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Etiqueta: ética

La única manera de proteger a los pobres y a los sensatos de las garras del negocio de la salud es mediante la incompatibilidad de la práctica médica pública con la privada

Por nmurcia

Cuando aquí nos agarramos los machos antes de proclamar la necesidad de la incompatibilidad entre la práctica médica pública y privada, en el Reino Unido, el BMJ «la monta» al publicar el texto del cardiólogo John Dean que, directamente, afirma que la medicina privada es inmoral porque busca en primera instancia el beneficio económico y que la incompatibilidad debería ser obligatoria porque, inevitablemente la práctica particular intoxica la actividad clínica en la pública.

Las reacciones en contra no se han hecho esperar y son muy virulentas.

El texto del Dr. Dean no pretende ser un tratado de ética médica sino una opinión basada en percepciones personales que consideramos muy valiosas y por eso lo traducimos hoy, pero la polémica no es nueva y los datos incontestables.

La medicina privada

Incontestable es que es muy fácil inducir el consumo por parte de los pacientes de servicios médicos innecesarios pero altamente lucrativos. Este es el problema ético grave que introduce la medicina comercial en un mundo dominado por una concepción de salud en expansión a través de la biomedicalización.

En una entrada de justo hace 1 año nos hacíamos eco de un artículo del New York Times que denunciaba las ganancias asombrosas de algunos médicos en la medicina privada norteamericana. La entrada la titulamos: Los pacientes como cajeros automáticos.

“Muchos especialistas han llegado a ser particularmente hábiles en el negocio con una medicina cada vez más empresarial, mediante la protección de su territorio a través del cabildeo agresivo de sus sociedades médicas y, sobre todo, aumentando los ingresos al ofrecer nuevos procedimientos o haciendo más lucrativos los ya existentes”.

Jean Mitchell, profesora de economía de la salud en la Universidad de Georgetown, comentaba en el texto:

«Muchas veces es mejor esperar y ver, pero esperar no genera dinero… Es solo necesario un simple ‘Déjeme hacer un pequeño corte en la piel’ para que lleguen los honorarios profesionales y los pagos para el laboratorio y las instalaciones. Cada paciente es como un cajero automático”.

Los ingresos más importantes se dan entre los especialistas que controlan técnicas que fácilmente pueden ser sobre-indicadas, comentaba el artículo, como las de dermatología, las colonoscopias o gastroscopias, cualquier técnica de imagen o muchas intervenciones quirúrgicas como la extirpación de vesícula, operaciones de hernias, varices o varias de traumatología (ya lo comentamos en esta otra entrada)

Las incompatibilidades y los dos mundos

El Dr Dean además de señalar lo difícil que es mantener el timón ético en la práctica privada, asume que, inevitablemente, trabajar en la privada influye en la actuación pública.

En un reciente artículo, Marciano Sánchez Bayle, de la FADSP, aportaba los argumentos clásicos en contra de la compatibilidad:

«Además lo mas frecuente es que los profesionales que trabajan exclusivamente en el sector público tengan una dedicación mayor que los que están pluriempleados y trabajan simultáneamente en el sector público y privado, y es evidente que la dedicación exclusiva permite una mayor disposición de tiempo para su actualización profesional y, sobre todo, permite evitar el potencial conflicto de intereses de quienes simultánean el trabajo en el sector público y el privado, conflicto de intereses que favorece el que se detraigan recursos del sistema público en beneficio de la privada, potenciando los comportamientos oportunistas como el absentismo, el incumplimiento horario, el desvío de pacientes al sector privado, la demanda inducida, la selección de pacientes y la apropiación y/o el uso indebido de los recursos públicos para fines privados»

Pero hay otros problemas relacionados distintos a los ya conocidos y que tienen que ver con la gestión de la innovación. Veamos

Hace un año hacíamos referencia a la situación que se está produciendo en Alemania. Como sabemos su sistema es de provisión privada y de financiación pública. El Estado paga a los especialistas privados por ciertos procedimientos acordados tras una evaluación de acuerdo a las mejores evidencias científicas. Sin embargo, ganar dinero solo con «lo indicado» no está siendo suficiente para los médicos alemanes.

