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Autor: María José Ferlini Cartín

La comunidad de Argentina de Pocora se prepara para realizar el 4° Festival del Agua 2020, en versión virtual

El Programa de Gestión Local actualmente está apoyando, por cuarto año consecutivo, a la comunidad de la Argentina de Pocora en Guácimo, Limón, en su reconocido “Festival del Agua”, una actividad que recuerda a todas las personas la importancia de este líquido esencial para la vida y en especial para la prevención en la atención de pandemias. Este festival tiene por objetivo concientizar a la población acerca de la crisis mundial del agua, el cambio climático y la necesidad de buscar medidas para abordarla de manera que alcancemos el objetivo de desarrollo sostenible y el saneamiento para todos a largo plazo.

Debido a la pandemia por el Covid -19, que afecta a todo el país, este 2020 el “Festival del Agua” de Argentina de Pocora, se realizará en un formato virtual. Como parte del apoyo que está dando el PGL a la Comisión para la Gestión Participativa del Recurso Hídrico de Argentina y en una nota firmada por las personas representes de la ASADA y ADI, Saida Sáenz López y José Gerardo Zamora González, dirigieron una solicitud al Instituto Costarricense de Electricidad, Área Socioambiental Región Huetar, para la instalación de una torre temporal que permita una transmisión por internet, con condiciones de conectividad y de calidad para que la comunidad de la Argentina de Pocora pueda disfrutar de las actividades del Festival del Agua los días del 20 y 21 de noviembre del presente año.

La comunidad de Argentina de Pocora, ha logrado obtener una pronta respuesta de las autoridades del ICE y está valorando la viabilidad para la instalación de la torre solicitada.

Nota por Michelle Castro y Rafael López.

UCR: Estudio sobre la salud mental del personal sanitario será realizado por universidades públicas

El saldo negativo que dejará el nuevo coronavirus en la salud mental de la humanidad preocupa a los expertos. El personal sanitario es uno de los grupos más susceptibles de sufrir las consecuencias y, por eso, en Costa Rica se estudiará su condición emocional

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud y las Naciones Unidas, se debe prestar mayor atención a la salud mental durante la pandemia y después de esta, porque los efectos los vamos a ver por muchos meses y años. Foto: Miriet Ábrego, Semanario Universidad.

La atención de pacientes con COVID-19 recae principalmente sobre las espaldas de profesionales en medicina, enfermería, microbiología y otros, así como en personal técnico y administrativo. Este grupo tiene a diario jornadas intensas para resguardar la salud de las personas contagiadas por el coronavirus.

Estos funcionarios se ven sometidos a múltiples presiones psicosociales de manera permanente e, incluso, al riesgo de infectarse y de poner en peligro su vida y la de sus seres queridos.

Además, el miedo, la angustia, la incertidumbre y el encerramiento, tras varios meses de haber iniciado la pandemia, son circunstancias que tienen un impacto social, pues han cambiado por completo nuestras formas de vida.

Al calor de la pandemia, las acciones de los Gobiernos y las instituciones se centran sobre todo en el cuidado de la salud física. Como resultado, la salud mental no es una prioridad y pasa a un segundo plano, aun cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) insiste en que la salud es un estado integral, que comprende al ser humano en todas sus facetas.

En mayo pasado, esta organización alertó sobre las consecuencias del nuevo coronavirus en la salud mental, a corto y largo plazo, especialmente entre el personal sanitario y de primera respuesta, debido al posible aumento de trastornos y de suicidios.

En este contexto, en Costa Rica, surge una iniciativa interinstitucional para tomar acciones inmediatas, a partir del análisis de los efectos psicosociales en la salud física y mental del personal de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), que se encuentra en la primera línea de atención de la pandemia por el COVID-19.

El estudio será efectuado por la Universidad de Costa Rica (UCR) y la Universidad Nacional (UNA), con la colaboración de la CCSS y el Ministerio de Salud. Actualmente, se está a la espera del visto bueno del Consejo Nacional de Investigación en Salud (Conis) para aplicar el proyecto.

De acuerdo con Henriette Raventós Vorst, Vanessa Smith Castro y Raúl Ortega Montero, investigadores a cargo del análisis, se ha observado que entre un 20 % y 30 % del personal sanitario, directamente involucrado en la atención y cuidado de los pacientes, sufre alguna consecuencia en su salud psicológica.

Una evaluación efectuada en Canadá a trabajadores sanitarios en medio de la pandemia reveló que casi la mitad de ellos (47 %) declaró necesitar apoyo psicológico; mientras que en China un 50 % sufría depresión, un 45 % ansiedad y un 34 % insomnio.

“A largo plazo, los efectos en la salud mental van a ser muchos y todas las acciones que hagamos ya con estas personas, que están trabajando en primera línea, son muy importantes”, destacó Vanessa Smith, científica social del Instituto de Investigaciones Psicológicas (IIP) de la UCR.

El personal sanitario es uno de los grupos más vulnerables de la población a los efectos psicosociales de la pandemia, pues está sometido de manera permanente al estrés y al temor de ser contagiado. Foto: Miriet Ábrego, Semanario Universidad.

