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Diablitos Curré/Yímba 2025 ya tienen fecha

Será del 30 de enero al 02 de febrero

Por Uriel Rojas

La comunidad indígena de Rey Curré/Yímba, situada en la Zona Sur de Costa Rica, ha comunicado de manera oficial, que la fecha para realizar su Tradicional Juego de los Diablitos 2025 será del 30 de enero al 02 de febrero.

El Juego de los Diablitos es una de las tradiciones indígenas más antiguas de nuestro país, que representa la memoria histórica de las luchas que tuvieron los antepasados borucas durante el proceso de “conquista”.

Esta tradición ancestral, por su gran simbolismo y coyuntura cultural fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de Costa Rica desde el año 2017 bajo el decreto ejecutivo Nº 40766-C.

La comunidad indígena Rey Curré se ubica en el cantón de Buenos Aires de Puntarenas, 220 km al SE de San José, sobre Carretera Interamericana Sur.

Para más detalles pueden consultar al WhatsApp 87093735.

Esta nota se elaboró con el apoyo de la profe Victoria Lázaro Ortiz.

Agradecimiento de Malpaís a la Mesa Nacional de Diálogo Social y Productivo por Festival SOMOS Democracia, Paz y Libertad

El grupo Malpaís agradeció a la Mesa Nacional de Diálogo Social y Productivo por Festival SOMOS Democracia, Paz y Libertad. En el mensaje se destaca la importancia de trabajar en todo el territorio nacional por la defensa de la democracia y el Estado Social de Derecho.

Le invitamos a escuchar el breve mensaje:

 Video compartido con SURCOS por la Mesa Nacional de Diálogo Social y Productivo.

 

Primer Festival “SOMOS democracia, paz y libertad” celebró la identidad costarricense y defendió la democracia en un contexto de creciente violencia

Comunicado

San José, 16 de diciembre de 2024

Este domingo, la Plaza de la Democracia se llenó de vida, arte y cultura en la primera edición del Festival “Somos Democracia, Paz y Libertad”, un evento que celebró los valores fundacionales de Costa Rica y convocó a casi 4,000 personas durante todo el domingo en defensa de la democracia, la paz y la libertad, en medio de los retos que enfrenta el país debido al incremento de la desigualdad, la violencia y los discursos de odio.

“Recordamos con orgullo las bases de nuestra democracia, que han permitido el ascenso social de muchas personas, pero también vemos con gran preocupación la realidad que enfrenta nuestro país. Como señala el último Informe del Estado de la Nación, vivimos un debilitamiento en nuestro pacto social”, destacó la presidenta de CONARE y rectora del TEC, María Estrada Sánchez, durante la firma de la Declaratoria por la Democracia, la Paz y la Libertad, acto central del evento.

El festival ofreció una amplia gama de actividades para toda la familia: talleres de yoga, cardio dance y teatro infantil, espectáculos de fuego, pintacaritas, mercaditos de emprendimientos nacionales, bandas comunales y un espectacular cierre musical con agrupaciones reconocidas como Son de Tikizia, Malpaís y los icónicos Hicsos, quienes llenaron el escenario con su energía y música que evoca la identidad costarricense.

Malpaís, frente a un atardecer espectacular, emocionó al público con un concierto inolvidable, mientras que los Hicsos cerraron la jornada con su sello inconfundible, consolidando al festival como una celebración única de la identidad costarricense. Desde techno e indie, hasta merengue y la visita sorpresa del Chinamo de Teletica, a la Plaza de la Democracia vibró con una oferta musical para todas las edades.

El evento fue organizado por la Mesa Nacional de Diálogo Social y Productivo, el Consejo Nacional de Rectores (CONARE), la Asamblea de Trabajadores y Trabajadoras del Banco Popular y el grupo Pro Costa Rica, en conmemoración de los 75 años de la Constitución Política y los 76 años de la abolición del ejército. La Plaza de la Democracia fue elegida como símbolo de este compromiso ciudadano con la libertad, la paz y la justicia social.

“En este contexto de creciente violencia y polarización, el Festival Somos Democracia busca promover espacios de unidad, reflexión y acción colectiva. La firma de la Declaratoria por la Democracia es un llamado urgente a proteger nuestros valores democráticos frente a las amenazas que enfrentamos como país”, enfatizaron las organizaciones.