En el capítulo titulado “La consulta médica como supermercado” -del estupendo libro del periodista alemán Jörg Blech, «Medicina enferma»-, se describe como los médicos alemanes hacen pagar un plus a sus clientes para que puedan optar a algunas prácticas, tecnologías o productos no financiados públicamente:

«En Alemania cada vez es más frecuente que los pacientes paguen un sobre-costo por un paquete llamado “prestación de salud individual” en el que se incluyen procedimientos innecesarios como “reconocimientos ultrasónicos de las axilas y los pechos” por 60 euros. En una encuesta, el 77% de los médicos justificaban la oferta de técnicas o procedimientos innecesarios por motivos económicos y según un responsable médico “algunos médicos llegan incluso a conceder o no determinados tratamientos médicamente necesarios en función de si sus pacientes compran además ciertas prestaciones de salud individual”. Los médicos venden estas prestaciones asegurando que no están financiadas porque “el gobierno solo quiere ahorrar “: como pasa con el “baño subacuático por 8,74 euros” o diversos productos homeopáticos, inyecciones de vitaminas, cremas con hormonas y tecno-chatarra como la “terapia lumínica” para el síndrome premenstrual o la oxigenoterapia a 15 euros el cuarto de hora»

Es evidente que el médico alemán se gana la vida con «lo indicado» pero se hace rico con lo superfluo, es decir, convenciendo a los pacientes de que necesitan tecno-chatarra e intervenciones inútiles. Cuando es el mismo profesional el que provee tanto lo indicado como lo no indicado, el conflicto es evidente. Imaginen esta conversación:

«Mire, el síndrome premenstrual por lo público no se trata -así de perversa es la medicina socializada- pero por lo privado tenemos unas terapias lumínicas estupendas y que además, precisamente, salen baratísimas si las compra con el pack que incluye la oxigenoterapia»

Hagamos política ficción. A medida que progresemos en la evaluación y la financiación selectiva de nuevas tecnologías médicas y medicamentos (y esperemos hacerlo bien pronto) mayor será la bolsa de procedimientos excluidos de la sanidad pública pero ofertables en la sanidad privada.

En el Reino Unido, donde el NICE excluye algunos tratamientos por no ser costo efectivos, los conflictos son cada vez más frecuentes. Por ejemplo, muchos pacientes con cáncer acuden a la medicina privada buscando antineoplásicos no financiados por el NHS. El incremento en la frecuencia de esta situación ha obligado a una reflexión profunda sobre la compatibilidad de los tratamientos para un mismo proceso tan grave como un cáncer. (Aquí el documento interfaceguidanceethicsmay2009):

«Un escenario alternativo es cuando un paciente desea pagar un tratamiento de manera particular para una condición médica concreta, mientras que al mismo tiempo desea continuar recibiendo atención en el NHS para esa misma condición. Este asunto es objeto de cierta controversia, debido al aumento del número de tratamientos costosos, por ejemplo, medicamentos para el cáncer en etapas tardías, no financiados por el NHS debido a la relación costo-efectividad pero que sí pueden tener ciertos beneficios a nivel individual. Aunque todavía hay incertidumbre sobre la forma precisa como operarán los siguientes principios en situaciones clínicas específicas, es evidente que los pacientes que optan por complementar su tratamiento de esta manera: (1) Tienen pleno derecho a seguir recibiendo atención en el NHS de acuerdo con su necesidad clínica; (2) No les debe suponer una ventaja o una desventaja en relación con el cuidado que reciben en el NHS»

Complejo ¿no?

Pongamos un ejemplo hipotético pero verídico (no sé si me explico).

En un centro hospitalario un afamado cirujano engorda su privada de varices ofreciendo procedimientos terapéuticos no financiados pero que vende diciendo que «aportan ventajas sobre los que él puede realizar en el hospital público».

