¿Es ético y cierto afirmar que el Centro Nacional de Rehabilitación (CENARE) está funcionando, como lo afirman repetidamente autoridades de oficinas centrales de la CCSS y del CENARE en diferentes medios de comunicación? Yo digo que no lo es, porque lo que era el CENARE está siendo utilizado en gran parte para la hospitalización de personas con Covid-19 y como bodega o inutilizada otra parte. Además, se llama CEACO, y aunque se diga que “el hábito no hace al monje”, en el caso del CENARE sí, porque lo que allí se hacía para proporcionar rehabilitación integral y de calidad, no se puede garantizar en otro sitio que no sea ese. Los profesionales de rehabilitación que laboraban en lo que era el CENARE, ahora desarrollan sus actividades en diferentes espacios físicos de los alrededores y en condiciones que no en todos los casos son las más adecuadas, para ellos o para los pacientes.
Nadie pregunta ni hace referencia al perjuicio que esto ha ocasionado a muchas personas con discapacidad, incluyendo el desalojo que también han sufrido para la atención de Covid-19 otros servicios de rehabilitación como los de los hospitales de Liberia, San Ramón, San Carlos, Heredia, Alajuela. En el Hospital de San Carlos el gimnasio de terapia física es ocupado por ginecología porque ginecología es para pacientes con Covid-19, en el de Heredia el área de consultorios y espacios de terapia es para Covid, en el de Alajuela, el Hospital de día es ahora bodega de camillas, en el Hospital de las Mujeres gimnasio de rehabilitación permanece cerrado. Tampoco existe una sola cama en ningún hospital del país, disponible para la atención de personas con lesiones o enfermedades agudas que ocasionan discapacidad y exigen atención a nivel de hospitalización.
Pienso que la verdadera realidad no se ha discutido a profundidad ni las cosas se han dicho con la claridad y sinceridad que se requiere. Sigue poniéndose de manifiesto en las autoridades, la incapacidad para comprender la importancia y la necesidad de garantizar servicios de rehabilitación integrales en todas las regiones del país, como lo establece la normativa nacional e internacional, y también se hace evidente en ellas la subvaloración que hacen de las personas con discapacidad y de la necesidad de la rehabilitación.
Se sigue ignorando que en el Siglo XXI el mundo se enfrenta a un conjunto de retos como por ejemplo el rápido envejecimiento de la población acompañado con un aumento de las condiciones crónicas y de multimorbilidad. La población mayor de 60 años proyecta duplicarse para el año 2050, en tanto que la prevalencia de enfermedades no trasmisibles se ha incrementado en un 18% en los últimos 10 años. Igualmente no hay plena conciencia de que las condiciones crónicas no solo son responsables de una significativa proporción de muertes prematuras, sino que además son causa de número significativo de discapacidades y que la rehabilitación tiene un papel crítico en la prevención y reducción las limitaciones en el funcionamiento (e,g, movilidad, cognición, respiración, visión, comunicación) asociadas con el envejecimiento y condiciones crónicas.
Tomar en cuenta las limitaciones de funcionamiento de las personas, ayuda a minimizar el impacto sobre la salud y las condiciones sociales y económicas de esta, y mejorar el bienestar (Rehabilitación 20-30 / OMS).
En un reciente estudio realizado por la OMS y el Instituto de Métricas en Evaluación en Salud, de la Universidad de Washington y publicado en línea en la revista The Lancet del 20 de diciembre, 2020; se demuestra que un tercio de la población mundial vive con una condición de salud que se beneficiaría de la rehabilitación. La lectura y el análisis de esta y otra información, quizá contribuyan a mejorar el criterio de las autoridades CCSS, en relación con la necesidad y prioridad de los servicios de rehabilitación en nuestro país.
Dra. Eugenia Corrales Aguilar, viróloga de la UCR. Foto: Anel Kenjekeeva.
A finales del 2019 se alertó sobre la aparición de neumonías atípicas en China. Estas eran causadas por un virus perteneciente a la familia de los coronavirus, que está compuesta por virus que pueden causar diversas enfermedades como diarreas en animales o enfermedades respiratorias desde un resfriado común hasta presentaciones más graves en humanos.
Solo siete coronavirus de muchos han logrado afectar a los seres humanos. Dos de ellos, MERS (2012) y SARS (2002), han tenido potencial pandémico, pero fueron mitigados exitosamente con medidas de salud pública.
El nuevo coronavirus, bautizado SARS-CoV-2, causa la enfermedad llamada COVID-19 y nos tiene viviendo esta pandemia actual. Tras casi un año desde los primeros casos que se reportaron en Costa Rica, entramos en una nueva fase de la pandemia: una campaña de vacunación en el país. Esta campaña de vacunación ha sido denominada por las autoridades nacionales en salud como “segura, controlada y de impacto”. Pero, ¿son estas vacunas seguras, controladas y de impacto?
Conceptos básicos sobre las vacunas
Las vacunas se han utilizado desde el siglo XV para combatir patógenos o microrganismos que causan enfermedades. Las vacunas son preparaciones que tienen como objetivo producir una respuesta inmune o de defensa contra ese patógeno y que esa respuesta inmune tenga memoria.
Lo anterior quiere decir que más adelante, cuando se enfrenta de nuevo a ese patógeno, ya la respuesta inmune está lista para que nuestro cuerpo pueda defenderse y eliminarlo. La inmunidad que se produce es de dos tipos: la humoral (los anticuerpos) y la celular (células T y B de memoria). Estas dos ramas trabajan conjuntamente para que la defensa contra el patógeno sea efectiva.
Existen diferentes tipos de preparaciones de vacunas contra los virus. Las más tradicionales utilizan virus debilitados (atenuados) o virus inactivados (tratados químicamente). Estas vacunas presentan algunas particularidades. Por ejemplo, para las vacunas de virus inactivados se necesitan producir grandes cantidades de virus. Esto es un problema para el SARS-CoV-2 ya que por su facilidad en la transmisión por aerosoles, debe trabajarse en laboratorios con niveles de bioseguridad altos y estos por costos y complejidad no están comúnmente presentes.
Por otro lado, para las vacunas de virus atenuados se pueden presentar riesgos como el proceso de reversión al virus patógeno desde el virus atenuado (vacuna oral contra polio). Otras preparaciones de vacunas virales utilizan subunidades proteicas del virus que estimulan al sistema inmune. Un ejemplo de esto es la vacuna contra la hepatitis B, que utiliza una proteína del virus que se llama antígeno de superficie (HbsAg).
Independientemente del tipo de vacuna, es importante saber cuál componente del virus va a inducir adecuadamente una respuesta inmune y que esta respuesta contra ese componente viral consecuentemente proteja al ser humano contra el patógeno, ya sea contra la infección, contra la enfermedad (presentar síntomas), contra la severidad de la enfermedad (requerir hospitalización) o evitar la muerte.
En el caso del coronavirus SARS-CoV-2 se conocía, por estudios previos con el MERS y el SARS, que la proteína estructural de la espícula del virus es la subunidad proteica contra la cual se necesita crear anticuerpos y células de memoria.
