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Etiqueta: conciencia ciudadana

Eligiendo Patria

Por Arnoldo Mora

Cada cuatro años los costarricenses somos convocados para escoger a quienes dirigirán en el próximo gobierno los destinos de la Patria rigiéndola dentro de las normas constitucionales propias de nuestro sistema democrático. Tradicionalmente nuestro pueblo ha vivido el proceso (“campaña electoral”) que culmina con el traspaso de poderes a quienes ganaron la justa electoral como una fiesta cívica; durante los meses que la antecedieron multitudes expresaron sus opciones políticas mediante desfiles, banderas, vehículos haciendo sonar sus pitonetas, gentes gritando, candidatos dirigiendo encendidos discursos a entusiastas multitudes en los más variados rincones de nuestra geografía. Hoy nada de eso se ve o, más exactamente, tan sólo existe en la memoria de quienes teníamos al menos siete años de edad entonces. Actualmente todo ha sido sustituido por las redes sociales, los debates en la televisión, los anuncios en medios de comunicación promoviendo a quienes se postulan como candidatos; la campaña electoral se ha dividido en dos, ya no se lleva a cabo tan sólo cada cuatro años, sino cada dos años: una para elegir a quienes dirigirán las riendas del país desde el Poder Legislativo o el Poder Ejecutivo, y otra para escoger a las autoridades municipales; sin embargo, se le da más importancia a la primera, como se muestra en el hecho de que en las elecciones para elegir munícipes, la asistencia a las urnas suele ser al rededor del30% del padrón electoral. Esta vertiginosa y honda transformación de nuestra cultura política es consecuencia de la profunda e irreversible repercusión en nuestros hábitos de vida, tanto públicos como privados, se debe a la influencia de la revolución científico-tecnológica en los medios de comunicación. Esta revolución ha afectado de manera particular a los medios de comunicación, de cuyo ejercicio depende en buena medida la actividad política, ya que ésta consiste en la predominancia del recurso a la palabra y a la imagen visual (“lenguaje icónico”) como medios de persuasión. Y todo hecho con una impactante eficacia y rapidez, que nos permite tener literalmente el mundo en nuestras manos con sólo mover nuestros dedos en la estrecha pantalla de un teléfono celular dondequiera que estemos. Más aún, me sospecho que no está lejano el momento en que podremos ejercer el democrático derecho de elegir a quienes deseamos que nos gobiernen recurriendo a estos medios que nos ofrece la tecnología…

Pero volvamos al aquí y al ahora… Lo cierto es que ya debemos prepararnos para ir al recinto donde, en la presencia tan sólo de quienes cuidan las urnas, depositemos la papeleta señalando como expresión de nuestra voluntad soberana, a quienes queremos que sean las futuras autoridades. Para conocer a estos personajes, su perfil personal, sus propuestas programáticas y la ideología en que las fundan, la Constitución ha previsto que el Tribunal Supremo de Elecciones organice y promueva la campaña electoral en los meses previos a la elección. Esta cita con el destino de la Patria reviste dos facetas: una exterior que nos concierne en cuanto miembros de la sociedad, y la otra que atañe a la solitaria intimidad de nuestra conciencia ciudadana; ambas se anudan en el preciso momento en que cumplimos nuestro deber cívico, gracias al ejercicio mismo de depositar el voto en una urna que acoge en sus sigilosas entrañas la huella indeleble de nuestra voluntad de ciudadanos libres. En cuanto a la primero faceta, la Constitución ha dispuesto sabiamente que el Tribunal Supremo de Elecciones asuma el mando de las fuerzas policíacas, lo cual garantiza que los ciudadanos ejerzan sus derechos sin coerciones ni temores. De ahí el ambiente festivo que rodea a los recintos – normalmente escuelas y colegios públicos- a donde acuden los ciudadanos a votar. Valga la oportunidad para externar mi efusiva felicitación al Tribunal Supremo de Elecciones, no sólo por cumplir escrupulosamente este deber constitucional, sino también para, aprovechando el tiempo de campaña, incitar a los ciudadanos a cumplir con sus deberes patrios, labor altamente cívica pues ataca a uno de los mayores enemigos de nuestro alabado sistema democrático, como es el masivo y creciente abstencionismo.

