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Etiqueta: cultura

Urge más cultura (no menos) para pensarnos mejor como sociedad

Entre las muchas cosas que Retana se cuestiona está el carácter utilitarista de la sociedad neoliberal que se está imponiendo en el mundo. “En un mundo donde todo tiene que servir para algo, que haya algo que no sirva para nada es algo fantástico”, asegura.

Camilo Retana, Premio Nacional de Literatura Aquileo J. Echeverría 2022 en la categoría de Ensayo

El desfinanciamiento del sector cultura es una estrategia para evitar que la sociedad piense

En la misma línea adversativa con la que Camilo Retana escribió el libro Contra lo light, con el ganó el Premio Nacional de Literatura Aquileo J. Echeverría 2022 en la categoría de Ensayo, el autor considera que hay temas mayores en la sociedad costarricense de hoy que urge atender por medio de la confluencia de todas las voces y formas de pensar, en lugar de acallarlas e invisibilizarlas. Uno de esos temas es la cultura.

Para Retana, la promoción de todas las manifestaciones de la cultura es de fundamental importancia en la construcción del país como un todo, porque fomenta la unidad por medio de la consolidación de identidades diversas. En este sentido, considera que deben hacerse esfuerzos para regionalizar el trabajo del Ministerio de Cultura y Juventud para que “el país no empiece y termine en el Valle Central”.

De acuerdo con Retana, quien es docente de la Escuela de Filosofía e investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas, el estímulo a todas las manifestaciones culturales puede ayudar al país a repensarse, a detenerse por un momento para reflexionar si desea continuar por el rumbo de la desigualdad y la injusticia. Como añadidura, el estímulo a las artes y a todas las formas de cultura puede generar una cultura de paz, tan urgente en la actualidad, cuando la violencia se ha entronizado no solo en el ámbito de lo privado, sino también en la esfera pública, desde las víctimas diarias del sicariato hasta la agresión gubernamental contra la prensa.

Los comentarios de Retana se dan justamente en momentos en los que el Gobierno de la República anuncia un recorte presupuestario de ¢4 000 millones de colones al Ministerio de Cultura, como un castigo por no haber ejecutado el dinero oportunamente. Esta decisión ya fue refutada por el Movimiento Sector Cultura, iniciativa que agrupa a una veintena de agrupaciones artísticas.

“Me parece que hay una desconexión muy fuerte que no es únicamente ocasionada por este Gobierno, creo que cada vez hay una mayor desconexión entre las figuras que conducen la cultura del país y el sector cultural como un todo. De ese divorcio no puede salir nada bueno. Pero, a la par de eso, me parece que ya es tiempo de empezar a decir que el proyecto cultural de este Gobierno está marcado por la desfinanciación de las distintas organizaciones culturales”, remarcó Retana.

Según el ganador del Premio Nacional de Literatura en la categoría de Ensayo, el desfinanciamiento de los programas culturales busca neutralizar la crítica adversativa al modelo económico que han propuesto los últimos Gobiernos y encasillar la cultura en algo meramente decorativo.

“Siendo el sector cultural un sector históricamente crítico e incómodo, tiene todo el sentido que el Gobierno esté viendo la cultura únicamente como algo decorativo, secundario y prescindible, como lo dijo Pilar Cisneros en campaña, que el arte no era claramente una prioridad para el Gobierno. Es claro que es un sector que no interesa estimular, porque los sectores que realmente interesa estimular son los sectores poderosos de este país, las élites que financiaron esa campaña.

“Por eso, a mí me parece una expresión de esa cultura light que un presidente que fue financiado con dinero de las élites se presente como el abanderado de los sectores populares que va a derrocar a las élites. No hay ningún tipo de acción que respalde ese discurso del presidente. Esa disonancia entre el discurso y los hechos es muy propio de la cultura light”, puntualizó Retana.

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A continuación, un resumen de la entrevista con el autor de Contra lo light:

¿Te sorprende este reconocimiento a tu obra que habla sobre la crítica adversativa en tiempos en los que pareciera que está prohibido ir contra corriente?

CR/ Lo entiendo como un reconocimiento al esfuerzo institucional que permite mi trabajo. Si no hubiera una universidad pública que financie investigaciones y que aliente investigaciones con vocación crítica y con perspectiva adversativa, el libro no sería posible. Creo que este es un reconocimiento a toda una trama institucional que permite que exista la Universidad de Costa Rica. Esa institucionalidad está en un momento de crisis o está siendo objeto de un ataque sistemático y que pareciera que no se puede adversar el proyecto de sociedad en nombre del cual está siendo atacada la Universidad y otras instituciones del país.

Entonces, no deja de sorprenderme. Cada día están más valorados los consensos, pero los que se producen a la fuerza, los “consensos” que se derraman desde un centro hegemónico hacia la sociedad civil, como ha pasado con Trump en Estados Unidos y como pasa en otros países de la región, con liderazgos que generan consensos forzados, en el sentido de que no admiten cuestionamiento desde ningún flanco.

En este sentido, ¿te sentís privilegiado en medio de casos de ministros, por ejemplo, que han adversado una decisión presidencial y que al día siguiente están removidos y es ese mismo Gobierno el que está reconociendo tu obra sobre la crítica adversativa?

CR/ Creo que ese ejemplo es muy oportuno de cómo el adversar es una práctica cada vez más revocada en estos días. A mí me parece terrible que dentro de un equipo de trabajo, como el equipo de trabajo del Gobierno y las personas que están ahí para asesorar al presidente no puedan disentir de él. Me parece que eso da cuenta de una cultura que rehuye la adversación, que rehuye el contraargumento y creo que hay algo de un modelo de sociedad con un pensamiento único, pareciera que esas son las utopías de estos proyectos autoritarios, generar un pensamiento único fuera del cual no existan los disensos, no existan las discrepancias y eso es lo contrario de un proyecto democrático.

Ojalá fuera solamente entre los miembros del propio gabinete, pero es que el Gobierno no ha aceptado disensos ni de la prensa, ni de las comunidades de especialistas de la propia Universidad de Costa Rica, ni de los técnicos especializados que usualmente han asesorado a los Gobiernos anteriores. Entonces, creo que es muy preocupante ese modelo de sociedad con un pensamiento único porque justamente atenta contra el ADN de la democracia, de la dinámica democrática.

Frase de Walter Lippmann, periodista y filósofo estadounidense, ganador en dos ocasiones del Premio Pulitzer por su columna Today and Tomorrow. Imagen tomada de verbub.com.

Se dice que adversar, o decir que no, atrasa el progreso, nos estanca. Ese es el principal argumento para estimular el hecho de que estemos de acuerdo con todo. ¿Qué pensás al respecto?

CR/ Esa es una pregunta que exige repreguntarnos ¿qué tipo de progreso es ese que se sigue de no dudar nunca? La gente que hace la comunicación del Poder Ejecutivo presenta como un valor el hecho de que el presidente nunca se desdiga o no cambie de opinión. A mí me parece lo contrario de una cualidad ese rasgo de personalidad.

Un progreso que no admite dudas en su camino es un progreso atropellado, es un progreso arrebatado. Creo que, a menudo, cuando avanzamos en un proyecto de sociedad, tenemos que parar, hacer un paréntesis, para preguntarnos hacia dónde estamos yendo con tanta prisa, porque si no somos capaces de hacer eso, esa prisa nos puede llevar al despeñadero.

¿Recordás momentos en los que el país ha hecho ese “parón”, ha dicho “no” y ha reflexionado en torno a su futuro?

