Es uno de los títulos que trabajé en los últimos años a nivel de poesía. Tiene una dedicatoria absoluta: recordar lo efímeros que somos en esta vida, evocar, cantar, sonreír. Eso. Está dedicado a mi padre y su actual condición. Absolutamente presente aquí y en su pasado.
Sin embargo, he tomado prestada esa frase para referir lo que me produjo la conversación con el dramaturgo cubano Ulises Rodríguez Febles, director de un emblemático proyecto llamado Casa de la memoria escénica, con registro en Matanzas, Cuba.
Impulsor de una tarea titánica de recopilación de material histórico sobre la escena teatral en su provincia, nos contaba con pasión cómo su familia fue determinante para crear el hábito de la lectura y luego la pasión por el teatro y la investigación escénica.
Con Ulises esperamos en 2025 empujar varios proyectos personales y colectivos para ir preparando poco a poco nuestro regreso a los escenarios, unos de esos viejos amores que nunca se olvidan.
Un actor se prepara entonces.
A raíz de esta conversación sostenida en nuestro espacio semanal sobre arte y cultura que producimos en streaming y distribuimos en diversas plataformas, fue inevitable no devolverme en el tempo y recuperar mi propia memoria como espectador del buen teatro costarricense de los años setenta, cuando niño y aún en mi adolescencia.
La Sala de la Compañía Nacional de Teatro cerca de Avenida Segunda albergó montajes hermosos como Murámonos Federico, de Joaquín Gutiérrez. Recuerdo con lucidez la escenografía móvil de dicho montaje.
Aún me parece estar observando la vieja carpa moverse, instalada en las inmediaciones del Parque Morazán, en San José. Allí vi la puesta en escena de “El Gran Tividabo”, obra escrita por el dramaturgo costarricense Antonio Iglesias sobre la influencia de la televisión en los comportamientos violentos.
Eran los tiempos de la teoría de la aguja hipodérmica en comunicación y esa obra reflejaba un claro análisis al respecto. El Teatro Carpa se encargó entonces de su realización.
Ni que decir de la monumental puesta en escena de Galileo Galilei, De Bertolt Brecht, por parte del Grupo de Teatro Castella (GRUTEACAS) en nuestro querido teatro, patrimonio cultural del país.
Los fastuosos vestuarios de época confeccionados por la vestuarista de siempre Doña Alma Cortés dejaron en mí una profunda fascinación.
Estoy convencido que un proyecto como el que Ulises impulsa en Matanzas nos hace mucha falta por acá.
Si mi conversación con el activó mis registros de la memoria escénica, no me imagino lo que sería impulsar un proceso que albergue la recuperación de esa historia en un país como Costa Rica.
Intentaré dar los pasos necesarios para ello. Solo me hace falta amor, motivación y pulsión por el teatro. Ya los tengo.
Recolección de fondos para la postproducción del álbum en nuestro último concierto del año
DÓNDE: Mundoloco San Pedro CUÁNDO: jueves 05 de diciembre del 2024 QUÉ: Cantoamérica presenta “Tambores de resistencia” CÓMO: 2 entradas en 10,000 diez mil colones / 8,000 cls general 6,000 cls preventas (hasta el 1ero de diciembre) al sinpe 8625-1665
Desde Kaiso Music CR les invitamos a iniciar las celebraciones de fin de año, con nuestro último concierto del año, cantándole a la vida con nuestros “Tambores de resistencia”. Un homenaje a la música, al tambor como símbolo de las culturas africanas y en solidaridad a sus resistencias, que son parte de nuestra herencia y nuestro presente afro, tal como lo dice la canción que da nombre al concierto:
Tambores de medianoche Tambores de resistencia desde el África profunda protegen nuestra existencia
Está nueva producción musical contiene diez temas, grabados en vivo en el Teatro Espressivo en agosto como parte de las celebraciones del mes histórico de la afrodescendencia en Costa Rica y actualmente nos encontramos en la búsqueda de recursos para la postproducción del álbum.
Mezclando el calypso, el bolero, el blues y la salsa, con composiciones de Manuel Monestel y la musicalización de un poema del poeta argentino Armando Tejada Gómez, titulado «Coplera del prisionero», que figura en el álbum como «El hijo del carcelero»:
Le regalé una paloma al hijo del carcelero. Cuentan que la dejó ir tan sólo por verle el vuelo…
Entre las composiciones de Monestel se encuentran temas que reflejan la historia de la herencia africana, así como de su propia trayectoria artística como «Dam Pañaman» un calypso que resume sus experiencias como músico e investigador, desde hace más de cuatro décadas.