La espícula es el receptor viral, aquella proteína que el virus necesita para unirse a la célula, poder entrar a la misma y replicarse. Por lo tanto, se busca con las vacunas producir una respuesta inmune que evite que el virus entre a la célula por el mecanismo de bloqueo de esta unión, o lo que se llama neutralización por anticuerpos, y que elimine a las células infectadas, o lo que se llama citólisis por células T.
Tecnologías utilizadas para las vacunas contra el COVID-19
Hasta hoy (16.02.2021), existen 89 candidatos en fases preclínicas de investigación en modelos animales, 69 candidatos en ensayos clínicos en humanos (fase 1 a fase 4), 20 candidatos en fases finales (fase 3), 6 vacunas aprobadas para su uso de emergencia (EUA), 4 aprobadas para su uso en algunos países y 4 candidatos descartados.
Para SARS-CoV-2 se tienen candidatos o vacunas que abarcan desde tecnologías tradicionales para la preparación, como la atenuación del virus (aún en fases preclínicas o fase 1), la inactivación del virus (Sinopharm, Sinovac y COVAXIN de China) y la utilización de subunidades proteicas (Novavax), pero además se desarrollaron y afinaron tecnologías nóveles y emergentes.
Una de ellas utiliza vectores virales que pueden ser de distintos tipos como adenovirus humanos (como la vacuna Gamaleya Sputnik V o la de Johnson & Johnson (Janssen)) o de otros animales (como la vacuna de AstraZeneca-Oxford), virus tipo VSV (virus de la estomatitis vesicular) o virus como MVA (cepa vacunal de la viruela). Vacunas de este tipo ya habían sido aprobadas para su uso contra el virus ébola en 2019 y en 2020.
Pero la tecnología más novedosa para producir vacunas contra el COVID-19 fue la que utiliza ácidos nucleicos, ya sea ADN o ARNm (ARN mensajero). Los candidatos más avanzados y ya aprobados para su uso son la de ARNm (Pfizer-BioNTech o Moderna-NIH). Para Costa Rica, hasta febrero del 2021 se han reservado dosis principalmente de dos vacunas: Pfizer-BioNTech y AstraZeneca-Oxford.
Vacuna Pfizer-BioNTech
Esta tecnología ha estado en desarrollo para su uso terapéutico contra enfermedades genéticas y cáncer por al menos durante 30 años y para su uso contra patógenos virales desde el 2013 en ensayos clínicos contra virus como Rabia, Zika e Influenza.
Esta vacuna tiene el material genético del virus SARS-CoV-2 como ARNm envuelto en una nanopartícula de lípidos. Esto tiene como propósito proteger el ARNm que es muy frágil y sensible a la temperatura, pero también esta nanopartícula se utiliza como un vehículo que, después de ser inyectado durante la vacunación, se fusiona con la célula para llevar esa información o mensaje (en forma de ARNm) adentro de la célula y que la maquinaria enzimática normal de cada célula lea ese mensaje y produzca solamente la proteína viral de la espícula.
Una analogía sería darle instrucciones a algunas células nuestras para que se conviertan temporalmente en “fábricas” de producción de proteína viral. El ARNm es degradado por enzimas celulares en cuestión de minutos y no se integra al material genético (ADN) propio. Una vez que se producen estas proteínas virales, células de nuestro sistema inmune o de defensa las reconocen, las procesan y se inicia así la inducción de la respuesta inmune.
En los estudios clínicos realizados se demostró que aquellos que fueron vacunados con un esquema de dos dosis con 21 días entre la primera y la segunda dosis produjeron una buena cantidad de anticuerpos neutralizantes (que bloquean la entrada del virus a la célula) y de células de memoria.
Además, se demostró una eficacia del 95 % para prevenir la aparición de síntomas. Esto quiere decir que de cada 100 personas vacunadas que entren en contacto con el virus, solo 5 van a presentar algunos síntomas característicos del COVID-19, pero levemente. Esto implica que la vacuna no protege contra la infección pero sí contra la enfermedad.
Impresionantemente, también se demostró tener un 100 % de eficacia para prevenir enfermedad severa (hospitalizaciones) y muertes. De igual forma, estudios preliminares han demostrado que disminuye la cantidad de virus presente en las personas vacunadas, lo que puede significar una disminución de la transmisión viral hacia los no vacunados. Esta vacuna presenta algunos retos logísticos por el transporte y almacenamiento a temperaturas ultra-frías. Sin embargo, estos retos están siendo poco a poco solucionados a nivel nacional.
Vacuna AstraZeneca-Oxford
Esta tecnología se aprovecha de un vector viral. En este caso se usa un adenovirus no replicativo de chimpancé. Este adenovirus contiene en su información genética la que codifica para la proteína espícula, pero en forma de ADN. El adenovirus es el vehículo (como la nanopartícula en la vacuna de Pfizer-BioNTech) y que al entrar a las células funciona como un “caballo de troya”.
Cabe recalcar que los seres humanos nos infectamos con adenovirus a menudo y que estos causan resfriados comunes no complicados. Las ventajas de utilizar este adenovirus de chimpancé es que los seres humanos no nos vamos a enfermar con un resfriado ser de otra especia, no deberíamos tener una respuesta inmune previa que afecte la entrada del virus a la célula y que al ser no replicativo, significa que el virus no se perpetúa, solo es utilizado como vehículo.
Al entregar la información de la espícula, nuevamente se aprovecha de la maquinaria enzimática normal de cada célula para que se lea este mensaje y produzca solamente la proteína viral de la espícula. Igual que con la vacuna de Pfizer-BioNTech, una vez que se producen estas proteínas virales, algunas células de nuestro sistema inmune las procesan y se inicia así la inducción de la respuesta inmune.
Los estudios clínicos realizados arrojaron resultados un poco confusos, ya que se utilizaron dos esquemas distintos de vacunación. En uno vacunaron con dos dosis completas con 28 días entre la primera y la segunda dosis y en otro, por error, vacunaron solo con media dosis en la primera puesta. En ambos casos, se demostró que aquellos que fueron vacunados produjeron una buena cantidad de anticuerpos neutralizantes (que bloquean la entrada del virus a la célula) y de células de memoria.
También, se demostró una eficacia combinada del 70 % (62 % y 90 % respectivamente para los dos esquemas) para prevenir la aparición de síntomas. Esto quiere decir nuevamente que la vacuna previene la enfermedad y no la infección. Es decir, de cada 100 personas vacunadas que entren en contacto con el virus, solo 30 van a presentar levemente algunos síntomas característicos del COVID-19.
Sin embargo, aunque no tenga una eficacia tan alta como la de Pfizer para prevenir síntomas, los dos esquemas de vacunación demostraron tener un 100 % de eficacia para prevenir enfermedad severa (hospitalizaciones) y muertes. La ventaja de esta vacuna es que no requiere temperaturas tan bajas de transporte y almacenamiento. Esto la hace muy factible de aplicar en países de bajos y medios recursos que no tengan acceso a congeladores de ultra baja temperatura o en países donde las redes de vacunación deben llegar a sitios remotos y complejos.
¿Nos permitirán estas vacunas una campaña segura, controlada y de impacto?
Sí, lo van a permitir. Estas vacunas son seguras y eficaces y tendrán un gran impacto. Se presentan algunos efectos secundarios propios de la vacunación, síntomas que aparecen por la activación de nuestro sistema inmune como dolores musculares, de cabeza, fatiga, escalofríos, adormecimiento del brazo, dolores articulares. No obstante, no permanecen más de 24-48 horas. Muy poco frecuentemente se han presentado reacciones alérgicas, pero se pueden manejar médicamente.