Esta misma preocupación fue expresada por la directora del Departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias de la OMS, Dévora Kestel, quien advirtió en una conferencia de prensa que es probable que se dé «un aumento a largo plazo del número y la severidad de los problemas de salud mental», debido al «sufrimiento inmenso de cientos de millones de personas».

Entre los grupos de mayor riesgo, están el personal sanitario y de primera respuesta (por la ansiedad y estrés que están viviendo); niños, niñas, y adolescentes; mujeres en peligro de violencia doméstica; adultos mayores; personas con condiciones mentales preexistentes u otras enfermedades.

Capacidad sobrepasada

En Costa Rica, el trabajo interinstitucional sobre salud mental se inició desde marzo pasado, por medio de la mesa técnica operativa en salud mental y apoyo psicosocial. En esta instancia participan el Ministerio de Salud, la CCSS, la Comisión Nacional de Prevención de Riesgos y Atención de Emergencias (CNE) y las universidades públicas, entre otras instituciones.

Raúl Ortega, psicólogo de la UNA, aseguró que en estos meses de pandemia se han efectuado una gran cantidad de labores, desde tomar los lineamientos de la OMS y adaptarlos a Costa Rica, hasta examinar cómo llevar las acciones de salud mental al ámbito comunitario.

“Esta emergencia es única. Llevamos varios meses en ella y no sabemos cuándo va a terminar. Estamos, simultáneamente, atendiendo el impacto y la consecuencia de la crisis”, subrayó.

Según el investigador, todas las personas tenemos un rol que cumplir para proteger nuestra salud mental y la de la comunidad. Sin embargo, “en este momento, todo está sobrepasado, tanto la institucionalidad pública como nuestras propias capacidades de afrontamiento”.

A escala mundial, se ha observado un aumento significativo de síntomas depresivos, ansiedad, comportamientos obsesivos y compulsivos, agresividad e irritabilidad, aseguró la psiquiatra Henriette Raventós, coordinadora del estudio al personal de la CCSS.

“En un conversatorio con psiquiatras de diferentes partes del mundo, ellos expresaron que es muy similar lo que están viendo en sus consultas. Personas que no presentan ningún trastorno mental empiezan a tener sintomatología que es totalmente normal ante una situación de emergencia”, detalló la investigadora del Centro de Investigación en Biología Celular y Molecular (CIBCM) de la UCR.

El medio digital Infobae reportó que con la pandemia se ha evidenciado que una de cada cuatro personas en el mundo sufre de trastornos mentales, el 40 % de la población está experimentando síntomas leves de ansiedad y el 23 % de depresión como consecuencia del aislamiento social.

Para los especialistas, en una emergencia estas reacciones son normales, pues muestran la capacidad que tenemos las personas de afrontar situaciones críticas que nos ponen al límite de nuestras capacidades.

El estudio interinstitucional, liderado por la UCR y la UNA, para conocer los efectos de la pandemia en la salud mental del personal sanitario de la Caja Costarricense de Seguro Social, cuenta con el aval de esta institución y del Ministerio de Salud. Foto: Miriet Ábrego, Semanario Universidad.

“La situación de emergencia nos pone alerta y el cuerpo se prepara. Pero si esta alerta se sostiene en el tiempo, va desgastando y produce dificultad para dormir, para comer o ganas de comer más, irritabilidad, enojo, frustración, dolor de cabeza o de estómago y preocupación continua”, añadió Ortega.

El estudio

La investigación de la UCR y de la UNA tiene como objetivo indagar sobre las diferentes formas de malestar físico y emocional del personal sanitario de la CCSS involucrado, de forma directa o indirecta, en la atención y contacto con los usuarios.

Se aplicará un cuestionario en línea y se invitará, a través de las jefaturas, a que todos los trabajadores de dicha institución lo respondan, de manera anónima y voluntaria.

Además, se busca que participe todo el personal de hospitales, clínicas, ebáis y demás centros de la red integrada de servicios de la CCSS del país; así como de distintas áreas, por ejemplo, medicina, enfermería, laboratorio, farmacia, limpieza, lavandería, transportes, seguridad y administración.

“A largo plazo, los efectos en la salud mental van a ser muchos y todas las acciones que hagamos ya con estas personas, que están trabajando en primera línea, son muy importantes”. Dra. Vanessa Smith Castro, Instituto de Investigaciones Psicológicas de la UCR.

El cuestionario fue diseñado por expertos en respuesta psicológica en situaciones de emergencia. Contiene una sección de datos demográficos y de condiciones de vida de los funcionarios, su situación laboral y su vida familiar, explicó Smith.

“Es un cuestionario corto, se responde en 15 minutos y se puede completar desde una computadora o teléfono celular”, indicó la psicóloga de la UCR.

En abril pasado, se efectuó un estudio entre el personal de salud de Estados Unidos, el cual proporcionó datos sobre las principales preocupaciones de esta población. Dicho trabajo constituye un antecedente que sirvió para el diseño de la consulta que se hará en Costa Rica.

