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Etiqueta: violencia social

Un visitante indeseable

José Manuel Arroyo Gutiérrez

El poder siempre ha querido perpetuarse, pasar a la posteridad. Es un rasgo muy común de la condición humana, que en el fondo revela su fragilidad e impotencia frente al paso del tiempo y la muerte inexorable. Faraones y grandes caciques nos legaron sus pirámides-tumbas; reyes y emperadores sus castillos y palacios; cardenales y papas sus catedrales cargadas de oro y arte; y los presidentes de la modernidad han querido ser recordados por sus grandes obras de infraestructura, museos, bibliotecas, universidades, o proezas diplomáticas.

Vivimos sin embargo una época tan degradada –desde el punto de vista civilizatorio- que un tiranillo de cuarto mundo quiere pasar a la posteridad legando una “mega-cárcel”. Y hay quien lo admira y quiere imitar (sin decir nombres).

La humanidad ha tenido, desde siempre, serios problemas de qué hacer con los diferentes, los delincuentes, los locos, los disidentes y rebeldes, los marginados y pobres. Es lo que el criminólogo italiano de última generación –Alessandro De Giorgi-, llama el problema de la “excedencia”, los que en una sociedad salen sobrando, los que no logran sentarse a la mesa del reparto.

Las soluciones humanistas y democráticas han propuesto estrategias de reconocimiento de derechos e integración, de atención e inclusión social para esos sectores. Al contrario, las “soluciones” autocráticas, meramente represivas, han recetado desde hace siglos, el encierro o el abierto exterminio. Ese fue el dilema que enfrentó la camarilla nazi con los campos de concentración primero, y los hornos asesinos casi inmediatamente después. Esta es la “solución” de Donald Trump y otros líderes europeos persiguiendo, expulsando y aniquilando migrantes que buscan mejores condiciones de vida. Este es también el camino elegido por el genocida gobierno israelí para deshacerse del pueblo palestino.

Hoy sabemos, a pesar de la persecución y censura a medios de comunicación y activistas de derechos humanos, que en El Salvador hay más de cincuenta mil presos, la gran mayoría detenidos arbitrariamente, sin juez ni defensa, sin juicio ni sentencia, sin debido proceso. Por desgracia, no podemos saber cuántos están muriendo, porque la maquinaria represora del gobierno ha eliminado todo tipo de vigilancia y control externos. Contemplar a un presidente de Costa Rica (otra vez sin decir nombres), con pose de oficial de las SS haciendo recorrido de reconocimiento a presos semidesnudos y hacinados en la mega-cárcel bukeliana, es de lo más bochornoso y patético que nos ha tocado vivir.

Esta “salida” al problema de la violencia social es una confesión abierta de total fracaso político. Se ha fracasado en la construcción de instituciones democráticas, se ha fracasado en la lucha contra la desigualdad y la pobreza, se ha fracasado en una redistribución justa de la riqueza y se ha fracasado en dar escuela y trabajo a las nuevas generaciones.

Pero además, más temprano que tarde se sabrá el precio que ha pagado Bukele para bajar las tasas de homicidios en el hermano país centroamericano. Sus acuerdos subterráneos con los líderes mareros, sus tratativas con el crimen organizado y las corruptelas personales que lo han enriquecido cada vez más. Cuán sostenible es esta respuesta también lo sabremos muy pronto.

En todo caso, no es válido aprovecharse del miedo legítimo de la gente para imponerle ilusorias salidas a problemas profundos, que atañen al régimen de capitalismo salvaje dominante y sus políticas de exclusión y miseria para amplias mayorías de la población. Mientras esto no se resuelva, en pocos años, habrá otros 100 mil jóvenes salvadoreños en la más absoluta marginalidad y violencia. ¿Qué se le ocurrirá al tiranillo salvadoreño?, ¿tirarlos al mar?, ¿exportarlos como esclavos a Arabia Saudita?

Nayib Bukele es una viva ofensa a la tradición democrática costarricense. Es un sujeto indeseable que sin pudor alguno nos visita para tratar de influir en un proceso electoral en el que se quiere manipular, una vez más, el miedo a la violencia delictiva para tapar los problemas de fondo que siguen esperando auténticas soluciones.