Pero más allá del mundo exterior, hay otra dimensión de la vida democrática que concierne al ámbito de nuestra conciencia ciudadana. Cultivar nuestra conciencia ciudadana con los mejores valores cívicos constituye la más sólida base que nos garantiza el poder gozar de una auténtica democracia; de poco sirven la leyes y las instituciones pública, por más buenas que sean, si dentro de nuestra piel no palpita el amor a la Patria que nos lleve a la práctica de las más acrisoladas virtudes que adornan a un hombre de bien. Nuestra conciencia configura el ámbito axiológico, lo cual no es mensurable, pues nos revela lo cualitativo y no lo cuantitativo de la humana existencia, si bien se refleja en las consecuencias verificables de los efectos que nuestra conducta produce en nuestra condición de miembros de la sociedad en cuyo seno vivimos. Ejercer nuestros deberes y derechos ciudadanos es, por ello mismo, un deber para con la Patria, pues, si bien tenemos derecho a nuestra privacidad, somos igualmente miembros de una comunidad, por lo que nuestros actos repercuten, para bien o para mal, en la marcha del todo social en el que estamos insertos; cada uno de nuestros actos define el tipo de sociedad que queremos, el tipo de ser humano que deseamos ser como parte del tejido social; nuestro país es lo que sus habitantes quieren que sea; no esperemos milagros; si nos amamos y nos respetamos a nosotros mismos y soñamos con un futuro halagüeño para nosotros y nuestro país, debemos asumir la responsabilidad que esto implica.

Todo la cual es particularmente importante en las elecciones que tendremos el próximo 1ro. de febrero. Desde 1949, año en que se promulgó la Constitución Política que actualmente nos rige, el Estado de Derecho nunca había sido cuestionado como sistemáticamente se ha venido haciendo durante todo este cuatrienio; el Poder Ejecutivo ha sembrado la duda en torno a las disposiciones del Tribunal Supremo de Elecciones, ha cuestionado a la Corte Suprema de Justicia y a la Sala Constitucional, ha desprestigiado al Primer Poder de la Nación, ha violentado el derecho a la libre expresión de los ciudadanos y, en especial, de los medios de comunicación que lo adversan, ha cultivado un lenguaje agresivo, que propicia la discordia entre los ciudadanos, todo lo cual riñe con lo que solemos entender por democracia.

Este insólito y preocupante fenómeno político se sustenta en una causa: se ha roto el contrato social en que se basaba el orden democrático que ha regido en el país después de la Guerra Civil que ensangrentó y dividió a la familia costarricense en el fatídico verano de 1948. Todo lo cual no es más que el reflejo a nivel local de lo que está pasando en el mundo entero, cuando el esperpéntico jefe del Poder Ejecutivo de la hasta hace poco nación más poderosa del mundo, desafía con histriónicos gestos a todo el orden mundial. Costa Rica o, más exactamente, sus actuales gobernantes, como súbditos obsecuentes de ese decadente imperio, no podía quedarse al margen. Por eso el reto que asumimos las generaciones actuales, es ir dando pasos para la construcción de una Patria que esté a la altura de nuestros próceres y de los sueños de las nuevas generaciones, apoyando con nuestro voto a quienes han demostrado con su trayectoria política que están a la altura de tan nobles ideales. Hoy tenemos una cita con la historia: elegir la Patria que queremos.

El voto es un acto de conciencia

Glenm Gómez Álvarez
Sacerdote y periodista

A una semana de las elecciones, el panorama es claro: no todos quieren ciudadanos libres. Muchos prefieren súbditos emocionales, que reaccionen antes de pensar. Y sí, en muchos casos, la campaña política se nos ha reducido a un espectáculo estéril, lleno de miedos, prejuicios y evasión de los problemas reales: desigualdad, violencia, corrupción, educación, salud y justicia social.