Entre los temores identificados, los profesionales mencionaron que no se les reconociera su conocimiento para responder a las necesidades, su salud personal, que no tuvieran acceso a condiciones adecuadas y a equipo para brindar la atención a los pacientes y que no tenían claro si la institución les iba a ayudar en caso de que ellos se infectaran con el coronavirus.

En Costa Rica, “nuestra principal intención es proporcionar información de primera mano basada en evidencia científica sobre cuáles son los principales retos que están enfrentando los funcionarios que laboran en primera línea, para poder apoyar el trabajo de cuidar a los que cuidan”, concluyó Smith.

 

Patricia Blanco Picado
Periodista, Oficina de Divulgación e Información

Solicitud de convocatoria amplia y participativa para temas IVM y urgencia de recursos para CCSS

FRENASS. Estamos haciendo un llamado a toda la población costarricense para que exija una convocatoria amplia y participativa para abordar el Tema del IVM y de la Problemática de Recursos que enfrenta la Caja Costarricense de Seguro Social.

Para esto solicitamos su apoyo a la carta que presentamos a la Junta Directiva de la CCSS el pasado jueves 30 de julio 2020.

Estamos intentando conseguir firmas de apoyo pues necesitamos todo el respaldo que podamos conseguir. Puede leer más y firmar la petición aquí: http://chng.it/CMqg5HRvQr

Frente Nacional de Defensa de la Seguridad Social

Estimados compañeros y compañeras es de suma importancia que se apoye esta campaña para que temas tan importantes como los que conciernen a los Seguros de Salud y Pensiones de la CCSS sean ampliamente discutidos y acordados con el aporte de los Sectores Sociales que verdaderamente.

Defendemos la CCSS…

Firmá la petición vos también…

https://www.facebook.com/381719305230044/posts/3111372305598050/?d=n

Enviado por Rafael López Alfaro

Padre Alfonso, cantos y versos

ACOSTA, 31 julio 2020

Compartimos este homenaje el Padre Alfonso Quirós Artavia, en el 40 aniversario de su partida física.

Buen Vivir Costa Rica

 

Compartido por Édison Valverde Araya.

«Mi mundo en una teta y otras barbaridades» de Ivannia Lazzaro

Esta obra literaria es una reflexión sobre el papel que desempeña lo femenino en la toma de decisiones sobre el propio cuerpo y durante la vida hacia la madurez; una especie de batalla entre los prejuicios ajenos y el autoconocimiento como mujer.

Preventa por tiempo limitado: 4500 colones (antes del 15 de agosto).

Puede hacer su pedido al Whatsapp: 8593 0384.

Asociación de Desarrollo de Maleku en campaña de donaciones

“Nuestra lucha sigue y seguirá”

La población Maleku agradece a todas aquellas personas que los han ayudado en su lucha por la tierra ancestral.

Si quiere sumarse, puede hacer su donación de:

1.- Semillas
2.- Paquetes de alimentos
3.- Paquetes de limpieza personal
4.- Kit de limpiezam protección contra el Covid 19
5.- Herramientas para agricultura

En coordinación con la ADI Maleku, también puede hacer llegar sus donaciones a la cuenta:

Cuenta Bancaria Banco Nacional de Costa Rica
Corriente:100-01-076-002267-8
IBAN: CR14015107610010022679
Sinpe: 8788 4726

 

*Imagen de portada ilustrativa, Malekus, UCR.

Alternativas: Hablemos de música

El programa radial Alternativas, sintonizara en el 1590am y por Facebook Live, este 7 de agosto a las 6 p.m. con el tema “Hablemos de Música”. Estarán participando Mauricio Araya, Brayan Montero, Eduardo Vargas, Eladio Soto y el Dr. Allan Cerna.

Declaración sobre el futuro del Banco Interamericano de Desarrollo

Mesa de reflexión latinoamericana. Agosto 2020

La Mesa de Reflexión Latinoamericana, haciendo eco y en respaldo de los pronunciamientos de ex Presidentes, ex Cancilleres y ex Ministros de Estado latinoamericanos, ha convocado a un grupo amplio y plural de personalidades de América Latina y el Caribe, que firman este documento, para proponer la postergación de la elección del Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, programada para septiembre de este año, por tratarse de un proceso que ha generado notables y justificadas inquietudes a lo largo y ancho del continente y que tiene lugar en un momento de inflexión internacional sin precedentes.

Esta declaración ofrece una salida viable y constructiva a las legítimas preocupaciones sobre el futuro de la institución. Responde a la convicción compartida que la elección de las autoridades del BID debe ser precedida de una urgente reflexión sobre su papel en un sistema interamericano profundamente trastocado por la emergencia sanitaria y sus secuelas económicas, políticas, sociales y culturales.

América aún está sufriendo el impacto devastador del COVID-19 en múltiples dimensiones y restan varios meses antes de que esta letal pandemia sea superada. Son tiempos de incertidumbre sobre cuándo y cómo América Latina y el Caribe podrán emprender la difícil y formidable tarea de reconstrucción inclusiva de las economías.