CR/ Ha habido momentos en los que el país ha llevado a cabo ese procedimiento de reflexión. Creo que la fundación de la Segunda República fue un momento así. Creo que la caída del bipartidismo, de alguna manera, fue un punto y aparte en la historia política del país que tenía que ver con reflexionar si era el rumbo del progreso neoliberal lo que le convenía al país. Y me parece que esta coyuntura en la que estamos ahora es un poco resultado de ese quiebre con el bipartidismo, que me parece que fue malogrado, que fue un momento histórico que se malogró y es eso lo que nos tiene acá.

Pienso que este Gobierno es un resultado del modelo de sociedad que mi libro critica. Podemos pensar que ese fue un punto de inflexión malogrado porque no logramos redirigir el proyecto de sociedad, sino que nos fuimos por el camino fácil de buscar un liderazgo que lo que nos promete es que las cosas pueden ser cambiadas ya.

Creo que ahí es donde está uno de los puntos o de los ejes que tendríamos que pensarnos más como sociedad, si esas soluciones mágicas de las que se nos hablan en verdad pueden dar un resultado o si lo que tenemos que pensar como colectivo, como comunidad es otro proyecto alternativo que pasa por una redistribución de los recursos, que pasa por una defensa del Estado social de derecho y que, en el caso de la Universidad, pasa por una conexión y un involucramiento con las comunidades y con otros sujetos que, además, quedaron fuera de este proyecto, porque un rasgo de este Gobierno, que a mí me parece que es muy difícil de sostener en el tiempo, es que este Gobierno se ha presentado como un Gobierno de la gente, como un Gobierno de los sectores populares, y todas las medidas que ha tomado van en contra de esos sectores populares, y eso es, justamente, el núcleo duro de lo light.

Se trata de un tipo de sociedad donde no es necesario dar cuenta de lo que se piensa, la propia ideología no necesita ser contrastada con nada, ni siquiera con la realidad, al estilo de Trump, al estilo de Bukele y me parece que cada vez más al estilo de nuestro presidente, donde las lecturas que él hace y las promesas que él hace no necesitan ser contrastadas con hechos.

Una de las cosas que más me impresionó de una de las encuestas del CIEP era que la gente señalaba como logros del presidente cosas que el presidente no había logrado. Para mí ese es el mejor ejemplo de una sociedad light, donde no es necesario lograr algo para conseguir que eso esté en la narrativa social como un hecho. Ese divorcio entre el discurso y los hechos es uno de los rasgos de la sociedad light sobre las que habla el libro.

¿Considerás que la sociedad está adormecida por este tipo de temas menores que le impiden ver o analizar temas mayores?

CR/ Sí, sin duda. Creo que el neoliberalismo es un modelo económico que además consigue entronizar una ética y esa es la ética contra la que yo escribí ese libro, esa ética del hedonismo, de la liviandad, del individualismo a ultranza, de la desocialización de la felicidad.

¿La cultura es un tema light?

CR/ Creo que vivimos en una cultura light y que esa no es la única cultura posible y que de hecho en nuestra sociedad hay muchas instancias culturales, muchas formas de hacer cultura que están tensionadas; no creo que toda la sociedad sea light. Creo que hay un proyecto hegemónico, económico que empata con esa ética light y que, a la par de eso, hay otro montón de subculturas o de contraculturas en las que hay otras maneras de hacer cuerpo y hacer comunidad, pero digamos que esa esfera no está tan considerada en el libro y que, en algún momento, me interesaría hacer. Eso implica vincularse con gente y con grupos y escucharlos.

¿Qué hace falta desarrollar en temas de cultura más allá de los Premios?

CR/ Los Premios son solo una política de reconocimiento al trabajo que, obviamente, uno agradece mucho, pero no es una forma de hacer cultura, es una forma de reconocer la cultura que ya se hace. A mí me parece que una cosa muy importante es una mayor conexión con los sectores populares y no me refiero solo a traer grupos de baile y presentarlos en San José, sino me refiero a la creación de una cultura más viva que se hace en todas las comunidades todo el tiempo, porque la cultura es algo que se hace y se deshace continuamente.

Creo que se debe regionalizar la labor del Ministerio, igual que el caso de la Universidad, lograr regionalizar el trabajo que hacemos es fundamental para que el país no comience y termine en el Valle Central. Creo que eso es vital, es democratizar el acceso, porque en estos momentos, si uno vive en San Vito y quiere ir al teatro, tiene que ir a San José. Esa falta de democratización en el acceso a la cultura es una prioridad; y la cultura, las artes y la literatura sirven para que podamos hacer una pausa y repensarnos como sociedad.

Esa labor no puede ser dirigista, no puede ser desde el Valle Central hacia afuera, tiene que ser una cosa más viva, más orgánica, que involucra a todas las regiones y a todos los actores culturales del país. Creo que en ese camino hay que avanzar. Creo que se han hecho esfuerzos. La viceministra de Cultura de la gestión anterior hizo esfuerzos significativos en esa dirección.

Foto: Anel Kenjekeeva, UCR

¿El desfinanciamiento de la cultura podría estar pensado justamente para evitar generar esos encuentros donde se estimule el pensamiento y la posibilidad de que la gente reaccione y tenga una crítica adversativa en cuanto a cómo se está manejando el país?

CR/ Creo que sí. Creo que, por un lado, cuando los sectores políticos hablan de cultura y la quieren defender, lo único que se les ocurre son los encadenamientos productivos que puede generar el sector cultura; y yo creo que sí, esa es una de las bondades que se pueden señalar del sector; pero creo que más allá del carácter productivo que esta actividad tiene como cualquier otra actividad humana que es susceptible de generar ganancias, me parece que la principal virtud que tiene el sector cultural es la posibilidad de generar instancias para que nos repensemos a nosotros y a nosotras mismas, para que examinemos el rumbo que estamos siguiendo como sociedad, para que tengamos espacios para repensarnos a nosotros y a nosotras mismas como individuos también.

Entonces, sin duda no es una prioridad de un proyecto político como el que encabeza el presidente. Más bien, esa visión de la cultura como una cosa secundaria creo que lo comparte buena parte de las élites políticas, la idea de que, en el fondo, la cultura no solo es incómoda, sino que tampoco genera riqueza, entonces ¿para qué?

Creo que una de las cosas que es interesante de la filosofía y del ensayo es que es antiproductivo. En sentido estricto no sirve para nada, sino que es solo para preguntarnos precisamente por el criterio de utilidad, por ejemplo; sirve para generar preguntas, no para generar respuestas; y en ese furor en el que andamos de buscar respuestas a preguntas que ya ni siquiera sabemos formularnos, la filosofía y el ensayo tienen un papel relevante.

¡Claro! En un mundo donde todo tiene que servir para algo, que haya algo que no sirva para nada es algo fantástico.

Tu obra habla sobre la importancia de decirle no a una serie de temas menores porque eso también construye identidad. ¿Hay temas mayores a los que deberíamos oponernos hoy?

CR/ Sí. En la lección inaugural de la Escuela de Filosofía yo enfatizaba en esto: yo no sé en qué momento la Universidad dejó de oponerse al proyecto neoliberal. O sea, yo creo que la Universidad tiene que recuperar esa vocación crítica. Nosotros, como Institución, tuvimos un rol decisivo en la posición al TLC, por ejemplo, y ese rol protagónico que teníamos lo hemos dejado de tener porque hemos estado muy preocupados y preocupadas por la percepción, a veces justificada, que la sociedad civil tiene de lo que hacemos en la Universidad, pero nosotros no podemos limitarnos a defendernos de esos ataques que recibimos, tenemos que recuperar ese protagonismo.

