He tomado distancia de los recientes actos deslucidos en conmemoración de los 77 años de la abolición del ejército. Deslucidos si porque una vez más el más alto representante de la ciudadanía costarricense aprovechó su estrado para mostrar prepotencia frente a quienes lo adversaban con el grito de “Fuera Chaves”, grito que por cierto ha empezado a crecer en los últimos días en varios escenarios públicos.
Ante la protesta, el presidente envió a la policía a callar a los manifestantes, acto que solo en regímenes autoritarios ha sido observado.
Más allá del hecho, que denota una pobrísima inteligencia social para contender y manejar la crítica y la adversidad, prefiero resignificar la importancia de la fecha, que pudiera haber pasado inadvertida dados los acontecimientos.
Este año la poesía, y no otra cosa, me ha llevado al Caribe y al sur del continente en distintos momentos: República Dominicana, Colombia, Argentina, Venezuela, Ecuador.
Cuando uno sale del país y muestra su cédula, los conceptos cambian. Y empieza una consabida conversación en la que de por medio está la simbólica de la ausencia.
De inmediata se percata de la importancia política y cultural de un acto realizado hace 77 años, en el que la figura del ejército fue abolida no sólo imaginaria sino materialmente del escenario costarricense.
Pensar en este tema pareciera natural para el costarricense. Pero créame que en otros países el peso cultural y político del ejército es muy fuerte. Tanto así, que he tenido conversaciones con algunos amigos y amigas en estos países visitados, en las que su extrañeza combinada con sana envidia sobre la ausencia del ejército en Costa Rica resulta ya lugar común.
A esa historia deberíamos aferrarnos. No es fácil la democracia, nunca lo ha sido. Pero prefiero su imperfección a vivir aquí el terror de las desapariciones, las violencias físicas, las persecuciones.
Como muchos lectores de lo columna saben, conduzco un espacio de arte y cultura en América Latina y El Caribe llamado Zona de Recarga. Les invito a buscar en las plataformas, dos programas que para mí fueron maestros en este tema de los ejércitos y los autoritarismos: el realizado con la escritora argentina Margarita Drago y el producido con la poeta chilena radicada en Costa Rica, Valeria Varas.
Les invito a revisar sus contenidos. A significar el valor simbólico de una ausencia importante. A mirar con ojos críticos el peso de la historia que está por escribirse en el país. Debemos darnos espacio y respirar.
Del 2 al 4 de diciembre se realizó el XI Encuentro y Seminario Permanente Internacional de Cocinas “Raíces, resistencia y patrimonio en las cocinas latinoamericanas”, un espacio convocado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México, junto con la Coordinación Nacional de Antropología, la Dirección de Antropología Física, el proyecto Cocinas en México, procesos biosociales, históricos y de reproducción cultural, el Centro INAH Hidalgo, el Exconvento de San Nicolás Tolentino, el Grupo ETC y la Red de Cátedras Libres sobre Soberanía Alimentaria y Colectivos Afines.
El seminario reunió a personas investigadoras, cocineras tradicionales, colectivos comunitarios, académicas y personas defensoras de la soberanía alimentaria para reflexionar sobre el papel de las cocinas en la memoria histórica, la identidad, los vínculos territoriales y las formas de resistencia cultural en América Latina. Bajo el eje común de “raíces y patrimonio”, las ponencias y conversatorios exploraron cómo los saberes culinarios se entrelazan con procesos sociales, luchas comunitarias, derechos culturales y dinámicas agroalimentarias que atraviesan a la región.
La organización del seminario subraya que las cocinas tradicionales —indígenas, campesinas, afrodescendientes y comunitarias— constituyen un patrimonio vivo que expresa diversidad, creatividad e historia compartida, pero también enfrenta amenazas derivadas de modelos industriales que homogeneizan los alimentos y debilitan prácticas locales de producción y consumo. En este sentido, el seminario destacó la importancia de la soberanía alimentaria, la defensa de las semillas, los intercambios culturales y la reconstrucción de vínculos entre territorio, comida y comunidad.
La actividad incluyó conferencias magistrales, presentaciones editoriales, mesas temáticas y conversatorios con protagonistas de distintas regiones, reafirmando que la cocina es también un espacio de resistencia, diálogo y organización social.
