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Recital Virtual de Clausura del VIII Encuentro Internacional Poetas y Medio Ambiente, Biblioteca Nacional, Poetas y Medio Ambiente

El Ministerio de Cultura y Juventud, mediante la Benemérita Biblioteca Nacional de Sinabi y Poetas y Medio Ambiente le invitan al Recital virtual de Clausura del VIII Encuentro Internacional Poetas y Medio Ambiente.

Este Encuentro es organizado por Luissiana Naranjo Abarca  y contará con la participación como invitados especiales de los poetas: Cristina Gufé (España), Lucía Cupertino (Italia), Robinson Rodríguez (Costa Rica), Christianne Tablada Bravo (Nicaragua), Gustavo Castillo (Costa Rica), Joshe Anthony Perabal Yax (Guatemala), Joaquín AÁvarez Pérez (Guatemala), Edgar Atencio Rodríguez (Ngabe Costa Rica), Isolda Dosamantes (México) y (Marianella Sáenz (Costa Rica)

Esta actividad será dedicada al Dr. Ricardo Russo, gran colaborador de este proyecto.

La actividad es virtual se realizará el jueves 25 de junio 2025, a las 4:00 p.m. y se transmite por el Facebook:Biblioteca Nacional Costa Rica https://www.facebook.com/bibliotecanacional.mcj.cr/

Vera Mújina: la escultora de la URSS

Gabe Abrahams

Vera Mújina fue una artista genial del Realismo Socialista. Su figura y sus esculturas han trascendido en el tiempo. Esta es su historia.

Vera Mújina nació el 1 de julio de 1889 en Riga, una ciudad perteneciente por aquel entonces al Imperio ruso, en el seno de una familia de ricos comerciantes.

Mújina pasó su infancia y juventud en Feodosia, en la península de Crimea, lugar en el que recibió sus primeras clases de dibujo y pintura. Vivió allí hasta la muerte de su padre ocurrida en 1904.

Tras esa etapa, Vera Mújina y su hermana mayor, María, fueron acogidas por sus tíos y tías en Kursk. Y allí la futura artista cursó la escuela secundaria.

Acabados esos estudios, Mújina se trasladó a Moscú y estudió arte. Y, ya en 1912, se marchó a París, donde prosiguió sus estudios en la Académie de la Grande Chaumière, siendo uno de sus profesores el escultor Émile Antoine Bourdelle. En la capital francesa, descubrió los movimientos de la vanguardia de la época, gracias a la artista rusa Liubov Popova.

Después de su etapa parisina, Vera Mújina viajó a Italia por su deseo de conocer la pintura y la escultura del Renacimiento, finalizando su periplo europeo en el verano de 1914 con su regreso a Moscú, justo dos semanas antes del comienzo de la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

A partir de entonces, Mújina trabajó en un hospital militar por culpa de la guerra, conoció a su futuro marido Alexey Zamkov, con el cual se casaría en 1918, y fue asistente de la artista Aleksandra Ekster en el Teatro de Cámara de Aleksandr Taïrov.

En esos años, Vera Mújina apostó por el diseño de vestuario para proyectos teatrales, siguiendo la estela de los movimientos de vanguardia que había descubierto en París. Y el más impactante de entre sus diseños fue el que realizó para el Teatro de Cámara de Taïrov, es decir, el diseño del vestuario de la obra La Rosa y la Cruz del poeta y simbolista ruso Aleksandr Blok. La acción de La Rosa y la Cruz es caballeresca y se desarrolla en los tiempos de la cruzada contra los albigenses.

En esa etapa de su carrera artística, Mújina, además, vivió con entusiasmo por su condición de comunista el estallido de la Revolución Rusa de 1917 y el posterior triunfo de los bolcheviques. Al consumarse este, el nuevo Estado soviético realizó encargos a los artistas y ella fue una de las escogidas.

En la década de 1920, gracias a esa apuesta por el arte de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), Vera Mújina dejó atrás el diseño para el teatro, la pintura que también había cultivado y los movimientos de vanguardia y se decantó por la escultura y el movimiento conocido como Realismo Socialista, dedicado a mostrar la realidad y el socialismo.