En este contexto, es imperativo repensar las prioridades y asumir, con todos los países signatarios del Convenio Constitutivo del BID, un diálogo político que conduzca a un nuevo consenso sobre las prioridades del financiamiento multilateral con una visión integral. Sin una base de legitimidad renovada y sin acuerdos programáticos consensuados, quien asuma la responsabilidad de dirigir al BID verá mermada su capacidad institucional para apoyar a los países en la ardua tarea de reconstrucción económica y social tras la pandemia.

Esa tarea reclama interrogar sobre el significado contemporáneo de las palabras “interamericano” y “desarrollo”, desde las cuales el BID ha construido su identidad durante seis décadas. Las grandes mayorías de este continente reclaman un desarrollo con oportunidades más igualitarias, con ciudades vivibles, con una economía verde eficiente, con oportunidades de trabajo para los jóvenes en ámbitos de innovación verdadera, con un papel de la mujer sin desequilibrios injustos, con una educación sin brechas digitales y con sistemas de salud fortalecidos tras la experiencia de la crisis sanitaria.

El papel del BID y de otras instituciones financieras multilaterales será esencial. Y ello requiere que actúe con plena responsabilidad y una hoja de ruta de mediano y largo plazo que le permita sortear conmociones inesperadas.

Por ello, proponemos postergar la elección de presidente en la próxima Asamblea del BID, a fin de dedicar los próximos meses a definir estrategias y prioridades, tras lo cual concordemos de manera consensuada quien estará a la cabeza de la institución. Esta oportunidad debería servir también para confirmar formalmente que un ciudadano latinoamericano o caribeño debe ejercer la Presidencia de la institución. En esta circunstancia, se trata de asumir colectivamente el reto de una década que nos lleve a cumplir las metas establecidas en la Agenda 2030 como la prioridad de los gobiernos de la América Latina y el Caribe.

Hacemos un enfático llamado a todos los gobiernos miembros del BID para establecer este periodo de reflexión y evitar divisiones innecesarias a que pongan en riesgo la convivencia continental precisamente cuando la cooperación regional resulta más necesaria que nunca.

El momento reclama hacer del BID una entidad con una legitimidad política interamericana pensada entre todos. Esa debe ser la prioridad de nuestros gobiernos y sociedades. Los diplomáticos, políticos y académicos integrantes de la Mesa de Reflexión Latinoamericana y las personalidades que suscriben este documento, hacemos pública nuestra disposición a participar y contribuir en los procesos a favor de instituciones multilaterales fuertes, eficaces y democráticas.