La ciudadanía puede unirse a este movimiento firmando la Declaratoria por la Democracia, la Paz y la Libertad y obteniendo más información sobre actividades futuras en el siguiente enlace: https://linktr.ee/Mesa.dialogo.cr

El Festival “Somos Democracia, Paz y Libertad” se proyecta como un evento anual y espera llegar en sus próximas ediciones a todas las regiones del país, consolidándose como un espacio que une a las y los costarricenses a través del arte y la cultura en defensa de nuestra democracia.

Lo coloquial de un cumpleaños

Por Carlos Meneses Reyes

Primo Carlos PR. Nuestra conversación telefónica, dos días antes de tu cumpleaños, hizo que olvidara tan importante fecha para llamarte. Transitas por la ruta de la década de los 70 años. En ella se olvidan «dónde están las p(sic) llaves», teniéndolas al frente de los ojos, sin verlas. Buscando las gafas… y están puestas en la cabeza.

A nuestra edad, se agudizan los elementos de comprensión y el buen juicio diario. Como lector experimentamos el «esto ya lo sabía» o «ya lo comprendía y/o conocía».

Aún no he visto la película sobre los «Cien Años de Soledad». Gabo decía que ese tema no era apto para el cine. Él fue un maestro de la enseñanza del cine en la Academia Cinematográfica de Cuba. Difícil resulta plasmar el realismo mágico en cinta.

Hay pasajes imposibles como registrar el ambiente del relato que… ese día una línea de sangre recorrió el pueblo y llegó hasta donde Fermina Daza o la Iguarán, la tocó, estremeciéndola en su cuerpo con graves premoniciones

No podrá el cine plasmar el momento de la ascensión de Remedios, la bella. Tampoco el «clap – clap» de los huesos de los antepasados, en la mochila de la niña, chupándose el dedo ni el efecto de lo experimentado, por ella…al narrarlo.

¿Cómo ilustrar, en el cine, las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia, que en el imaginario fantasioso del lector, puede ser el aroma de los perfumes; o el olor de las flores; o la fragancia del ambiente, al él pasar?

No podrán los efectos visuales cinematográficos superar el realismo mágico en la mente del lector, cualquiera sea su edad. Por ello, la recomendación, luego de ver la película, es volver a leer la novela, del genial Gabriel García Márquez.

Recibe este relato como regalo de cumpleaños.
15-12-2024.

Festival SOMOS: Democracia, Paz y Libertad

Fecha: domingo 15 de diciembre de 2024

El Festival SOMOS, reprogramado tras las emergencias climáticas que afectaron al país, se llevará a cabo el 15 de diciembre como un espacio para conmemorar la democracia, la paz y la libertad en Costa Rica. Este evento será una oportunidad para celebrar la resiliencia y unidad nacional en un ambiente lleno de actividades culturales, recreativas y musicales. A continuación, el cronograma del día:

Apertura
-10:00 AM: Mercadito Socio Productivo y Presentación de la Banda de la Escuela Buenaventura Corrales

Talleres
-10:30 AM: Taller Cardio Dance

11:00 AM: Taller de Yoga
11:00 AM: Taller de Teatro Infantil

Conciertos
-13:00 h: Melena “Cuenta la Marimba”

13:30 horas: Son de Tikizia
15:00 h: Acto Protocolario y Pasacalles Comunales
16:30 horas: Malpaís
6:20 PM: Carly Lo / Show de Fuego
19:00 horas: Maldito Delorean
20:30: Los Hicsos

Este festival está organizado con el apoyo de la Mesa Nacional de Diálogo Social y Productivo, el Consejo Nacional de Rectores (CONARE), la Asamblea de Trabajadores y Trabajadoras del Banco Popular y Desarrollo Comunal, y el Grupo Pro Costa Rica.

Poema, Debates por el Futuro y la Esperanza: El niño que nació en el sur

En el espacio Debates por el Futuro y la Esperanza, en Facebook, se compartió el poema El niño que nació en el sur, escrito por José Luis Amador y declamado por Gilda Benavides.

Este poema está escrito en homenaje a la infancia del sur de Costa Rica en su diversidad étnica y cultural.

“El niño nació en el Sur.

Dicen que San José le hizo

una máscara de balsa,

una carretica de bueyes,

un acordeón chiquitito

y cientos de esferas de piedra,

perfectas como planetas

que adornan del Sur el piso.

Y puso la más linda a brillar

en el puro centro del cielo:

cascabel, estrella y zafiro,

la esfera-estrella del Niño.”

