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Etiqueta: Batalla de Rivas

De la Batalla de Santa Rosa a la Batalla de Rivas contra los filibusteros en Costa Rica y en Nicaragua. Algunas notas sobre la Primera Campaña

Vladimir de la Cruz

Celebramos este año, el 170 aniversario de la Gloriosa Gesta de 1856-1857, breve período histórico que se caracterizó, y generalmente así se recuerda, como los meses comprendidos entre el 20 de marzo de 1856, con el triunfo de la Batalla de Santa Rosa, sobre los filibusteros que habían ingresado al territorio nacional, y el 1º de mayo de 1857, cuando el jefe filibustero William Walker se rindió y salió de Centroamérica.

De manera más precisa, ese escenario histórico se comprende desde 1855, cuando se invita el 9 de abril, a William Walker, quien se hacía llamar expresidente de Sonora, para que llegue a Nicaragua a sumarse a las fuerzas políticas del Ejército Democrático, en su lucha interna contra el Ejército Legitimista, en ese país, hasta el mes de setiembre de 1860, cuando el 12 de setiembre fusilaron, en Honduras, a William Walker, luego de su último intento de regresar a Centroamérica, y el 30 de setiembre de 1860, fusilan al Presidente de Costa Rica, Juan Rafael Mora Porras y, el 2 de octubre de 1860, también fue fusilado el General José María Cañas.

La lucha entre liberales y conservadores en Nicaragua era intensa desde 1853. Walker llegó a Nicaragua desde San Francisco de California, de Estados Unidos, el 4 de mayo, al puerto El Realejo, donde fue recibido por los delegados del Ejército Democrático, que se enfrentaba al Ejército Legitimista jefeado por el General Ponciano Corral. Se le había ofrecido la posibilidad de impulsar una colonización. Walker llegó con su grupo de mercenarios bajo el nombre de la Falanje Americana. Walker en Nicaragua tuvo sus enfrentamientos y se produjo en Rivas un intento de quemarle el edificio donde estaba fortificado. En ese intento murió el 29 de junio de 1855 el joven Manuel Mongalo, un héroe nicaragüense similar a nuestro Juan Santamaría.

El presidente Mora, enterado de las andanzas filibusteras y mercenarias de Walker en Estados Unidos y México, previó el peligro de su llegada y estadía en Nicaragua en 1855.

El 20 de noviembre de 1855 el presidente Mora hace su Primera Proclama al pueblo costarricense advirtiendo del peligro que se cernía y llamando a prepararse para ir a combatir contra Walker. A su llamado se sumó, el 22 de noviembre, el Obispo Anselmo Llorente y La Fuente, advirtiendo también el peligro y amenaza que significaba Walker contra la religión católica.

A principios de 1856 Walker comisiona a su lugarteniente Schlesinger a venir a Costa Rica para “invitarnos” a formar parte de su proyecto anexionista y esclavista El presidente Mora da órdenes que no lo dejen desembarcar en Caldera ni en Puntarenas. Expulsado que fue enfureció a Walker quien pocos días después ordenó a Schlesinger que regresara a Costa Rica para tomarla a la fuerza. Así, la tropa filibustera se preparó para ingresar al territorio nacional en marzo de 1856.

El 1º de marzo, el presidente Mora, con apoyo del Congreso se prepara para marchar a Nicaragua, para luchar allá contra Walker y liberar a Nicaragua de la opresión que él les significaba. Ese 1º de marzo el presidente Mora lanza su Proclama de salida hacia la lucha contra los filibusteros.

El 3 de marzo, el Obispo Anselmo Llorente y La Fuente se dirige a las tropas combatientes, fortaleciéndoles espiritualmente su ánimo para ir a combatir, siendo acompañados por un grupo de sacerdotes bajo el mando del Presbítero Francisco Calvo, Capellán del Ejército en esa lucha contra los filibusteros.

El 4 de marzo el ejército duerme en Río Grande siguiendo la marcha por San Mateo.

El 7 de marzo el presidente Mora se incorpora a la marcha con el Ejército, asumiendo la Jefatura del Ejército y dejando en la Presidencia al vicepresidente Francisco María Oreamuno.

El 10 de marzo la tropa ya estaba en Puntarenas. La marcha seguiría por tierra, por el Golfo adentrándose por el río Tempisque hasta sus afluentes Bebedero y Bolsón, para desde allí llegar a Liberia, y tratando de darle vuelta a la Península para de esa forma llegar a Liberia.

El 11 de marzo el Ejército Expedicionario llega a Bagaces, donde los Generales José Joaquín Mora Porras y José María Cañas Escamilla desarrollan los planes de las operaciones militares a ejecutar.

El 12 de marzo el presidente Mora llega a Puntarenas acompañado de su Estado Mayor, mientras el Ejército Expedicionario llega a Liberia.

El 18 de marzo se recibe la noticia de que los filibusteros estaban en el territorio nacional, que habían pasado Sapoa, encontrándose en la Hacienda Santa Rosa, que era bien conocida por los costarricenses.

El 19 de marzo se partió hacia la Hacienda Santa Rosa. A las 4 de la tarde del 20 de marzo, se logró enfrentar a los filibusteros, en un combate que no pasó de los 10 minutos. A los 14 minutos de iniciado el combate se estaba redactando el Parte del triunfo sobre los filibusteros, que salieron huyendo. En la Batalla de Santa Rosa, fallecieron los Capitanes José María Gutiérrez y Manuel Quirós; los tenientes Justos Castro, Manuel Rojas y doce soldados.

La Batalla de Santa Rosa elevó la moral combatiente del Ejército Expedicionario e infligió una profunda derrota moral en los filibusteros. Hubo filibusteros capturados que fueron sometidos el 23 de marzo a un Consejo de Guerra, en Liberia, que dispuso fusilarlos, lo que se realizó el 25 de marzo.

El 24 de marzo el presidente en ejercicio, Francisco María Oreamuno se dirige con una proclama al pueblo informando el triunfo militar en Santa Rosa.

El presidente Mora dispuso, perseguir por todo el territorio nacional a los filibusteros, mientras avanzaba hacia Nicaragua.

El 29 de marzo el presidente Mora hace su Proclama dirigida a los nicaragüenses, indicándoles que va a ingresar a su país para liberarlos de la horda filibustera que los oprime y domina, indicándoles también que el ingreso de la tropa costarricense no es para ir a adueñarse de nada en Nicaragua, al mismo tiempo que los invita a participar en esta lucha.

El 31 de marzo la tropa está en Sapoa, ingresando a Nicaragua. El 4 de abril el Ejército se encuentra en marcha sobre la ciudad de Rivas. El 5 de marzo se llega a Peña Blanca, en Nicaragua, muy cerca del camino que se conocía como La Vía de la Compañía del Tránsito, empresa encargada de movilizar casi 1000 estadounidenses mensualmente desde la costa Atlántica a la costa Pacífica, de los Estados Unidos.

El 6 de abril el presidente Mora ya se encuentra en Santa Clara, en Nicaragua, listos para instalarse el 7 de abril, en Rivas, donde se acuartela. Allí recibió apoyo de ciudadanos Comisionados de Rivas. El 7 de abril dispuso el presidente Mora que dos Divisiones del Ejército tomaran por sorpresa San Juan del Sur y la Virgen, sitios que eran parte de la ruta de la Compañía del Tránsito. En La Virgen hubo un pequeño enfrentamiento con los filibusteros que tuvieron seis bajas y cinco heridos.

El 8 de abril el Ejército Expedicionario entra a Rivas, habiendo dado la vuelta por la Bahía de la Virgen, siendo recibidos con gran apoyo por la población. Inmediatamente se dirige a las Municipalidades de Rivas, Masaya, Granada, Matagalpa, Managua, León y Chinandega, para que le informen de la situación que tienen.

