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Directorio Nacional de la Asamblea de Trabajadores y Trabajadoras del Banco Popular realizó primer encuentro con liderazgos de sectores sociales y productivos
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Comunicado
El Directorio Nacional, junto a sectores sociales y productivos que componen la Asamblea de Trabajadores y Trabajadoras del Banco Popular y de Desarrollo Comunal y la Mesa Nacional de Diálogo Social y Productivo celebraron su primer encuentro y convivio del 2025.
Un exitoso encuentro realizado el 17 de enero 2025, reunió a un grupo de liderazgos de organizaciones base, convencidos de la gran importancia de conversar y de compartir visiones, propósitos y esfuerzos colectivos.
En dicho encuentro perduró la gran iniciativa de trabajar temas país en colectivo bajo la premisa de una visión compartida de país, e impulsando la defensa de la democracia, la libertad y la paz que traerá como fin mismo una Costa Rica inclusiva, solidaria y más justa.
Para la Asamblea de Trabajadores y Trabajadoras siempre es relevante participar de los espacios del diálogo social que buscan dar realidad a nuestro objetivo de brindar protección social y económica a la población trabajadora de Costa Rica.
«La Asamblea de Trabajadores y Trabajadoras siempre a la vanguardia
y protección social y económica de la sociedad costarricense”
Seguridad, cultura y educación pública esenciales para el desarrollo humano
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Vivian Rodríguez Araya
Activista social y sindical
Presidenta
Asamblea de Trabajadores y Trabajadoras del Banco Popular y de Desarrollo Comunal
Desdichadamente hoy vivimos graves impactos negativos en nuestra sociedad, tal es el severo deterioro de las oportunidades educativas para la niñez y juventud, el retroceso y eliminación de espacios de la cultura y recreación y el evidente aumento de la violencia, criminalidad e inseguridad ciudadana.
La esencia de un país de paz, democracia y libertad se ven reflejadas a través de la cultura, la educación y la seguridad, mismos que hoy se encuentran en un inminente riesgo, por la disminución, violencia y congelamiento al presupuesto nacional para programas sociales y poderes de la república, demuestran la nula atención y poca importancia que el actual gobierno tiene hacia el desarrollo social y económico de nuestro país.
Costa Rica se ha fundado bajo la premisa de contratos sociales, instaurados bajo mecanismos de diálogo que hoy más que nunca son necesarios y legítimos para enfrentar la crisis del país, por lo que desde diversos grupos organizados como la Asamblea de Trabajadores y Trabajadoras y la Mesa Nacional de Dialogo Social y Productivo hemos levantado la voz y continuamos insistiendo propositivamente que la democracia de nuestro país se fortalece si construimos un dialogo franco y respetuoso hacia una verdadera trasformación social con enfoque de justicia y respetando los derechos humanos y la legalidad constitucional que nos funda como republica democrática.
Reflexionar hoy que como ciudadanía debemos hacer un vehemente llamado a las autoridades de gobierno hacia el respeto de nuestra Constitución Política y a la división de poderes, apelar por el descongelamiento de los presupuestos que fueron aprobados por el primer poder de la república, nuestra Asamblea Legislativa, donde los representantes legítimamente aprobaron la tramitación del Presupuesto Nacional 2025, donde la Comisión de Asuntos Hacendarios aprobó mediante 24 mociones que trasladaban diversas partidas presupuestarias para becas del programa Avancemos, comedores estudiantiles, transporte de estudiantes, importantes obras viales, programas del Ministerio de Cultura y Juventud, nuevas plazas para policías del Ministerio de Seguridad Pública, y para el Fondo Especial de la Educación Superior (FEES), así mismo invitar a las autoridades gubernamentales que se permita la apertura real y efectiva de canales de diálogo que hagan posible el fortalecimiento de nuestro Estado Benefactor que nos cobija como una viva democracia.
Costa Rica tras los pasos de Ortega en Nicaragua
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José Luis Amador
Durante años las naciones del mundo han considerado a Costa Rica un ejemplo de democracia en América Latina, pero los costarricenses no lo ven así. Dicen estar descontentos con su democracia y prefieren seguir los pasos de Nicaragua. Ingenuamente, creo yo, están haciendo las cosas para convertirse en una dictadura semejante a la de Ortega dándole ese rol al Sr. Rodrigo Chaves
Los ticos no lo saben. Pero el plan está ya montado y se viene trabajando en ello intensamente. El camino es muy sencillo, eliminar los poderes de la República que sirven de contrapeso al poder de Chaves. Eliminar la Asamblea Legislativa, los controles de la Contraloría, el Poder Judicial y al Fiscal de la República.
Lo primero que se ha hecho es una campaña mediática de desprestigio. Día tras día el Gobierno Chaves trabaja para destruir la imagen de estos poderes de la República. Ya antes había iniciado con la destrucción de la imagen de la prensa llamada por muchos el cuarto poder. Todo como parte del plan preestablecido. El Gobierno Chaves y sus troles, no tiene otro objetivo que no sea la propaganda.
