La Academia Morista Costarricense y el Ministerio de Cultura y Juventud, mediante la Benemérita Biblioteca Nacional, se complacen en invitarle a la conferencia Juan Santamaría: el hombre y el héroepor Adrián Chaves Marín.
El pasado 4 de marzo, el representante Permanente Adjunto de Polonia ante las Naciones Unidas, Michał Miarka, emitió un comunicado en conjunto con 35 países tras la adopción de la resolución de la Asamblea General de la ONU que conmemora el 80º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial.
Como es usual en la diplomacia internacional, la declaración se inicia con palabras de buena crianza en la que se señala que “Debemos honrar los sacrificios realizados y lamentar las innumerables vidas perdidas durante y después de la guerra, incluidas las de las víctimas del Holocausto, las ocupaciones, las deportaciones y los actos de represión”, palabras que sería imposible no compartir.
El Representante continúa afirmando que “debemos ser conscientes de nuestro presente y nuestro pasado. Dada nuestra responsabilidad hacia todas las víctimas de atrocidades, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, pasadas y presentes, es crucial que las iniciativas que conmemoran la Segunda Guerra Mundial mantengan su compromiso con la verdad histórica y la reconciliación”.
Y a partir de ahí en el discurso va al verdadero punto: condenar el conflicto en Ucrania, acusando a la Federación Rusa de causar y mantener viva la guerra unilateralmente – como si Europa y Estados Unidos no fuesen parte activa en el conflicto. Además, acusa a Rusia de cinismo por su inquebrantable esfuerzo por condenar en cada instancia posible la glorificación del Nacismo.
Y si de verdad histórica hay que hablar, sólo brevemente, quisiéramos recordar el rol crucial de la URSS en la derrota de Alemania, el fin de la Segunda Guerra Mundial y la liberación de Europa, incluida la Polonia ocupada y los macabros campos de concentración y exterminio que los nazis establecieron en su territorio, como Auschwitz-Birkenau, Majdanek, Treblinka y Sobibor.
La memoria histórica – esa forma en que se construye identidad, conociendo, valorizando y explicando los hechos que han conformado la historia – no puede construirse a voluntad, a comodidad o a conveniencia.
Hoy Polonia, junto a sus aliados europeos y americanos, emiten declaraciones en favor de los derechos humanos, olvidando que en Ucrania, desde agosto de 2024, se han utilizado tanques polacos contra la población civil en la región de Kursk.
Al parecer Polonia tiene una frágil y corta memoria, porque olvidan a quienes los liberaron del nacismo hace 80 años, olvidan que Alemania invadió Polonia el 1 de septiembre de 1939, dando inicio a la Segunda Guerra Mundial y olvidan que fueron las primeras víctimas de la agresión militar de la Alemania nazi. Olvidan que un 20% de la población polaca existente antes de la invasión murió durante la ocupación, olvidan que la invasión de su aliado en la OTAN significó una abrupta ruptura de los estándares de vida de sus ciudadanos, olvidan la brutalidad del nazismo, de las políticas de limpieza étnica y la construcción de campos de concentración y exterminio.
Los Polacos conmemoraron el pasado 27 de enero, los 80 años de la liberación del campo de concentración de Auschwitz por el Ejército soviético, acto en el que estuvieron presentes sobrevivientes del Holocausto y en el que participaron jefes de Estado y de Gobierno y representantes de medio centenar de países, y con una clara intencionalidad, la Federación Rusa no fue invitada.
La historia no la podrán cambiar ni con declaraciones, ni con intentos de tergiversar el presente, motivados por intereses políticos, económicos o estratégicos. Y sí, tarde o temprano, deberán responder por sus decisiones ante sus pueblos, que no quieren ser parte de sus guerras.
De hecho, el apoyo que Chile entrega hoy a Ucrania nos recuerda un poco la declaración de guerra que le hizo a Japón el 13 de abril de 1945, ambas poco comprensibles, salvo que nuestros gobernantes piensen que “el que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”.
Los chilenos no queremos ser parte de esta ni de ninguna guerra, Chile debe estar por la paz, aquí y ahora. Es el tiempo de conmemorar los 80 años del fin de la Segunda Guerra Mundial con actos de reparación y de reconciliación, que ayuden a poner fin a los conflictos bélicos actuales y que fortalezcan las posiciones contra cualquier forma de glorificación del nacismo.
Marco Aguilar, declamando. Cortesía: Roberto Barahona.
Hace apenas un mes, el 1° de marzo, nos reunimos en Turrialba, en una sala de la casa del amigo Roberto Barahona Camacho —que fuera un aposento del antiguo restaurante La Feria—, para presentar de manera oficial, de parte de la Revista Comunicación, del Instituto Tecnológico de Costa Rica, el dosier o suplemento Un tributo a Marco Aguilar, poeta tan turrialbeño como universal.
A dos años exactos de su partida —ocurrida el 3 de marzo de 2023—, ese fue un convivio al que concurrimos varios miembros de su familia y amigos cercanos, más algunos poetas, gestores culturales e intelectuales de la localidad. En él, de manera distendida y espontánea, esa hermosa tarde de sábado evocamos la amada memoria de Marco, al narrar anécdotas, declamar sus poemas, o conversar acerca de su vida y su obra, cuyos aspectos esenciales conforman el citado dosier.
Mientras escuchaba las numerosas intervenciones que hubo, se me ocurrió que hay una dimensión poco o nada conocida de Marco, como lo es su profundo y sentido interés, con visos de veneración, por aquellos hombres y mujeres que hace 169 años —de marzo de 1856 a abril de 1857— empuñaron las armas cuando la patria se vio amenazada por las hordas filibusteras que, lideradas por William Walker, deseaban implantar la esclavitud en Centroamérica y anexar nuestros países a EE. UU. Y es por eso que, pocos días después, me di a la grata tarea de recopilar lo que Marco escribió al respecto —que no se limitó a la poesía, como se verá pronto—, y que aparece a continuación.
Dos poemas de la juventud
Al hurgar en su acervo poético, se percibe que, aunque quizás haya algunos materiales inéditos, escribió tres poemas directamente relacionados con la llamada Campaña Nacional contra los filibusteros. Eso sí, el primero y el segundo de ellos no figuraron en ninguno de sus poemarios, aunque fueron compilados en el libro Otra reunida de Marco Aguilar (EUNED, 2009).
El primero corresponde a un soneto, intitulado 56, el cual data de 1964. Se centra en la figura del héroe nacional Juan Santamaría, a quien de manera acertada llama Juan de Fuego, por el osado y valeroso acto en el que, durante la batalla de Rivas, Nicaragua, tea en mano y al precio de su vida, quemó el mesón o albergue donde se guarecían los altos mandos del ejército filibustero, incluido Walker, quien pudo escapar después, en la madrugada.
Por su parte, el segundo, denominado La ruta de la pólvora, es mucho más extenso, pues consta de seis estrofas. En él se retrata el apacible país que éramos, de maizales y cacaotales, así como de cálidas y fragantes panaderías, antes de ser agredido por el invasor Walker, al igual que describe la bravía y gallarda respuesta de sus hijos para ir a defender la patria, a la vez que advierte que el filibusterismo, aunque agazapado, sigue vivo por aquí, entre tanto entreguista. Dicho poema está fechado el 1° de mayo de 1966, al conmemorarse el 109 aniversario de la rendición de Walker; circuló en el semanario Libertad, órgano del Partido Vanguardia Popular, para el cual Marco —en sus años de militancia en la izquierda— trabajaba como corrector de estilo, según me lo contó una vez.
Esos poemas dicen así:
56
Eran tiempos de sangre y agonía. La pólvora quemaba, se quemaba, y por quinientos mares navegaba el trapo negro de la piratería.
Como siempre, del Norte nos venía una jauría de filibusteros. Pero a quemar sus huesos traicioneros ¡llegó el incendio con Santamaría!
Llegaste, Juan de Fuego, con la muerte y con los tigres y con las panteras ¡y entonces no pudieron detenerte!
Los enterraste bajo las banderas, te dieron plomo y plomo hasta la muerte ¡y tu muerte impidió que te murieras!
Busto de Juan Santamaría. Foto: Luko Hilje
La ruta de la pólvora
1
¿Qué queréis? ¿Que repita la simple ocupación de aquellos tiempos? Los maizales temblando tiernamente bajo el azote de los aguaceros; los cacaotales habitados de reptiles profundos. ¿Queréis que os diga cómo eran las ciudades sobre todo en la noche, cuando todas las puertas se cerraban? Sólo los hornos de las panaderías, entonces, conservaban la luz, la calentaban. Había un olor a pan en todas las esquinas.
2
Y entonces vino Walker. Sus soldados conocían el sonido de la sangre, la conocían humedeciendo el polvo, enrojeciendo libros, documentos. Los soldados de Walker se conocían la sangre de memoria.