El 10 de abril el Ejército ocupa tres sitios claves, La Virgen, San Juan del Sur y Rivas. El presidente Mora ordena que se impida y se corte la navegación en el Río San Juan, tarea que se le encomienda al coronel Rafael Escalante.

A las 8 de la mañana los filibusteros se hicieron presentes en el Puerto del Estero del Sardinal, en San Carlos, desde donde habían querido ingresar los filibusteros al territorio nacional. Allí se produjo una ligera Batalla, la de Sardinal, el 10 de abril, donde resultaron heridos el General Florentino Alfaro y nueve soldados, y los filibusteros tuvieron cuatro muertos en tierra y muchos en el río. Allí fue tomado un vapor de Walker.

La Batalla de Sardinal, ese 10 de abril se sumó en elevar el espíritu de combate de la tropa nacional y, de la misma manera, produjo un desánimo en la tropa filibustera, y el propio Walker.

El 11 de abril, a las 8 de la mañana, Walker se lanzó a dominar la plaza de Rivas y a atacar el Cuartel General donde estaba el presidente Mora, desarrollándose un combate encarnizado que duró hasta horas de la noche. A Rivas fueron llegando los combatientes de Sardinal y de las tropas que se tenían explorando los terrenos aledaños. Las tropas de ambos ejércitos se acuartelaban en casas de la población.

En la Batalla de Rivas cayeron combatiendo valientes militares, el General José Manuel Quirós; el Mayor Francisco Corral; los Capitanes Carlos Alvarado, Miguel Granados, Vicente Valverde y más de 110 soldados. Los filibusteros perdieron 200 hombres, contando los que capturaron y fusilaron.

En esta Batalla, Walker se había acuartelado en la casa llamada Mesón de Rivas. Ese Mesón se intentó quemar para lo que se ofrecieron el oficial Luis Pacheco Bertora, que cayó herido, el soldado Rosales, de origen nicaragüense que peleaba con nuestra tropa, y el Tambor del Ejército, Juan Santamaría quien cayó en la tarea de la quema, que fue exitosa.

Los filibusteros abandonaron Rivas huyendo de la ciudad. El ejército costarricenses aseguró así su triunfo.

El 15 de abril el presidente Mora esperaba noticias de los ejércitos y de las fuerzas militares de los Gobiernos de El Salvador y Guatemala, que se sumaban a la guerra contra los filibusteros, para coordinar con ellos.

El 17 de abril Walker se encontraba en la ciudad de Granada, habiendo sufrido una gran deserción en su tropa.

El 21 de abril no se sabía nada del concurso de las Fuerzas Aliadas de El Salvador, Guatemala y Honduras.

En los siguientes días empezaron a manifestarse los enfermos y muertos del cólera, lo que obligó al regreso a Costa Rica del Ejército Costarricense.

El General presidente de Costa Rica, Juan Rafael Mora, desde el Cuartel General de Rivas, dirigió una Proclama agradeciendo a los jefes, a los Oficiales y los Soldados, todo su compromiso y ordenando regresar el Ejército Costarricense al interior de la República.

El 26 de abril, a las 4 de la mañana, el general presidente de Costa Rica, Juan Rafael Mora, dejó la ciudad de Rivas, dirigiéndose hacia Liberia acompañado de sus Edecanes y por el Ejército.

En Rivas murieron de cólera el comandante Juan Alfaro Ruiz, el Subteniente Julián Rojas y el Capitán Zenón Mayorga.

El 29 de abril en la Hacienda El Jocote se estableció un punto del ejército para defender la frontera y ejercer control sobre el Río San Juan.

De esta forma terminó, lo que conocemos como la Primera Campaña en la Guerra contra los filibusteros, quienes habían sido gravemente derrotados y desmoralizados.

Los días siguientes, en Nicaragua Walker se impone, con fuerza política desde junio, al tiempo que empiezan a llegar, el 4 de julio, los soldados guatemaltecos bajo las órdenes del brigadier Mariano Paredes y del coronel José Víctor Zavala, el 8 de julio llega la fuerza salvadoreña de vanguardia al mando del General Ramón Belloso.

El 10 de julio el Gobierno nicaragüense, de Fermín Ferrer, declara electo presidente de la República de Nicaragua al General William Walker, que fue reconocido por los Estados Unidos.

Así se da el marco de la llamada Segunda Campaña que se articula desde setiembre con los ejércitos centroamericanos aliados. En esta Segunda Campaña, la tropa costarricense, de nuevo movilizada al escenario de guerra se integra con las tropas aliadas.

Le peste del cólera afectó a la población costarricense con alrededor de 10.000 muertes. Nuevas batallas intensas contra los filibusteros caracterizan este período hasta la rendición de Walker el 1 de mayo de 1857.

El próximo sábado 11 de abril celebramos la tercer derrota al filibustero William Walker, la contundente de esa Primera Campaña, la que aseguró de modo definitivo que los filibusteros no pisarían el suelo costarricense.

El glorioso espíritu combativo, por las más de 12 horas de combate, inmortalizó la Batalla de Rivas, a los caídos y héroes de la Patria, y quienes se destacaron en esas horas de combate. De allí los principales héroes que se recuerdan con este motivo, el presidente general Juan Rafael Mora Porras, los generales José Joaquín Mora Porras, José María Cañas Escamilla, los caídos en la quema del Mesón, especialmente la exaltación que se hace de Juan Santamaría y de Francisca Pancha Carrasco, que con su participación se hace sobresalir a la mujer costarricense que se unió al Ejército y que representa a todas las mujeres que sustituyeron a los hombres, que salieron de los campos de trabajo, al combate, asegurando la producción, la economía de guerra en esos meses y la alimentación de los soldados.

Con motivo del 170 aniversario de la Batalla de Rivas, y de la Campaña Nacional contra los filibusteros se han preparado algunas actividades a las cuales les invito.

Viernes 10 de abril, desde las 10 a.m hasta el mediodía, la Municipalidad de Escazú, recuerda a los escazuceños caídos en los combates contra los filibusteros, en el Parque Central de Escazú, con desfile y con presentación escénica de la Cantata Guerra de 1856.

El sábado 11 de abril se convoca a las 10 a.m, al pie del Monumento del presidente, General y Benemérito de la Patria, Juanito Mora, frente al Edificio de Correos en San José, a un acto cívico para colocar una ofrenda floral en el Monumento.

El lunes 13 de abril, se invita por parte de la Academia Morista Costarricense y la Biblioteca Nacional, a la conferencia, a cargo del MSc. Adrián Chaves Marín, que se transmitirá por el Facebook de la Biblioteca Nacional, a las 4 p.m, bajo el título: “El fuego de la Memoria: 170 aniversario de la Batalla de Rivas”.

Hoy, sus ideales resuenan más vivos que nunca

Comunicado del Partido Acción Ciudadana

A 169 años de la Batalla de Rivas, honramos el valor de Juan Rafael Mora Porras y Juan Santamaría, quienes enfrentaron con coraje y dignidad la amenaza al proyecto de libertad centroamericano.

Hoy, sus ideales resuenan más vivos que nunca.

Desde Acción Ciudadana reivindicamos su lucha por la soberanía, la paz y la convivencia democrática. Porque los enemigos de la libertad no solo visten uniforme: también se esconden en discursos de odio, en la polarización, y en los ataques a nuestras instituciones.

Óscar Aguilar Bulgarelli llama a recordar la Batalla de Rivas y reflexionar sobre la importancia de las celebraciones patrias

En ocasión del 169 aniversario de la Batalla de Rivas, el historiador Óscar Aguilar Bulgarelli expresó su preocupación por la disminución de las celebraciones públicas que conmemoran esta fecha histórica en Costa Rica.

«Hoy conmemoramos el 169 aniversario de la batalla de Rivas, de la gesta heroica del ejército de Costa Rica, de la gesta heroica de Juan Santamaría, de la gesta heroica de Juan Rafael Mora y todos los que en aquel ejército nacional lograron derrotar a la banda de William Walker», manifestó Aguilar Bulgarelli.