Cuando uno queda absolutamente solo mandando en un país ¿Cómo se llama el muñeco…? Se llama dictadura. Nada garantiza que lo que el dictador haga sea bueno o malo. Porque ya no hay nadie para contrapesar. Estar solo, como Tarzán en la pradera. El sueño antidemocrático de Chaves.
La aparición de vallas publicitarias pidiendo la renuncia de las autoridades que ocupan los poderes de la República es parte de este plan para convertir a Costa Rica en un país donde, todos los sueños húmedos de Chaves se conviertan en realidad. Un país donde al igual que en la Ortega de Nicaragua, los sueños del dictador se conviertan en leyes sin el contrapeso de absolutamente nadie, para beneficio suyo y de los financistas de su campaña.
Por cierto, se ha preguntado usted ¿quién está pagando esta carísima propaganda? ¿De dónde viene el dinero para financiar estas vallas publicitarias? Porque el que está pagando esta propaganda es el que pretende gobernar detrás del trono.
Dejémoslo hasta aquí.
Al juez Fernando Cruz Castro
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Walter Antillón, abogado
Con ocasión de la puesta de su retrato en el Salón de Presidentes de la Corte Suprema de Justicia, el magistrado Fernando Cruz nos dejó un discurso pletórico de vivencias, de recuerdos y de agudas observaciones, expuesto con palabras admirables, llenas de la discreción, la sabiduría y la modestia que son el saldo de su vida, consagrada al estudio y al trabajo de operador de la Justicia a nivel supremo. Él termina evocando al escritor ruso Antón Chéjov, para decirnos que repasando su vida, no visualiza haber alcanzado en ella «victorias notables».
He decidido escribir estas líneas porque discrepo del sentir de don Fernando en relación con este punto; y porque además estimo que se trata de una cuestión crucial en los tiempos que corren, que no debe pasar en silencio. El discurso de don Fernando está dirigido a todos los funcionarios judiciales del País, y muy probablemente lo leerán también los ciudadanos conscientes. Por ello es imperativo que todos ellos sepan, y que quede constando para la posteridad, que el magistrado Fernando Cruz ha cosechado en su vida claras y notables victorias en el campo de la justicia, la institucionalidad y la democracia; no sólo mediante sus conocimientos jurídicos y su cultura humanista, vertidos en sentencias destinadas a perdurar en los anales de la jurisprudencia, sino también con decisiones que revelan su rectitud y su coraje frente a las presiones y amenazas de las poderosas fuerzas políticas que gravitan ominosamente sobre la institución judicial. Los jueces, fiscales y defensores a lo largo y ancho de nuestro territorio, y especialmente los que inician la carrera, deben estar enterados de esas victorias que, no siendo espectaculares (como los logros deportivos), tienen un significado trascendente en los destinos de nuestro pueblo. Quiero recordar algunos casos:
1.- Durante los años 2007 y 2008 fueron aprobados el TLC y sus leyes complementarias. Para lograrlo, se empeñaron a fondo el presidente Oscar Arias, su gabinete y sus diputados, así como gran parte del empresariado nacional, la prensa unánime (excepto el Semanario Universidad), la Embajada y el propio Gobierno de los Estados Unidos; y no escatimaron los medios (recordar el infame panfleto de Casas y Sánchez). La Sala Constitucional se plegó paladinamente a los deseos y a los planes oficiales, haciendo la vista gorda frente a las numerosas y graves inconstitucionalidades de aquellos instrumentos, a excepción de los magistrados Gilbert Armijo y Fernando Cruz, que salvaron los votos cuantas veces comprobaron sus inconsistencias.
Los magistrados, en Costa Rica, han sido frecuentemente calculadores y complacientes con el poder, porque solían ‘deberle el puesto’ a los dirigentes políticos y porque, al depender su permanencia de la decisión de los diputados, sienten que su posición institucional es endeble. Por eso es para mí una gran victoria que dos de ellos, frente a la enorme presión de los medios, de las cúpulas políticas y del propio Imperio Estadounidense, hayan decidido cumplir con su sagrado deber: aplicar libre e imparcialmente la Constitución. También fue una gran victoria de estos dos ciudadanos contra sus propios temores: el temor a ser despedidos, a ser marginados, a ser desprestigiados; el mero temor de enfrentarse día con día, permanentemente, a la mayoría interna y extrainstitucional. El ejemplo de ellos dos para los jueces que inician labores es claro: la misión más esencial del juez es el control jurídico del poder, y debe cumplirla con total independencia e imparcialidad, sean cuales fueren los intereses y las influencias en juego.
