolano, las voces de Leonardo Ruiz ( Venezuela), Carlos Aldazábal ( Argentina) y Giselle Lucía Navarro ( Cuba) que junto con la mía llenaron de palabras ese barrio y todas sus marcas de colores. Eran los tiempos del XIX Festival Mundial de Poesía de Venezuela “lugar de permanencia” …y vaya si permanece en el corazón.

Retengo esas memorias a esta hora.

Me devuelvo al mural “la pelea es bailando” y no puedo evitar pensar en toda esa región que somos y que debemos defender desde nuestras trincheras todas. Alguna vez Chavela Vargas dijo “que el fin del mundo nos pille bailando” …yo digo que la resistencia nos encuentre “con la música por dentro”.

Cocinas latinoamericanas: raíces, resistencia y patrimonio en diálogo internacional

Del 2 al 4 de diciembre se realizó el XI Encuentro y Seminario Permanente Internacional de Cocinas “Raíces, resistencia y patrimonio en las cocinas latinoamericanas”, un espacio convocado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México, junto con la Coordinación Nacional de Antropología, la Dirección de Antropología Física, el proyecto Cocinas en México, procesos biosociales, históricos y de reproducción cultural, el Centro INAH Hidalgo, el Exconvento de San Nicolás Tolentino, el Grupo ETC y la Red de Cátedras Libres sobre Soberanía Alimentaria y Colectivos Afines.

El seminario reunió a personas investigadoras, cocineras tradicionales, colectivos comunitarios, académicas y personas defensoras de la soberanía alimentaria para reflexionar sobre el papel de las cocinas en la memoria histórica, la identidad, los vínculos territoriales y las formas de resistencia cultural en América Latina.
Bajo el eje común de “raíces y patrimonio”, las ponencias y conversatorios exploraron cómo los saberes culinarios se entrelazan con procesos sociales, luchas comunitarias, derechos culturales y dinámicas agroalimentarias que atraviesan a la región.

La organización del seminario subraya que las cocinas tradicionales —indígenas, campesinas, afrodescendientes y comunitarias— constituyen un patrimonio vivo que expresa diversidad, creatividad e historia compartida, pero también enfrenta amenazas derivadas de modelos industriales que homogeneizan los alimentos y debilitan prácticas locales de producción y consumo. En este sentido, el seminario destacó la importancia de la soberanía alimentaria, la defensa de las semillas, los intercambios culturales y la reconstrucción de vínculos entre territorio, comida y comunidad.

La actividad incluyó conferencias magistrales, presentaciones editoriales, mesas temáticas y conversatorios con protagonistas de distintas regiones, reafirmando que la cocina es también un espacio de resistencia, diálogo y organización social.

Quienes deseen conocer más sobre las discusiones y contenidos del XI Encuentro pueden acceder a la transmisión disponible en YouTube en el siguiente enlace:
👉 https://www.youtube.com/live/wIeN-tOYMLQ?si=D_l0nyQE2_9gXuQV

Y ahora… un poema

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Empieza una semana intensa en Ecuador. Hemos dejado atrás un día de mucha emoción magnética al encontrarnos con ese paradigmático lugar llamado la mitad del mundo. Dicen que las búsquedas internas empiezan reconociéndose desde el centro con todo lo que esté presente. Ciertamente debo confesar que estar en ese lugar emblemático me movilizó de una forma que aún trato de comprender.

Empieza una semana inolvidable en Quito, la capital de la poesía, y otros sitios de ese resiste Ecuador, a través de la Edición VXII del Festival Internacional de Poesía Paralelo 0. Y es ciertamente por allí, por ese lugar exacto del corazón donde se cruzan los dos hemisferios, es por allí que la poesía hizo su trabajo.

Es una mañana fría de lunes en un Quito que volví a reconocer. No era mi primer viaje a este hermoso país. Entonces mi experiencia había sido otra, más académica, en la que tuve el honor de celebrar junto a otros y otras colegas investigadoras del sistema FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales) los 50 años de aporte a la sociedad regional.

Entonces eran otras mis ideas sobre la movilidad humana, la desigualdad, el racismo. Ahora con un poco más de horas de vuelo recorridas confirmo, recompongo, construyo desde el lugar más digno que me puede dar la palabra: la poesía.