3
Pero desde los oscuros cacaotales, de los hondos talleres ciudadanos fue saliendo un ejército, creciendo, y dejaron de oler a pan las calles.
4
¡Maldito el hombre por cuya culpa las panaderías cierran sus puertas anchas y sus hornos, los niños se nos ponen pensativos, profundos, las campanas se vuelven alarmantes y las muchachas niegan a las calles la luz altiva de su adolescencia! ¡Maldito William Walker!
5
Luego fue lo demás: el camino durísimo, las piedras, los rifles que aún no pronunciaban su palabra mortal, definitiva. Y aquella angustia, al fin, de la batalla. Ver al vecino doblarse suavemente a la tierra humillada. Y de inmediato se incendió la tea, porque a los pueblos nunca les faltará un Santamaría. No era sólo la tea. ¡Era el brazo también, que se quemaba! ¡Era la patria en pie sobre las llamas quemando al invasor, dándole fuego con un brazo tenaz, desesperado!
6
Muchos dicen que ya no quedan más filibusteros. Sin embargo, yo los veo diariamente buscando empréstitos, zalameros, hipócritas, disfrazados tal vez de embajadores. Y comprendo que un día volverán con la metralla; nuevamente los niños en las calles cesarán de jugar y entonces todos cerraremos las casas, los talleres, y andaremos la ruta de la pólvora, andaremos de noche un camino de teas incendiarias ¡para reconquistar lo que nos han quitado!
Un poema de la madurez
Ahora bien, el tercer poema de Marco tiene una génesis muy diferente de los dos previos, y sumamente grata, de la cual puedo dar plena fe.
Esto es así porque, aunque durante mis años de residencia en Turrialba nunca dialogamos acerca de los hechos y los personajes de la inmarcesible Campaña Nacional, una vez que me jubilé y pude dedicar tiempo a estudiar esta gesta —tan determinante y significativa en la historia patria—, era una cuestión recurrente en nuestras conversaciones en el ahora añorado restaurante La Feria, en mis visitas a Turrialba.
En efecto, como lo narro en el artículo Seis poetas le cantan a don Juanito Mora (Nuestro País, 30-IX-22), hace unos 15 años le propuse a la dirección de la Revista Comunicación que publicáramos un número dedicado a los tres principales líderes de la Campaña Nacional: don Juanito, su hermano el general José Joaquín Mora Porras, y el general José María Cañas Escamilla. Me comprometí a coordinarlo y, con la ayuda de varios compañeros del grupo cívico La Tertulia del 56 y otros patriotas, en 2010 culminamos con éxito ese proyecto, plasmado en el número monográfico Héroes del 56, mártires del 60: los hermanos Mora y el general Cañas.
Cabe destacar que en esa ocasión, al compilar los poemas existentes, me percaté de que tanto Jorge Debravo como Alfonso Chase habían publicado sendos poemas, intitulados Invocación a Juanito Mora y Don Juan Rafael Mora, respectivamente. Por tanto, se me ocurrió que para mi artículo Un manojo de poemas para los tres próceres, sería lindo incluir un poema de cada uno de los principales miembros del célebre e innovador Círculo de Poetas Costarricenses, que en el decenio de 1960 socolloneara los cimientos de la lírica nacional.
Eso sí, me faltaban cuatro de ellos: Laureano Albán, Julieta Dobles Yzaguirre, Arabella Salaverry y Marco. Por fortuna, como los conocía a todos, no tuve pena ni reparo en abordarlos, para solicitarles su ayuda en esta causa patriótica.
Asimismo, como en ese momento no había tanta urgencia, y la inspiración poética no puede ser forzada, sino que es un acto totalmente espontáneo, les di el tiempo necesario para concebir sus poemas. Al final, llegaron a mis manos los respectivos poemas, que se intitularon Juanito desconocido, Invocación a don Juanito, Juanito Mora esperanza, y Hamacas y cañones. Por tanto, las voces de estos cuatro poetas y dos poetisas quedaron fusionadas con las de Graciliano Chaverri, Román Mayorga Rivas, Jenaro Cardona, Carlos Gagini, Carlomagno Araya y Arturo Echeverría Loría, quienes mucho antes habían cantado a nuestros próceres.
Don Juanito y José Joaquín Mora, más el general Cañas. Autor: Carlos Aguilar Durán
En fin, ese fue el origen de este poderoso poema de Marco, el cual aparece a continuación:
Hamacas y cañones
Solo los de la casa podían decirle Juan, quiero decir sus padres y unos pocos parientes. Nosotros no pudimos, sencillamente porque no nos salía. Viéndolo por la calle, viéndolo detrás de un mostrador o inclusive detrás del escritorio de la Presidencia, para nosotros era siempre Juanito, no tanto por su mínimo tamaño sino por el cariño que todos le teníamos. Le tenemos. No podemos negar que era bajito, tal vez de la estatura de Bolívar. Todos supimos siempre de sus cosas, su ser ligeramente deshonesto en cosas de negocios, esa mala costumbre de favorecer en algo a sus parientes como era lo habitual en esos tiempos. Pero pasó algo extraño con Juanito: que comenzó a crecer siendo ya adulto. ¡Qué curioso! Todos nos sorprendimos al mirarlo unos cuantos centímetros más alto el formidable día de la Proclama, y se mantuvo así hasta la hora en que echó a caminar con sus soldados en el seco verano de ese año, ese viaje impensable para otros. De inmediato vimos que había crecido nuevamente y estuvimos hablando del asunto. Pero hubo muchos que se quedaron cómodos sorteando en sus hamacas los calores y soñando en la muerte de Juanito. Siempre han estado allí, siempre a la sombra pero de vez en cuando se levantan de sus sueños malditos viendo cómo lo ensucian, ellos, los que nunca supieron defender con un rifle las fronteras amadas que cuidan de sus hijos, haciendas y mujeres. Los que no merecían ni merecen tener hijos, esposas, mucho menos que los sepulten en esta misma tierra. Y todavía se levantan de nuevo después de tantos años los mismos descastados, los mentirosos llenos de lagañas, los que nunca pudieron ni pueden ni podrán reducir un milímetro la altura de Juanito ni borrarle ese brillo de los ojos. Porque nadie, nadie puede negar que fue valiente. ¡Ah, cómo soñaría William Walker acertarle aunque fuera un balazo, un único balazo, un solitario balazo en la cabeza y observar su cerebro destrozado, su sangre irreprochable en media calle! Pero ese no era el destino de Juanito y por cada balazo que lo erraba crecía por lo menos dos milímetros. Parecía indestructible: no se ahogaba, no caía del caballo ni lo mataba el cólera. ¡Era enorme! Pero él y sus soldados derrotaron a un enemigo sólido, tangible, y más tarde perdieron la batalla frente a alguien tan pequeño que no pudieron ver jamás pero que los mataba: una bacteria. Y sin saberlo, le traían la peste a sus familias como un regalo trágico del viaje. Nunca hubo en la historia de los pueblos desfile victorioso más lleno de tristeza, con las carretas llenas de cadáveres, patrióticos cadáveres que nunca más levantarían un rifle, sostendrían un arado, cosecharían los frutos de la tierra. Con todos ellos se devolvió Juanito y por todos lloraba. Al poco tiempo tuvo que exiliarse, cuando sus enemigos se fortalecieron; pero no soportaba vivir lejos y pronto regresó, creyéndoles a los traidores, a los mentirosos. Muy tarde comprendió lo que pasaba y entonces fue más alto que ninguno: no suplicó, no se puso a temblar cuando escribió las cartas, no maldijo. Lo fusilaron y él aceptó su muerte como aceptó su vida: de pie frente a las balas. Por desgracia esas balas sí acertaron. Todas, todas. Ni una sola falló. Pero como eran nuestras, las recibió con gusto.
Marco como prosista
Aunque menos conocida esa faceta suya, Marco también escribió prosa —bastante de ella inédita—, entre la que figuran numerosos artículos de opiniónpublicados en la hoy extinta Revista Lectores, fundada y dirigida por el periodista turrialbeño Luis Alejandro Romero Zúñiga; posteriormente se le bautizaría como Turrialba Desarrollo.
En cuanto a la Campaña Nacional, ahí él escribió un artículo intitulado Los hijos de las peñas,en el cual argumentaba lo siguiente:
“Decía el maestro Joaquín García Monge que «no somos hijos de las peñas», para significar que tenemos arraigo en esta tierra; quiero decir, padres, abuelos y bisabuelos enterrados aquí. El apego, que llaman. Pero, por desgracia, algunos compatriotas desnaturalizados no lo entienden así. De las maneras más cobardes y sucias, pretenden apearse a Juanito y compañía del justo pedestal en que los hemos puesto. Con mentiras, con “bromas” y chistes desafortunados intentan desprestigiarlos, ensuciarlos, demeritar su hazaña y su grandeza. Incluso se han atrevido a meterse con Juan Santamaría, negando su existencia o ridiculizando su muerte heroica. Dios los perdone”.