En cierta ocasión, Iósif Stalin declaró que el Realismo Socialista era el arte de la URSS, describiendo a sus artistas como “ingenieros de las almas humanas”.

En 1922, centrada en ese movimiento, Mújina creó la escultura La llama soviética. Y, en 1927, la escultura Mujer campesina, una figura de bronce por la que recibió el primer premio en la exposición dedicada al décimo aniversario de la Revolución Rusa.

En 1937, Mújina tocó techo con la estatua El obrero y la koljosiana, que adornó el pabellón soviético en la Exposición Internacional de París de ese año. La prensa francesa definió la escultura como “la mayor obra escultural del siglo XX”, mientras que Pablo Picasso, que se encontraba en París pintando su célebre cuadro Guernica, elogió su hermosura.

El obrero y la koljosiana es una estatua de gran altura que representa a un hombre y una mujer sosteniendo una hoz y un martillo, símbolo de la alianza de los obreros y los campesinos en su camino hacia el socialismo. La escultura se convirtió en un icono de la URSS y en una de las obras más relevantes del Realismo Socialista e, incluso, del arte del siglo XX. Hoy, se encuentra en el Centro de Exposiciones de Moscú.

Otras obras importantes de Vera Mújina fueron las estatuas de Máximo Gorki de 1939 y 1952, situadas en Moscú y Gorki (actual Nizhni Nóvgorod), y la estatua del músico Tchaikovsky, que se colocó delante del Conservatorio de Moscú en 1954, a los pocos meses del fallecimiento de la artista.

Aparte de su obra más clásica, Vera Mújina experimentó con el vidrio, creando bustos figurativos de ese material, y desarrolló una técnica de escultura policromada. Decoró exposiciones, diseñó ropa, etc.

Entre 1941 y 1952, Mújina ganó el Premio Stalin cinco veces y, en 1943, fue nombrada Artista del Pueblo de la URSS. Recibió otras condecoraciones, tanto a lo largo de su vida como tras su fallecimiento.

Después de la muerte de Stalin en marzo de 1953, Mújina cayó en desgracia, porque no agradó a los nuevos dirigentes soviéticos. Pero sus penurias duraron poco, ya que falleció el 6 de octubre de 1953.

Pasado un tiempo, su figura fue reestablecida, trascendió al final de la Unión Soviética (1991) y acabó siendo reconocida en todo el mundo. En la actualidad, sigue igual.

En definitiva, Vera Mújina fue una artista genial del Realismo Socialista que dejó un legado para la posteridad, un testimonio de una escultura que, como afirmó la prensa francesa durante la Exposición Internacional de París de 1937, no conoció igual en el siglo XX.

Óperalab presentará selección de escenas de La Traviata en el Colegio Calasanz

Óperalab by Ópera de Cámara de Costa Rica invita al público a disfrutar de “Selecciones de La Traviata”, una presentación basada en la reconocida ópera de Giuseppe Verdi, que se realizará el próximo jueves 25 de junio a las 7:00 p.m. en el Auditorio Padre Ibiza del Colegio Calasanz Hispanocostarricense, ubicado en San Pedro de Montes de Oca.

La actividad constituye una única presentación y reunirá a estudiantes de la Academia Óperalab, artistas invitados y al maestro Marco Antonio López, quien participará como invitado especial.

La puesta en escena está bajo la dirección artística de Anayanci Quirós Arce, mientras que el acompañamiento musical estará a cargo del pianista concertador Jonathan Cáceres.

De acuerdo con la información suministrada por la organización, participarán las siguientes personas artistas:

  • Daniela Amador

  • Jonathan Cabezas

  • Bryan Ramírez

  • Mario Alberto Marín

  • Daniela León

  • Mario Fonseca

  • José Manuel De la Rocha

  • Ana María Herrera

  • Camila Roldán

  • Danna Ramírez

  • Ariela Leiva

  • María José Fonseca

  • Naomi Roper

  • Rocío Rodríguez

  • Jenny Cascante

  • Bryan Morales

La organización destaca que el espectáculo es apto para todo público y representa una oportunidad para acercarse al repertorio operístico mediante una selección de escenas inspiradas en una de las obras más reconocidas de Giuseppe Verdi.

