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Etiqueta: voto castigo

Proceso electoral: de MAGA (Make America Great Again) a Laura Fernández Delgado-LAFEDE (Populismo chavista y la derecha cuestionada)

Trino Barrantes Araya
camilosantamaria775@gmail.com

La Nueva Doctrina de Seguridad Nacional (“Hagamos que EE. UU. sea grande otra vez”), sustenta los pilares sobre los cuales se afirma la Doctrina Trump y el ascenso de la derecha y el fascismo en América del Sur y Centro América.

El supremacismo, la violencia patriarcal y misoginia, el racismo, la lucha contra los derechos individuales, el ataque sostenido a la institucionalidad, la ausencia de programas y recorte violento de presupuestos a los programas de salud, educación, vivienda y agricultura, el irrespeto a los acuerdos contra el cambio climático y el acelerado proceso de explotación de recurso fósiles, forman parte del manifiesto ideológico al cual se adscribe el gobierno de LAFEDE.

Algunos analistas describen este momento como la “Doctrina Donroe”. Es una actualización de la Doctrina Monroe, pero aún más violenta que su predecesora. La lucha y el control contra la población migrante y la búsqueda desesperada para romper con el mundo multilateral que se afirma a pasos agigantados, orientan a la USA a desmontar todo el tejido de la posguerra y a afirmar un nefasto y enfermizo nacionalismo supremacista-fascista.

De esta manera se rompen los consensos, se irrespetan viejas alianzas y se afirma la nación bajo las brutales medidas impositivas de los aranceles, impuestos unilateralmente. La guerra de cuarta generación, el sometimiento de la prensa a intereses oscuros, la ruptura con el orden internacional y el marcado proceso contra la migración, acompañado a lo interno de un populismo de derecha, dan el rostro de esta alianza política que se sintetiza con el acrónico de MAGA. Hoy con once países de América, bajo ese modelo.

Pero dejemos ese tema tan sugerente para otro momento. Nos interesa aquí ensayar algunas hipótesis que expliquen el triunfo de LAFEDE. Reconocer a los actores sociales y a la masa amorfa y acéfala que mayoritariamente con el ejercicio del voto popular, envistió al Partido Pueblo Soberano, como ganador absoluto de la contienda electoral.

1.- El pueblo hambreado, el lumpen proletario, el lumpen burguesía, el voto castigo y los pentecostales

Definitivamente, las tres provincias más marginadas, invisibilizadas y hambreadas, una vez más en la creencia a ultranza de la promesa electoral, vuelven a apostar a favor de su propio verdugo.

No existen referentes concretos, sino en forma de narrativa electorera, de programas a favor de la salud, la educación, la vivienda y el empleo digno y sostenido. Al contrario, la narrativa estuvo empeñada en justificar que, desde “la continuidad del cambio” la prioridad del gobierno era conducir las reformas a la Constitución Política. Brindar autonomía a la Sala Constitucional, aplicar reformas profundas a la Caja Costarricense, intervenir de manera integral la Fiscalía y al Organismo de Investigación Judicial y por supuesto debilitar los órganos de control político y fiscal.

Temas como la “inseguridad ciudadana” y el “crecimiento económico con equidad”, son solo parte de un discurso de promesas porque, a decir verdad, en toda su campaña hubo ausencia de programas orientados a erradicar estas grandes problemáticas. Por el contrario ese continuismo es heredero de los grandes vacíos en educación, salud, seguridad y políticas agrarias. No sabemos, y nos es muy difícil especular, que significa en su comparecencia en la conferencia de prensa el criterio emitido por LAFESE sobre “imponer un sello personal al ejercicio de su función como presidenta”.

Los otros dos actores son fácilmente identificables. Si damos por sentado que, como parte de las clases sociales, el lumpen proletario es un segmento de la población profundamente marginada del sistema productivo y sin conciencia de clase, representado por un buen número de sicarios, narcotraficantes y pobres marginados. Podemos encontrar ahí una buena masa de votantes a favor del PPSO. En el otro extremo el lumpen-burgués, en tanto sector de clase como burguesía parasitaria, proimperialista y desnacionalizada apostó, desde su comodidad clasista, por el continuismo.

2.- Sigue prevaleciendo en esta contienda el voto castigo

Los fantasmas del bipartidismo asoman con frecuencia, pese a la renovación que, en esta oportunidad, logró el PLN, con la persona de Álvaro Ramos. El otro gran contingente se lo dio Fabricio Alvarado, que, gracias a sus errores, movió una gran masa de su electorado a las filas del continuismo.