Hay candidatos que ponen, con honestidad, de sí lo mejor, pero eso no exime al elector de su responsabilidad. La democracia depende de la conciencia activa de cada ciudadano: escuchar, discernir y decidir desde la razón y los principios. La libertad se ejerce, y ejercerla exige valentía para no dejarse arrastrar por consignas ni emociones manipuladas. Cada atajo que evita la reflexión ciudadana, cada temor sembrado, debilita los cimientos de nuestra vida colectiva.

Lo digo con sano orgullo: en este proceso, la Iglesia católica ha actuado con la coherencia que exigen la Constitución y su propia misión. Hemos evitado el partidismo, respetado los límites legales y, sobre todo, honrado una convicción más exigente: la fe no sustituye la conciencia; la interpela. No decirle a nadie por quién votar no es cálculo político; es una apuesta radical por la libertad responsable. Formar conciencias es más incómodo que dirigir votos, pero infinitamente más honesto.

El contraste duele. Otros han elegido el camino corto: agitar emociones primarias y convertir la contienda electoral en una “guerra moral absoluta”. Usar la fe como escudo o como arma no eleva la democracia; la empobrece y la condiciona.

Peor aún es reducir el discernimiento ético a etiquetas partidarias. El Evangelio no divide al mundo entre progresistas y conservadores; lo divide entre quienes sirven auténticamente a la verdad y quienes la manipulan. Encerrar la fe en una categoría política es asfixiarla. Cuando el mensaje cristiano se acomoda a una agenda, deja de incomodar a la conciencia para empezar a servir al poder. Todo lo que confirma prejuicios y legitima trincheras no es fe; es una caricatura espiritual que tranquiliza, pero no transforma.

El Evangelio no tiene partido, pero toma posición: defiende la dignidad humana, la justicia y la verdad. Usarlo para imponer miedos es traicionarlo; silenciarlo para no incomodar, también.

El voto no puede ser un desahogo ni un castigo emocional. Es un acto moral. Exige memoria para no repetir errores, información para no creer mentiras y honestidad intelectual para resistir el bombardeo de la desinformación.

Al entrar en la urna, los intermediarios desaparecen. No entran las consignas, ni los símbolos manipulados, ni las amenazas del algoritmo. Usted queda a solas con su conciencia, ese lugar sagrado donde nadie puede decidir por usted.

Allí, en el silencio, surge la verdad más incómoda: cada voto compromete. Escuche a su conciencia; ignorarla es la peor traición.

La urna es un espejo. Que refleje su libertad, no el eco de los intereses ajenos.

¿Miden las encuestas lo que piensa la gente?

Juan Carlos Cruz Barrientos. Comunicador social

Esa es una pregunta que suele asaltarnos cada vez que un ente académico o una empresa de estudios de opinión difunde los resultados de una nueva encuesta. Especialistas de la comunicación social han concluido que lo que realmente miden las encuestas es la opinión pública construida por los medios informativos. Es decir, miden la eficacia de los medios para colocar su relato en la conciencia ciudadana. De eso va la hegemonía cultural. Ese relato se refiere al planteamiento del hecho, objeto de la información y a su interpretación, haciendo referencia a un nicho interpretativo previamente instalado en la conciencia colectiva.

El hecho de que la inseguridad ciudadana aparezca como la principal preocupación ciudadana en el Estudio de Opinión Pública del CIEP de abril, por encima del costo de la vida y del desempleo, es un caso típico.

El objetivo aumento de la violencia y de la consecuente inseguridad ciudadana, permanentemente tratado por los medios informativos, termina colocando el tema en la “agenda ciudadana”, pero los medios omiten la necesaria reflexión sobre las causas estructurales de la violencia: el aumento de la pobreza, la desigualdad y la exclusión social, como resultado del debilitamiento sistemático de las políticas sociales.