El efecto perverso que tiene que este médico trabaje en la pública y en la privada es síxtuple:

(1) Engaña a los pacientes, ya que deriva pacientes a su privada desde la pública mediante una información sesgada.

(2) Pervierte el mercado ya que se aprovecha de una posición de privilegio para acceder a un gran número de potenciales clientes a los que no podría acceder mediante sus propios medios y a los que no acceden otros colegas que solo trabajan en la privada y sobre los que tiene una ventaja competitiva no legítima

(3) Engaña al sistema de salud, ya que tiene un enorme incentivo para sobre-indicar la cirugía de varices y engordar la lista de espera de la pública (precisamente para aumentar el número de pacientes susceptibles de acabar en su privada; de hecho, cuanto más cerca de lo «estético» esté la intervención, es decir, menos indicada, más fácil será que el cliente o clienta acaben en su privada)

(4) Hace daño a los enfermos que realmente necesitan la intervención ya que tienen que esperar más porque la lista de espera está ocupada por pacientes que no necesitan la operación

(5) Hace daño a los ciudadanos que no necesitan la intervención pero a los que se la indica y a los que opera innecesariamente

(6) Hace daño a su propio Servicio ya que tiene un enorme incentivo para no introducir innovaciones sensatas en su práctica pública y así poder seguir ofreciendo supuestas o verdaderas ventajas técnicas en su privada

¿Cómo evitar los problemas que emergen cuando los médicos deben compatibilizar ganar un sueldo trabajando en la pública -con una cartera de servicios restringida (asumiendo un mundo ideal donde las prestaciones fueran solo las que han demostrada valor)- y forrarse en la privada con una oferta en continua expansión de tecnologías y/o medicamentos chatarra «último modelo»?

¿Con evaluación? En Alemania y en Reino Unido el financiador pone límites pero, sin incompatibilidades, no es suficiente para evitar el abuso: la asistencia inútil, superflua o no costo efectiva es derivada a la privada y es pagada directamente por el bolsillo de los enfermos engañados.

Pero es todavía peor si el financiador pone pocos límites (como en España) porque entonces la asistencia inútil invade el sistema público y es pagada por los todos los contribuyentes. Con lo poco no financiado, el médico hace su privada.

El asunto clave es evaluación más incompatibilidad. Evaluar sin incompatibilidad atenta contra el bolsillo de los engañados pacientes. No evaluar atenta contra el bolsillo de los contribuyentes. Es necesario establecer una frontera nítida entre una expansiva medicina comercial y una contractiva medicina pública. Son dos mundos distintos, con prioridades distintas, que necesitan ser habitados por enfermos y médicos distintos. Son dos mundos inmiscibles.

El mundo de la medicina privada será (estamos haciendo política sanitaria ficción, recordamos) el de la innovación continua y el que cuente con las mejores condiciones hoteleras que cada uno pueda pagar (como los hoteles, habrá hospitales con diferentes estrellas). No existirán listas de espera ni barreras a la medicalización y al consumo sanitario siguiendo los deseos de unos clientes de alto standing deseosos de prolongar sus acomodadas vidas al máximo, llenándolas de belleza, tecnología y seguridad preventiva. Los médicos mantendrán fructíferas relaciones con la industria farmacéutica y tecnológica y, naturalmente, ganarán enormes cantidades de dinero de manera proporcional al número de servicios médicos prestados. El sobrediagnóstico, el sobretratamiento, los problemas de seguridad relacionados con medicamentos o tecnologías poco testados o la ruina de las familias cuando el dinero se acabe y/o las enfermedades se cronifiquen, será la cruz. La cara, la capacidad de elección, el acceso directo a los especialistas sin un médico de atención primaria que ponga problemas y, por supuesto, la ausencia de esperas.