La Embajada de Japón en Costa Rica y el Ministerio de Cultura y Juventud, por medio de la Benemérita Biblioteca Nacional, se complace en invitarle a la inauguración de la exposición Japón: una vista histórica y cultural.
La exposición se realiza en conmemoración del 90 aniversario de las relaciones diplomáticas entre Japón y Costa Rica
La actividad será presencial el viernes 12 de diciembre a las 10:00 a.m. en la Benemérita Biblioteca Nacional. También se transmitirá por medio Facebook.
La exposición estará abierta al público del 12 diciembre 2025 al 30 de enero 2026, en horario de lunes a viernes de 8 a.m. a 6 p.m.
El Ministerio de Cultura y Juventud, por medio de la Banda Nacional de San José y la Benemérita Biblioteca Nacional de Sinabi, se complacen en invitarle al concierto navideño Entre villancicos y tamales con la Benemérita Banda Nacional de San José.
La actividad será presencial el jueves 11 de diciembre a las 10:00 a.m. en la Benemérita Biblioteca Nacional. También se transmitirá por el Facebook Biblioteca Nacional Costa Rica https://www.facebook.com/bibliotecanacional.mcj.cr/
El Ministerio de Cultura y Juventud, mediante la Benemérita Biblioteca Nacional del Sinabi, se complace en invitarle a la presentación de las obras Susurros deshabitados: antología de poesía costarricense y Heridas de libertad: antología de poesía social, presentado por Allan Herrera Sancho.
La actividad se realizará el miércoles 10 de diciembre a las 4:00 p.m. en la Benemérita Biblioteca Nacional. También se transmitirá por el Facebook Biblioteca Nacional Costa Rica https://www.facebook.com/bibliotecanacional.mcj.cr/
El Ministerio de Cultura y Juventud, por medio de la Benemérita Biblioteca Nacional del Sinabi, se complace en invitarle al concierto Un viaje a través del tiempo con Octavio D’Moretti con mandolina solo.
La actividad será presencial el martes 9 de diciembre a las 4:00 p.m. en la Benemérita Biblioteca Nacional. También se transmitirá por el Facebook Biblioteca Nacional Costa Rica https://www.facebook.com/bibliotecanacional.mcj.cr/
El enfrentamiento perenne entre la vida y la muerte, el amor y el dolor, la ciencia actual y la sincronicidad de Jung, la incapacidad de revertir ciclos y la resignación marcada por las etapas del luto, todo ellos están exactos como temas universales, pero traídos a esta modernidad debidamente sintetizados, sin rodeos teóricos, y profundamente humanos, para el lector de la más reciente novela publicada por el escritor, Carlos Morales y la editorial Prisma, con el título “ Es la historia de un amor”. No pasa de 200 páginas, letra sabrosa que no gasta bifocales y capítulos cortos, como saben apretar situaciones quienes monopolizaron el lenguaje preciso, sin marchitar el paisaje de cada palabra.
Un cineasta de esos que salen cada muerte de obispo comenzaría seguramente por la escena denominada “el primer ataque” -páginas 105 a 114 – cuando Sofía, elevada ya a Venus moderna por Alberto del Río, sufrió un dolor en el muslo izquierdo, a todas luces pasajero, pero que a la postre acabó con ese amor capaz de trascender más allá de lo humano.
No se trata de la “Historia de un amor” escrita por el panameño Carlos Eleta Almarán (1918-2013) y aireada en 1994 por el mexicano Luis Miguel. Tampoco guarda relación con esos melodramas hollywoodienses que, para vender y vender las parejas se cortan la venas, mezclan lágrimas, sexo y violencia, con empujones consecutivos contra todo lo que distingue el arte requerido como necesidad espiritual de la persona, con su lucro sin frontera y su basura.
En “Es la historia de un amor”, por el contrario, el lector encuentra un desfile de escenas de carne y hueso, que sienten el vacío del ser amado en huida, a veces en un hueco formado entre la boca del estómago y el lado izquierdo del pecho, el aroma de Sofía deslizándose sospechosamente por entre sabanas, en tanto se oye su risa cómplice como si ambos estuvieran tirados sobre la cama, la que nunca miente y es testimonio mudo de infinitos juegos de pareja; pero, de pronto, para que el dolor muerda profundamente, Del Río se percata que falta alguien de vital importancia. Y no volverá.