Si las pugnas entre bandas de “narcomenudeo” están ocasionando la muerte de jóvenes, habría que decir que esos jóvenes están, en su mayoría, expulsados del sistema educativo y proceden de las comunidades más abandonadas por el Estado.

La perseverancia mediática en el tema de la violencia criminal, sin reflexión sobre la causalidad, conduce al fomento del miedo, en particular, el miedo a ser víctima del crimen. Y es un miedo tan grande y poderoso, que pone a la violencia criminal por encima de la violencia estructural, que condena a 399.439 hogares costarricenses a no poder satisfacer sus necesidades de alimentación y vivienda.

La ausencia de reflexión sobre la causalidad estructural y la búsqueda colectiva de soluciones alternativas convoca la indefensión y empuja a esa ciudadanía asustada a buscar soluciones individuales, encerrados en nuestras casas, pensando en adquirir armas de fuego y a clamando por más medidas punitivas, más cárceles y mayor represión.

El hecho objetivo

De acuerdo con las estadísticas del OIJ, los actos de criminalidad que sustentan percepción de mayor inseguridad ciudadana son los siguientes:

  • Durante el 2022, la tasa total de homicidios dolosos aumentó a 12,6 por cada 100.000 habitantes
  • Se registran 68 víctimas más de homicidio doloso en comparación al mismo periodo del 2021.
  • El 92,7% de las víctimas son hombres, el 7,2% mujeres y 0,2% con sexo desconocido.
  • En promedio, se registran 55 víctimas de homicidio doloso al mes, 6 víctimas más al mes en comparación al mismo periodo del 2021.
  • Las principales víctimas de homicidios dolosos continúan siendo personas jóvenes, el 53% de ellas tenía entre 20 y 34 años.
  • El 72% de los homicidios dolosos se cometió utilizando un arma de fuego, 16% utilizó un arma blanca y un 12% otros métodos.
  • Por tipo de móvil, 63% de los homicidios dolosos se vinculan a la delincuencia organizada.
  • Las provincias de mayor ocurrencia son: Limón, San José, Puntarenas y Alajuela.
  • Las mujeres constituyen las principales víctimas de la violencia doméstica: 8 de cada 10 víctimas son mujeres y 4 de cada 5 personas agresoras son hombres (2021).
  • Durante el año 2021, 5.419 personas fueron imputadas por infringir la Ley de Armas y Explosivos según el Ministerio de Seguridad Pública, 9 de cada 10 infracciones estaban relacionadas con la portación ilegal de un arma blanca o de fuego.
  • Durante el año 2021, 84.770 personas fueron imputadas por infringir la Ley de estupefacientes, sustancias psicotrópicas, drogas de uso no autorizado, actividades conexas, legitimación de capitales y financiamiento al terrorismo. El 98% de estas infracciones estaban relacionadas con la tenencia de droga.

Ocuparnos de las causas

Para el Programa de Análisis de Coyuntura de la Escuela de Sociología de la Universidad Nacional (UNA), detrás del aumento de la violencia criminal hay elementos socioculturales, políticos y económicos relacionados con la violencia estructural que interpelan al Estado, llamado a garantizar el ejercicio de todos los derechos humanos para todas las personas.

Costa Rica fue el país de América Latina en el que más creció la pobreza y la desigualdad entre el 2017 y el 2022. Según un cálculo hecho por el Banco Mundial, la pobreza aumentó al menos 2,3 puntos porcentuales en este periodo.

Los datos del BM coinciden con los del Instituto en Investigaciones en Ciencias Económicas de la Universidad de Costa Rica (IICE-UCR), según los cuales para el cierre del 2022 la cantidad de hogares en condición de pobreza en el país podría haber crecido a 24% o 25%. Esto sería levemente superior al 23% reportado por el INEC para noviembre del 2022 y superior a lo registrado en el 2017, cuando se calculaba en 20%.