  1. Abal Medina, Juan Manuel. Ex Jefe de Gabinete. Argentina.
    2. Adins, Sebastien. Profesor. Pontificia Universidad Católica del Perú.
    3. Adrianzén, Alberto, Ex Parlamentario Andino. Perú.
    4. Allende Busi, Isabel. Senadora. Chile.
    5. Altman, Jossette. Secretaria Ejecutiva FLACSO. San José.
    6. Amorim, Celso. Ex Ministro de Defensa. Ex Canciller. Brasil
    7. Anguiano Roch, Eugenio. Ex embajador. México.
    8. Araníbar, Antonio. Ex Canciller. Bolivia.
    9. Ayala Mora, Enrique. Presidente. Colegio de América. Universidad Andina Simón
    Bolívar. Ecuador
    10. Barragán Valencia, Héctor. Analista Político y Periodista. México.
    11. Basáñez Ebergenyi, Miguel. Ex Embajador en Estados Unidos. México.
    12. Becerril Straffon, Rodolfo. Economista. Profesor investigador. El Colegio de Morelos.
    México.
    13. Bergamino, Ariel. Ex Vicecanciller. Uruguay.
    14. Bernal Meza, Raúl. Profesor de la Universidad del Centro. Argentina.
    15. Berúmen Torres, Edmundo. Consultor Nacional e Internacional de encuestas. México.
    16. Bielsa, Rafael. Ex Canciller. Argentina.
    17. Bitar, Sergio. Ex Ministro de Educación y Obras Públicas. Ex Senador. Chile.
    18. Bizzozero, Lincoln. Profesor e Investigador. Universidad de la República. Uruguay.
    19. Borda, Sandra. Profesora. Universidad de los Andes. Colombia.
    20. Bordón, José Octavio. Ex Senador y Ex Embajador. Argentina.
    21. Busso, Annabella. Profesora. Universidad Nacional de Rosario. Argentina.
    22. Caetano, Gerardo. Profesor e investigador. Universidad de la República. Uruguay.
    23. Carrión, Francisco. Ex Canciller. Ecuador.
    24. Casar I., José. Profesor e Investigador. Programa Universitario de Estudios del
    Desarrollo. UNAM. México.
    25. Cepeda Ruiz, María Enriqueta. Directora Ejecutiva. INCIDE Social. México.
    26. Chacón, Susana. Directora. Centro Tepoztlán Víctor L. Urquidi. México.
    27. Chavarría Machado, Claudia Pamela. Investigadora. INCIDE Social. México.
    28. Cordera Campos, Rolando. Profesor Emérito. Coordinador. PUED. UNAM. México.
    29. Costa, Gino, Congresista. Perú.
    30. De La Puente, Juan. Profesor. Universidad San Martín de Porres. Perú.
    31. De María y Campos, Mauricio. Ex embajador y ex Director General de ONUDI. México.
    32. Delgado Ballesteros, Gabriela. Profesora Investigadora. IIUE. UNAM. México.
    33. Díaz Maynard, Alvaro. Ex Decano de la Facultad de Agronomía. Uruguay.
    34. Dookeran, Winston. Ex Ministro de Hacienda. Trinidad y Tobago.
    35. Drago, Rolando. Embajador del Servicio Exterior. Chile.
    36. Escobar, Ramiro. Profesor. Pontificia Universidad Católica del Perú.
    37. Fajardo, Sergio. Ex Gobernador de Antioquia. Ex Candidato Presidencial. Colombia.
    38. Fernández Amunátegui, Mariano. Ex Canciller. Chile.
    39. Fernández, Gustavo. Ex Canciller. Bolivia.
    40. Ferrero Costa, Eduardo. Ex Canciller. Perú.
    41. Gallardo, Javier. Profesor e Investigador. Universidad de la República. Uruguay.
    42. García Sayán, Diego. Ex Canciller. Perú.
    43. Gatti, Daniel. Abogado y Jurista. Uruguay.
    44. Gomes, Gerson. Ex Funcionario CEPAL y FAO. Uruguay.
    45. González González, Guadalupe. Profesora Asociada. Colegio de México. México.
    46. González-Olaechea Franco, Javier. Ex Funcionario OIT. Perú.
    47. Goñi, José. Ex Ministro de Defensa. Chile.
    48. Grebe, Horst. Ex Ministro Desarrollo Económico. Bolivia.
    49. Heine, Jorge. Ex Embajador. Ex Ministro de Estado. Chile.
    50. Heredia Zubieta, Carlos. Profesor Asociado. CIDE. México.
    51. Hirst, Mónica. Profesora. UTDT. IESP-UERJ. Brasil.
    52. Holguín, María Ángela. Ex Canciller. Colombia.
    53. Insulza, José Miguel. Ex Canciller. Chile.
    54. Iturralde Ballivián, Carlos. Ex Canciller. Bolivia.
    55. Jarquín, Edmundo. Ex Candidato a la Presidencia. Nicaragua.
    56. Jiménez Mayor, Juan. Ex Presidente Consejo de Ministros. Perú.
    57. Jiménez Morales, Maryhen. Profesora. Universidad Central. Venezuela.
    58. Jordán, Nicole. Profesora. Universidad Católica Boliviana “San Pablo”. Bolivia.
    59. Jusidman Rapoport, Clara. Presidenta. Centro Tepoztlán Víctor L. Urquidi. México.
    60. Kahhat, Farid. Profesor, Pontificia Universidad Católica del Perú
    61. Kisic, Drago. Director Macroconsult. Perú.
    62. Kovacs, Karen. Consultora internacional. México.
    63. Kresalja, Baldo. Ex Ministro de Justicia. Perú.
    64. Lafer, Celso. Ex Canciller. Brasil.
    65. Lerner Ghitis, Salomón. Ex Presidente del Consejo de Ministros. Perú.
    66. Letelier, Juan Pablo. Senador. Chile.
    67. López Giral, Dorotea. Instituto Estudios Internacionales. Universidad de Chile.