Sin embargo, Morales, quien hace rato entró ya en el selecto pabellón de escritores nacionales, como suele ocurrir con los grandes periodistas – gústenos o no –, jamás desaprovecha la ocasión para deslizar imperceptibles críticas que parecen inofensivas y hasta momentos pintados de alegría (son muchos años de conocerlo) a la tecnología y las ciencias.
Ocurre ello, como cuando la Sofia de su historia toca la campana en el benemérito Hospital Calderón Guardia, para contarnos que ahora está sana y sobrevivió a las bestiales sesiones de quimio y radio terapias, declarándola vencedora del cáncer. Visto, no obstante, el final de su Venus y el desenlace del que da fe su obra, esas líneas dejadas allí luciendo cierta inocentada, se convierten en filosas navajas, endiablados dardos de un problema actual, innegable, aunque el escritor, repito, nos quiere vender la idea de que son detalles necesarios y requerimiento obligatorios para su rica prosa.
Lo anterior, sin demeritar otros temas magistralmente hilvanados, como la parapsicología, la telepatía, los viajes astrales, sensaciones extracorpóreas, etc., todo en un mismo lugar, por encima además de las amenazas religiosas y que hoy son desafiadas gracias al desarrollo de las redes sociales y el descrédito de quienes miden todo, tocan todo y, cuando no encuentran una explicación lógica del fenómeno, pues éste, no existe. Y punto.
Aquello, a pesar de que mucho de lo declarado inexistente, porque a la luz de nuestro conocimiento carece de fundamentos lógicos, de algo debe haber servido 4000 y 5000 mil años atrás a pasadas civilizaciones, pues parecieran no eran tan tontas en matemáticas, medios de navegaciones, ingeniería etc.
Un excompañero de filosofía, con quien mantengo contacto desde los viejos Estudios Generales en nuestra UCR, primero fue futbolista, después practicó artes marciales, quedó conmovido con la novela al extremo de confiarme que, tras leerla, lo puso a pensar en ese día que la Parca lo reclamará.
Sin embargo, ahora me decepciona un poco y me da la sorpresa del año, diciéndome que, como numerólogo titulado, entresacó de la novela una lluvia de datos ocultos para la mayoría de la gente sobre Sofía y el tal Alberto, con el fin de entender este amor sobre humano.
Faltaba solo eso. Me declaro culpable, porque resulta que, conociendo su dominio de la filosofía, quería saber qué pensaba de esta obra. Llévatela, le dije, en una semana nos vemos y si no pasas una especie de quiz que te haré, te llevas el expediente y me das el libro. Estás ya viejo para que andes en la vagabundería de convertir uno y ocho en nueves, cincos más unos en seis etc. Pon la cabeza sobre la tierra, le había regañado, pensando era una obra de mal gusto, sabiendo él que este mortal jamás memorizó ni siquiera la tabla del cinco.
Ignoró de donde sacó un 18, un 19, un 50, un 1975 etc., de dicha novela, pero él jura y perjura que todo el dolor y desatino narrado por el viejo Alberto es absolutamente sincero
Bajá la voz, le dije, mientras le agregaba: acá todos van a misa los domingos, dos están en el coro y esas cosas están prohibidas por algunas religiones; no quisiera que algunos de ellos vayan donde el cura de La Merced y vengan a llenarme el despacho de incienso. ¿No ves acaso que soy asmático?
Sofía vino, prosiguió casi balbuceando, a cerrar y abrir ciclos en todo lo que estaba a su alrededor. A enseñar que toda grandeza está constituida por simpleza y sencillez; no está en lo que ostentamos, sino en lo que no nos hace falta. Por eso tiene dos nueves en su nacimiento, añadió, son principios y fines Por eso, enfatizó muy serio, Alberto desafió la famosa “puerta negra” en la obra, y en un mes, en que revientan los abejones y, durante el año, cuya suma de todos los numero da veintidós, se juraron “hasta la muerte los separe”.
Nada de eso consta en la obra, excepto la tal puerta y un papá de la muchacha que no le aflojaba un dieciséis al noviecillo ese.