El segundo mundo será el de la medicina pública. Un mundo donde las innovaciones tecnológicas se incorporen mucho más lentamente, tras una rigurosa evaluación previa (que incluya la experiencia extraída en el mundo privado en el uso de estas tecnologías y medicamentos); organizaciones sanitarias más austeros pero también más equitativas, alrededor de una atención primaria accesible, y con inevitables pero transparentes y justas listas de espera (las organizaciones estarán centradas en aspectos no solo biomédicos sino también sociales, y habrá una continua e intensa participación de los ciudadanos que también tendrán voz en el establecimiento de las prioridades del sistema). En esta sanidad pública los médicos estarán bien pagados pero no ganarán más por indicar más intervenciones sanitarias y, por supuesto, su actividad pública será incompatible con la privada; las relaciones con la industria se producirán en contextos altamente controlados donde se eliminen los conflictos de interés. La cruz será la falta de capacidad de elección del usuario y las listas de espera; la cara, un sistema no centrado en las tecnologías sino en la deliberación médico paciente y el cuidado, y no medicalizador ni medicalizado (otros profesionales tendrán tanto o más valor que los médicos, como enfermería, trabajadores sociales, psicólogos, terapéutas ocupacionales, nutricionistas, etc..)

Es verdad que como dice Gérvas, en una especie de justicia divina, los ricos que acuden a la medicina privada tienen su castigo en forma de sobrediagnóstico y sobretratamiento pero, también es cierto que, la única manera de proteger a los pobres y a los sensatos de las garras del negocio de la salud va a requerir la incompatibilidad de la práctica público y privada. R

En suma,

(1) la práctica privada de la medicina implica (inevitablemente) una peligrosa deriva anti-ética;

(2) la compatibilidad de la actividad público y privada -además de intoxicar la labor pública, generar peligrosos incentivos a la sobreindicación, el sobrediagnóstico y la estafa-, impide que el sistema público proteja adecuadamente a los pobres y a los sensatos de las garras del mercado de la salud

(3) Podría ser interesante explorar la teoría de los dos mundos y valorar las consecuencias sociales, políticas y/o profesionales que conllevaría.

 

Ahora, la prometida traducción del texto del Dr Dean, «Private practice is unethical—and doctors should give it up»:

«Pregunta a cualquier fumador: la última persona con la que quieren estar es con alguien que acaba de dejar de fumar. Percibo un malestar similar entre algunos de mis colegas ahora que he renunciado a la práctica médica privada. Al igual que un católico no practicante rechazado por el sacerdocio, me he convertido en un apóstata.

Siempre he sido ambivalente acerca de la práctica privada pero se había vuelto cada vez más incómoda. Hasta que me di cuenta de que, en conciencia, no podía seguir con élla. No importa lo alto que me hubiera puesto mis propios estándares morales y éticos; la cuestión es que no podía escapar del hecho de que yo estaba involucrado en un negocio donde la conducta de algunos era tan inmoral, que rayaba lo criminal: los codiciosos se aprovechan de los más necesitados.

El negocio de la medicina y la práctica de la medicina son incompatibles. La medicina privada alienta a los médicos a tomar decisiones sobre la base de beneficios económicos en lugar de la necesidad de los enfermos….

El dinero es la raíz de todo

¿Entonces por qué comencé a trabajar en la privada? Para empezar, decidí que necesitaba el dinero para renovar la casa, educar a mis hijos y así sucesivamente. Y yo estaba seguro de que sería capaz de mantener mi actividad privada separada de mi trabajo público en el NHS. Atendía a mis pacientes privados después del trabajo de la pública. Pero se hizo cada vez más difícil según aumentaba mi actividad privada y la contaminación se hizo inevitable.