Le invitamos a ver la bella declamación de este poema mediante este enlace: https://www.facebook.com/share/p/14SbmmrqVe/

A propósito de la cultura peruana

Por Marlin Oscar Ávila

Me ha llamado la atención lo que comenta José Manuel Arroyo, sobre la población peruana.

Hace un buen tiempo visité el Perú y algunas de sus zonas (desde Lima hasta Piura). Quizás por las personas peruanas que me acompañaron y entrevisté, noté poco el clasismo al que se refiere el artículo citado.

Soy originario de Ciudad Colón (original Paicaca), provincia de San José, Costa Rica. Habiendo estado en más de 25 países y vivido en más de una docena de ciudades, puedo decir que las características sociales del Perú son, más que todo, marcadas por la población originaria o indígena. Al igual que ocurre en Guatemala, Bolivia, Ecuador y otros con marcada población donde los poblados originarios resistieron y sobrevivieron la esclavitud y crueldad a la que fueron sometidos.

En Costa Rica, casi desaparecen nuestros pueblos originarios. Apenas quedan ocho etnias en territorios bien delineados.

Personalmente, soy de tes blanca, caucásico y mis orígenes son europeos. Muchos de mis amigos centroamericanos piensan que soy el prototipo de un costarricense, porque no han visitado Costa Rica donde existen ladinos, mestizos, criollos, etc. Al visitarlo se enteran de que hay esa población igual que en el resto de la región. Pocos fueron los alemanes que después y durante la Segunda Guerra se refugiaron allí. Mis orígenes maternos son alemanes por mi abuelo quien era alemán, pero los paternos son de Paicaca.

La última vivienda del indio Venancio

Uriel Rojas

El Indio Venancio fue un personaje muy conocido en el cantón de Osa por tener grandes propiedades de tierras en las explanadas del Diquís previo a la llegada de la bananera.

Incluso cuando llegó la compañía, se negó a vender sus tierras y siguió cultivando sus productos, siendo una isla en medio de las fincas bananeras.

A pesar de que pasó mucho tiempo en una finca llamada El Gorrión, al final se trasladó a vivir en Cañablancal, donde murió en 1967 a sus 87 años.

Su última vivienda, estaba hecha de madera y fue construida por don Arnulfo García, un carpintero de origen nicaragüense que trabajaba para la Compañía Bananera en Palmar Sur por lo que se presume que “copió” el estilo de las casas de la compañía, para adaptarla a los gustos y necesidades de la familia del Indio Venancio Mora.

Era una casa grande, bastante alta, con aleros en la fachada principal y parte de la lateral superior.

El color del edificio tenía un acabado de pintura color blanco hueso con detalles en verde.

Entre las curiosidades que se le atribuía al Indio Venancio era, que tenía una Ceiba en su finca El Gorrión. Era un árbol inmenso y la compañía bananera siempre la quiso cortar, pero nunca pudo.

Cada vez que intentaban cortarla, la motosierra se dañaba. No hubo uno que sirviera, la que no se quebraba, no arrancaba, se jodía. Cuando el indio murió también la ceiba.

También tenía una saína que cuidaba su casa y era bien brava. Era más brava que un perro, pero solo obedecía órdenes de tatica Venancio y uno de sus criados. La saína era cuidadora, cuidaba con recelos su finca y se hizo vieja, muy vieja, hasta que murió. Dicen que don Venancio la quería como si fuera una persona.

Pero no solo eso era extraño en el mundo del legendario Indio Venancio.

Él tenía sus bananales y cacaotales interconectados por trillos que formaban un laberinto.

Pero, aunque había muchos frutos nadie le podía robar nada. El que lo intentaba, cuando cargaba su jaba para huir del lugar, el camino que tomaba lo llevaba a la casa de tatica Venancio. Parecían caminos embrujados, nadie se salvaba, ni sus familiares, era algo extraño.

Esa finca era como mágica, el indio era como hechicero. Pero nadie pudo con Venancio mientras estuvo en vida, él murió siendo un rebelde.

Y aparte de todo esto, el indio se reunía unas tres veces al año con otros amigos que venían de Talamanca y otros de Boruca.

Se quedaban varios días en su casa y tenían rituales nocturnos. Hacían fogatas y comían carne silvestre.

A veces curaban enfermos indígenas, también a algunos vecinos, otros familiares.

Los no indígenas le tenían miedo porque tenía una apariencia de muy bravo, y algunos decían que era un hechicero.