“Te digo algo más: Esas dos personalidades tan distintas y a la vez tan iguales, fueron las que enloquecieron al viejo Del Río, me dijo murmurando
Difiero contigo en eso de almas gemelas, números asignados ya por el Universo, etc. Creo, más bien, le dije sin tapujos, no vaya a ser que me llene la oficina de libros de numerología, que ese amor entre Sofía y Alberto, más allá de lo humano, está en las diferencias de clase que encontrará el lector en esta obra, así como las profundas diferencias de ver y hacer el mundo.
En todo caso, por el lado que se lea “Es la historia de un amor”, hay temas y escenas como para que un buen cineasta se haga loco. ¡No exagero!
“Detrás de todo gran hombre hay una mujer muy sorprendida” dice un chascarrillo trasnochado. En un libro que publiqué hace poco sobre las intensas relaciones internacionales de Centroamérica en el siglo 19 y parte del 20 –historias plagadas de varones en todos los momentos e instancias— dos mujeres brillan con luz propia en el oscurecido segundo plano de sus protagónicos maridos: María Josefa Lastiri, esposa de Francisco Morazán, y María Cristina Vilanova, esposa de Jacobo Árbenz. Una María abre el estudio y la otra lo cierra. (Valdez 2024).
María Josefa era hondureña, de familia prominente. Enviudó siendo aún muy joven de un rico hacendado de apellido Travieso, con quien tuvo cuatro hijos y de quien heredó su fortuna. Se casó en segundas nupcias con Morazán y comprometió patrimonio y seguridad en apoyo a su segundo marido, a quien financió varias de sus campañas y acompañó durante sitios y contiendas. En esta pareja ella era la de la plata.
María Josefa tuvo con Morazán una única hija, Adelita –como la del corrido de la Revolución Mexicana– quien siendo una bebé sobrevivió en brazos de su madre el repliegue desordenado que tuvo que hacer por las calles de San José bajo las balas de un enemigo comandado por europeos antiliberales de arribo reciente a Costa Rica. (Valdez 2025). Estuvo a punto de perder la vida en varios episodios con mortales adversarios de su marido, incluyendo agentes del imperio inglés. En una ocasión ella y Adela fueron capturadas por tropas de Carrera, el temible dictador antiliberal y pro-inglés de Guatemala. Fueron liberadas ilesas milagrosamente por Morazán y sus hombres.
Poco antes de ser fusilado en Costa Rica, Morazán concluyó su testamento político con una petición: “…tengo cuentas con la casa de Mr. Bennett, de resultas de cortes de madera en la costa norte, en las que considero alcanzar… de diez a doce mil pesos, que pertenecen a mi mujer en retribución de las pérdidas que ha tenido en sus bienes.” Parece claro que esos fondos no llegaron a su destinataria, como tampoco lo hicieron los 625 pesos no cobrados por Morazán de su salario que Lastiri reclamó inútilmente al gobierno de Costa Rica. María Josefa Úrsula Francisca de la Santísima Trinidad Lastiri Lozano, ex primera dama de Centroamérica, Costa Rica, El Salvador y Honduras murió en El Salvador en 1846 en la miseria.
Cuando los restos de Morazán fueron llevados de Costa Rica a El Salvador en 1849 –donde él pidió que reposaran— fue exhumada y colocada en capilla ardiente junto con su esposo. Largas filas se formaron durante días en el Templo de la Concepción para rendirles tributo, antes de que fueran enterrados en el Cementerio General, hoy Los Ilustres, cuyo reconstruido “Mausoleo de Morazán” es también un sitio de peregrinación en honor a María Josefa.
María Cristina Vilanova era salvadoreña, también de una familia pudiente, lo que no resta sino agrega méritos a las dos. Educada en Estados Unidos y de “ideas progresistas”, fue una feminista temprana. Conoció al joven oficial descendiente de suizos –con quien el flechazo mutuo fue inmediato— en eventos de equitación en Guatemala. Voces de oposición al gobierno se quejaron de la influencia que María Cristina tuvo sobre su marido, con quien conversaba largas horas. Ella habría estado entre quienes “le metían cosas en la cabeza” al coronel. Fue la primera primera dama de Centroamérica en tener un despacho en casa presidencial y llevar a cabo un programa de obras sociales, que focalizó en comunidades indígenas.