Creo que se nos ha olvidado como Institución, no hablo de la administración actual, que me parece más bien que ha hecho esfuerzos en la dirección correcta, pero me refiero a la Institución como un todo, nos hemos olvidado de adversar un modelo económico que genera desigualdad, que genera injusticia, que genera ese adormecimiento a nivel subjetivo. Todo eso tenemos que adversarlo porque adversarlo es la condición necesaria para que podamos imaginar otra cosa y creo que esa labor debemos estimularla desde la Universidad. O sea, parece como que ya no hay opción. Como resultado de ese pensamiento único que se nos vende, se ha instalado la idea de que no hay un más allá del neoliberalismo. Creo que ahí hay un tema mayor que tiene que ver con la distribución de la riqueza al que hay que entrarle.

Otro tema mayor es ¿qué vamos a hacer como sociedad con el tema de la violencia? Porque la violencia se ha naturalizado a un punto tal que lo único que acatamos a pedir es más seguridad; pero la seguridad solo alcanza para ponerle un coto a la violencia. Creo que tenemos que hacer algo más que frenar la violencia, hay que crear una cultura de paz que implica decirle que no a una violencia, y no me refiero solo a estas matanzas de miembros de la sociedad civil de unos a otros, sino me refiero también a resistir a la violencia como modo de relacionamiento, que es muy peligroso que eso se normalice.

Yo sí veo con mucha preocupación que el presidente un día sí y otro también maltrate a los periodistas en las conferencias de prensa, por ejemplo. Me parece que normalizar esa cultura de la violencia es algo nefasto para una sociedad y que es un tema no menor al que también tendríamos que oponernos, tenemos que encontrar otras formas de vincularnos que no pasen por la desacreditación del otro, por la negación del otro o la descalificación del otro. Ahí no solo me refiero al discurso del presidente. El comentario que hizo la ministra (de Educación) acerca del bullying pasa por la misma sensibilidad de normalizar la violencia.

Creo que el país tiene que caminar en otra dirección precisamente de desnormalizar la violencia. Medidas políticas como la penalización del acoso callejero, por ejemplo, iban en una dirección contraria a la que vamos ahora, donde cada vez es más normal la agresión como modo de vínculo. A eso tenemos que oponernos también.

¿Le dirás no al Premio?

CR/ No le voy a decir que no porque creo no es un reconocimiento solo a mí, sino a una plataforma de trabajo. Creo que no es solo mi caso. Creo que estos premios en particular son premios que reconocen la labor que se realiza desde la institucionalidad. Por ejemplo, el trabajo de los periodistas que ganaron el Pío Víquez es un trabajo que reconoce la labor de investigación que se hace desde la prensa, desde un pilar de la institucionalidad democrática que es la prensa, nos guste o no lo que diga una determinada compañía de comunicación.

El punto es que ahí se está reconociendo el trabajo valioso de gente que investiga desde una institucionalidad que le ofrece soporte para hacer ese trabajo. Lo mismo ha dicho José María Gutiérrez, el ganador del Magón, en reiteradas oportunidades, que el reconocimiento que recibe es un reconocimiento al trabajo que se hace desde un Instituto, pero además al trabajo que ese Instituto hace con comunidades desde hace décadas. Lo mismo el reconocimiento que se le dio en Artes Plásticas a Las Hartas, que tienen un discurso sumamente contestatario y que su trabajo participa de todo un esfuerzo institucional desde el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo hasta colectivos de teatro independiente de los que toman parte algunas de sus integrantes.

Entonces, creo más bien que en este momento, recibir un reconocimiento como estos a partir del trabajo que uno hace con otros y otras en una institución, es un gesto valioso que reivindica la importancia de esa institucionalidad y que reivindica también la importancia de la independencia de los jurados. Creo que eso también es algo a rescatar, que en el contexto de un proyecto que tiende hacia el pensamiento único, que la propia institucionalidad tenga los resortes internos para que se reconozcan trabajos que no vayan de acuerdo con ese pensamiento único, de lo que habla es también de la fortaleza de la propia institucionalidad.

Contra lo light. Ensayos adversativos, es el título de la obra con la que Camilo Retana ganó el Premio Nacional de Literatura Aquileo J. Echeverría 2022 en la categoría de Ensayo.

 

Fernando Montero Bolaños

Periodista, Oficina de Divulgación e Información, UCR

Festival de Movilidad Comunitaria en Palmares

La Fundación Orgánica impulsa el primer Festival de Movilidad Comunitaria, por desarrollarse el 27 y 28 de mayo, en el cantón de Palmares, en el salón comunal de La Granja, de 9 a.m. a 6 p.m.

El Festival de Movilidad Comunitaria sitúa a personas con discapacidad, mujeres y personas de la población diversa en el centro de la discusión sobre sus vivencias en el desplazamiento por pueblos y ciudades.

El Festival estará enfocado en visibilizar las experiencias de estas poblaciones, desde el arte, la cultura y la formación en temáticas como movilidad y género, accesibilidad y dignidad en la movilización de todas las personas en el país.

Se han organizado recorridos en bici, mercadito local, talleres, actividades culturales, turno, escuelita de bicicleta, charlas, actividades para infantes, Dj’s, mural en vivo y mucho más.

La Fundación Orgánica le invita a ser parte “de una cultura de movilidad sostenible, que integre a todas las personas y no deje a nadie atrás”.

Acabar la cultura nacional es parte del desmantelamiento del Estado Social de Derecho

Vladimir de la Cruz

En la década de 1960, bajo la presión del desarrollo del Mercado Común Centroamericano, que se impulsaba al empuje de la Alianza para el Progreso de los Estados Unidos, y de la reunión de Presidentes y Dictadores de Centroamérica, que se realizó en Costa Rica, en paralelo se impulsaron otros programas. Uno de ellos, el del Consejo de Defensa Centroamericano (CONDECA), que reunió los Ejércitos de Centroamérica, para maniobras conjuntas, en un período que se impulsaba la doctrina de la contrainsurgencia y de la lucha anticomunista, por la recién triunfada Revolución Cubana.

Costa Rica se integró al CONDECA como país observador, y participó, poco tiempo después, de manera infame, en la intervención militar que hiciera y encabezara Estados Unidos en República Dominicana, en 1965.

Otro Programa fue el de la ROCAP, con el cual se planeó la divulgación de textos educativos para Centroamérica, especialmente en sus zonas rurales y marginadas, restos que carecían de contenidos nacionales, de tradiciones históricas precisas, de símbolos nacionales. El propósito era destruir la identidad nacional, la memoria nacional e insertar a los niños y jóvenes en un concepto regional sin valores ciudadanos de identificación particular con cada país en concreto. En el caso costarricense, dichosamente, la Escuela de Educación de la Universidad de Costa Rica combatió fuertemente estos textos y esta política educativa que se quería imponer.

Por aquellos días, y hasta 1978, se impulsaba el desarrollo del Estado Social de Derecho, el llamado Estado Asistencialista o Benefactor, que alcanzó su mayor apogeo en el gobierno de Daniel Oduber, con gran número de empresas estatales.

A partir del gobierno de Rodrigo Carazo el Estado Benefactor empezó a desarticularse, cuando el presidente impulsó la disolución y privatización de esas empresas estatales. Luego siguieron los Planes de Ajuste Estructural a partir del gobierno de Luis Alberto Monge, y las políticas de Tratados de Libre Comercio, a partir de los gobiernos de 1990, que modelaron, y siguen perfilando, la Costa Rica actual.