Mientras tanto, frente a este panorama, el país no cuenta con una estrategia de combate a la pobreza ni con acciones definidas para acortar la brecha social entre ricos y pobres, en su defecto, cobran vitalidad las soluciones paliativas de corte punitivo, esgrimidas por autoridades gubernamentales y aupadas por los medios de información. No tardarán en aparecer los estudios de opinión que digan que eso es lo que quiere la gente.

Abril,2023

El Fracaso de la Conciencia Ciudadana

Macv Chávez

Más de un sinfín de veces nos pasamos la vida arrepintiéndonos o lamentándonos de la realidad sociopolítica que enfrenta el país, pero siempre actuamos como una Verónica Pilatos que sufre el destino de su señor mientras nos lavamos las manos, luego de haber sido un Sabina frente a su Magdalena, invitándole los tragos de la publicidad para su campaña, mientras deseábamos que llegase al poder para hacernos de las cosas que sus hamelinas palabras nos hacían soñar con que iban a ser nuestras, como pueblo y como persona, solo porque no sabemos realmente –y es más, ni siquiera tenemos la menor idea de– quién es, qué hace, qué piensa, qué siente, qué quiere y demás acciones humanas que nos llevan a conocer a una persona de forma natural, a través de una relación social, y de ese modo confiamos en ese candidato dándole el voto para que cumpla con su palabra, solo porque creemos en ella; puesto que a través de ella, del floro barato y del dizque compartir, la gente está acostumbrada a darse para conocerse con otra persona, sin caer en cuenta de que es necesario e indispensable para conocer y darse a conocer que las palabras sean acciones y las acciones sean la consecuencia de las palabras, donde ese dúo honorable gira en el eje racional de las elecciones entre el bien y lo mejor, aún a riesgo del silencio y la soledad a la que nos conduce una vida recta en tiempos tan retorcidos, pero merece la pena pasar por ese aislamiento, porque son en estos tiempos, los tiempos del fracaso de la humanidad, donde la deshumanización del hombre se hace más evidente, puesto que el ser humano es incapaz de razonar a pesar de tener al alcance de sus manos la información necesaria para despertar las neuronas, sencillamente porque es un vago del pensamiento, vamos, un animal domesticado que solo obedece las reglas y normas que su amo u opresor le impuso a través de las leyes y normas dominantes, donde prácticamente le indican que tiene que votar sí o sí por alguien, porque si no lo hace no es ciudadano, no es patriota, porque si vota en nulo o en blanco –este último igual les conviene a los políticos, pero es válida opción– estará favoreciendo al delincuente que va en delantera electoral, vamos un engaña muchachos que el pueblo se lo traga bajo el concepto de un código ético ciudadano, vamos, una falsa moral, que ni se dan cuenta que practica, porque quien es libre de ser es libre de elegir, por ende, si los demás no respetan su pensamiento, entonces, comprende que los otros son los que están jodidos, porque quieren encasillar a uno en lo que piensa o hace la mayoría, y ya sabemos que la realidad nos indica que la mayoría es bastante peligrosa, porque penosamente es una bomba de tiempo por su alto nivel de ignorancia y mediocridad.

Entonces, si tan solo nos detenemos un momento a pensar en la realidad sociopolítica a la que nos enfrentamos en los últimos tiempos vamos a comprender que todo eso se debe a que no hemos aprendido nada en las temporadas electorales, ni en los gobiernos anteriores, porque en esos tiempos es donde uno puede conocer mejor al político sin filosofía de vida, ni vida ética, porque simplemente son ratas de alcantarillas, aquellas que salen cuando el pueblo duerme para saquearnos la casa, sobre todo cuando todo está al alcance de sus manos, siendo este momento un fiel reflejo de la evolución del pensamiento de un pueblo o nación, porque es ahí donde los políticos nos muestran con descaro su ser cínico y tirano sin que nos demos cuenta, y todo porque no sabemos ver más allá de nuestros ojos, puesto que nos dejamos guiar por los grandes discursos de las pajas mentales, sí, pajas mentales, porque penosamente solo a ello ha llegado la humanidad en la evolución del pensamiento, puesto que es incapaz de razonar por sí misma, salvo que el cuerpo le exija un poco de satisfacción personal, y por eso los negocios rentables en las sociedades están ligados al hurto, la mentira y el placer, sino miremos cuántos quieren ser políticos para robar al pueblo.