No se puede omitir mencionar algunos aspectos que se desconocen aún, por el poco tiempo transcurrido tras el inicio de las aplicaciones o por no tener aún la evidencia completa, por ejemplo:
¿Evitan la transmisión del virus? Es esperable que sí la disminuyan.
¿Cuál es la duración de la protección causada por la vacunación? Hasta ahora se habla de por lo menos 3 meses, pero es esperable que sea por más tiempo.
¿Será necesaria una vacunación periódica? Es probable, debido no solo a la duración de la protección sino a la aparición de variantes virales.
¿Habrán efectos adversos a (muy) largo plazo o muy infrecuentes? Puede ser, pero hasta el momento desde el inicio de los ensayos clínicos en fase 1, no se ha observado ninguno.
¿Habrán vacunas para menores de edad? Ya se están realizando ensayos clínicos con adolescentes y menores de 12 años. Todo parece indicar que sí las habrán.
¿Es la vacunación lo que hará que la pandemia finalice? Es muy probable, pero no lo podemos predecir.
*Los ejemplos de las tecnologías de la preparación de vacunas ni los nombres de las mismas vacunas son exhaustivos.
Eugenia Corrales Aguilar, MQC, Ph.D. en Virología Viróloga, Centro de Investigación en Enfermedades Tropicales (CIET), Facultad de Microbiología, Universidad de Costa Rica
Dr. Federico Montero Mejía/ Lic. Luis Fernando Astorga Gatjens
Después de casi un año del cierre del Centro Nacional de Rehabilitación (CENARE), miles de personas que han requerido los servicios de rehabilitación, no los han recibido del todo o lo han hecho en forma muy restrictiva.
Esta injusta situación ha sido reclamada, con respeto pero con vehemencia, por las y los 172 expacientes, usuarios y padres de niños usuarios de ese centro especializado, suscriptores de una carta dirigida a la Junta Directiva de la CCSS, fechada el día 2 de febrero del año en curso.
Los autores del presente artículo forman parte de ese numeroso grupo de firmantes, que suma cada día a más personas que hacen el mismo reclamo y que lo han venido patentizando por distintos medios.
El CENARE fue cerrado en marzo del 2020 para que la totalidad de sus instalaciones, fueran ocupadas por el Centro Especializado de Atención de de Pacientes con la Covid-19 (CEACO).
En la mencionada carta se destaca la comprensión y flexibilidad que se ha tenido ante la gravedad de la pandemia, pero ya hay un agotamiento colectivo de la paciencia y larga espera, ante el incumplimiento de la Caja, al no ofrecer las alternativas requeridas al cierre de los servicios de rehabilitación que venía prestando el CENARE. Tal fue el compromiso asumido por la entidad pero la posposición indefinida, ha sido la respuesta dominante. Y lo más grave es que este tipo de servicios también fueron cerrados en otros hospitales para ser ocupados por pacientes con Covid-19.
Subestimación de la rehabilitación
Las autoridades de la Caja y del CENARE se suman a quienes (aquí y en otros lugares del mundo), no le dan la debida importancia a la rehabilitación. Un estudio conjunto de la Organización Mundial de la Salud y el Instituto de Métricas en Salud y Evaluación (IHME) de los Estados Unidos, titulado “Estimaciones Globales de la necesidad de rehabilitación basada en la Carga Global de Enfermedad del 2019: un análisis sistemático para el Estudio de la Carga Global de Enfermedad 2019” y publicado en la revista The Lancet del 1 de diciembre del 2020 (en línea), concluye que en algún momento de sus vidas, un tercio de los seres humanos requiere servicios de rehabilitación. Si ese dato lo extrapolamos a la población actual del país, casi un millón setecientas mil personas habrán requerido o requerirá tales servicios.
Según el estudio en mención: “las estimaciones globales establecen a la rehabilitación como una estrategia clave para la cobertura universal de salud en el Siglo XXI y reta la idea de la rehabilitación como un servicio opcional que solo es requerido por una minoría de la población. Los hallazgos indican la urgente necesidad de aumentar proporcionalmente la rehabilitación, particularmente a nivel de atención primaria, para asegurar que los servicios alcancen a aquéllos que los necesitan. El estudio provee fuertes argumentos para los tomadores de decisiones de políticas para priorizar la rehabilitación y enfocar las necesidades funcionales de su población”.
El impacto negativo en su salud y su calidad de vida por no recibir los servicios requeridos, afecta a miles de personas con discapacidad. Con ello se suma un eslabón más a la situación de discriminación y exclusión múltiple, que afecta a este sector poblacional de alrededor de 900 mil personas.
En la carta también se reclama “atención intrahospitalaria, lo cual resulta indispensable para las personas afectadas por lesiones y condiciones tan serias como una lesión de la médula espinal, un trauma cráneo-encefálico, una amputación, un evento cerebro-vascular y muchas otras”.
Palabras frente a testimonios y números irrebatibles
Ni una sola persona con secuelas de una lesión aguda de la médula espinal, de un trauma cráneo-encefálico, de un evento cerebro-vascular, que en cualquier momento recibiría servicios de rehabilitación intrahospitalaria, pues constituyen una emergencia, ha podido ser hospitalizado en el CENARE. Por otra parte, este centro especializado ha venido prestando servicios de Odontología, a miles de personas con discapacidad que necesitan recibir atención y tratamiento, bajo condiciones muy específicas. Pues bien, desde hace 48 semanas tal servicio está cerrado y la Caja no ha ofrecido otra alternativa. Eso lo atestiguan miles de pacientes y familiares de niños y jóvenes con discapacidad, a quienes les urge este tipo de atención.
Por su parte, la Caja responde mediante un Twitter, publicado el 9 de febrero que “El Centro Nacional de Rehabilitación (CENARE), mantuvo la continuidad de sus servicios presenciales y virtuales a su población durante toda la pandemia y ofreció en 2020, 385 113 tratamientos de terapia”.
La cifra indicada puede conducir a interpretaciones erróneas, pues una sola persona puede recibir más de un tratamiento de terapia. En todo caso, los números que fijan la afectación por no recibir la rehabilitación requerida así como múltiples testimonios de las centenares de personas afectadas, contradicen lo que expresa la Caja. Pareciera que quien escribió ese Twitter vive en un país paralelo y no el de la mayoría de los costarricenses, particularmente, las personas con discapacidad.
Acciones a desarrollar
Lo que se está exigiendo es “que la CCSS encuentre a la mayor brevedad alguna alternativa que garantice los servicios de rehabilitación integrales a los miles de habitantes de nuestro país que requieren de dichos servicios de manera urgente e integral”. Simplemente, no más palabras sino hechos concretos e impostergables.
Quienes participamos de este reclamo colectivo, demandamos asimismo una respuesta seria de las autoridades de la Caja. La Junta Directiva de la institución es la que debe responder a la citada misiva ofreciendo soluciones concretas tanto a las y los pacientes del CENARE como el de los otros hospitales donde también se suspendieron los servicios de rehabilitación.
