Ir al contenido principal

Etiqueta: carrera espacial

La carrera espacial no tiene un solo vencedor: desmontando el relato supremacista

Por Juan Carlos Cruz para SURCOS

En medio de la escalada retórica de la administración de Donald Trump, ha emergido un intento por reescribir la historia de la carrera espacial, atribuyendo a Estados Unidos un liderazgo pionero absoluto —incluida la exploración de la cara oculta de la Luna y los hitos en diversidad dentro de la tripulación espacial. Sin embargo, los datos históricos y la dinámica actual desmienten con claridad esa narrativa.

Fue la Unión Soviética la que inauguró la era espacial con el Sputnik en 1957, envió al primer ser humano al espacio con Yuri Gagarin en 1961, y abrió también el camino en términos de inclusión: en 1963, la misión Vostok 6 llevó a Valentina Tereshkova, la primera mujer en viajar al espacio. En el terreno lunar, la sonda Luna 3 captó en 1959 las primeras imágenes del lado oculto de la Luna, seguida por el primer alunizaje suave (1966) y el despliegue del primer vehículo robótico (1970). En 1980, con la misión Soyuz 38, la URSS llevó al espacio al primer afrodescendiente, el cosmonauta cubano Arnaldo Tamayo Méndez.

Lejos de ese relato unilateral, la República Popular China ha consolidado una estrategia sostenida que ya produjo hitos inéditos, como el primer alunizaje en la cara oculta de la Luna en 2019. Pero más relevante aún es la lógica que subyace a su programa: planificación a largo plazo, continuidad institucional y objetivos estratégicos claros.

Como advierte el análisis publicado en Diario Red por Eduardo García Granado, la actual “carrera lunar” no se definirá por gestos espectaculares, sino por la capacidad de establecer una presencia permanente. En ese terreno, el programa estadounidense aparece atravesado por la urgencia y la incertidumbre, mientras que el chino avanza con mayor previsibilidad, financiamiento estable y una hoja de ruta coherente orientada incluso a la instalación de bases en el polo sur lunar.

En ese contexto, el lanzamiento de la misión Artemis II a inicios de abril adquiere un significado que trasciende lo tecnológico. Más allá de sus objetivos declarados, ocurre en un momento en que la popularidad de Trump no alcanza el 40%, lo que permite leerlo también como un recurso de reposicionamiento político interno. La apuesta por un hito mediático se inscribe así en un intento por contrarrestar el desgaste de su imagen, marcado por errores de cálculo en la escalada contra Irán y por las consecuencias humanitarias de la ofensiva impulsada junto al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu.

Así, aunque Estados Unidos pueda lograr nuevos hitos en el corto plazo, ello no garantiza primacía estratégica en el nuevo ciclo espacial, donde la clave ya no es “llegar primero”, sino “quedarse”.

La historia —y el presente— de la exploración espacial no responde a una supremacía única, sino a una disputa prolongada entre modelos tecnológicos, políticos y geopolíticos. Reescribirla como epopeya nacional no solo distorsiona los hechos: también revela la ansiedad de una potencia que percibe en ascenso a sus competidores.

Yuri Gagarin y la victoria de la URSS

Gabe Abrahams

Yuri Gagarin fue el primer astronauta que consiguió realizar un vuelo espacial. El presente artículo recuerda su vida y su histórica hazaña.

Yuri Alekseyevich Gagarin, conocido como Yuri Gagarin, nació el 9 de marzo de 1934 en Klúshino, óblast de Smolensk, URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). Su padre fue carpintero y su madre granjera y tuvo tres hermanos.

Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la Alemania nazi invadió el territorio soviético y Gagarin y su familia fueron obligados a residir en una choza de barro. Dos hermanos del futuro astronauta, además, acabaron siendo deportados y utilizados por los nazis como trabajadores esclavos.

Concluida la guerra, en 1946, Gagarin se mudó con su familia a Gzhatsk y, allí, prosiguió sus estudios. A partir de 1950, los completó en Liúbertsi, una ciudad cercana a Moscú, y en Sarátov, una ciudad en este caso situada a más de 800 km de la capital de la URSS.

En 1955, Yuri Gagarin ingresó en la Escuela de Aviación Militar para pilotos de Orenburg e inició una relación con Valentina Goriacheva, con la que al final se casó y tuvo dos hijas: Elena y Galina.