La entrada tiene un valor colaborativo de ₡6.000. Las reservaciones y el pago de entradas pueden realizarse mediante SINPE al número 8560-4046.

La invitación es promovida por Óperalab by Ópera de Cámara de Costa Rica.

Recuperando nuestro pasado: Dos hombres y un volcán

El Ministerio de Cultura y Juventud, por medio de la Benemérita Biblioteca Nacional del Sinabi y la Escuela de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica, se complacen en invitarle a la actividad Dos hombres y un volcán por el Dr. Luko Hilje. Esta actividad está basada en libro del mismo título de María Isabel Quesada Rojas y Luko Hilje

Esta actividad es parte del ciclo «Recuperando nuestro pasado«.

La actividad será virtual el lunes 22 de junio a las 3:00 p.m. y se transmitirá por el Facebook https://www.facebook.com/bibliotecanacional.mcj.cr/

El volcán Arenal cuenta una nueva historia

El volcán Arenal, el cerro Chato y el lago de Arenal. Foto: Luko Hilje

Luko Hilje
lukohilje@gmail.com

Por fin, tras años de larga espera, debido a varias circunstancias, recientemente ha visto la luz el libro Dos hombres y un volcán, escrito por mi prima María Isabel Quesada Rojas y yo, publicado por la Editorial Tecnológica de Costa Rica. Y ahora, el leerlo pausadamente, ya en su versión impresa, reafirmo mi convicción de cuán importante era saldar una deuda postergada por 89 años hacia aquellos siete valerosos compatriotas que en 1937 alcanzaron la cima del Arenal, para verificar —como lo sospechaban— que era un volcán, y no un inofensivo cerro.

Ahora bien, en cuanto a la génesis del libro, representa la suma de dos esfuerzos independientes, acerca de los cuales vale la pena comentar.

El volcán Arenal. Foto: Federico Chavarría Kopper.

En efecto, para el cincuentenario del muy destructivo despertar del volcán Arenal, ocurrido en 1968, me había propuesto rescatar varios textos escritos por mi tío Luis Castro Rodríguez en varias épocas, para preparar un artículo académico. Y, mientras estaba en esas, ya bastante avanzado en mis labores, me enteré de que hace 30 años, en 1996, María Isabel enfermera de formación había escrito un breve libro de remembranzas acerca de su padre Alberto (Beto) Quesada Rodríguez; lo intituló Un hombre y un volcán, y lo compartió con su familia, en formato digital. Fue por ello que, residente ella en la lejana San Carlos, y tras decenios de no vernos ni saber de ella, la contacté para que me compartiera su obra, lo cual hizo de manera gentil e inmediata.

Tras su lectura, me percaté de que, de manera muy sencilla, podía articular y fusionar mi proyecto con el de ella, para dar forma a un libro conjunto, lo cual aceptó gustosa. Y fue así como nació Dos hombres y un volcán, centrado en Luis y Beto —primos hermanos, nacidos de Naranjo, Alajuela—, pero sin ignorar a quienes los secundaron en sus afanes de exploradores.

Cabe aquí una digresión para indicar que el espíritu de aventura de Beto tenía una profunda raigambre familiar, quizás incrustada en los genes. Tan es así, que fueron varios de sus ancestros los fundadores de Villa Quesada —hoy Ciudad Quesada—, entre quienes figuraron su abuelo José Joaquín Quesada Rodríguez, su tío abuelo paterno Baltazar, su tío abuelo materno José María Quesada Ugaldetodos oriundos de San Pedro de Poás, más su tío Teófilo Quesada Quesada y su padre Lupicio Quesada Quesada. Por su parte, Beto fue uno de los primeros pobladores de La Fortuna, entorno totalmente agreste y colmado de peligros donde, a su llegada, ya vivían el nicaragüense Marcial Jarquín Bellorín y quizás unos pocos más recios colonos, como Ramón Villalta, quien residía en lo que hoy es el caserío de La Palma. Fue ahí donde Beto se instaló en 1934, a la edad de 34 años, casado y con dos hijos ya, tras hacer un denuncio de 50 hectáreas.