Un reconocimiento a nuestra diversidad de raíces, que compuso para responderse a mi mismo, así como a otras personas que le preguntaban, porque cantaba esas canciones en la capital del país, con ese llamado para algunos inglés «raro», refiriéndose al inglés criollo, propio de la comunidad caribeña costarricense:
I felt like being from outer space living on this earth But I don’t care what all them say because I love to sing Like the old calypsonians did like Gavitt and Cyril So I keep singing loud sweet calypso like them did
El concierto contará con nuestro nuevo repertorio y los clásicos de la agrupación que combina sonidos del Calypso Afrolimonense, con la Rumba, el Bolero, el Reggae, el Son y otros ritmos caribeños al estilo propio del grupo, con canciones originales del compositor Manuel Monestel, arreglos musicales de canciones de grandes calypsonians y musicalizaciones de poetas latinoamericanos.
Es así como Cantoamérica celebra un año más, destacándose como un proyecto musical con más de cuarenta años de creación y producción autogestionada, de indagar, reconocer, compartir, promover, difundir y reivindicar los aportes de la cultura afro, limonense, multiétnica, pluricultural e intercultural del país, promoviendo la solidaridad y el respeto a los derechos humanos y ambientales en Costa Rica.
Acompáñenos a celebrar un año más de compartir experiencias, fusionar ideas, sonoridades, escuchar, bailar y disfrutar de nuestra africanidad. El jueves 5 de diciembre del 2024, a las 8 pm, en Mundoloco en San Pedro. Para reservaciones, sinpes de entradas e información pueden comunicarse al 8625-1665.
INTEGRANTES:
Manuel Monestel Ramírez, Dirección Artística, Composición, Guitarra y Voz
Jeanna Guevara Rosales, Teclados
Marvin Brenes Vargas, Bajo Eléctrico
Abigail Huertas Sánchez, Flauta Traversa y Coros
Carlos Marín Segura, Trombón y Coros
Marisel Torres Matarrita, Trombón y Coros
David González Vargas, Percusión
Ernesto Gallardo Corrales, Percusión
Jose Antonio Valverde Uzaga, Percusión
Para escuchar nuestra música pueden ingresar a http://cantoamerica.bandcamp.com, para mantenerse informado de nuestras actividades en la redes sociales Facebook e Instagram Cantoamérica (oficial) o bien comunicarse directamente con la agrupación escribiendo a cantoamericafro@gmail.com
Esta vez mi observación es completamente participante. Estoy, vivo, siento en mi cuerpo el sonido penetrante de un acordeón que acompaña el ritmo de un merengue típico. Es eso. Por eso es típico. Porque el acordeón lo vuelve así junto con la tambora, el güiro, el bajo y la conga.
Noe Zayas, poeta y gestor cultural dominicano me explica incluso la relación entre este ritmo y el ballenato colombiano. Entonces pienso en el alto valor cultural y social de los bailes en los cuerpos de sus pueblos.
En una columna anterior hablábamos de la resistencia cultural que representa el swing criollo para el costarricense.
Ahora me tocó observar y sentir en la piel esa historia. El merengue inscribe su origen en la segunda mitad del siglo XIX.
Pero el merengue criollo o “Apambichao” surge durante la ocupación estadounidense en la isla entre 1916 y 1924. Otra vez Noe me señala que en ese periodo el merengue se usaba como instrumento de denuncia y elevar la voz de los excluidos.
Pienso que sentir y luchar entonces son la misma cosa. Aún resuena el acordeón en mi pecho. Con ese sonido y la cadencia de las gentes dominicanas me quedo, me recargo.
El 15 de noviembre del 2024 se estará llevando a cabo, de 9:00 a.m a 4:00 p.m en el Campus Coto de la Universidad Nacional, el conversatorio “Hablemos de emprendimientos con miras hacia el 2025”.
Este será el primer conversatorio del tema en el cantón de Corredores, y participarán más de 100 expositores de productos artesanales y turísticos, entre otros.
Habrá charlas acerca del fortalecimiento de emprendimientos locales del cantón de Corredores, e invitados de cantones vecinos.
Habrá también participación en mesas de trabajo para elaborar propuestas para el año entrante.
También se estarán regalando premios para los visitantes, y una base de datos para dar a conocer sus productos.
Se estará promoviendo en páginas de redes sociales al igual que transmitido en cadenas nacionales y de televisión local.
Se iniciará con palabras de las autoridades presentes, después de las palabras de bienvenida de las 9:00 a.m a las 10:15 a.m, y acto seguido expondrá el Ministerio de Cultura y su agencia para el desarrollo. Luego, se presentarán varios proyectos como el Mercado Artesanal Binacional Fronterizo, y luego a las 11:10 a.m se hará un recorrido por los stands, con una visita guiada a puestos artesanales y emprendimientos locales. Después del almuerzo (no incluido) se abrirán varias mesas de trabajo y espacios para interacción, para que dialoguen entre emprendedores, autoridades y asistentes para discutir retos y oportunidades del proyecto, a las 12:40 p.m, y finalmente a las 2:40 p.m se harán las conclusiones y el plan de acción, hasta las 4:10 que será la despedida y el cierre del evento.