3.- Creo que inicia con errores la actual mandataria electa

En su mensaje del 1 de febrero, expresó que: “La oposición, por oposición, obstruccionista y saboteadora, enceguecida por el revanchismo y el canibalismo político, se empeña en propiciar el fracaso del gobierno…”. Obviamente, el 2 de febrero en la conferencia de prensa, tiene un giro a su posición confrontativa. Habla en esa oportunidad de “tender puentes”, “conversar, dialogar y construir consensos”. Pero de nuevo deja ver serias contradicciones discursivas.

Estas contradicciones ponen en su foco al Banco de Costa Rica-BCR. Frente a estas afirmaciones, los personeros del BCR rechazan enfáticamente dichas declaraciones, señalando que esta entidad bancaria no está en quiebra y que goza de buena salud financiera.

4.- En conjunto, con muchas otras fuerzas llamamos a votar

A darle al ejercicio del sufragio su valor histórico. Eso se logró, pues de un padrón de más de 3 millones 7 mil sufragantes, inscritos en 7.154 mesas, según lo indicó el TSE, se logró un 69% del voto efectivo. Pero aquí también descansa una tercera hipótesis. Finalmente, el ejercicio de convocatoria a favor del voto, fue canalizado por el continuismo.

5.- Historiográficamente no existe la “Tercera República”

Eso es una simple metáfora, una gran bofetada a la memoria histórica, a la idiosincrasia del ser costarricense. Empezamos mal con ese enunciado. Costa Rica está inserta en un proyecto de democracia liberal burguesa y no se ha roto el proceso desde 1821. El gran ausente del poder sigue siendo el pueblo, los sectores populares que en estos largos años de República, solo nos ha quedado como alternativa delegar el poder en el “presidencialismo y en el poder parlamentario”.

San Ramón, y a 4 de febrero 2026

Costa Rica: Cómo los partidos tradicionales abrieron la puerta al populismo

Por JoseSo

Un análisis para entender la crisis política actual

¿Cómo llega aquí la Costa Rica que era el “ejemplo democrático” de América Latina? Un país sin ejército, con elecciones transparentes y alternancia en el poder. Pero detrás de esa imagen, algo se rompía. Hoy, un presidente como Rodrigo Chaves —con un estilo confrontativo y discursos que alarman a expertos— gobierna con un mensaje claro: “Los políticos tradicionales nos fallaron”. ¿Cómo llegamos aquí? La respuesta está en errores históricos de los partidos que dominaron Costa Rica por décadas.

Los “pecados capitales” de los partidos tradicionales

Vivir en una burbuja

Durante más de 60 años, dos partidos (PLN y PUSC) controlaron casi todo. Pero se desconectaron de la gente común. Mientras en el Valle Central había progreso, las regiones periférica y rurales (como Limón, Puntarenas o zonas rurales) vivían con menos oportunidades, peores servicios y abandono. Esta desigualdad creó un caldo de cultivo para el descontento.

Corrupción: La herida que no cerró

Casos como “Cochinilla”, “Cementazo” o “ICE-Alcatel” (donde políticos y empresarios hicieron negocios sucios) mancharon la imagen de los partidos grandes. La gente empezó a verlos como grupos privilegiados que servían a sus intereses, no al pueblo.

Un sistema lento e ineficiente

El Poder Judicial, las instituciones públicas… todo se volvió sinónimo de trámites eternos, burocracia y soluciones que no llegaban. Entre 2018 y 2020, la desconfianza en el sistema judicial subió del 49% al 59%. Carlos Alvarado (presidente antes de Chaves) tuvo solo un 15% de apoyo popular en 2020.

El vacío que dejaron: Cuando la gente buscó alternativas

Los partidos tradicionales no solo fallaron, no escucharon el malestar ciudadano. Esto generó:

Voto “castigo”: En 2018 y 2022, la gente votó masivamente contra el PLN y el PAC. No importaba tanto el nuevo candidato; importaba echar a los mismos de siempre.

Campañas emocionales: Figuras como Fabricio Alvarado (2018) o Juan Diego Castro usaron discursos simples: “¡Ellos son los corruptos, yo soy el cambio!”, Apelaron al cansancio y a la fe (en el caso evangélico) .

Volatilidad electoral: La gente decidía su voto a última hora, influida por escándalos o promesas. Los partidos ya no tenían votos fieles.