El historiador señaló que, en contraste con épocas anteriores, la conmemoración actual se caracteriza por ser «un día silencioso», donde ya no se observan «aquellas celebraciones de desfiles, de trompetas, de algarabías, celebrando un hecho patriótico indiscutiblemente importante».

En sus declaraciones, Aguilar Bulgarelli expresó que este olvido de las celebraciones patrias tiene consecuencias para la sociedad costarricense, asociándolo con «una indiferencia hacia nuestras instituciones y hacia nuestra historia» y lo que describe como «una esclavitud por el consumo y una esclavitud hacia la ignorancia».

El analista también comentó sobre la limitada cobertura mediática de la fecha, mencionando que «los medios de comunicación hoy, salvo alguna referencia en algún noticiero de la mañana, no dicen absolutamente nada» sobre el 11 de abril.

Para Aguilar Bulgarelli, la conmemoración de las fechas patrias tiene un propósito fundamental: «reverdecer el amor a la patria», pero aclaró que esto no significa «pararse en una tarima en un parque de pueblo a pegar cuatro gritos estridentes, llamando al odio entre hermanos».

El historiador hizo referencia al Pacto de Concordia, primera constitución costarricense, indicando que la verdadera celebración de estas fechas debería orientarse a crear «ese cariño, esa concordia, ese respeto entre hermanos costarricenses».

En su reflexión final, Aguilar Bulgarelli hizo un llamado a recordar «con respeto la gesta heroica de nuestros héroes de Rivas, de Juan Santamaría y de tantos otros de los cuales heredamos esta patria».

La Batalla de Rivas: Grito de libertad en Centroamérica

5 minutos o menos

El 11 de abril de 1856 se libró una de las batallas más significativas en la historia de Costa Rica y de toda Centroamérica, la Batalla de Rivas, en la ciudad del mismo nombre, en Nicaragua. Fue allí donde el ejército costarricense, liderado por el presidente Juan Rafael Mora Porras, se enfrentó con valentía a los filibusteros de William Walker, un militar estadounidense que buscaba imponer un régimen esclavista en la región.

William Walker no era un simple aventurero militar, era parte de un movimiento estadounidense que pretendía conquistar territorios latinoamericanos para extender su dominio y la esclavitud. En 1855 tomó el poder en Nicaragua y amenazaba con expandir su influencia por todo el istmo.

Costa Rica no se quedó de brazos cruzados. El presidente Mora, libertador de Costa Rica, movilizó al país y formó un ejército decidido a defender la soberanía nacional y centroamericana.

Durante la batalla, los militares norteamericanos se atrincheraron en el mesón de Guerra, desde donde repelían los ataques costarricenses.
Fue entonces cuando surgió uno de los actos heroicos más recordados. Después de varios intentos fallidos y soldados heridos, Juan Santamaría, logró prender fuego al edificio, sabiendo que perdería su vida también.

Y así fue. Logró su misión, y su sacrificio inclinó la balanza a favor de Costa Rica. Ese acto de entrega ha convertido a Santamaría en símbolo nacional de heroísmo y de lucha por la soberanía, libertad y dignidad nacional, algo de lo que carecieron la inmensa mayoría de los gobernantes costarricenses, excepto Rodrigo Carazo y su intento por enfrentarse al FMI.

La victoria en Rivas no solo frenó las intenciones de los Estados Unidos y Walker, sino que inspiró a otras naciones centroamericanas a unirse para expulsar definitivamente a los filibusteros de la región. La batalla demostró que, incluso una nación, unida por una causa justa, puede resistir amenazas imperiales. También demostró posteriormente que la unidad de los pueblos centroamericanos, como soñaba Francisco Morazán, podía lograr enfrentar al enemigo de la humanidad, los EEUU.

Cada 11 de abril, Costa Rica celebra este día, recordando no solo a los héroes y heroínas, sino también el espíritu de libertad, dignidad y valentía que definió aquella batalla.

Aunque a lo largo de los años, los diferentes gobiernos lo han minimizado y convertido en una fecha de propaganda de sus malos gobiernos, es un día para honrar la historia, pero también para reflexionar sobre la importancia de defender los valores democráticos y la soberanía de los pueblos.

La Batalla de Rivas no fue solo un momento bélico, fue un grito de libertad, soberanía e independencia, que aún resuena en los corazones de los costarricenses, centroamericanos y de muchos latinoamericanos.

Martín Rodríguez Espinoza
10 de abril de 2025

Juan Santamaría, el Destino Manifiesto y Palestina

Eddson Gómez Chavarría

Antes de iniciar este artículo, es imperante recordar que desde el 7 de octubre del 2023 las fuerzas ocupadoras de Israel han asesinado a más de 30 mil personas, en su mayoría niños, mujeres y jóvenes, 85 niños asesinados en promedio cada día. Es un genocidio perpetrándose con apoyo militar de Estados Unidos y Europa. Debe haber un alto al fuego inmediato y un retiro de las fuerzas israelíes de los territorios ocupados.

Ahora sí. En el contexto del genocidio perpetrado por la ocupación israelí contra el pueblo de Palestina, hoy en Costa Rica disfrutamos del feriado del 11 de abril, 4 días después, en conmemoración de la Batalla de Rivas de 1856.

En Rivas, en aquella famosa batalla de 1856, en la que un muchacho alajuelense quemó el mesón de Rivas y provocó la retirada de las fuerzas armadas de William Walker. Sin ninguna duda, Juan Santamaría habría apoyado hoy la causa Palestina.

O bueno, más precisamente, apoyaría la causa Palestina aquella joven sociedad costarricense (sus políticos incluídos) que en aquella batalla de Rivas de 1856 lucharon contra las fuerzas colonizadoras de Estados Unidos y su destino manifiesto.

Recordemos, tal y como nos enseñaron en la escuela, que la invasión de William Walker y los filibusteros a América Central tenía parte de su origen en la ideología del “Destino Manifiesto”, una serie de pensamientos religiosos y políticos que le daban al pueblo anglosajón una supremacía sobre el resto de los pueblos. Era su deber, por mandato de Dios, conquistar y llevar esas ideas de grandeza al resto del continente americano.

En otras palabras, una ideología fascista y colonizadora. Era sin embargo una ideología bien encarnada en la sociedad estadounidense para el siglo XIX. Su potente crecimiento económico capitalista, a costa de la explotación y la esclavitud, el desarrollo del protestantismo como religión predominante, la adopción de ideas científicas racistas provenientes de Europa, y un creciente odio antiinmigrante (en aquel momento contra nativos americanos e europeos irlandeses), hicieron creer a una gran parte de los estadounidenses que estaban destinados a conquistar a los salvajes del mundo por gracia y orden de Dios.

En el siglo XIX, Estados Unidos realizó una de las mayores empresas de conquista y colonialismo en la historia. Arrasó con pueblos nativos enteros, conquistó cientos y cientos de miles de tierras extranjeras que pertenecían a México, realizó expediciones en el Caribe y en toda América Central. Todo a punta de armas, masacres, contagio de enfermedades, y engaños. Era la imposición de una potencia que nació imperialista, contra un continente que estaba en reorganización después de la independencia de la desgastada España.

¿Cómo realizaron esta empresa? Bueno, gracias al filibusterismo. Según Robert E. May, de la Purdue University de Estados Unidos, en la lección inaugural del 14 de marzo del 2006 en la Universidad de Costa Rica, los filibusteros eran “cuerpos militares privados que invaden países o las posesiones territoriales de los países con los cuales sus propios estados están en paz, sin el consentimiento explícito o implícito de sus propios gobiernos.