Plata nueva

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Recién en estos días de descanso termino de leer la novela “Era más grande el muerto” (Editorial Seix Barral, 2017) del escritor colombiano Luis Miguel Rivas. Con una pluma magistral en la que intercala humor negro, lenguaje coloquial y análisis crítico acerca de la dureza que produce la guerra del narcotráfico en su país, Rivas logra recrear un escenario en el que ternura, pobreza, poder, violencia se intercalan en una narrativa frenética, casi asfixiante, pero de la que se sale bien librado gracias a esos momentos hilarantes en los que la risa logra salvarnos del dolor y la tristeza por lo leído.

Ambientado en la ciudad de Villalinda, quizá en la Medellín de los años ochenta y noventa, la ficción toma de la realidad aquellos elementos que la vuelven certera: la lucha por el control del territorio entre dos enconados rivales en los negocios y el narcotráfico (Don Efrem y Moncada), antes amigos, que no cesan en su objetivo de acabar con el otro hasta que lo logran.

En medio de este trazo de realidad que flanquea hoy varios de nuestros pueblos latinoamericanos, ese realismo mágico que aún persiste como signo narrativo de los tiempos actuales aparece en la pluma de Rivas para dejarnos una joya de trama: el negocio que produce la ropa de aquellos que son asesinados en el conflicto, el estatus que ganan, por unos cuantos billetes, muchachos jóvenes que acuden al “distribuidor” de la mercancía ( si, en este caso el cuerpo inerte se convierte en valor de cambio en una sociedad que ha perdido la razón) y las consecuencias que derivan de la puesta en escena de un negocio inimaginable, imposible. Eso que hoy llaman outfit encargado a un cadáver.

Uno de los capítulos que me atraparon relata la transformación sociocultural y material que presentan varios de los pobladores de Villalinda, que son incorporados en los negocios del narcotráfico y asuntos comerciales conexos.

Es posible identificar quienes están en “la actividad” porque sus casas, su entorno, ellos mismos, experimentan cambios inmediatos que solo se explican con su participación en el ilícito negocio. Rivas llama a este cambio el producto de la entrada de “plata nueva” a la ciudad.

En un rápido intercambio con el autor a quien tuve el gusto de conocer este 2025 que ya se acaba en un Festival poético en Buenos Aires, Argentina ( Va Poesía 2025) le comentaba que era inevitable para mí no hacer la extrapolación al contexto costarricense, que ha visto transformaciones inmediatas en sus regiones más deprimidas: la disminución de la pobreza, el aumento de ingresos familiares y el rápido cambio del desempleo a ocupaciones “no declaradas” que solo se explican desde el funcionamiento de esa “plata nueva” , tan finamente construida como concepto por Luis Miguel.

Mientras escribo esta columna, por cierto, aparecen más detalles de la masacre en una cena navideña ocurrida en la localidad de Parrita, en el pacífico costarricense, en la que tres hombres fueron asesinados sin contemplaciones mientras disfrutaban con su familia el convivio de la fecha. Dos de ellos fueron víctimas colaterales.

Está claro: en los últimos años todo el aparataje logístico en la lucha contra el narcotráfico ha sido casualmente desmontado y de alguna manera mucho del aumento sin freno de los homicidios en lo que va de la presente administración en Costa Rica, es consecuencia de ajustes de cuentas, una figura literaria con la que Rivas explica la naturalización de la barbarie en esa ciudad paradójicamente llamada “Villalinda”.

Hemos entrado en una era sin retorno en Costa Rica. Tenemos ya muchas Villalindas en funcionamiento. A la vuelta de la esquina tendremos también líderes políticos empleados por estos poderes fácticos (si es que eso no está sucediendo ya) y serán ellos los que designen las políticas sociales y tomen las decisiones más importantes en el país.

¿Qué hacer? Les tengo una noticia para cerrar este 2025. Por primera vez en cinco años que llevo de compartir esta columna, me quedo sin palabras ante esta realidad que parece ficción. No es derrota: es sentido de lo obvio.

Por lo pronto tenemos como sociedad una oportunidad clara para intentar cambiar el rumbo de las cosas a partir de febrero. Que esa “plata nueva” no se nos convierta en ese nuevo contrato social que tanto buscamos recomponer.

¿Dónde nos encontramos?

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

A lo largo de estos años en los cuales he compartido mis reflexiones y análisis, un tema ha sido recurrente no solo por su importancia sino porque ha aumentado en intensidad.