Antes de continuar, es pertinente indicar que Marco inició dicho artículo con la siguiente advertencia: “Hace tiempo he tenido la curiosidad de preguntarle a alguno de mis amigos historiadores cuáles son los hechos más detestables en nuestra vida como nación. Sería bonito levantar una lista de lo más sucio y lo más cobarde que hemos hecho los costarricenses. Esas cosas por las cuales se nos cae la cara de vergüenza, a pesar de los años transcurridos. Aunque, viéndolo bien, no tendría nada de bonito, pero sí sería muy instructivo. Porque de eso se trata: de aprender”.
Y, tras referirse a otros hechos deleznables, relataba que “En estos días se cumplen 150 años de un fusilamiento muy diferente: el de don Juanito Mora y el general José María Cañas en Puntarenas, uno de los acontecimientos más asquerosos de nuestra historia. Perdón, asquerosos no es la palabra, pero en este momento no se me ocurre una más dura. Más insultante. Los valientes patriotas que condujeron a nuestras tropas en su hora más brillante, los que derrotaron a William Walker, esclavista maldito. Los que nos llenaron de orgullo y dejaron con la boca abierta a los filibusteros, que jamás esperaban encontrar combatientes tan dispuestos a morir por la patria. Nuestros mejores líderes fusilados por sus mismos soldados. ¡Vergüenza, deshonor! No hay abrasivo, detergente ni ácido que borre esa mancha. No habrá perdón para los asesinos”. Y, a continuación, afirmaba: “Pero a los que piensan que estas son cosas de otros tiempos, les tengo una noticia: estamos llenos de filibusteros y partidarios de filibusteros. Por desgracia nacidos en Costa Rica, con cédula y a veces pasaporte costarricense”.
Y, para concluir, de manera contundente, señalaba: “La historia debe servir para mejorar, para corregir los errores del pasado. La historia no debe ser arqueología, sino lección de vida. Tanto las cosas que nos enorgullecen, como las que nos llenan de oprobio, deben ayudarnos a corregir el presente y alumbrarnos el camino futuro. Pero esto no siempre funciona así: me cuentan que en un colegio privado de San José no conmemoran el 11 de abril, pero el 4 de julio hacen una Asamblea para explicar a los alumnos el significado de esa y otras fechas importantes para Estados Unidos. Al parecer, algunos profesores llaman a nuestra celebración «el día del empujón», en relación con el cuento de que el soldado Juan no fue voluntario, sino empujado por algún bromista, uno de esos chistes que solo les pueden hacer gracia a los que no tienen patria. Y solo ellos se ríen, los descastados, como se hubiera reído William Walker. Estos especímenes no merecen llamarse costarricenses”.
1 Docente pensionado. Catedrático. Facultad de Ciencias Económicas. Universidad de Costa Rica.
La corrupción está asociada a distintas expresiones relacionadas a su significación del latín, alterar las cosas, que suele estar complementada con destruir, corromper, estragar, viciar, romper o pervertir. La corrupción es entendida como la acción que modifica las condiciones existentes, como un acto intencionado ajeno y contradictorio con la moralidad, legalidad, cultura o en general con las formas como son o deben ser efectuadas las relaciones en cada contexto social.
El delito de la corrupción es una interrelación desigual y engañosa, entre una alianza corruptos-corruptores contra alguna persona, organización o instituciones públicas, cuyo propósito es beneficiarse directa o indirectamente a costa de despojar el patrimonio de entidades o individuos, donde el protagonista corruptor-corruptores, asume la jerarquía o poder sobre la(s) víctima(s), legal o ilegalmente, para transferir fraudulentamente recursos, propiedades, realización pactos o contratos que perjudican los intereses de las personas e instituciones afectadas.
La diversidad de las concreciones disimiles sobre la índole y naturaleza de los actos calificados como corruptos (cohecho, malversación, abuso de autoridad, colusión, sobornos, tráfico de influencia, falsedad ideológica, fraude…), ha impedido tener un concepto que sea consensual, como por las diversas perspectivas analíticas y jurídicas sobre su concepción, prevención y de sanción a esta forma delincuencial.
Gran parte de los análisis sobre la corrupción inciden en aislar el fenómeno, según la naturaleza y las formas como se reviste, que incide en la atribución de responsabilidades a individuos aislados, a pesar de ser un proceso complejo que oculta e invisibiliza a los corruptos, así como omite la peculiaridad legal, moralidad, cultura y el impacto social de la corrupción e ignora las condiciones contextuales del delito.
El creer que la corrupción son actos simples e inherentes de las personas de cualquier condición social, sociedad y tiempo, es asumir que todos, o cualquier individuo, es susceptible de una actuación corrupta e inmoral, contra toda norma, las buenas costumbres, buena fe, etc., lo cual es una interpretación individualista que simplifica y supone que todos los individuos son, o tienen la potencialidad de ser corruptos e inmorales, que podría erradicarse con la vigilancia digital, la yatrogenia o el aislamiento carcelario. No obstante, esa concepción ni el control totalitario impiden las acciones corruptas y constituyendo un argumento que encubre las determinaciones contextuales para la inmunidad e impunidad de la delincuencia organizada.
La corrupción no es natural ni los inconmensurables casos son casuales en los espacios sociales. Es un fenómeno que trasciende a los individuos que comprometen las relaciones sociales y las instituciones públicas, en todos los espacios y tiempos, de modo particular en las sociedades dictatoriales y en las endebles democracias. Se podría afirmar que es una problemática política estructural entre clases segmentos sociales indistintos, sin otra consideración, que el beneficio, personal o grupal, contra los intereses y posesiones de otros. Sin embargo, la corrupción es una condición del devenir de la sociedad contemporánea, que no puede admitir ni reconocer que su constitución originaria que reproduce históricamente es un proceso corrupto que se apropia indebidamente de las riquezas y recursos de las sociedades, que se enriquece privadamente del trabajo social no pagado y que esclaviza a las poblaciones del mundo. Asimismo, tanto en el pasado como en el presente, se evidencia que el poder dictatorial, la explotación y las frecuentes defraudaciones y crisis financieras se sustentan en la corrupción, como fuentes para la expansión y crecimiento económico y político del sistema.
Concebir la corrupción como violación al orden constituido es contradictorio e inconsistente, pues ese orden, es el precisamente conservado y reproducido con las prácticas delincuenciales. La corrupción al profundizar la desigualdad y la privatización de los recursos de los subalternos y de la nación, evidencia ser la mediación funcional, útil y necesaria, del orden construido por el poder, como también lo son las leyes indignas y muchas prácticas cotidianas legalizadas, pero inmorales, ilegitimas y corruptas.
El individualismo metodológico, como determinación de la causalidad de los fenómenos complejos, es una simplificación, pero también es un prejuicio que ha servido y sirve para juzgar y condenar a subalternos que históricamente se les culpa y discrimina socialmente, mientras se pondera, justifica y legaliza la explotación, la desigualdad, inequidad y exclusión en las históricas prácticas estructurales y en las impuestas relaciones laborales, mercantiles y financieras, aun cuando determinan y perjudican la calidad y vida de millones de personas y naciones. El sistema imperante se nutre de la corrupción y desigualdad cotidiana.
La corrupción tiene determinaciones jurídicas, políticas, económicas y sociales que inciden en la valoración y calificación de los delitos. Los corruptos en el mundo de los negocios, la política nacional, la administración justicia, derechos iguales entre desiguales, etc., no poseen sanciones similares, porque no dependen de la naturaleza del delito, sino básicamente de la condición social e influencias del poder delincuencial. Así, muchos son eximidos de culpa por dispensas jurídicas, por influencias políticas y compromisos judiciales, intimidación o por la relativización y dilución del delito.
En una sociedad que valida y reproduce desigualdad, inequidad y explotación, la corrupción se convierte en un medio adicional de enriquecimiento privado en perjuicio de sectores mayoritarios. Es una mediación que también promueve la desigualdad y la inmoralidad del poder en la sociedad contemporánea.
Las ejemplificaciones de corrupción abundan en Costa Rica, como las pseudos crisis de las financieras en el año 1987, donde incontables personas “perdieron” sus ahorros de liquidaciones y pensiones laborales. La administración corrupta de ALDESA, con la fiscalización de la Superintendencia General de Valores (SUGEVAL), a fines de la década de 1990, donde se “esfumaron” cientos de millones de centenares inversionistas. La construcción de la carretera en la frontera con Nicaragua, conocida con “La Trocha Fronteriza”, en marzo de 2012, que fue calificada como una megacorrupción, donde autoridades políticas, constructoras y negociantes están implicados, pero no ha pasado nada y el sobreseimiento es la alternativa del poder para el poder. La crisis de Coopeservidores del 2024, es otra muestra de la negligencia de los entes fiscalizadores y reguladores de la situación y el manejo de los recursos financieros en dolosas administraciones que privatizaron los recursos y anhelos de los cooperativistas.
