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Presentación del libro «Voluntad férrea” de José Rivas

El Ministerio de Cultura y Juventud, por medio de la Benemérita Biblioteca Nacional del Sinabi, la Editorial del Norte y el Colegio de Profesionales en Geografía y Cartografía de Costa Rica se complacen en invitarle a la presentación del libro Voluntad férrea de José Rivas y presentado por MSc. Jorge Eduardo Rodríguez Campos, Presidente del Colegio de Profesionales en Geografía y Cartografía de Costa Rica.

La actividad será presencial el martes 27 de enero a las 2:00 p.m. en la Benemérita Biblioteca Nacional y también transmitida por el Facebook https://www.facebook.com/bibliotecanacional.mcj.cr/

Recuperando nuestro pasado: presentación de dos libros de Carolina Mora Chinchilla

El Ministerio de Cultura y Juventud, por medio de la Benemérita Biblioteca Nacional del Sinabi y la Escuela de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica, se complacen en invitarle a la presentación de los libros José María Cañas: un hombre leal (1809-1860) y La guerra de 1856-1857: Centroamérica en medio de dos imperios que luchan por un canal interoceánico de la M.Sc. Carolina Mora y presentado por Dr. Arnaldo Moya Gutiérrez.

Esta actividad es parte del ciclo «Recuperando nuestro pasado«.

La actividad será virtual el lunes 26 de enero a las 3:00 p.m. y se transmitirá por el Facebook https://www.facebook.com/bibliotecanacional.mcj.cr/

Calufa vive: militancia comunista, antimperialismo y lucha por la verdadera libertad del pueblo

Partido Vanguardia Popular

Al conmemorarse el 117 aniversario del natalicio de Carlos Luis Fallas (1909-2026), el Partido Vanguardia Popular – PVP y la Juventud Vanguardista Costarricense – JVC, reivindicamos con orgullo y convicción revolucionaria el ejemplo vivo de su militancia comunista, de su coherencia ética y política, y de su entrega total a la causa de la clase trabajadora y de los pueblos oprimidos. Calufa no es una figura del pasado ni una postal folclórica de la historia nacional; es una presencia activa en cada lucha contra la explotación, en cada acto de resistencia frente al imperialismo norteamericano, en cada esfuerzo por construir una Costa Rica verdaderamente libre, soberana y justa.

La vida de Carlos Luis Fallas es la demostración concreta de que la conciencia de clase no nace en los salones, sino en el trabajo duro, en la pobreza, en la explotación cotidiana, en la organización colectiva y en la lucha sin concesiones. Su militancia comunista fue inseparable de su práctica revolucionaria, estuvo del lado de los obreros bananeros frente al saqueo de la United Fruit Company, del lado de los perseguidos frente a la represión estatal, del lado del pueblo cuando el poder económico y político pretendía imponer el silencio, el miedo y la resignación. Calufa encarnó al intelectual orgánico del proletariado, forjado en la experiencia directa de la explotación y en la convicción profunda de que solo la organización popular puede abrir camino a la emancipación.

En tiempos en que se pretende vaciar de contenido la palabra democracia y reducirla a un ritual electoral al servicio del capital, el ejemplo de Calufa nos recuerda que no hay verdadera democracia sin justicia social, sin soberanía nacional, sin control popular sobre la riqueza y sin ruptura con las cadenas del imperialismo. Su obra y su militancia denuncian, ayer como hoy, que la dependencia económica, la injerencia extranjera y el dominio de las transnacionales son incompatibles con la libertad real de los pueblos. Frente al discurso hipócrita del imperialismo norteamericano, que habla de derechos mientras impone guerras, saqueo, pobreza y miseria, Calufa nos lega una posición clara, dignidad, lucha y organización.