Este evento es organizado por ASOGUITU y Arte y Cultura Binacional, revista digital y sitio web de emprendimientos los cuales ya han sido organizadores de otros encuentros de emprendedores por ya 10 años consecutivos, y la revista ha cubierto en su canal de Youtube los eventos desde 2019.
Les invitamos a asistir a este evento para seguir apoyando a los y las emprendedoras, así como las ideas innovadoras de este cantón.
Después de una década, el taller único «La Mirada en Movimiento», regresará en noviembre, ofreciendo una oportunidad para que tanto profesionales como principiantes exploren el arte de manipular títeres, centrando su enfoque en el uso de la mirada y el movimiento como ejes principales.
Fechas y lugar del taller intensivo: -Viernes 29 de noviembre: de 6:00 pm a 9:00 pm. –Domingo 1 de diciembre: de 9:00 am a 12:00 md y de 2:00 pm a 5:00 pm. –Lugar: La Guarida, ubicada en Lourdes de San Pedro, San José, Costa Rica.
Este taller intensivo será impartido por el maestro español Roberto Alonso Gil, de la Compañía de Títeres Errantes, en colaboración con Impromptu Teatro . El costo del curso es de ₡28,000 y las personas interesadas pueden hacer sus reservas por medio de correo electrónico (errabundopelele@gmail.com) o comunicarse vía WhatsApp y Telegram al número +34 629 68 01 07
El taller busca desarrollar un lenguaje común entre el títere y el manipulador, utilizando técnicas que facilitan el flujo de emociones y sensaciones a través de la mirada y el movimiento. Se explorarán principios básicos que ayudan a establecer una conexión emocional entre el manipulador y el títere, permitiendo que este se convierta en un medio para expresar y comunicar de forma directa y simbólica.
Contenidos del taller
Durante el taller, se trabajarán aspectos claves como:
-La mirada y el movimiento del títere. -La ocupación del espacio y el uso de pausas y gestos. -La posición del manipulador en relación con el espacio y el títere.
Además, mediante dinámicas corporales y juegos escénicos, se interiorizará el movimiento y la mirada desde el cuerpo humano hacia el títere, promoviendo el análisis de movimientos y la creación de escenas mediante improvisación en equipo, parejas y grupos.
Desarrollo de las sesiones El programa del taller incluye las siguientes actividades y sesiones:
Presentación del taller.
Construcción de un títere de mesa.
Conceptos básicos sobre manipulación.
Manipulación de la mirada.
Manipulación de la dirección.
Manipulación de la focalización.
Preparación y presentación de escenas.
Para conocer más sobre la Compañía de Títeres Errantes y este taller, visita www.errabundopelele.com
El Ministerio de Cultura y Juventud y el Teatro Nacional presentan el concierto «RUS-TICO», un evento que promete una noche inolvidable de música el próximo jueves 31 de octubre, a las 7:00 pm. La cita será en el Teatro Nacional, donde se presentarán: David Serrano González , Anastasia Makhamendrikova , y Alexis Morales Barrientos.
Este concierto une el talento de estos reconocidos artistas, ofreciendo una experiencia única para los amantes de la música en Costa Rica.
Precios de las entradas : -Entrada general: ₡8.000 -Adulto mayor: ₡4.000 -Estudiantes: ₡4.000
Las entradas están disponibles en la boletería del Teatro Nacional o en su sitio web www.teatronacional.go.cr | 2010-1142 ó 2010-1143.
Esta noche tuve el enorme gusto de asistir al Teatro De La Danza Costa Rica, para presenciar el espectáculo «Advertencia: Perro Bravo» coreografía de mi querido Gustavo Hernández e inevitablemente y de inmediato me trasladé a la década de los años treinta, cuando una Alemania moderna, libre y más que adelantada para la época; sufre el ascenso espantoso del Partido Nacional Socialista y su líder Adolph Hitler.
Ante ese peligro el Ballet Joss, crea su icónica pieza » La mesa verde», que le cuesta al coreógrafo y al grupo el exilio o la muerte…
Por cierto, Hans Züllig y Lucas Hoving (con quienes tuve el honor de estudiar) pertenecían a ese elenco y estrenaron dicha obra. Tiempo después estando todo el elenco en Londres donde además de la mesa verde, bailaban la Consagración de la Primavera de Ígor Stravinsky, ¡Londres es bombardeada! y el Ballet Joss se desmiembra en una diáspora por todo el mundo…
La Danza puede ser divertida, lúdica, dubitativa, abstracta, y siempre experimental entre muchas formas. Más aún con las nuevas e ineludibles tecnologías.
Pero ante el período de oscuridad que atraviesa Costa Rica, prácticamente en todos los campos, Danza Universitaria levanta la voz y denuncia y nos narra de una forma clara y concisa, el actuar de un «perro de traba» y sus monigotes: tan corruptos como el titiritero, que los maneja y que los usa y desecha a su antojo (cualquier paralelismo con la realidad, es mera coincidencia).
