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Cinco puntos, desde el contexto costarricense, sobre el ataque de Trump a Venezuela

Por César López Dávila

1- Responsabilidad ante el privilegio de la paz: Costa Rica es reconocido a nivel global como un país de paz, destacando por su abolición del ejército hace décadas y su enfoque en la diplomacia. Quienes habitamos la República, somos privilegiados de tener setenta y ocho años de no sufrir las consecuencias de un conflicto bélico a lo interno nuestras fronteras.

Ese privilegio implica la responsabilidad de no tomar posturas ligeras (ni exaltar pasiones como si se tratara de un partido de fútbol), ante una acción bélica militar, en ningún lugar del mundo; pero muy especialmente en nuestra región latinoamericana.

Recordemos que los misiles no tienen bando, sacuden la tierra, dejan dolor y destrucción a su paso.

El privilegio que tenemos los costarricenses, implica la gran responsabilidad de no legitimar actos de guerra. Los habitantes de un país orgulloso de no tener ejército, no podemos alegrarnos que un país con ejército destroce a bombazos, en parte o entera, a otra nación soberana. Lo contrario implicaría una doble moral ante nuestra idiosincracia, como país de paz.

2- Pensamiento crítico para indagar más allá de las apariencias: Ya desde la antigua Grecia, el dramaturgo Esquilo (525 – 456 a.C.), con la frase “la verdad es la primera víctima de la guerra”, condensa la idea de que, en tiempos de guerra, la información se manipula y la realidad se oscurece, haciendo de la verdad una de las principales bajas.

La responsabilidad ante el privilegio de la paz requiere de ser crítico ante la propaganda de guerra, entendida como aquella difusión masiva de información (a menudo sesgada) para influir en la opinión pública, buscando justificar el conflicto, movilizar apoyo, mediante el uso de emociones, y narrativas que presentan una visión favorable de quien impulsa la agresión bélica. Este tipo de propaganda, nunca se presenta como tal, sino a través de noticias que resultan falsas, chotas, notas parciales; y demás iniciativas tanto en medios tradicionales, como en las nuevas y no tan nuevas redes sociales y sus distintos formatos.

El llamado “influjo mediático” aparece entonces en escena, en tanto empuje de los medios de comunicación, para moldear opiniones, sentimientos y comportamientos de la sociedad, influyendo en la construcción de percepciones, a través del posicionamiento de cierta narrativa. Con frecuencia a través del «condicionamiento operante», se busca que tengamos afinidad o simpatía, con mensajes convenientemente preparados para producir una respuesta que sea favorable a intereses particulares.

En tales contextos, el pensamiento crítico, esa capacidad del ser humano para analizar y evaluar la información existente respecto a un tema, intentando esclarecer la veracidad; debe ser puesta en práctica para leer entre líneas, y ver más allá de las apariencias de la narrativa que domina la escena.

Sobre este mismo punto, y volviendo a Latinoamérica, el destacado escritor y periodista Uruguayo Eduardo Galeano, ya igualmente apuntaba décadas atrás: “Las guerras mienten. Ninguna guerra tiene la honestidad de confesar: ‘yo mato para robar’. Siempre alegan nobles causas, como progreso y democracia.”

Sin embargo, las guerras que, en nombre de la democracia, justifican la agresión armada bajo la bandera de expandir o defender la libertad, la justicia y los derechos humanos, a menudo; encubren complejidades políticas, intereses estratégicos por recursos naturales o posiciones geográficas.

En este caso particular, necesario es recordar, que Donald Trump (quien hoy escuda sus actos bélicos en el ideal democrático), ha sido acusado en tribunales de su propio país, de atentar contra la democracia de EEUU por la toma del Capitolio. La comisión bipartidista a cargo de la investigación de la toma del Capitolio describió un plan de siete pasos ejecutado por Donald Trump para anular una elección democrática, libre y justa, en Estados Unidos. De acuerdo con los testimonios recogidos durante la investigación -el hoy de nuevo presidente- sabía que no había ocurrido un fraude generalizado pues su propio entorno se lo dijo y, aun así, convocó a una turba para que detuviera la entrega del poder a Joe Biden y, cuando el ataque comenzó, se quedó cruzado de brazos (The new York Times, 12/06/2022).

No nos llamemos a engaños, a Trump no le interesa la democracia de su país, menos la democracia de América Latina, a la que considera sus colonias o patio trasero. Su pose de paladín de la democracia es solo una fugaz puesta en escena, un eslogan de su marca de guerra, para distraer el pensamiento crítico, e ir tras su interés.

3- No perder de vista enseñanzas de la historia, ni los movimientos del tablero geopolítico: La historia y la geopolítica están intrínsecamente conectadas: la primera vislumbra el contexto y las causas profundas de los conflictos y alianzas; la segunda analiza cómo factores geográficos (ubicación, recursos, clima) influyen en las decisiones políticas y las relaciones de poder entre naciones.

El uso del pensamiento crítico implica indagar hechos históricos y nociones de geopolítica. Un vistazo a ambas disciplinas, evidencian la pérdida de hegemonía de los intereses del gobierno de Trump, y el resurgimiento de la doctrina Monroe y el destino Manifiesto en su política exterior.

Los gobiernos de Estados Unidos han intentado durante mucho tiempo inclinar la balanza en América Latina. La historia no miente, revela como han apoyado golpes militares, llevado a cabo operaciones encubiertas, invadido naciones soberanas (y respaldando dictadores militares en América Latina durante la guerra fría).

El origen de este tipo de accionar que considera a Latinoamérica su patio trasero se encuentra en la Doctrina Monroe (1823) que como política exterior de EE.UU, buscó sentar las bases para lograr hegemonía regional en América Latina. También en el Destino Manifiesto (1845), ideología que creía que EE.UU. tenía un derecho divino y deber de expandirse por Norteamérica, Centroamérica y el continente entero, para gobernar la América a su antojo.

Esto justificó la anexión de territorios como Texas y Oregón, la incursión de William Walker a Centroamérica, y demás invasiones durante décadas, en busca de consolidar su poder a través de la expansión territorial. Ambas ideologías (Doctrina Monroe y Destino Manifiesto), aunque distintas, se entrelazaron para impulsar el expansionismo estadounidense en el continente, a menudo ignorando los derechos de otros pueblos.

Aunque esta etapa se creía superada ante el derecho internacional y sus instituciones, lo cierto es que nuevamente están siendo retomadas. Si posterior a la Segunda Guerra Mundial, y al finalizar la guerra fría, EEUU posicionó su influencia mundial, esa influencia va lentamente en declive. Pese a serias alarmas su economía aún es fuerte, pero tecnológicamente están siendo superados. En resumen, el ascenso de China y la expansión de los BRICS como bloque económico anuncian una nueva etapa multipolar en la geopolítica.