Dejó de ser ganarse la vida para convertirse en un negocio. Por supuesto, la práctica privada tien recompensas no meramente económicas: tenía más tiempo para los pacientes, conocí a algunas personas muy interesantes y he hecho buenos amigos, lo que no habría sucedido si hubiera restringido mi actividad exclusivamente al trabajo del NHS. Pero el hecho ineludible es que el dinero estaba en la raíz de todo. Esto es extraño, porque yo nunca anhelé un coche Maserati o un chalet en los Alpes suizos…

La realidad es que la actividad privada tiene efectos nocivos directos sobre el la pública. Un médico que quiera estar al día no puede estar en dos lugares a la vez; así que el tiempo de permanencia en el sector privado priva al NHS de un recurso valioso. La medicina privada es un lugar solitario: no se tiene el apoyo de un equipo como en el NHS. Los problemas clínicos son difíciles de discutir con los colegas (después de todo, los problemas son suyos y te pagan por solucionarlos). En el sector privado, los colegas de la pública son por lo general sus competidores.

Y, seamos sinceros: todo el negocio es en gran parte una estafa. Los pacientes creen que el pago implica una medicina de mayor calidad; pero, igual que pagar más por el champú con vitaminas añadidas, la promesa es mucho mayor que la realidad. Los ricos y famosos pueden utilizar las instalaciones privadas para esconderse de la mirada pública; pero para la mayoría de los pacientes privados «ordinarios», sin embargo, la principal ventaja es simplemente poder saltarse las colas del NHS. Los hospitales privados son como hoteles de cinco estrellas, pero en su mayor parte no son un buen lugar si estás realmente enfermo.

Disonancia cognitiva

El aspecto más pernicioso de trabajo médico privado, sin embargo, es el efecto indirecto que tiene sobre la práctica pública. Es difícil justificar someter a los pacientes privados a pruebas y tratamientos innecesarios si se evita hacer lo mismo con los pacientes del NHS. Así que, para aliviar el estrés de esta disonancia cognitiva, uno acaba utilizando el mismo sistema en ambas prácticas. Además, la práctica privada crea un incentivo perverso para aumentar los tiempos de espera: cuánto más largas sean las colas, más negocio para la privada. Por eso, las especialidades con cortos tiempos de espera, como la oncología, ofrecen poco trabajo privado. Los celos sobre los ingresos privados es, además, una importante fuente de conflicto entre médicos en muchos hospitales.

Sé lo que algunos estarán pensando: ¿qué hay de malo en hacer un trabajo extra en el propio tiempo libre? El problema no es la actividad extra sino el conflicto inevitable con el trabajo principal.

No echo de menos la práctica privada. Quitarse la carga es liberador. Y me parece que el tiempo que he ganado es mucho más valioso para mí que el dinero extra. ¿Es una hipocresía sentarme encima de la pila de dinero que he ganado y pretender tener la autoridad moral? Tal vez, pero siento haberlo hecho. Tal vez hubiera sido más fácil si no me lo hubieran permitido. Tal vez los políticos sanitarios deberían trazar una línea infranqueable entre la medicina privada y la pública y obligar a los médicos a elegir.

 

Información enviada SURCOS Digital por Rafaela Sierra.

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“Las emociones pesan mucho más de lo que reconocemos”

Luis Fallas con nuevo libro

El autor analiza las pulsiones y su influencia en la bioética

“Las emociones pesan mucho más de lo que reconocemos”
El Dr. Luis Fallas López presentará su libro Emociones y Bioética el miércoles 18 de marzo, a las 6 p.m. en el auditorio Roberto Murillo. (foto Rafael León).

 

Eduardo Muñoz Sequeira

Periodista, Oficina de Divulgación e Información

 

Emociones y Bioética. Miradas desde la filosofía griega es el título del nuevo libro del profesor Luis Fallas López, que el investigador presenta como un proyecto más aventurado que prudente para acercarse a dos grandes cuestiones.

“Cuestiones como el temor, el deseo, la alegría, el amor, la vanidad, la vergüenza, la indignación, directa o indirectamente se pondrán de relieve a lo largo del libro. En ese sentido nos mueve la impresión de que las emociones pesan mucho más de lo que solemos reconocer en la construcción de nuestro “êthos”, dijo Fallas.