Un elenco maduro, cohesivo, de gran solvencia en términos de los movimientos y de una expresividad necesaria en esta obra y necesaria ante la sobredosis kinética de la danza hoy.
La banda sonora es tremenda, maravillosa y justa para esta pieza, la iluminación en escenario aforado proporciona ambientes perfectos entre el claro oscuro de este acto político.
Esta segunda función de esta breve temporada pone el dedo en la llaga de la realidad que vivimos y pone una vez más por qué Danza Universitaria es necesaria en nuestra cultura, más allá de los titubeos de la Universidad de Costa Rica sobre su necesidad y de la mezquindad de los monigotes del Perro Bravo en temas de educación y cultura.
Finaliza esta coreografía con una tremenda premonición: al marchitarse el Perro Bravo y decaer… ¡vendrá otro!
Es una tarde soleada en la frontera. A mis pies las aguas del imponente Suchiate y su musicalidad líquida. Observo el incesante paso de las gentes, de un extremo a otro. Viajo, como ellos, en una balsa enllantada desde el lado guatemalteco al mexicano, con queridos poetas de aquí y de allá. Y leemos poesía. Ahí mismo. Sobre las aguas del Río que divide dos países, dos historias, cientos de miles de biografías.
Tan solo unos meses después, la apacibilidad de la tarde soleada en la frontera se convertiría en drama, al atestiguar el paso emergente del caminar centroamericano. Un caminar que aún no cesa, huyendo de la violencia, la necropolítica estatal, la desigualdad que campea absolutamente por toda la región.
Pienso en esa lectura que hicimos aquella tarde. En lo que el arte me ha permitido sentir y transformar. A qué sitios maravillosos me ha llevado, reconocer sus misterios de expresión, exilio de pieles, geografía interminable.
Gracias por eso.
Ahora estoy, me transporto a una clase de piano, repasando el viejo método azul en mis manos. Huelo el piano. Me recuerda las viejas casas de los cuentacuentos. Sus teclas son hileras de un largo telar que serpentea, como el Mar Caribe agitado. Oigo sus acordes. Es el final de los setentas. Del cielo cae estrellita con violín. Una pintura rupestre como las manos estampadas en las cavernas, nace en pincel, y nace en cualquier pared de la fábrica de sueños. Guillén songorocosongoneando. A lo lejos un tren va de Limón a San José, de Limón a San José….
Abro con esfuerzo el viejo telón del teatro y descubro Peter Pan y su estela volando por la inmensidad de todos los cielos. Todos azules. Lo siento volando en mis manos. Oigo voces marcando movimientos, saxofones que lloran, zapatillas de ballet se deslizan suavemente. Siento los grandes reflectores abrazar las auroras. El centrofoward murió al amanecer.
Me contengo ante el dolor de quienes vienen del sur y del centro de las Américas y ven en nosotros humanidad, solidaridad, dignidad. Nos cantan tiernamente su lucha. El viejo teatro los acoge con ternura. Los arrulla. El arte nos convida.
Gracias por eso.
Veo a Andreas Sarty abjurar de su maestro. Galileo y la centralidad del beso. Ambos se movieron con sus grandes vestuarios, por la sencillez del proscenio en La Sabana.
Gracias infinitas al arte por eso.
Pongo mis manos en las del escultor y su barro. Erigirá corazones, almas, rostros de una época amada y turbulenta. Yo construiré metáforas. Camino. Me encuentro al maestro que me da un libro de Julio Verne en las manos de mis padres. . “Va a ser escritor”, les dice.
Abro ese libro en medio de las aguas inquietas del Suchiate. Hasta allí me llevó el arte, mi inquietud de niño, mi ideal. Continúo el camino. Creyendo, creando, creciendo.
Gracias profundas al arte por todo eso.
He sido caminante también. Como la primera voz poética que escuché en aquellos años al lado de mi precursora en las letras. Me enseñó a Machado. Y lo que decía: “se hace camino al andar”. Y sigo caminando.
He sido un alma en permanente construcción, con el cincel del arte siempre presente. Soy sociólogo, pero ante todo y contra todo, Artista. Porque ese ADN se lleva en la piel y para siempre. Como el más feroz de los tatuajes. Porque los textos, los acordes de las flautas dulces, el más comprometido jazz de los setenta, no se olvidan.
Gracias, gracias, gracias por todo eso.
Entiendo al arte en su dimensión expresiva, creadora y transformadora. tengo fe ciega en su potencial. Porque este siglo será del arte, o no será. Sino que lo diga doña Ramona, mujer migrante nicaragüense a la que una tarde escuché decir de memoria un poema de Ernesto Cardenal, bajo el cielo empedrado del asentamiento Guararí, en Heredia.
Gracias, de nuevo arte, por permitirme estar allí en ese instante, como ahora.