La situación internacional, provocada por la caída del Sistema Mundial Socialista, la disolución de la Unión Soviética y la caída de los sistemas socialistas en los países europeos que formaban parte de ese Sistema Mundial, favorecieron más fuertemente las políticas neoliberales a escala universal, hizo surgir en esos años a los Estados Unidos como la super potencia hegemónica mundial, papel que está perdiendo, con el desarrollo del multilateralismo y de varios países que reclaman este papel director mundial compartido.

La guerra estimulada en Ucrania es parte de esa disputa por presidir el control hegemónico mundial, bordando criminalmente la posibilidad de desatar una III Guerra Mundial, que de realizarse alcanzará inevitablemente al continente americano y a los territorios de Canadá y Estados Unidos, que son países integrantes de la OTAN, de continuar la OTAN con sus planes guerreristas y hegemónicos.

A la desintegración del Estado Social de Derecho, al debilitamiento de las instituciones nacionales que lo constituyen, se han sumado ahora las políticas de debilitamiento, y de ser posible de desaparición, de las instituciones culturales. Es una lógica perversa la que se está imponiendo desde el ejercicio político de la Casa Presidencial.

Acabar con la cultura, con sus diversas manifestaciones que tienen amparo institucional, es parte de este proceso neoliberal. Interesa impulsar una nación de borregos, de gente sometida dócilmente, o por temor, o intimidación, a la voluntad impuesta del gobernante y de quienes le acompañan en esta desintegración de la cultura nacional. Eso se acompaña de nuevos valores asociados a la cultura del neoliberalismo, la de la cultura como negocio, la de la cultura de los grandes espectáculos musicales, que apartan a los jóvenes especialmente, y a otros sectores nacionales y populares, de los valores históricos nacionales, de la tradición cultural costarricense. Desnacionalizar culturalmente al país pareciera ser el objetivo del proyecto neoliberal que cabalga desbocadamente en Zapote.

Puedo entender que una persona que ocupa el recinto presidencial, que no ha vivido 35 años en el país, que aparentemente ni venía a vacacionar cuando podía hacerlo, esté bastante desarraigado y desconozca mucho el desenvolvimiento histórico del país, y por ello carezca del conocimiento histórico cultural porque en tanto tiempo de lejanía poco tuvo que ver con esa tradición y el conocimiento básico de los lineamientos históricos y culturales de la nación costarricense. Pero, que quienes le acompañan, o quienes le aconsejan en la toma de decisiones lo han rodeado o le han hecho rodear de ignorantes como él.

Lo que se está haciendo con las instituciones culturales, en el Ministerio de Cultura es un acto criminal institucional. Es la expresión de la liquidación de la cultura como parte de la liquidación que se impulsa del Estado Social de Derecho, es lo que sigue, para tener hasta donde sea posible un pueblo mal educado, sin educación, sin cultura general y precisa, sin valores nacionales, sin cultivo de tradiciones históricas, y sin rescate, promoción y conservación de estas tradiciones y de este conocimiento de la Patria, y de la nación costarricense.

Decía Nicolás Maquiavelo que el Príncipe, el Gobernante, no debe ser religioso, pero que debía aparentarlo. Lo aconsejaba como acto importante para la toma de decisiones del Gobernante.

El Presidente Chaves pareciera no tener nada de cultura y conocimiento histórico costarricense, pero como Presidente por lo menos debe aparentarlo, para sus decisiones importantes, en un campo sensible como la cultura y la educación, como para sus práctica política cotidiana.

El Presidente debe aparentar ser un hombre culto, lúcido, con brillo mental. Si de ello carece, por lo menos debe rodearse por quienes le puedan dar ese brillo, esa luz, le cubran sus vacíos culturales e históricos, y con le hagan brillar su gobierno, que por ahora es bastante opaco.

Lo peor que nos puede pasar a los costarricenses es que el Presidente se luzca como el ignorante más grande del país, como un deficiente mental que actúa o se comporta con poca o casi ninguna inteligencia, como un tonto, pensando más en sus intereses y en su figura personal presidencial que en los asuntos públicos que debe atender.

¿POR QUÉ DESTRUCTORES Y MALANDRINES? (II)

Adriano Corrales Arias*

La contrareforma neoliberal aprovecha la ventaja comparativa de un gobierno supuestamente popular con un presidente que recibe apoyo mayoritario. Se apresura a concretar la ruta iniciada hace más de cuarenta años: desestructurar y privatizar el Estado Social de Derecho. La clausura ha iniciado por las secciones más sensibles: cultura, educación y salud. En estos artículos me ocupo de la primera, la fundamental según mi criterio, puesto que la cultura, en su acepción más antropológica, es la argamasa de toda sociedad. Me limito, claro está, a la institucionalidad construida en nuestro país para difundir y promover “cultura” desde el gobierno central.

El actual Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ) es un híbrido encabalgado entre el modelo difusionista de las bellas artes proveniente de la socialdemocracia liberacionista aupado por el socialcristianismo, con una “nueva visión” de la cultura en su sentido más antropólogico, aunado a una visión neoliberal de la gestión artístico/cultural: un verdadero ornitorrinco. Me explico: el estado benefactor, con la contrareforma neoliberal iniciada en los años ochenta del siglo pasado, fue desmontándose de a poco con una pugna entre el originario difusionismo socialdemócrata, la regionalización y la cogestión neoliberal. Es decir, al lado de quienes al interior conciben la cultura como una práctica más antropólogica y nacional, perviven los que conciben la cultura como la promoción y difusión de las llamadas bellas artes y, sobre todo en las últimas administraciones liberacionistas y del PAC (son las mismas, ¿no?), quienes creen que hay que recortar el estado y dejarle esas tareas a la iniciativa privada, a las industrias culturales.

No hay duda de que el principal objetivo de la presente administración es finalizar la contrareforma neoliberal, acelerada en los últimos desgobiernos, enterrando de una vez por todas el Estado Social de Derecho al constreñir sus principales funciones y privatizar sus tareas estratégicas (salud, educación, seguridad, telecomunicaciones, banca, entre otras). Las primeras medidas para el recorte fiscal se orientaron hacia el empleo público y la contención del gasto en términos de servicios; nada sobre la evasión y elusión fiscal ni el pago de intereses de la deuda, auténticos disparadores del déficit. Todo ello indicaba que Cultura también estaba en la mira del empequeñecimiento estatal, toda vez que no es un ministerio importante para la hacienda pública (en manos neoliberales), a pesar de que el anterior presidente fuese “escritor” e intelectual progre procedente de la universidad pública, lo mismo que su predecesor.

Quedaba claro entonces que, para realizar reformas en ese ornitorrinco/elefantito blanco vallecentralino, había que arrancar otras reformas a nivel económico y político. Dicho de otro modo, se precisaba de un proyecto país que definiera si se trataba de una verdadera “revolución cultural” (visión del progresismo PAC) o de la defensa del Estado Social de Derecho con toda la institucionalidad instalada en términos socioculturales. Lo práctico, entonces y ahora, por obviedad, era la defensa de lo construido, es decir, la protección de los derechos laborales de los funcionarios de cultura y de todo el estado, así como la revitalización del mismo a través del cobro real de los tributos persiguiendo a evasores y elusores fiscales tal y como corresponde. Y claro, consolidar las entidades artísticas descentralizadas con las demás instancias de promoción cultural.