Pero, ¿cómo es posible darnos cuenta de este gran herror que cometemos los ciudadanos en temporadas electorales? En primer lugar, aceptando que somos el fracaso de la conciencia ciudadana, en segundo lugar que ello es un gravísimo herror con h, puesto que es horroroso que sigamos en la orientación hacia una vida oprimida por el ladrón o delincuente de la nación, vamos, del más pendejo, solo porque estamos incapacitados para razonar o acostumbrados a ser esclavos, cosa que no es solo culpa de uno, porque también es la de papá, mamá, familia, amigos, escuela, sociedad, gobierno, que nos mal forman, porque todos en conjunto contribuyen al ser que se es hasta el final de tu adolescencia, así que si todavía eres un adolescente y no eres capaz de razonar, pues no te sientas mal, porque es normal a tu edad ser un borrego más, pero si no, si no eres un adolescente, mejor coge lápiz y papel y de inmediato ponte a hacer runa evaluación personal para ver si eres un animal domesticado o un ciudadano consciente, porque si luego de tu adolescencia sigues siendo un ser irracional o incapaz de pensar por ti mismo es cosa de tu miserable y paupérrima existencia, a la que podría catalogar con absoluta libertad y autoridad de animal racional o animal domesticado, puesto que solo eres un animal domesticado bajo el concepto de civilizado, mismo perro cuando le celebran su cumpleaños, porque ya no eres un niño de cinco a diecisiete años, aunque personalmente yo diría de cinco a quince, que necesita la sobreprotección de los otros para valerse, porque aquí ya eres una persona adulta y, por ende, –según el estado o las normas ciudadanas reinantes– ya eres dueño de tu propia vida, por lo tanto, dueño de tus pensamientos y actos, y por tal razón, es que ya puedes ir preso si cometes algún delito acorde a los castigos para los oprimidos o simplemente ser esclavo del sistema de vida de los que menos tienen con un trabajo, porque ya tienes edad para producir alimento por tu propia cuenta y no por el sacrificio de tus padres; y por esta razón es que no puedes justificarte luego de los diecisiete con esa penosa incapacidad de razonar, porque ya tienes la consideración social para ser libre y ya sirves a las nobles causas de los políticos delincuentes u honorables, es decir, a los que saquean el país con tu venia y aprobación o a los que la conducen con honor y gloria a la dignidad del hombre, cosa que es digno de admirar en el ser humano.