    68. Lousteau, Martín. Senador y Ex Embajador. Argentina.
    69. Luiselli, Cassio. Ex embajador. Consejero. Seguridad Alimentaria para las Américas.
    IICA. México.
    70. Lustig, Nora. Profesora. Universidad de Tulane.
    71. Machicado Saravia, Flavio. Ex Ministro de Finanzas. Bolivia.
    72. Machinea, José Luis. Ex Ministro de Economía. Argentina.
    73. Maira, Luis. Ex Ministro de Desarrollo Social. Chile.
    74. Malcorra, Susana. Ex Canciller. Argentina.
    75. Marcos Giacomán, Ernesto. Economista y Consultor. México.
    76. Martínez Martínez, Sergio. Investigador. INCIDE Social. México.
    77. Maúrtua de Romaña, Oscar. Ex Canciller. Perú.
    78. Mayoral, César. Ex Embajador ante NNUU, Canadá, China. Argentina.
    79. Merke, Federico. Profesor. Universidad de San Andrés. Argentina.
    80. Morales Moreno, Isidro. Profesor Investigador. Tecnológico de Monterrey. México
    81. Morales, Juan Antonio. Ex Presidente del Banco Central. Bolivia.
    82. Murillo, Javier. Ex Canciller. Bolivia.
    83. Navarrete, Jorge Eduardo. Embajador Eminente. México.
    84. Nin Novoa, Rodolfo. Ex Vicepresidente y Ex Canciller. Uruguay.
    85. Ocampo, José Antonio. Profesor. Universidad de Columbia. Ex Director Banco de la
    República. Colombia.
    86. Ominami, Carlos. Ex Ministro de Economía. Chile.
    87. Orellana Halkyer, René. Ex Ministro de Planificación. Bolivia.
    88. Orias, Ramiro. Profesor. Universidad Católica Boliviana “San Pablo”. Bolivia.
    89. Ortiz Mena L.N., Antonio. Profesor Asociado. CIDE. México.
    90. Oswald Spring, Úrsula. Secretaria General. IPRA. Profesora investigadora. CRIM.
    UNAM. México.
    91. Pachano, Simón. Profesor Investigador FLACSO. Ecuador.
    92. Padrón, Alvaro. Ex Secretario General. Coordinador de Centrales Sindicales del
    Mercosur. Uruguay.
    93. Palma Valderrama, Hugo. Ex Vicecanciller. Perú.
    94. Pardo, Rodrigo. Ex Canciller. Colombia.
    95. Pellicer, Olga. Ex embajadora. Profesora Investigadora. ITAM. México.
    96. Peres-Cajías, Guadalupe. Profesora. Universidad Católica Boliviana “San Pablo”. Bolivia.
    97. Pérez, Antonio. Ex-jefe Servicios de Apoyo a las Políticas Agrícolas; FAO, Roma.
    Uruguay.
    98. Puchet Anyul, Martín. Profesor investigador. Facultad de Economía. UNAM. México.
    99. Quijano, José Manuel. Ex Director de la Secretaría General del Mercosur.
    100. Rangel, Ana Patricia. Investigadora. INCIDE Social. México.
    101. Reyes Matta, Fernando. Ex Embajador. Profesor. Universidad Andrés Bello. Chile.
    102. Ricúpero, Rubens. Ex Ministro Hacienda. Brasil.
    103. Rincón Gonzáles, Ximena. Senadora. Chile.
    104. Rivas, Eda. Ex Canciller. Perú.
    105. Robledo, Marcos. Ex Subsecretario de Defensa. Chile.
    106. Rodríguez Cuadros, Manuel. Ex Canciller. Perú.
    107. Rodríguez Gigena, Gonzalo. Ex Embajador ante ALADI. Uruguay.
    108. Rojas Aravena, Francisco. Rector Universidad de La Paz. San José.
    109. Rojas, Fernando, Ex Vicecanciller. Perú.
    110. Romero, Carlos. Profesor. Universidad Central. Venezuela.
    111. Roncagliolo, Rafael. Ex Canciller. Perú.
    112. Rosales, Osvaldo. Ex Director Comercio Internacional. CEPAL. Chile.
    113. Russell, Roberto. Profesor. Universidad Torcuato Di Tella. Argentina.
    114. Saltalamacchia Ziccardi, Natalia. Profesora Investigadora. ITAM. México.
    115. Sandoval Espinosa, Elena. Ex Directora. Facultad de Economía. UNAM. México.
    116. Schatan, Claudia. Consultora Internacional Independiente. México.
    117. Sennes, Ricardo. Instituto Fernando Henrique Cardoso. Brasil.
    118. Siles, Juan Ignacio. Ex Canciller. Bolivia.
    119. Soares de Lima, María Regina. Profesora. IESP-UERJ. Brasil.
    120. Somavía, Juan. Ex Director General. Organización Internacional del Trabajo. Chile.
    121. Stubrin, Marcelo. Ex Embajador. Ex Senador. Argentina.
    122. Suárez Dávila, Francisco. Ex embajador en Canadá. México.
    123. Talavera Gran, Cesar, Ex Integrante de la FAO. PNUD. Uruguay
    124. Tavares, María Herminia. Investigadora CEBRAP. São Paulo. Brasil.
    125. Tokatlián, Juan Gabriel. Profesor. Universidad Torcuato Di Tella. Argentina.
    126. Trigo Loubiere, Jacques. Ex Ministro de Hacienda. Bolivia.
    127. Valdés Ugalde, Francisco. Profesor investigador. Instituto de Investigaciones Sociales.
    UNAM. México.
    128. Valdés Ugalde, José Luis. Profesor investigador. CISAN. UNAM. México.
    129. Valdés, Juan Gabriel. Ex Canciller. Chile.
    130. Vidarte, Oscar. Profesor. Pontificia Universidad Católica del Perú.
    131. Wagner, Allan. Ex Canciller. Perú.
    132. Zarati, Francesco. Físico. Columnista de Opinión. Bolivia.
    133. Zegada, María Teresa. Universidad Mayor de San Simón. Bolivia.