Esta nueva obra de la Editorial UCR se presentará el miércoles 18 de marzo en el auditorio Roberto Murillo, en la Facultad de Letras. El encuentro iniciará a las 6 p.m., con la presencia de la doctora Myleen Madrigal Solano, coordinadora del Comité Bioético del Colegio de Médicos de Costa Rica; así como del Dr. Antonio Marlasca López, filósofo y profesor de la Escuela de Filosofía. La moderación estará a cargo del profesor Mario Solís Umaña, subdirector de dicha unidad académica.

“Las emociones pesan mucho más de lo que reconocemos” afirma el investigador Fallas López, quien funge como director del Instituto de Investigaciones Filosóficas. La publicación se aventura en el análisis sobre cuáles deberían ser nuestras actuaciones ante pulsiones humanas elementales, desde un enfoque de la ética griega, desde los antecedentes mismos.

“Las emociones pesan mucho más de lo que reconocemos”2
Las emociones, las pulsiones más básicas del ser humano, afectan su conducta ante actos cotidianos, sobre los cuales los filósofos griegos defienden la idea de la moderación, explicó el Dr. Luis Fallas. (foto Editorial UCR-Jorge González).

Entre los temas que el filósofo presenta están el pudor como herramienta para la vida, un abordaje por demás interesante en momentos en que “ahora tenemos menos vergüenzas que antes”, comentó el profesor Fallas a Noticias Universidad. Los dilemas cotidianos presentados en la publicación causaran interés entre aquellos que buscan enfoques novedosos desde la filosofía. “Cosas elementales que uno debería saber, como por ejemplo, ¿qué es lo que todo el mundo quiere? Ser feliz, pero eso como se traduce ¿Es un bienestar constante que me permita sonreír? Además, me metí en esto del tema del amor, no porque piense que sea un mandamiento u obligación, sino porque es una pulsión muy básica y debe verse hasta dónde me afecta, cuando hacemos una ética de eso no es ponerle límites, sino cómo ayuda a comprenderse a uno mismo”, agregó Fallas.

Por otro lado, el autor desarrolla la idea de la moderación, la búsqueda de los puntos medios en las acciones, como lo plantearon los griegos. Además de ese llamado al equilibrio, en la publicación se plantea cómo las emociones son fundamentales para decidir responsablemente sobre nuestros cuerpos.

El libro trata mucho sobre la bioética relativa a los comités en los centros médicos, pero también habla del trabajo de un médico y acerca de la decisión que un paciente toma con respecto a su propio cuerpo. Aunque tradicionalmente se ha depositado toda la responsabilidad de las bioética en los profesionales de la salud, ésta también nos exige una participación activa porque nos afecta directamente. Desde actos tan simples como permitir que alguien nos toque, la aplicación de una inyección hasta tratamientos médicos prolongados, experimentales o innovadores que implican una participación responsable de cada persona.

La temática de este libro es resultado de dos proyectos de investigación que ha llevado al Dr. Fallas a presentar conferencias, participar en congresos internacionales y avances editados en varias publicaciones. Como parte de su labor sobre esta temática ha sido miembro de comités de bioética en el Cendeiss, CCSS y fue miembro propietario del Consejo Nacional de Investigaciones en Salud, del Ministerio de Salud, en el periodo 2005-2010.

El libro Emociones y Bioética. Miradas desde la filosofía griega puede adquirirse en la Librería Universitaria. Para más detalles puede llamar al teléfono 2511-7258.

 

Información tomada de: http://www.ucr.ac.cr/

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Pensamiento Del Día Para No Quedarse Dormido En El Bus IV

Macv Chávez

Pensamiento Del Día Para No Quedarse Dormido En El Bus VI

Cuando existen las tempestades de la ira la persona, por su propia naturaleza, tiene dos formas de reaccionar: la irracional y la racional, es decir, animal y humana.