La otra discusión que hace algunos años proponía, giraba en torno al modelo a seguir de acuerdo a las Políticas Culturales vigentes, así como las reformas legales que se precisaban para robustecer un ministerio minimizado, difusionista y paternalista concebido para “artistas” y gestores del valle central; acaso un poquito de folclor y turismo para las regiones periféricas. Es decir, se trataba de reconceptualizar en profundidad lo que debíamos entender por CULTURA, así como las políticas y la estructura administrativa de cara a los grandes desafíos y necesidades que tenía y tiene el país, especialmente en las regiones periféricas con énfasis en las marginales, tales como las costas, las altas montañas, el norte/norte y el sur/sur. Para ello debía pensarse en una estrategia de lucha que involucrara, ya no solo a los artistas y trabajadores de la cultura, sino también a empleados públicos, sobre todo de la educación, y a trabajadores organizados en general.

Se trataba de una alianza entre sectores de trabajadores públicos con la posibilidad de desarrollar una estrategia de lucha para la defensa del estado costarricense en su mejor modelo de planificación y acción social diversificada. Dicha alianza debería pasar por acuerdos con universidades públicas, educadores medios y primarios (organizaciones gremiales y colegiaturas), municipalidades, asociaciones de desarrollo comunal, casas de la cultura y grupos artístico/culturales locales. Todo un reto entonces y todavía, aunque ya el rancho arde sin que se vislumbre oposición organizada alguna. La contrarreforma neoliberal ha golpeado tanto a la sociedad civil que los temores, la desconfianza y la inseguridad nos mantienen atomizados y sin arrestos para la pelea. El reflujo es total.

*Escritor

Sin cultura no hay democracia

Dr. Oscar Aguilar Bulgarelli

En otras oportunidades lo he expresado, sin cultura no hay democracia. Por eso, como bien lo ha dicho el recientemente galardonado pensador italiano Nuccio Ordine “los políticos matan la cultura porque desprecian la cultura, pero también porque le tienen miedo”

La primera actitud se debe, como lo han dicho muchos pensadores humanistas de nuestro tiempo, porque consideran útil solo aquello que genera utilidades o ganancias y creen, por lo tanto, que la cultura es inútil. Es la visión materialista y utilitarista de los políticos que, encumbrados al dominio del mundo y por ende del país, por las grandes corporaciones internacionales y sus ramificaciones nacionales, ven en la ganancia y el lucro su única meta. En otras palabras, cumplen a cabalidad las ordenes de su amo. Hace un par de siglos, con visión de futuro, el pensador Giacomo Leopardi veía aquel siglo XIX como soberbio y estúpido, en el que la política y la estadística se sobreponían a las humanidades. ¿Qué diría al ver la situación en nuestro tiempo? Posiblemente adjetivos como soberbio y estúpido, quedarían cortos.

Para muchos de políticos y poli-ticos jugando a tales, hoy tratan de confundir los términos gobernabilidad con gobernanza, pues el primero es el arte de gobernar pensando en el bien común, no en el afán de lucro; el segundo es un concepto sacado de la visión gerencial de las empresas, cuya satisfacción se mide en el rendimiento a favor de la ganancia como ahí corresponde, pero que no es aplicable a la gobernabilidad o arte de gobernar un pueblo. Como bien dice Tzvetan Todorov en “Los Enemigos Íntimos de la Democracia” lo que buscan es sustituir el gobierno de los hombres por la administración de las cosas, aplicando las técnicas de management “que deteriora la vida social y psíquica de las personas a las que se aplica, pero solo mejoran marginalmente los resultados de las empresas”.

Pues bien, estos nuevos “gobernanzos” o “gobermensos” ven en la cultura algo inútil, que no genera ganancia ni riqueza; por ello ahora se han inventado otro tema: la economía naranja. Con ella quieren darle a la cultura un sentido utilitario, que genere beneficios. Dicho así, parece interesante y hasta aceptable. Pero el común de los ciudadanos y hasta muchos involucrados en el mundo de la vida cultural, generalmente necesitados de recursos económicos para realizar sus obras, no se dan cuenta que esa “economía naranja” implica también la aceptación de otro concepto impuesto por los nuevos “gobernanzos” que hablan de la “industria de la cultura”. Es decir, la acción cultural en cualquier campo que se desarrolle debe verse como un producto industrial capaz de generar ganancias y para ello, eso sí, necesitan de una buena “gobernanza”. Entonces, ¿dónde quedan aquellas actividades en las que lo importante es el desarrollo de la inteligencia, la mente, el espíritu humano en las cuales la ganancia mercantilista no es su esencia ni tiene importancia? Como decía el ex Presidente don Ricardo Jiménez…en el pudridero de la Historia. Porque para ellos la cultura vista así, sin utilidad, se vuelve inútil; los nuevos creadores deben “pensar sus obras” con sentido de mercado, para que sean apetecibles a los nuevos mecenas que ven en ellas una posible ganancia, un posible beneficio, gracias al trabajo de esa nueva clase obrera sin libertad en una sociedad “corrompida por la dictadura del beneficio” (Ordine N.)

Por eso es necesario demostrar que la importancia de la cultura, o como lo llama Ordine: la utilidad de lo inútil y es que, precisamente, no hay poder económico que pueda comprar la verdadera libertad del pensamiento que crea el conocimiento. Cuando la creatividad, inquietud y búsqueda de la verdad queda supeditada al interés y el gusto del mecenas, todo se pierde, la cultura debe ser la gran creadora de sociedades libres, sin ella nos convierten en una sociedad sojuzgada y limitada a los “valores” que imponen desde los medios de comunicación y sistemas educativos.

Esa es la otra razón por la que, no solo desprecian la cultura, sino que le tienen miedo. Tradicionalmente los políticos no gustan del pensamiento libre que les contraponga algunas ideas a las que ellos exponen, con contadas excepciones, aunque en democracia no les queda más remedio que aceptarlo pues en dicho sistema político es fundamental. Sin ese contraste de ideas o la falta de cuestionamientos serios, la democracia fallece. Precisamente uno de los mayores pecados de la globalización y el globalismo, es la imposición del llamado: pensamiento único, es el nuevo credo que empieza con: creo en el marcado, como el nuevo dios, creo en la banca, como su templo, creo en la desregulación, como el mejor sistema, creo en la libertad para mí negocio, no para lo demás…y así podemos seguir largo rato.

Para ellos la cultura es peligrosa, pues crea hombres y mujeres libres capaces de tener sus propios criterios, puntos de vista, intereses contrapuestos, ambiciones legítimas, deseos de vivir su propia vida y no la que les imponen desde los altares del poder o de los oráculos mediocres y programas de los medios de comunicación. Si, la cultura es un peligro, por eso prefieren seguir viéndola como algo inútil que puede desecharse.

En los últimos años ha surgido un enemigo más peligroso, dañino y devastador para la cultura: los autócratas o aspirantes a serlo. La mayoría de las veces surgen como jugadores nuevos, fuera de las estructuras tradicionales o “outsider” como dicen en inglés, o un “colado” a la tica. Estos fulanos han accedido al poder por medio de las formas electorales que les brinda la democracia, pero en el sótano de sus inescrupulosos sentimientos la odian, y desean destruirla. No importa sin son del Norte, del Centro o del Sur, de la vieja derecha o izquierda, ateos o creyentes, da igual, todos son Coyotes de la Misma Loma, como los llamo en mi libro. Lo único que desean es el poder para su beneficio, el de sus amigos y circulo cercano, que vengan a sustituir a los anteriores detentadores de él. Para ellos la cultura es fatal, porque lo primero que se suprime es el derecho a pensar, montando conferencias de prensa a distra y siniestra como teatro bufo para engañar al pueblo (Chávez o Maduro de Venezuela, López Obrador en México, Bukele de El Salvador y el Chaves costarricense).