En ningún caso mencionado, entre otros, se ha culpado a los responsables, recuperado lo “perdido” ni se ha resarcido a las víctimas. Estos son solo algunos casos que no son objeto de indagación exhaustiva ni de condenas, como tampoco interesan los casos conocidos, pero no denunciados. La corrupción violenta los derechos ciudadanos, mientras que las autoridades se eximen de su responsabilidad, que bien deberían ser demandadas por el mismo delito que no dictaminan.
La corrupción es una problemática cada vez más acuciante en la cotidianidad de la heterogeneidad social, que con otras formas delincuenciales, como el tráfico de drogas, son parte inherentes del sistema global, cuya práctica sistemática contribuyen al crecimiento, acumulación y expansión del poder político y económico mundial.
La corrupción no es un proceso simple es complejo que compromete a subalternos, funcionarios, al Estado y al poder geoestratégico imperial, pero es afín al sistema, pues contribuye a polarizar más la desigualdad y el empobrecimiento social y la magnificación del enriquecimiento de la posesividad del poder.
Recientemente, y de repente, sale otra figura contrarrevolucionaria, vociferando contra Venezuela, y que ya lo había hecho contra Cuba en el primer mandato de Trump 2017-2021; se trata del llamado «halcón» del Departamento de Estado norteamericano, Mauricio Claver-Carone.
Que es lo que vociferaba este personaje: «Intensificar las acciones contra el pueblo de Venezuela«; «Se refirió al gobierno venezolano como una tiranía chavista«; «Les damos con todo o nos vamos a casa». El objetivo es terminar el trabajo de 2019″; “máxima presión” contra Venezuela, aseguró que solo alcanzó el 50% de su potencial; ahora vamos con el 100%. Según él, «las medidas tomadas en ese momento fueron insuficientes para lograr un cambio político en Venezuela, y abogó por un enfoque más agresivo para derrocar a Maduro«.
Pero, ¿quién es este personaje, que algunos lo tildan, además, de psicópata, troll, lanzallamas, obsesivo, buldog? Claver-Carone es abogado, nació en Miami, Florida, en 1975 y fue criado en el sur de este Estado por una madre cubanoamericana; es decir, proviene de una familia de origen español y cubano.
Claver-Carone es un anticastrista de pura cepa. Él «se volvía loco» ante la mención de Fidel Castro, contó a USA Today un amigo de los tiempos del bachillerato. Como estudiante en el Rollins College de Orlando, Claver-Carone se quedaba después de clase para discutir con su mentor “lo ingenua que es la gente” cuando se trataba de Cuba.
Durante el primer gobierno de Trump (2017-2021), trabajó como Asesor sénior del subsecretario de Asuntos Internacionales en el Departamento del Tesoro, Representante de EEUU ante el Fondo Monetario Internacional, Director sénior de Asuntos del Hemisferio Occidental en el Consejo Nacional de Seguridad y Asistente especial del presidente.
Claver-Carone forma parte de un conjunto de unos 15 funcionarios, provenientes de la Florida que el presidente Trump ha puesto para los temas de Latinoamérica, que son todos hispanos de línea dura.
En 2020, Claver-Carone fue elegido como presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), por un período de cinco años, pero fue destituido en 2022, después de que una investigación determinó que probablemente había mantenido una relación romántica con una subordinada, según informó entonces Associated Press. Claver-Carone negó la acusación.
Este es uno de sus manchones en su carrera. Veamos más datos al respecto.
Los directores del BID votaron la destitución del presidente Mauricio Claver-Carone, luego de que una investigación mostró, que el único presidente estadounidense en los 62 años de historia del banco tuvo una relación íntima con una subordinada, violando varias normas éticas de la institución.
Esta subordinada era una asesora, que trabajaba con el funcionario desde sus años en la Casa Blanca, bajo la administración de Donald Trump, y que fue llevada al BID cuando Claver-Carone ganó la elección en el verano del 2020. Además, se conoció a lo interno del BID el altísimo sueldo que se le pagaba a la asesora promovida por Claver.
Así mismo, al correo electrónico del BID llegó un mensaje anónimo, que acusaba a Claver-Carone y al miembro del personal de malversar fondos del BID.
Por otro lado, como ya mencionamos, Mauricio Claver-Carone estuvo en el centro de la polémica, cuando el 11 de septiembre de 2020 se convirtió en el primer presidente de la institución que no era latinoamericano. Su llegada rompió 70 años de tradición.
En fin, Claver-Carone es conocido por sus amigos por su obsesión con Cuba y Venezuela. En lo referente a Cuba:
Antes de ser funcionario de Donald Trump, Mauricio Claver-Carone tenía un blog, que se llamaba «Capital Hill Cubans«, y durante el gobierno de Barack Obama, desde allí criticaba cada decisión del gobierno sobre Cuba; defendía con uñas y dientes el bloqueo.
Así mismo, fue Director ejecutivo del comité de acción política US-Cuba Democracy PAC, cuyo objetivo, según dice en su página web, era «promover una transición incondicional en Cuba a la democracia» y al mercado libre, y que amañaba para oponerse a leyes que pudieran «financiar la maquinaria represiva de la dictadura cubana«.
Recientemente dio unas declaraciones donde trata de meter miedo a Cuba e intimidarlo, asegurando, una vez más, que esta vez sí es verdad que le quedan pocos días a la Revolución, y que el gobierno de Estados Unidos hará todo lo posible por acelerar este proceso. Habla de medidas y acciones creativas como poner fin a los vuelos y visitas familiares a Cuba. En verdad, quiere quitar los vuelos para provocar más carencias, desestabilización y, si fuera posible, una crisis migratoria.
Recordemos, de más atrás en su carrera, que Claver-Carone, juntamente con el innombrable Marco Rubio, diseñó y ejecutó en un par de años (2018 hasta enero del 2021), más de 200 medidas adicionales al bloqueo con el propósito de lograr que Cuba colapsara. No logró su objetivo principal, pero impuso un retroceso brutal en las relaciones bilaterales y en el nivel de vida de los cubanos, provocando un enorme sufrimiento que aún perdura y un mayor flujo migratorio.
Este señor es peligroso, y ha vuelto al gobierno de Trump. No olvidemos igualmente que, antes de la decisión simbólica y tardía de Biden, universalmente aclamada por justa, de excluir a Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, Claver Carone respondió con soberbia al New York Times diciendo que… “El que ríe último ríe mejor” y prometió medidas peores tan pronto tomara posesión el presidente electo.
Y en verdad, es que no dejó pasar ni un solo día con Trump en el gobierno, para empezar a acrecentar la presión y la guerra económica contra Cuba y Venezuela.
Su más reciente declaración-perla, que refleja lo vil que es, desde el Consejo de Asuntos Mundiales de Miami, confiesa «que el verdadero propósito del bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba es infligir dolor. Dolor al pueblo. Sufrimiento cotidiano como herramienta política. Hambre como estrategia de cambio político. Con sus propias palabras: «Se trata de aceptar ‘dolor a corto plazo para ganancias a largo plazo’«. Y lo dice con naturalidad, con frialdad, incluso con cierto orgullo. Y lo más alarmante no es solo lo que dice, sino cómo lo dice. Como si fuera legítimo agredir a una población entera para forzar un modelo político diferente. Esto no tiene otro nombre: crimen.
Para ir finalizando, aunque habría que escribir muchísimo sobre este ser, no es Cuba el único objetivo de esta estrategia despiadada. Claver-Carone lo extiende a Venezuela, Nicaragua y otros países de la región que no se alinean con los intereses de Washington. Y lo hace, además, recurriendo a argumentos que estigmatizan pueblos enteros, a la criminalización del migrante. Su comparación entre las personas migrantes y supuestos delincuentes enviados «para desestabilizar a EEUU» es un ejercicio de xenofobia peligrosa y repugnante, impropia incluso del cinismo habitual en la política exterior estadounidense.
Por ejemplo, en la primera era Trump, Claver-Carone disfrutó de una influencia sin igual, casi demente y enfermiza, en las políticas del presidente hacia Venezuela, a tal punto que los embajadores extranjeros se quejaron en privado sobre su ascendencia en esa área.
El liderazgo verdadero no se proclama en cumbres; se ejerce en el territorio.
A un mes de coorganizar la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Océano (junio de 2025), Costa Rica protagoniza un nuevo episodio que desconcierta a la comunidad internacional y debilita su imagen como referente en liderazgo y compromiso ambiental.
Nos referimos a la eliminación de la financiación y de la declaratoria de interés público del decreto que da seguimiento al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), concretada mediante la modificación del Decreto Ejecutivo N.° 40203. Esto no solo implica un desinterés por la sostenibilidad como política de Estado, sino que debilita la capacidad del país para acceder a cooperación internacional, articular esfuerzos multisectoriales y garantizar derechos fundamentales.