Acompañó cercanamente a su marido en toda la experiencia, incluyendo un prolongado, humillante y traumático exilio –su hija Arabella, modelo y actriz, se suicidó en 1965 en un hotel en Bogotá, Colombia. Tuvo que sufragar los gastos de la familia vendiendo sus propiedades en El Salvador (varios países no permitieron que Árbenz trabajara). Luego de la súbita muerte de Árbenz en 1971 durante una visita a México (se ha afirmado que fue un suicidio), lo enterró discretamente en El Salvador. En 1995 acompañó sus restos a Guatemala cuando el gobierno de Ramiro De León Carpio decidió repatriarlos con honores. Murió en Costa Rica en 2009 rodeada de nietos y familiares ticos. Los restos de Jacobo Árbenz reposaron en el mausoleo de la familia Vilanova en el Cementerio Los Ilustres de San Salvador por un cuarto de siglo. (Vilanova de Árbenz, 2000).
1- María Josefa Lastiri
2- María Cristina Vilanova de
Árbenz
3- Adela Morazán Lastiri
He encontrado datos interesantes en La batalla del amor: María Josefa Lastiri, un libro de la hondureña Elvia Castañeda de Machado, de seudónimo Litza Quintana, publicado en 1991 por la Academia de Historia y Geografía de Honduras. Es un libro laudatorio de María Josefa y Morazán, patriótico, abundante en información genealógica de la pareja y sobre sus vidas y luchas. Incluye un valioso anexo documental. María Josefa es una heroína del amor por su marido y por la causa.
Como lo revela Litza Quintana, Adela Morazán Lastiri tuvo una larga vida. Nació en San Salvador en 1838 y murió en 1921 en Santa Tecla, una fresca y próspera vecindad también en el país preferido de sus padres. El historiador Salvador Turcios R. la visitó allí en 1911, diez años antes de que falleciera, y reportó que “no obstante su edad avanzada y sus muchos sufrimientos desde la infancia (debido a la agitada vida de su famoso padre) [¡y de su madre!] ´presentaba un cuerpo alto y recto y conservaba el perfil cesáreo de su glorioso progenitor´”. Para mí que se parecía mucho a María Josefa quien al enviudar de su primer esposo no sólo era joven y rica, sino también, como dice Quintana, una “mujer plena, hermosísima, distinguida y de singular inteligencia.”
Adela tuvo cuatro hijos con un hondureño notable de nombre Cruz Ulloa, quien participó en política en El Salvador y fue ministro de los presidentes Francisco Dueñas y Francisco Menéndez. Uno de los hijos de la pareja, Francisco Ulloa Morazán, fue a su vez el padre de Aída Ulloa Maine, nacida en 1899, la primera esposa del padre del poeta Roque Dalton. Aída y el estadounidense Winnall Dalton Vásquez (su madre era mexicana) tuvieron cinco hijos que fueron enviados por Winnall a Tucson, Arizona, después de la muerte prematura de Aída.
El dato que la fallecida primera esposa de su padre y madre de sus cinco medio hermanos era biznieta de Morazán y María Josefa, fue probablemente desconocido por Roque Dalton, o no le dio importancia –en general tenía en baja estima a los próceres de la historia oficial. En mi criterio, sin embargo, no lo supo, de lo contrario habría escrito o comentado algo, se habría inventado algún cuento.
No tuvo comunicación con sus medio hermanos ni con nadie de ese lado de la familia, del que estuvo excluido o apartado. No se refiere al asunto en ningún texto conocido, incluso en los que ficcionaliza profusamente sobre su acaudalado y distante padre. Imagina a Winnall (nombre que significa “ganalotodo”) como un “cowboy” de película del Oeste, descendiente del Clan Dalton de asaltabancos de Kansas, del pirata Dalton, un rudo pistolero que contrabandeó armas para Pancho Villa. (Atwood, 2022).
Fácilmente pudo haberlo convertido, por decir algo, en un karma justiciero contra los ingleses por haber asesinado al ilustre bisabuelo de Aída y sumido en una crisis convulsiva a la valiente María Josefa –quien además era homónima de la madre de Roque. Fue Winnall el autor de un célebre epígrafe que Roque Dalton incluyó en el poemario Taberna y otros lugares: “Ponga usted a una honorable familia inglesa a vivir dos años en El Salvador, y tendrá cuervos ingleses para sacar los ojos a quien quiera.”