Es 1980. Estoy sentado del lado derecho del teatro. Con pantalones cortos pero con las ganas de comerme el mundo, largas e intactas. Alegre en la vida. Del lado izquierdo cantan la segunda voz. Quiero cantar con todos y se me infla el pecho. Seguiremos cantando para encontrar al búho constructor de fantasías, allí, en el lejano bosque más hermoso de la historia.
Salud y larga vida a nuestras almas, siempre libres.
Hace unos días asistí al teatro a ver la puesta en escena “La danza de la ira” protagonizada por la actriz costarricense Marian Li. En una tremenda demostración histriónica, Marian dio cuenta de una realidad compleja, a veces tirada debajo de la alfombra con el resto del polvo, porque forma parte de eso que se denominan los secretos familiares.
El abuso infantil en Costa Rica es una realidad que lacera y lastima la dignidad de las personas que lo experimentan y que crecen con todo tipo de cargas emocionales hasta bien entrada su edad adulta. Si no se acompañan desde el plano psicológico para sanar y reparar, difícilmente sus vidas transcurrirán de forma adecuada.
Así como esta ira descompone vidas, hay otras danzas de enojos que están comprometiendo la paz social en Costa Rica. En las últimas semanas, cada vez con mayor frecuencia, se ha empezado a notar el aumento de la violencia en espacios públicos, particularmente en carretera.
Son verdaderas batallas lo que se observa en videos que circulan en redes sociales, con el agravante de que en algunos casos las personas en disputa están armadas y eso agrava aún más el deterioro de la convivencia que una vez tuvimos como sociedad.
Las reglas del juego colectivo parecieran haberse agotado. La incapacidad de hablar, de compartir los espacios, de dirimir las diferencias (cualquiera que sean) de forma respetuosa, conversada y reposada, ha provocado una lesión sin retorno a los intercambios y las formas civilizadas de comportamientos.
Estas otras iras también son resorte de la Salud Pública y deben ser abordadas de forma integral. Es absolutamente urgente detener estas batallas campales y darle paso a otras maneras de hablarnos y vernos de nuevo a los ojos. Es imperativo.
Una sección del Jardín del Parterre, detrás del Palacio Real de Aranjuez. Foto: Luko Hilje
Publicado originalmente en la revista digital europea MEER
Luko Hilje (luko@ice.co.cr)
El pasado setiembre tuve la muy anhelada oportunidad de visitar España, esta vez en unas vacaciones algo extensas; hace 21 años, en 2003, había ido tan solo a Barcelona, a un congreso en mi campo profesional, sin mucho tiempo para conocer sus edificaciones, su geografía y su historia. Y, mientras planeábamos el viaje y los sitios a recorrer, les dije a mi esposa, mi hija y mi yerno que, después de La Alhambra —emblemática y exquisita obra de arquitectura mudéjar—, más los alcázares de Toledo, Segovia y Sevilla, en ese periplo turístico no podía faltar una visita a Aranjuez, algo con lo que siempre soñé.
En realidad, ese deseo nació en mi adolescencia, cuando se popularizó la canción intitulada En Aranjuez, con mi amor o En Aranjuez, con tu amor, difundida en Costa Rica por las excelentes emisoras musicales Titania y Radio Mil. Recuerdo que por entonces se escuchó una versión en francés, al igual que una en español tiempo después, ambas muy románticas.
El río Tajo, cerca de la presa del Palacio Real. Foto: Luko Hilje
Varias letras para una misma melodía
Ahora me entero —gracias a internet— que la letra original fue escrita en su idioma natal por el cantautor francés Guy Bontempelli, que denominó Aranjuez, mon amour, la cual en 1967 fue grabada por el cantante Richard Anthony, nombre artístico del joven egipcio-francés Ricardo Btesh. El título de esa canción dio nombre a un disco de 12 melodías, que culminaban con dicha pieza musical, y tal fue su éxito —en una época en que los medios de propaganda y distribución no tenían ni por asomo la celeridad y la cobertura de hoy— que logró vender seis millones de ejemplares. Esa versión original dice así:
Mi amor, en el agua de las fuentes, mi amor, donde los lleva el viento, mi amor, al caer la noche vemos pétalos de rosas flotar.
Mi amor, y las paredes se están resquebrajando, mi amor, al sol, el viento y la lluvia, y en los años que pasan, desde la mañana de mayo en que vinieron, y cuando escuché, de repente, escribieron en las paredes, con la punta de sus rifles, cosas muy extrañas.
Mi amor, el rosal sigue creciendo, mi amor, en la pared, y abraza, mi amor, sus nombres grabados, y cada verano de un hermoso rojo son las rosas.
Mi amor, seca las fuentes, mi amor, en el sol, al viento de la llanura y en los años que pasan, desde la mañana de mayo en que vinieron, la flor en el corazón, los pies descalzos, el paso lento, y los ojos iluminados con una extraña sonrisa.