Ya en 1957, Gagarin empezó a volar y, al cabo de un tiempo, fue entrevistado por una comisión para el programa espacial soviético denominado Programa Vostok. Terminó siendo seleccionado para el mismo y entrenado para poder realizar un vuelo espacial.

En agosto de 1960, un miembro de la Fuerza Aérea Soviética escribió un informe sobre él muy favorable que decía: “Tiene un alto grado de desarrollo intelectual, una memoria fantástica. Se distingue de sus colegas por su agudo y amplio sentido de atención a su entorno… Perseverante, se prepara minuciosamente para sus actividades y ejercicios de entrenamiento”.

Tras someterse a un plan de entreno físico y psicológico exigente, el 12 de abril de 1961, a las 6 horas y 7 minutos de la mañana, Yuri Gagarin fue lanzado al espacio desde el Cosmódromo de Baikonur (Tiuratam, Kazajistán) en la nave espacial Vostok 1, logrando completar la órbita alrededor de la Tierra en 108 minutos, lo cual le convirtió en el primer ser humano en realizar un vuelo espacial. Al terminar su hazaña, Gagarin reconoció que, durante el vuelo, se sintió como “colgado de correas en una posición horizontal, como suspendido”.

Con su histórica gesta, Gagarin colocó a la URSS al frente de la carrera espacial, algo que supuso un duro golpe para los Estados Unidos, y las masas soviéticas lo aclamaron. En varios viajes posteriores a su hazaña en los que recorrió Brasil, Cuba, Canadá, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Finlandia, Islandia e Inglaterra, resultó igualmente aclamado por multitudes de admiradores de esos países. Sin embargo, en las mismas fechas, Estados Unidos no le permitió entrar por su frontera. Un acto hostil, propio de la Guerra Fría.

En 1960, Yuri Gagarin se afilió al Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y, un tiempo después, fue elegido diputado del Sóviet de la Unión y del Sóviet de las Nacionalidades, es decir de las dos cámaras (baja y alta) del Sóviet Supremo de la Unión Soviética. En aquellos años, también trabajó en las instalaciones de los cosmonautas soviéticos de un pequeño pueblo situado en las cercanías de Moscú: la Ciudad de las Estrellas. Los astronautas soviéticos se entrenaban allí y, por eso, la población era considerada una zona prácticamente secreta.

El 12 de junio de 1962, Gagarin alcanzó el rango de teniente coronel de las Fuerzas Aéreas Soviéticas. Y el 6 de noviembre de 1963, el de coronel. A partir de entonces, las autoridades de su país le mantuvieron alejado de cualquier vuelo espacial, para evitar un posible accidente y la pérdida de un referente soviético.

Paradójicamente, el 27 de marzo de 1968, en el transcurso de un vuelo de entrenamiento, Yuri Gagarin sufrió un accidente inesperado y falleció. Su avión se estrelló cerca de la ciudad soviética de Kirzhach. La noticia conmocionó al mundo entero. El astronauta fue incinerado y sus cenizas terminaron inhumadas en la Necrópolis de la Muralla del Kremlin, el sitio apropiado para un héroe soviético de su envergadura.

Tras el trágico final del astronauta, la ciudad de Gzhatsk pasó a llamarse Gagarin, la Ciudad de las Estrellas puso su nombre a varias de sus principales instalaciones y algunas poblaciones soviéticas levantaron estatuas en su memoria. Incluso, su viuda Valentina Goriacheva escribió libros centrados en su trayectoria como Cada año, el 12 de abril (1984) y 108 minutos y toda la vida (1986), demostrando que no se había olvidado de él.

Pasadas las décadas, en 2011, entre otros homenajes, las instituciones londinenses le dedicaron a Yuri Gagarin una estatua en el Arco del Almirantazgo, más tarde ubicada en el Real Observatorio de Greenwich. Y la sede original de los vuelos espaciales de la NASA en Houston, Texas, hizo lo mismo.

Desde entonces, los reconocimientos a Yuri Gagarin no han cesado, reforzando su condición de auténtico icono a nivel mundial. No hay fecha relacionada con su histórico vuelo que no se recuerde. No hay fecha vinculada a él que no se tenga presente. Esa memoria permanente es una prueba de la enorme importancia que tuvo su vuelo espacial de 1961, el primero que realizó un ser humano. Aquel que puso a la URSS al frente de la carrera espacial. Gagarin, en definitiva, no se ha ido, se encuentra entre nosotros.