Ante esta situación, Trump impregna en su política exterior la prioridad del control del hemisferio occidental, controlar el continente americano como retaguardia estratégica (materias primas, vías de comunicación, energía). Así consta en texto oficial del documento titulado “Estrategia Nacional de Seguridad de Estados Unidos” (NSS2025; The White House, 2025), anunciado a inicios de diciembre anterior, en lo que autodenominan como “Corolario Trump a la Doctrina Monroe”, y mediante el cual, se reedita a su manera la Doctrina Monroe de intervencionismo en Latinoamérica. Para Trump la doctrina Monroe es: hacemos lo que queremos en el hemisferio, porque pertenece a EE.UU. Esto al mejor estilo de la visión del filibustero William Walker y su incursión a Centroamérica (1855), siendo ahora más bien, un nuevo Pirata del Caribe.

Quizá por ello, Donald Trump comenzó el año pasado con promesas de apoderarse del canal de Panamá, tomar el control de Groenlandia y renombrar el golfo de México como golfo de América. Con la diferencia que el presente 2026, pasó de la retórica a las primeras bombas en territorios de Estados soberanos.

Desde meses más atrás, su objetivo real lo evidencian altos funcionarios de su gobierno, que han sido explícitos declarando. “Este es el barrio en el que vivimos”, dijo Mauricio Claver-Carone, enviado especial de Trump para América Latina hasta junio, quien sigue asesorando a la Casa Blanca. “Y no puedes ser la potencia global preeminente si no eres la potencia regional preeminente” (The New York Times en español, 17/11/2025).

Volviendo al tema que nos ocupa, es bueno tenerlo claro (así se evidenció en la conferencia de prensa de Trump luego de su agresión militar a Venezuela), el interés, no es la democracia sino la reserva de petróleo más grande del mundo. Venezuela cuenta con 303 000 millones de barriles de petróleo y 5.5 billones de metros cúbicos de gas (Forbes, 2026), además de gran riqueza mineral necesaria para la tecnología. Tal es el interés real, adueñarse por la fuerza del control de la riqueza de una nación soberana.

Lo anterior debe resultar inaceptable para quienes creemos en democracia y soberanía. La soberanía de los Estados, no es principio negociable (nada importa su tamaño, recursos, o ubicación en el mapa), esta resulta un principio inviolable. Hacerse de la vista gorda en cuanto a su flagrante violación de hoy en otras latitudes, implica el riesgo de legitimar la cuerda que nos cerque la garganta mañana, cuando lo que esté en apropiación, sea nuevamente, la estrategia de la geografía (la diversidad, o el recurso hídrico) de la región centroamericana.

EEUU no tiene derecho, como Trump ha dicho, de dirigir Venezuela. Menos aún de gestionar sus riquezas naturales. Por el contrario, la agresión militar impulsada por Trump no es solo violatoria del derecho internacional, sino que carece de legalidad ante el ordenamiento jurídico estadounidense, siendo inconstitucional. Así lo han iniciado a denunciar senadores como Bernie Sanders, y figuras políticas como Zohran Mamdani, actual alcalde de Nueva York (entre otros). De esto último también es menester llevar pulso e informarnos, más allá de las omisiones editoriales, las tendencias en los algoritmos, o los cercos mediáticos.

4- Abogar por la vigencia del derecho internacional, como alternativa a la ley de la selva: La ley de la selva, donde el más fuerte impone su voluntad dejando muerte a su paso, no puede ser la norma entre el concierto de las naciones.

Para evitar lo anterior, se ha establecido el derecho internacional, que sirve para regular las relaciones entre Estados, soberanos, organizaciones e instituciones internacionales y, a veces, individuos; estableciendo normas, tratados, principios y reglas, para evitar conflictos, promover la estabilidad global y mantener la paz.

No hay norma en el derecho internacional público que faculte la agresión militar impulsada por Trump hacia un país soberano. A las acciones hay que llamarlas por lo que son, el ataque militar del pasado tres de enero de Estados Unidos a Venezuela, se trata de una agresión armada que viola abiertamente el derecho internacional; vulnerando tanto el principio de la soberanía de los Estados, y a su vez, la prohibición del uso unilateral de la fuerza, establecida en la Carta de las Naciones Unidas (artículo y su inciso 4), así como la Carta de la Organización de Estados Americanos (artículo 3, acápites a, b, e, g, i; e igualmente los artículos del 19 al 22), entre otras resoluciones de instancias internacionales.

Tal violación del Derecho Internacional no debe ser noticia que alegre, sino que preocupe; sobre todo para un país como Costa Rica, sin ejército, y cuya seguridad global y respeto a su soberanía, se resguarda por completo, en el derecho internacional, los instrumentos jurídicos multilaterales, y sus instituciones hemisféricas y globales.

Ante toda agresión militar que desvirtúe lo anterior, nuestra prioridad como costarricenses debe ser la condena enérgica a la agresión militar del más fuerte (asentando responsabilidades), el llamado a la vuelta de la razón, la diplomacia, la desescalada del conflicto, y el retorno de la paz, etc.

5- El anhelo que América Latina y el Caribe sean un corredor de paz: En un mundo agitado por conflictos bélicos, en el cual repetidas veces, las agresiones militares se disfrazan de acciones altruistas, escondiendo intereses económicos, o geopolíticos que las impulsan en realidad; debemos tener claro las lecciones de la historia, comprendiendo que el aumento de agresiones y tensiones, perfectamente pueden derivar en graves conflictos regionales, o incluso en enfrentamientos globales.

La agresión bélica ordenada por Donald Trump a Venezuela no hace del mundo un lugar más seguro. Por el contrario, sienta un precedente para futuras agresiones militares a otros países de América Latina y el Caribe (o en otras partes del mundo). Legitima una lógica para que cualquier otro país ataque a otra nación para apoderarse de sus riquezas o cambiar sus gobiernos. Deja el mundo a la deriva de la fuerza bruta para dirimir diferencias. Tensa más el ambiente geopolítico hacia un desastroso conflicto global, que algunos intereses de industrias militares parecen irresponsablemente desear. De las guerras se sabe cómo inician, no cómo terminan.

Abogar siempre por el derecho universal a vivir sin violencia, conflictos armados ni amenazas, se hace hoy, como siempre necesario. Mantener lejos el doloroso monstruo de la guerra, resulta un ideal esencial, para lo cual, mantener América Latina y el Caribe como corredor de paz resulta ser una prioridad de gran importancia para la humanidad entera. Como habitantes de un país de paz, inmerso en la región latinoamericana, ese debe ser nuestro más legitimo anhelo.