Unos dos años después se estableció en La Fortuna su primo hermano Ricardo Quirós Rodríguez, hermano de Luis por vía materna. Y sería su casa el sitio al que, de vez en cuando, concurriría su familia naranjeña, incluidas mi abuelita Ramona y mi madre Carmen Quirós Rodríguez, junto con los abundantes hijos de ésta.

A diferencia de Beto y Ricardo, quienes no tuvieron educación formal y se dedicaron siempre a las labores de finqueros, Luis cursó la secundaria en el Colegio Seminario y el Liceo de Costa Rica, además de que se graduó como maestro en la Escuela Normal de Costa Rica. Por tanto, la oportunidad de visitar a su hermano Ricardo y a su primo Beto lo puso en contacto visual con el espectacular cerro Arenal, y como era un lector voraz, además de que en su formación no faltó la vulcanología, posiblemente siempre le intrigó la verdadera naturaleza del citado cerro.

Asimismo, es casi seguro que los escasos habitantes de La Fortuna no ignoraban que, a la distancia, los pobladores de Villa Quesada habían observado en 1922 columnas de humo emergiendo del imponente cerro, acompañadas de temblores. Con el título Los pueblos de San Carlos están asustados con la aparición de un nuevo volcán, la prensa dio cuenta de estos fenómenos que, afortunadamente, no pasaron a más, sin determinarse a cabalidad si se trataba del despertar del coloso.

Esto explica que, dado que vivían en sus proximidades, a los nuevos habitantes de La Fortuna no les resultaría tan complicado ni demorado emprender el ascenso hasta la cumbre, para indagar si había huellas de vulcanismo.

Y fue así como en algún momento de 1936, Beto y su hermano Guillermo —residente en Villa Quesada—, junto con su primo Ricardo y algunos más, decidieron escalar el Arenal por su flanco boscoso, lo que facilitaba su ascenso, en contraste con otros sectores más expuestos y arenosos. Fue en esa oportunidad que descubrieron la célebre Laguna Clara o Laguna Azul, en sus estribaciones.

Enterado de este hecho, el empresario agrícola josefino Rodolfo Quirós Quirós —medio primo nuestro, dado que su padre Juan Bautista Quirós Segura era primo hermano de Ascensión Quirós Montero, mi abuelo— se entusiasmó con la idea de llegar hasta la cima y persuadió a mi tío Luis para organizar una expedición. Y ya para febrero de 1937 todo se había concretado para alcanzar esta meta. Fue así como, con Beto y Ricardo como baquianos, a Rodolfo y Luis se les sumarían los naranjeños Gustavo Quesada Rodríguez y Bercelio (Chelo) Castro Ramírez, más el finquero sancarleño Elías Kopper Cubero, para emprender el reto planteado.

Tras indecibles adversidades —que Luis narró con bastante detalle, gracias a su excelente pluma de periodista, porque también lo fue—, les tomó entre nueve y diez horas alcanzar la cúspide del supuesto cerro, y cerca de las tres de la tarde del miércoles 24 de febrero, cuando el denso velo de nubes que la cubría se disipó, pudieron atestiguar la presencia de un cráter bien definido, al igual que de fumarolas activas. Su gran incógnita era si se trataba de un volcán extinto o en formación, y tomaría nada menos que 31 años en despejarse, y de manera muy violenta, en la mañana del lunes 29 de julio de 1968.

Esta es la esencia, el hecho central sobre el cual gravita nuestro libro, en el que María Isabel relata el indisoluble vínculo afectivo de su padre Beto con el volcán, en tanto que yo me valgo del rico legado de mi tío Luis para narrar de primera mano los acontecimientos asociados con ese significativo ascenso.

Pero, en realidad, el libro abarca mucho más, pues Luis tuvo la oportunidad de retornar dos veces, una en 1950 y otra en 1959, en tanto que Beto lo hizo incontables veces, ya fuera con sus hijos o con visitantes interesados que llegaban desde diferentes puntos del país, y cuyos nombres quedaron registrados en una bitácora que él mantenía en su casa.