Me refiero a la pérdida del espacio público en Costa Rica como constructor de sentido, de pertenecía y de socialización. Esas ideas también. Las he expuesto a los medios de comunicación que me consultan cada cierto tiempo por la violencia en carretera, la ausencia de diálogo y cortesía, la ira tras el volante.

En el país es claro que algo ha cambiado. Una rápida revisión a las notas de los medios de comunicación nos habla de ajusticiamientos, balaceras, zafarranchos y otras acciones en los que media el conflicto, la defensa de territorios y negocios ilícitos y la disputa por ese espacio público donde antes se construía comunidad y horizontalidad.

Hoy hay miedo a salir, a encontrarnos. Es cierto que la proliferación de actividades relacionadas con la naturaleza como el senderismo, por ejemplo, resultan una alternativa posible más no al alcance de todos y todas. Algo tendremos que hacer para volver a encontrarnos.

Pero si esto pasa a nivel general, siento mucha perplejidad al notar que en actividades que debieran mostrar vigorosidad en ese espacio público amplio y necesario, la tendencia más bien es, al contrario.

Hablo por ejemplo de mi universidad, a la que quiero tanto. Mi impresión es que ese espacio público ha sido pulverizado por las formas. Ciertamente las tecnologías de la comunicación, las transformaciones en las dinámicas laborales y los efectos desactivadores de la pandemia han producido cierto “achatamiento” de ese espacio necesario. Es que ya ni en las propias redes institucionales nuestras podemos hablarnos, porque no hay lugar para el debate en ellas.

Es prudente no confundir, desde luego, la amplia y variada oferta de conferencias, mesas redondas, talleres, clases magistrales con eso que yo llamo el espacio público universitario aniquilado. ¿donde nos encontramos? ¿Cómo socializamos? ¿Dónde y cómo discutimos el futuro de nuestra universidad, de nuestras facultades? ¿De nuestras escuelas?

Sé que se hacen esfuerzos, pero no alcanzan. En definitiva, mucha de la despolitización que se siente tiene que ver con esas lógicas de silenciamiento y poco apalabramiento.

Algo urgente como un “Resetearnos” podría ser la respuesta. Resignificar la lógica de las comunicaciones, para que la virtualidad sea una excepción y no la constante, volver a encontrarle al concepto de “opinión”, eso que significa justamente: la emisión de un mensaje, el intercambio de ideas, el fondo por la forma.

Volviendo al nivel social, esas formas de encontrarnos de nuevo son urgentes y necesarias. Reconstruir ese pacto social que una vez fuimos.

Radiografía de la incertidumbre

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Una lectura rápida, pero no menos implicada, a algunas noticias aparecidas en medios nacionales los últimos días, permiten constatar el punto de no retorno en una sociedad como la costarricense.

Mientras la realidad campea en lo que podríamos denominar una radiografía de la incertidumbre, quedamos notificados de que la parálisis organizativa y la respuesta persisten sin evidencia de su recomposición.

La ofensiva sociocultural desplegada hace unos años desde sectores conservadores ha dado su resultado más rotundo: la atomización, el secuestro del concepto de pueblo por versiones populistas y perversas hábiles en la comunicación dirigida y sus variantes, así como la naturalización de dimensiones que hasta hace poco eran impensadas en este país, son solo algunos de esos efectos inmediatos y devastadores.

Empecemos por la peor debacle de todas, la pesadilla lapidaria: este país entró en un apagón educativo que está amenazando a amplios sectores de la población.

Si aquella, la de los ochenta, fue la década perdida, estos años sin lugar a dudas serán recordados como el cierre con candado a varias generaciones que fueron confinadas al peor de sus ostracismos.

El cuento se cuenta solo, porque no se parece siquiera a un chiste que es como se diría correctamente la frase: pésima comprensión de lectura en estudiantes de varios niveles y debilidades en la enseñanza de las matemáticas, por causa de malos manejos en las herramientas didácticas por parte de las personas docentes.

El último informe del Estado de la Educación fue todo un obituario. De eso estamos seguros.

En la misma semana que este informe se daba a conocer, los medios de comunicación nos hablaban de la transversalización del enfoque de la violencia en todos sus alcances: en la Costa Rica del chifrijo, cada diez horas ocurre un asesinato, cada nueve días un femicidio, que hasta la semana anterior contabilizaba 27 homicidios de mujeres a manos de sus parejas.