Otro temor que ha venido ganando terreno entre las y los reclamantes es que cuando sea superada la pandemia, el CEACO no vuela a reconvertirse en el CENARE, que es el único hospital nacional en rehabilitación. El Dr. Román Macaya, Presidente Ejecutivo de la CCSS, asumió tal compromiso el 29 de mayo del 2020, en el marco del Día Nacional de las Personas con Discapacidad. Sin embargo, ante el incumplimiento de los compromisos de la institución –como lo estamos demostrando—esa preocupación cobra pleno sentido.
Por ahora, se está en espera de una respuesta pronta de la institución, que esté a la altura de la dignidad y seriedad de los reclamos de las y los peticionarios. Empero de no ofrecerse esa respuesta con las justas soluciones exigidas, se desarrollarán otras acciones; entre las que se destacan: una, un recurso de amparo ante la Sala Constitucional y dos, la presentación de una denuncia ante el Comité de Naciones Unidas que supervisa el cumplimiento de la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad (CDPD).
Tales acciones se amparan en muchos instrumentos jurídicos, pero destacamos dos, a saber:
La ley 7600 que establece en su Artículo 33, que “La Caja Costarricense de Seguro Social y el Instituto Nacional de Seguros deberán ofrecer servicios de rehabilitación en todas las regiones del país, incluyendo servicios a domicilio y ambulatorios. Estos deberán ser de igual calidad, con recursos humanos y técnicos idóneos y servicios de apoyo necesarios para garantizar la atención óptima”.
Por otra parte, la CDPD indica en su artículo 25: “Los Estados Partes reconocen que las personas con discapacidad tienen derecho a gozar del más alto nivel posible de salud sin discriminación por motivos de discapacidad. Los Estados Partes adoptarán las medidas pertinentes para asegurar el acceso de las personas con discapacidad a servicios de salud que tengan en cuenta las cuestiones de género, incluida la rehabilitación relacionada con la salud…”. Asimismo el artículo 26 del mismo tratado internacional regula todo lo concerniente al derecho a la habilitación y rehabilitación.
En general, las personas afectadas por el incumplimiento de la CCSS y, especialmente, las personas con discapacidad, contamos con argumentos sólidos para demostrar nuestros asertos y para ganar las acciones judiciales, que hayamos de emprender. Sin embargo, esperamos que impere el compromiso institucional y en la Caja, los hechos le ganen a las palabras y compromisos incumplidos para evitar recurrir a las vías jurisdiccionales.
Costa Rica en el año de su bicentenario, lo demanda y se lo merece.
El Banco de Sangre de la Universidad de Costa Rica es el primero del país en introducir pruebas de detección de ácidos nucleicos para detectar VIH, Hepatitis B y Hepatitis C en donantes de sangre.
Banco de sangre de la Universidad de Costa Rica.
El Banco de Sangre de la UCR es pionero en Costa Rica al tener donación 100% altruista y eliminar la donación por reposición; también ha sido el único en introducir las pruebas de biología molecular para la detección de HIV, hepatitis B y hepatitis C con la finalidad de brindar productos más seguros para los pacientes, además, ha sido el primer banco de sangre en acreditar la prueba del grupo sanguíneo bajo la norma ISO-15189 que otorga el Ente Costarricense de Acreditación (ECA).
El Banco de Sangre del Laboratorio Clínico de la Oficina de Bienestar y Salud (OBS) promueve la donación voluntaria de sangre en la población universitaria y en el público en general para crear una cultura de donación que invite a las personas a ser repetitivos, además de velar por su atención y hacer de la donación una experiencia agradable y segura.
Mediante un convenio entre instituciones públicas, el Banco de Sangre de la UCR coopera con el Hospital del Trauma del Instituto Nacional de Seguros, brindándole sangre segura, obtenida de donantes 100% voluntarios y preparada bajo estrictas normas de calidad.
La selección de la persona donante es realizada por profesionales en microbiología, especializados en bancos de sangre, los cuales eligen a las personas que cumplan con los criterios internacionales y son aptas para el proceso de la donación. Una vez obtenida la sangre, se separa en distintos componentes, se realizan varios análisis para determinar el tipo de sangre y la presencia de agentes infecciosos como HIV, hepatitis B y C, Chagas, sífilis, HTLV I y II, para evitar una eventual transmisión de infecciones por vía sanguínea.
El Dr. Jonathan Alfaro Alvarado, Jefe del Banco de Sangre, expresa que esta instancia encargada y responsable de la selección del donante, la recolección, análisis y almacenamiento y distribución de la sangre siguiendo estrictos controles de calidad; de esta forma, obtiene y provee de sangre segura a las personas que, por diferentes situaciones, requieren ser transfundidos para poder salvar sus vidas, generalmente ante pérdidas de sangre (por accidentes o durante una cirugía) o ante la presencia de algunas enfermedades que afectan la producción de uno o varios de los componentes de la sangre como las leucemias.
Para el Dr. Alfaro la donación de sangre es un acto humanitario y solidario, donde una persona puede convertirse en un héroe y salvar la vida de hasta tres personas con solo una donación de sangre total, ya que la sangre se separa en distintos componentes que se pueden transfundir a distintos pacientes, según lo requieran.
La donación de sangre es rápida, ya que requiere entre 35 – 50 minutos y al ser llevada a cabo por profesionales en el tema es sumamente segura, y lo más importante es que su impacto es invaluable al brindarle a tres pacientes la posibilidad de sobrevivir y superar alguna condición clínica que requiere la transfusión de sangre.
Funcionarias de la Oficina de Bienestar y Salud de la Universidad de Costa Rica durante campaña de donación de sangre.
El Banco de Sangre de la UCR surge de la necesidad que tienen los centros de salud, que no pertenecen a la CCSS, de tener un centro especializado que pueda proveer hemocomponentes seguros y de calidad ya que el Banco Nacional de Sangre sólo abastece a los hospitales de la CCSS. En nuestro país existe una gran demanda y nos faltan muchos donantes voluntarios y repetitivos, es por esta razón que el Banco de Sangre de la UCR, se enfoca en facilitar el proceso de la donación y ayudar a muchos pacientes que lo necesitan para poder sobrevivir.
Para el Dr. Jaime Alonso Caravaca, Director de la Oficina de Bienestar y Salud (OBS) el servicio hemoterapéutico que brinda nuestro Banco de Sangre tiene una importancia superlativa. Primero, porque le brinda un significado social ampliado a la sangre y al proceso de donación altruista, a través de la efectivación del concepto de solidaridad orgánica y salud participativa. Segundo, porque ofrece un recurso vital a personas varias, que sin la reposición sanguínea no sobrevivirían. Lo anterior, siguiendo estrictos estándares de calidad y con la ayuda de equipos de alta tecnología únicos en nuestro país.
Para el Dr. Caravaca se torna importante mencionar que el proceso de donación que lidera nuestro Banco de Sangre es un elemento de referencia nacional con sello OBS-UCR, el cual se encuentra representado por profesionales altamente capacitados, que organizan sus acciones de manera atenta, horizontal y dialógica y que, convocan a la población a participar activamente de la construcción de la salud.
El Director de la OBS expresa que esta conmemoración, es un espacio para expresar al equipo humano que trabaja en el Banco de Sangre de la OBS-UCR, una vida longeva y repleta de éxitos.