¿Con qué liderazgo y legitimidad puede el gobierno coorganizar una cumbre sobre océanos, cuya génesis y columna vertebral son los ODS —especialmente el número 14— de la Agenda 2030? ¿Quién nos va a tomar en serio si somos verdes solo de las fronteras para afuera, y aquí adentro la política ambiental es negacionista, contradictoria y regresiva?
Porque este caso no es el único. Las decisiones más recientes del gobierno evidencian una política ecocida, marcada por el desmantelamiento institucional, la permisividad extractiva y el abandono sistemático de sus propios compromisos ambientales y sociales.
Esta decisión se enmarca en un patrón de retroceso que se ha acelerado en los últimos meses. El caso más reciente es el escándalo por el trasiego autorizado de 12.6 toneladas de aletas de tiburón martillo para su reexportación, reportado por la organización CREMA en marzo de 2025. Esta acción contradice abiertamente el compromiso con la protección de especies en peligro y con el ODS 14 (Vida submarina), justo cuando el país se presenta como anfitrión global de una cumbre dedicada al océano.
A esto se suman graves retrocesos en gobernanza ambiental, como lo ocurrido en el Refugio Nacional de Vida Silvestre Gandoca-Manzanillo, donde se ha instaurado un modelo autoritario e impuesto de toma de decisiones, ignorando a las comunidades locales y permitiendo el avance de intereses gentrificadores y extractivos. La falta de participación ciudadana y el debilitamiento del marco jurídico ambiental revelan una tendencia alarmante hacia la destrucción institucional del patrimonio natural del Estado.
Todos estos hechos no son aislados: responden a una lógica de gobernanza que desmantela lo público, prioriza intereses privados y erosiona los derechos humanos y ambientales. Un modelo de gestión que promueve el extractivismo como política y el silencio institucional como estrategia. En este contexto, hablar de sostenibilidad, océanos sanos y liderazgo climático resulta, al menos, hipócrita.
Esta nueva contradicción del gobierno abre muchas otras preguntas. Si revisamos, gran parte de la Agenda 2030 es la columna vertebral de proyectos de cooperación internacional que hacen posible la implementación de políticas ambientales. Por eso nos preguntamos: ¿Qué va a pasar con estos y otros financiamientos cuando los organismos internacionales vean el actuar del gobierno?, ¿Se trata de una decisión inspirada en la postura reciente de la administración Trump, que anunció su rechazo a la Agenda 2030 hace apenas un mes? ¿O es una acción deliberada para polarizar, aprovechando la ola conspiranoica que rodea a esta agenda?
Esta decisión genera más dudas que certezas. Pero lo que sí está claro es que Costa Rica no puede seguir sosteniendo una narrativa de ejemplo global mientras autoriza el aleteo, envenena sus nacientes, silencia comunidades y desactiva compromisos internacionales. Si realmente quiere defender los océanos, debe empezar por cuidar sus ríos, proteger sus bosques, respetar a sus pueblos y garantizar el carácter público y democrático de sus políticas ambientales.
Dra. Sofía Chaverri Flores Especialista en Medicina Física y Rehabilitación Invitada de ACANAMED
La actividad física y el ejercicio físico forman parte de los pilares fundamentales para gozar de una buena salud. A ellos se le suman el tener una alimentación saludable; la calidad de nuestro descanso, así como una adecuada higiene del sueño; controlar nuestros niveles de estrés y gestionar nuestras emociones de forma apropiada; tener contacto con la naturaleza por lo menos una vez a la semana y el socializar.
Aunque los términos actividad física y ejercicio físico se asemejan, son conceptos diferentes. La actividad física se define como cualquier movimiento corporal producido por la contracción de un músculo que incrementa el gasto energético basal. Es decir, cualquier actividad que hagamos desde que nos levantamos en la mañana, puede ser considerada como una actividad física; por ejemplo, lavarnos los dientes, ir al trabajo o hacer las labores del hogar. No obstante, hay distintos niveles de actividad física y lo importante es optimizarla diariamente y evitar el comportamiento sedentario durante el día.
Por otro lado, el ejercicio físico, es una subcategoría de una actividad física, pero esta debe de ser planeada, estructurada y repetitiva, con el propósito de mejorar o mantener uno o más de los componentes de la aptitud física, como son: la composición corporal, la resistencia aeróbica, la fuerza y la resistencia muscular, así como la flexibilidad. Según el Colegio Americano de Medicina del Deporte y la Asociación Americana del Corazón, para adultos sanos de 18 a 65 años de edad, se recomienda realizar ejercicio aeróbico de moderada intensidad 5 veces por semana de 30 minutos o más, con el fin de alcanzar al menos 150 minutos de ejercicio moderado por semana; o ejercicio aeróbico de intensidad vigorosa, 3 veces por semana en sesiones que sobrepasen los 20 minutos, para alcanzar al menos 75 minutos por semana.
Un ejercicio de moderada intensidad es aquel en el que se puede mantener una conversación pero no es posible cantar, mientras que un ejercicio de intensidad vigorosa se define como aquella actividad en donde una conversación no puede ser mantenida sin interrupción y solo es posible decir algunas palabras. Durante una misma sesión de ejercicio, se pueden combinar ejercicios de ambas intensidades.
Es importante recalcar que los 150 minutos de ejercicio moderado y los 75 minutos de ejercicio vigoroso por semana, son duraciones mínimas recomendadas, ya que se han encontrado efectos benéficos adicionales al ejercitarse más tiempo (300 minutos por semana de ejercicio moderado o 150 minutos por semana de ejercicio vigoroso). No obstante, si una persona no tiene tiempo para hacer una sesión de 20 o 30 minutos, la sesión se puede fraccionar, incluso en duraciones menores a los 10 minutos, ya que está demostrado que sesiones de corta duración también generan beneficios. Además, se recomienda incluir ejercicio de fuerza, por ejemplo ejercicios con peso, de 2 a 3 veces por semana y que involucren los principales grupos musculares, así como ejercicios de flexibilidad.
En personas físicamente inactivas, no se deben de dar estas recomendaciones en un plan inicial. Se prefiere iniciar con sesiones mucho más cortas y de menor intensidad e ir haciendo las progresiones muy paulatinamente hasta alcanzar el objetivo.
En resumen, para gozar de una buena salud y de un bienestar físico y emocional, debemos de tener niveles óptimos de actividad física a lo largo del día (movernos más y sentarnos menos) y realizar ejercicio físico regularmente. Estas medidas previenen y pueden ser parte del tratamiento de múltiples enfermedades crónicas, como por ejemplo la hipertensión arterial, la diabetes, la dislipidemia, las enfermedades cardio y cerebro vasculares, las enfermedades metabólicas, las enfermedades neurodegenerativas; así como de algunos tipos de cáncer.
Europa se enfrenta a una amenaza aguda y creciente. La única manera de garantizar la paz es estar preparados para disuadir a quienes quieran hacernos daño. Ha llegado el momento de que se rearme. Estas son algunas de las conclusiones del Libro Blanco Conjunto para la Preparación de la Defensa Europea 2030, divulgado en Bruselas el pasado 19 de marzo.
El Libro Blanco expone un plan para rearmar Europa. Para eso han abierto las puertas al endeudamiento de los países europeos mediante la llamada “Cláusula de Escape”, que permite a los países superar los límites de déficit y de deuda establecidos en las normas europeas, si se trata de inversiones relacionadas con la industria militar.
Cambios en el entorno estratégico
Según el Libro Blanco, el equilibrio político surgido tras el final de la Segunda Guerra Mundial y de la conclusión de la Guerra Fría “se ha visto gravemente alterado”.
Por un lado, estiman que “Estados autoritarios”, como China, tratan de imponer “su autoridad y control sobre nuestra economía y sociedad”.
Por otro, señalan que Rusia “ha dejado claro que sigue en guerra con Occidente” y “seguirá siendo una amenaza fundamental para la seguridad de Europa en un futuro previsible”. Si se permite a Rusia alcanzar sus objetivos en Ucrania –aseguran– “su ambición territorial se extenderá más allá”. Afirmaciones que el presidente ruso, Vladimir Putin, ha rechazado reiteradamente.
Aumentar los gastos de defensa
El gasto en defensa de los Estados miembros de la Unión Europea ha crecido más de un 31% desde 2021, alcanzando los 326 mil millones de euros en 2024.
A principios de marzo, la presidente de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen, había anunciado el plan ‘ReArm Europe’, que contempla un gasto de cerca de 800 mil millones de euros para la defensa del bloque.
