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Etiqueta: guerra en Ucrania

El notable nuevo mundo de los BRICS

Gilberto Lopes
San José, 21 de septiembre del 2026

Los BRICS encarnan el llamado Sur Global. Es ahí, en ese espacio, donde se encuentran con el que había creado el Movimiento de los Países No Alineados, hace ya más de 60 años. Pero ese Sur Global posee hoy un poder económico que los No Alineados nunca tuvieron, como dice el periodista esloveno, Uroš Lipušcek.

No es extraño que un periodista esloveno recuerde a los No Alineados, un movimiento cuyas raíces hay que buscar en la ciudad de Bandung, en Indonesia, en 1955, y en Belgrado, capital de Yugoslavia, seis años después, dirigida entonces por el mariscal Tito, y de la que Eslovenia era parte.

En abril de 1955 se reunieron en Bandung representantes de 29 países de África y Asia, y de territorios aún estaban sometidos a un poder colonial. Era, naturalmente, otro mundo.

Del impulso de Bandung derivó la reunión de Belgrado, inaugurada el 6 de septiembre de 1961, en plena Guera Fría. Solo dos semanas antes había comenzado la construcción del muro de Berlín y un día después de la inauguración de la cumbre la Unión Soviética realizó un ensayo nuclear.

Anuradha Chenoy, exdecana de la Escuela de Estudios Internacionales de la Jawaharlal Nehru University de New Delhi, también encuentra en las conferencias de Bandung y de Belgrado un hilo que las vincula al movimiento de los BRICS.

No es difícil encontrar un hilo conductor entre un movimiento que tuvo su mayor influencia en los años 60 y 70 del siglo pasado, y este otro, el de los BRICS, surgido hace 20 años, y que ha tomado un nuevo impulso en la reunión de Nueva Delhi, celebrada el 12 de septiembre pasado, asegura.

No es extraño tampoco que una intelectual hindú se sienta vinculada a ambos procesos. El entonces primer ministro Jawaharlal Nehru desempeñó un papel fundamental, junto a Tito y al egipcio Gamal Abdel Nasser, en el surgimiento del Movimiento de los No Alineados. Había que evitar, a mediados del siglo pasado, que la Guerra Fría se transformara en otra, caliente. Eso se logró, como lo sabemos hoy. Por lo menos hasta ahora.

Los BRICS y las guerras de nuestro tiempo

Los BRICS toman el relevo de esas reivindicaciones, en un escenario muy distinto. Entonces parecía que los ensayos de las potencias nucleares apenas dejaban oír la voz de los 29 países africanos y asiáticos y la de los territorios coloniales. Aunque los resultados logrados podrían sugerir que aquella voz, aparentemente apenas audible, de algún modo se sumó a los esfuerzos de quienes advertían contra los riesgos de la Guerra Fría.

Quizás debamos aprender algo de esa experiencia. Al igual que los No Alineados, los BRICS enfrentan el desafío de un orden internacional en el que no se sienten debidamente representados. Y tampoco se sienten cómodos en un mundo en el que Estados Unidos ha vivido librando alguna guerra prácticamente todos los años desde el fin de la Guerra Fría.

Tres de los miembros de los BRICS –Rusia, Irán y Arabia Saudita– están involucrados en dos de los conflictos internacionales más importantes en la actualidad, lo que enfrentaba el movimiento a una compleja negociación en la cumbre de Nueva Delhi para llegar a una declaración final que pudieran firmar todos.

Irán y Arabia Saudita ocupan lados distintos en el Medio Oriente, tanto por sus relaciones con Estados Unidos como con Israel.

La agresión de Estados Unidos ha provocado un caos en el mercado de hidrocarburos, con el bloqueo del estrecho de Ormuz por Irán y la renovada ofensiva de los hutíes, en Yemen, que les ha permitido controlar la estratégica ciudad portuaria de Moka, amenazar la navegación en el estrecho de Bab el Mandeb, y atacar instalaciones militares en Arabia Saudita, lo que obligó a cerrar el oleoducto que transporta el crudo saudí desde el golfo Pérsico hacia el mar Rojo.

Por otro lado, la presencia rusa, una de las partes de la guerra en Ucrania, también obligaba a una difícil negociación para lograr una declaración final común. El mismo primer ministro hindú, Narendra Modi, pidió a Putin poner fin a esa guerra cuando se reunieron en Delhi.

La declaración, un largo documento de 45 páginas y 140 puntos, no hace referencia explícita a ese conflicto, sino que subraya la importancia de los esfuerzos para prevenirlos, abordando sus causas más profundas. Una formulación que responde a las demandas rusas, sin dejar de satisfacer a quienes piden a Rusia poner fin al conflicto.

Un arreglo imposible

En todo caso, parece imposible un arreglo negociado de esa guerra en estos momentos. El politólogo norteamericano John Mearsheimer no cree siquiera que sea posible en algún momento una solución negociada, dada la naturaleza de las demandas de cada parte. Sobre todo por la decisión rusa de incorporar al país territorios ucranianos fronterizos, una medida que Kiev no está dispuesta, por ahora, a negociar.

Pero me parece que hay más razones por las que no surgen iniciativas para resolver el conflicto mediante negociaciones diplomáticas. Europa (y Canadá) apuestan todavía por algún tipo de “derrota” de Rusia. Una que la debilite, que no deje dudas de que no alcanzó sus objetivos. Mientras esa esperanza exista, mientras Europa (y Canadá) estén dispuestos a seguir apostando (armando y financiando) la guerra, las perspectivas de paz no son posibles. El congreso de los Estados Unidos también aprobó, el pasado miércoles, 16 de septiembre, “sanciones infernales” contra el sector energético ruso, que Moscú calificó de “medidas hostiles”. Pretenden con eso no solo impedir la venta del petróleo y gas rusos o iraníes a terceros países, sino también sancionar a quienes comercien con ellos, especialmente China e India.