Para el Dr. Alfaro el principal requisito para donar sangre es querer ayudar de forma desinteresada, solidaria y altruista, además de pesar más de 50 Kg, ser mayor de edad y sentirse bien de salud.
Invitamos a todas las personas de nuestra comunidad universitaria y costarricense que nos contacten por medio del correo electrónico: bancodesangre@lcucr.com para agendar una cita y vengan a donar. Más información en el sitio web: https://www.lcucr.com/banco/quien/
Sonia Vargas Cordero Periodista, Unidad de Promoción de la Salud, Oficina de Bienestar y Salud
SURCOS comparte el siguiente comunicado de prensa:
¿Tráfico de influencias del gobierno en aplicación de vacuna covid-19?
El Presidente de la República y el gobierno no debe tener la potestad de resolver si se vacuna o no a los diputados. Esta decisión les compete a las instituciones especializadas en la materia, como son el Ministerio de Salud y la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).
Sin embargo, podrían existir intentos de violar las autonomías, permitir el tráfico de influencias o favorecimientos debido a vínculos políticos en ambas instituciones. Todo puede pasar en el nombre de la «democracia neoliberal».
En la Caja, el Ministerio de Salud y otras entidades hay miles de trabajadores que no han sido vacunados, a pesar de estar en la primera línea de atención de los enfermos por COVID-19.
«Ha fallecido personal especialista y calificado en la Caja y miles de contagiados e incapacidades por coronavirus, con la subsiguiente perdida de salarios y vacaciones de los trabajadores», detalló Luis Chavarría, secretario general de UNDECA.
Lamentablemente hemos perdido a más de 2.000 ciudadanos a causa de la enfermedad, pero estos valerosos trabajadores del sector salud han salvado miles de vidas humanas y han evitado una mayor catástrofe, como se ha dado en otras naciones del inundo.
Vacunar a la clase política empresarial, antes que a los trabajadores de la primera línea es un acto siniestro, debería n tratar de arreglar las acciones que han llevado a nuestro país al borde de una debacle económica. Es hora de pasarles la factura.
Para más detalle comunicarse con Luis Chavarría, secretario general de UNDECA al 8367-2737.
Al menos 14 adultos mayores, dos de los cuales eran awapas o médicos tradicionales, fallecieron en el territorio indígena bribri de Talamanca durante el 2020, debido a complicaciones asociadas a la COVID-19, según informó el vicepresidente de la Asociación de Desarrollo del territorio indígena Bribri (Aditibri), Emmanuel Buitagro.
La mayoría de los casos en esta comunidad se presentaron durante los meses de agosto y setiembre pasados, cuando hubo un brote de la enfermedad dentro del territorio indígena.
Buitagro explica que la pérdida de personas mayores en los territorios indígenas “deja un vacío en materia de conocimiento cultural de prácticas ancestrales, rituales, cantos ceremoniales, cánticos a la salud. Toda una gama de conocimientos que tienen estas autoridades ancestrales”.
Esto genera un debilitamiento y la pérdida de identidad de los pueblos, señala Buitagro.
A nivel nacional, de los poco más de 104.000 mil pobladores indígenas que hay en los 24 territorios, se reportan 1.900 contagios y 28 fallecimientos relacionados con la COVID-19. De esas personas fallecidas, 17 eran adultos mayores.
Por ejemplo, en el territorio de Salitre en Buenos Aires de Puntarenas, se registró la muerte del presidente de la Asociación de Desarrollo Indígena. “Don Salomón murió de COVID el año anterior, inclusive atendiendo con nosotros la pandemia”, contó el viceministro de la Presidencia, Randall Otárola.
Hasta la semana del 15 de enero, las autoridades de salud reportaron un total acumulado de 52 casos positivos confirmados en el territorio Maleku, el deceso de dos personas indígenas y el de dos cónyuges no indígenas, así como 24 personas que habían sido aisladas por ser contactos cercanos de personas positivas. Para esa fecha solo se registraron siete casos activos en la comunidad.
Las autoridades intensificaron su trabajo en la zona, realizaron visitas casa por casa con traductores de la comunidad en lengua maleku para despejar las dudas de la población.
Para Geyner Blanco, indígena maleku, la muerte de mayores dentro de territorios indígenas bajo estas circunstancias representa “todo un choque a nivel comunitario” por la pérdida del acervo que resguardan estas personas.
El investigador del INIL-UCR, Alí García, califica como “tragedia en términos de pérdida de identidad y de conocimientos” la muerte prematura de mayores indígenas. Para García el trabajo de cualquier mayor en las comunidades originarias es mantener la esencia del conocimiento y con ello garantizar la existencia de la lengua.
El viceministro Otarola planteó que, al igual que sucede en el resto del país, dentro de los territorios indígenas hay personas escépticas al impacto real de la pandemia y por ende fortalecer la relación con las autoridades locales para transmitir los lineamientos de protección es un factor clave para evitar que el virus se propague.
Otarola además explicó que se trabaja de manera preventiva y no esperando que la enfermedad afecte a la población, ya que reconoce que existen muchos rezagos históricos dentro de los territorios que provocan una mayor vulnerabilidad por ejemplo las dificultades de acceso a los sistemas de salud pero aún más a servicios básicos como agua potable.
“Hay un esquema importante para llevar no solo medidas sanitarias sino atención directa y de calidad como cualquier ciudadano recibe en este país a todos los territorios indígenas”, manifestó el viceministro.
Para revertir los efectos culturales provocados por la pandemia la Asociación de Desarrollo Indígena de Talamanca propone que durante este 2021 se otorguen becas para que personas jóvenes o adultas de la comunidad se capaciten y fortalezcan los conocimientos de su cultura tradicional indígena.
“Al ritmo al que vamos, si no se hace ninguna medida para salvaguardar el conocimiento, estamos propensos a que llegue un momento en que nadie de la comunidad maneje estos temas”, planteó con preocupación Emmanuel Buitrago, líder comunal indígena de Talamanca.
Foto: ADITIBRI Nota periodística de Interferencia – Radioemisoras UCR
El Dr. José A. Molina-Mora, de la Facultad de Microbiología de la UCR, explica los detalles y comparte su posición sobre la variante de Londres
Miércoles 27 de enero de 2021. En diciembre de 2020, once científicos de la Facultad de Microbiología de la Universidad de Costa Rica (UCR) y del Instituto Costarricense de Investigación y Enseñanza en Nutrición y Salud (Inciensa) le dieron a la comunidad científica internacional un reporte inédito: en Costa Rica existe una variante del SARS-CoV-2 que aumentó su presencia y que sobrepasó el estándar mundial.
Su nombre es T1117I y se ubica en la espícula (corona) del virus. Si bien esta mutación no hace al virus más letal, contagioso o agresivo, en el reporte de diciembre de 2020 (que analizó los casos de marzo a agosto) y el de enero de 2021 (que añade los casos de septiembre, octubre y noviembre), han ocurrido varios cambios.
Uno de ellos está en la cantidad reportada. En el reporte de diciembre de 2020, la variante T1117I registraba una presencia del 14,5 % en los 138 casos estudiados. Ahora, el reporte de enero de 2021 muestra que esa cifra aumentó a un 29.2 % con los 47 nuevos genomas secuenciados. Este dato supera, y por mucho, la frecuencia internacional que no llega ni al 1 %.