Desde el Partido Vanguardia Popular – PVP y la Juventud Vanguardista Costarricense – JVC afirmamos que honrar a Carlos Luis Fallas no es solo recordarlo, sino continuar su combate. Es asumir con optimismo revolucionario que el futuro pertenece a los pueblos que luchan, que Costa Rica no está condenada al neoliberalismo, a la desigualdad ni a la sumisión, y que es posible construir una patria al servicio de la clase trabajadora, en solidaridad con todos los pueblos oprimidos del mundo. Calufa vive en cada trabajador que se organiza, en cada joven que se rebela contra la injusticia, en cada voz que se alza contra el imperialismo y el capital. Su legado es una bandera en alto, y su ejemplo, una certeza histórica, la lucha continúa y la victoria será del pueblo.

Conversatorio sobre el libro «Teatro de Mora. Primera sala de espectáculos en San José y Centroamérica 1850-1890»

El Ministerio de Cultura y Juventud, mediante la Benemérita Biblioteca Nacional de SINABI, se complace en invitarle al conversatorio  sobre el libro Teatro de Mora.  Primera sala de espectáculos en San José y Centroamérica 1850-1890 de Ligia María Rosales Chacón. Participan en la actividad  el Dr. Guillermo Carvajal Alvarado, el Arquitecto Luis de la O Jiménez y la autora.

El conversatorio será presencial el miércoles 21 de enero a las 3:00 p.m. en la Benemérita Biblioteca Nacional. También se transmitirá por el Facebook Biblioteca Nacional Costa Rica https://www.facebook.com/bibliotecanacional.mcj.cr/

Jean Jacoby: el campeón del arte olímpico

Gabe Abrahams

Jean Jacoby fue el único artista que consiguió ganar dos medallas de oro en las competiciones de arte de los Juegos Olímpicos, aunque su carrera se vio afectada al final por el ascenso del nazismo. Esta es su apasionante biografía.

Jean Lucien Nicolas Jacoby, conocido como Jean Jacoby, nació el 26 de marzo de 1891 en la ciudad de Luxemburgo, la capital del Gran Ducado de Luxemburgo. Sus padres fueron Michel Jacoby, un ferroviario, y Marguerite Bauer, una aristócrata.

Tras pasar su infancia y juventud en Molsheim, Alsacia, Jacoby se trasladó finalmente a Estrasburgo y estudió en la École des Beaux-Arts de la ciudad.

En 1912, el joven Jacoby pasó a ser profesor de dibujo en el Lycée Fustel de Coulanges de Estrasburgo. Y, un año después, se casó con la profesora de diseño Anne Augustine Rose Richter. En 1916, la pareja tuvo un hijo: Regnard (René) Charles Jacoby. En ese periodo de su vida, Jacoby realizó bastantes dibujos, alguno dedicado a su mujer.

Ya en 1918, Jean Jacoby se trasladó a la ciudad de Wiesbaden, donde trabajó de pintor. Y, al año siguiente, se mudó a Fráncfort, para asumir la dirección de una imprenta. Entonces Jacoby dibujó una serie de litografías de lugares emblemáticos de Estrasburgo, las cuales fueron publicadas juntas en una edición de diciembre de 1919.

Aficionado al deporte desde los primeros años veinte, en 1923, Jacoby empezó a demostrar públicamente su extraordinaria valía como artista al ganar el concurso del diario francés L’Auto, gracias a un dibujo de un corredor que saltaba una valla. En aquellas fechas, L’Auto tenía un tiraje de cerca de 300.000 ejemplares y un gran prestigio.

En 1924, Jean Jacoby ratificó su gran valía como artista al ganar la medalla de oro en el concurso de pintura de los Juegos Olímpicos de París 1924, gracias a su obra Étude de Sport, la cual incorporaba tres pinturas: Corner, Départ y Rugby. Tras él, quedaron clasificados Jack Butler Yeats, hermano del poeta y Premio Nobel de Literatura (1923) William Butler Yeats, y Johan van Hell, un artista y pintor del Realismo Social no muy conocido, pero con obras de interés.