Esa mañana nos dirigimos en un taxi hacia un centro educativo donde nos esperan alrededor de 80 jóvenes. A bordo viaja la historia Latinoamericana de aquellos que han resistido una dictadura, de quienes han hecho de la poesía un acto político permanente. Es una figura menuda, más bien reservada, que cuando dice su poesía obtura una de las voces más potentes que mis oídos han escuchado alguna vez en un encuentro como estos.

Elvira Hernández, (seudónimo de quien en realidad es Rosa María Teresa Adriasola Olave) es una poeta chilena, que dice lo que tiene que decir desde su palabra y la legitimidad que le otorga ser una de las voces más intensas de la poesía latinoamericana en estos momentos.

Con ella, apenas en las primeras horas de este torbellino poético que nos atravesó a quienes fuimos invitados, viajo en un taxi en una fría mañana de Quito, a encontramos con 80 muchachos y muchachas que estoy seguro nos devolvieron con mucha alegría y emoción algo de lo que nuestros textos les evocaron.

Con Elvira viajo. Elvira, la que en la ceremonia de entrega del Premio Nacional de Literatura en Chile en el año 2024 dijera: “Pertenezco a una generación que se forjó en la época de la dictadura y en ese periodo la poesía se fortaleció. Fuimos una palabra coral que creo que habría que examinar porque es parte de la historia”. Ella, la segunda mujer chilena en la historia en recibir ese galardón. Ella que al responder las preguntas de los y las estudiantes significó el poder de la palabra y el lenguaje contra el silencio. Ella.

No puede haber silencio cuando la belleza cruza un corazón y lo subvierte.

Durante todo el encuentro (que transcurrió en una semana) pensé en mi propio proceso. Pensé en los caminos recorridos, las distancias acortadas, mi relación ahora distinta con la academia y el pensamiento académico. No es que me aparte de su importancia. Es que pienso que si no le acompañas de un poco de fibra sensible, te volvés un autómata de los libros, de los seminarios, de los coloquios.

Para mí el reconocimiento viene ahora desde otro lugar, menos tallado con las aspiraciones personales y más labrado con la satisfacción de que pudiste encontrar sintonía con otros seres humanos a los que ni siquiera conoces. Más desde lo colectivo.

Eso me ocurrió de forma profunda en la lectura organizada por la Dirección de Cultura en el Municipio de Latacunga, provincia de Cotopaxi. Recibidos por el cálido Gabriel Cisneros, la inmensa Steffany Almeida y el escritor Miguel Ángel Rengifo, esa ciudad nos abrazó tanto que aún puedo percibir su calor, a pesar de la habitual baja sensación térmica que la caracteriza.

Esa noche, al leer el texto que dedico a la pérdida de la memoria de mi padre, noté que una joven no podía contener sus lágrimas. Al terminar la lectura se acercó y me agradeció por ese texto. Su abrazo se quedó en mí como suele ocurrir cuando te abrazan desde adentro. Otro asistente me confesó que se había emocionado tanto, porque su padre había fallecido hace 4 años y nunca había podido expresar nada sobre su partida. Mi poesía lo llevó a eso: apalabrar. Quedamos en que alguna vez m enviaría lo que escribiría. Aguardo con gratitud y afecto.

De este encuentro en Latacunga me llevo los abrazos con Yanier, Gaby, Ricardo, Ernesto y Adalber, poetas entrañables con los que compartí 24 horas de una extraordinaria complicidad. En particular con Ricardo, poeta argentino con quien salí a caminar y recorrer ese hermoso lugar que nos recibió con los brazos abiertos.

Y es que fueron tantos momentos con poetas de aquí y de allá: Juan Carlos, Néstor, Yolanda, Mar, Piero. Y las entrañables Verónica, Amanda y Lucrecia, con quienes crucé en momentos de alta espiritualidad poética. Sé que no los nombré a todos y todas. Pero deben saber que están allí, como dice la canción de Ángeles Negros, “en un rinconcito de mi corazón”.