El mandato de autocuido y la salud mental en contexto de crisis

Mariana Alpízar Guerrero
Psicóloga
Investigadora feminista

En el contexto actual nos encontramos sobre-expuestas (os) a noticias, información, crisis y cifras sin nombre. Leemos sobre salud física, el funcionamiento del virus, proyecciones de posibles escenarios. Obsesiones por encontrar respuestas, alimentadas por un deseo cotidiano de que todo esto acabe pronto.

La necesidad de tomar medidas de distanciamiento, la burbuja social como única seguridad, el temor a ser tocados por el otro, y las estrategias de comunicación perversas que nos dicen constantemente que nuestros seres queridos pueden morir, partiendo de que la empatía sólo se mueve si escenificamos la muerte de nuestras redes cercanas. Todo esto nos tiene en un colapso emocional, colectivo y personal que ni siquiera vimos venir.

La salud, recién ahora, empieza a tomar un matiz distinto, ya no sólo es importante alejar el virus de nuestros seres queridos, también hay que luchar todos los días por no desfallecer mentalmente ante la inminente incertidumbre y todo esto, parece que deberíamos hacerlo en soledad, pues hacerse cargo de la salud mental es un tema “individual”, “personal”, al menos esa es la idea culturalmente aprendida.

Veníamos de un tiempo donde la idea de soledad como sanación estaba tomando una fuerza avasalladora al punto de ser tergiversada y recetada como la pastilla que todo lo cura (sigue siendo así). El “autocuido” se mercantilizó lanzando el mensaje de que, para poder ser “mejores” sólo había que tener voluntad. Sabemos que la salud emocional tiene muchos ingredientes, uno de ellos es, sin duda, la responsabilidad por el cuidado de sí, pero existe un componente colectivo que es sumamente contraproducente eliminar.

La idea capitalista de la salud mental como algo privado y ligado exclusivamente a la terapia psicológica individual, profundiza la desigualdad social, en el tanto sólo un pequeño porcentaje de personas puede acceder de manera sostenida a un proceso de este tipo. Si las personas no tienen dinero para pagar y tienen seguro social, no siempre recibirán un apoyo con la temporalidad requerida, lo cual habla de la importancia de fortalecer un sistema de salud social sin el cual muchas personas ni siquiera podrían ser atendidas en situaciones de emergencia, por ejemplo, ante intentos de suicidio.

Sin embargo, además de la importancia de fortalecer el sistema de salud y aumentar el acceso a los procesos terapéuticos individuales, es necesario conectar estos procesos con la colectividad, no sólo que las personas tengan un apoyo de sus redes más cercanas, sino que se empiece a cuestionar la idea de lo emocional como algo únicamente individual. La salud mental es un tema de interés público y en ese sentido también se trata de algo político.

No sólo es necesario que el Estado intervenga, sino que se construya un concepto de salud mental comunitaria. Entendiendo que sin la comunidad (en el amplio sentido de la palabra), no es posible una sanación que se sostenga en el tiempo. Una persona puede llevar un proceso de años y lograr avances importantes, pero si no cuenta con el apoyo de sus redes, el proceso no se sostenible en el tiempo y la persona puede llegar a depender de la terapia, para poder aguantar la vida cotidiana.

El apoyo, la presencia de la comunidad, la construcción de espacios colectivos, el equilibrio entre el autocuido y el cuido mutuo, son necesarios para construir un concepto de salud mental más integral y conectado con la realidad social que vivimos.

Un ejemplo claro de cómo nos ha afectado la idea del mundo emocional como algo privado y que no corresponde al plano social es cuando le recetamos ir al psicólogo a cada persona que tiene un problema, como si los procesos terapéuticos fueran una solución inmediata, o más aún, como si nos libraran de la responsabilidad vincular. A veces se convierte en una muletilla: “vaya al psicólogo” “vaya a la psicóloga”.

Por una parte el espacio clínico-terapéutico cuenta con una serie de herramientas específicas que aportan al proceso de hacerse cargo de sí (uno de los componentes del proceso inacabable de la sanación), pero este proceso no es un reemplazo del vínculo social, comunitario y de las redes cercanas. No existe salud mental sin responsabilidad emocional-colectiva.

Para ello es necesario que fortalezcamos los espacios comunitarios (aun cuando en este momento la comunidad se viva desde lo virtual), que trabajemos la empatía por el otro (aunque esté fuera de nuestra burbuja), que aprendamos a pedir apoyo y consideremos nuestra salud mental algo tan prioritario como la salud física. Por parte del Estado, es fundamental la apertura de espacios de atención en crisis y, no menos importante, de atención sostenida en procesos psicosociales, donde se involucre a la gente.

En el momento presente se hace indispensable asumir la responsabilidad social de la escucha y el cuido colectivo y que no recaiga sobre la persona lidiar en soledad con sus emociones sino que se trabajen los vínculos recíprocos de apoyo. No es fácil, contrario a que nos plantean los mensajes de “selfcare” que ponen a la salud mental como una cuestión de voluntad y llegan incluso a culpabilizar a las personas que se sienten deprimidas. Tampoco es rápido, requiere de un proceso y (aquí sí aplica), de compromiso colectivo, sin embargo, es en contextos de crisis donde salen a la luz los vacíos que, como sociedad y como sujetos, es necesario atender.

¿Por dónde empezar? No existen recetas, pero un inicio puede ser repensarnos el concepto generalizado de salud mental. Asumir responsabilidades vinculares de escucha recíproca, apoyar en la búsqueda de profesionales en salud mental a personas que así lo requieran, empatizar con las vivencias de los otros sin necesidad de intervenir, acompañar. Limitar la sobre exposición de mensajes, imágenes, informaciones en redes sociales que promuevan la idea de la salud mental como cuestión individual y del autocuido como solución a todas las problemáticas emocionales. Pidiendo apoyo, cuando lo requieran y si solicitarlo les es posible (porque no siempre una persona que necesita apoyo lo puede pedir), estando pendientes de personas cercanas que tienen cambios temperamentales o se ausentan por periodos de tiempo prolongados, compartiendo información sobre servicios de atención en crisis como el 911, o la línea “Aquí estoy” del Colegio de Profesionales en Psicología.