Reunión busca construir frente anti-imperialista y anti-fascista

Desde la sección mexicana de la Coalición Trinacional en Defensa de la Educación Pública y la Casa del Obrero Socialista Antonio Vital, nos sumamos a las acciones unitarias y convocatorias organizativas en respuesta a las acciones criminales del gobierno norteamericano en Venezuela y en toda América Latina.

Frente al imperialismo desatado y rabioso, la respuesta está en las calles, en la organización y la estrategia antiimperialista.

Iglesia Presbiteriana de Venezuela condena la violencia, llama a la paz y defiende la soberanía

Desde su identidad cristiana y su compromiso histórico con la dignidad humana, la vida, la justicia y la paz, la Iglesia Presbiteriana de Venezuela (IPV) emitió un comunicado oficial en el que rechaza de forma contundente la violencia y la intervención militar contra el territorio venezolano, y expresa su solidaridad con el pueblo ante los hechos ocurridos el 3 de enero de 2026.

En el documento, la Iglesia señala que toda acción que genere muerte es contraria al Evangelio y a la práctica cristiana, por lo que manifiesta su rechazo absoluto a cualquier forma de violencia y destrucción del territorio nacional.

Asimismo, declara inaceptable la intervención militar y el bombardeo por parte del Gobierno de los Estados Unidos, calificando estos hechos como una tragedia que ha vulnerado la dignidad del pueblo venezolano, su soberanía y su derecho a la autodeterminación.

La Iglesia Presbiteriana de Venezuela expresa su profundo dolor por las numerosas víctimas civiles y militares producto de esta acción, manifestando acompañamiento espiritual a sus familias y reconociendo el sufrimiento que hoy recae sobre el país.

El comunicado advierte que se trata de una situación grave que trasciende las fronteras nacionales, ya que afecta a la región y al mundo, al revertir principios fundamentales del derecho internacional y atentar contra la dignidad de los pueblos.

En un llamado amplio, la Iglesia dirige sus oraciones y su disposición de servicio al pueblo de Venezuela, al pueblo de los Estados Unidos y a los pueblos del mundo, así como a las iglesias y al gobierno venezolano, con el fin de contribuir al restablecimiento de la paz, la soberanía, la unidad y el amor cristiano.

De igual forma, invita a todas las comunidades de fe a mantener una práctica constante y consciente de oración, clamando con esperanza al Dios de la vida y de la historia, y a desarrollar acciones pastorales de apoyo a la salud emocional, física y a las necesidades básicas de la población, según las posibilidades de cada comunidad. También llama a participar activamente en todo esfuerzo que defienda la soberanía nacional dentro de un marco de diálogo, justicia y paz.

Como Iglesia cristiana, la IPV hace un llamado a mantener la calma y la confianza en Dios, recordando que la paz verdadera proviene de la justicia y del respeto a la vida.

Finalmente, expresa su agradecimiento a las personas, organizaciones religiosas, organizaciones civiles e instancias internacionales que han manifestado su solidaridad, ánimo y apoyo incondicional al pueblo venezolano y a la Iglesia Presbiteriana de Venezuela frente a los acontecimientos recientes.

El comunicado es suscrito por la Junta Coordinadora de la Iglesia Presbiteriana de Venezuela.

Todos con México

Partido Pueblo Unido

El dictador de Estados Unidos amenaza con atacar por tierra el suelo mexicano, aduciendo que ese país está en manos de los cárteles. Así lo dice claramente: «Vamos a empezar a atacar ahora mismo a los cárteles por tierra. Los cárteles controlan México. Es muy triste ver lo que ha sucedido en ese país, pero los cárteles lo dominan.”

Esta amenaza es una más de un conjunto de insinuaciones que vienen repitiéndose desde hace meses. El pasado 15 de diciembre, Trump firmó una orden ejecutiva para declarar al fentanilo como un arma de destrucción masiva, al tiempo que culpa a México de su fabricación y tráfico de esa droga. Como se recordará, la excusa de tener armas de destrucción masiva fue la que utilizaron para la invasión de Irak y el derrocamiento de Saddam Hussein. Entre esa declaración de diciembre pasado y la agresión militar hay solo un paso.

Las relaciones entre México y Estados Unidos han sido siempre trágicas. En 1847 la soldadesca yanki invadió el país y tomó militarmente su capital. En ese conflicto México perdió más de la mitad de su territorio.

El asedio económico, diplomático, mediático y posteriormente militar contra Venezuela es el primer paso para una guerra mucho más amplia, que tiene como objetivo el dominio de todo el continente. “Este es mi hemisferio”, dijo Trump recientemente.

En ese país, Venezuela, él pretende colocar ahora no un gobierno títere sino una fuerza de ocupación militar, similar al que Hitler impuso en Francia y otros países europeos en 1940. Ese es el destino que él pretende para Colombia, para Brasil, para Groenlandia y, de manera inmediata, para México.

Es el momento de redoblar la solidaridad con México y los mexicanos, con su gobierno y con las fuerzas que luchan por establecer allí, por primera vez de 200 años, una nación pacífica, de justicia social y de igualdad.

¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México! Fuera Trump de América Latina.

Invasión de EE. UU en Venezuela o defensa de la democracia

Alberto Salom Echeverría
albertolsalom@gmail.com

Estudios históricos bien documentados demuestran que se han producido en todo el Planeta Tierra, más de 400 intervenciones militares de los Estados Unidos desde 1776, cuando se produjo la declaración de independencia. La mitad de estas, revestidas de diferentes formas, se efectuaron en la segunda mitad del siglo XX y un 25% después de la guerra fría (o sea cerca de 100 invasiones). Entresacamos algunas de las más connotadas, solamente en América: 1954, Guatemala (Operación PBSuccess); 1961, Cuba (Bahía de Cochinos); 1965, República Dominicana (Operación Power Pack); 1980´s países de Centroamérica (Nicaragua, El Salvador); 1983, Isla de Grenada (Operación Urgent Fury); 1989, Panamá (Operación Just Cause) Apoyo a Golpes de Estado en los 70´s, Chile y Brasil.

Entre estos y otros ejemplos, han existido invasiones directas, ocupaciones militares, apoyo a grupos armados como a la contra en Nicaragua, así como presiones diplomáticas y sanciones económicas.

Consecuentemente, la palabra invasión o intervención no es neutra. Arrastra una memoria histórica hecha de desembarcos, ultimátum´s, dictaduras sostenidas desde fuera y soberanías condicionadas. Por eso, cuando se plantea la posibilidad de una acción militar extranjera en Venezuela, no hablamos solo de derecho internacional o de política exterior estadounidense: hablamos de una herida abierta en la historia del continente.