  • En 2022, el sistema de partidos pasó a ser de “pluralismo extremo” (fragmentado, con muchos actores). En este caos, los mensajes simples y radicales ganan terreno .

Chaves: El “outsider” (personaje fuera de la política tradicional) que supo leer el momento.

Rodrigo Chaves no es un accidente. Es el resultado de ese desencanto. Y su estrategia explota los errores históricos de los tradicionales.

Lo que falló en los partidos. Cómo lo usó Chaves

Los partidos tradicionales y sus gobiernos cayeron en una profunda desconexión con la periferia, por eso Chaves ganó apoyo en zonas rurales y costeras que se sentían abandonadas.

Corrupción impune. Chaves se presentó como el “luchador contra políticos corruptos” (aunque él fue ministro del PAC).

Instituciones lentas. Chaves critica jueces, Contraloría y prensa, llamándolos “obstáculos” para el pueblo.

Los Partidos usaban lenguaje técnico y frío, mientras que Chaves habla directo, con frases contundentes (y a veces pachucas) en redes sociales.

En resumen, Chaves tiene un discurso estratégico y una puesta en escena creíble, que el pueblo compra al sentirse representado.

Su método es peligroso (y efectivo):

– Crea “enemigos” duales. Por un lado, los políticos tradicionales; por otro, instituciones (medios, jueces) que según él “protegen a esos políticos”.

– Se muestra “del pueblo”: Aunque fue economista del Banco Mundial, usa un tono anti-elite (hipócrita porque negocia y hasta se financia de ellos) y habla de “recuperar el país”.

Ataca controles democráticos. Tilda a la prensa de “canalla”, acusa al Poder Judicial de lento, corrupto y politizado, y descalifica a la Asamblea Legislativa, rompiendo cualquier comunicación con los diputados, propios y extraños para justificar su necesidad de controlar todo a su antojo.

¿Está Costa Rica en riesgo? La advertencia que no podemos ignorar

Chaves no es un dictador. Pero su estilo sigue un guión preocupante visto en otros países, como Brasil, donde Bolsonaro deslegitimó instituciones y los Poderes del Estado hasta que sus seguidores asaltaron el Congreso.

O en la Nicaragua tomada por Daniel Ortega y Rosario Murillo, que llegaron por elecciones, pero después anuló toda oposición y terminó eliminando cualquier competencia dentro de su FSLN (que mancilla el legado revolucionario legítimo de Sandino) y encarcela a líderes de oposición.

En El Salvador, Bukele concentra poder a través de “un estado de excepción” eterno (empezó pidiendo 6 meses desde 2021 y se lo renuevan mensualmente hasta hoy), mientras debilita al Poder Judicial y encarcela opositores y críticos de medios de comunicación y ONGs de Derechos Humanos.

  • ¡No es alarmismo! Cuando un presidente normaliza el ataque a instituciones (Contraloría, Sala IV, TSE), agrieta la confianza en la democracia. Y eso abre paso al autoritarismo. Puede ser, o no, del mismo Chaves, que hemos visto que disfruta de los halagos, sus caravanas policiales a todas partes, incluida su casa en Monterán.

¿Hay salida?

Los partidos tradicionales no murieron por Chaves; se suicidaron con su corrupción, lentitud y desconexión. Pero la solución no es reemplazarlos por un líder que debilite los controles democráticos, que mantiene innegables muestras de corrupción y que encima tiene detrás a las mismas élites económicas que, por conveniencia, antes financiaban campañas a los partidos tradicionales y ahora están detrás del fenómeno chavista.

Para reconstruir la confianza se necesita:

Primero, una renovación real. Aquí no se trata de slogans vacíos como “el nuevo Liberación” o la “Unidad renovada”. Se debe permitir y fomentar el que surjan nuevos líderes en los partidos y no los mismos de siempre o sus delfines (sucesores) nombrados a dedo.

Segundo, conectar con la periferia. Llevar soluciones concretas a zonas olvidadas qué podríamos afirmar es todo lo que no está en el GAMA, salvo pequeñas excepciones.

Tercero, defender instituciones. Aunque sean imperfectas, son el único escudo contra el autoritarismo.

La democracia costarricense no está “condenada” al populismo. Pero si los partidos no aprenden de sus errores, el discurso de Chaves será solo el primer capítulo de una historia que otros países ya vivieron… ¡y hoy lamentan!

¿Y nosotros? Como ciudadanos, toca estar alertas: Criticar a los políticos tradicionales está bien. Entregarle todo el poder a un salvador, es un riesgo que no vale la pena tomar.

Continuará…