La animal se manifiesta mediante la reacción instintiva, sin evaluar los daños o problemas que pueden suceder a raíz de ello; y la humana según la forma más correcta de hacer las cosas, evaluando o analizando la situación, los daños y perjuicios que el acto podría atraer u ocasionar; y es por esta razón que nuestra forma de actuar va a definir si evolucionamos de nuestra naturaleza animal a la humana o, simplemente, todo lo contrario, es decir, si involucionamos de la humana a la animal…

Pero, ¿qué pasa cuando se vive en una sociedad de animales que parecen humanos? Es un poco complicado de responder, ¿no?…

Pues, sucede que quizás por ser seres imperfectos -con mucha falta de templanza- en situaciones como éstas, a veces, terminemos manifestando nuestra debilidad humana al reaccionar instintivamente ante determinadas situaciones, esas que se suele vivir cuando uno se encuentra inmerso en esa selva de cemento, donde -por muy grande y hermosa que sea su evolución estructural o “cultural”- existe mucha injusticia, malos actos y grandes faltas que mortifican el alma del ser humano porque se desvalora la dignidad humana, esa que muchas veces se suele humillar ya sea por uno mismo o, simplemente, por otra u otras personas; por esto, es muy importante saber reconocer estas dos naturalezas con la finalidad de trabajar en el control de ella para que así gane la humana a la animal; pero no es fácil, cuesta mucha constancia y encontrarse consigo mismo en sí y en el otro.

 

Y ahora me digo: ¡¿Qué tan difícil es vivir en una sociedad como esta?!

 

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Pensamiento Del Día Para No Quedarse Dormido En El Bus III

Macv Chávez

Pensamiento Del Día Para No Quedarse Dormido En El Bus III

Después de andar 3 meses sin leer más que un libro, después de retomar la lectura de forma constante, me quedé con la introducción de un libro, porque con él pude sentir cómo se desesperaban mis conductos neuronales, sentía como si quisieran estallarme las venas, esas que se albergan en mi pobre cabeza, ante la miserable sensación que sentí al ver los grandes logros obtenidos por unos personajes célebres –pero tan humanos como yo- a lo largo de la historia…

¿Cuántas teorías? ¿Cuánto conocimiento que no he logado explorar?… Esa sensación golpeaba seriamente mi ignorancia, hostigándome la vergüenza con las ganas de tirar la toalla, hasta el punto de sentir el miedo de un colapso mental… ¡Con qué ganas quería escapar del deseo de imitar al ratón de biblioteca!…

Creo que este querer rendirse es una sensación de lo más normal… ¡No Más!… Creo que es el miedo el que nos altera seriamente el comportamiento del cuerpo y tan sólo para confundirnos la mente, para hacernos pensar firmemente en desistir del aprendizaje… Creo también que este miedo es un gran alimentador del fracaso… Creo también que este miedo es alimentado por el círculo social del que nos rodeamos, porque a veces tenemos a nuestro alrededor gente que no tiene conocimiento ni ha practicado su capacidad de razonar, que no sabe refutar lo que se le dice, que sólo acata las cosas como si estuvieran programados para comportarse como un robot… Y creo que ser el bicho raro de algún grupo social hace –a veces- que uno deje de alimentar al conocimiento y, por ende, desde el subconsciente se desiste para no sentirse un extraterrestre a lado de los comunes… Pero, también creo que por eso no se puede dejar de ser más humano, porque no podemos dormir a la razón, porque al final si alguien -Platón, Freud, Marañón, o quién diablos fuera,- hizo algo en la historia del conocimiento fue porque simplemente puso a trabajar su lado más humano en beneficio de la búsqueda de la verdad desde su visión del mundo y en comparación con el mundo de los demás, que viene a ser el mundo de todos…

Por tanto, no hay que rendirse, aunque se caiga el cuerpo por lo que pueda estar sintiendo, no debemos rendir ni permitir rendirse al espíritu… ¡Así qué yo no me rendiré!, me pondré a leer un poco más, porque tengo la firme intención de aprender más para poder comprender más nuestro ser seres humanos…

 

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Pensamiento Del Día Para No Quedarse Dormido En El Bus II