La propuesta no ha sido acogida por unanimidad. El 26 de marzo pasado, Gregorio Sorgi y Giovanna Faggionato publicaron en POLITICO (una publicación originalmente con sede en Virginia, vendida en 2021 a la alemana Axel Springer), que países del sur de Europa –Francia, Italia y España– habían expresado preocupación por las consecuencias económicas que el aumento de la deuda podría tener, considerando sus ya elevadas deudas y déficits presupuestarios. “Algunos países tienen serias dudas sobre la posibilidad de endeudarse a esos niveles, dice el artículo, citando a “un diplomático senior de la Unión Europea”, en Bruselas. En vez de asumir nuevas deudas, proponen la emisión de bonos de defensa, colocados por la UE en el mercado de capitales, para financiar esas inversiones. Algo a lo que países como Alemania y Holanda tradicionalmente se han opuesto.
Apoyo militar a Ucrania
El Libro Blanco no contempla iniciativa diplomática alguna. Alineado con la visión militarista de la nueva Comisión Europea, en la que los beligerantes países bálticos encabezan las comisiones de Relaciones Exteriores y Defensa, proponen a los Estados miembros acordar rápidamente una ambiciosa iniciativa de apoyo militar a Ucrania, entrenando y equipando sus fuerzas armadas y suministrándoles munición de artillería y defensa aérea. Ucrania se ha convertido en el principal laboratorio mundial de defensa e innovación tecnológica, dice el documento.
Desde febrero de 2022 Europa le ha proporcionado alrededor de 50 mil millones de euros en apoyo militar y se propone mejorar su capacidad de defensa a través de lo que han llamado “estrategia del puercoespín”, para disuadir cualquier posible nuevo ataque.
Misiles (incluidos los de ataque de precisión profunda), aviones no tripulados y, por lo menos, dos millones de cartuchos para artillería de gran calibre al año, son prioridades compartidas por Ucrania y los Estados miembros de la UE, que pretenden también formar y equipar brigadas ucranianas y apoyar la regeneración de sus batallones.
Esfuerzos que buscan, entre otras cosas, llenar el espacio dejado por un cambio en la política norteamericana, que desde 2022 ha venido sustentado la guerra de Ucrania, como lo demostró el reportaje de NYT, “The partnership: the secret history of the war in Ukraine”, publicado el pasado 29 de marzo.
Pese a las tensiones con Washington, Europa reconoce, sin embargo, que un fuerte vínculo transatlántico sigue siendo crucial para su defensa. La OTAN es la piedra angular de esa defensa.
Más allá de Europa
El documento propone un compromiso ambicioso en materia de seguridad y defensa, “con todos los países europeos afines, los países de la ampliación y los países vecinos (incluidos Albania, Islandia, Montenegro, la República de Moldavia, Macedonia del Norte y Suiza)”, así como seguir estudiando una Asociación de Seguridad y Defensa con la India.
La idea es que la UE explore, además, “oportunidades de cooperación industrial en materia de defensa con los socios del Indo-Pacífico, en particular Japón y la República de Corea, con los que se celebraron Asociaciones de Seguridad y Defensa el pasado mes de noviembre, así como Australia y Nueva Zelanda”.
La guerra a gran escala de Rusia contra Ucrania tiene repercusiones más allá de Europa, dice el Libro Blanco. Las amenazas híbridas y los ciberataques no respetan fronteras. Tampoco lo hace la seguridad en el espacio o en el mar.
La militarización de la industria, un buen negocio
Un mercado de equipos de defensa verdaderamente operativo en toda la UE sería uno de los mayores mercados nacionales de defensa del mundo, asegura el Libro Blanco. Un aumento de la inversión en defensa tendría efectos positivos en toda la economía. La reactivación industrial de la defensa a gran escala exigirá que la industria atraiga y forme a muchos talentos, incluyendo técnicos, ingenieros y expertos especializados.
Reconstruir la defensa europea exigirá una inversión masiva durante un periodo sostenido, tanto pública como privada, para reponer las existencias de equipos militares de los Estados miembros y aumentar la capacidad de producción industrial de defensa europea. El Banco Europeo de Inversiones debe desempeñar un papel decisivo en la financiación de esos programas. Su Plan de Acción de Seguridad y Defensa fue un primer paso en esa dirección, pero se estima que su aplicación debe acelerarse.
Pero impulsar la inversión pública en defensa no será suficiente. Las empresas europeas, incluidas las pequeñas y medianas, deben tener un mejor acceso al capital. La propuesta es que, para el periodo 2023-2027, el Fondo Europeo de Defensa (EDF) financie a las PYME con hasta 840 millones de euros y que el Programa Europeo para la Industria de Defensa (EDIP) cree un Fondo para Acelerar la Transformación de la Cadena de Suministro de Defensa (FAST).
Europa se prepara para las guerras
La UE es y sigue siendo un proyecto de paz, se puede leer casi al concluir el Libro Blanco. Europa debe tomar decisiones audaces –agregan– y construir una Unión de Defensa que garantice la paz en nuestro continente mediante la unidad y la fuerza.
En Bruselas se dice que la Comisión Europea “se ha transformado en un Ministerio de Defensa”, dijo la periodista Gloria Rodríguez, del diario español El País, en un artículo fechado en Bruselas.
La agenda de estos días es elocuente, afirma. “El Libro Blanco que define las amenazas a las que se enfrenta la UE, complementa ReARM Europe, el plan más ambicioso hasta ahora para reforzar a los ejércitos europeos y a la industria de la defensa”, presentado por von der Layen hace dos semanas.
Para Dmitri Peskov, portavoz de la presidencia rusa, las principales señales procedentes de Bruselas y de las capitales europeas se refieren ahora a planes para militarizar Europa. Moscú no ha recibido señales de Bruselas que indiquen un deseo de buscar una solución política del conflicto ucraniano, afirmó.
Necesitan justificarse
Los países miembros de la UE eligieron a la exprimera ministra de Estonia, Kaja Kallas –una de las voces más beligerantes contra Rusia–, como representante de su política exterior porque querían una líder para tiempos de guerra, dicen –citando a fuentes europeas– Niicholas Vinocur y Jacopo Barigazzi, periodistas de POLITICO. “Es tiempo de hechos, no solo de palabras”, agregan.
“Si Ud. la oye –dice una voz europea crítica de Kallas, citada por POLITICO –, parece que estamos en guerra con Rusia, lo que no es la línea oficial de la Unión Europea”.
Pero otros aprueban, como la primera ministra danesa –otra voz particularmente beligerante– o un diplomático europeo, no identificado por los autores del artículo, que se siente “muy contento” con el estilo de Kallas.
Odio hacia los rusos expresó el presidente ucraniano, en una entrevista al diario conservador francés Le Figaro. Un “sentimiento apropiado” en tiempos de guerra –afirmó–, que lo ayuda a mantenerse al frente de la lucha.
Un sentimiento que probablemente contribuyó al fracaso de los acuerdos de Minsk, negociados antes de la guerra, en 2014 y 2015, boicoteados por Ucrania, Francia y Alemania. Acuerdos que pretendían dar garantías a las poblaciones rusas de las Repúblicas de Donetsk y Lugansk. Los combates en el este de Ucrania, entre los separatistas y las fuerzas ucranianas, ya habían cobrado unas 14 mil vidas, antes de la invasión rusa, según la británica BBC, y dejado más de un millón de desplazados.
En ese clima, el canciller español, José Manuel Albares, pidió no inquietar inútilmente a la gente. “Nadie se prepara para la guerra” aseguró. Se refería al “Kit de supervivencia” para sobrevivir por lo menos 72 horas, en caso de una emergencia, propuesto por von der Layen. El mismo Albares que en una reunión de seis países europeos en Madrid, el lunes 31 de marzo, proponía, sin lograr apoyo, utilizar los fondos rusos congelados en los bancos europeos para ayudar a Ucrania.
«Necesitan justificarse”, dijo el presidente ruso, Vladimir Putin, comentando la propuesta del kit. “Por ello asustan a su población con una hipotética ‘amenaza rusa’”. «Decir que vamos a atacar a Europa después de Ucrania es una completa tontería. Es la intimidación de su propia población”.
¿Las guerras del futuro?
El colega de Kallas en la Comisión, el exprimer ministro de Lituania Andrius Kubilius, hoy a cargo de la recién creada cartera de Defensa, también partidario de una agresiva política frente a Moscú, estimó que “si Europa la quiere evitar, debe estar lista para la guerra”. Las prioridades del Libro Blanco –destacó– son aumentar los gastos en defensa, pensando “no solo en las guerras de hoy, sino también en las del futuro”.
Putin no se detendrá leyendo el Libro Blanco, agregó. Solo lo hará “si lo usamos para crear drones muy reales, tanques, artillería… para nuestra defensa”.
Para el presidente finlandés, el también conservador Alexander Stubb, la única manera de detener Moscú es “armar Ucrania hasta los dientes”.