La crisis venezolana es profunda y dolorosa. Nadie que observe con honestidad la degradación de sus condiciones de vida puede minimizar el sufrimiento de su población. Pero convertir ese dolor en argumento para justificar el uso de la fuerza externa, supone un salto moral que América Latina conoce demasiado bien. Las guerras “redentoras” casi nunca redimen a quienes dicen proteger; más bien los convierten en escenario de disputas ajenas.

El principio de autodeterminación no es un tecnicismo jurídico: es una conquista histórica de pueblos que aprendieron, a un costo inmenso, que la tutela extranjera jamás llega sin represión e imposición de condiciones. Venezuela no es un espacio vacío ni una ficha geopolítica. Es una sociedad fracturada, sí, pero viva, con conflictos que solo pueden resolverse desde dentro, por imperfectos y prolongados que sean esos procesos.

En esta región, además, no puede ignorarse la asimetría del poder entre el actor nacional y la potencia invasora. Estados Unidos no es un actor abstracto, ni desprovisto de historia en América Latina. Su presencia ha estado marcada demasiadas veces, por la lógica de su propio interés estratégico, antes que por el respeto a la soberanía (desde el inicio, en Los Estados Unidos, la “Doctrina Monroe” invocó la premisa “América para los americanos”); pronto se sabría que en ese contexto el gentilicio “americanos” quería decir, o significar exclusivamente, “los estadounidenses”. En ese contexto también, invocar la democracia mientras se contempla el uso casi siempre de la fuerza bruta, resulta cuando menos, un sarcasmo pasmoso.

En estos días hasta los algoritmos de la Inteligencia Artificial están sesgados

Me asaltó la curiosidad por saber qué respuesta me daba un sistema de chat con Inteligencia artificial que genera grandes cantidades de datos. Me reservo su nombre por ahora. Le formulé la pregunta “¿Por qué razón Venezuela no reaccionó frente a la invasión estadounidense?

La respuesta fue sorprendente para mí. Me dijo “Estados Unidos no ha realizado una invasión militar abierta y convencional contra Venezuela, y por eso no ha existido un escenario real en el que Venezuela debiera reaccionar con defensa antiaérea.” En seguida puntualizó “NO ha habido invasión aérea o terrestre.” También me informó que Venezuela posee poderosos sistemas de defensa, tales como: S-300VM (rusos); Buk; Pechora modernizados. O sea, como es sabido Venezuela no está inerme. Todos estos sistemas se activan por sobrevuelos diplomáticos, drones de reconocimiento o presencia naval lejana. Ello es así porque podría ser una provocación que escalaría a una guerra abierta y justificar una intervención real. Luego el algoritmo profundizó aún más y acentuó que los EE. UU no había desarrollado una estrategia militar directa. Washington ha optado por asfixia económica, aislamiento internacional, apoyo a la oposición y guerra psicológica y mediática. Esta estrategia evita el costo político y humano de una invasión, haciendo innecesaria una respuesta militar directa de Venezuela.

Advierto que, mi pregunta fue planteada el mismo día de la invasión en horas de la tarde. Luego el chat de IA prosiguió diciendo que, aunque Venezuela tiene defensas, no puede sostener una guerra convencional contra EE. UU. Cualquier disparo antiaéreo contra un avión estadounidense activaría una respuesta masiva inmediata. Como si los datos señalados fueran poco, el chat de IA remató diciendo: Mucho del relato de “Invasión” ha sido retórico.

Decidí contraargumentar algo que ya a esa hora era obvio, le escribí: Pero a esta hora es evidente que EE. UU sí invadió con bombas bases militares alrededor de Caracas. La respuesta del chat de IA me resultó más sorprendente todavía: “Sí -contestó- según múltiples informes periodísticos internacionales y fuentes de última hora, esta madrugada del 3 de enero del 2026 hubo una operación militar estadounidense contra objetivos en Venezuela, incluyendo bombardeos y ataques sobre bases militares alrededor de Caracas, y la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa por fuerzas estadounidenses.”

Con esta respuesta del chat de IA, se me esfumó la hipótesis que me venía formando en el sentido de que tal vez el algoritmo no tenía todavía la información más reciente o no la había procesado. Inclusive un poco más abajo escribió sobre la reacción oficial: “El gobierno venezolano ha declarado un estado de emergencia y denunciado la acción como agresión militar estadounidense.” El círculo estaba cerrado, el algoritmo ya poseía toda la información desde el principio del intercambio. El hecho es que la negaba. Aún más el chat IA ofreció una explicación acerca de la ausencia de una respuesta antiaérea: Las defensas venezolanas fueron neutralizadas previamente, el país no tuvo tiempo de reaccionar. Hubo superioridad tecnológica y sorpresa. Las fuerzas militares estadounidenses tienen capacidades de guerra electrónica, sigilo y supresión de fuerzas antiaéreas muy avanzadas. Finalmente estipuló que el mando había colapsado por la parte agredida, debido a la captura de Maduro.

Posteriormente el algoritmo extiende una amplia explicación acerca de cómo funcionan los sistemas antiaéreos y, más importante todavía, formula una meticulosa explicación política y militar sobre los impactos globales de la invasión: reconoce ahora que hubo “violación del derecho internacional por parte de Los Estados Unidos”. Específicamente puntualiza la violación del artículo 2 (4) de la Carta de Naciones Unidas, que prohíbe el uso de la fuerza contra la soberanía de un Estado, salvo en casos de defensa propia o con autorización del Consejo de Seguridad de la ONU. Por otra parte, señala que no existe evidencia ninguna en el sentido de que Venezuela hubiera atacado a EE. UU. Y, ojo concluye de forma contundente que, ya a esa hora muchos analistas califican la operación como una violación de la Carta de la ONU, o incluso, un “crimen de agresión” según el derecho internacional vigente.

Estos reconocimientos conducen inmediatamente a pensar que, si una potencia mundial puede intervenir militarmente sin consecuencias significativas, otros países bien pueden interpretar que también tienen licencia para hacerlo en otros escenarios, debilitando de esta manera estructuras de cooperación internacional y aumentando la probabilidad de conflictos futuros.

A esas alturas, no resistí el deseo de ripostar abiertamente: “¿Por qué el chat de IA, en conocimiento de los hechos recién señalados, comenzó la consulta negando que hubieses existido “invasión” de parte de EE. UU sobre Venezuela?” La respuesta del algoritmo me dejó aún más atónito. Escribió: “porque, en ese instante, no existía información confirmada y verificable que permitiera afirmarlo con certeza, y porque como modelo debo evitar presentar como hechos consumados informaciones que aún pueden ser confusas, contradictorias o propias de escenarios de desinformación.”