Macv Chávez

Macv Chávez - Delirios De Una Neurona

Una mañana encendí el televisor para ver las noticias. El ministro del interior del Perú –hoy ex ministro- contestaba unas preguntas a varios periodistas y, no sé si contestaba las preguntas según el orden o según su conveniencia pero, al menos, dijo una gran verdad: “No se puede desaparecer la delincuencia” –o algo así; lo cierto es que esto es verdad-…

Está claro que es evidente e histórico que no se puede ni se va a poder desaparecer la delincuencia -pero al menos sí se puede disminuir- porque siempre van a existir el flojo o los flojos, vagos improductivos y destructivos, esos que gustan de vivir su vida con los bienes ajenos, sin invertir nada (a los que llamaremos “ilegales” o delincuentes comunes y del que poco hablaremos) o invirtiendo un fuerte capital publicitario para llegar a la bolsa del pueblo (a los que llamaremos “legales” o politiligeros, porque son ligeritos para llenarse los bolsillos y flojos para hacer lo que les corresponde y de forma productiva).

En ambos casos, los dos tipos de flojos, realizan sus fechorías aprovechándose de la confianza de las personas para hacer desaparecer las cosas como si se tratase de un truco de magia; y este acto a los ilegales les toma sólo unos cuantos segundos y a los legales un tiempo bien planificado, sin tanto esfuerzo; y no como aquel hombre sencillo y trabajador, es decir, con tanto sacrificio y esmero, brindando parte de sus fuerzas y capacidades a la sociedad en lo que hace, porque quiere vivir lo más correctamente posible, dentro de su espacio de desenvolvimiento laboral o social, donde intenta llegar a un crecimiento personal mediante el logro de objetivos concretos, según ordena su ética y moral, las que aprendió como parte de su desarrollo para alcanzar una madurez personal.

Por tanto, si queremos encontrar paz y seguridad en la sociedad en la que vivimos, necesitamos cambiar de politiligeros a políticos –porque pienso que el gobierno fue cedido a los políticos por el pueblo porque se les consideró personas fiables –bueno esa es la idea o teoría de la representación política, aunque en la práctica casi no se cumple- para que ellos puedan ayudar a guiar, mejorar o cambiar a la sociedad, mediante el buen gobierno con impulso de la educación, salud y cultura, afianzado sobre las bases morales y éticas que la sociedad adopta como cultura, cultura que debe verse reflejada en los valores y virtudes, esos dos pilares que sólo son capaces de practicar las personas, porque las personas son las únicas entidades vivas que son capaces de practicar a libre elección el ser mejor, el elegir entre el bien o mal, entre lo correcto e incorrecto…

Pero como no podemos fiarnos del todo de los políticos, gracias a su la larga trayectoria histórica y de corrupción, pienso que como buenos ciudadanos y actores sociales estamos llamados y debemos obligarnos a ser parte del grupo de colaboradores del gran cambio, con la finalidad de alcanzar el desarrollo de nuestra sociedad y sino, en todo caso, siempre nos puede quedar cambiar de sociedad, de lugar de residencia, o formar una nueva o, simplemente, aislarse completamente del mundo…

Por tanto, si adoramos nuestro lugar de residencia y tenemos conciencia social, no podemos quedarnos con los brazos cruzados, porque es tiempo de dar un paso adelante y poner nuestro grano de arena en ese cambio social que nuestra nación o ciudad necesita; por eso, hay que hacer que ese cambio sea una obra concreta, una obra constante, una obra que va mejorando nuestro alrededor, que va dando buenos frutos en el pasar del tiempo, porque es tiempo lo que se necesita para poder contar con una buena conciencia sobre la importancia de ser agentes de cambio en nuestra vida diaria en la sociedad, para no estar esperanzados en los políticos, que muchas veces se olvidan para qué se les concede esos puestos representativos… simplemente, es tiempo de ser actores vivos y constantes en este mundo que necesita tanto de un encuentro consigo mismo, con su lado más humano, con la razón de las cosas, con el por qué, cómo y para qué de nuestra existencia.

 

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