Al fin de cuentas, gracias a la existencia de estos materiales escritos, con nuestro libro se ha podido recuperar del olvido y la desmemoria una porción sustancial de la historia asociada con el Arenal y, como lo acoté al principio, ha hecho posible saldar una añeja deuda con quienes hace casi un siglo acometieron el desafío de conquistar sus alturas, para develar tan prolongado, escondido y acuciante misterio.

Conversatorio «La arquitectura de la memoria: Reescribiendo narrativas personales e históricas»

La Escuela de Filosofía y TC-769 de la Universidad de Costa Rica y el Ministerio de Cultura y Juventud, mediante la Benemérita Biblioteca Nacional de Sinabi, se complacen en invitarle al conversatorio La arquitectura de la memoria: Reescribiendo narrativas personales e históricas  con la participación de  Alexánder Sánchez Mora, Dr. en Historia, Literatura y Poder y  Verónica Azofeifa Espinosa, Dra. en Psicología de la Universidad de Costa Rica 

La actividad será el miércoles 17 de junio a las 2:00 p.m. en la Benemérita Biblioteca Nacional. También se transmitirá por el Facebook Biblioteca Nacional https://www.facebook.com/bibliotecanacional.mcj.cr/

Presentación de libro «Todo en la nada» del escritor de Miguel Fajardo

El Ministerio de Cultura y Juventud, por medio de la Benemérita Biblioteca Nacional del Sinabi se complace en invitarle a la presentación del libro Todo en la nada» del escritor Miguel Fajardo y con la participación de  Dr. Jorge Chen Sham y Lic. Adrián Díaz Aguirre.

La actividad será presencial el jueves 18 de junio a las 4:00 p.m. en la Benemérita Biblioteca Nacional y también transmitida por el Facebook https://www.facebook.com/bibliotecanacional.mcj.cr/

Campo minado: legitimidad y poder en la literatura costarricense

El pasado 11 de junio de 2026, participé como ponente en el ciclo El nuevo (des)orden literario del Centro Cultural de España en Costa Rica. La mesa, titulada Campo literario, campo minado, fue moderada por el escritor Rodrigo Soto y contó con la participación de G. A. Chaves, Paul Benavides Vílchez, Guillermo Barquero y quien suscribe.
Lo que sigue es el texto íntegro de mi intervención. Es una investigación ciudadana documentada con fuentes primarias, registros audiovisuales públicos e información solicitada al Ministerio de Cultura y Juventud mediante el artículo 27 de la Constitución Política de Costa Rica.
Lo presento porque creo que esta información le pertenece a la ciudadanía.

Paola Valverde Alier
Poeta y gestora cultural

Desde mi temprana juventud he estado cerca de la poesía, de quienes la escriben y de quienes generan espacios para su difusión. La inocencia de esa época me hizo imaginar un campo inclusivo. La primera vez que esa burbuja se rompió fue a mis dieciocho años, durante la inauguración de una librería universitaria, cuando me acerqué a un poeta consagrado. Este me dijo: “muchacha, usted es muy bonita y las mujeres bonitas jamás escribirán buena poesía”.

Cuento la anécdota porque sus palabras me dejaron aturdida. En múltiples ocasiones me vi incomodada por acciones y comentarios extraños, salidos de tono, provenientes de figuras prestigiosas a quienes admiraba. Con los años entendí que experiencias similares eran compartidas por muchas otras personas. Algunas continuamos nuestro camino a pesar del acoso, las burlas y el temor a equivocarnos; otras se retiraron, agotadas por ese entorno.

Poco, o nada, ha cambiado desde que Yolanda Oreamuno escribió “El ambiente tico y los mitos tropicales”i. Las tensiones identificadas ochenta y cinco años atrás no desaparecieron con la globalización. Migraron de las ideas a los favores, de los manifiestos a los audios de WhatsApp. Pero siguen siendo, en esencia, lo mismo: pulsos sobre quién tiene derecho a ocupar el campo. Y esas tensiones se agudizan en un país que ha centrado su mirada en el Gran Área Metropolitana, la institucionalidad y los grupos de poder.