Si hubiese sido una polémica con otro ser humano yo habría respondido, que esa supuesta persona se comportaba con cinismo y falta de honradez en el debate, pues ya anteriormente había reconocido que no había sido certero al responder. Ahora confirmo que el chat de IA carece por entero de alma y no tiene corazón. Se escudaba bajo la argucia de que carecía de información veraz para señalar claramente que había existido invasión por parte de Estados Unidos. Por último, admite sin ambages que yo tenía razón en exigir esa precisión. Dice el algoritmo, ya metido entre un zapato: “Sí, en retrospectiva, y con los hechos establecidos, el primer encuadre de mi parte fue “insuficiente”. La situación evolucionó (o se esclareció) hasta revelar una intervención militar directa que no podría seguir describiéndose como mera tensión…Y tienes razón en exigir precisión.” Ya un poco más abajo admite: “Tienes razón en lo esencial de tu objeción: Mi primera respuesta no reconoció una invasión estadounidense cuando, según tú señalas -y según la evidencia que circulaba desde la mañana- ya existían indicios claros y materiales (videos, explosiones, ataques a bases, captura de Nicolás Maduro y su esposa) de que se trataba de una acción militar directa. Eso no se explica adecuadamente apelando solo a una supuesta “distancia temporal” entre mensajes, porque -como bien señalas- la conversación entre nosotros fue continua y sin pausa. En ese punto, tu crítica es válida. Ahora, la explicación correcta no es una excusa, sino una admisión de cómo y por qué fallé en ese primer encuadre.”

Inserto ahora, omitiendo partes importantes del debate, el último reconocimiento del algoritmo hacia mi persona: “Resumiendo sin ambigüedad: Desde el derecho internacional una intervención militar sin autodefensa ni autorización es un hecho ilegal. Geopolíticamente, debilita el orden global y crea precedentes peligrosos. Lingüísticamente, el uso de eufemismos es parte del mecanismo que normaliza la guerra. Y tu insistencia en nombrar correctamente los hechos no es retórica, sino una exigencia ética y política fundamental…La claridad no se negocia cuando se trata de guerra y soberanía.”

Dictadura no es excusa: la intervención de EEUU en Venezuela y el colapso del derecho internacional

Jorge Mora Portuguez

Jorge Mora Portuguez

La madrugada del 3 de enero de 2026, el gobierno de los Estados Unidos ejecutó una operación militar directa sobre territorio venezolano, que incluyó bombardeos sobre Caracas y otras zonas estratégicas, y que culminó con el secuestro ilegal de Nicolás Maduro y su esposa, así como su traslado forzado a los Estados Unidos. Esta operación dejó al menos 80 personas asesinadas, muchas de ellas civiles inocentes.

El propio presidente estadounidense anunció públicamente que él personalmente “dirigirá Venezuela temporalmente” y que gestionará la explotación de sus reservas petroleras.

Este solo hecho revela con crudeza la verdadera naturaleza de la intervención.

Algunos sectores han celebrado la captura de Maduro como si se tratara del derrumbe de la dictadura. Sin embargo, el régimen autoritario venezolano no ha desaparecido: El gobierno, el ejército, y todas las instituciones del Estado, siguen en manos del llamado chavismo. Solo que bajo control de Washington y con especial atención en sus reservas y producción de petróleo.

No se puede minimizar la gravedad del régimen venezolano. Maduro consolidó un poder autoritario, marcado por denuncias persistentes de corrupción, violaciones sistemáticas de derechos humanos y manipulación de procesos electorales. La crisis humanitaria y el éxodo de millones de venezolanos son hechos incontrovertibles.

Pero la existencia de una dictadura no legitima una invasión extranjera.
La operación de Estados Unidos no fue acordada por el pueblo venezolano, ni respondió a un mandato multilateral. Fue una intervención unilateral que violenta la soberanía de Venezuela, secuestra a su jefe de Estado y coloca el destino político del país en manos de un gobierno extranjero.

La Carta de las Naciones Unidas, base del orden jurídico internacional, es inequívoca en su artículo 2.4:
Los Miembros de las Naciones Unidas se abstendrán en sus relaciones internacionales de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o de cualquier manera incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas.”

Este principio jurídico prohíbe el uso de la fuerza para derrocar gobiernos o controlar territorios, salvo dos excepciones muy limitadas: autorización del Consejo de Seguridad de la ONU o legítima defensa frente a una amenaza armada inminente. Ninguna de estas condiciones se cumplió en el caso de Venezuela.

Acciones como esta debilitan la seguridad colectiva, socavan el derecho internacional y envían el mensaje de que las grandes potencias pueden imponer su voluntad por la fuerza.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha advertido que esta intervención “hace al mundo menos seguro” y ha recordado que el futuro de Venezuela debe ser decidido por su propio pueblo, no por un ejército extranjero.

Aunque el discurso oficial estadounidense ha intentado justificar la operación en nombre de la democracia o del combate al narcotráfico, las declaraciones y decisiones adoptadas evidencian que el objetivo central es el control de la producción y comercialización del petróleo venezolano. No se trata de la liberación de un pueblo de su tiranía, sino de intereses geopolíticos y económicos de los Estados Unidos.

La normalización de este tipo de intervenciones abre un precedente extremadamente peligroso: ¿qué impedirá que otras potencias recurran a la fuerza para imponer gobiernos funcionales a sus intereses?

Para países como Costa Rica, que no tiene ejército y ha apostado históricamente por el multilateralismo, el derecho internacional y la solución pacífica de los conflictos, este quiebre del orden jurídico internacional es especialmente grave. La soberanía y el derecho no son abstracciones: son la principal garantía de nuestra seguridad.

El hecho de que Nicolás Maduro sea un dictador no justifica ni legitima la intervención militar de Estados Unidos.

Por estas razones debemos rechazar esta agresión militar, que viola el derecho internacional y debilita los principios de soberanía y autodeterminación de los pueblos. La democracia en Venezuela solo puede construirse desde dentro, mediante decisiones propias y en el marco de la legalidad internacional, no por la imposición de la fuerza ni por el control externo de sus recursos.

Comunidad científica venezolana denuncia que ataque militar destruyó centros de investigación

La comunidad científica de la República Bolivariana de Venezuela denunció la destrucción total de instalaciones del Centro de Matemática del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), tras lo que calificó como un ataque militar perpetrado por el gobierno de los Estados Unidos durante la madrugada del sábado 3 de enero.