Para aquellos y aquellas acostumbrados a explayarse en ese tan cacareado excepcionalismo costarricense en la región centroamericana, les tengo una noticia: las extorsiones, el cobro de peajes y el desplazamiento violento de familias enteras de sus viviendas por parte del crimen organizado, está ocurriendo en esta tan linda su Costa Rica, la suiza centroamericana. Nada que no ocurra en un barrio empobrecido de San Salvador o Tegucigalpa.

Como si este punto de inflexión no fuera suficiente, las soluciones extremas y populistas parecieran ganar espacio en el inconsciente colectivo atolondrado y mareado por tanto discurso provocador: una mega cárcel resumiría la política social del estado costarricense para acabar con la delincuencia.

Hace muchos años facilitaba en El Salvador un evento de juventudes centroamericanas sobre participación política. El caso de la delegación tica era contundente: su desprecio por las demás delegaciones y su poca vinculación con el resto, les hizo granjearse rápidamente una percepción negativa de parte del resto.

Hoy esa actitud arrogante y proponente debe ser abandonada y transitar hacia una humilde escucha de quiénes han experimentado esos viajes de los cuales no han regresado.

Mirar por encima del hombro y con arrogancia al conjunto de la región, no es opción. Nos hemos estandarizado. Reconocerlo es el primer paso para la reparación de eso que alguna vez fuimos.

¿Conoce profesionales o estudiantes de psicología? Por favor compártale este pronunciamiento para firmar…

PRONUNCIAMIENTO DE LA COMISIÓN AD-HOC SOBRE VIOLENCIA SOCIAL DEL COLEGIO DE PROFESIONALES EN PSICOLOGÍA SOBRE EL GENOCIDIO EN GAZA Y SOBRE LA PROPUESTA DE UN TLC CON ISRAEL

El Colegio de Profesionales en Psicología de Costa Rica (CPPCR), por medio de su Código de Ética y Deontológico, es explícito en manifestar los principios orientadores de la labor de nuestra profesión.

Así, en los CONSIDERANDOS se estipula que “Por ser la psicología una ciencia social y una ciencia de la salud, debe responder integralmente a los intereses y necesidades del ser humano y de la sociedad, como un todo interrelacionado, con el fin de propiciar el bienestar personal y colectivo para el logro del bien común en un ambiente sano y sostenible”.

En el ARTÍCULO 5 se manifiesta que “Toda persona colegiada deberá regirse por los principios de respeto a las personas y colectivos, que tienen como base el marco jurídico nacional e internacional en materia de derechos humanos; unido a lo anterior, propiciará la conciencia, la paz, la justicia y un ambiente sano, que promueva el bienestar individual y social”.

Además, su ARTÍCULO 6 reza que la disciplina debe, inciso c) “Contribuir con la construcción de una cultura de paz y de una sociedad consciente y democrática…” y en el inciso h) “Identificar y procurar la transformación de las relaciones de poder donde exista la opresión y la violencia, procurando una sociedad justa, solidaria, equitativa y con igualdad de oportunidades para el desarrollo integral de los seres humanos”.

Es decir, para el Colegio como un todo y para cada una/o de sus integrantes, es un deber ético y humano el manifestarse respecto de aquellas situaciones que van en contra de tales principios orientadores y actuar conforme.

Dado lo anterior, como organización profesional comprometida con el bienestar general, no podemos mirar hacia otro lado, como si nada estuviera ocurriendo, ante la tragedia que estamos viviendo en la Franja de Gaza. Todos los días nos enteramos de lo que ahí acontece, lo cual genera angustia, desazón, desesperanza y enojo, y para lo que ya las categorías científicas y humanas se quedan cortas para describir. Literalmente, se sale de todos los parámetros legales, humanos y éticos y se torna muy difícil explicarla o entenderla.

Lo cierto es que estamos presenciando –literalmente- la puesta en escena de algunas condiciones, contradictoriamente, de las más odiosas de la humanidad, como lo son la crueldad y la insensibilidad ante el dolor ajeno, a vista y paciencia del mundo, de las organizaciones y de los países. Se trata, ni más ni menos que de la ocupación, el genocidio y el exterminio de todo un pueblo.