Ahora la tarde es una hermosa cortina de teatro que se abre para encontrarnos. Hace sol y un verdor nos acuerpa con su luz. Son las últimas horas de festival y hay una inevitable emoción de nostalgia que empieza a recorrernos. Solo la podemos esquivar con el ritual de las fotografías y los últimos intercambios de libros. Pero sabemos en el fondo que lo inevitable está a punto de ocurrir

Esa tarde de clausura nos despide un hermoso sitio dedicado al arte, enclavado en las montañas de Quito. La Galería Sara Palacios nos abrigó para que entregáramos nuestros últimos alientos con nuestra voz. Y correspondimos.

Nos llevamos tanto afecto, tanta nueva tribu, tanta poesía para seguir diciendo sobre la violencia, el genocidio, la migración, la pobreza, el amor, la vida cotidiana, el padre, la madre, el dolor, la sensualidad, el fútbol, la sonrisa… tanta nueva red que vamos tejiendo para no desamarrarnos jamás.

Durante los días de Festival le agradecí de varias maneras al maravilloso Xavier Oquendo por su invitación, extensiva a su grupo de trabajo. Hace unos años nos conocimos en el Festival de San Cristóbal de las Casas invitados por nuestra querida Tía Chary Gumeta. Allí escuché al poeta Oquendo por primera vez. Pero también escuché al cantante Oquendo entregarlo todo en el escenario de un mítico Karaoke sancristobalense, cantando algo de su querido Aute.

En recuerdo, escribí algo que salió publicado en mi último libro Almas Pequeñas (Editorial La Chifurnia, El Salvador, 2024).

Amigos, amigas, ya que tengo su atención, les voy a leer un poema:

SLOWLY

De los maderos
bajan todavía
al encuentro de los puentes,
las amnistías en bocas
parecidas a las tuyas.
Nos piden firmeza

Pero los mástiles
Están tristes esta tarde
Y no somos los de siempre.
Reconozco que no es buen día
Para soltar amarras
traer el alimento y el pan,
Significar el grito,
reprimir el firmamento
que en vos se acuesta.
Hago el pasto
lo huelo
y me acurruco en su tibieza,
como el más contundente ser,
despacio y azul,
sobre las horas.

Hasta la poesía, siempre.

Pinturas cosmogónicas de la cultura bruncájc

Por Uriel Rojas

En Yímba Cájc (Rey Curré), se está elaborando un eslabón de pinturas mural sobre pared que describen parte de la historia cosmogónica de la comunidad.

El estilo de la obra pertenece al arte indígena boruca y su técnica resalta colores encendidos, fuertes que tonifican el entorno que sucede en las temáticas que forman parte de estas descripciones.

Es una técnica muy común utilizado en las luchas sociales para expresar sus sentimientos de resistencia, anhelos o exigencia de derechos como personas, grupos o nacionalidad.

En las pinturas se observan varios componentes de la cosmogonía indígena boruca.

Podemos identificar en primer lugar, la existencia imaginaria de una figura mitológica (cuasrán) y su entorno natural y cultural que le caracteriza, según la oralidad bruncájc.

Le decoran otras figuras cuya inspiración reflejan líneas y colores infantiles que, de acuerdo con su autor, representan la alegría de los niños junto a su figura materna que es fundamental en la transmisión de saberes y valores culturales.

Utiliza una pintura de pincelada gruesa para dar forma a las figuras de los elementos que convergen en cada temática tales como las figuras míticas, personajes que contribuyeron en este legado, la niñez y demás elementos de la obra.

Por las características del autor, estas obras buscan tonificar lo natural con algunos pigmentos propio del elemento a resaltar en la pintura.

Las pinturas destacan algunas líneas en forma de espiral, algunos con diseños similares a una máscara, los cuales, según su autor, representan el ingreso a mundos fantástico, lo desconocidos, en donde animales como la danta, el águila, el chancho de monte, etc., forman parte de estas historias de origen ancestral.

Estas pinturas poseen una forma plana, sobre las paredes que le dan el soporte, aprovechando lo ancho de cada pared para ilustrar una secuencia sobre los objetivos de temas como historia, familia y mito.

Combina los colores cálidos y fríos, predominando los efectos cálidos de la luz solar para darle tonalidad a otros elementos propios de la cosmogonía bruncájc.

Su estructura compositiva representa una composición secuencial, casi lineal, en donde el tema principal, recalco, es la cultura local, según la cosmogonía indígena boruca, acompañado de figuras míticas que forman parte de la historia de Yímba Cájc.