En Costa Rica uno de los mayores atentados a la democracia, de muchos que ya se han dado, es el desmantelamiento y destrucción del Ministerio de Cultura y Juventud. Con el nombramiento de una persona sin curriculum conocido, no le ha importado hacer el “ridiculum” público, para satisfacer a su jefe con aires de autócrata y acabar con todas las políticas culturales que han sido rica herencia de valiosas gestiones del pasado. Para citar dos nada más, resulta incomprensible el cierre de hecho del Archivo Nacional, no solo por el acervo histórico que representa, sino porque es de utilización diaria de todos los notarios del país para miles de trámites de carácter judicial y legal; o la paralización de la Orquesta Sifónica Nacional orgullo del país a nivel mundial, y ni qué decir del peligro en que se han puesto las ferias de libros, realizadas conjuntamente con el Ministerio y así muchas otras actividades.

Pero reviste especial gravedad el hecho que, ante el rebajo presupuestario de 4000 millones de colones en el presupuesto para el año 2024, otro enemigo reconocido y declarado de la cultura como el ministro de Hacienda Nogui Acosta lo justifique diciendo que, al no utilizarse esa suma en el 2023, por la lógica utilización efectiva de los recursos, simplemente lo rebajaron, evidente mentalidad de “gobernanso o gobermenso”

Entonces veamos el otro lado de la moneda, la señora Nayuribe Guadamuz Ministra de Cultura, lo único que puede mostrar es su accionar también autoritario, despidiendo a más de veinte funcionarios de alto rango del Ministerio, por el pecado de haber mostrado sus desacuerdos con ella: pero no ha logrado concretar un solo proyecto de importancia para el país. Por el contrario, con su manera de proceder, está más apegada a las políticas propias de los autócratas de acabar con los organismos promotores de la cultura, por ser un camino efectivo para acabar con la democracia. ¿Será eso lo que buscan en este gobierno del “des-chave”?

¿POR QUÉ DESTRUCTORES Y MALANDRINES? (I)

Adriano Corrales Arias*

Adriano Corrales Arias

Circula la noticia de que la Orquesta Sinfónica Nacional de Costa Rica (OSNCR) dejará de existir por falta de recursos financieros. Lo mismo sucede con el Ministerio de Cultura y Juventud, el cual, de seguro, será clausurado. Es la crónica de una muerte largamente anunciada, como trataré de evidenciar en este y dos artículos más. Lo cierto es que la contrarreforma neoliberal, iniciada hace más de cuarenta años, cuya ruta es la desestructuración del Estado Social de Derecho, está culminando su arremetida ingresando por las áreas más sensibles del alma patria: la cultura y la educación. Para ello ha diseñado gobiernos como el actual, plagados de incompetencia, ignorancia, charlatanería y un odio esquizofrénico hacia lo público. Es la cultura de la cancelación y de las anti humanidades.

La OSNCR fue fundada el 31 de diciembre de 1940 gracias a los oficios de la entonces primera dama de la República, Ivonne Clays Spoelders, los hermanos Reyes Calderón, el músico uruguayo Hugo Mariani y el violinista Alfredo Serrano. En ese año, bajo la batuta del mismo maestro uruguayo Mariani y con cuarenta músicos, la así bautizada “Orquesta Nacional” realizó su primer concierto en el Teatro Nacional. En 1942 el presidente de la República, Rafael Ángel Calderón Guardia, le otorga una subvención mensual a la agrupación, así como el rango de Orquesta Sinfónica Nacional de Costa Rica, luego de agudas carencias financieras en los primeros años de su existencia.

En 1970, con la creación del Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ) durante la tercera administración del presidente José Figueres Ferrer, maduran las condiciones para que la entidad adquiera el perfil y el rango artístico de auténtica orquesta sinfónica profesional, mediante la reforma y reorganización impulsadas por don Alberto Cañas, primer ministro de Cultura, apoyado por su viceministro Guido Sáenz. Actualmente es considerada una de las mejores orquestas de Latinoamérica; en noviembre del 2017 fue galardonada con el Grammy Latino en la categoría de “Mejor álbum de música clásica” por su disco Música de Compositores Costarricenses Volumen 2. Sus álbumes Bossa Nova Sinfónico y Música de Compositores Costarricenses Volumen I también fueron nominados al Grammy Latino en los años 2013 y 2014.

La orquesta está integrada por setenta y dos músicos profesionales, 87 % de los cuales son costarricenses, la mayoría como estudiantes de su Programa Juvenil. Ha efectuado giras nacionales e internacionales por Asia, Europa, Norteamérica, Centroamérica y el Caribe. La agrupación realiza cerca de ochenta conciertos al año, cuenta con once producciones discográficas y es una de las instituciones culturales más prolíficas del país. En el año 2022 más de veintisiete mil personas asistieron a las presentaciones que ofreció en diversos escenarios costarricenses. Recientemente se ha presentado con el conocido cantante italiano Andrea Bocelli, el violonchelista Gary Hoffmann, el violinista Philippe Quint y la flautista Jasmine Choi, así como con los directores Shlomo Mintz, Giancarlo Guerrero, James Judd, Mark Laycok y José Serebrier, entre otros.

He allí la institución que el actual gobierno, recipiente, resultado y disparador de las políticas neoliberales de los últimos cuarenta años, desea clausurar alegando la cacareada y falaz crisis fiscal. Pero no es sólo la OSNCR lo que desean clausurar (¿y privatizar?). También se cerraría el Sistema Nacional de Educación Musical (SINEM) creado en el 2007 y ratificado mediante decreto en el 2010 con el afán de estimular el desarrollo humano a través de la música. Es un órgano de desconcentración mínima del MCJ, con personería jurídica instrumental, encargado de promover la creación y el desarrollo de escuelas de música, programas orquestales y programas especiales de promoción de la música. Al día de hoy cuenta con veinte escuelas distribuidas en el territorio nacional con los siguientes programas especiales: Atención de Primera Infancia, Música con Accesibilidad para Todos – para personas con necesidades educativas especiales – y Programas de Atención Prioritaria, ubicados en diversos puntos del país.

Como se ve, la contrarreforma es una auténtica contrarrevolución cultural. Desea cerrar las instituciones artísticas y culturales existentes con el ánimo de hacer tabula rasa sociocultural y educativa para continuar martillando con el discurso único del mercado total, léase totalitario. La voracidad de un pequeño grupo no repara en la salud emocional y espiritual de una población que, hasta hace poco, se ufanaba de presentar como la “más feliz del mundo”. Ni se diga de la salud física porque lo mismo sucede en el mundo productivo y laboral. He allí el verdadero significado de la malhadada y grotesca frase “comerse la bronca”. La meta es convertir a Costa Rica en el país desigual y pobre de la primera mitad del siglo XX, pero ahora con una población cinco veces mayor.

*Escritor

FEUNA rechaza posible recorte de presupuesto al Ministerio de Cultura y Juventud

Comunicado de prensa

  • Recortar 4 mil millones puede significar un cierre técnico en su totalidad a funciones del MCJ.

