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Etiqueta: teoría política

Acercamiento y toma del poder

Trino Barrantes Araya
Alfonso Pardo Martínez
relacionesinternacionalespvp@gmail.com

Partido Vanguardia Popular-PVP-PCCR
Fundado 16 de junio de 1931

«¡Que tiemblen las clases dominantes ante una revolución comunista! Los proletarios no tienen nada que perder salvo sus cadenas». Esto significa que los trabajadores más pobres no tienen riquezas y deben unirse para cambiar el sistema”.
Manifiesto Comunista

“…Cito en este preciso momento a Walt Whitman, de su texto Hoja de hierba. Abro comillas: “… no olvidemos que la primera de las revoluciones de nuestra tiempo, la que inspiró a la revolución francesa y a las nuestras, fue la de América y que la democracia fue su doctrina /…/ Del porqué de esta cita, se estarán preguntando ustedes. Por una razón muy sencilla, al Comandante Hugo Chávez le correspondió crear una revolución de amor, de paz, de solidaridad, antimperialista, y de democracia avanzada. En fin, Chávez simplemente actualizaba el valor de la doctrina y la ideología del Libertador Simón Bolívar al contexto actual de la lucha de clases”
León Triba

Permítasenos utilizar la analogía del banco, ese instrumento que usamos a diario para sentarnos y que lo vemos cotidianamente, pero no preguntamos por sus partes componentes.

Por lo general un banco está compuesto por las siguientes piezas: el asiento o tablones, las patas (vamos a hablar del banco de cuatro patas), los travesaños o largueros, el respaldo, el reposabrazos, el faldón, los apoyapies y obviamente los clavos o el pegamento.

Ahora bien, todo proceso de transformación profunda, todo cambio que invoque al poder popular, al acercamiento o a la toma del poder repite esos elementos, pero desde la teoría de la organización, a saber:

  • Organización popular

  • Formación político-ideológica

  • Información (pero información sin acción, no sirve para nada

  • Unidad en la acción

  • Conciencia de clase

  • Disciplina militante

  • Proyecto político

  • Partido político

Con respecto a la metáfora de las cuatro patas, tendríamos que decir, de manera muy puntual, referir asimismo y hacer el señalamiento de los cuatro principios básicos que permitirían el triunfo de cualquier proyecto alternativo, al cual se aspire desde la conciencia de clase.

Si no existe organización popular, es difícil hablar de un acercamiento al poder y mucho menos a la toma del poder a partir de las clases subalternas.

Pero aun teniendo satisfecha esta primera fase. La organización popular sin formación política-ideológica, solamente es un intento vano de construir poder popular y alternativo. Satisfechas las dos etapas anteriores: organización y formación, es imprescindible la información. Aquí la educación formal e informal son fundamentales para articular los dos aspectos anteriormente señalados. El pueblo, las bases, los sectores populares deben estar informados. Pero la información sin acción no sirve para nada. Esas tres patas del banco, obviamente, caminarían renqueando, sino tienen a la base la articulación mediante un partido político de clase.

Estamos absolutamente convencidos de que no se puede prescindir de los cuatro componentes restantes. Pero sinteticemos diciendo que, la organización, la formación, la información y el partido, forman la estructura en donde se articula y se arma el tejido social, para aspirar a las transformaciones profundas, que requiere la sociedad a partir del motor de la historia: la lucha de clases.

Si la “nación es una comunidad imaginada”, las clases sociales, son elementos esenciales y concretos de esa realidad. Si una sociedad levanta su estructura sobre la lucha de clases sociales, estas son, finalmente, el resultado irreconciliable de sus intereses de clase.

Tal vez sí quisiéramos ser más rigurosos, podríamos decir que para que las patas de ese banco caminen, habría que recurrir a algunas categorías que hoy son imprescindibles. “La sociedad civil y la sociedad política, la crisis orgánica, el bloque histórico, el optimismo de la voluntad, el centralismo democrático, el poder moral, el valor de la comuna, vanguardia, partido y masa, entre otros.

Pero aquí lo que queremos destacar, fundamentalmente, es que el problema de la toma del poder, no es una acción mecánica, técnica o militar. Al contrario, el acercamiento o la toma del poder es un proceso que se requiere, teórico y práctico y fundamentalmente político, cultural y estratégico. Aquí la complejidad de la teoría aumenta su grado, pues nos lleva a descubrir las profundas contradicciones que se dan entre la estructura y la coyuntura, el fracaso de las revoluciones populares, el ascenso del continuismo disfrazado de populismo de derecha y la afirmación del neonazifascismo de las sociedades actuales en América Latina.

El problema entre hegemonía y consenso, repitámoslo aquí plantea, la urgente tarea del proceso de la lucha cultural e ideológica reclama, indeclinablemente al ejercicio de la organización, la formación, la información y la construcción del partido.

No buscamos aquí, ningún tipo de afirmación, al contrario, dejamos abierta toda nuestra propuesta para enriquecerla. Tampoco hemos podido abordar la totalidad de elementos señalados. Esto debe ser un ejercicio mucho más vasto, colectivo y de discusión orgánica. Volver a situar la teoría de las clases sociales, la conciencia de clase y la lucha de clases como ejes necesarios en el debate y el desarrollo de las ideas, para la acción

Vamos, sin embargo, a dejar aquí una sangría militante, para abrir las venas del debate colectivo de los sindicatos, de las organizaciones sociales y populares que aspiran y luchan por una sociedad de mayor justicia e igualdad social.