Son pinturas atrapadas por los efectos de la luz y tonalidades que emite el sol y otros elementos como la naturaleza y el cosmos, de modo que hace ver el contexto de una forma mítica, natural pero lleno de aspiraciones de resistencia cultural.

Le invitamos a conocer estas impresionantes pinturas, situadas en Yímba Cájc, en paredes que forman parte del legado habitacional de la familia Lázaro Ortiz.

Para contactos: 85548448.

El artista de la gubia fina

Uriel Rojas

En cada obra que trabaja, se refleja la fineza de su gubia para ver fácil lo que a ciencia cierta es complicado. Es el poder del arte.

Desde muy joven empezó a hacer todo tipo de trabajos asociados a la madera.

Ha hecho infinidades de máscaras diminutas y muchos otros elementos que representan parte fundamental de la cultura indígena local.

Sus obras se convierten en un medio para preservar la identidad cultural de su pueblo, transmitiendo conocimientos ancestrales y expresando la cosmovisión de sus antepasados.

Su arte contribuye a que Yímba Cájc sea visto como un pueblo con gran resistencia cultural, que mantiene viva su herencia frente a los cambios contemporáneos.

Hoy ya es un artista con experiencia y defensor del verdadero simbolismo que encierran sus obras, pues no las valora desde el punto de vista estético sino desde la espiritualidad cosmogónica de sus antepasados.

Reafirma que su arte es un medio para la preservación cultural, la resistencia, la transmisión de conocimientos y el fortalecimiento de la identidad colectiva de su pueblo.

Este artista nació y vive en Yímba Cájc, su nombre: José Eusebio Lázaro Ortiz.

Jornada Sumud: Marcha, concierto y resistencias contra el genocidio

La Coalición PalestinaCR invita a participar en la Jornada Sumud, un espacio de movilización y expresión cultural en solidaridad con Palestina.

  • Fecha: sábado 27 de septiembre
  • Marcha: 3:30 p.m. – salida desde el Parque Central de San José
  • Concierto: 6:00 p.m. – Mercado La California

Artistas invitados:

  • Sonidero Barrio Fátima
  • Canina
  • Malpaís

Las ganancias del evento serán destinadas a la causa por Palestina libre.

Somos una extensión de nuestros ancestros: ¡La historia sí importa!

Por: Bernardo Archer Moore
Cahuita, Limón, Costa Rica

Preámbulo: Más allá del lugar de nacimiento, pigmentación de piel o de la nacionalidad, los pueblos afrodescendientes constituimos, de manera innegable, una prolongación viva de nuestros ancestros africanos.

La sociedad nos percibe de esa manera y dicha percepción repercute no solo en nuestra autoestima individual y colectiva, sino también en la formulación de políticas públicas que afectan directamente a nuestras comunidades.

En Talamanca la injusticia es aún más descarada: No sólo se han permitido los daños ambientales bajo la mirada complaciente del Ministerio de Ambiente y Energía (MINAET), sino que además, esa misma entidad estatal entre otras, han consumado el despojo de tierras a familias afrodescendientes más grande de la historia del país (1960 – 2010).

Este atropello se hizo sin ningún proceso legal de expropiación ni la más mínima indemnización, en abierta y flagrante violación del ordenamiento jurídico nacional e internacional.

A esta situación se añade la desacralización de cementerios ancestrales, donde reposan los antiguos propietarios de esas tierras. Y añadiendo «insulto al despojo», se han dado el lujo de pisotear las tumbas de los desposeídos. – Si sos negro, ¿qué más tendrán que hacer para que digás basta?

Este hecho constituye, por sí mismo, una de las ofensas e irrespetos más graves y perniciosos que el Estado costarricense ha infligido a la población afrocostarricense del país.

Nuestra realidad solo se entiende mirando la historia. En la Trata Transatlántica (siglos XVI–XIX), el control más cruel fue arrancar a los esclavizados de su historia, su lengua y su cosmovisión. Ese desarraigo permitió que la esclavitud sobreviviera más de tres siglos.

Pero, aun en medio de tanta opresión, las comunidades no dejaron morir su memoria. Poco a poco fueron reconstruyendo los recuerdos de sus ancestros, rescatando prácticas culturales prohibidas, y de esa semilla brotaron los primeros movimientos de resistencia.