2.- Naturalmente, aquella digna actitud de los minoritarios Cruz y Armijo tenía que recibir un castigo ejemplar, de modo que, transcurrido un tiempo, vino la alevosa reacción de los politicastros, en la forma de varios intentos por expulsarlos de la Sala Constitucional; para sentar un precedente, pero también para reemplazarlos por personas complacientes, ‘amigables con el clima de negocios’, como dijo un diputado de ingrata recordación. Hace muchos años que don Gilbert Armijo dejó el cargo: cumplió con dignidad, pero ser mártir no es obligatorio. Don Fernando Cruz, pudiendo haberse jubilado, se quedó, soportando por mucho tiempo, con buen ánimo, el ostracismo interno, el aislamiento y los intentos de ninguneo de parte de algunos parvenus politiqueramente «correctos». Y esa ha sido también una gran victoria que debemos atribuirle: un triunfo de su firme conciencia civil sobre la mezquindad de sus enemigos, pero también sobre sí mismo: sobre sus legítimos deseos de disfrutar de un merecido descanso, de la privacidad de la vida en familia, del ocio creador. Poniendo aparte arrogancias y vanidades, él ha tenido claro que su presencia en la Sala es vital en los tiempos que corren, porque es el testimonio cotidiano, austero, del buen juzgar, en contraste con la frivolidad y la anárquica dispersión de las comisiones en que se ha sumido la mayoría, en daño de la salud institucional y de sus auténticas funciones.
Confío en que la posteridad le hará justicia, que nuestro pueblo le hará justicia. Porque, a pesar de los nubarrones que se acumulan amenazadoramente en el horizonte, tenemos que seguir luchando para que otro mundo sea posible.
Naranjo, enero de 2025.
Carnet 785
2025, hacia un nuevo orden global y sus eventuales implicaciones regionales (I)
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¿Escenarios de crisis o nuevas oportunidades…?
Caryl Alonso Jiménez
Todos los indicios al parecer apuntan a un nuevo orden global que, según analistas nacionales e internacionales, tiene diversas implicaciones en las dinámicas mundiales. Por un lado la recomposición geopolítica que abre un nuevo periodo de tensiones Este/Oeste, la crisis de oriente próximo y China. Prioridades económicas hacia la reversión de la globalización en la deslocalización de las tecnológicas de Asia; y finalmente el tema migración.
En esta región los alineamientos geopolíticos vinculados a China alimentarán tensiones que derivarán en escenarios que tienen implicación como el canal de Panamá, y seguramente en colisiones a lo que hoy entendemos por democracia.
Excepto por alineamientos y/o contención migratoria, en la región no hay industria ni tecnológicas y tampoco en el corto plazo, no habrá beneficios de la deslocalización de empresas tecnológicas para competir en mercados globales.
El modelo económico en la región, principalmente en Guatemala el sector primario no tiene perspectiva de cambio en el corto plazo. Excepto los intentos de transformación industrial en Costa Rica en desarrollo farmacéutico y productos tecnológicos que aún son débiles y, Panamá con la modernización de un nuevo modelo de país Offshore financiero (servicios), que sacrifica políticas territoriales. El resto en van en esa línea.
Cualquier análisis económico financiero de país pasa por la estabilidad macroeconómica. Los casos de Guatemala, El Salvador y Honduras, depende de las remesas anuales que, en el 2024, con casos como México superaron los US$ 60 mil millones anuales, Guatemala alcanzó US$ 21 mil millones y la tendencias del crecimiento de remesas fueron la línea de crecimiento en Honduras y El Salvador.
La economía regional aporta al comercio mundial menos del 2% anual. El crecimiento sigue siendo débil en promedio por abajo del 3% anual del PIB. La riqueza no se expande (equidad) y la lógica matemática de la explotación de excedentes permanece inalterable.
Sin embargo, los anuncios intensifican alarmas hacia expulsiones masivas de migrantes que de concretarse tendría serias crisis en todos los campos de la vida nacional, donde su incorporación a la vida productiva tendría altos impactos.
¿Hasta dónde las agendas institucionales están construyendo la infraestructura pública necesaria para respuestas humanitarias? Al parecer los sistemas institucionales no tienen respuestas inmediatas excepto medidas de traslado a sus comunidades sin ninguna previsión de sobrevivencia o sistemas de asistencia y acompañamiento local.
Como región no existe una plataforma de integración real, ni el Parlamento Centroamericano y tampoco las tentativas de SICA son opción, se agotaron. Queda un último eslabón: el sistema multilateral financiero de BCIE, que podría articular un Programa Regional en línea a crear el fondo de inversión y desarrollo para despegar. En tres temas centrales públicos: educación, salud e infraestructura. Sumado a un programa de precipitación de fondos de inversión territorial para recuperar infraestructura local y territorial. Pero no se tienen políticas para la reinserción de migrantes, excepto servicios administrativos aun sin la efectividad real, que debe someterse a un escrutinio de calidad.