Y en esta pared, al caer la tarde, parece que ves manchas de sangre, pero son solo rosas. Aranjuez, mi amor.
Hasta lo que sé, esta versión no ha sido grabada nunca en español. No obstante, existe una bastante diferente, atribuida al compositor español Alfredo García Segura, que fue la primera en español difundida por la radio aquí. Cantada por el propio Richard Anthony, reza así:
Junto a ti, al pasar las horas, oh mi amor, hay un rumor de fuentes de cristal que en el jardín parece hablar en voz baja a las rosas.
Dulce amor, esas hojas secas, sin color, que barre el viento, son recuerdos de romances de un ayer, huellas de promesas hechas con amor, en Aranjuez, entre un hombre y una mujer, en un atardecer que siempre se recuerda.
¡Oh, mi amor! Mientras dos se quieran con fervor, no dejarán las flores de brotar, ni ha de faltar al mundo paz, ni calor a la tierra.
Yo sé bien, que hay palabras huecas, sin amor, que lleva el viento, y que nadie las oyó con atención, pero otras palabras suenan, oh mi amor, al corazón, como notas de canto nupcial, y así te quiero hablar si en Aranjuez me esperas.
Luego al caer la tarde se escucha un rumor: es la fuente que allí parece hablar con las rosas. En Aranjuez, con tu amor.
Esa fue la canción que se popularizó en el ámbito hispanoamericano, y que a lo largo del tiempo ha sido interpretada —con leves variaciones y arreglos— por el español Plácido Domingo, la griega Nana Mouskouri, la polaca Ania Brzozowska, la mexicana Guadalupe Pineda, el puertorriqueño José Feliciano y otros notables cantantes.
Sin embargo, existe una versión más, que tiene varios elementos en común con ella. Atribuida también al compositor Alfredo García Segura, ha sido entonada por cantantes de la talla de José Carreras, Andrea Bocelli y el cuarteto plurinacional Il Divo. Esta dice así:
Aranjuez, un lugar de ensueños y de amor, donde un rumor de fuentes de cristal, en el jardín, parece hablar en voz baja a las rosas.
Aranjuez, hoy las hojas secas sin color, que barre el viento, son recuerdos del romance que una vez juntos empezamos tú y yo, y, sin razón, olvidamos.
Quizá ese amor, escondido esté en un atardecer, en la brisa, o en la flor, esperando tu regreso.
Aranjuez, hoy las hojas secas sin color, que barre el viento, son recuerdos del romance que una vez juntos empezamos tú y yo, y, sin razón, olvidamos.
En Aranjuez, amor, tú y yo.
A estas dos canciones se suma otra, muy diferente de ambas, y cuyo compositor pareciera ser, de nuevo, Alfredo García Segura. Cantada por Paloma San Basilio, dice así:
Victoria Kamhi y Joaquín Rodrigo, el día de su boda
Vuelvo aquí, por la magia de tu música.
Tus cuerdas son caminos que me traen el ayer. Vuelve la vida a mis paisajes, al oírte, guitarra.
Justo aquí, a la orilla de un atardecer, fue como un vendaval, mezcla de miedo y de calor, amor, por primera vez yo fui mujer, sentí nacer la belleza.
Tus manos fueron mis manos y tu mirar mi mirada.
Junto a ti hasta el río se llenó de amor y un nuevo resplandor como un torrente me cegó. Después el tiempo lo apagó, y hoy es solo un acorde.
Tus manos fueron mis manos y tu mirar mi mirada.
Siempre unidos, para siempre.
Vuelvo aquí, por la magia de tu música. Tus cuerdas son caminos que me traen el ayer. Vuelve la vida a mis paisajes, al oírte, guitarra.
Y aunque no estás aquí todo me sabe a ti, en Aranjuez.
Para concluir lo referido a la letra de En Aranjuez, con mi amor, lo común en las tres versiones en español y la francesa es la alusión nostálgica a un amor frustrado o trunco, surgido en el ambiente paradisíaco de Aranjuez. Un paraje con grandes y numerosas fuentes cantarinas, en medio de bellos e inmensos jardines de rosas y otras flores de vivos colores, más la suave brisa que a la hora del crepúsculo corre por la cuenca del muy tranquilo río Tajo —el cual serpentea por los predios de Aranjuez— y arrastra consigo las hojas desprendidas de los árboles, como símbolo de lo que una vez fue, pero dejó de ser.
El río Tajo, en un recodo dentro del Jardín del Príncipe. Foto: Luko Hilje
La génesis de una deslumbrante melodía
Ahora bien, lo que no he dicho hasta ahora —pues lo deben saber todos o casi todos los lectores— es que la partitura que da sentido a esas cuatro versiones es la misma, y corresponde a una porción del Concierto de Aranjuez, inspiración del célebre y prolífico compositor valenciano Joaquín Rodrigo Vidre, nacido en 1901 y fallecido hace 25 años, el 6 de julio de 1999. Esa obra, que data de 1939, fue compuesta mientras su autor residía en Francia, y estrenada en Barcelona el 9 de noviembre de 1940, con la interpretación del célebre guitarrista Regino Sainz de la Maza, acompañado por la Orquesta Filarmónica de Barcelona.