De acuerdo con la base de datos internacional GISAID, una plataforma que promueve la rápida distribución de información relacionada con virus (entre ellos el SARS-CoV-2), Nueva Zelanda, Australia y Bangladesh ya tienen la variante. Sin embargo, al 26 de enero de 2021, las tres naciones han contabilizado menos de dos casos.
Los otros países que también han hecho reportes de la T1117I, pero con casos mínimos, son Chile y Sudáfrica. Pocos países, incluido Costa Rica, han hecho público la existencia de la mutación.
Ahora bien, la pregunta es ¿por qué? ¿Qué posee Costa Rica que no tienen los demás países para tener una variación del virus que incrementa su presencia en el país, cuando en otras naciones no aumentó?, ¿podría esta variante poner en peligro la eficacia de la vacuna?
Para contestar esa interrogante recurrimos nuevamente al Dr. José Arturo Molina Mora, microbiólogo bioinformático del Centro de Investigación en Enfermedades Tropicales (CIET-UCR), de la Facultad de Microbiología, y coordinador del proyecto de análisis genómico del virus desde la UCR.
¿Cuántas variantes, en general, han logrado encontrar hasta hoy?
José Molina Mora (JMM): “En la última entrevista le dije que habíamos descrito hasta 15 mutaciones por genoma y que esas mutaciones también se reportaban en el mundo. Al día de hoy, nosotros ya hemos detectado hasta 22 mutaciones por genoma, para un total de 283 diferentes mutaciones en todos los genomas que hemos analizado en conjunto.
Al igual que la vez anterior, no tenemos ninguna asociación de los genomas virales o tipos de virus con la mortalidad. En otras palabras, independientemente de la variante con la que se tenga la infección, por el momento es igual de probable fallecer (o no) por la enfermedad que genera el virus”.
En relación con esta nueva variante, la T1117I de la espícula, ¿cuándo se dieron cuenta de que la teníamos en Costa Rica?
JMM: “En diciembre de 2020 nos dimos cuenta de la T1117I. Cuando se está haciendo el estudio, uno va mutación por mutación para analizar cuál podría ser el efecto. Al encontrar esa variante yo dije: ‘¿qué?, ¡espere un momento!’, y empecé a indagar más.
En el reporte de diciembre, que analizó el periodo marzo-agosto, decíamos que la T1117I en Costa Rica tenía una frecuencia del 14 % en agosto, mientras que en el mundo esa mutación no subía del 1 %, y que es muy escasamente reportada por otros países.
En el gráfico del GISAID vemos que esta variación es muy predominante en Costa Rica. Hay algunos pocos casos en Colombia, y muy pocos en Malasia y Australia.
A enero de 2020 actualizamos la información con genomas obtenidos de casos hasta noviembre y vemos un 29 % de frecuencia en dicha mutación en Costa Rica. Es decir, ya se duplicó en nuestro país en tan solo tres meses.
Entonces, ¿se podría considerar esta variante, la T1117I, como la más frecuente de Costa Rica?
JMM: “No es la más frecuente, pero es la que está aumentando más con respecto a su histórico. Veamos el caso de la variante D614G de la espícula. Al inicio la teníamos en un 95 %, luego 98 % y ahora al 99 %.
Esos porcentajes reflejan que la variante D614G siempre ha sido muy alta y superior al 90 % de las secuencias. Pero esta, la T1117I de la espícula, antes estaba en cero y se mantuvo así por varios meses hasta mayo. Ahora, está aumentando.
Si llega la variante de Londres, por citar un caso, es esperable que suceda un aumento, parecido al que se ha reportado en Inglaterra y Estados Unidos, porque se sugiere que tiene mayor transmisión.
Lo importante aquí es que nosotros estudiamos detalladamente la variante T1117I de la espícula de primero en el mundo ante la comunidad científica. Aunque no tuvimos el primer caso, si hicimos el primer reporte con un incremento sostenido a niveles no observados en ningún otro país. El primer caso estuvo en Alemania”.
¿Y ya se sabe qué fue lo que propició el origen de esa mutación en Costa Rica?
JMM: “No. Hay muchas hipótesis. Como el primer caso reportado fue en Alemania, una opción es que alguna persona alemana llegara a Costa Rica y trajera esa mutación. Esa podría ser una explicación.
Otra es que pudo haberse originado completamente en Costa Rica a parte de Alemania, Australia y Malasia. Los escenarios son muy complejos.
Lo que sí sabemos es que los genomas que circulan en el país son producto de múltiples introducciones. Una vez me preguntaron, ¿entonces la culpa de que el COVID-19 lo tengamos en Costa Rica es del primer extranjero infectado que vino al país? La verdad no. Él fue un caso, pero hay muchos reportes más de personas que lo trajeron de otros países, incluidos costarricenses.
Al igual que los demás países del mundo, los genomas que circulan son producto de múltiples introducciones de personas de varias naciones”.
Hay un término bastante técnico en el artículo científico que me parece importante rescatar aquí en palabras sencillas, y es el de la oligomerización viral. Este término hace referencia a la forma final que tendrá el virus ¿Acaso la T1117I influye de alguna forma a esa conformación final del SARS-CoV-2?
JMM: “Para explicar de forma sencilla sobre la oligomerización, digamos que usted compra una silla plegable. Usted tiene que armar la silla, acomodarla, abrirla y ponerle tapones. Esa silla, para usted poder armarla, tiene unas instrucciones que le ayudarán a tener una conformación final.
Para verlo desde el virus, sería lo siguiente. Si yo le digo: ‘constrúyame una cama’, pero hay una mutación de una M por una S, en vez de ‘cama’ usted leerá ‘casa’. Esa simple letra (mutación) generará un impacto grandísimo. Usted me dará una casa y no la cama.
También, la letra C puede mutar a una K. En tal caso, se leería ‘Kama’, que si bien está mal escrita con K, se sigue entendiendo que es una cama y no hay un verdadero efecto en el mensaje. Esto es lo que podría pasar con la T1117I.
La variante podría generar una conformación final ligeramente diferente de la espícula del SARS-CoV-2, pero que no propició cambios significativos en el comportamiento del virus”.
Eso explicaría por qué esta variante no convierte al virus en una versión más agresiva, letal o contagiosa. ¿Estoy en lo correcto?
JMM: “Sí. El material genético trae las instrucciones de cómo el virus va a ensamblar su espícula (esos picos que tiene en forma de corona y que es su llave para entrar a la célula humana). La oligomerización le da a la proteína del virus su forma final y la capacidad para interactuar con la célula humana.
Si nos enfocamos en la mutación T1117I, al ubicarse tan abajo, los análisis bioinformáticos nos predicen que es muy probable que no tenga mayor efecto en cómo actúa la molécula con la célula humana. Por lo tanto, no debería afectar ningún cambio en la presentación de la enfermedad”.
¿Tampoco en la vacuna?
JMM: “Tampoco. Si esta mutación estuviera cerca de los sitios donde se reconocen los anticuerpos, ahí sí sería preocupante porque pondría en riesgo la eficacia de las vacunas. Pero este no es el caso. La mutación, al estar tan lejos, no debería afectar la vacuna.
¿Y qué podríamos tener de especial las y los costarricenses para poseer una variación del virus que incrementa su presencia en el país, cuando en otras naciones que reportaron la misma variante no tuvieron aumentos significativos?