Es importante tener en cuenta que la incorporación del sector económico en esta nueva etapa será imprescindible. Está claro, guste o no, solo el mercado genera riqueza, y si esta llega en intervención en áreas productivas territoriales tendrá mayor impacto.
La agenda comienza por ordenar el nivel de respuesta con sentido estructural y la articulación con entidades públicas para programas con sentido humano. En educación abrir espacios para la inserción acelerada en programas que certifiquen capacidades. Igualmente programas de formación en capacidades técnicas para disponer de recursos calificados y disposición de fondos para proyectos productivos. Generar mercado puede alentar redes de consumo local y extender confianza, Pero actuar, ese es el punto.
Lo que no cabe duda es que los temas globales tienen aterrizajes locales, y el tema de las migraciones en breve tiempo obligará a acciones estatales que determinará el cálculo de percepciones de optimismo o pesimismo del ciudadano, y eso tendrá costos.
No es fácil, y los simplismos frente a las crisis no se resuelven con esperanzas dominicales, ni retoricas populistas; sino, con respuestas precisas, concretas y efectividad institucional privada y pública.
Por la brevedad del espacio no se abordan propuestas, será en las siguientes entregas. Por ahora posicionar en el imaginario del ciudadano el acompañamiento institucional con capacidad de respuestas, comenzando por servicios de atención. Y comienza en los consulados en USA, que juegan roles importantes que quedarán bajo el escrutinio del migrante, que a partir de ahora tendrá otra valoración el verdadero sentido de nación.
En 45 años los migrantes enviaron más de US$ 2 billones de dólares en remesas, ¿Son suficientes para respuestas del Estado y mercado…? O, ¿Cuánto más hará falta…? Es ahora cuando se retratará el liderazgo institucional, y allí estará la estatura del Estado… Entonces, ¿lo medimos…?
El chavismo tico: síntoma de una democracia en agonía
Escrito en . Publicado en Análisis, Aportes para el desarrollo.
Mauricio Ramírez Núñez
Académico
Desde hace ya mucho tiempo los partidos políticos en Costa Rica, y no exagero si nos referimos a occidente en general, enfrentan una profunda crisis de identidad o decadencia extendida. Representan a minorías económicas o culturales, pero han dejado de ser vehículos de representación para las grandes mayorías. Estas mayorías, que soportan las desigualdades y exclusiones de un modelo económico intacto desde hace décadas, han sido abandonadas por la clase política tradicional. En este vacío de representatividad, surgió el chavismo tico, no como un proyecto ideológico sólido, sino como un síntoma de una democracia que agoniza.
El reciente Informe del Estado de la Nación 2024 arroja luz sobre esta problemática. Según el informe, la democratización, lejos de ser un escudo, no logró evitar el colapso de los partidos políticos. La crisis de representación y el desalineamiento político de la ciudadanía son síntomas claros de un sistema político desconectado de las necesidades del pueblo y con una entropía institucional que le impide adaptarse para responder con certeza a las nuevas demandas ciudadanas. Este desalineamiento, reflejado en una ciudadanía que ya no se identifica con las ofertas partidarias tradicionales, evidencia la profundidad de la desconexión entre los partidos y las mayorías.
Cuando los partidos se enfocan únicamente en defender intereses específicos, del tipo que sean, se convierten en partidos minoritarios. Olvidan que, en una democracia real, aunque las minorías deben ser protegidas, reconocidas y respetadas, el objetivo final siempre debe ser el bienestar de las mayorías. Sin embargo, Occidente en los últimos años ha invertido esta lógica, misma en la que Costa Rica ha caído al seguir los pasos de forma acrítica de quienes ha considerado históricamente como el ejemplo a seguir. En lugar de demos-cratos, el poder del pueblo, estamos viviendo una democracia capturada por pequeñas élites o grupos que se desconectan de las necesidades colectivas.
No en vano, en las últimas elecciones llevadas a cabo en Estados Unidos de América, el senador Bernie Sanders al referirse a la derrota de los demócratas dijo que “no debería ser una gran sorpresa que un partido demócrata que ha abandonado a la gente de la clase trabajadora descubra que la clase trabajadora le ha abandonado”. Saquemos conclusiones nada más sobre la situación histórica de algunos partidos en Costa Rica, que en algún momento sí representaron no solo a la clase trabajadora, sino a la mayoría de la sociedad, y que hoy ésta le da la espalda.
El Informe del Estado de la Nación 2024 también señala que esta crisis de representación es una amenaza para nuestra ya débil estabilidad democrática. Las grandes mayorías, excluidas y desilusionadas, se convierten en terreno fértil para proyectos políticos que se alimentan de su frustración, llenando los oídos del pueblo con discursos de odio y promesas vacías que solo hacen crecer la espiral de desesperanza y violencia social. El chavismo tico es un ejemplo de cómo el descontento puede ser canalizado a través de liderazgos que explotan los sentimientos de abandono y desconfianza hacia el sistema. No se trata de una fuerza política que ofrece soluciones reales o de largo plazo, sino de un fenómeno que se alimenta del resentimiento acumulado contra una clase política cooptada por minorías de todo tipo, incapaz de responder a las necesidades básicas de la población.