Otro dato que Dalton ignoró, como lo atestigua su hijo Juan José Dalton Cañas, es que, también por el lado de Winnall, era primo de Linda Ronstadt, la célebre cantante pop estadounidense de raíces mexicanas nacida en Tucson, Arizona.
Referencias
Atwood, Roger (2011). Gringo iracundo: Roque Dalton and His Father. Latin American Research Review,Vol 46, Núm. 1, pp. 126-149. Publicado online por Cambridge University Press, septiembre de 2022.
De Machado, Elvia Castañeda, o “Litza Quintana”. (1991). La batalla del amor: María Josefa Lastiri. Tegucigalpa: Academia de Historia y Geografía.
Valdez, R. M. (2024). La estrategia del puercoespín: Centroamérica y el paso entre los océanos, 1821-1969. San Salvador: edición conjunta de las universidades Don Bosco y Evangélica de El Salvador. (Disponible en Amazon).
Valdez, René Mauricio (2025). ¿Quién mató a Francisco Morazán? Costa Rica: SURCOS Digital. También publicado por Gazeta de Guatemala y ContraPunto de El Salvador.
Vilanova de Árbenz, María Cristina. (2000). Mi esposo el presidente Árbenz. Guatemala: Editorial Universitaria, 2000.
Empieza una semana intensa en Ecuador.Hemos dejado atrás un día de mucha emoción magnética al encontrarnos con ese paradigmático lugar llamado la mitad del mundo.Dicen que las búsquedas internas empiezan reconociéndose desde el centro con todo lo que esté presente. Ciertamente debo confesar que estar en ese lugar emblemático me movilizó de una forma que aún trato de comprender.
Empieza una semana inolvidable en Quito, la capital de la poesía, y otros sitios de ese resiste Ecuador, a través de la Edición VXII del Festival Internacional de Poesía Paralelo 0.Y es ciertamente por allí, por ese lugar exacto del corazón donde se cruzan los dos hemisferios, es por allí que la poesía hizo su trabajo.
Es una mañana fría de lunes en un Quito que volví a reconocer.No era mi primer viaje a este hermoso país.Entonces mi experiencia había sido otra, más académica, en la que tuve el honor de celebrar junto a otros y otras colegas investigadoras del sistema FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales)los 50 años de aporte a la sociedad regional.
Entonces eran otras mis ideas sobre la movilidad humana, la desigualdad, el racismo.Ahora con un poco más de horas de vuelo recorridas confirmo, recompongo, construyo desde el lugar más digno que me puede dar la palabra: la poesía.
Esa mañana nos dirigimos en un taxi hacia un centro educativo donde nos esperan alrededor de 80 jóvenes.A bordo viaja la historia Latinoamericana de aquellos que han resistido una dictadura, de quienes han hecho de la poesía un acto político permanente. Es una figura menuda, más bien reservada, que cuando dice su poesía obtura una de las voces más potentes que mis oídos han escuchado alguna vez en un encuentro como estos.
Elvira Hernández, (seudónimo de quien en realidad es Rosa María Teresa Adriasola Olave) es una poeta chilena, que dice lo que tiene que decir desde su palabra y la legitimidad que le otorga ser una de las voces más intensas de la poesía latinoamericana en estos momentos.
Con ella, apenas en las primeras horas de este torbellino poético que nos atravesó a quienes fuimos invitados, viajo en un taxi en una fría mañana de Quito, a encontramos con 80 muchachos y muchachas que estoy seguro nos devolvieron con mucha alegría y emoción algo de lo que nuestros textos les evocaron.
Con Elvira viajo.Elvira, la que en la ceremonia de entrega del Premio Nacional de Literatura en Chile en el año 2024 dijera: “Pertenezco a una generación que se forjó en la época de la dictadura y en ese periodo la poesía se fortaleció. Fuimos una palabra coral que creo que habría que examinar porque es parte de la historia”.Ella, la segunda mujer chilena en la historia en recibir ese galardón.Ella que al responder las preguntas de los y las estudiantes significó el poder de la palabra y el lenguaje contra el silencio. Ella.
No puede haber silencio cuando la belleza cruza un corazón y lo subvierte.
Durante todo el encuentro (que transcurrió en una semana)pensé en mi propio proceso. Pensé en los caminos recorridos, las distancias acortadas, mi relación ahora distinta con la academia y el pensamiento académico.No es que me aparte de su importancia.Es que pienso que si no le acompañas de un poco de fibra sensible, te volvés un autómata de los libros, de los seminarios, de los coloquios.