Don Venancio Mora, o tatica como comúnmente le llamaban, murió en 1967 a la edad de 87 años en su casa de habitación situada en Caña Blancal de Palmar Norte.

Años después, su finca El Gorrión fue vendida a la compañía bananera, concluyendo así la rebeldía y la historia del Indio Venancio: una leyenda del Sur de Costa Rica.

Fotos: Hazel N.

Usa la pintura como terapia y pasatiempo

Uriel Rojas

Lo encontramos observando cuidadosamente las líneas de un diseño florístico que caía como adorno sobre una hermosa poza de aguas cristalinas.

Estaba haciendo los detalles a una hermosa pintura que representa elementos naturales, como el bosque, aves, orquídeas y cataratas de aguas cristalinas.

De lunes a viernes dedica su vida a los quehaceres educativos, su otra pasión que lleva en sus hombros y entre tiempos libres se dedica a plasmar las imágenes que le llegan a su imaginación, ya sea sobre lienzos, paredes o sobre madera.

Él es José Lázaro Ortiz, un indígena boruca de Rey Curré que le encanta la pintura y la utiliza como terapia y recreación.

“Vengo de una familia que le hace bastante al arte. Mi mamá fue artesana y tengo hermanos y hermanas que se dedican a crear distintas expresiones artísticas propios del entorno, yo lo uso más como terapia y para plasmar esas ideas que me llegan a la mente y no me dejan en paz hasta que lo trace ya sea en un lienzo, madera o papel”, subraya Lázaro.

Sus trabajos son bastantes conocidos a nivel regional y a pesar de que los realiza como pasatiempo, también los exhibe y los vende, si alguna persona se muestra interesada en sus obras.

Una característica personal es la originalidad de sus trabajos, casi nunca repite sus diseños, solamente si alguna persona lo encarga directamente, y contenidos representan al entorno propio de la región.

“Me encanta representar toda esa belleza natural y cultural de mi región y por supuesto de mi cultura, gran parte de mis trabajos representan parte fundamental de la cosmovisión de mis antepasados”, sostuvo el autor.

Si desea conocer más de sus obras puede contactarle al 88903138.

Alcanzar la lejana orilla del tiempo

 

  • Dos libros de Rodrigo Soto

Gilberto Lopes

San José, diciembre de 2024

La vida y la muerte. Contemplada desde esta esquina (la de la muerte) “la vida lucía investida de una belleza deslumbrante”. Los suyos no estaban lejos, y mientras se adormecía “supo que se las habían arreglado para alcanzar aquella lejana orilla del tiempo”.

No se si fue porque lo leí de último. Era natural que así fuera, porque es el último de los cinco capítulos con los que Rodrigo Soto navega el río que lo habita (Silvia Castro, en su presentación del libro, sugiere “que el pronombre reflexivo corresponde a la ciudad”: “El río que me habita”. Puede ser). Pero yo quisiera sugerir que ni el río Grande es un río, ni Ciudad Real un lugar. Son solo los escenarios de un libro de relatos en los que la vida transcurre como un río y la ciudad soy “yo” (el que relata). ¿Por qué no?

Como se trata de literatura, importa cómo se cuenta. Me parece que es en este último relato donde Rodrigo se juega más. En el manejo de los tiempos: el de la conquista y el de la construcción del ferrocarril. Pero también el de los personajes: los humanos y los otros, el duwak.

Nunca le dijeron que el mundo de los muertos sería así. Siempre supo que “erraría por el bosque un tiempo y luego se recogería en la tierra para no regresar jamás”. Pero perturbaron su reposo. Buscaban oro, mientras construían el ferrocarril. Removieron sus huesos, que se deshicieron como arena, dice el duwak.

Me parece un relato ambicioso. Va a los orígenes, pero no lo cuenta como historia, sino desde la sensibilidad de los humanos y del duwak. Del poblado indígena quedaba apenas el armazón humeante de algunos ranchos. Lejos ardía la pila de cadáveres.

Serrano había matado a su padre, “hosco como un animal”. Y a su madre, “seca como un cuero”. Naturalmente, en Ciudad Real. Cuando sale de prisión, busca trabajo en la construcción del túnel, en el cerro Burío. Cuando Aurora le dijo que sería papá, se alejó del campamento, caminando sin rumbo. Le dijo que no podría ser papá de ese niño. Después, días después, cuando otro hijo de Aurora (que no era suyo), le pregunta si cuando nazca su hermano, también le podrá decir papá, un remolino de imágenes lo enfrenta al acertijo de su existencia. –Puede, hijo, puede… –responde.