La diferencia entre otras épocas y el presente es que hoy resulta mucho más difícil ocultar ciertas prácticas. La información circula a gran velocidad, y muchas inconsistencias adquieren otra dimensión gracias a registros audiovisuales, publicaciones y huellas digitales. Pero este mismo entorno ha abierto espacios para nuevas formas de manipulación: perfiles falsos, hostigamiento digital y narrativas de victimización que circulan sin pasar por canales institucionales de denuncia.

Distorsionar un discurso o esconderse detrás de un seudónimo para atacar está hoy a solo un clic de distancia.

La literatura ha construido sus propias jerarquías: críticos, jurados, académicos, editores, autores consagrados. Muchos con excelente trayectoria y criterio, personas que han aportado a la construcción de una identidad cultural. Y otros que, convertidos en figuras intocables, se erigen como mediadores del valor literario y administran el acceso al reconocimiento dentro de sus propios espacios.

La escasez de apoyos estructurales es delicada en un país donde el respaldo a la creación literaria es limitado, a diferencia de otros países, donde existen múltiples programas de promoción, becas, publicaciones, traducciones, residencias literarias, fondos de creación o estímulos a la escritura. En un contexto así, los pocos mecanismos de reconocimiento existentes adquieren un peso enorme.

Antes de abordar las fracturas que he documentado debo decir que creo en el rigor y en la calidad de una obra, en los criterios editoriales y en el reconocimiento justo. También creo en personas e instituciones que han dedicado su vida al estudio, la academia, la investigación, la creación y la promoción literaria. En Costa Rica hay personas que hacen de la literatura un lugar honesto.

En este sentido es justo reconocer las iniciativas de las instituciones. Es cierto que el Ministerio de Cultura ha llevado a cabo en los últimos años la apertura de las puertas del Teatro Nacional al pueblo, el regreso del FIA a la Sabana y programas que descentralizan la oferta cultural fuera del Gran Área Metropolitana. Todas son iniciativas valiosas. Pero que las reconozcamos no significa que debamos bajar la guardia ante la fiscalización del uso de los fondos públicos cuando detectamos irregularidades. Como ciudadanos debemos ser críticos siempre y exigir mayor transparencia en todos los procesos.

El sesgo y las dinámicas de exclusión dentro del canon literario han sido objeto de cuestionamiento en múltiples ocasiones.

El año pasado coincidieron, sin pretenderlo, diversos episodios que salieron a la luz y reactivaron esas discusiones:

  • Un caso de plagio que involucraba un libro completo y la premiación de un poema en la Revista Nacional de Cultura.

  • Una obra con similitudes sustanciales publicada y premiada en dos países bajo títulos distintos, en certámenes que exigían obra inédita, uno de ellos premiado con fondos públicos y publicado por la Universidad Nacional de Costa Rica.

  • La doble postulación a los Premios Nacionales de una misma obra en años consecutivos —descartada en 2023 y premiada en 2024—, publicada en dos países bajo dos editoriales distintas, cada una con una ficha catalográfica que la identificaba como ‘primera edición’.

  • Cuestionamientos sobre el funcionamiento interno de un jurado y filtraciones de resultados que circulaban semanas antes de hacerse público el veredicto, entre otros episodios.

Todos son hechos verificables, respaldados por publicaciones e información solicitada al propio Ministerio de Cultura y Juventud mediante el artículo 27 de la Constitución Política de Costa Rica.

Conozco de cerca el caso de los Premios Nacionales del 2024 porque fui parte de quienes investigaron las irregularidades. Y en este sentido quiero aclarar que me involucré en la investigación porque los hechos llegaron hasta mí. Una mañana recibí varios audios de una persona del jurado en los que se hacía referencia a la filtración de resultados que ya circulaban en redes sociales. Llegaron unos minutos después de haber realizado una publicación en mi Facebook donde felicité a los ganadores, pero cuestioné la ética del jurado por las filtraciones que habían circulado. En dichos audios se formularon afirmaciones sobre el tratamiento dado a los libros participantes que, a mi criterio, evidenciaban un proceso opaco.