La falta de representatividad no solo alimenta proyectos populistas, sino que también erosiona la esencia misma de la democracia. Cuando las mayorías sienten que el sistema no les responde, la legitimidad de las instituciones se derrumba como un castillo de naipes. En este contexto, el crecimiento del chavismo tico no es una anomalía; es una consecuencia lógica de un sistema político que ha fallado. La infiltración de este movimiento en diversos campos de la sociedad, desde la prensa hasta las instituciones públicas, es predecible y responde a su naturaleza: un proyecto político que, al nutrirse del descontento popular, busca inevitablemente el control total de los aspectos fundamentales de la vida nacional. Este afán hegemónico no solo intensifica la crisis democrática, sino que amenaza con perpetuar un ciclo donde la representatividad real sigue siendo la gran ausente. En otras palabras, no resuelve nada, solo agrava la crisis.
Reinventar la representación
El desafío que enfrentan los partidos políticos costarricenses es colosal. Según el Estado de la Nación, su desconexión con las mayorías no es un fenómeno reciente, sino el resultado de décadas de desalineamiento político y exclusión. Si Costa Rica quiere evitar caer en una espiral de polarización y populismo destructivo como hemos visto en otros países, sus partidos deben abandonar la complacencia y reconstruir los puentes con las mayorías y sus necesidades, además de hacer una limpia interna a nivel de estructuras. No hay de otra. De lo contrario, serán también responsables de lo que venga. Todo esto implica reconocer las falencias del modelo económico actual con el cual todos quienes han gobernado han colaborado, hacer una mea culpa, y abandonar el discurso elitista que desprecia las preocupaciones de la población común.
Costa Rica enfrenta una prueba crucial en las próximas elecciones de 2026. El colapso de los partidos políticos, reflejado en el informe, es una advertencia de todo lo que está en juego. O los partidos retoman su papel como representantes del demos, del pueblo, o seguirán allanando el camino para que liderazgos como el chavismo tico se consoliden, poniendo en peligro el equilibrio político y social que tanto costó construir. El tiempo para corregir el rumbo se agota. Reconstruir la confianza de las mayorías no es solo una cuestión de sobrevivencia política u oportunismo electoral, sino un imperativo para salvar la democracia tica, o lo que dejen de ella.
Nuestro contrato social está amenazado
Escrito en . Publicado en Aportes para el desarrollo, Coyuntura.
Guillermo E. Zúñiga Chaves
Introducción
El año que estamos empezando nos trae enormes retos que debemos enfrentar, junto a grandes oportunidades que se pueden concretar. Cualquier esfuerzo que realicemos para construir acuerdos sociales y políticos que permitan defender, y, sobre todo, mejorar nuestro Contrato Social y nuestra Democracia, debe ser apoyado. Muchas iniciativas se impulsan con esas intenciones. Mi esperanza es que todos estos esfuerzos, poco a poco, vayan convergiendo en un movimiento nacional.
Lo que a continuación presento son las palabras que pronuncié el 5 de marzo de 2024, en la convocatoria del Foro Nacional de Alto Nivel, organizado por el CONARE, la Asamblea de Trabajadores del Banco Popular y la Mesa Nacional de Diálogo Social y Productivo. Siento que lo dicho en aquel momento es totalmente válido el día de hoy.
Para efectos de presentación en el Periódico SURCOS he editado mi propuesta original. Pero en lo fundamental se mantiene lo dicho.
Democracia en peligro
Si la democracia no llena las expectativas de los habitantes, estamos en problemas. Una democracia que no es capaz de garantizar el desarrollo pleno de sus habitantes es una democracia que está seriamente amenazada. Aparece el malestar social. Difícilmente la población esté dispuesta a defender un régimen que no le cumpla sus ilusiones, no le llene sus necesidades y más bien le provoque angustias todos los días.
En esas condiciones la tentación por probar otras formas de organización social es enorme, utilizando para ello cualquier tipo de salida, incluso, caminos que hoy nos resultan peligrosamente insospechados. Quienes así piensan, lo hacen con la más buena voluntad, sin valorar los peligros que están incubando. Costa Rica no está vacunada contra esto.
Este señalamiento que hago sobre la amenaza a nuestra vida en democracia se explica en lo fundamental porque nuestro Contrato Social se está agotando. Se observa de muchas maneras: pobreza, mala utilización de los recursos, necesidades de vivienda insatisfechas, debilidades en la educación, dificultad para tener acceso a los servicios de salud, la inseguridad ciudadana, corrupción, reglas pocos claras para la actividad productiva, desacople entre la economía de la exportación y el mercado interno, la transformación de la pirámide poblacional, la tensión que se vive entre los Poderes del Estado, irrespeto a la institucionalidad, el incremento de la drogadicción, la frustración con que viven grandes sectores de la población, el trasiego de drogas, por citar algunas manifestaciones. Todos los que estamos acá, conocemos de estos y muchos problemas más.