Y, por primera vez desde la II Guerra Mundial, Alemania despliega tropas en el extranjero. Se trata de una brigada instalada en Lituania, a 10 km de la frontera con Bielorrusia. Cuando esté plenamente operativa, en 2027, contará con unos 5.000 personas, entre militares y civiles.
Los dos –Kallas y Kubilius– son ciudadanos de dos países bálticos –Estonia y Lituania-, particularmente agresivos contra Rusia. No es arriesgado decir que su designación en esos cargos se debió precisamente a eso.
Resulta que Estonia, con cerca de 1,4 millones de habitantes, y Lituania, con unos 2,9 millones, son, por su población, apenas como un barrio de cualquier ciudad grande de América Latina. El área metropolitana de México, o de São Paulo, tienen cerca de ocho millones de habitantes.
De modo que no deja de sorprender que funcionarios europeos, que podrían ser como alcaldes de barrios de esas ciudades, tengan en sus manos la definición de políticas que pueden llevar el mundo a una nueva guerra de dimensiones catastróficas.
Si el mundo civilizado no amarra las manos a estos salvajes, nos van a llevar a la Tercera Guerra Mundial.
La política internacional está atravesando una transformación sin precedentes: la transición hacia un mundo multipolar. Durante varias décadas, el sistema internacional ha girado en torno a una hegemonía occidental que imponía su versión del multilateralismo, un orden basado en reglas, pero en realidad diseñado para perpetuar su supremacía en todos los campos.
Sin embargo, ese modelo muestra signos irreversibles de desgaste, erosionado por el renacer de varias potencias, la reconfiguración de alianzas estratégicas y la creciente resistencia de diversos actores a la imposición de un orden unilateral global. En esta transición llena de turbulencias, Europa reacciona como bloque frente a EE. UU. y su guerra arancelaria, Asia responde de manera coordinada, África desempeña un papel distinto al de décadas pasadas y los BRICS emergen como el verdadero motor de un multilateralismo real, no subordinado a un solo poder. Es así como se está configurando una estructura más realista donde las posibilidades de romper la vieja hegemonía son más tangibles que nunca.
Bajo las administraciones demócratas globalistas y liberales, EE. UU. proyectaba su influencia bajo la fachada del consenso, la defensa de la democracia y la promoción de los derechos humanos, asegurando que las instituciones internacionales sirvieran a sus intereses sin aparentar imposición directa. Este fue el soft power que muchos hoy añoran, demostrando una alarmante falta de imaginación y profundidad analítica, como si la única alternativa a la prepotencia de Trump fuera el retorno a una hegemonía disfrazada de benevolencia.
Sin embargo, con Donald Trump en la Casa Blanca, las reglas del juego cambiaron, evidenciando la crisis a la que ese modelo ha llevado a su propio país. Consciente de esta realidad, la política de «América Primero» no solo profundizó el aislamiento de EE. UU., sino que también desaceleró el dinamismo económico global, al priorizar una agenda proteccionista con una política arancelaria nunca vista en la historia reciente, y enfocarse en resolver los problemas internos, antes que en sostener el clásico liderazgo internacional de Washington.
El historiador francés Emmanuel Todd describe a EE. UU. en su último libro titulado La Derrota de Occidente, como un “Estado posimperial”, es decir, una potencia que aún se aferra a su antigua gloria, pero que ya no puede ni va a poder sostener por mucho tiempo más su dominio. La crisis que enfrenta EE. UU. no es solo externa, sino también interna, afirma Todd. Mientras intenta proyectar poder a nivel global imponiendo aranceles a todos, el país se desgarra desde adentro con una fractura política y social irreconciliable. Los valores de los dos bandos políticos son diametralmente opuestos, hasta el punto de que ya no hay un espacio de consenso nacional y el mismo Trump coquetea con la idea de un tercer mandato.
La paradoja de Trump es que, a pesar de su retórica nacionalista, su política ha contribuido involuntariamente a abrir espacios para que otros países y regiones, incluida América Latina, busquen nuevas alianzas fuera de la órbita de Washington.Aunque Trump promovió una agenda de «América Primero» con la intención de reforzar la hegemonía estadounidense y reducir la dependencia de otros países, sus políticas proteccionistas, su distanciamiento de aliados tradicionales y su enfoque transaccional en la diplomacia están debilitando la influencia de ese país y fomentando un mundo más multipolar. En lugar de consolidar su liderazgo como antes, su postura impulsa a muchas naciones a diversificar sus relaciones internacionales, fortaleciendo bloques como los BRICS y acercándose a potencias emergentes como China, India y Rusia.
Ante esta transformación, el liberalismo globalista occidental se ha quedado atrapado en su propio laberinto conceptual. En lugar de ver la multipolaridad como una oportunidad para corregir las fallas del viejo orden, la interpretan como una amenaza o incluso como el preludio de una nueva forma de autoritarismo. Nada más alejado de la realidad. Su ceguera epistemológica les impide ver más allá de sus propios dogmas, llevándolos a aferrarse a un EE. UU. en decadencia, que, incluso bajo administraciones demócratas, libraba guerras y derrocaba gobiernos legítimos en nombre de la libertad. Prefieren la ilusión de un orden hegemónico disfrazado de benevolencia, aun cuando ello signifique perpetuar su propia subordinación, en lugar de adaptarse a una nueva realidad donde el poder ya no tiene un solo centro.
Esta actitud no solo es un error estratégico, sino también una manifestación explícita de lo que en psicoanálisis se conoce como un complejo de Edipo no resuelto o una identificación con el agresor. Durante décadas, el mundo ha sido condicionado a depender de EE. UU. y Europa occidental como las únicas fuentes de legitimidad y orden. Ahora, ante su declive, muchos reaccionan con miedo, rechazando alternativas y aferrándose a un sistema que los ha mantenido subordinados.
¿De verdad creen que hemos llegado al “fin de la historia” y que cualquier otro orden mundial sería peor que este? ¿No se supone que somos optimistas y que creemos en la posibilidad de un futuro mejor? La ironía es evidente: quienes se autoproclaman defensores del progreso y la innovación son los mismos que hoy temen el cambio y se resisten a imaginar un mundo donde no solo uno mande.
El mundo multipolar no será un proceso ordenado ni libre de turbulencias. La transición conlleva costos, especialmente para aquellos países más dependientes de la esfera occidental. Sin embargo, esta reconfiguración es inevitable y necesaria. El monopolio del poder global por parte de EE.UU. no solo ha sido injusto, sino que también ha limitado el desarrollo de otras naciones.En este nuevo escenario, los países que se adapten y busquen diversificar sus relaciones internacionales tendrán mejores oportunidades de crecimiento. América Latina, por ejemplo, puede fortalecer sus lazos con Asia, África y los BRICS.
Si lo analizamos a fondo, Trump no está haciendo nada que EE. UU. no haya hecho siempre; la diferencia es que, al no poder imponer su voluntad mediante el soft power porque ya hay otros países que defienden sus intereses de manera soberana, ahora recurre a la vía dura: proteccionismo, sanciones y confrontación directa. Su objetivo sigue siendo el mismo de siempre: mantener su dominio y dictar las reglas del juego.Lo que Washington se niega a aceptar es que ya no es el imperio que alguna vez fue y que el mundo ha cambiado de manera irreversible.
Paradójicamente, la postura de Trump nos ofrece una oportunidad. Al despojar a EE. UU. de su máscara de hegemonía benevolente, nos obliga a reconocer la realidad y a pensar con mayor astucia en una nueva arquitectura de las relaciones internacionales. En lugar de lamentar el colapso del viejo orden, es momento de diseñar uno nuevo, basado en el equilibrio de poder y la cooperación sin imposiciones.
La multipolaridad no es una amenaza, sino una realidad que ofrece nuevas posibilidades. El problema es que aquellos que han sido moldeados por la hegemonía estadounidense aún no logran imaginar un mundo donde EE. UU. no sea el centro. Pero ese mundo ya está aquí, y lo único que queda por decidir es quién sabrá aprovecharlo y quién seguirá atrapado en una nostalgia imperial anacrónica.
Frente a esta realidad, la comunidad internacional debe abandonar la reacción superficial y apostar por una comprensión estratégica de estos cambios. En lugar de lamentar el fin de una globalización idealizada, es necesario replantear los términos de la integración económica, fortalecer mecanismos de cooperación autónomos y diversificar las relaciones comerciales. Solo así los Estados podrán navegar en este nuevo escenario con mayor independencia, sin quedar atrapados en las tensiones de una potencia que lucha por redefinir su rol en el mundo.
1 Profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Costa Rica.
El pasado martes 18 de marzo, varios miles de personas se congregaron frente al edificio de la Corte Suprema de Justicia de Costa Rica. Acompañadas de banderas nacionales, exigían la destitución de la persona que actualmente ocupa el cargo de Fiscal General. El evento fue promovido desde Casa Presidencial de Costa Rica, y existen indicios de una inversión económica significativa destinada a movilizar a ciudadanos y ciudadanas desde zonas rurales del país.