En el concurso de arquitectura de los mismos Juegos de París, quedó segundo Alfred Hajós, doble campeón olímpico de natación y destacado arquitecto sobre el cual escribí un artículo en marzo de 2024.

En el jurado de arte de los Juegos de París, participaron personalidades como Selma Lagerlöf, la primera mujer en obtener el Premio Nobel de Literatura (1909), y el destacado músico Ígor Stravinski.

Cabe añadir que los concursos de arte formaron parte de los Juegos Olímpicos desde los Juegos de Estocolmo de 1912 hasta los de Londres de 1948, estando divididos en diversas categorías como literatura, música, pintura, escultura y arquitectura.

En 1926, Jean Jacoby empezó a trabajar para la editorial Ullstein como director artístico de varios de sus periódicos: el Berliner Illustrirte Zeitung, el Die Grüne Post… Y eso provocó que acabase viviendo en Berlín y que realizase una importante labor hasta el año 1934. En ese periodo de tiempo, por ejemplo, Jacoby dibujó con maestría a algunos de los mejores deportistas de la historia como el nadador Johnny Weissmuller, los tenistas René Lacoste y Bill Tilden o los corredores Paavo Nurmi y Ville Ritola, entre otros.

En 1928, Jacoby se presentó en el concurso de pintura (sección dibujos y acuarelas) de los Juegos Olímpicos de Ámsterdam y no defraudó. El pintor se colgó otra vez la medalla de oro con su obra Rugby, de igual nombre que una de sus tres pinturas de los Juegos de París de 1924. Y, de esta forma, pasó a ser el único artista con dos oros olímpicos en los concursos de arte de las olimpiadas. Nadie ha conseguido arrebatarle esa posición desde entonces, debido en parte a que los Juegos Olímpicos dejaron de admitir esos concursos a partir de su edición londinense de 1948.

En los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1932 y Berlín 1936, Jean Jacoby volvió a participar en los concursos de arte, pero no pudo conseguir una tercera medalla de oro. En los Juegos de Berlín, Jacoby presentó obras de mayor nivel que sus rivales, pero el comité organizador controlado por el ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels decidió no otorgar la medalla de oro a ningún participante, para evitar de esta forma concedérsela a Jacoby.

Desde 1934, el régimen nazi que gobernaba Alemania tenía constancia de que Jean Jacoby trabajaba en la editorial Ullstein, de la familia judía Ullstein, y que él portaba un apellido de origen judío. Y, además, conocía su ideología de izquierdas, así como su amistad con Wilhelm Gronke (Bill Gronke), el deportista, marinero y jefe del Servicio de Seguridad Naval de la Revolución comunista de 1918-1919 que intentó crear un Estado obrero en Alemania. Y todo eso provocó que el comité de los Juegos de Berlín evitase otorgar a Jacoby el oro olímpico que merecía por su obra.

Al cabo de poco tiempo de terminar los Juegos Olímpicos de la Alemania nazi, en concreto el 9 de septiembre de 1936, Jean Jacoby falleció con solo 45 años de un ataque cardíaco en su casa de Mulhouse, ciudad francesa a la que se había mudado dos años antes al observar el acoso contra los judíos y las personas de ideología de izquierdas por parte del régimen nacionalsocialista alemán. Dejó para la posteridad sus dos medallas de oro olímpicas en arte y decenas de obras magníficas, muchas dedicadas al mundo del deporte. Su final resultó inesperado y también amargo por lo ocurrido en los Juegos de Berlín.

La segunda esposa de Jean Jacoby, la artista María Jacoby (Maria Anna Kasteleinerera antes del matrimonio), le sobrevivió, emigró a Estados Unidos, se casó de nuevo y falleció en 1990, en Rocky River, Ohio, cerca de los 90 años.