JMM: “Podría ser algo casual y de comportamiento social, pero también la genética de cada población podría determinar la infección y los factores de fondo. Por ejemplo, ¿por qué la ACE2 (el receptor de la célula humana que le permite al virus la entrada) es tan importante cuando hablamos de pacientes con hipertensión arterial?
Porque hay una serie de tratamientos para la presión arterial que pueden aumentar la cantidad de receptores ACE2 en las células, dependiendo del tipo (alelo) de ACE2 que se tenga.
Entonces, por decirlo así, la persona tiene más puertas para que el virus se pegue y entre. Esto podría tener efectos en la cantidad de virus que se produce o incluso en severidad. Una persona con hipertensión arterial con ciertos tratamientos favorece la producción de estas moléculas ACE2. Es una hipótesis que se maneja incluso para explicar por qué los niños no se enferman como los adultos.
En una población con una alta prevalencia de hipertensión arterial, como el caso de Costa Rica, podría ser una de las razones que influya en el aumento de la transmisión y favorecer así a esta variante. En Costa Rica no se están haciendo estudios de esta índole, entonces es solo una hipótesis”.
Finalmente, Dr. Molina, ¿qué puede esperar la población costarricense en los próximos meses?
JMM: “Lo más importante de esto, que aplica para la mutación de Costa Rica y Londres, es que por el momento ninguna de las mutaciones ha reportando un cambio en la forma en cómo va a dar la enfermedad.
El COVID-19 sigue dependiendo de los factores de riesgo. Hay que seguir tomando las medidas. También, que indistintamente si a mí me va a llegar la versión GH, GR o G del virus, debemos prevenir la infección desde el punto de vista individual y colectivo, en especial las personas de alto riesgo.
Nosotros desde la UCR y el Inciensa, vamos a seguir detectando mutaciones, pero esto seguramente no nos va a cambiar las normas para controlar el virus.
Ahora bien, desde el punto de vista de su frecuencia, es probable que la variante siga aumentando. Es completamente esperable tener otras mutaciones que aumenten y que alguna mutación, o su acúmulo, genere un cambio. A largo plazo se espera que las variantes atenúen el virus, pero eso no quita que pueda aparecer alguna mutación que complique la transmisión, severidad o tratamientos”.
La OBS se prepara con responsabilidad para garantizar las medidas de seguridad sanitaria y la reducción de riesgos al brindar sus servicios
El Centro de Simulación Móvil, de la Escuela de Enfermería, funciona como un anexo a las instalaciones de la OBS, donde el personal sanitario puede cambiar su equipo de protección contaminado por uno limpio y desinfectado. Foto: cortesía de la OBS
Al garantizar la calidad en los servicios clínicos, la Oficina de Bienestar y Salud (OBS) gestiona la responsabilidad compartida de mantener la salud universitaria. Además, tal unidad continúa avanzando para retomar el quehacer presencial en los servicios de salud dirigidos a la comunidad de la UCR, aunque se continuarán brindando los cuidados y atenciones por medio de la plataforma virtual.
El director de la OBS, el Ph. D. Jaime Alonso Caravaca Morera, expresó que el derecho a la salud de la comunidad universitaria tiene como prioridad no solo continuar con la modalidad de atención, cuidados y seguimiento a las personas en materia de salud por la vía virtual, sino también ir retomando paulatinamente la presencialidad en situaciones específicas. En este último caso, siempre se garantizará el cumplimiento de las medidas de seguridad y la reducción de la exposición a riesgos.
Asimismo, enfatizó que se está trabajando por etapas, esta vez con el apoyo de la Escuela de Enfermería, a través del Centro de Simulación Móvil, el cual cuenta con la habilitación por parte del Ministerio de Salud para realizar algunas actividades clínicas.
El objetivo es contar con un espacio seguro para que el personal de atención prehospitalaria pueda, en caso de presentarse una emergencia en la Sede Rodrigo Facio, realizar el traslado de las personas. Asimismo, el centro móvil puede funcionar como un espacio para cambiarse la ropa contaminada y tener equipo de protección limpio o desinfectado.
De esta forma, la OBS se prepara para la atención clínica presencial. Los demás servicios se irán retomando bajo la estrategia de presencialidad escalonada.
Oficina de Bienestar y Salud (OBS), Sede Rodrigo Facio.
Se les recuerda a las instancias y miembros de la comunidad universitaria que:
Se deben respetar e implementar todos los protocolos de presencialidad aprobados por el Ministerio de Salud, los cuales han sido diseñados a la medida de la UCR.
Se iniciará en breve un proceso escalonado para que, en aquellos casos que lo requieran, se puedan realizar análisis, seguimientos de tratamiento o una atención clínico-médica presencial. Se irán contemplando las dos modalidades de atención: la virtual, por medio de los avances en la implementación del expediente digital y, al mismo tiempo, la presencial en las situaciones que así lo ameriten.
En la actualidad, la OBS está en el proceso de compra de un contenedor propio para acondicionarlo y usarlo como vestidor. Esto facilitará el cambio de ropa y la desinfección del personal de salud.
El Dr. Jaime Caravaca indicó que cuando se identifique o reporte una posible urgencia, la persona primero pasará por una especie de triaje, es decir, un proceso de categorización que permite definir la prioridad en la atención. Si el/la paciente tiene una sintomatología compatible con el COVID-19, será trasladado/a al área de salud correspondiente para recibir los procedimientos que han sido estipulados por las autoridades de salud.
Adicionalmente, la OBS desde ya se prepara para recibir de manera presencial a estudiantes y a trabajadores/as de las unidades académicas que tengan la aprobación para presentarse en persona, según los procedimientos institucionales establecidos.
SURCOS comparte el comunicado del Sindicato de Trabajadoras y Trabajadores de la Educación Costarricense (SEC):
Este martes 19 de enero se llevó a cabo una reunión de Junta Paritaria de Relaciones Laborales, de la cual el SEC forma parte y en la que participó la Ministra de Educación Pública, Guiselle Cruz.
Entre los puntos medulares de este encuentro virtual se destacan: La estrategia Regresar que impulsa el MEP, los alcances de las estrategias empleadas en Curso Lectivo 2020, infraestructura en centros educativos entre otros.
El SEC insistió en la vacunación ya que la estrategia Regresar, propuesta por el MEP no aborda un esquema específico para la protección de la persona trabajadora de la educación y hay múltiples preocupaciones que giran alrededor del inicio del Curso Lectivo, principalmente por la desprotección al personal, carencias en infraestructura, condiciones y medidas, además del incremento en los índices de muertes.
Desde diciembre venimos insistiendo que se vacune a todo el Magisterio Nacional, ya que no se puede experimentar con la vida y salud de las personas. Nosotros no estamos satisfechos con el planteamiento realizado por el MEP para el inicio del periodo lectivo; ya que es muy teórico y nada asegura que se pueda tener la debida protección, para las trabajadoras y los trabajadores de la educación. Consideramos que no se ha presentado un proceso objetivo y lógico, de cómo iniciar la vacunación de aquellas personas que son de alto riesgo, tampoco para los que están en el rango de los 58 años en adelante.
Dejamos claro que será responsabilidad del MEP, si se presenta una mayor propagación del COVID-19, como consecuencia de la presencialidad en el Curso Lectivo.