Ignorante en cuestiones musicales, por años pensé que la canción En Aranjuez, con mi amor y el Concierto de Aranjuez eran lo mismo. No obstante, después me enteré de que, en realidad, el concierto consta de una secuencia de tres partes o “movimientos”, técnicamente denominados allegro con spirito, adagio y allegro gentile, y de que la melodía de la mencionada canción se restringe al adagio del concierto. Por fortuna, en algún momento de mi vida pude conocer completo ese exquisito concierto y deleitarme con él, tras lo cual lo grabé en un cassette que me acompañó por muchos años.
Desde entonces, disfruté más de la música que de su antojadiza letra. Y digo esto —lo cual no significa que no sea agradable y que también conmueva—, por cuanto esa letra no refleja ni encarna el espíritu con el que Rodrigo concibió y plasmó tan sublimes notas musicales.
Ciego desde los tres años de edad, como consecuencia de una seria afección de difteria, sus padres lo estimularon y apoyaron para que concretara su vocación y su potencial como artista, por lo que se dedicó a aprender violín y piano, así como a estudiar composición musical. Ya en la madurez, y graduado en estas artes, a los 26 años se mudó a París, para alternar con músicos consagrados y nutrirse de ellos. Fue ahí donde conoció a la mujer que lo acompañaría por el resto de su vida, la turca Victoria Kamhi Arditti, profesora de piano.
Tras su boda en Valencia, en enero de 1933, la pareja disfrutó la luna de miel en el bucólico y mágico Aranjuez. Aunque, obviamente, la ceguera le impedía a Rodrigo percibir imágenes, de seguro que ahí su piel y su alma fueron permeadas por los sutiles y relajantes sonidos de los surtidores de las fuentes, los musicales trinos y gorjeos de las aves, las enervantes fragancias de las flores, la tibieza de los rayos solares, la vivificante brisa, y el contagiante murmullo de las aguas del Tajo.
Seis años después, la pareja se ilusionaba con el advenimiento de su primer hijo pero, al dar a luz Victoria, el niño falleció, y ella estuvo a punto de morir. Atenazado por el dolor provocado por la pérdida del tan anhelado hijo, más el riesgo de que también muriera su amada esposa —quien, además, era su lazarillo y su ángel de la guarda, calificada por él como “la luz de mis ojos”—, fue la música lo que le permitió afrontar y hasta exorcizar la tragedia familiar.
Y fue entonces cuando, en una pieza del edificio No. 159 de la calle Saint-Jacques, en el Barrio Latino, en París, una mañana Rodrigo vivió una especie de revelación, al sentir “una fuerza irresistible y sobrenatural”, como él mismo la calificó. En efecto, después de rumiar por largo tiempo lo que deseaba plasmar, esa venturosa mañana la melodía correspondiente al adagio del concierto empezó a brotar de manera espontánea y fluida en su mente, por lo que la escribió de manera ininterrumpida, dejándose llevar por lo que le dictaban sus sentimientos, sin reparar mucho en los aspectos propiamente musicales. Conforme eso ocurría, perforaba las notas en una modalidad de código Braille apta para músicos ciegos, las cuales su esposa le ayudaría tiempo después a transcribir en el formato de un pentagrama convencional.
Estos y otros aspectos más, alusivos a la génesis del concierto, están narrados de manera clara y didáctica en un corto video del especialista Alberto Musitaro, que el lector interesado puede consultar en internet (www.youtube.com/watch?v=fBdWKDYcsXE).
Dicho experto indica que, aunque hay varias hipótesis acerca del significado del adagio de este concierto para guitarra y orquesta, fue el propio Rodrigo quien lo esclareció, y de manera incontrovertible. Se trata de un frontal y hasta desafiante diálogo o encaramiento entre Rodrigo y Dios —representados por la guitarra y la orquesta, respectivamente—, y en el cual, con enojo y hasta rabia, desolado e impotente, él reniega de su muy lamentable situación, a la vez que le suplica a Dios por la salud de su amada esposa.
Al respecto, Musitaro explica que, después de que una y otra vez el apabullante poderío de la orquesta eclipsa el plañir de la solitaria guitarra, finalmente “Dios le contesta y le impone su voluntad, por encima de los hombres”, de modo que el adagio“culmina en calma y aceptación” de parte de Rodrigo. Asimismo, en el clímax de ese movimiento, las sutiles notas musicales denotan que el alma de su hijo asciende al cielo, y es entonces cuando Rodrigo “queda en paz con Dios”.
