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Etiqueta: responsabilidad ciudadana

Entre la incertidumbre y el deber previo a las elecciones del 1 de febrero

H. Francisco Arrieta Arrieta
Estudiante universitario
Universidad Técnica Nacional (UTN)

A escasos días de las elecciones 2026, es difícil ocultar un sentimiento de incertidumbre al pensar que le pueda deparar el futuro al país que nos vio nacer o bien recibir. En qué momento fuimos a estar en una situación tan crítica para la democracia de Costa Rica, llena de caos en todos sus sentidos (educación, salud, seguridad, narcotráfico, agropecuario, …). Inclusive, en aquello que solía ser una fiesta política, hoy es un drama de indiferencia entre partidarios y claro que de la ciudadanía también, donde prolifera más que nada la falta de diálogo y de acciones concretas.

Tanto el continuismo como el oficialismo, ambos demuestran su lado inconveniente, sin pretender que sean perfectos claro.

Hay pocos políticos prometedores, porque cada uno presenta su propio show de fanfarronería, desde publicidad mediocre, acaparamiento de votos mediante alianzas, liderazgo insuficiente, intereses desmedidos, propuestas descabelladas sin donde acceder a recursos, falta de planificación, y mucho más. Y todo eso está pasando mientras el país se va a la deriva. Y peor aun cuando se demuestra una poca intención real de trabajar en equipo y en armonía para sacar adelante el país, sin importar los colores partidarios.

Un aspecto clave del deterioro actual en nuestra democracia, y en los años siguientes es sin duda la educación que juega un papel fundamental, tanto en el pilar central que es la familia como de la educación llevada desde los centros educativos, donde se amplía una brecha social difícil de sanar en la inmersión a la ignorancia y la falta de valores, y que se denotan los resultados en momentos clave como el ejercer el sufragio.

Es un hecho que las elecciones presentan dos contrastes, por un lado, el abstencionismo (los indecisos) que deciden con detenimiento en una criticidad intensiva, y por otro lado aquellos que votan con ignorancia, subordinados, y con votos en el peor de los casos sobornados.

La ciudadanía expone sus banderas partidarias, cuando ni siquiera logramos tener la bandera nacional que nos demuestra el orgullo del ser costarricense con el blanco, azul y rojo; y también de nuestra bandera cantonal, porque no.

Espero que independientemente de quién quede en estas elecciones hagan una administración prudencial desde el gabinete presidencial hasta los diputados conformantes de la Asamblea Legislativa, donde busquen desde el día uno amparar los temas urgentes que ya bien conocemos. Porque por el pueblo han de estar ahí, y por el pueblo han de servir.

Salvando al país del naufragio que no nos lleve a hundirnos en aguas profundas, donde se encuentra un peor escenario que el actual. Es por eso por lo que debemos reflexionar con detenimiento y tomar una decisión razonable.

En este artículo, no mencionó partidos, ni por quién votar, solo demuestro el malestar que sienten algunos, como yo, con la situación política actual.

Aunque, si algo está claro es de la importancia más que nunca de salir a votar, e incentivar aquellos que forman parte del porcentaje del abstencionismo asistir a las urnas electorales.

A modo de reflexión, es claro que el futuro es incierto, y que nadie lo tiene asegurado. No obstante, día con día me invade el cuestionamiento como joven de ¿Que le reparara a mi país en los próximos años? ¿Seremos siervos menguados? ¿Qué ocurrirá con el labriego sencillo? ¿Podremos ser libres o solo será algo que quedará en el pasado?

Es nuestra responsabilidad como ciudadanos validar los pilares esenciales de una ¡República democrática, libre e independiente! ¡Salgamos a votar de forma deliberada! y que ¡Dios bendiga a Costa Rica hoy y siempre!

Adicional les invito a ingresar a mi documento gratuito llamado “El lenguaje de la división territorial de Costa Rica”. Un documento modesto pero interesante sobre aspectos relevantes de la Geografía política de nuestro país tanto en la parte marítima como terrestre. Accede al siguiente enlace:

https://drive.google.com/file/d/13NPzmA6fW3o1bu-T1iE3X26NYI1ilEGG/view?usp=sharing

El que dijo que si, el que dijo que no

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

El título es sugerente. La primera vez que di con esta pieza fue en los años ochenta, al ver un montaje local adaptado de la obra escrita y presentada por el dramaturgo alemán Bertold Brecht en 1930. La trama aborda el tema de las decisiones. En la versión original, Brecht llevaba el desenlace hacia el sufrimiento del protagonista. Al ver las reacciones ante esa propuesta, adiciona un nuevo final que plantea, más que una lectura individual, un planteamiento colectivo.

La historia transcurre como sigue, según el sitio digital www.alternativateatral.com:

Pieza didáctica que promueve la reflexión frente a procesos personales y colectivos que a veces se asumen como inevitables.