En Gaza se está destruyendo no solo la infraestructura, que es lo más visible, sino también el tejido básico de una sociedad y de un pueblo, como lo son su dignidad, su historia y el elemental derecho a existir. En estas condiciones, cuando todos los esfuerzos se centran en sobrevivir de las bombas o del hambre, es imposible aspirar a una vida sana y enriquecedora. Y, por ende, el bienestar y la salud psíquica de cada persona y de todo el pueblo gazatí simplemente no son viables.

Ante esta tragedia humana, el CPPCR no debe ni puede guardar silencio.

Por todo lo anterior, esta comisión:

MANFIESTA LA MÁS ENÉRGICA CONDENA AL GENOCIDIO, LA VIOLACIÓN SISTEMÁTICA DE TODOS LOS DERECHOS HUMANOS BÁSICOS Y LA BARBARIE QUE ESTÁ OCURRIENDO EN GAZA.

LLAMA A UN ALTO AL FUEGO, COMO PRIMERA MEDIDA URGENTE Y EMPLAZA A LOS ÓRGANOS CORRESPONDIENTES DE LA HUMANIDAD, A LA CONSTRUCCIÓN DE UNA SALIDA RESPETUOSA Y DURADERA, QUE PROCURE LA REPARACIÓN DE LOS DAÑOS PROVOCADOS. TODO ELLO, CON LA PARTICIPACIÓN PLENA DEL PUEBLO GAZATÍ.

ASÍMISMO, INSTA AL GOBIERNO DE COSTA RICA A NO CONTINUAR CON EL PROCESO DE FIRMA DE UN TLC CON EL GOBIERO DE ISRAEL. DADAS LAS CONDICIONES, CONSIDERAMOS QUE ESE SERÍA UN PASO IMPROCEDENTE, IRRESPETUOSO E INSULTANTE PARA LA DIGNIDAD DEL PUEBLO PALESTINO Y UN INADMISIBLE AVAL A LA ACTUAL POLÍTICA ISRAELÍ; ADEMÁS DE DEJAR A NUESTRO PAÍS MUY MAL PARADO, DADA SU HISTORIA Y TRAYECTORIA DE BÚSQUEDA DE LA PAZ Y EL RESPETO DE LOS DDHH.

FINALMENTE, INVITA A OTROS COLEGIOS PROFESIONALES PARA QUE TAMBIÉN SE PRONUNCIEN AL RESPECTO.

Si es estudiante o profesional de psicología puede seguir el enlace para dar su apoyo al pronunciamiento.

https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSfkAQiiV_IHWTXMHM7CPL8xtnA_dLcXS3TlvRQAvdUZrYKVJQ/viewform?usp=dialog

Imagen sobre cultura de paz con fines ilustrativos: UNESCO.

Comisión ad-hoc renuncia tras negativa de Colegio de Psicología adenunciar genocidio en Gaza y rechazar TLC con Israel

La Comisión Ad-Hoc para el abordaje de la violencia social en Costa Rica presentó el 28 de agosto su renuncia irrevocable a la Junta Directiva del Colegio de Profesionales en Psicología.

Durante más de un año, la Comisión elaboró pronunciamientos, realizó una encuesta entre el gremio, organizó un encuentro presencial y trabajó en una caja de herramientas para el reconocimiento y enfrentamiento de situaciones de violencia. Según expresan en su carta, su labor se orientó a visibilizar y proponer acciones frente a distintas expresiones de violencia que afectan a la población.

La renuncia se produce tras la negativa de la Junta Directiva de respaldar un pronunciamiento en el que la Comisión denunciaba el genocidio en Gaza y rechazaba la iniciativa del actual gobierno de suscribir un tratado de libre comercio con Israel. La Comisión señala que no es posible mantener neutralidad ante hechos de violencia y cuestiona la posición de la Junta de no pronunciarse.

En la carta, las personas firmantes afirman que continuarán su trabajo de manera independiente, en contacto con el gremio y la sociedad, con el propósito de contribuir a frenar las condiciones que favorecen una cultura de violencia.

La misiva fue suscrita por:

  • Marco Vinicio Fournier Facio

  • Mónica Vul Galperin

  • Oscar A. Valverde Cerros

  • Laura Sánchez Calvo

  • José Manuel Salas Calvo

  • Ana Leonor Ramírez Montes

  • Mabel Ramírez Pérez

  • Ignacio Dobles Oropeza

  • Juan Carlos Morales Quirós

Puede consultar el documento original completo en este enlace: Carta de renuncia

Imagen con fines ilustrativos: UNESCO.