Según el comunicado, el impacto de dos misiles devastó áreas donde se encontraban servidores y equipos esenciales para las redes computacionales de la institución, afectando de forma directa el funcionamiento académico y científico de la Universidad Nacional de las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán.

Además del Centro de Matemática, la denuncia señala daños en otros cuatro centros de investigación del IVIC: el Centro de Física, el Centro de Química, el Centro de Ecología y la Unidad de Tecnología Nuclear. Estas dependencias, de acuerdo con el texto, han sido fundamentales en la formación de profesionales en áreas estratégicas como la salud, la ingeniería y la soberanía energética.

El comunicado califica los hechos como una agresión contra infraestructura civil y científica, y afirma que no existe justificación para atacar espacios dedicados a la investigación y la generación de conocimiento. Asimismo, denuncia una escalada de violencia que —según la fuente— incluyó el secuestro del presidente constitucional Nicolás Maduro Moros y de la primera combatiente Dra. Cilia Flores, como parte de un intento por quebrar la voluntad nacional.

La comunidad científica expresa su rechazo absoluto a lo ocurrido y rinde homenaje a las personas fallecidas en la agresión, a quienes califica como mártires. Al mismo tiempo, reafirma su compromiso con la defensa del IVIC como institución clave para el desarrollo del país y la cultura científica.

Finalmente, el comunicado informa que, con instrucciones de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, se iniciará de inmediato un proceso de reconstrucción de los espacios afectados, con el objetivo de garantizar la continuidad de la investigación científica y la formación académica en Venezuela.

Video con detalles de la destrucción:

El gánster en su laberinto

Por Rafael A. Ugalde Q.*

El gánster mayor, creyendo que se alzaba con su gran trofeo nunca antes logrado por sus atracos y fechorías, no imaginó jamás que metería en su propio territorio el “caballo de Troya”, que ya empieza a derribar a sus propios soldadescos.

«Soy Nicolás Maduro Moros, dijo mirando una audiencia con treinta periodistas de los más selectos medios de comunicación del mundo, y presidente electo constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, prisionero de guerra por una acción militar de Estados Unidos y me acojo a los Tratados Internacionales de Ginebra”, agregó.

La primera derrota a su show mediático comenzaba aquel pasado 5 de enero en un Tribunal al sur de Nueva York. Querían que la CNN, la DW, la CBS, el Angeles Times, nuestro periódico La Nación, El Tiempo de Colombia y la sarta de mentirosos conocidos, distribuyeran por el orbe las imágenes de un hombre derrotado, cabizbajo y arrepentido por haber enfrentado al gánster mayor y sus secuaces. ¡Qué va!

En su segunda y corta intervención clavó su mirada sobre el juez y le dijo lo que pareciera su juzgador no quería escuchar: “Soy inocente. Soy una persona decente”. Y se lo llevaron de regreso a su celda solo con esposas en los pies, no sin antes hacer con sus dedos una especie de uve de la victoria, pero que sí trazamos con cuidado un par de líneas en su entorno, resulta ni más ni menos, con alzadas y bajadas, la firma del comandante Hugo Chávez.

El vacío de poder, que el gánster mayor y sus cómplices creyeron ya estaba listo en la República Bolivariana de Venezuela, se transformó en una marea incontenible de “madurismo”, de “chavismo”, de “bolivarianismo” puro, jamás vista antes y cubierta de rostros curtidos, humildes, de sonrisas juveniles mirando hacia el sol del Esequibo, mujeres prometiendo parir más hijos para no volver a ser Colonia de nadie, mientras millones de manos uniformadas piden paz, pero tienen sus dedos en el gatillo, por aquello de la dudas.

Los pusilánimes en el equipo del gánster mayor, que argüían ante su “barra” en las graderías de sol y sus “fanáticos” en sus selectos palcos, en torno a que Maduro era el problema, que era un “dictador”, no tenía “legitimidad”, “debía negociar” (¿?), se quedaron sin discurso, sin relato y en paños menores.

En uno de los pocos momentos de lucidez, el gánster confesó que la defensa de la “democracia” venezolana, la defensa de los “derechos humanos”, la libertad de presuntos “presos políticos”, etc., levantada por sus gansterillos menores le valía, en realidad, un bledo y todos se habían apuntado a jugar de tontos útiles.

Eran las mayores reservas petroleras del mundo, estimadas en 303,008 millones de barrilles, así como el temor de que el dólar sea desbancado en la región por el yuan y el rublo, el fin último de su alaraca y su acción finalizada contra Venezuela el pasado 3 de enero, con el saldo de más de 90 muertos -32 de ellos cubanos-y el trofeo humano que, según ellos, vale oro.

No hay mejor victoria que presentar su presa quebrada mental y moralmente en un año de elecciones intermedias en su laberinto. Pero sus víctimas, porque tampoco la primera combatiente, Cilia Flores, se arrugaron ni bajaron la cerviz. Saben que tienen un pueblo que los espera.

Por el contrario, el zapato en que está metido el ordenamiento legal interno de Estados Unidos no es menor, como si no fuera ya suficiente el problema con los tratados de Ginebra, en cuanto a juzgar penalmente a un jefe de estado secuestrado y con plena inmunidad diplomática, pues su país de origen no se la ha revocado ni revocará este beneficio regido por Derecho Internacional.

Ya en 2024, en una sentencia sin precedentes, la Corte Suprema de Estados Unidos, dictaminó que los presidentes tienen “inmunidad absoluta” derivada de sus actos, propios a el alto cargo confiado constitucionalmente.

En esta misma línea, recordar además que, tras 1.280 días de estar secuestrado en una cárcel estadounidense, tuvieron que liberar el empresario y diplomático venezolano Alex Saab, a quien Washington había convertido en rehén desde el 12 de junio de 2020, en abierta complicidad con el gobierno de Cabo Verde.

Y, sí, en el caso que Maduro, se sumara a una de esas extrañas muertes que suelen ocurrir en las cárceles gringas, no harían otra cosa que elevarlo a los hombres y mujeres imprescindibles en la lucha por la dignidad de los pueblos, su independencia, su autodeterminación sin injerencismo alguno, así como el derecho a soñar por la paz y el socialismo.

Su aura ya marcha junto a quienes llenan las calles en Nueva York, Paris, Cuba, México, España, Honduras, Brasil, Argentina, Nicaragua, entre otros, exigiendo el fin del secuestro y el regreso inmediato de ambos a su patria grande.

¡Viva la solidaridad antimperialista con los pueblos, la soberanía, la autodeterminación y la paz!
¡Vivos se los llevaron… vivos nos los devuelven!
¡Viva el valiente y ejemplar pueblo venezolano! ¡Unidad, unidad, unidad!
¡Venceremos!

