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Etiqueta: Álvaro Fernández González

¿Para quién el fútbol? Pueblo o imperio

Álvaro Fernández González

Es claro que el fútbol no es únicamente un deporte.

Para grandes grupos económicos y financieros es un gran negocio: una industria global donde los clubes se compran y venden como activos, los jugadores se cotizan como mercancías y las aficiones se transforman en audiencias cuyo principal valor es el consumo.

Esta lógica del poder corporativo convierte al fútbol en escenario de competencia geopolítica.

La patética intromisión de Donald Trump, imponiendo la reincorporación del nigeriano Balogun (pese a su tarjeta roja, bien ganada), ilustra los ribetes incluso totalitarios de esta apropiación del fútbol.

Estados, fondos de inversión, plataformas digitales y patrocinadores disputan influencia, mercados y prestigio utilizando el deporte como instrumento.

El espectáculo crece, pero también la concentración de la riqueza, la desigualdad entre clubes, la explotación del talento juvenil y la distancia entre quienes controlan el negocio y quienes mantienen vivo el fútbol desde las comunidades.

Sin embargo, esa no es la única historia posible. El fútbol pertenece también a los pueblos, no solo a los imperios.

Antes que industria multimillonaria, el fútbol siempre ha sido un juego compartido en barrios, escuelas, plazas y comunidades.

Allí sigue conservando su mayor riqueza: la capacidad de reunir personas, fortalecer vínculos, enseñar cooperación y construir identidad colectiva.

Cada cancha comunal muestra que el verdadero valor del deporte no se mide por los derechos de transmisión ni por el precio de un fichaje, sino por las oportunidades que crea para convivir, aprender y crecer juntos.

Por eso siempre es momento de recuperar el sentido comunitario del fútbol: fortalecer clubes barriales, ligas locales, escuelas deportivas y proyectos donde el deporte sea un derecho y no un privilegio.

Necesitamos organizaciones más democráticas, políticas públicas que prioricen la inclusión y una ciudadanía dispuesta a defender el fútbol como un bien común.

Fortaleciendo su poder comunitario, el fútbol seguirá siendo lo que siempre ha sido: una escuela de solidaridad, democracia popular y vida compartida.

Costa Rica ante las nuevas derechas: agravar las causas o construir el futuro

Álvaro Fernández González, julio de 2026

Las elecciones de 2026 marcaron una nueva etapa política en Costa Rica. La continuidad del proyecto iniciado por Rodrigo Chaves y consolidado por Laura Fernández transformó el escenario político, mientras el surgimiento del Pacto Patriótico Costarricense abre un nuevo espacio opositor.

Sin embargo, la coyuntura no puede entenderse solo como un enfrentamiento entre oficialismo y oposición. Lo que está en disputa es la respuesta del país frente a la crisis del modelo de desarrollo, el creciente malestar social y la transición hacia un orden internacional cada vez más multipolar.

El éxito del oficialismo no se explica únicamente por una estrategia comunicacional basada en redes sociales, polarización y liderazgo carismático. Expresa problemas acumulados durante décadas: aumento de la desigualdad, debilitamiento del Estado social, precarización del empleo y pérdida de confianza en las instituciones. Ese contexto permitió que el discurso contra “la vieja política” encontrara amplio respaldo ciudadano.

Por ello, defender la institucionalidad democrática sigue siendo indispensable, pero no basta. Si el Pacto Patriótico pretende convertirse en una verdadera alternativa, deberá ofrecer un nuevo proyecto nacional capaz de responder a las causas profundas del descontento social y no sólo la restauración del equilibrio institucional previo a 2022.

Desde una perspectiva antiimperialista, el desafío también implica repensar la soberanía. Hoy la dependencia no se limita a las relaciones entre Estados, sino que incluye plataformas digitales, tecnologías, cadenas globales de producción, sistemas financieros y control de los datos. La soberanía del siglo XXI también se disputa en la ciencia, la innovación, la energía y el conocimiento.

En este punto resulta especialmente valioso el aporte del filósofo argentino-mexicano Enrique Dussel (1938-2023). Su propuesta de la transmodernidad recuerda que un mundo multipolar no garantiza automáticamente una mayor emancipación. El desafío consiste en construir una inserción internacional más autónoma, fortalecer la integración latinoamericana y ampliar la capacidad de decisión de nuestras sociedades.

La perspectiva decolonial aporta además otra dimensión fundamental: la democracia no puede limitarse a disputar el poder del Estado. También debe reconstruir las formas comunitarias de producir lo común y garantizar la reproducción colectiva de la vida.

Esto significa colocar en el centro problemas cotidianos como los cuidados, la vivienda, el empleo digno, la salud mental, la desigualdad territorial y la crisis ambiental. La calidad de una democracia debe medirse también por su capacidad para garantizar condiciones dignas de existencia.

La diversidad del Pacto Patriótico podría convertirse en una fortaleza si logra articular consensos alrededor de una democracia más participativa, una economía orientada al bienestar, un sistema nacional de cuidados, la soberanía tecnológica y científica, una transición ecológica justa y una política exterior basada en el no alineamiento activo y la integración latinoamericana.

El principal aporte de una izquierda antiimperialista y decolonial en este marco es construir un horizonte político que combine democracia profunda, soberanía, justicia social y sostenibilidad ecológica, colocando la reproducción de la vida en el centro del proyecto de país.

Costa Rica enfrenta una decisión histórica: profundizar la polarización o democratizar el poder, fortalecer la soberanía, reconstruir el tejido comunitario y poner la vida en el centro de la política.