El Maestro acude a despedirse de su alumno más querido ante su próxima partida en busca de remedios para erradicar la epidemia que está devastando a su pueblo. La madre del alumno también está contaminada y el alumno, deseoso de salvarla, ruega al maestro que lo sume al grupo de expedición. El maestro acepta, no sin dudar. A mitad del camino, el joven cae enfermo a su vez y no puede continuar con el viaje, ni regresar al pueblo. El grupo tendrá que tomar una decisión ante el dilema que le presenta la situación: dar por terminada la expedición y regresar al joven a su casa (lo que comprometería la vital expedición, única esperanza de una sociedad moribunda), o abandonarlo y seguir adelante en busca del remedio.

En la puesta en escena, los dos desenlaces son desarrollados, para que el público tome una postura de acuerdo con la decisión tomada. No en pocas ocasiones, las decisiones son sometidas a una profunda valoración, porque implican resultados, impactos, posibles desarrollos futuros.

Hoy, a esta hora, en Costa Rica, decir Si es imperativo. No es un Si asincrónico, como el que esta sociedad dijera hace ya casi veinte años cuando decidió aventurarse a firmar el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. No es ese Si que ahora debe asumir la gente con su decisión, con su voto.

Nos enfrentamos, sin lugar a dudas, ante las elecciones más trascendentales de la historia de la Segunda República en el país y lo que se vislumbra debe comprometer reflexiones profundas, reposadas y firmes. Decir No, es confirmar una ruta que, hemos comprobado, nos lleva al deterioro inmediato y a la destrucción del proyecto colectivo que hemos construido a lo largo de la historia. Decir No es condenarnos a un final inmediato, irreversible, irreparable.

El que dijo Si, continuó el camino. Se trazó nuevos objetivos, se apoyó en una nueva marcha histórica, colectiva. Ese es el mensaje. Que la puesta en escena para nuestro país nos traiga nuevos vientos. Un futuro alentador.

“Cada país tiene el gobierno que se merece”

René Mauricio Valdez (23.11.2025)

Esta frase se atribuye a Joseph de Maistre (1753-1821), uno de los principales intelectuales de la contrarrevolución francesa y de la anti-Ilustración; un convencido creyente en la superioridad de la monarquía absoluta como forma de gobierno, en el derecho divino de los reyes a gobernar, y en la infalibilidad del Papa. Pensaba que los pueblos que repudiaban a los “monarcas por la Gracia de Dios” obtenían gobiernos de calidad muy inferior que no podían resultar sino en un desastre. De Maistre habría acuñado la frase durante su exilio en la Rusia zarista mientras los jacobinos le volaban la cabeza a medio mundo en su Saboya natal y en París. Su obra maestra, Tardes de San Petersburgo (un conjunto de diálogos entre tres patricios en un palacio de la capital imperial rusa) es un elegante compendio del más refinado y oscuro pensamiento reaccionario-religioso y antipositivista de la época.

En tiempos presentes algunos utilizan esta frase con una intención parecida a la de quien aplica unas gotitas de limón en una herida. Se trata de restregarnos en la cara que los gobiernos que tenemos, incluyendo los más dictatoriales, ineptos y corruptos, son hijos de circunstancias que nosotros mismos contribuimos a crear y reproducir, por acción u omisión, en una u otra forma. Los malos gobiernos no caen de un planeta distante y desconocido, emergen del caldo de cultivo nacional del que somos parte que da origen a los problemas de que nos quejamos. El esclavo es como el amo, dicen Nietzsche y San Mateo. Es una condición que sería más fácil de apreciar en otros países que en el nuestro.

A mí me propinaron la frase como una cachetada en Costa Rica (viví allí durante la guerra civil política salvadoreña, la que fue sucedida por la guerra civil social de las maras) en un agitado seminario en la universidad en el que me permitía criticar duramente al gobierno que el país tenía en esos días. “Cada país tiene el gobierno que se merece”, me espetó un compañero de estudios costarricense quien en realidad pensaba –me lo decía en momentos de confianza, entre bocas de pejibaye en mayonesa, como amigo comprensivo y bonachón– que en el fondo el problema era que los salvadoreños en general, así como los demás centroamericanos, en contraste con los ticos, éramos demasiado pendencieros.

Algunos rechazan de entrada la expresión de De Maistre. No se puede generalizar, se debe examinar caso por caso. Hay pueblos que no se merecen los gobiernos que tienen. “El pueblo de Estados Unidos no se merece a Donald Trump” publicó en redes sociales un amigo estadounidense de filiación Demócrata, lo que dio origen a una inacabable retahíla de comentarios críticos y disparos de todos lados.

Hay quienes usan la frase en un sentido edificante, como quien dispensa una presea ganada dignamente. Franklin Delano Roosevelt era el presidente que Estados Unidos se merecía durante la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial. Algo similar escuchamos entre quienes respaldan a Nayib Bukele en El Salvador. Lo que su gobierno fue capaz de hacer para desarticular a los despiadados ejércitos de las maras –sin que se ignore los riesgos que conlleva la concentración del poder y los daños colaterales que se deben corregir pero que se consideran menores —no es sólo lo que los salvadoreños necesitaban en ese momento histórico, es lo que merecían luego de décadas de un Calvario indecible.

En fin, esta es una de esas frases memorables que nos llevan a reflexionar y ponderar, ese saludable ejercicio que no conviene dejar a un lado.