Eran básicamente conquistadores militarizados. El tema acá es que, a pesar de que los filibusteros no eran enviados directamente por Washington, tanto políticos, medios de comunicación y empresarios estadounidenses apoyaban el filibusterismo y lo financiaban. Incluso, después de cometidos los actos de fechoría y desposesión, el Gobierno americano reconocía rápidamente las instituciones colonizadoras creadas en el extranjero.

En un paralelismo escalofriante, la plataforma política del Partido Demócrata, una de las organizaciones políticas más antiguas de ese país, le dio su apoyo a William Walker para que conquistara Nicaragua en 1856. Hoy, 168 años después, el presidente Joe Biden del Partido Demócrata le continúa dando su apoyo militar, económico y político al proyecto de conquista de Palestina.

De hecho, en mayo de 1856, incluso después del revés de Walker en Rivas, el gobierno Estadounidense reconoció el régimen que había instalado William Walker en Nicaragua, y el New York Times destacaría el apoyo popular que tenía Walker por parte de los mismos nicaragüenses.

Siendo así, el “destino manifiesto” fue una ideología que puso en práctica una serie de actos colonizadores, brutalizadores y deshumanizadores que se encuentran en la fundación y origen de la nación estadounidense. No es entonces, coincidencia, que el proyecto sionista haya encontrado tanto cariño en la política imperialista americana y, claro, europea.

El Sionismo es una ideología y movimiento supremacista y racista que considera a los judíos como un pueblo superior y de caracter divino, es decir, el judío es el pueblo “elegido” por Dios. Como parte de sus proyectos en su nacimiento en el siglo XIX, estaba la creación del estado nación judío. A pesar de que la idea se consideró implementar en lugares muy curiosos como Madagascar, había un interés en que fuera en Medio Oriente, de donde es originario el pueblo judío, específicamente en Palestina.

El 2 de noviembre de 1917, en media Primera Guerra Mundial, el imperio de Gran Bretaña realizó la Declaración de Balfour, una manifestación pública en la que prometía a los sionistas un “hogar nacional” para el pueblo judío en Palestina, que en ese momento era parte del Imperio Otomano. Vale la pena decir que en Palestina vivían históricamente judíos, cristianos y árabes, entre otros pueblos de esa región del mundo.

Es decir, el establecimiento europeo en Palestina era un proyecto colonizador impuesto sobre una región que vivía y compartía con varias religiones, etnias y procedencias, incluída la judía. Es en Europa, de hecho, donde se manifiestan los procesos racistas y excluyentes contra los judios desde el imperio romano, que alcanzaron su punto máximo con el proyecto de exterminio nazi en el Siglo XX. De hecho, uno de los objetivos de crear el estado de Israel en Palestina era “solucionar el problema judío” en Europa.

El término “antisemita”, utilizado hoy para referirse a cualquiera que critique las acciones atroces del ejército del estado de apartheid de israel, viene de la raíz “sem”, que se refiere a Shem, hijo de Noé. Es decir, semitas son los descendientes de Noé, y eso incluye tanto a los árabes como a los judíos. Son pueblos hermanos.

Gran Bretaña impuso su administración colonial sobre Palestina desde 1922 hasta 1948, tras derrocar al Imperio Otomano, y como parte de sus proyectos y promesas a los sionistas, como mencioné antes, fue enviar miles y miles de judíos europeos, a crear colonias en Palestina, a crear la nación judía.

Esto lo hizo por años junto a la Agencia Judía para la Tierra de Israel, representante de los judíos sionistas, en el Mandato Británico de Palestina. Esto provocó descontento en el pueblo árabe, que veía cómo sus tierras eran desposeídas para dárselas a europeos.

Dentro de los grupos judíos europeos llevados a Palestina, se encontraban múltiples grupos paramilitares, de extrema derecha, fascistas, que se desarrollaron para imponer el “estado nacional” judío en Palestina a como diera lugar. Esto incluyó hacer la guerra dentro del territorio palestino, guerra que los árabes contestaron.

En noviembre de 1947, la Organización de Naciones Unidas decidió darle solución al conflicto entre judios y árabes por medio de la repartición de Palestina, creando arbitrariamente un Estado Judío y un Estado Árabe, tal y como eran los planes prometido a los sionistas. La ONU no creó ninguna democracia en medio oriente, creó un etno-estado, Estados basados en religión.

Este hecho, claramente de un carácter colonialista por parte de las Naciones Unidas, explica por qué al día de hoy esta organización es cómplice del genocidio del pueblo palestino, y lo que explica también su obvia incapacidad para resolver nada en un momento de masacre como el que se vive en este momento.

La división por parte de la ONU terminó de calentar las ya crispadas tensiones en Palestina, y se originó una “guerra civil” entre árabes y judíos colonizadores. Esta guerra civil de 1948 provocó serias consecuencias para Palestina y para la región.

Los grupos judíos sionistas se establecieron como ganadores de la guerra y desarrollaron la Nakba, es decir, “la catátrofe”, la expulsión de cientos de miles Palestinos de sus tierras por medio de masacres, y el asentamiento israelí por la fuerza en la patria palestina, previamente ocupada por Gran Bretaña. En otras palabras la masacre, destrucción y colonización del pueblo Palestino.

Como parte de la Nakba, en abril de 1948, antes del fin de la guerra, las fuerzas militares israelís llevaron a cabo la Masacre de Deir Yassin, que es una aldea cerca de Jerusalem, en donde asesinaron a la mayoria de sus pobladores, cerca de 240 personas. Niños, mujeres y adultos mayores fueron masacrados. Tal y como sucede hoy en día.

En ese momento, Hannah Arendt y Albert Einstein, en conjunto con más intelectuales judíos, emitieron comunicados públicos en Estados Unidos condenando los hechos de Deir Yassin y señalando que las fuerzas ocupadoras israelíes compartían en su esencia sionista, las ideologías y políticas nazis y fascistas de Europa, y que se equivocaban los políticos estadunidenses en apoyarles.

El comunicado publicado por esos intelectuales en diciembre de 1948 en el New York Times, en referencia los colonizadores en Palestina, en el nuevo Estado de Israel creado por la ONU, dice lo siguiente:

“Among the most disturbing political phenomena of our times is the emergence in the newly created state of Israel of the “Freedom Party” (Tnuat Haherut), a political party closely akin in its organization, methods, political philosophy and social appeal to the Nazi and Fascist parties. It was formed out of the membership and following of the former Irgun Zvai Leumi, a terrorist, right-wing, chauvinist organization in Palestine.”

(“Uno de los fenómenos políticos más perturbadores de nuestros tiempos es la emergencia en el recién creado estado de Israel del “Partido de la Libertad” (Tnuat Haherut), un partido político estrechamente afín en su organización, métodos, filosofía política y apelación social a los partidos Nazi y Fascista. Se formó a partir de la membresía y el seguimiento del antiguo Irgun Zvai Leumi, una organización terrorista de derecha y chovinista en Palestina.”)

“A shocking example was their behavior in the Arab village of Deir Yassin. This village, off the main roads and surrounded by Jewish lands, had taken no part in the war, and had even fought off Arab bands who wanted to use the village as their base. On April 9 (THE NEW YORK TIMES), terrorist bands attacked this peaceful village, which was not a military objective in the fighting, killed most of its inhabitants240 men, women, and childrenand kept a few of them alive to parade as captives through the streets of Jerusalem. Most of the Jewish community was horrified at the deed, and the Jewish Agency sent a telegram of apology to King Abdullah of Trans-Jordan. But the terrorists, far from being ashamed of their act, were proud of this massacre, publicized it widely, and invited all the foreign correspondents present in the country to view the heaped corpses and the general havoc at Deir Yassin.”