Estos aspectos señalados no son más que manifestaciones de algo más profundo. Me atrevo a decir que nuestro modelo de producción y las formas de distribución se están quedando cortas. Porque no se puede pensar en un Contrato Social que no involucre esos dos elementos de la tijera: producción y distribución. Porque ningún Acuerdo Nacional se sustenta únicamente en buenas intenciones y generosas voluntades, sino que necesita una base productiva robusta y exitosa, que genere la suficiente riqueza para financiar la iniciativa que se acuerde. La solución que se encuentre a esta encrucijada marcará el desarrollo nacional para los próximos decenios. Así de apremiante veo la situación.
Dificultades en el exterior
A las dificultades nacionales hay que sumarle las transformaciones tecnológicas que aceleradamente se están viviendo en el mundo, que pueden pasar facturas a nuestra actividad productiva si no las atendemos con inteligencia. La amenaza del cambio climático es una realidad. Hay que sumarle también los conflictos políticos que se viven como la guerra de Rusia con Ucrania, el conflicto Israelí – Palestino, las tensiones económicas entre los Estados Unidos y China y los impactos que tienen todas estas coyunturas políticas en los circuitos comerciales y financieros del mundo, que sin duda nos afectan.
No puedo dejar pasar esta ocasión sin compartir con ustedes una afirmación hecha por Nouriel Roubini en su libro Megamenazas, donde explica que ante el incremento acelerado del endeudamiento global tanto público como privado, y a la luz de las políticas económicas que están siguiendo las economías desarrolladas, se está gestando lo que él llama “la madre de todas las crisis de deuda”, donde lo que vivimos en el 2008 y 2009 será poco frente a lo que se nos puede venir encima. “Según datos del Instituto de Finanzas Internacionales, a finales de 2021, la deuda mundial -soberana y privada- sobrepasaba el 350% del PIB mundial: lleva décadas incrementándose a gran velocidad (del 220% del PIB en 1999) …”[1]
De manera que a lo interno tenemos dificultades estructurales que se nos han venido acumulando, y al mismo tiempo en el plano internacional la situación es muy compleja y con grandes amenazas.
La urgencia del diálogo
Es por lo que esta convocatoria al Diálogo Nacional no puede ser desatendida. Las contradicciones que se están acumulando se van a resolver de alguna forma: ya sea que se atiendan y se enfrenten por partes; ya sea que cerremos los ojos frente a la situación, no formulemos propuestas ante estos retos, y dejemos que las tensiones y las fuerzas que se expresan a través de esas tensiones sentencien la situación de alguna forma.
Mal haríamos si no reconocemos esta realidad; pretender esconderla nos llevaría a calentar permanentes conflictos sociales. Las sociedades tienen los mecanismos para ajustar sus procesos. La ventaja de construir el Diálogo Nacional es que nos permite, de manera ordenada, civilizada, racional, participativa y democrática, reconocer los puntos más álgidos que se deben atender, reconocer las diferencias que los distintos grupos representados tienen, y hacer un esfuerzo por construir acuerdos razonables y posibles para solucionar esta situación. No podemos seguir tirando la pelota para adelante. Se acabó el tiempo. Las propuestas deben ser imaginativas, pero al mismo tiempo realistas.
Entendiendo que hay en este momento problemas apremiantes que están afectando la economía nacional y a las personas; estas necesidades no deben desatenderse. Estoy convencido de que estos temas aparecerán permanentemente en las mesas de trabajo. Pero también debo señalar, como sugerencia respetuosa, que los esfuerzos no deben agotarse en la atención de estos problemas inmediatos, sino que también deben incluir el análisis de las grandes transformaciones que hacia adelante debemos impulsar como país, que nos permita enfrentar las crisis y aprovechar las oportunidades que tenemos al frente. Hay que encender las luces largas para imaginar la sociedad del futuro.
Sumar y sumar
Un reconocimiento especial a las organizaciones que hoy se encuentran aquí reunidas lanzando esta iniciativa. No van a faltar las voces que traten de bajarle el perfil al esfuerzo que hoy arranca. Hay que seguir adelante con los propósitos que nos han convocado. Y hay que hacer un llamado, por el contrario, para que aquellas organizaciones y personas que hoy ven con alguna duda este esfuerzo, más bien se sumen cuanto antes. Porque hoy estamos empezando con los grupos y personas aquí presentes; mi esperanza es que en unos meses se hayan sumado muchos más actores. Este país es nuestro y merece cualquier esfuerzo para enderezarlo.