Sin ningún tipo de sorpresa, días atrás se anunció el probable recorte al presupuesto del Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ) para el próximo año, siendo un empujón más a la propuesta de recorte que planteó directamente este mismo ministerio el año anterior. Desde la Federación de Estudiantes de la Universidad Nacional (FEUNA) se mantiene una posición en contra de esta posible medida.

“Es importante recordar que este ministerio es el que tiene más órganos desconcentrados, que realiza una labor de atención directa a través de sus programas y proyectos a poblaciones de zonas vulnerables como Agua Zarcas, Pococí, Garabito, Santa Cruz. Además, sus proyectos permiten atender a la niñez, adolescencia de zonas en las que el riesgo a la inseguridad y delincuencia son parte del cotidiano y que es por medio del arte y la cultura que se atiende de manera integral a estas poblaciones”, indicó la federación.

Para la FEUNA, este recorte significa:

  1. Para el Parque de la Libertad: amenaza la continuidad de programas de formación para el empleo (CETAV), emprendimiento, STEAM, reforzamiento escolar, alfabetización digital, prevención de la violencia, habilidades para la vida y desarrollo socioemocional. Se corre el riesgo de un cierre total al Parque de la Libertad.
  2. Recorte a los fondos SOS Socio culturales que afecta directamente: gestores culturales, organizaciones y asociaciones comunitarias.
  3. Al Teatro Melico Salazar un recorte que afecta a: la Compañía Nacional de Danza, Compañía Nacional de Teatro, Taller Nacional de Danza, Taller Nacional de Teatro, Programa Proartes.
  4. Una afectación al Centro Costarricense de Producción Cinematográfica lo cual afecta al fondo para el fomento Audiovisual y cinematográfico “El Fauno”.
  5. Todas sus actividades centrales (mantenimiento, alquiler, pago de servicios, insumos, telecomunicaciones, informática…)
  6. Reduce el presupuesto destinado a las diferentes becas (Becas Taller, Puntos de Cultura, proyectos recibidos en las diferentes convocatorias), investigación y conservación de patrimonio, promoción de las artes, producción artística y cultural.
  7. Se añaden también diferentes reducciones como en los fondos a los procesos en diferentes comunidades; afectaciones al 50% en la atención de los espectáculos asociados al PND y la misión del TNCR, sin capacidad en contratos a directores, gremio de teatro, danza y música, diseño de vestuarios, escenografía y utilería, cierre del programa “Érase una vez”.
  8. La no participación del MCJ en la Feria del Libro dejaría sin trabajo a más de 300 personas. Vulnerabilidad a los Centros Cívicos por la Paz y la labor en Casas y Centros de cultura.
  9. Cierre total de la Orquesta Sinfónica Nacional, Museo de los Niños, Museo de Arte y Diseño Contemporáneo y más…
  10. Desaparece el proyecto “Teatro en el Aula” con más de 15.000 estudiantes beneficiados, desaparece el Festival Nacional de Danza y el Encuentro Nacional de Teatro con más de 25 agrupaciones y más de 200 personas beneficiarias.
  11. Cierre de operaciones del archivo nacional.
  12. Los montajes de la Compañía Nacional de Teatro, Danza y sus actividades docentes con más de 350 talleres que incluyen 3723 estudiantes dentro y fuera de la GAM.

Estas son algunas de las afectaciones de este recorte, lo planteado puede significar un cierre técnico en su totalidad a funciones del Ministerio.

Al aprobarse este recorte, el Ministerio de Cultura y Juventud queda sin la capacidad de ejecución, sin margen de acción, cierres técnicos, más de 500 personas sin empleo al no realizarse festivales y despidos en asistencia en las áreas técnicas y mantenimiento, más de 18.000 estudiantes perderán el contacto con la cultura y el arte.

“Esta propuesta de recorte es totalmente inaceptable, irresponsable e incoherente a la realidad país en donde el arte y la cultura ocupan un papel fundamental en la reactivación de la economía, reducción de la inseguridad, formación, gestión en comunidades, acceso a derechos humanos fundamentales como la educación, el ocio, la libertad de expresión, salud mental y una vida digna”, manifestó Clareth Calderón, secretaría general FEUNA.

La FEUNA convoca este miércoles 17 de mayo a las 4:30 p.m. a manifestarnos en la Plaza de la Cultura para que este gobierno no avance con su propuesta neoliberal de recortes.

“Hacemos un llamado a toda la comunidad nacional, a las personas artistas, trabajadoras de la cultura, a colectivos independientes, a todas aquellas personas que se han visto alguna vez permeadas por el arte a unirse, a levantar la voz y evidenciar los intereses del actual gobierno”, concluyó Calderón.

Oficina de Comunicación

Universidad Nacional, Costa Rica

Sin Tractores y sin Violines, el día en que murió la Orquesta Sinfónica Nacional

María Irene Monterroso González

Esta semana, como Orquesta Sinfónica Nacional, estuvimos tocando conciertos didácticos en instituciones educativas. Como parte de nuestras funciones, tenemos programas de extensión a comunidades en todo el país. Hoy nos recibió una escuela pública. Entre paredes deterioradas y una infraestructura deficiente, se asomaban las sonrisas de los niños y jóvenes que esperaban con gran expectativa nuestro concierto. Ver quizá violines, bajos, trombones o instrumentos de percusión por primera vez, es la causa de este gran asombro.

Hoy, sin embargo, en el corazón de nosotros los músicos, se anidaba un sentimiento de nostalgia, sentimiento nacido al conocer que quizá, este sea nuestro último año de vida como Orquesta, que la Benemérita Orquesta Sinfónica Nacional, se encuentra en cuidados paliativos y a punto de morir. Y no solo la orquesta, sino el Instituto Nacional de la Música, lo que se conocía como el Programa Juvenil, aquel programa que vieron nacer niñas y niños en los años 70. Esos jóvenes que por primera vez se acercaron a un instrumento y que incluso conforman hoy día, años después, puestos como profesores y músicos en la orquesta. La triste noticia del recorte presupuestario para el próximo año al Centro Nacional de la Música incluye a la Orquesta Sinfónica Nacional y al Centro Nacional de la Música provocando un cierre técnico en la institución.

Parece impensable, la desaparición de la Orquesta Sinfónica Nacional. Hoy es una realidad posible. ¿Como llegamos a esto? ¿Como empezamos a vislumbrar la pérdida de una institución como la nuestra?

Hacía unas décadas que el liderazgo político del país planteaba un estado social de derecho. Vivimos décadas exactamente de eso, un estado abocado a los programas sociales en educación, salud, cultura. Entre las grandes instituciones que se crearon, se fundó la Orquesta Sinfónica Nacional. El programa Juvenil entonces, fue uno de los primeros en América, modelo copiado por Venezuela y demás países latinoamericanos, un ejemplo para el mundo de paz y democracia. Un país que decidió invertir en educación y cultura o por lo menos esa imagen hemos vendido en el plano internacional hasta ahora.