Estas rebeliones, que se intensificaron en el siglo XVIII en colonias como Jamaica, Haití y Surinam, fueron el resultado directo de esa toma de conciencia histórica. El punto culminante se evidenció en la Revolución Haitiana (1791–1804), cuando la reivindicación de los ancestros se convirtió en motor de libertad.

En este marco, debemos ser críticos ante la afirmación de que “el pasado no importa, solo el presente.” Adoptar esa perspectiva equivale a aceptar la ruptura con nuestra herencia ancestral, lo cual fortalece el statu quo y legítima narrativas distorsionadas de nuestras raíces.

Entre ellas, se han repetido falacias como que “los ancestros eran pobres y sin tierras porque eran indignos”, un discurso que busca erosionar la autoestima y la dignidad de los pueblos afrodescendientes. Reconectar con la historia ancestral no es un ejercicio nostálgico, sino un acto de resistencia cultural y política.

Preservar ese vínculo es un acto de resistencia: Significa no dejar que nuestra identidad sea borrada por narrativas impuestas ni por retóricas de interés ajeno. Significa sostenerla en la verdad histórica, en la dignidad de nuestro presente y en la continuidad invencible de nuestra memoria colectiva.

03/09/2025

Crónica – cuando el canto permanece en la palabra

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Todo ha terminado. Nos dirigimos al aeropuerto Internacional de Caracas para emprender el regreso a casa. Como no puede ser de otra manera, este Festival maravilloso en su edición 19 termina con una magia prodigiosa, una epifanía asombrosa.

Parte de los poetas palestinos cantan tonadas de su país en medio de algarabias y aplausos. Imposible para quien que no los conoce ni los escuchó leer durante días, saber que por medio de la poesía dicen para que el mundo los escuche.

Dicen, cantan, viven. El lenguaje del amor vuelto poesía.

Es una tarde hermosa en el barrio San Agustín. Histórico, resistente, popular. Su origen recrea la identidad afrocaribeña, la pasión por la salsa como himno originario, el color de sus murales y sus gentes.

Huele a barrio. A gasolina de las motocicletas que algunos lugareños reparan. A pocos metros, detrás del teatro de la localidad, una animada contienda de baloncesto certifica que la cotidianidad de los pueblos latinoamericanos se asemeja a una cintura ancha, hermosa, en movimiento. Y con ellos va la poesía.

La querida Esmeralda Torres lanza su homenaje a nuestra, de todos, Amanda Durán: la mujer mantequilla.

¿Where are my children? Se pregunta Esmeralda que a su vez es Amanda que a su vez está en todos nosotros. En el momento justo de decir en su texto algo sobre la lluvia, el petricor apenas anuncia que nos mojaremos con las palabras y lo que ellas predicen “Amanda traviesa”, dice con amor esta inmensa poeta latinoamericana que es Esmeralda.

Y el festival se toma para sí un local donde la historia del grupo Madera está tatuado en las paredes. Y la palabra y la salsa se confunden en una tarde inolvidable.

Inmensa Esmeralda como inmensa la poeta homenajeada en esta edición: Belén Ojeda.

Su sola presencia en todos los espacios basta para comprobar la grandeza de su espíritu, el don de la vida, la permanencia, la profunda y política sencillez. Una poeta así puede darse el lujo de presentarse en cualquier escenario con pequeños origamis que va pasando suavemente entre sus manos hasta formar con ellos un jardín potente de amor por Palestina, los afectos, los lugares de permanencia.

Los palestinos cantan y se va lentamente nuestro hermoso encuentro. Pero el canto inició la noche anterior de forma espontánea en la mesa de la cena: Argentina, Bolivia, México, China. Es que la poesía es eso. El canto a la palabra.

La palabra que brotó en ese lugar de ensueño no más iniciado el Festival. Seis niños y niñas ganadores del Segundo Certamen de la Escuela Nacional de Poesía Juan, se encargaron de decirnos dónde estábamos. En qué lugar preciso del corazón íbamos a guardar para siempre esta hermosa temporada en Caracas y otros hermosos sitios de este gran y combativo país.