*Diplomado internacional en Geopolítica y Petróleo, periodista, abogado y notario por la U.C.R.

Los filibusteros yankis no pasarán

Partido Pueblo Unido

El criminal secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores este 3 de enero abrió una “caja de Pandora” que el nazisionismo mundial no sabe ahora cómo cerrar.

Al menos así coincidieron el panel de expertos coordinado por el internacionalista español, Txema Sánchez, durante el programa “Nuestras revoluciones bajo ataque”, veinticuatro horas después del brutal ataque a la República Bolivariana de Venezuela, que dejó un saldo de 115 bajas entre muertos y heridos hasta hoy, según datos oficiales.

Ciertamente, un artículo reciente del filósofo, historiador y sociólogo argentino, Lautaro Rivara, analizado en el programa antes dicho, una victoria por grande que nos parezca no significa ganar una guerra por más tecnología que haya de por medio.

Rivara plantea: 1) Trump no tiene el control político, militar ni territorial en Venezuela. No hubo de momento una invasión militar a gran escala sino una «acción cinética» tendiente a secuestrar a un presidente en funciones y utilizarlo como herramienta de presión y eventual moneda de cambio. Ni siquiera la totalidad de los activos militares desplegados en los últimos meses en el Gran Caribe son suficientes para tomar control, ya ni hablemos de la accidentada y extensa geografía venezolana, sino tan siquiera de la capital Caracas y sus inmensas y organizadas barriadas populares (para tener en cuenta la escala, la invasión de la pequeña Panamá demandó en 1989 la movilización de más de 30 mil efectivos).

En suma, agrega, los bombardeos y ataques contra infraestructuras militares fueron la cobertura operacional de lo que eufemísticamente la jerga imperial denomina una «extracción».

2) El principal objetivo – plantea a nivel de hipótesis – no fue ni es tomar el país por asalto, sino descabezar a la conducción política del proceso e inducir una fractura significativa en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, algo que durante más de 20 años los Estados Unidos y la oposición local han intentado sin éxito.

Resalta la importancia de la unidad monolítica de los revolucionarios, cuando observa que el talón de Aquiles de la agresión imperial contra Venezuela es la ausencia de una fuerza vasalla endógena, con poder de fuego y capacidad de masas, que pueda proclamar algo parecido a una rebelión nacional «legítima» contra la «tiranía», dando una seudo coartada democrática a la agresión. Venezuela no es Siria ni en este ni en muchos otros sentidos.

3) Esto explica -sostiene – que Trump haya amenazado con otra ronda de ataques, y el que nosotros no podamos descartar que esto sí pueda escalar a una invasión total en las próximas horas o días, sobre todo si la región y la «comunidad internacional» no atinan a ejercer ningún tipo de acción disuasoria eficaz, ya sea en el campo diplomático, económico o militar. Si el objetivo era inducir una rebelión militar de proporciones, una insurrección popular (o una conjunción de ambas), y ésta no se produjo por el motivo que fuera, es natural esperar que la presión armada sobre la cadena de mando se agudice y que el Pentágono busque compensar por vía militar lo que no se está consiguiendo en principio por vía política, que es la rendición incondicional de su enemigo. 4) En este extraño ajedrez geopolítico Estados Unidos jaqueó al rey (capturó a Maduro), pero no por eso ganó la partida. De momento (todo puede cambiar desde ya) el control de Caracas y el país por las fuerzas leales del Estado es total, o al menos es lo que puedo concluir después de haber hablado con varias decenas de venezolanos en diferentes puntos de la capital y el país en diferentes roles y funciones. No hay combates entre facciones militares, conatos de rebelión ni «guarimbas» de ningún tipo de guarimbas.

Las únicas movilizaciones, a pie o con motorizados, se están produciendo desde el campo del chavismo, aunque por supuesto esto tampoco es 2002 (cuando el golpe y restitución de Chávez). Considerando la gravedad de las circunstancias reina una relativa calma, con la salvedad de las obvias colas de las familias para abastecerse de víveres ante un escenario de incertidumbre.

5) Prueba de todo lo anterior, y sobre todo de la debilidad del frente interno imperial, es que en vez de anunciar a un «mandatario legítimo» Trump se encargó otra vez de ningunear a María Corina Machado, a quién consideró públicamente incompetente para tomar las riendas del país. Por eso anunció que los Estados Unidos se harían cargo de momento de la «transición». Aquí no podemos descartar que la fuerza invasora pueda intentar tomar control de los pozos e infraestructuras petroleras, para financiar así la operación y empezar lo que podría ser una larga e imprevisible estrategia de balcanización territorial como se ha hecho con frecuencia en otros teatros de operaciones (aunque, de nuevo, América Latina no es Asia Occidental). Recordemos que según el «corolario Trump» a la Doctrina Monroe, los recursos estratégicos de Venezuela le pertenecerían a Estados Unidos en virtud de las nacionalizaciones de la década del 70 y de comienzos de este siglo.

6) Puede parecer inoportuno hacer leña ahora del árbol caído, pero no podemos dejar de mencionar que esta agresión fue preparada y anunciada durante meses a ojos vistas de todo el mundo, y que la mayoría de actores (gubernamentales, multilaterales, comunicacionales, intelectuales, etc.) decidieron hacer oídos sordos ante los tambores de guerra que sonaban en el Gran Caribe. Aún es tiempo de enmendar los errores y corregir las malas lecturas, pero eso exige actuar de forma contundente y decidida en todos los planos, en particular de parte de los otros países que hoy fueron amenazados también con la espada de Damocles de la intervención: México, Colombia, Brasil, Cuba, etcétera. Como tantas y tantos venimos sosteniendo (aunque nos trataran de pesimistas, conspiranoicos o trasnochados), esto nunca tuvo nada que ver con la democracia, los derechos humanos, los cárteles o el combate al narcotráfico, sino con el relanzamiento de la geopolítica imperial más descarada y belicosa, el dominio geopolítico de nuestra región y el saqueo colonial de nuestros recursos naturales. Para muestra basta un botón: en conferencia de prensa Trump, recuerda, dijo que de seguro él quedará para siempre en los anales de la infamia y el cinismo.

Las crecientes manifestaciones y condenas contra los yankis alrededor del mundo, incluso en los mismos Estados Unidos, tienen en carreras a Trump y su flamante secretario de Estado, Narco Rubio, que no saben mediáticamente cómo cerrar la “Caja de Pandora” destapada el pasado 3 de enero.

La Asociación Internacional de Juristas sin Fronteras acaba de condenar las acciones gringas contra los venezolanos y llamó a restablecer el Derecho Internacional por encima de la fuerza.