(“Un ejemplo impactante fue su comportamiento en el pueblo árabe de Deir Yassin. Este pueblo, apartado de las carreteras principales y rodeado de tierras judías, no había participado en la guerra e incluso había resistido a bandas árabes que querían usar el pueblo como su base. El 9 de abril (THE NEW YORK TIMES), bandas terroristas atacaron este pacífico pueblo, que no era un objetivo militar en la lucha, mataron a la mayoría de sus habitantes: 240 hombres, mujeres y niños, y mantuvieron vivos a unos pocos para desfilar como prisioneros por las calles de Jerusalén. La mayoría de la comunidad judía quedó horrorizada por el acto, y la Agencia Judía envió un telegrama de disculpa al Rey Abdullah de Transjordania. Pero los terroristas, lejos de avergonzarse de su acto, estaban orgullosos de esta masacre, la publicitaron ampliamente e invitaron a todos los corresponsales extranjeros presentes en el país a ver los cadáveres amontonados y el caos general en Deir Yassin.”)

¿Les suena conocido? Ese modus operandi de destrucción, saqueo, ejecuciones de niños y mujeres. Tal vez les suene conocido a lo que pasa en Gaza todos los días.

Antes de ese comunicado, Shepard Rifkin, líder sionista de Estados Unidos invitó a Einstein a apoyar la causa sionista en Palestina. El científico contestó:

“When a real and final catastrophe should befall us in Palestine the first responsible for it would be the British and the second responsible for it the Terrorist organization build up from our ranks.

I am not willing to see anybody associated with those misled and criminal people.”

(“Cuando una catástrofe real y final caiga sobre nosotros en Palestina, el principal responsable por ésta será Gran Bretaña, y el segundo responsable serán las organizaciones terroristas nacidas desde nuestras propias filas.

No me gustaría ver a alguien asociado con esa gente criminal y engañadora”)

Volvamos al Destino Manifiesto, también para intentar aterrizar los paralelismos entre el destino manifiesto y el proyecto sionista.

Hablamos entonces de dos ideologías puestas en práctica que contienen elementos supremacistas en relación a la religión, la raza y la guerra. Ambas, contienen en su interior vehículos precursores de estas ideas, que las ponen en movimiento, en práctica. En el caso del “Destino Manifiesto” era el filibusterismo, en el caso del proyecto sionista, fueron los grupos paramilitares y posteriormente el ejército constituido como Fuerzas de Defensa de Israel (IDF).

Ese vehículo era conducido por hombres, blancos, colonizadores, con deseos de establecerse en territorios ajenos. Los hombres jóvenes son los llamados a ocupar, masacrar e imponer su orden frente a pueblos que consideran inferiores. La raza debe imponerse, pues los demás son “bestias salvajes” o “personas no humanas”.

Y pues el establecimiento de una ocupación israelí en Palestina tiene como objetivo imponer una sola religión en ese lugar, desplazando míticamente a su población natal, tal y como lo hacía Estados Unidos y los Filibusteros con el protestantismo y sus ataques a los católicos o a los nativos americanos.

Curiosamente, Estados Unidos no estaba muy seguro de reconocer el Estado de Israel tras la resolución de la ONU. De hecho el primer país en reconocer el etno-estado fue la Unión Soviética. Sin embargo, en el contexto de la Guerra Fría, y en términos geopolíticos, para Estados Unidos era muy útil contar con un estado satélite justo en el medio oriente.

Desde entonces el apoyo de Estados Unidos a la ocupación israelí ha sido mucho más que incondicional. Políticos de los dos partidos políticos, Demócrata y Republicano, le han dado desde 1949 financiamiento militar, políticas de inversión para empresas multinacionales, promoción de industrias culturales, y todo un aparataje comercial que se construyó específicamente para el nuevo estado de Israel. Todo esto, mientras Israel comete genocidio contra el pueblo palestino.

Y es que, más allá de la estrategia geopolítica, los sionistas encontraron en algunas partes del pueblo estadounidense un caldo de cultivo racista, esclavista y extremista que nunca dejó de ser parte de la cultura norteamericana imperialista.

Los sionistas lograron convencer a poblaciones enteras y a políticos estadounidenses de que el pueblo judío es superior al árabe, que es el pueblo elegido de dios, y que el “destino manifiesto” de Estados Unidos, también como pueblo elegido de Dios, apoyar incondicionalmente a Israel en su “recuperación” de tierra santa, recuperarla de los árabes impuros.

Miles de millones de dólares son invertidos en lobby político y medios de comunicación, por parte de los sionistas, para convencer a votantes, congresistas y senadores gringos de que el pueblo judío es elegido por Dios. El extremismo religioso sionista le cayó muy bien al extremismo religioso norteamericano.

Tal y como se hizo en la época de William Walker en la década de 1850, conseguir financiamiento para la guerra de ocupación es siempre necesario. Es por eso que Estados Unidos envía billones de dólares a Israel todos los años para que continue con la disposición y limpieza étnica del pueblo palestino.

Podemos seguir acá buscando y encontrando paralelismos entre el destino manifiesto y el proyecto sionista. Pero no quiero extender un artículo que se me salió un poco de las manos.

Sin entrar en polémica de Juan Santamaría como figura histórica, es clarísimo que la Batalla de Rivas, y la resistencia de América Central que se organizó en contra de William Walker y los filibusteros fue un acto claramente anti-imperialista, anti–colonizador y anti-extremista.

El revés militar que sufrió William Walker en Rivas provocó la pérdida de apoyo del pueblo nicaragüense en el gringo, y de hecho provocó que pocos años después lo ejecutaran mientras el tipo intentaba organizar otra expedición colonizadora en Nicaragua.

Juan Santamaría, guste la idea o no, jugó un papel importantísimo en las luchas contra el colonialismo. Y si bien singuralizarlo sería un error histórico, no es descabellado decir que aquel ejército y sociedad costarricense de 1856 estarían hoy en día apoyando al pueblo palestino, en contra del destino manifiesto israelí.

Tal y como Estados Unidos no estaba creando sociedades democráticas en sus conquistas de territorio en México o Centroamérica, en el territorio ocupado de Palestina por el Estado de Israel no se creó tampoco una democracia.

Las ideas expansionistas, características del filibusterismo y el “destino manifiesto” también están vivas y presentes en Palestina, donde el estado genocida ha acaparado y tomado cada vez más tierras que eran parte de Palestina, incluso del territorio árabe creado por la ONU. No hay quien detenga su sed de conquista del territorio.

Israel tiene el objetivo claro de totalizar su poderío en el territorio, hasta haber asesinado o expulsado a todos los palestinos. Es su política de fundación, y es su política actual. Benjamin Netanyahu lo ha dicho ciento de veces: “no habrá estado palestino”. Su política es la aniquilación.

Recordar la importancia de la Batalla de Rivas, a la luz de la ocupación israelí en Palestina, es un ejercicio no solo de memoria histórica, sino que también de comprensión del grave daño que genera el extremismo religioso, el racismo estructuralizado, y el pensamiento colonizador que aún hoy impera en el mundo, y específicamente en sus tomadores de decisiones, donde unos pocos creen tener la superioridad para imponerse sobre las demás personas y pueblos de la tierra.

Viva Palestina Libre.

Nota del autor: No soy especialista sobre Palestina, o el conflicto que se vive ahí. Mi criterio está basado en una posición crítica contra el imperialismo y el apartheid, que se desarrolló tanto en mis casas de estudios (Colegio Humanístico Costarricense y Universidad de Costa Rica), como en mi trabajo para el Sindicato APSE. En ese sentido, pido disculpas por errores interpretativos, comparaciones que puedan parecer fuera de lugar o detalles dejados por fuera del artículo, siempre y cuando quede claro que mi posición política, personal y humana es, y será será siempre, en contra de la ocupación y genocidio israelí en Palestina.