La salud, más que un mandato, es un compromiso que también pasa por lo social.

Desigualdades, agua y pandemia

Autor: José Rodrigo Conejo. Planificador económico y social, Universidad Nacional.

Vivimos en un país agrietado por profundas desigualdades, unas más visibles que otras, pero todas muy normalizadas. Desigualdades múltiples y estructurales que crean amplias brechas en las capacidades y condiciones materiales para enfrentar la actual crisis sanitaria, económica y social, y en general… para vivir.

Unas personas pueden cumplir las restricciones sanitarias sin comprometer su comida diaria, otras no. A unas personas no les queda más que movilizarse en buses repletos, otras tienen más opciones. Unas personas mantienen sus ingresos intactos, otras son parte del creciente desempleo (24%) o han visto sus jornadas laborales reducidas por tiempo indefinido. Unas personas tienen las condiciones para continuar sus estudios y trabajos desde casa, otras no. La lista de ejemplos es interminable.

Nuestra región es de las más desiguales del mundo y Costa Rica, pese al mito de igualiticos, no es la excepción. Las condiciones de vida cambian drásticamente según la zona del país donde vivamos, aún entre lugares muy cercanos entre sí: no es lo mismo vivir y crecer en Rincón Grande de Pavas, que en Rohrmoser -también- de Pavas. Las desigualdades territoriales son un fenómeno que genera zonas de privilegio, por un lado, y por el otro, zonas de vulnerabilidad y exclusión social.

Las desigualdades territoriales se han visibilizado durante la actual crisis. Hace un mes mucha gente pareció haber descubierto la precariedad y explotación laboral que por años ha existido en algunas piñeras de la zona norte del país, un lugar históricamente relegado. Sin embargo, poco se ha hablado de otra cara de las asimetrías territoriales, una que tiene que ver con un elemento básico para enfrentar la pandemia: el desigual acceso al agua.

Desde hace décadas, Costa Rica destaca por su cobertura casi universal de agua potable en una región con importantes desafíos en la materia. Pero ¿qué se esconde tras ese casi universal?

Los cortes de agua que en marzo sufrieron algunos barrios del sur de San José pusieron, temporalmente, el tema en la agenda mediática. Sin embargo, lo cierto es que en Costa Rica aún hay comunidades enteras que permanentemente no tienen acceso a agua a través de un sistema de acueducto. Según datos del último censo, mientras el 93,1% de las viviendas del país tiene acceso a un acueducto, el resto (83.707 viviendas) no.

Al desmenuzar espacialmente este dato, es posible ver cómo el desigual acceso a agua afecta particularmente a los cantones de las periferias del país. De los 10 cantones con más bajo acceso a agua a nivel nacional, ninguno se encuentra en la Gran Área Metropolitana (GAM), todos están en las periferias. Ahora bien, como los cantones no son homogéneos en su composición, es deseable una desagregación espacial mayor, al menos distrital.

Ahí encontramos brechas aún más dramáticas. En distritos como Llanuras del Gaspar o Cureña, ambos de Sarapiquí, o Chirripó de Turrialba, son muy pocas las viviendas que sí tienen acceso a agua a través de acueducto. En Llanuras del Gaspar y Cureña, el agua para consumo humano de cada nueve de 10 hogares viene de la lluvia que se pueda recolectar, de un pozo artesanal que puede secarse en “verano” o de un río cercano que puede tener residuos de agroquímicos utilizados para el cultivo de piña, como pasa con los ríos Toro y San Carlos.

Lo anterior no solo supone una afrenta a un derecho humano básico, sino que impide seguir medidas tan básicas para contener la pandemia como el lavado de manos. Este escenario da cuenta de una vergonzosa deuda histórica por parte un Estado costarricense que, desde su fundación, se ha pensado prioritariamente en función del Valle Central y sus necesidades.

La intersección de estos factores -desigualdades, agua y pandemia- supone un coctel letal: literalmente pone en riesgo la vida de las personas vulnerables. Sin acceso a condiciones básicas, como agua en el hogar, es materialmente imposible seguir las recomendaciones sanitarias más elementales para contrarrestar la pandemia.

Al ser un fenómeno estructural, revertir estas desigualdades requiere no solo visión sistémica y voluntad política al más alto nivel, sino también de una participación de las comunidades que permita reconocer las especificidades territoriales y sectoriales en la formulación de política pública y, prioritariamente, enfrentar con éxito la actual crisis sanitaria. Seguir pensando la acción estatal desde escritorios que subestimen el potencial comunitario, poco aportará a disminuir las desigualdades.

¿Cómo salir de la crisis sin ensanchar las ya amplias desigualdades? Recetas no hay, pero solo con solidaridad, empatía y proactividad podremos explorar alternativas efectivas para no dejar a nadie atrás.