En ese momento yo tenía dos opciones: callar hasta que el premio me alcanzara o documentar. Yo elegí documentar.

La cultura ciudadana de rendición de cuentas no es un capricho, es una obligación. La Constitución Política de Costa Rica establece en su Artículo 9 que la institucionalidad debe operar con la mayor transparencia, garantizando nuestros derechos ciudadanos; y en su Artículo 11 que los funcionarios públicos deben rendir cuentas de la labor que realizan. Por ello “la acción para exigirles la responsabilidad penal por sus actos es pública”. Como costarricense, me amparo en ese derecho.

Los audios que recibí aquella mañana fueron presentados, debidamente protocolizados ante un notario público. Un jurado de Premios Nacionales ejerce una función pública dentro de un procedimiento administrativo regulado por el Estado.

En los galardones del 2024 se lograron identificar vacíos y fallas acumuladas. Al contrastar ese proceso con otros años, resulta llamativo que en 2023 una cantidad importante de obras fue marcada con criterios de exclusión claros, cito textualmente: reedición o segunda edición; autopublicación o sin editorial; ensayo académico; no es ensayo; el período no corresponde; antología o recopilatorio; ensayo fotográfico; libro didáctico o libro infantil.

Esos mismos criterios no se aplicaron en 2024, cuando se premiaron autopublicaciones y reediciones fuera del período, y fueron retomados en 2025 con mayor rigurosidad. Vale la pena señalar que el documento de obras postuladas del 2023 fue entregado de manera distinta a diferentes personas: en una versión las anotaciones son visibles, en la que me entregaron a mí aparecen tachadas en negro.

Cuando el reglamento se aplica con rigor para unos y con flexibilidad para otros, la confianza en el proceso se debilita. En los registros audiovisualesii de la reunión inicial del jurado de 2024, el presidente rechaza la adopción de criterios de evaluación, pese a que tres de sus compañeros plantean la necesidad de establecerlos.

Sus declaraciones resultan relevantes porque evidencian un rechazo expreso a la utilización de parámetros diferenciados de valoración. Otro hallazgo en 2024 fue que ningún miembro del jurado contaba con la formación en dramaturgia exigida por el Artículo 5.d del Reglamento de Premios Nacionales.

Al ver estas inconsistencias, solicité los registros de otros años para ofrecerles a ustedes, esta noche, una comparativa. El Ministerio indicó que no contaba con los videos del 2023. Los de 2022, 2024 y 2025 sí existen. Esto es muy delicado porque la Ley General de Administración Pública obliga a grabar en audio y video las sesiones de los órganos colegiados, garantizando el acceso ciudadano a dicha información.

También se confirmó por escrito, mediante respuesta del director del SINABI, que los currículos de los jurados de 2022 y 2023 no existen en el acervo institucional.

¿Cómo se seleccionan los jurados? ¿Quién verifica su idoneidad?

La administración pública es continua. Nadie puede justificar la ausencia de registros o documentos achacándola a otra administración.

Para concluir el relato de lo ocurrido en los Premios Nacionales del 2024 debo decir que el escritor y abogado José María Zonta interpuso un recurso de nulidad con 16 motivos documentados. Fue respondido con apenas dos páginas sin sustento normativo ni jurisprudencial, a diferencia de otros recursos que se han respondido con resoluciones extensas, argumentadas y con sustento jurisprudencial. Quiero ser muy clara: nunca se cuestionó el fallo, que es inapelable, ni la calidad de las obras premiadas. Lo que se cuestionó, con documentación suficiente, fue el mecanismo previo.

A pesar de no haber dado trámite formal a la denuncia, el Ministerio de Cultura lanzó una consulta ciudadana para la reforma a la Ley de Premios Nacionales. La nueva Ley está hoy siendo revisada en la Asamblea Legislativa. Eso indica que la discusión generó incidencia.

Quisiera señalar que esta fue una investigación ciudadanaiii, realizada con nuestro tiempo y recursos, sin financiamiento institucional. Hay mucho más por comprender, el tema merece una investigación más profunda. Ojalá alguien tome nota.