En síntesis, por confesión de su propio autor, esta conmovedora melodía, que toca las más recónditas fibras del alma, fue inspirada no por un amor romántico o erótico —con todo lo mágico que ello tiene, y que varias de sus letras han enfatizado—, sino por el amor puramente filial, surgido de la irreparable pérdida de su primogénito. Eso sí, está enmarcada e inspirada en el inefable y muy romántico entorno de Aranjuez, donde Rodrigo y su amadísima Victoria habían vivido su luna de miel pocos años antes.
Joaquín Rodrigo, en 1925Joaquín Rodrigo, en 1960
Yo, en Aranjuez
Ahora bien, para retornar a mi reciente viaje a España, pude concretar mi sueño de conocer Aranjuez. Y, aunque con varias semanas de anticipación habíamos concertado una visita guiada con una agencia turística, para así conocer en detalle la historia, la arquitectura y las joyas artísticas del majestuoso Palacio Real que ahí existe —construido en el siglo XVI—, lo cierto es que yo también deseaba tiempo libre, y lejos de los turistas, para disfrutar a solas de los bellos jardines y alamedas que adornan ese ambiente magnífico.
Asimismo, antes de salir de Costa Rica, recibí una linda sorpresa. Dada la cercanía de mi cumpleaños, y para que me entretuviera —junto con mi infaltable lectura— durante los muy largos viajes que nos esperaban en avión y en tren, mi hija Darinka me regaló unos audífonos muy finos, para conectarlos a mi teléfono celular y así poder escuchar música previamente seleccionada. Fue en ese mismo instante cuando pensé que me gustaría llevar conmigo la banda sonora del Concierto de Aranjuez ejecutado magistralmente por el célebre guitarrista Pepe Romero —quien fuera cercano amigo de Rodrigo—, junto con la Orquesta Sinfónica Nacional de Dinamarca, conducido por el maestro español Rafael Frühbeck de Burgos. Mi yerno Daniel lo hizo de inmediato, y así quede bien provisto para lo que deseaba.
Ya instalados en Madrid, y tras visitar varias ciudades a cuál más de hermosa, llegó el esperado día de ir a Aranjuez. Le dije a Elsa, mi esposa, que nos fuéramos lo más temprano posible, para llegar antes de la hora pactada para la visita guiada, con el fin de recorrer por cuenta nuestra algunas partes del lugar. Y fue así que, durante los 42 kilómetros que separan Madrid de ese emblemático sitio, mi corazón palpitaba de emoción, sabiendo que estaba a punto de concretar un sueño largamente ansiado.
En efecto, llegados allá, y sin que hubiera casi nadie en los alrededores, tomamos un leve desayuno en un restaurante ubicado a unos 50 metros del palacio, frente a una sobria baranda que delimita al Jardín del Parterre, donde están las bellas fuentes de las Nereidas, de Ceres, y de Hércules y Anteo. Después crucé la calzada para ingresar a dicho jardín y, ya sentado en un poyo de madera y sin nadie alrededor, activé el teléfono y los audífonos para escuchar tan anhelada pieza musical. Lamentablemente, debido a la cercanía del otoño —era 5 de setiembre—, aunque cuidados con envidiable esmero, los jardines no tenían el esplendor que les confiere la primavera, y las fuentes estaban sin agua, quizás por economía o racionamiento. La verdad es que eso no me importó. Sin embargo, no había transcurrido siquiera la mitad de los casi 12 minutos que dura el adagio, cuando, a pocos metros, la deslumbrante melodía fue estropeada por el ruidoso motor de un tractor que ingresó al jardín más cercano. ¡¡¡Puede imaginar el lector la clase de imprecación que salió de mi boca, y que me tuve que tragar!!!
No obstante, no me iba a ir de ahí sin haber logrado mi propósito. Por tanto, concluida la visita guiada —de un par de horas—, caminamos entre vergeles, rosaledas y fuentes, para después ingresar en los hermosos predios del Jardín del Príncipe. Ya ahí, en soledad casi total, en la ribera del plácido río Tajo y sentado en un poyo protegido por la benévola sombra de varios árboles frondosos y con follaje todavía verde —reacio a aceptar las imposiciones del otoño—, por fin pude cerrar los ojos, abrir mis oídos y mi alma, para comulgar con esa melodía en tan idílico entorno.
Música intimista, a la vez que extasiante y embriagadora, en la que los requiebres, arpegios y rasgueos de la apasionada e impetuosa guitarra flamenca emiten trepidantes y hechizantes gemidos, frente a la contrastante solemnidad y apacibilidad de un armonioso, perfecto y envolvente conjunto de violines, violonchelos, fagots, oboes, cornos, clarinetes y flautas, de connotación realmente celestial.
En síntesis, una experiencia casi mística, de esas que se viven una sola vez. Y la pude sentir a plenitud ahí, en el propio Aranjuez.
5.Alameda en el Jardín del Príncipe, en Aranjuez. Foto: Luko Hilje