Una vez que hayas aceptado el horror de tus elecciones en base a tu pensamiento de animal domesticado podrás pasar a hacer un pequeño y sencillo análisis ético con filosofía de vida o ya si quieres también puedes decir con filosofía política, porque finalmente toda vida filosófica apunta a algo bastante sencillo y esencial que los endiosados intentan complicar, o sea: a razonar, es decir, a buscar más allá de lo evidente, a salirse de los libros de autoayuda para introducirse en el maravilloso mundo de las dudas, preguntas y cuestionamientos: ¿Y cómo puedo saber que un político va a traicionar o robar al pueblo? Fácil y sencillo: Solo hay que mirar cuáles son los cimientos del partido político por el que postula, y si las bases o cabezas están podridas o infectadas de corrupción y dudas éticas y morales, pues, no hay más que averiguar, ya se sabe cómo crecerá ese árbol y qué frutos va a darnos, pero sí no, pues simplemente podridos. Pero, ¿y si el partido político es de estreno?  Entonces hay que empezar a ver cuál es su historial personal y familiar, sobre todo su círculo más cercano, así como sus vínculos laborales o empresariales, para tener una noción de su capacidad de adquisición y poder contrastar con toda la inversión que hace en una campaña política, donde te dirá que para él la humanidad tiene menos valor que sus ambiciosos deseos, puesto que desde ya te está diciendo malgastaré el dinero del pueblo en la gestión pública, porque penosamente la publicidad no construye nada, ni escuelas, hospitales, carreteras, puestos de trabajos, entre otros, o sea, en pocas palabras no genera desarrollo socioeconómico en los que menos tienen, aunque muchas veces son los que más invierten, puesto que muchas veces esos que menos tienen están ahí divagando por las calles con carteles políticos publicitarios, esperando contar con un puesto de trabajo, dizque digno, cuando el delincuente político alcance el poder; logrando convertirse de esta manera en cómplice de todo el saqueo que realizan los políticos a la nación sin siquiera darle de comer a sus bolsillos.

Luego de ello recién podemos pasar a revisar los planes o propuestas de gobierno de los pocos que nos pueden quedar como opción política, aunque en estos tiempos es difícil encontrar a un político honorable, así que es posible que ni siquiera tengamos la necesidad de revisar el plan o propuesta de gobierno, logrando de este modo ahorrarnos un valioso tiempo al descartar rápidamente a las mafias políticas de nuestra intención de voto. Caso contrario podrías descartar a los tiranos y desesperados del poder solo viendo si prima en sus propuestas o planes de gobierno las modas socioculturales o las necesidades básicas y esenciales para una vida digna, porque si es lo primero sabes que está ansioso por llegar al poder, es decir, que no tiene un pensamiento o una identidad firme, clara, honorable, y, por ende, será capaz de cualquier cosa una vez que esté en el poder, motivo por el cual no podríamos votar por ese político, porque simplemente llegaría al poder para hacer lo que ya nos dice con sus acciones desde su postulación. Si, por contrario, es un tipo que no anda con medias tintas, bastante mesurado en sus acciones, desde el malgasto del dinero en afiches publicitarios, con ideas firmes y centradas en la dignidad del hombre (varón, mujer y todas las demás opciones), y encima no se rodea de ratas de alcantarillas, pienso que al menos merece una oportunidad de gobernar, pero no sin dejar de estar atentos a sus acciones, porque ya es tiempo de protestar contra los nuevos emperadores o reyes de las naciones, esos vagos que no hacen nada, nada más que esclavizar y engatusar al pueblo para que vivan sin derramar el sudor de su frente, y todo para disfrutar y comer los mayores placeres de la vida superficial.