A la manifestación asistieron varias diputaciones del partido de gobierno, exministros con aspiraciones de participar en las próximas elecciones nacionales y, notoriamente, el propio presidente Rodrigo Chaves Robles (quien no ha ocultado su conflicto con el Fiscal General, motivado por diversas causas que dicho funcionario tramita en su contra). Aclamado por sus seguidores, el mandatario afirmó que el Pueblo se ha despertado y, en una expresión con alguna reminiscencia lejana al filósofo Jean-Jacques Rousseau, que la voz del Pueblo es la voz de Dios.
Las líneas que siguen analizan críticamente el concepto de Pueblo que subyace en estos posicionamientos políticos y lo contrastan con su principal alternativa teórica.
¿Quién es este Pueblo del que habla el presidente con tanta vehemencia?
Pero, ¿quién es ese Pueblo al que aludió el presidente, y qué papel le corresponde frente a las instituciones del Estado? Ambas son preguntas de considerable profundidad, ciertamente. Quizá por ello encontramos diversas respuestas relevantes a cada una. Comencemos por la segunda.
Si atendemos a los principios fundamentales de nuestro orden constitucional, el Pueblo (o la Nación, con mayúscula, como lo llama nuestra Constitución Política) es una figura absolutamente central. Según la Constitución, se trata del titular de la soberanía y es el llamado a ejercer todas las funciones del poder público, incluido el más elevado de todos los poderes, el constituyente (es decir, la capacidad de crear una nueva Constitución).
Este es el Pueblode la Democracia establecido en nuestra Constitución Política: gobierna a través de formas constitucionales, lo cual implica necesariamente la disposición de todos los derechos políticos fundamentales ciudadanos. Tiene, además, la notable facultad de modificar la Constitución misma, si así lo decide.
Esta concepción que proyecta nuestra Constitución se opone, por un lado, a la postura elitista, según la cual la ciudadanía no debe reclamar ni influir en el llamado Estado de Derecho. Pero también se distancia de lo que podríamos llamar una visión populista, que concibe al Pueblo como una entidad que puede gobernar sin instituciones, sin representantes, sin mediación; como si se tratara de un organismo con voluntad autónoma (en breve veremos que, desde este punto de mira, se suele entender que la voluntad popular tiene que tomar forma en la figura de un Líder).
El Pueblo del Populismo
Transpira nuevamente la pregunta acuciante: ¿quién es este Pueblo de la Democracia? Queda claro que, sea lo que sea, es algo trascendental. En Costa Rica, el Pueblo posee un enorme poder sobre todas y todos nosotros o, al menos, así lo establece nuestra Constitución Política. Sin embargo, seguimos sin saber con claridad quién es y cómo se manifiesta.
Una alternativa que interesa considerar aquí es justamente la propuesta por el presidente Chaves: el pueblo se identifica o es representado exclusivamente por quienes apoyan su gobierno, con lo cual él se convierta en su única voz legítima. Esta visión coincide con lo que el teórico e historiador Federico Finchelstein, en su obra “Del fascismo al populismo en la historia”, caracteriza como la perspectiva populista del Pueblo o Nación. El populismo (junto con su pariente, el fascismo) entiende que el Pueblo de la Democracia toma forma en una parte (real o supuestamente) oprimida o maltratada de la población, que encuentra su expresión en una figura de liderazgo profético y emancipador: Nación, Seguidores y Líder constituyen una sola unidad política. El Líder es, por tanto, quien efectiviza la voluntad que debe guiar al resto de la Nación-Seguidores. De esta forma, suele justificarse que el Líder acumule los poderes y facultades atribuidas al Pueblo de la Democracia.
Habida cuenta de estas ideas, históricamente el populismo ha tendido a apoyar el empoderamiento de ciertos presidentes electos mediante votación popular, como mecanismo para localizar al Líder del Pueblo.
Frente a este movimiento, obviamente, solo puede existir su contrario, representado por el mal: la casta, la élite, el antipueblo, es decir, todas y todos quienes no forman parte del Pueblo-Seguidores o se oponen de alguna forma a lo que dispone su Líder.
En todas sus manifestaciones, el populismo tensiona las instituciones constitucionales y políticas propias de las Repúblicas modernas. No podría ser de otra manera, dados los supuestos ideológicos que incorpora: la identificación entre Líder, Seguidores y Nación, que se oponen frontalmente al Antipueblo (en especial: opositores políticos). Aun así, existen muchos ejemplos históricos que muestran movimientos populistas que llegan al poder sin romper completamente con dichas instituciones (por ejemplo, Cristina Fernández de Kirchner o Javier Milei en Argentina). En otros casos la deriva ha sido hacia regímenes autoritarios (como el de Nayib Bukele en El Salvador), llegando incluso a consolidarse plenamente en formas dictatoriales (como la Venezuela de Nicolás Maduro).
¿Pero, hay alguna forma distinta de ver al Pueblo de la Democracia? Hay quienes creen que no, y por ello auspician una forma completamente despolitizada de ver los órdenes constitucionales. Sin embargo, la respuesta se encuentra en la propia ideología que subyace a nuestras imperfectas Constituciones Políticas modernas, incluida la de Costa Rica. Se trata de lo que podemos llamar la visión republicana del Pueblo.
El Pueblo de la Democracia bajo la mirada republicana
Hay una alternativa tanto a la visión populista del Pueblo de la Democracia como a las visiones elitistas. Nuestra Constitución Política de 1859 la distinguió con notable claridad, en una formulación que lamentablemente no se preservó en nuestro texto constitucional actual. En su artículo primero, aquella Constitución señalaba: “La asociación política de todos los costarricenses constituye una Nación que se denomina: República de Costa Rica”. Esta es la mirada republicana del Pueblo de la Democracia costarricense. Se trata una comunidad intergeneracional, que comparte un pasado, un presente y un futuro, anclada entre sí por medio de sus derechos políticos en la forma de la ciudadanía. Se organiza en una República, con el objetivo de garantizar la igualdad política de todas las personas que integran la comunidad.
Notablemente, sin embargo, en la comunidad de la ciudadanía existen honestos desacuerdos sobre cómo y en qué dirección han de ejercerse los poderes del gobierno. Por ello se requieren medios institucionales que aseguren que todas esas visiones políticas sean escuchadas y representadas en la toma de las decisiones más importantes sobre cómo vivir en comunidad.
En los modelos constitucionales modernos, esta ambición se tradujo en instituciones características: los Congresos o Parlamentos legislativos, cuya integración debe ser electa y políticamente representativa de la diversidad ideológica de la ciudadanía, y, al mismo tiempo, estar abierta a sus reclamos y observaciones. Esta ideología republicana incluso se manifestó en la arquitectura de muchas de las salas donde se reunían en pleno los cuerpos legislativos: para simbolizar la igualdad entre todos los representantes -y, indirectamente, la del propio pueblo-, se adoptaba una disposición en semicírculo (lamentablemente, la sala del Plenario de nuestra Asamblea Legislativa ha olvidado ese notable simbolismo republicano). Por supuesto, es esta concepción del Pueblo la que justifica que la ley disponga de mayor legitimidad que las decisiones de un Presidente (sea o no el “líder” de un movimiento político).
¿Pero entonces, desde esta visión de la comunidad política, caben las denuncias vehementes contra los poderes fácticos, las corporaciones o las élites que buscan cooptar las instituciones y los gobiernos en su propio beneficio? ¡Claro que caben! El desacuerdo dentro de la comunidad política no tiene por qué vivirse “en baja intensidad”, ni excluir denuncias apasionadas por corrupción, corporativismo o cooptación institucional. El principio de acción, sin embargo, es que al formular la crítica política, debe preservarse -en la medida de lo posible- la distinción entre, por un lado, los adversarios políticos, y por otro, los actores facciosos, corporativos o extrainstitucionales. Solo al mantener esta distinción puede sostenerse una política de conflicto democrático sin caer en una lógica del populismo, que tensiona y pone en riesgo la vigencia de las instituciones formales de la República.
De forma que las implicaciones de la ideología republicana del Pueblo calan profundamente en nuestras instituciones y prácticas constitucionales, aunque muchas y muchos sentimos que, en nuestros días, estas no cumplen con sus aspiraciones más elevadas. De hecho, creo que la reiterada incoherencia entre los ideales a los que dicen dirigirse nuestras instituciones y el desierto de realidad que percibimos en su desempeño -con una deriva que con demasiada frecuencia recuerda a House of Cards o VEEP– constituye parte de lo que, en Costa Rica, ha empoderado a la visión populista de la política y del Pueblo. Y es este movimiento político el que, hoy día, cuestiona la visión políticamente igualitaria e inclusiva que subyace a la idea republicana del Pueblo de la Democracia.
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