El acertijo de la existencia

¿Qué es lo que hace que vivir merezca la pena? Aunque la pregunta se plantea en apenas un relato (el segundo) tengo la sensación de que todo el libro se dedica a hurgar en la respuesta, en los personajes que, al fluir por el río, cruzan la ciudad.

Recuerdos, leyendas, viejas historias, encrucijadas, pequeños afluyentes que desembocan en el río Grande y que Rodrigo Soto nos va contando en esta hermosa edición de “El río que me habita”, publicado en España por la editorial Huso en 2017 (en el índice, en las páginas de las historias locales I y II, hay un error: les falta el 1 delante de 44 y del 59).

La vida misma no es algo que uno pide, nos advierte. Y se deja llevar por el caudal del río Grande y sus afluyente. Lo hace con ayuda de la memoria, con la tergiversación de los hechos (es literatura, no historia), tratando de esconder así la vida. Lo leí un domingo, de una sentada. En la noche, después de semanas nubladas, había una luna clara.

El encanto de las tierras lejanas

Me fue distinto con “Prácticas de tiro” (con la envidiable portada de “Perro Azul”). Es libro más reciente. Publicado este año, recoge una treintena de relatos breves.

Pienso que no es difícil encontrar el hilo que lo une con “El río que me habita”. Se trata de una búsqueda de tierras lejanas, de lugares donde rehacer la vida, de hacerla valer la pena. La idea comenzó a tomar forma en “Confines”. La lógica más elemental sugería que más allá de los linderos de la ciudad debía existir algo, ese “otro lugar”.

Ya antes, en “Hambre”, se intuía el tema. Los hambrientos venían en pos de una gracia, pero cuando su número se multiplicó, el ánimo de la gente cambió.

Es como el duwark, que cuando vio su tierra invadida y su paz perturbada, se propuso perturbar al extranjero. Evocó a los espíritus que traían enfermedad y muerte. Pero prefería volver a su condición de duwark. Consideró con espanto el hecho de que habría que morir de nuevo.

Me recuerda el que se despertó en el “Purgatorio”. Cuando volvió en sí, no había nada. Sin embargo, poco a poco los contornos de su mundo comenzaron a emerger. Y, con ellos, los recuerdos amenazantes. “Entonces, el terror de convertirme en lo que fui bastó para expulsarme otra vez hacia la nada aquella donde me encontraba”. ¿Volver a ser un duwark?

Puede ser, aunque ese es personaje de la otra historia. Pero a veces parecen que son solo una. Aquí también crepitan los ranchos, cuando vienen los bárbaros. Anoche recibieron la noticias de que, al fin, se acercaban y salieron a emboscarlos en el vado del río grande. ¿El río Grande? ¿El de Ciudad Real? El rostro de los bárbaros asoman en el palenque y mientras se acercan, blandiendo sus espadas, resuenan voces extrañas “sobre el crepitar de los ranchos ardientes”.

Lo cierto es que leí primero “Prácticas de tiro”. Fue una lectura más espaciada que la de “El río que me habita”. Pero, terminada ambas, me resultó inevitable la sensación de navegar por un caudal que me parecía conocido.

Hay temas que se repiten, como las violaciones, aunque los escenarios son distintos. La de Cecilia, cuando manejaba en los caminos aislados hacia Puerto Humo. En “Mentiras” la historia es más elaborada. Se repite en “Resonancias magnéticas”.

La vida y la muerte, la búsqueda del sentido de la vida. Como cuando me enteré de la muerte de Martín. Murió joven, en un accidente de carro. Lo había perdido de vista. Éramos amigos de infancia. Aunque detesto los funerales, soy de los primeros en llegar a la funeraria. Me siento en una silla apartada, mientras espero que llegue algún conocido. De repente, los arreglos florales me devuelven una imagen: mi vida, tan pequeña, tan mezquina, tan mía…

Las guerras, los conflictos políticos, las batallas inútiles, como las libradas contra el tiempo; los amores perdidos (y recuperados). Aquí los cuenta Rodrigo con oficio, como navegando en el río Grande, de Puerto Humo a Puerto Escondido, todos simple puertos donde ancla en el viaje de la vida…

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El río que me habita

Rodrigo Soto

Ediciones Huso, Madrid, 2017

Prácticas de tiro

Rodrigo Soto

Ediciones Perro Azul, San José, 2024