Adjunto la bibliografía que utilicé para construir este artículo de opinión:

El Destino Manifiesto, William Walker, Y El Filibusterismo De Los Estados Unidos En América Central En La Década De 1850. Lección Inaugural . Autor: Robert E. May. Enlace: https://www.ucr.ac.cr/medios/documentos/2006/Destino_manifiesto_Robert_E_May.doc

El destino manifiesto y el sionismo: Dos doctrinas expansionistas que sirven de base y unión a las políticas estadounidense e israeli. Autoría: Ernesto Gómez Abascal. Enlace: https://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1883

Albert Einstein también habría llamado fascista a Netanyahu. Autoría: Antonio Maestre. Enlace: https://www.lasexta.com/el-muro/antonio-maestre/albert-einstein-tambien-habria-llamado-fascista-netanyahu_20231016652d9072b98ca100016540a2.html

Letter to the New York Times: New Palestine Party: Visit of Menachem Begin and Aims of Political Movement Discussed. Autoría: Isidore Abramowitz, Hannah Arendt, Abraham Brick, Rabbi Jessurun Cardozo, Albert Einstein, Herman Eisen, M.D., Hayim Fineman, M. Gallen, M.D., H.H. Harris, Zelig S. Harris, Sidney Hook, Fred Karush, Bruria Kaufman, Irma L. Lindheim, Nachman Maisel, Seymour Melman, Myer D. Mendelson, M.D., Harry M. Oslinsky, Samuel Pitlick, Fritz Rohrlich, Louis P. Rocker, Ruth Sagis, Itzhak Sankowsky, I.J. Shoenberg, Samuel Shuman, M. Singer, Irma Wolfe, Stefan Wolfe. Enlace: https://www.marxists.org/reference/archive/einstein/1948/12/02.htm

Carta de Albert Einstein, rechazando el sionismo y tratándolos de ‘gente criminal y engañadora’. Autoría: @Rodrigo — Revista De Frente. Enlace: https://www.revistadefrente.cl/carta-de-albert-einstein-rechazando-el-sionismo-y-tratandolos-de-gente-criminal-y-enganadora/

Sobre la definicion de antisemita, “CONFLICTO EN GAZA” programa Desde la Otra Acera de APSEParticipación de Dr. Mohammad Hassan Abed, Médico palestino radicado en CR. Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=uHIIh36mTlQ

Cuando Washington dudaba en reconocer el Estado de Israel. Autoría: Irene Gendzier. Enlace: https://mondiplo.com/cuando-washington-dudaba-en-reconocer-al-estado

Compartido con SURCOS por el autor.

Conferencia: En Vísperas de la Batalla de Rivas

En el marco del ciclo de conferencias “Recuperando nuestro pasado”, el lunes 8 de abril se realizó la segunda conferencia «En Vísperas de la Batalla de Rivas” por Vladimir de la Cruz, historiador y desde el Facebook Live de la Benemérita Biblioteca Nacional. 

Esta conferencia nos lleva directamente a la historia narrando lo ocurrido ese día, educando e informando de una historia tan importante para la vida del país y la región.

El expositor nos explica los conflictos políticos nacionales e internacionales del momento así como las repercusiones de esta guerra.

Les compartimos el enlace a esta conferencia: https://fb.watch/rmVZWsjUKD/

La fecha gloriosa que nos reúne es la derrota de los filibusteros en Rivas

(Intervención de la Diputada María Marta Padilla de Jiménez, en la sesión parlamentaria, solemne, conmemorativa de la Batalla del 11 de abril de 1856 en la ciudad de Rivas, en Nicaragua, contra los filibusteros norteamericanos comandados por William Walker.)

Celebramos y recordamos una de las fechas más gloriosas de nuestra Historia Patria, el 11 de abril. Fue la batalla más cruenta que se dio contra la tropa filibustera norteamericana, comandada por William Walker, quien se había establecido en Nicaragua, amenazando gravemente la Soberanía y la Independencia de nuestras jóvenes repúblicas centroamericanas y la Libertad de nuestros pueblos.

El 11 de abril fue la tercera Batalla en importancia, luego de las Batallas de Santa Rosa, del 20 de marzo y de Sardinal, del 10 de abril, unas horas antes de la Batalla de Rivas.

En estas batallas, Santa Rosa, Sardinal y Rivas, nuestras tropas y heroicos combatientes infligieron a los filibusteros tres derrotas, demostrando la entereza de un pueblo movilizado para afianzar sus valores e identidad nacionales, su Libertad, su Soberanía y su Independencia.

La lucha prevista, estratégicamente diseñada, por el presidente, Juan Rafael Mora Porras, jefe y estratega militar, era muy clara. La amenaza a Costa Rica estaba en Nicaragua. Allí estaba Walker. Había que enfrentarlo y sacarlo de Nicaragua.

El presidente Mora en la frontera se dirigió a los nicaragüenses indicándoles que iba a luchar por su libertad, contra la opresión que tenían; que no buscábamos dejarnos ni un milímetro de sus tierras; que íbamos a luchar para asegurar la Libertad de los pueblos centroamericanos. Y así fue.

Walker inició los combates el 11 de abril, al despuntar la mañana, provocando un enfrentamiento que se prolongó por 20 horas, con casi 1000 muertos. Escenas heroicas y sacrificios extremos se vivieron.

Importante fue la decisión de quemar el sitio donde se había afincado Walker, el Mesón de Guerra. Tres intentos se hicieron para quemarlo. El Capitán cartaginés, Luis Pacheco Bertora, el soldado Joaquín Rosales, de origen nicaragüense que peleaba con nuestra tropa y, finalmente, Juan Santamaría, alajuelense, quien lo logra, a quien honramos especialmente en este día.

La fecha gloriosa que festejamos es la derrota de los filibusteros en Rivas. La conducción majestuosa del Ejército y de los combates por el presidente Mora, los generales José Joaquín Mora y José María Cañas, el resto de los oficiales y soldados que combatieron y dieron sus vidas en esas batallas.

De Rivas siguió la peste del cólera, el regreso de nuestros combatientes, la superación de la peste; el regreso de nuevo al combate, lo que se conoce como la Segunda Campaña, que culmina el 1 de mayo de 1857 con la rendición de Walker y su expulsión de Nicaragua y de Centroamérica.

Información compartida con SURCOS por Vladimir de la Cruz.

Conferencia «En vísperas de la Batalla de Rivas» por el historiador Vladimir de la Cruz

La Benemérita Biblioteca Nacional y la Escuela de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica, se complacen en invitarle a la conferencia En vísperas de la Batalla de Rivas por el historiador Vladimir de la Cruz.

Esta actividad es parte del ciclo «Recuperando nuestro pasado«.

La actividad será virtual el lunes 8 de abril a las 3:00 p.m. y se transmitirá por el Facebook https://www.facebook.com/bibliotecanacional.mcj.cr/

Vigencia patriótica del 11 de Abril de 1856

Jiddu Rojas Jiménez

El 11 de Abril, se conmemora la Batalla de Rivas (Nicaragua) de 1856, contra la Invasión Filibustera a Centroamérica, liderada por William Walker, victoria heroica costarricense contra el Expansionismo Norteamericano, y contra su Doctrina del «Destino Manifiesto». Ésta fue gran victoria táctica y también estratégica, pues comienza así la expulsión definitiva, –ya no del suelo costarricense–, sino del suelo centroamericano.

Ciertamente, fue la Primera Batalla en Rivas, para el Ejército Costarricense de Juan Rafael Mora Porras. Pero fue la Segunda Batalla, contra la Ocupación Filibustera Norteamericana de Rivas, pues en 1855, hubo otra gran Batalla de Patriotas Nicaragüenses (Bando Legitimista) contra los Filibusteros Norteamericanos y sus Aliados locales.

Al final podemos decir con certeza, que existieron tres grandes Batallas de Rivas, 1855, 1856 y 1857.

En la anterior Batalla del 29 de junio de 1855, peleada sólo por nicaragüenses, destaca el heroísmo del maestro nicaragüense Enmanuel Mongalo y Rubio, y del obrero nicaragüense Felipe Nero Fajardo, quienes queman el Mesón de don Máximo Espinoza (otro Mesón), refugio de Filibusteros atrincherados. El primero de estos héroes, no acepta la paga y pasa a la Historia, el segundo sí la acepta y no es reconocido.