Desde su fallecimiento, Jean Jacoby recibió reconocimientos y homenajes diversos. En agosto de 1937, se erigió un monumento en su honor en la ciudad de Schifflange, Luxemburgo, diseñado por el pintor, escultor y artista olímpico Wenzel Profant, quien fue miembro de la Resistencia. Monumento que acabó siendo destruido en 1940 por las tropas nazis cuando invadieron Luxemburgo. Y, después, el estadio deportivo de Schifflange cambió su nombre por el de Stade Jean Jacoby.

En 1967, Adolphe Deville publicó el libro Jean Jacoby, centrado en la vida del pintor. Y, en diferentes fechas, aparecieron sellos postales en Luxemburgo que utilizaron imágenes de las obras de Jacoby. Unos estuvieron dedicados a los Juegos Olímpicos de Helsinki de 1952. Otros a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles del año 1984.

Transcurrido casi un siglo del adiós de Jean Jacoby, todavía se le recuerda con una cierta frecuencia. Cada vez que se acercan unos Juegos Olímpicos, se habla de él y de sus dos oros olímpicos en arte. Y siempre que se trata la cuestión de la presencia del arte en los Juegos, su nombre aparece irremediablemente. Resulta lógico y normal, muy normal, porque nadie ha conseguido lo que él logró, dos medallas de oro en arte, y, sobretodo, unir arte con deporte y proyectarlos del Olimpo a la eternidad.

Exposición documental «Voces poéticas de Costa Rica»

El Ministerio de Cultura y Juventud, por medio de la Benemérita Biblioteca Nacional, se complace en invitarle a la exposición documental Voces poéticas de Costa Rica, en conmemoración del Día Nacional de la Poesía.
 
La exposición estará abierta al público del 12 enero al 31 de enero 2026, en horario de lunes a viernes de 8 a.m. a 6 p.m.

Exposición de fotografía «Poesía efímera» de la artista Mariechen Wust

El Ministerio de Cultura y Juventud, por medio de la Benemérita Biblioteca Nacional, se complace en invitarle a la inauguración de la exposición de fotografía Poesía efímera de la artista Mariechen Wust.
 
La actividad será presencial el jueves 15 de enero a las 3:00 p.m. en la Benemérita Biblioteca Nacional. 
 
La exposición estará abierta al público del 15 enero al 26 de febrero 2026, en horario de lunes a viernes de 8 a.m. a 6 p.m.

Concierto folk rock para comenzar el año con música y encuentro en San Pedro

Un concierto de folk rock propone iniciar el año con música, presencia y afecto, en una tarde dedicada al encuentro y a la escucha compartida. La actividad se realizará el domingo 11 de enero de 2026, a partir de las 2:00 de la tarde, en Mundoloco, en San Pedro.

El repertorio rendirá homenaje a referentes del folk y el rock como Bob Dylan, The Byrds, Crosby, Stills, Nash & Young, con interpretaciones que evocan una tradición musical asociada a la palabra, la sensibilidad social y la búsqueda de sentido. Le invitan Manuel Monestel, Álvaro Fernández y Máximus Psicodélicus.

La actividad invita a compartir una experiencia cercana y cálida, pensada como un espacio para comenzar el año desde la música y el encuentro humano.

La entrada tiene un costo de ₡8.000 en preventa y ₡10.000 el día del concierto.
Las reservaciones y consultas pueden realizarse por WhatsApp o SINPE al 8827-4036, indicando el nombre de la persona interesada.

Desde la organización señalan que se trata de una propuesta para encontrarse a través de la música y abrir el año con una experiencia cultural que privilegia la cercanía y el disfrute colectivo.

Plata nueva

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Recién en estos días de descanso termino de leer la novela “Era más grande el muerto” (Editorial Seix Barral, 2017) del escritor colombiano Luis Miguel Rivas. Con una pluma magistral en la que intercala humor negro, lenguaje coloquial y análisis crítico acerca de la dureza que produce la guerra del narcotráfico en su país, Rivas logra recrear un escenario en el que ternura, pobreza, poder, violencia se intercalan en una narrativa frenética, casi asfixiante, pero de la que se sale bien librado gracias a esos momentos hilarantes en los que la risa logra salvarnos del dolor y la tristeza por lo leído.