La Escuela, el concepto, es solo una excusa. Porque lo que menos tiene es un aire academicista y elitista. Es todo menos canon. Es todo menos formalismo. Es que la poesía no se enseña. Se siente. Y eso es lo que más de 3.000 niños y niñas de toda Venezuela tienen para sí: sentir la poesía a través de la sensibilidad y el gusto por la lectura. Me traigo ese olor a alegría para esparcirlo en mis territorios, acompañar sensibilidades.

Y esa sensibilidad es la que inundó todos los espacios posibles: la lectura inolvidable y aún epidérmica de los poetas palestinos, la gran mañana con las poetas del mundo, el homenaje al maestro Juan Calzadilla, en cuyo nombre la Escuela Nacional de Poesía honra ese patrimonio inmaterial de la palabra.

La permanencia es un acto político y liberador. Se permanece en ese lenguaje que refunda, recrea, transforma. Es ese el pacto primero con el fuego que abraza. Que renueva. Que existe mientras haya una sola persona en el planeta que, al cerrar sus ojos, encuentre poesía y flores en la oscuridad.

A permanecer. Son días de flores. Háganoslas brotar en el poema.

Cantoamérica celebra 45 años de trayectoria con concierto y presentación de libro

La agrupación musical costarricense Cantoamérica celebra sus 45 años de vida artística con un evento especial que tendrá lugar el próximo viernes 4 de julio a las 8 p.m. en Mundoloco San Pedro.

La actividad incluirá un concierto en vivo y la presentación del libro “Tambores de resistencia: la historia del grupo musical Cantoamérica”, escrito por el fundador y director del grupo, Manuel Monestel Ramírez, galardonado con el Premio Magón 2024. El libro resume la historia de una de las agrupaciones más importantes en la defensa, difusión y creación musical afrocaribeña, limonense y costarricense.

El concierto también contará con la participación especial del compositor y guitarrista canadiense Jeff Gunn, reconocido internacionalmente por sus colaboraciones con artistas como Emmanuel Jal y Nelly Furtado, y por sus presentaciones en escenarios de renombre como Glastonbury, el Kennedy Center y el Grammy Museum.

Durante la velada, Cantoamérica interpretará una selección de temas clásicos que han definido su estilo único, así como nuevas canciones que formarán parte de su próximo álbum. El repertorio abarcará calypso afrolimonense, rumba, bolero, reggae, son y salsa, con arreglos originales que reflejan la riqueza intercultural que caracteriza a la agrupación.

Las entradas están disponibles en preventa hasta el 30 de junio, con precios especiales:

  • 7,000 colones (entrada general)
  • 12,000 colones (entrada + libro)

Posterior a esa fecha, el precio general será de ₡10,000 colones.

Reservaciones y consultas al 8625-1665 (también por SINPE).

Para conocer más sobre el evento, escuchar su música o seguir sus redes sociales:

Video recomendado: María Calypso – Cantoamérica en Mundoloco (2025): https://www.facebook.com/100034999821874/videos/8786445168147350

Desde Kaiso Music CR, con el apoyo de Radio U, Cantoamérica invita a todas las personas amigas, artistas, público general y comunidad musical a vivir una noche de alegría, resistencia y celebración cultural.

El merengue típico como expresión de la resistencia cultural de un pueblo

Por Memo Acuña

Esta vez mi observación es completamente participante. Estoy, vivo, siento en mi cuerpo el sonido penetrante de un acordeón que acompaña el ritmo de un merengue típico. Es eso. Por eso es típico. Porque el acordeón lo vuelve así junto con la tambora, el güiro, el bajo y la conga.

Noe Zayas, poeta y gestor cultural dominicano me explica incluso la relación entre este ritmo y el ballenato colombiano. Entonces pienso en el alto valor cultural y social de los bailes en los cuerpos de sus pueblos.

En una columna anterior hablábamos de la resistencia cultural que representa el swing criollo para el costarricense.

Ahora me tocó observar y sentir en la piel esa historia. El merengue inscribe su origen en la segunda mitad del siglo XIX.

Pero el merengue criollo o “Apambichao” surge durante la ocupación estadounidense en la isla entre 1916 y 1924. Otra vez Noe me señala que en ese periodo el merengue se usaba como instrumento de denuncia y elevar la voz de los excluidos.

Pienso que sentir y luchar entonces son la misma cosa. Aún resuena el acordeón en mi pecho. Con ese sonido y la cadencia de las gentes dominicanas me quedo, me recargo.