La Tercera Batalla de Rivas (Segunda para las tropas costarricenses), es de 1857, ya cuando la terrible Peste del Cólera está desatada. Fue la Batalla decisiva y final de la Guerra, si le sumamos la de la Vía del Tránsito. Además, fue muchísimo más extensa.

Y en esta última, gran Tercera Batalla de Rivas, que duró 40 días (desde el 23 de marzo al 1 de mayo), el hermano del Presidente Don Juanito Mora, el General don José Joaquín Mora Porras, junto a su Cuñado el José María General Cañas Escamilla (salvadoreño), toma el mando de las tropas combinadas de toda Centroamérica, –antes divididas–, y que vienen en solidaridad contra la Invasión Norteamericana. Alrededor de 3600 tropas.

Pero destaquemos esto: Toda esta Gesta Nacional y Centroamericana de 1856- 1857, girará en torno a la visión inclusiva y patriótica de Patria, del Presidente Don Juan Rafael Mora Porras. Y esto es lo fundamental. Ahí se consolidan las bases de nuestro Estado Nacional.

Por eso hablamos de gesta histórica patriótica fundamental. Pero sustentada en un proyecto de una Patria incluyente, y no excluyente. No la del «Chauvinismo» y la de la xenofobia, la de la demagogia de turno, y la del «esencialismo» y su manipulación ideológica; por el contrario, la de una Patria que es «Matria», con vocación de Dignidad, de Libertad, de Igualdad, de Fraternidad y de Solidaridad.

Una Patria entonces por construir, plural, abierta, republicana; que es potencia y «Multitud», Poder Constituyente superador del Poder Constituido (Negri), y que, sobre todo, nos sigue inspirando como «Horizonte Regulador» (Kant) y como «Utopía-Concreta» (Ernst Bloch).

Destaca en la conmemorada Segunda Batalla de Rivas, –del 11 de Abril y que hoy se conmemora–, la heroica figura del soldado Juan Santamaría de Alajuela (tercero en intentar quemar el «Mesón de Guerra»), junto a la del nicaragüense Joaquín Rosales (fallecido y segundo en intentar quemar el Mesón), juntos a la del Teniente Luis Pacheco Bertora (primero en intentar quemar el «Mesón de Guerra» y quien cae con cuatro balazos pero, quien sobrevive, bajo los cuidados de «Pancha» Carrasco, y quien narra con detalles los hechos posteriormente); en esta Segunda Batalla se quema del otro «Mesón de Guerra».

Así como destaca acá, la heroica y aguerrida militar dirección del General Cañas, cuñado de Don Juanito Mora; acciones heroicas además sobran en esta Batalla de 1856. Muchas, –como señalaba ya el historiador costarricense Rafael Obregón Loría –, acosta del error militar táctico del pretendido rescate de un pequeño cañón tomado por el enemigo, y el «rescate del honor».

Destacan, para no hablar sólo de Juan Santamaría, las acciones del Teniente José María Rojas, quien detiene el avance de las tropas de León aliadas a Walker, tras disparar y abatir al jinete y líder aliado de los Filibusteros, Coronel Machado.

Deberemos hablar también de la llegada a Rivas, de la avanzada al mando del joven Coronel Salvador Mora, o de la decisiva llegada en la tarde a Rivas de tropas al mando del Coronel Juan Alfaro Ruiz (muerto por el Cólera en ese mismo 1856) y de Daniel Escalante (refuerzos de tropas desde La Virgen). O previamente de las acciones de contraofensiva del Coronel Manuel Argüello Arce o de Víctor Guardia Gutiérrez hermano mayor de Don Tomás Guardia Gutiérrez.

Así, el planificado ataque sorpresa de los Filibusteros, dio pie a un inmediato contraataque costarricense, dividiendo la ciudad en dos partes prácticamente.

Destacan también el papel los refuerzos dirigidos por el entonces, Mayor Máximo Blanco (tropas de refuerzo de San Juan del Sur), pues el joven Coronel Salvador Mora, ya se había adelantado; o las acciones decisivas del entonces Coronel Lorenzo Salazar (al comienzo del ataque sorpresa Filibustero); luego desgraciadamente traidores ambos, Salazar y Blanco –y hechos Generales por el Golpe de Estado precisamente contra Don Juanito–, líderes militares posteriores del derrocamiento y fusilamiento del Presidente Juan Rafael Mora Porras. Su dominio duró hasta que una Coalición de Militares y Civiles Liberales los derivará del poder militar junto a la Oligarquía.

Por supuesto, destacará el papel del Presbítero Francisco Calvo, Capellán General de Don Juanito y del Ejército Costarricense, una figura política e histórica extraordinaria, y un leal partidario del proyecto nacional del Morismo. Y quien, curiosamente trajo a la Masonería regular a Costa Rica y Centroamérica en 1865, así como quien fundó décadas después, junto a Félix Arcadio Montero, las primeras asociaciones de obreros y artesanos.

Sin embargo, volviendo a esta victoria heroica de la llamada, Segunda Batalla de Rivas, así en como de toda la Campaña de 1856-1857, el verdadero Héroe Nacional, el «Héroe Olvidado», el Héroe entre todos y todas los héroes y heroínas, el que encarna esa vocación popular colectiva, el personaje no reconocido con suficiencia, es sin duda, el mismo Presidente Juan Rafael Mora Porras; él mismo arriesgó su vida en combate arengando a las tropas, pero no sólo en Rivas.

Él y sus colaboradores, son los grandes estrategas de esta victoria política y militar del Pueblo Costarricense y de los Pueblos Centroamericanos sobre el Invasor.

Recordemos trágicamente, que el Presidente Mora Porras, fue derrocado en 1859, para ser exiliado junto a su familia y partidarios, para luego ser traicionado de nuevo, y fusilado en 1860, por una facción de la Oligarquía Golpista y de Militares traidores.

Su ejemplo histórico ha tratado de ser borrado sistemáticamente, de la nuestra memoria colectiva. Su ejemplo estorba y molesta a las Oligarquías de turno.

Recordemos finalmente, que esta heroica Campaña de 1856-1857, fue la primera derrota estratégica del Expansionismo Norteamericano en el Continente.

El ejemplo inclusivo y patriótico del Prócer Nacional, Don Juanito Mora y su protecto nacional, está más que vigente, y debe entenderse como parte de la lucha histórica por la Soberanía y la Dignidad de Costa Rica y Centroamérica.

Más de 10000 víctimas sólo costarricenses civiles, –de una población total de poco más de 100000 costarricenses–, como resultado de la «Peste del Cólera» causada directamente por el envenenamiento de los pozos de agua potable, por la Invasión Filibustera Norteamericana a Centroamérica, no pueden dejarnos olvidar este ejemplo colectivo heroico.

Así fue como se consolidó realmente, el Estado Nacional y la República de Costa Rica, y además, la Independencia de toda Centroamérica; región codiciada hasta la fecha, por sus recursos, posición geoestratégica, y por la famosa «Vía del Tránsito» del multimillonario norteamericano Cornelius Vanderbilt, en disputa para las potencias del momento.

¡Gloria Eterna al Presidente Juan Rafael Mora Porras, Libertador de la Patria!

Una página olorosa a muerte

Luko Hilje Q. (luko@ice.co.cr)

Cuando, cuatro días después de la batalla de Rivas contra el ejército filibustero, el Dr. Karl Hoffmann preparó la lista de los heridos en nuestras filas —un total de 300, más unos 140 muertos—, quizás no aquilató del todo el imperecedero valor histórico que tendría dicho documento.

De hecho, algunos renombrados historiadores criticaron —pienso que con bastante razón— lo lacónico que fue el informe de guerra enviado desde el frente de batalla por don Juanito Mora —presidente nuestro y comandante del Ejército Expedicionario— a su ministro de Guerra y Hacienda Manuel José Carazo Bonilla, mientras que resaltaron el documento de Hoffmann como el más prolijo de dicho episodio bélico.