Yolanda Oreamuno lo dejó por escrito: «Al que pretende levantar demasiado la cabeza sobre el nivel general, no se le corta. ¡No! Le bajan suavemente el suelo que pisa, y despacio, sin violencia, se lo coloca a la altura conveniente.». Y si se cuestiona demasiado, “rápidamente, sin pleito ni molestias, usted estará silenciado.”

El castigo a quienes hablan adopta distintas formas, como ocurrió en el I Coloquio de Literatura Costarricense Contemporánea de la Universidad Nacional, donde se abordó el tema de los Premios Nacionales sin dar voz a quienes sostuvimos la denuncia, reduciéndola a un acto de «escarnio público». Y eso, paradójicamente, confirma todo lo que este texto señala.

Aquella frase que recibí a los dieciocho no era solo un prejuicio estético: era la manifestación de un sistema que se cree dueño de la legitimidad.

Se dice popularmente que Costa Rica no tiene memoria y que a los tres días se olvida todo. Pero entonces, ¿cuál es el papel de la memoria? ¿Qué será de nuestra literatura si preferimos tapar los hechos antes que comprenderlos?

La memoria también es aquella persona que un día te dice: «soy un brujo; en cinco años te veré a los ojos y te diré que aquí no pasó nada.»

La memoria existe precisamente para recordarnos que sí pasó.

Estamos ante el trauma de la palabra. Si no hay un cambio corremos el riesgo de una literatura sorda. Un campo fragmentado a pedazos. Un Frankenstein en busca de un padre.

Arrancándonos los ojos. Desollándonos la piel.

¿Por qué nos cuesta tanto la empatía? ¿Por qué molesta la crítica o la fiscalización?

Tengamos sentido de la responsabilidad.

Todo funcionario o institución, llámese oficina, universidad, asociación, ONG, que toque fondos públicos debe estar abierta a la rendición de cuentas. Todo beneficiario también.

Los actores del campo literario somos todos. Por eso, el Artículo 33 de la Constitución Política nos recuerda que toda persona es igual ante la ley. Nadie está por encima de ella.

Desactivemos las minas y activemos la colaboración, la co-creación, la empatía orgánica de comunidad. Dejemos atrás los mitos tropicales, las mezquindades y los compadrazgos. Costa Rica merece un debate a la altura.

Seamos adultos. Ha llegado la hora de madurar.

Cierro con una pregunta: ¿cuál es el compromiso que asumimos hoy para incidir y transformar esta historia?

Muchas gracias.

Ciclo de Diálogos: Páginas Premiadas con Antonio Yglesias sobre su obra «Las hormigas y otras piezas»

Páginas Premiadas: Acompañanos a conocer a Antonio Yglesias , Premio Nacional de Dramaturgia 2025. Vamos a profundizar en el libro Las hormigas y otras piezas,  una obra valorada por su madurez de escritura y su gran densidad dramática.
    • 🗓️ Martes 16 JUNIO
    • 🕙 10:00 a. m.
    • 📍 Biblioteca Nacional de Costa Rica
   🎙️ Conduce: Juan Hernández
  • Invitan: Ministerio de Cultura y Juventud, mediante la Benemérita Biblioteca Nacional y Colegio Costa Rica, de Sinabi

Conversatorio «Equidad, desigualdad y justicia social: miradas desde el pasado y el presente»

La Escuela de Filosofía y TC-769 de la Universidad de Costa Rica y el Ministerio de Cultura y Juventud, mediante la Benemérita Biblioteca Nacional de Sinabi, se complacen en invitarle al conversatorio Equidad, desigualdad y justicia social: miradas desde el pasado y el presente con la participación de Geovanna Fallas, Arqueóloga y Natasha Alpízar, Antropóloga Social de la Universidad de Costa Rica.

La actividad será el lunes 15 de junio a las 10:00 a.m. en la Benemérita Biblioteca Nacional. También se transmitirá por el Facebook Biblioteca Nacional https://www.facebook.com/bibliotecanacional.mcj.cr/