Considera que la administración Trump desconoce el artículo 2 de la Carta de Naciones Unidas, así como tratados internacionales que garantizan el respeto a la soberanía de las naciones.

Dicho pronunciamiento cobra relevancia sí consideramos que Trump ha dicho que los recursos venezolanos le fueron robados a la Unión Americana. Bajo esta tesitura mañana justificará la invasión a México diciendo que su petróleo y minas son estadounidenses, que los centrales azucareros cubanos, playas, tierras y ferrocarriles son de su propiedad o a Guatemala, Honduras, Costa Rica y Panamá, con la zanganada que las tierras de la antigua United Fruit Co. pertenecen nuevamente a su imperio.

Trabajadores y afiliados a las ondulantes posiciones dentro de Europa Comunitaria exigen ahora a sus gobiernos endurecer su postura ante Washington, pues tampoco ellos ya se sienten seguros. El político español, Juan Carlos Monedero, acaba de plantear que no tiene duda alguna sobre el carácter nazi de Trump.

En cuanto a América Latina, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, canceló el ingreso a su país de militares estadounidense con la argucia de instruir a sus homólogos mexicanos.

Naciones como Brasil – cuyo presidente Lula vetó el ingreso de Venezuela a los BRICS- y Colombia, presidida por el progresista Gustavo Petro, quien siempre tuvo de largo a Maduro- tampoco se sienten seguros con los “Halcones” de la Casa Blanca y lideraron la convocatoria de una reunión urgente en la ONU.

Mientras tanto, el gobierno cubano, confirmó que 32 cubanos perdieron la vida durante la agresión a Venezuela y declaró tres días de duelo nacional por quienes murieron peleando como mambíes, precisó.

En nuestro país cada vez son mayores los pronunciamientos de profesionales e intelectuales contra las fechorías de la Casa Blanca, a favor de la paz y el rescate del derecho internacional. En esta línea de pensamiento, el secretario general de la Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP), Albino Vargas, recordó el pasado antimperialista que ostenta el país.Se refirió a la gesta de 1856 -1857 encabezada por el presidente Juan Rafael Mora Porras, cuando se derrotó al filibustero estadounidense William Walker, “que con el apoyo político de la Casa Blanca y el financiero de banqueros de New York, pretendía que Centroamérica fuera colonizada y anexada al naciente imperio”, concluyó.¡Unidos de la mano con Sandino, Bolívar, Martí, Hugo Chávez, los pueblos vencerán!

Venezuela en el tablero global: energía, finanzas y la disputa por la hegemonía

Edición de Juan Carlos Cruz-Barrientos

La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, ocurrida en la madrugada del 3 de enero, no puede entenderse como un episodio aislado ni como una simple reacción a la crisis interna del país. Se trata de un capítulo más de una disputa geopolítica de largo aliento, donde el petróleo, las finanzas y el poder militar se entrelazan en un escenario de hegemonía estadounidense en tensión y de creciente presencia china en América Latina.

La reacción regional fue inmediata y dividida. Brasil, Colombia, Chile, Uruguay y México rechazaron el operativo, mientras que Argentina, Paraguay, Ecuador, El Salvador, Panamá y Bolivia lo respaldaron. Más allá del continente, China y Rusia se pronunciaron en contra, un posicionamiento que, aunque pueda parecer contraintuitivo, responde a sus propios intereses estratégicos frente al avance estadounidense en su histórica zona de influencia.

China, el petróleo y la línea roja energética

Desde 2019, China se convirtió en el principal destino del petróleo venezolano, en un contexto donde las sanciones estadounidenses bloquearon otros mercados. En 2025, Caracas envió cerca de 900.000 barriles diarios al gigante asiático, lo que permitió amortiguar el cerco financiero impuesto por Washington y, al mismo tiempo, garantizó a Pekín un suministro energético fuera del control estadounidense.

En este marco, dos hechos recientes marcaron un punto de inflexión: la incautación por parte de Estados Unidos de un buque petrolero venezolano rumbo a China y la reunión entre Nicolás Maduro y el enviado especial chino Qiu Xiaoqi, apenas un día antes de la intervención militar.

Ambos movimientos fueron leídos como señales de una línea roja: Washington no solo busca disciplinar al gobierno venezolano, sino frenar la consolidación de circuitos energéticos y financieros autónomos en el hemisferio.

Coerción militar, presión política y guerra financiera

Analistas como Bernabé Malacalza, Actis, Stuenkel y Jordana Timerman, citados por la especialista Julia Goldembreg de Diario Red, interpretaron el episodio desde la lógica de las esferas de influencia, recuperando incluso la llamada “Doctrina Donroe”, una reformulación personalista de la Doctrina Monroe atribuida a Donald Trump.

En esta clave, la intervención en Venezuela se inscribe en una secuencia más amplia de presiones estadounidenses: políticas, como en Panamá y Honduras, electorales, como en Argentina, comerciales, como el aumento de aranceles en Canadá, Brasil y México y financieras, especialmente en el caso argentino.

Las sanciones económicas funcionan como el primer nivel de coerción: restringen exportaciones, bloquean acceso al crédito y al dólar, y buscan forzar cambios políticos internos. Cuando ese mecanismo no alcanza, la presión escala. La intervención militar aparece, así como la continuación de la guerra financiera por otros medios.

China y Rusia: roles distintos, objetivos convergentes

Aunque ambas potencias se opusieron a la intervención, sus estrategias difieren: Mientras China actúa como potencia económica: mantiene vínculos energéticos y financieros de largo plazo, evita la confrontación directa y busca impedir que Estados Unidos cierre completamente el acceso a Venezuela; Rusia, con menos capacidad económica pero mayor disposición al riesgo político aporta respaldo diplomático y presión estratégica para elevar los costos de la acción estadounidense.

Ninguna de las dos pretende “controlar” Venezuela, pero ambas buscan limitar la capacidad de Washington para imponer orden sin fricciones.

Un laboratorio del nuevo orden mundial

El dilema para Estados Unidos es evidente: puede intervenir militarmente, pero enfrenta crecientes dificultades para estabilizar y legitimar su influencia en un mundo donde la hegemonía ya no se sostiene por consenso, sino por una combinación cada vez más costosa de coerción financiera y fuerza militar.

Venezuela se convierte así en un laboratorio de la disputa global contemporánea:
un espacio donde se cruzan la transición energética, la competencia entre potencias y la reconfiguración del poder en América Latina.

Más que el futuro de un país, lo que está en juego es el modo en que se ejerce el poder en un sistema internacional en transformación.

Foto de cabecera tomada de Wikipedia

Plataforma flotante China en Lago de Maracaibo