La iniciativa que vamos a desarrollar es de tal naturaleza que va a requerir el concurso de muchas voluntades. Esto será posible en el tanto reconozcamos que, en la diversidad de pensamientos, que sin duda aquí están representados, siempre podremos encontrar acuerdos razonables por el bien del país, por la defensa de nuestra democracia, por la defensa de nuestra institucionalidad y por la defensa de nuestro derecho a una vida digna.
No se vaya a creer que aquí todos estamos de acuerdo en todos los temas; muy por el contrario, en esta sala, así como en la sociedad, hay intereses contrapuestos, algunos más cercanos que otros. Eso no tiene que asustarnos; es precisamente lo que fundamenta la voluntad de encontrarnos. Lo que es valioso de esta iniciativa es que, en medio de esas discrepancias y contradicciones, organizaciones y ciudadanos aceptemos que el ejercicio de encontrarnos para buscar acuerdos es la vía para buscar las salidas frente a las amenazas de nuestro acuerdo nacional.
Hoy nos convoca un compromiso con este país. Será un ejercicio de verdadera tolerancia. Sugerir a la sociedad rutas de mejora siempre será una tarea noble.
Por último…
El domingo 15 de diciembre del año pasado, en la Plaza de la Democracia se llevó a cabo un festival durante todo el día. A mediados de la tarde, cuando representantes de los grupos organizadores hicieron uso de la palabra, de una u otra forma, todos insistieron en que ese festival era un acto para llamar la atención sobre la urgencia de organizarnos para defender la democracia costarricense.
Me conmovió recordar que, siendo joven, había desfilado por las calles de San José, cerca de esta plaza, por otras razones, como nuestra oposición al contrato con la ALCOA, o expresando rechazo a la intervención norteamericana en Vietnam, o cosas por el estilo. Nunca imaginé que ahora, con más años, tendría que regresar a un encuentro público para defender nuestra democracia. ¡Quién lo hubiera pensado!
Es urgente hacer a un lado las diferencias. Construir acuerdos. Y así consolidar un movimiento nacional en defensa de nuestra democracia.
[1] Roubini, Nouriel; Megamenazas; Ediciones Deusto, Barcelona; 1ª edición, enero 2023; pág. 21
La postguerra civil del 48 no fue un lecho de rosas
Escrito en . Publicado en Análisis, Aportes para el desarrollo.
Por Juan Félix Montero Aguilar*
Dice Adriano Corrales Arias en su artículo “Costa Rica al borde del autoritarismo” publicado en la revista SURCOS que Costa Rica, después de la Guerra Civil del 48 “resolvió los conflictos acumulados de la crisis general del capitalismo durante la primera mitad de ese siglo, con una concertación nacional”.
Agrega Corrales Arias que “aquel pacto social inédito –la oligarquía, los sindicatos, la burguesía nacional, el partido comunista, la iglesia católica, sectores medios emergentes, se habían sentado a la mesa– representado por la Asamblea constituyente de 1949 que consiguió redactar una Constitución Política visionaria, amplia y robusta, la cual tuteló las grandes reformas y nacionalizaciones”.
Yo por lo menos tenía o tengo conocimiento de otra Costa Rica no tan idílica después de los hechos bélicos de 1948 del siglo pasado.
No voy a referirme a acontecimientos harto conocidos como los mártires del Codo del Diablo, el encarcelamiento de los principales dirigentes del PVP (Luis Carballo, Carlos Luis Fallas, Arnoldo Ferreto, etc.), la persecución de la labor de excombatientes, el exilio de Carmen Lyra y Manuel Mora.
Me referiré solamente a un episodio que tiene que ver con las afirmaciones de Adriano sobre la Asamblea Nacional Constituyente aprobada en noviembre de 1949.
Agradezco al historiador Gerardo Contreras, mi coterráneo de Alajuela y Turrialba, quien hace años con mucha paciencia me explicó estos acontecimientos.
Lo cierto del caso es que a esa constituyente no les fue permitido participar a los partidos que salieron derrotados en la guerra civil, así como tampoco a los sindicatos de la CTCR que fueron puestos fuera de ley.
Sin embargo, pese a todos los obstáculos, dicha constitución pudo llevar su sello gracias a terceros que fueron constituyentes, uno de ellos Celso Gamboa Rodríguez (Partido Constitucional), a quienes los dirigentes del Partido Comunista en la clandestinidad recurrieron para que en ella quedaran plasmadas las garantías sociales y el Código de Trabajo entre otras.
No fue sin embargo posible evitar que en dicha Constitución se incorporara el párrafo ll del artículo 98, mediante el cual mantuvieron fuera de ley, sin poder participar en elecciones a los militantes y simpatizantes del Partido Vanguardia Popular durante veintisiete años.
Después del 48 se abrió uno de los capítulos más oscuros de la historia patria, donde fueron conculcadas libertades individuales y colectivas y las organizaciones sociales y los partidos de izquierda se enfrentaron a un reto: luchar por recuperar la democracia.