He tenido la fortuna de sostener en mis manos los originales de ambos documentos, en el Archivo Nacional, al igual que otros igualmente impactantes, como aquel en el cual don Juanito comunica la muerte, debido al cólera, de su secretario personal Adolphe Marie y del valiente estratega militar Alexander von Bülow, aunque ahora se sabe que este último murió de disentería en Liberia. Lo cierto es que un inevitable escalofrío le recorre a uno el cuerpo, mientras discretamente le tiembla el pulso, de tanta emoción. ¡Documentos añosos, de inmenso valor testimonial, remitidos desde los escenarios de guerra, en medio de tanta tragedia y desolación!

Meticuloso como era él, en el documento suscrito por Hoffmann aparecen citados, uno por uno, los nombres de los 270 heridos que permanecían internados hasta el 15 de abril de 1856 en el llamado hospital de sangre —los otros 30 heridos estaban en varias casas—, que no era más que un improvisado albergue en la llamada casa de Maliaño, ubicada cuadra y media al noroeste de la plaza principal de la ciudad. Como buen alemán, al nombre de cada uno de ellos sumó su grado militar, su vecindario o lugar de origen, el tipo y lugar de la herida, así como la calidad o gravedad de ésta. Por ejemplo, me consta lo útil que fue esa lista al amigo historiador Raúl Arias para escribir sendos y notables libros sobre las acciones médicas en los campos de batalla y acerca de nuestros soldados en la Guerra Patria.

Encabezada por el capitán Juan Zamora, de Heredia, quien tenía una grave herida en el hombro, y culminada por el sargento Ramón Rodríguez, de La Garita, con una leve herida en el pie, esa lista es un crudo inventario de dolor y de sangre.

Cabe indicar que el segundo de la lista era el primer teniente Luis Pacheco Bertora, originario de San José, aunque vivía en Cartago, y que su estado era grave, tras recibir dos balazos en el pecho y uno en el hombro. ¡Y no era para menos! Él fue el primero en ofrecerse para incendiar el mesón en el que se albergaba William Walker con su Estado Mayor y numerosos filibusteros, y el único sobreviviente de tan riesgosa aventura, pues tras él caerían el nicaragüense Joaquín Rosales y el erizo Juan Santamaría, quien sí lograría su cometido.

De impecable caligrafía, se ha insinuado que esa lista fue escrita por nuestra heroína Pancha Carrasco —de quien se dice que fungió como enfermera durante la batalla—, pero hoy sabemos de manera fehaciente que ella no sabía leer ni escribir. Y, observándola con detenimiento, aunque guarde similitud en ciertos trazos, tampoco corresponde a la letra de Hoffmann, quien sí rubricó la lista, en su condición de Cirujano Mayor del ejército.

Mi hipótesis es que, como en esa época pocas personas sabían escribir y leer, lo hizo alguno de sus colaboradores inmediatos, como el ayudante de enfermería Carlos F. Moya, o quizás su paisano y también ayudante Rodolfo Quehl, aunque en un documento suscrito por éste he detectado notorias diferencias en la caligrafía. En fin…, ¡quién sabe!

Escrita en diez folios dobles, de un grueso papel celeste impreso con una especie de sello de agua grande en el centro —sin relación aparente con los emblemas oficiales de nuestro ejército—, esa lista es realmente conmovedora y provoca un profundo sobrecogimiento, pues cada uno de esos nombres de compatriotas o de generosos extranjeros, encarna un drama personal único dentro de lo que fue nuestra máxima gesta libertaria. Pero, si el dolor de esos seres concretos, de carne y hueso —y cada uno con su propia travesía vital recorrida a su manera—, es de por sí impactante, debo confesar que el clímax del estremecimiento me lo causó la página final, un tal folio 11, de tonalidad un poco más oscura, y ajena al cuerpo del documento.

Y no tendría mayor importancia que hubiera una página demás, impar, si no fuera por lo que dice. Se trata de una página sobrante, en la que varias personas, pues en ella se mezclan dos o tres tipos de caligrafías, realmente hermosas (¡vaya uno a saber de quiénes!, aunque ninguna es la de don Juanito), descargaron en sugestivas frases truncas, garabatos o tachones, el júbilo o la pena del momento. ¿Serían escritas en la propia Rivas, o en alguna oficina gubernamental de San José?

Ahí, tras la exaltación inicial “Gloria al Excelentísimo Juan Rafael Mora”, renglones más abajo aparece la frase “Mientras Dios nos favoresca triunfaremos”, y aún más abajo se lee “Juan Rafael Mora. En estos momentos acaba de llegar el parte de que el general”. Frase trunca, sin saberse si desemboca en muerte o victoria. ¿Cuál de nuestros generales sería? Y…, ¿qué le ocurriría?

Más adelante aparecen expresiones sueltas, como “amig”, en clara alusión a la palabra amigos, así como “Hipp”, sin relación alguna con Rivas pero sí con Punta Hipp o La Trinidad, en la confluencia de los ríos Sarapiquí y San Juan, y donde en la segunda etapa de la Campaña Nacional se libraría una terrible y fallida batalla para nuestras tropas, luego de una primera exitosa ahí mismo. Y también, tachado, el apellido “Schlessinger”, correspondiente al prepotente coronel húngaro Louis Schlessinger, quien dirigiera la invasión filibustera a Santa Rosa y de donde saliera vergonzosamente derrotado por nuestras gallardas tropas.

¡Rara mezcla de expresiones y de nombres, en esa curiosa página zonta! Pero me electrizó aún más esta sentencia, que está pocos renglones abajo: La muerte está pintada en todas”, la cual aparece tachada. Pero, como en una especie de refrendo, alguien más anotó al lado: “La muerte muerte está pintada”, y también la tachó. Interpreto que quisieron decir La muerte está pintada en todas partes”, quizás cuando ya el cólera —que empezó a causar estragos el 20 de abril— estaba aniquilando a nuestras tropas. Y, después, más expresiones inconexas o inconclusas, como: Gloria a Costa Rica”, “Gloria al al”, “Pero nuestro triun”.

¿Por qué escribir tantas incoherencias al final de un documento de carácter oficial? ¡Quién sabe! Yo imagino a una o dos personas —quizás en días separados, pero igualmente conmovidas— no para trazar palabras al desgaire, sino para descargar, en esa especie de improvisado ritual catártico frente al papel, todo ese crudo e implacable cúmulo de dolor, para así exorcizarlo.

Y, aunque estilísticamente no se trate de literatura formal, siento que la frase La muerte está pintada en todas [partes]”, tiene gran fuerza poética. Inevitablemente me llevó por los arcanos de la memoria a evocar aquel Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, lúgubre poema de tarde de toros en el que Federico García Lorca nos dijo con hondura lírica: Eran las cinco en punto de la tarde. / Un niño trajo la blanca sábana / a las cinco de la tarde. / Una espuerta de cal ya prevenida / a las cinco de la tarde. / Lo demás era muerte y solo muerte / a las cinco de la tarde.

Sí. Muerte y solo muerte, exactamente. Palabras y frases sueltas, dispersas o erráticas, no para aludir poéticamente a la parca —a esa muerte que de manera ineluctable deberá llegar un día—, sino desesperadas y desgarradoras, ante la descarnada brutalidad de su expresión multitudinaria entre la pólvora, las bayonetas y los sables, en las polvorientas calles de Rivas.

Y que alguien, transido de dolor, vació silencioso en ese trozo de papel, sin jamás imaginar que el profundamente angustioso gemido de su alma malherida tendría tanto eco como para resonar tan lacerantes, aún hoy.

Tribuna Democrática, 16-IV-2008

 

Compartido con SURCOS por el autor.

Imagen ilustrativa.