Hoy, a través de un marcado deterioro en los últimos meses, vemos como ese ideal, esa visión, se va exterminando. En una creciente y marcada disparidad social, el acceso a la educación y a la cultura se ha vuelto más compleja. A la larga, las manifestaciones artísticas, la educación integral, el acceso a la cultura, lo que es un derecho de todo costarricense, se volverá un privilegio de algunos pocos. Y aquel niño que nació en la pobreza, que necesita de los comedores escolares y que su única oportunidad de escuchar una obra sinfónica es a través de un concierto como el de hoy. ¿Que pasara con él? Se quedará en su triste realidad de paredes rotas y recursos escasos sin un SINEM al que asistir ni una banda a la cual escuchar. Crecerá viendo aquellos otros que si nacieron del lado correcto de la sociedad. Yo no me imagino una Costa Rica así, de hecho, no quiero una Costa Rica así. Yo nací en un estado social de derecho, un país en donde los programas sociales han sido una prioridad. Pero parece que ya no importan las sonrisas de los niños ni el asombro de un joven al escuchar por primera vez una sinfonía de Mozart. Plagados de problemas sociales, vemos una Costa Rica que se hunde cada vez más en la delincuencia y el desasosiego social, índices altos de asesinatos diarios y un marcado problema con el narcotráfico. Resulta ser al final del día, que dicha sonrisa vale menos que los dólares que se ahorran al cerrar programas.  Un desarrollo integral de una sociedad no puede ir desligado del desarrollo cultural. Eso lo sabe un gobierno culto. Parece ser que nos quedamos sin tractores y sin violines.

Imagen: https://cnm.go.cr

UCR, Voz experta: La importancia de una formación humanista en un país multiétnico y pluricultural

Verónica Jerez Brenes

Por: Verónica Jerez Brenes

Cuando las personas visitan la página de la Escuela de Estudios Generales se encuentran con las siguientes frases: “Los Estudios Generales son el conjunto de cursos que fundamentan la formación universitaria, basados en perspectivas humanistas y en el desarrollo de pensamiento crítico. El Humanismo es la reflexión sobre el ser humano y su condición en el mundo. Su fin es buscar de manera permanente y libre, la verdad, la justicia, la belleza, el respeto a las diferencias, la solidaridad, la eficacia y la eficiencia.” Esto lo vivimos día a día en las aulas, las personas matriculadas en los cursos de Humanidades rompen su burbuja, muchos salen de sus comunidades para enfrentarse a nuevos retos, uno de ellos, es tomar conciencia de que Costa Rica es multiétnica y pluricultural. Tendrán compañeros y compañeras que vienen no solo de distintas localidades, sino que se han enfrentado también a situaciones producto de su condición de género y etnia.

La historia de un país es algo vivo y en constante cambio. Tradicionalmente, en Costa Rica, se implementó de manera exitosa esa visión de los liberales del siglo XIX en la que, se nos decía que los costarricenses provenimos de un grupo homogéneo desde el punto de vista étnico. Nada más alejado de la realidad pues basta con revisar las Genealogías de Cartago, de Monseñor Sanabria, o los libros de parroquia de las distintas iglesias en los cuales se registraba la presencia de población de distintas etnias, esto fruto del pasado colonial: mulatos, mestizos y muchos otros grupos nacidos del proceso de mestizaje, muy a pesar de la intención inicial de las autoridades españolas para que esto no ocurriera.

Como se ha mencionado, ese proyecto de los liberales del siglo XIX había mirado hacia dentro del Valle Central, con una interpretación del ser costarricense que negó la presencia de grupos indígenas y afro, a pesar de sus menciones en crónicas coloniales. Estos grupos han estado presentes a lo largo de la historia, han tenido participación y relevancia en el devenir histórico nacional. Se parte del principio de igualdad ante la ley garantizado por la legislación nacional y por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, disfrutamos y defendemos los derechos de primera generación, pero bajo esto muchas veces persisten practicas sociales excluyentes, se pasa por alto la importancia de preservar los elementos distintivos de cada pueblo: formas de vestir, peinarse o preparar platillos nos hablan nuestra propia historia o, mejor dicho, de muchas historias.

Contrario a esos mitos que nos hablan de la homogeneidad étnica nos encontramos con los pueblos originarios que aún reclaman su derecho a la tierra y la visibilización de sus luchas. Si bien estamos conscientes de que durante el periodo colonial se produjo una disminución de la población originaria debido a múltiples factores como la muerte por las enfermedades provenientes de Europa y el mismo proceso de mestizaje, sería erróneo decir que desaparecieron por completo; y algunos de los grupos que permanecieron se vieron obligados a trasladarse, especialmente con la fundación de los llamados pueblos de indios fuera del Valle Central.

Ya lo había mencionado Miguel Rojas Mix en su texto de 1991 cuando nos hablaba de los “cuatro abuelos” o para ser más claros podríamos decir abuelos y abuelas -esto como una forma de reconocer el aporte de las mujeres a lo largo de historia- tomando en cuenta que provenían de los pueblos originarios, de los peninsulares, las personas en condición de esclavitud traídas al continente y, ya desde mediados del siglo XIX y la primera mitad del XX: los inmigrantes. Estos llegaron con la construcción del ferrocarril y las plantaciones bananeras, fueron italianos, chinos, jamaiquinos y antillanos, solo por mencionar algunos. Esto nos pone en evidencia que, de alguna manera, los grupos indígenas y afrocoloniales fueron de alguna manera asimilados o invisibilizados posterior al proceso de Independencia buscando, como bien lo indica Diana Senior: “la homogenización sociocultural que dichos representantes políticos, desde sus propias perspectivas, habían entendido como necesarias para limar (aunque parcial y artificialmente), las discrepancias que pudiesen surgir durante los procesos de construcción de las respectivas Repúblicas en Centroamérica” (Senior, 2018, p 194).

Con las nuevas olas migratorias a inicios del XX y asociada con la ideología del progreso, resurge el tema de la población diversa étnicamente debido al tipo de trabajadores que llegan a Costa Rica, estas personas vienen en una condición distinta, es mano de obra libre y se ubica en la zona del Caribe. Son personas que traen otro idioma, religión y prácticas culturales distintas y que los consideran como extranjeros. Los estados ven en el pasado colonial “el atraso” nuevamente hacen eco de las diferencias étnicas como parte de sus discursos con miras al “blanqueamiento” de su población, unas veces de forma tácita como la negación de la diversidad y de su presencia como el caso de los grupos indígenas en Costa Rica, y otras en manifestaciones concretas al emitir directrices acerca de la negativa de recibir a determinados grupos de población migrante como mano de obra.

En este sentido, los procesos educativos escolares fueron exitosos al promover el mito de la blanquitud y el pacifismo, especialmente con una enseñanza de la historia nacional centrada en las efemérides y que reconocía esa “diversidad” si acaso unos cuantos días al año y que está pensada en una perspectiva vallecentralina. En el 2016 un estudio de Campos, Raventós y Barrantes, sobre la composición genética de los costarricenses nos revela como una sociedad multiétnica y que varía su composición étnica en las distintas regiones del país, mostrando desde otra disciplinar que somos una sociedad multiétnica.

Por eso la reflexión en las aulas debe estar acompañada por la capacidad que ofrece la investigación y la docencia, y por medio del intercambio de información para conocer sobre otras culturas ya sea dentro o fuera del país; los cursos de Humanidades se abren como espacios que nos posibilitan reconocer el valor de la diversidad en un sentido amplio. A través de una formación humanista tendiente al diálogo y al pensamiento crítico podremos sobrepasar esas fronteras invisibles que nos dicen que dependiendo de cómo nos vemos o nos ven pertenecemos a cierta parte del territorio nacional, casi como negando la posibilidad de trasladarnos libremente por el país y de practicar libremente las expresiones culturales propias, cayendo en un juego que nos dice que debemos abandonarlas para “encajar”, donde más bien, estamos en un momento en el que el rescate de lo que nos hace ser costarricenses debe estar basado en los aportes de las distintas culturas y etnias que conviven en el territorio nacional.

 

Prof. Verónica Jerez Brenes
Profesora Escuela de Estudios Generales. Universidad de Costa Rica, UCR