Ambientado en la ciudad de Villalinda, quizá en la Medellín de los años ochenta y noventa, la ficción toma de la realidad aquellos elementos que la vuelven certera: la lucha por el control del territorio entre dos enconados rivales en los negocios y el narcotráfico (Don Efrem y Moncada), antes amigos, que no cesan en su objetivo de acabar con el otro hasta que lo logran.

En medio de este trazo de realidad que flanquea hoy varios de nuestros pueblos latinoamericanos, ese realismo mágico que aún persiste como signo narrativo de los tiempos actuales aparece en la pluma de Rivas para dejarnos una joya de trama: el negocio que produce la ropa de aquellos que son asesinados en el conflicto, el estatus que ganan, por unos cuantos billetes, muchachos jóvenes que acuden al “distribuidor” de la mercancía ( si, en este caso el cuerpo inerte se convierte en valor de cambio en una sociedad que ha perdido la razón) y las consecuencias que derivan de la puesta en escena de un negocio inimaginable, imposible. Eso que hoy llaman outfit encargado a un cadáver.

Uno de los capítulos que me atraparon relata la transformación sociocultural y material que presentan varios de los pobladores de Villalinda, que son incorporados en los negocios del narcotráfico y asuntos comerciales conexos.

Es posible identificar quienes están en “la actividad” porque sus casas, su entorno, ellos mismos, experimentan cambios inmediatos que solo se explican con su participación en el ilícito negocio. Rivas llama a este cambio el producto de la entrada de “plata nueva” a la ciudad.

En un rápido intercambio con el autor a quien tuve el gusto de conocer este 2025 que ya se acaba en un Festival poético en Buenos Aires, Argentina ( Va Poesía 2025) le comentaba que era inevitable para mí no hacer la extrapolación al contexto costarricense, que ha visto transformaciones inmediatas en sus regiones más deprimidas: la disminución de la pobreza, el aumento de ingresos familiares y el rápido cambio del desempleo a ocupaciones “no declaradas” que solo se explican desde el funcionamiento de esa “plata nueva” , tan finamente construida como concepto por Luis Miguel.

Mientras escribo esta columna, por cierto, aparecen más detalles de la masacre en una cena navideña ocurrida en la localidad de Parrita, en el pacífico costarricense, en la que tres hombres fueron asesinados sin contemplaciones mientras disfrutaban con su familia el convivio de la fecha. Dos de ellos fueron víctimas colaterales.

Está claro: en los últimos años todo el aparataje logístico en la lucha contra el narcotráfico ha sido casualmente desmontado y de alguna manera mucho del aumento sin freno de los homicidios en lo que va de la presente administración en Costa Rica, es consecuencia de ajustes de cuentas, una figura literaria con la que Rivas explica la naturalización de la barbarie en esa ciudad paradójicamente llamada “Villalinda”.

Hemos entrado en una era sin retorno en Costa Rica. Tenemos ya muchas Villalindas en funcionamiento. A la vuelta de la esquina tendremos también líderes políticos empleados por estos poderes fácticos (si es que eso no está sucediendo ya) y serán ellos los que designen las políticas sociales y tomen las decisiones más importantes en el país.

¿Qué hacer? Les tengo una noticia para cerrar este 2025. Por primera vez en cinco años que llevo de compartir esta columna, me quedo sin palabras ante esta realidad que parece ficción. No es derrota: es sentido de lo obvio.

Por lo pronto tenemos como sociedad una oportunidad clara para intentar cambiar el rumbo de las cosas a partir de febrero. Que esa “plata nueva” no se nos convierta en ese nuevo contrato social que tanto buscamos recomponer.