Sobre el vínculo constitucional entre el pluralismo político y la Democracia

Alejandro Guevara Arroyo

1. La garantía constitucional del pluralismo político es una faceta esencial de toda comunidad ordenada constitucionalmente como una República Democrática, o sea, una comunidad constitucionalmente fundada en los principios de igualdad política y de su propio autogobierno. Cierto: dichos ideales abstractos pueden traducirse en muchas formas constitucionales. Pero si en un caso dado no hay garantía creíble de pluralismo político, su apelación a los términos ‘democracia’ o ‘república’ es meramente un nombre mal puesto (misnomer).

2. En un nivel bajo de abstracción, el pluralismo político consiste en la vigencia, en un espacio político dado, de una multitud de concepciones alternativas pero razonables sobre cuál es el bien común, la justicia o el alcance y la jerarquía adecuada de los derechos fundamentales para esa comunidad. He aquí, por añadidura, una manera de caracterizar el concepto de concepción política. Como son concepciones alternativas, la ciudadanía que las sostiene entra en desacuerdo sobre la forma correcta de abordar los asuntos políticos particulares. El hecho del desacuerdo, como lo llamó Waldron, es, por tanto, una consecuencia necesaria de la vigencia del pluralismo político en toda comunidad política moderna.

3. Así, que un orden constitucional garantice el pluralismo político significa que ha diseñado un conjunto de mecanismos institucionales para que dicha vigencia sea un hecho. Como mínimo, dentro de estos mecanismos deben encontrarse prohibiciones y protecciones contra la persecución (estatal o paraestatal) de algún conjunto de las voces políticas vigentes en esa comunidad. Pero en un orden constitucional con una preocupación profunda por la democracia deben también incluirse artefactos constitucionales para fortalecer la presencia efectiva y vibrante de dicha pluralidad política en el espacio público democrático (para que se dé el space of appearance de la política, del que habló Arendt).

4. Entiendo que las dos rutas actuales más importantes contra el pluralismo político están caracterizadas por los órdenes que (1) abiertamente no garantizan protecciones institucionales contra la persecución de disidencias políticas o voces críticas; y (2) no se preocupan por construir las condiciones sociales para que el pluralismo político adquiera vigencia y protagonismo en la esfera pública y, notablemente, para la constitución de una genuina y activa ciudadanía comprometida con la República.

Ejemplos brutales del primer grupo fueron la Rusia de Lenin y Stalin (1920-1953), el Chile de Pinochet (1973-1990) y la Argentina de Onganía (1966-1973) y de Videla (1976-1982). Pero también deben incluirse las nuevas estrategias mediante las que se ‘mata a la democracia por mil cortes’ (retomando la expresión de O’Donnell), en las cuales el pluralismo político se va erosionando progresivamente, hasta llegar a las formas más obvias de persecución y criminalización de la disidencia. Destacan palmariamente en este caso: Venezuela (ya sin duda desde 2015, aunque con tendencias que se retrotraen al menos una década), Nicaragua (desde 2018 claramente, aunque también en este caso la erosión del pluralismo político empezó mucho antes) y El Salvador (en una obvia deriva autoritaria desde 2019).

En el segundo grupo están todos los órdenes constitucionales que no gestionan constitucionalmente garantías para cumplir las precondiciones sociales y para incentivar virtudes cívicas en la ciudadanía, ambas necesarias para una comunidad democrática densa.

Vale la pena detenerse en este punto. Como se dijo, el genuino pluralismo político puede surgir sólo en un espacio social relativamente autónomo, el de la política democrática. Sin embargo, para que sea probable que la sociedad participe de ese espacio, es claro que resulta imprescindible que las personas encuentren satisfechas sus necesidades de fundamentales para llevar una vida digna. Pero, y esto es clave, también resulta determinante que la ciudadanía disponga de un alma política adecuada, democrática, para participar de manera cívicamente virtuosa en aquel espacio. Pues bien, las condiciones sociales modernas no hacen probable que este espacio y dicha ciudadanía surjan por sí mismos. Por ello, constitucionalmente, hemos de preocuparnos por diseñarlos, construirlos, garantizarlos.

Buena parte de los actuales órdenes constitucionales democrático-republicanos se encuentran en un serio déficit con respecto a esta dimensión de la garantía de pluralismo político. Especialmente notable es el caso del continente americano, aunque sospecho que la situación es aún más grave en países como los Estados Unidos de América, Ecuador y buena parte de Centroamérica.

5. En un nivel alto de abstracción, el pluralismo político es consecuencia de un espacio-tiempo social en el cual todas las personas nos reconocemos como ciudadanas y ciudadanos iguales en dignidad, integrantes de un mismo navío constitucional. Tal es la nota que delimita su comunidad. Se dice ciudadanía, no sólo personas, en tanto ahí nos transfiguramos en agentes autónomos que reflexionan y actúan en, para y sobre esa comunidad.

Al reconocernos iguales en dignidad, entendemos que aquello que nos caracteriza a cada uno en tanto ciudadanía -el expresar esa libertad esencial que se ejerce mediante la política (como creyó Arendt)- es también lo propio del resto de quienes nos acompañan en el navío de la comunidad. En ese contexto, mis razones políticas en tanto ciudadano sólo pueden transformarse en las razones que justifican la decisión para toda la comunidad, si también son las razones políticas del resto. Pero estas razones, por supuesto, sólo pueden ser aquellas asumidas autónomamente, con convicción. Y las razones políticas del resto se encuentran en las mismas condiciones que las mías, tanto con respecto a su estatus como a su ethos.

Eso es ser una comunidad política en la modernidad: reconocernos en un genuino desacuerdo político, como consecuencia de reconocernos como agentes políticos con igualdad dignidad. Constitucionalizamos (imperfectamente) este ideal en la forma de la República Democrática.