Entonces, esta son las razones que me llevan a pensar que la mejor forma de hacer frente a toda esta bazofia politiquera que nos reina y gobierna son las urnas, mostrando esa desazón que tenemos frente a sus acciones delincuenciales con el rechazo de nuestro voto, porque si la mayoría ciudadana brinda un rotundo NO a un próximo gobierno cambiaríamos la historia política del país, puesto que para las próximas elecciones los políticos tendrían más cuidado en sus intenciones y en sus cuadros que presentan, y, por tanto, entrarían o postularían con miedo al pueblo, porque tienen ya a un pueblo consciente y no dormido, con ese grito de protesta silenciosa que son las votaciones, porque es imposible que los políticos puedan tapar el rechazo de toda o la mayoría de una nación, ya que las bocas de urnas se encargaría de difundir el descontento nacional, y por ende, la gente estaría atenta, atenta para ver si su voto de rechazo fue pirateado o no, así que, por más que intenten sembrar la gran estada de las elecciones, la verdad saldría a la luz, porque es evidente que la gente empezaría a salir a protestar, primero por redes sociales, luego en las calles, porque se enteraría de que la mayoría dijo NO a todo ladrón en el poder, y así, siempre nos quedarían las calles para defender nuestra libertad; y entonces será aquí, en las urnas, donde acabaremos con los políticos de manera pacífica; y si no… en las calles; y aquí será donde la policía deberá aprender a romper sus cadenas de esclavo para recordar que no es el político el que le paga por trabajar, sino el que lo esclaviza, porque es evidente que es el pueblo el que le paga con los impuestos, así que la policía pertenece al pueblo, y es más, no solo le pertenece porque el pueblo le paga, sino porque también la policía es el pueblo, forma parte de él, por más que muchas veces intenta ser parte de los opresores, negándose a ser pueblo, ese pueblo al que roba y engaña escudándose inconscientemente bajo frase célebre de los delincuentes estatales: “ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón”, porque según ellos roban al gobierno, solo porque son incapaces de ver que a quien roban es al pueblo, incluyendo a su familia e hijos que compra y vende, producen y piensan, entre otras acciones humanas que generan dinero para el gobierno, puesto que todos de alguna forma pagan impuestos, y es de esos impuestos de dónde salen todos esos sueldos dignos que tanto reclaman los funcionarios públicos, desde los administrativos hasta los policías y los políticos, aunque  hay sueldos que no permiten sentirse dignamente, y esto sucede porque simplemente el pueblo también aprendió a aplicar el eslogan que usan para justificar sus fechorías: “ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón”, y por eso evaden impuestos, algunos para dizque vivir mejor, otros simplemente para hacer más cosas de lo que hace el gobierno. Y así giramos en círculos viciosos que debemos cambiar para mejorar como sociedad, para llevar la dignidad a su nivel real, a su nivel de conciencia, para que mi vida no sea digna porque yo así lo creo, sino porque puedo dejar de hacer lo que hago y vivir dignamente, como cualquier otra persona, sin problema ni necesidad de sufrir o hacer sufrir al otro. Y por eso, debemos tener conciencia que nuestro voto no puede seguir siendo el fracaso de nuestra ciudadanía, sino la muestra clara de que hemos aprendido a ser personas y no animales domésticos, porque solo con nuestras acciones podemos cambiar la historia de nuestra ignorancia, mediocridad y corrupción nacional, vicios sociales que nos conduce a ser pueblos subdesarrollados o subnormales, porque todavía somos comunidades cavernícolas, porque somos mendigos sentados en bancos de oro, ya que aún somos bestias salvajes que lo destruyen todo, bestias que no se dan cuenta que se matan unos a otros inútilmente, solo porque así lo ordena el amo, aquel que está en su pedestal de poder, disfrutando de todo, mientras que los ignorantes y mediocres quieren volverse sabios siendo parlantes de las voces opresoras que no tienen ni la menor idea de qué es ser persona, de qué es vivir en sociedad, en comunidad, en servicio.

Y por eso, al ver que hasta aquí la gente empezará a rasgarse las vestiduras y a molestarse con uno, porque les dije irracionales, incapaces de pensar o razonar, borregos, animales domésticos, esclavos, entre otras cosas, en vez de ponerse a reflexionar si es parte de la miseria o pauperrimidad humana para cambiar o mejorar juntos la sociedad, pienso que lo mejor que puedo hacer ahora es decir que, si seguimos en la misma forma de elección sociopolítica, la humanidad está condenada al carajo, es decir, a la autodestrucción, y, por ende, sería bueno que empiecen a lanzarse todas las bombas nucleares a nivel mundial, de un solo tiro, todas al mismo tiempo, para que así la naturaleza pueda gozar de su belleza sin que exista la humanidad que siempre lo jode todo, simplemente porque no aprende a vivir ni a trascender, queriendo apoderarse de todo aún a riesgo de su propia muerte, gracias a que todavía es una bestia salvaje que cree razonar endiosándose hasta sobrepasar a la naturaleza, sin siquiera saber quién es ni dónde radica la belleza de ser
persona.

Pucallpa, 02 de septiembre de 2022 a las 00:50 horas