Ni siquiera en procesos tan cruentos como lo fueron las guerras civiles de El Salvador, Guatemala o Nicaragua, la oposición beligerante fue sometida a tanta discriminación y represión como lo fue el partido comunista y los movimientos sociales que participaron en la lucha armada en Costa Rica.
Durante los años setenta del siglo pasado, el Partido Vanguardia Popular desplegó una intensa campaña dirigida a los sectores democráticos del país en la cual se recogieron miles de firmas y gestiones a nivel parlamentario lo que permitió recuperar la democracia en Costa Rica, entendida esta como el derecho de todos los ciudadanos a elegir y ser electos en los poderes del Estado.
*Juan Félix Montero Aguilar es profesor pensionado.
Tocar fondo
Escrito en . Publicado en Análisis, Aportes para el desarrollo, Portada.
Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense
Una publicación de un querido amigo guatemalteco hacía la comparación del comportamiento del entorno en las finales de fútbol tanto en su país como en Costa Rica. Se refería a las celebraciones que sin violencia se desarrollaron en el estadio Mario Camposeco, sede del equipo Xelajú, flamante campeón con su sétima copa obtenida.
Mientras tanto, colocaba una imagen de los bochornosos actos ocurridos a gran escala en la final del fútbol costarricense recientemente desarrollada.
En respuesta a su post, algunos comentarios se apresuraron a recordar cuánto sentimiento de superioridad hemos mostrado los costarricenses a lo largo de la historia, tal vez por el desarrollo institucional que fuera fortaleza durante décadas, tal vez por la ausencia de ejército, tal vez por la construcción idílica y fantasiosa del eje democracia-paz-estabilidad.
Quisiera detenerme en el segundo de los enunciados.
Hasta hace poco, la narrativa de paz como emblema se sostenía. Y era sostenida e impulsada por los grupos hegemónicos a quienes les interesaba diseminar esa noción fantasiosa de la horizontalidad en las relaciones sociales, la ausencia de conflictos bélicos a la usanza centroamericana, la posibilidad de los pactos sociales y las transiciones políticas sin mucho desorden y con un alto control social.
Esta narrativa era diseminada sin problemas por los diferentes estratos y grupos sociales. Había un proyecto en el que La paz narrativa y La Paz en la práctica eran valores universales en una sociedad como la costarricense.
Esto ha cambiado porque las reglas del juego sociopolítico han cambiado. A los grupos hegemónicos no les interesa ya sostener esa premisa tan identitaria de un proyecto que fue asumido por el colectivo de una forma pasivo-agresiva.
Los intereses de esos grupos no están en el país. Y sus interlocutores ya no son los voceros de los partidos políticos.
Más de 112 grupos criminales operan en Costa Rica y son ellos los que controlan los territorios, las agencias individuales, las microeconomías familiares de quienes han sido excluidos por un sistema económico y político que por más de 40 años ha avasallado al ser humano y su esencia.
Las reglas del juego democrático son otras. Otra la interfaz que dibuja un escenario quebrantado, vulnerable, a punto de tocar fondo si no es que ya.
Quiero hacer aquí una precisión y una disculpa conceptual. Durante muchos años en mi ejercicio sociológico utilicé la expresión “Costa Rica se está centroamericanizando” para hacer referencia al aumento de la violencia y la desigualdad, dos ideas precursoras con las que alguna vez se construyó eso que llamábamos los académicos “la excepcionalidad costarricense”.
Es decir, en ausencia de violencia y siendo uno de los países con menos desigualdad a nivel regional, podríamos ver por encima de los hombros a nuestros vecinos. Y si, con tono de superioridad, racismo y burla.
Qué daño nos hizo la idea de la excepcionalidad. Porque si para afuera lo éramos, hacia adentro el germen de la violencia y la ruptura de la convivencia y la igualdad imaginada, empezaba a cristalizar un nuevo proyecto social basado en la competencia, el individualismo y la construcción de un enemigo social interno, que ha erosionado nuestras formas más básicas de coexistencia comunitaria.
Acabamos de pasar una semana de terror en esta materia. El bochorno sin comparación vivido en el Estadio Alejandro Morera Soto debe ser leído en una clave más amplia. Si la base material está quebrada, la dimensión sociocultural está aniquilada. Ya no sabemos cómo divertirnos ni a nivel subjetivo ni colectivo. No sabemos respetarnos. No sabemos convivir.
Si para pasarla bien debemos acudir a la violencia contra el otro; si para divertirnos debemos asistir a la muerte de dos caballos en un desfile de caballistas, es porque inexorablemente hemos tocado fondo.
Trato de encontrar una fecha significativa en la cual podamos colocar un diálogo nacional para revertir esto.
Se me ocurre 2025: el primer cuarto de siglo de una época absolutamente disruptiva. Aprovechar este momento porque del fondo no salimos si no apalabramos en la enfermedad social, económica y cultural en la que nos hemos convertido.