Mantendremos nuestros esfuerzos para que se vacune al Magisterio Nacional y además exigimos que no se congelen las plazas que están vacantes tal y como lo dicta un lamentable Decreto que hoy hace más apremiante la situación.
El SEC solicitó urgentemente una reunión con la Comisión de Vacunación para exponerles nuestro planteamiento en el que también hemos propuesto que se logre la vacunación por medio del apoyo de las organizaciones magisteriales.
Encuesta Actualidades de la Escuela de Estadística de la UCR
El estudio revela que quienes menos se cuidan consideran el virus como “poco peligroso”
Según el equipo investigador, la creencia en controversias y conspiraciones pueden ser una barrera para el cumplimiento de las medidas de prevención contra el COVID-19. Imagen con fines ilustrativos. Foto: Laura Rodríguez Rodríguez, UCR.
La Encuesta Nacional sobre el COVID-19 realizada por la Escuela de Estadística de la Universidad de Costa Rica (UCR) revela que casi la mitad de la ciudadanía cree en las teorías de la conspiración alrededor del surgimiento del virus.
El 55,9 % de las personas consultadas piensa que el virus SARS-CoV-2 fue creado en un laboratorio, mientras que el 48 % asegura que se trata de un arma biológica y el 47 % manifiesta que este tiene la intención de disminuir la población mundial.
Por otro lado, un agrupamiento de la escala de conspiraciones expone que el 38,2 % de las personas tiene una creencia alta en conspiraciones, el 36,9 % una creencia media y el 24,9 % una baja. Según el equipo investigador, esto demuestra que existe una parte importante de la población que cree en tales ideas.
De acuerdo con Benjamín Reyes Fernández, psicólogo de la salud, docente de la Escuela de Psicología e investigador del Instituto de Investigaciones en Psicología de la UCR, este tipo de creencias surgen y toman fuerza en contextos de crisis. El motivo es que se mezcla un rasgo de la personalidad llamado “conspiracionismo” (según el cual se tiende a pensar que «eventos importantes» son orquestados en secreto por actores malévolos y poderosos) con el denominado “negacionismo”, que es la tendencia a rechazar la información experta y autorizada de relatos importantes.
A pesar de la significativa creencia en conspiraciones en torno al COVID-19, expuesta por el estudio, no se encontró evidencia de algún vínculo entre estas posturas y la prevención o el riesgo de infección. Es decir, las personas que manifestaron estar de acuerdo con estas teorías no necesariamente traducen sus creencias en irrespeto a las normas sanitarias de prevención.
Sin embargo, Reyes considera que, en general, quienes sostienen estas creencias tienden a descuidar más las medidas sanitarias y no guardan la distancia con otras personas, rompen su “burbuja social” y no se lavan las manos con frecuencia. Para el investigador, estos comportamientos encierran un gran peligro, porque no solo ponen en riesgo la salud de las personas que irrespetan las medidas sanitarias, sino también a otras personas, eventualmente, más vulnerables.
“Unos cientos de muertos pueden no ser perceptibles a simple vista. A fin de cuentas, la mortalidad por COVID-19 en Costa Rica anda ligeramente sobre el 1 %. Entonces, la mayoría de los conocidos se recuperan y la gente confía más en su «simple vista» que en la ciencia. Es como que le dijeras a la gente que vivió antes de Galileo que crea que la Tierra gira alrededor del Sol, cuando lo «evidente» (evidencia anecdótica) es que el Sol sale por el este y se oculta por el oeste. Es decir, a simple vista, el Sol gira alrededor de la Tierra», ilustró Reyes.
Lo que sí logró constatar la encuesta es que quienes han adoptado un bajo grado de medidas preventivas para protegerse del COVID-19 consideran, con más frecuencia, que el virus es poco peligroso. Para el equipo investigador, “esto significa que algunas controversias pueden ser una barrera para cumplir con las medidas preventivas”.
El estudio también consultó sobre las controversias y descubrió que es poco frecuente la creencia de que el virus surgió por comer carne de murciélago (20,2 %), que es un castigo divino (18,6 %) o que es poco peligroso (15,5 %).
Cerca de la mitad de las personas entrevistadas manifestaron haber leído o escuchado noticias sobre el COVID-19 consideradas falsas (47,9 %), entre las que destacan una exageración en la cantidad de casos reportados (22,4 %), un abultamiento en la cantidad de muertes reportadas (13,3 %) y la manipulación de datos por parte de los Gobiernos (9,5 %).
En este sentido, Reyes manifiesta que quienes consideran una exageración la cantidad de fallecimientos reportados por la pandemia puede ser porque no comprendan que, por un asunto de protocolo, se debe clasificar a las personas como “muertas por COVID-19”, aunque la interacción o afectación fisiológica del virus con cada organismo, distintos factores de riesgo y condiciones de salud, todavía esté en estudio.
“No se trata de que los científicos estén mintiendo o intentando manipular. Es que el papel del COVID-19 en cada fallecimiento está siendo esclarecido. Hay estudios internacionales, con autopsias, que han encontrado que, en la mayoría de muertes de personas con COVID-19, esta enfermedad parece haber jugado un papel relevante en el fallecimiento”, apuntó.
La Encuesta Nacional sobre COVID-19 fue desarrollada por los estudiantes del curso Diseño de Encuestas por Muestreo de la Escuela de Estadística de la UCR, del 10 al 27 de octubre, y es la décima versión de la Encuesta Actualidades que realiza esta unidad académica anualmente. El estudio incluyó una muestra probabilística de 1 287 personas mayores de edad, usuarias de telefonía celular y abordó los siguientes temas: percepciones de vulnerabilidad hacia el COVID-19 y el bienestar subjetivo, preferencia y confianza en los medios de comunicación que informan sobre el COVID-19, conocimiento de los síntomas del COVID-19, adopción de medidas preventivas para protegerse del COVID-19, práctica de medidas preventivas contra el COVID-19, actitudes hacia las regulaciones impuestas por el COVID-19, actitud hacia las pruebas masivas para diagnosticar el COVID-19, manifestaciones de ansiedad debido al COVID-19, creencia en conspiraciones y controversias en torno al COVID-19, impacto del COVID-19 en la economía de los hogares, variaciones en el consumo de los hogares debido al COVID-19 y tradiciones de fin de año en época de pandemia.
Josué González Carrillo, Paula Rodríguez Mora y Sergio Varela Soto son los estudiantes que tuvieron a cargo el desarrollo de la parte de la encuesta que profundizó en la creencia en conspiraciones y controversias. Ellos explican que, como ha sucedido en otras ocasiones, a la par de la proliferación del nuevo virus, también surgió una ola de mensajes relacionados con conspiraciones y controversias en torno al tema. Este fenómeno es interpretado por Johann Vega Dientsmaier, psiquiatra peruano, como un intento por entender una situación mundial que requiere explicaciones y que aún no encuentra respuesta.
“Aunque las controversias son poco frecuentes, lo cierto es que se perfilan como una barrera para cumplir con las medidas que contribuyen a prevenir el contagio (particularmente la que reza que el virus es poco peligroso)”, destacan los estudiantes en su análisis.
Fernando Montero Bolaños Periodista, Oficina de Divulgación e Información
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