Para mí el reconocimiento viene ahora desde otro lugar, menos tallado con las aspiraciones personales y más labrado con la satisfacción de que pudiste encontrar sintonía con otros seres humanos a los que ni siquiera conoces.Más desde lo colectivo.
Eso me ocurrió de forma profunda en la lectura organizada por la Dirección de Cultura en el Municipio de Latacunga, provincia de Cotopaxi. Recibidos por el cálido Gabriel Cisneros, la inmensa Steffany Almeida y el escritor Miguel Ángel Rengifo, esa ciudad nos abrazó tanto que aún puedo percibir su calor, a pesar de la habitual baja sensación térmica que la caracteriza.
Esa noche, al leer el texto que dedico a la pérdida de la memoria de mi padre, noté que una joven no podía contener sus lágrimas. Al terminar la lectura se acercó y me agradeció por ese texto. Su abrazo se quedó en mí como suele ocurrir cuando te abrazan desde adentro.Otro asistente me confesó que se había emocionado tanto, porque su padre había fallecido hace 4 años y nunca había podido expresar nada sobre su partida.Mi poesía lo llevó a eso: apalabrar. Quedamos en que alguna vez m enviaría lo que escribiría. Aguardo con gratitud y afecto.
De este encuentro en Latacunga me llevo los abrazos con Yanier, Gaby, Ricardo, Ernesto y Adalber, poetas entrañables con los que compartí 24 horas de una extraordinaria complicidad.En particular con Ricardo, poeta argentino con quien salí a caminar y recorrer ese hermoso lugar que nos recibió con los brazos abiertos.
Y es que fueron tantos momentos con poetas de aquí y de allá: Juan Carlos, Néstor, Yolanda, Mar, Piero. Y las entrañables Verónica, Amanda y Lucrecia, con quienes crucé en momentos de alta espiritualidad poética.Sé que no los nombré a todos y todas. Pero deben saber que están allí, como dice la canción de Ángeles Negros, “en un rinconcito de mi corazón”.
Ahora la tarde es una hermosa cortina de teatro que se abre para encontrarnos. Hace sol y un verdor nos acuerpa con su luz. Son las últimas horas de festival y hay una inevitable emoción de nostalgia que empieza a recorrernos. Solo la podemos esquivar con el ritual de las fotografías y los últimos intercambios de libros. Pero sabemos en el fondo que lo inevitable está a punto de ocurrir
Esa tarde de clausura nos despide un hermoso sitio dedicado al arte, enclavado en las montañas de Quito. La Galería Sara Palacios nos abrigó para que entregáramos nuestros últimosalientos con nuestra voz. Y correspondimos.
Nos llevamos tanto afecto, tanta nueva tribu, tanta poesía para seguir diciendo sobre la violencia, el genocidio, la migración, la pobreza, el amor, la vida cotidiana, el padre, la madre, el dolor, la sensualidad, el fútbol, la sonrisa… tanta nueva red que vamos tejiendo para no desamarrarnos jamás.
Durante los días de Festival le agradecí de varias maneras al maravilloso Xavier Oquendo por su invitación, extensiva a su grupo de trabajo. Hace unos años nos conocimos en el Festival de San Cristóbal de las Casas invitados por nuestra querida Tía Chary Gumeta.Allí escuché al poeta Oquendo por primera vez.Pero también escuché al cantante Oquendo entregarlo todo en el escenario de un mítico Karaoke sancristobalense, cantando algo de su querido Aute.
En recuerdo, escribí algo que salió publicado en mi último libro Almas Pequeñas (Editorial La Chifurnia, El Salvador, 2024).
Amigos, amigas, ya que tengo su atención, les voy a leer un poema:
SLOWLY
De los maderos bajan todavía al encuentro de los puentes, las amnistías en bocas parecidas a las tuyas. Nos piden firmeza Pero los mástiles Están tristes esta tarde Y no somos los de siempre. Reconozco que no es buen día Para soltar amarras traer el alimento y el pan, Significar el grito, reprimir el firmamento que en vos se acuesta. Hago el pasto lo huelo y me acurruco en su tibieza, como el más contundente ser, despacio y azul, sobre las horas.