No se debe, en todo caso, perder de vista lo que ocurre en el escenario político interno de los diversos países europeos o de América del Norte, desde Londres a Rumania, pasando por las elecciones suecas del pasado domingo 12 de septiembre (que conformaron un difícil escenario político), o las elecciones locales en Alemania, o la general en Francia, el año próximo y las estadounidenses de noviembre próximo. Cada una puede tener repercusiones en el escenario internacional difíciles de prever.

No son solo las presiones políticas. La guerra en Ucrania somete la economía europea a renovadas tensiones, que afectan también a Ucrania y a Rusia, con un enorme costo, que se suman a las inevitables tensiones políticas internas, mayores en Kiev que en Moscú, donde las elecciones de la semana pasada le dieron un apoyo renovado a Putin.

¿Los delicados equilibrios debilitan los BRICS?

Las potencias nucleares se multiplicaron desde el final de la II Gurra Mundial, dejando atrás el reconocimiento de las cinco aceptadas entonces, las únicas autorizados a tener armas, atómicas y que conforman el grupo de miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

Hoy tres potencias nucleares integran los BRICS: China, Rusia e India. Pakistán aspira también a incorporarse. Las relaciones entre los dos primeros están consolidadas hoy al más alto nivel. Del mismo modo, después de grandes tensiones y confrontaciones armadas en una vasta frontera aun no definitivamente delimitada, China e India han logrado un notable acercamiento, que la primera visita de Xi a la India en siete años consolidó.

No falta quienes prefieren enfatizar la debilidad de los equilibrios que sustentan los BRICS. Para Sarang Shidore, director del Programa Sur Global del Quincy Institute –una organización norteamericana que reivindica la diplomacia para lograr la paz internacional– lo que parecía una exitoso resurgimiento del Sur global “comienza a parecerse un poco como una familia disfuncional reunida para Navidad”.

Shidore habla de una “indigestión provocada por su rápido crecimiento” y un “modesto impacto en el terreno”. ¿Será? En todo caso, aún él reconoce que “sería un error decir que los BRICS son un fracaso”. En un artículo publicado en Foreign Policy, destaca que en menos de dos décadas logró conformar el primer grupo verdaderamente transcontinental no Occidental, con historias de éxitos financieros y la conformación del Nuevo Banco de Desarrollo. No parece poca cosa.

Un mismo énfasis hace la periodista Imma Bonet, en un artículo para el diario español El País, firmado en Beijing: “cuanto más crecen, más complicado resulta que hablen con una sola voz”, afirmó. Aunque (como Sarang Shidore) reconoce que el crecimiento de los BRICS les ha dado “una relevancia difícil de ignorar”, estima que “ese peso agregado sigue siendo, en buena medida, más estadístico que político”.

Al final, las apuestas están sobre la mesa: resulta imposible desconocer la importancia de un grupo de reúne hoy a las dos mayores poblaciones del mundo –India y China–, el país más extenso territorialmente –Rusia– y las mayores economías de América Latina y África –Brasil y África del Sur–. Pero no dejan de enfatizar las dificultades para conciliar posiciones, en un escenario conformado por intereses tan diversos.

Desde luego, hay otros puntos de vista: para el brasileño Evandro Menezes de Carvalho, profesor de Derecho Internacional en la Universidade Federal Fluminense, de Rio de Janeiro, la Cumbre de Nueva Delhi confirmó que los BRICS “ni han perdido dirección ni han agotado sus objetivos”.

O, como dice Dmitri Trenin, presidente del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales e investigador principal del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales: “no hay necesidad de hacer que los BRICS parezcan algo que no son: no son una alianza ni una coalición antioccidental y, en todo caso, su trayectoria ofrece una pincelada de un tipo diferente de orden mundial”.

Al final, la Declaración de Nueva Delhi ha dado, por ahora, una respuesta que, en opinión de Bonet, “recoge sus posiciones sobre los principales asuntos globales y regionales y una hoja de ruta para reforzar la cooperación”.

La clave para una cumbre exitosa

«Creo que la cumbre de los BRICS fue bastante exitosa, en parte gracias a la visita de Xi», declaró al diario chino Global Times Mohammed Saqib, secretario general del Consejo Económico y Cultural India-China. «El discurso del presidente chino fue inspirador», añadió.

Tanto la prensa china como la hindú hicieron particular hincapié en la importancia de las relaciones entre ambos países. Una relación que trasciende el ámbito bilateral, en un mundo donde el hegemonismo y el unilateralismo van en aumento, estimó Qian Feng, director del Departamento de Investigación del Instituto Estratégico de la Tsinghua University. En la declaración final de la cumbre se había destacado la importancia del Sur Global como motor de cambios positivos, en un mundo de crecientes tensiones geopolíticas.

Concluida la cumbre, las miradas se han vuelto hacia Beijing, donde Xi se prepara para su visita a Washington a fin de mes, donde se reunirá con el presidente Trump del 23 al 25 de septiembre.

Xi ha preparado el viaje cuidadosamente, consolidando su presencia en diversos escenarios internacionales. Primero, en la reunión de la Organización de Cooperación de Shangai (SCO), celebrada en Biskek, capital de Kirguistán. Ahí estaban también Putin y Modi, los presidentes de países del Asia Central, Irán y Pakistán, además de diversos países que asisten en un formato SCO Plus.

Aunque la prensa occidental no dio gran cobertura a la reunión, el resultado fue considerado como la consolidación de un eje de países asiáticos que conforman otro bloque en el escenario multilateral promovido por el Sur Global. Además de la Declaración de Biskek fueron aprobados otros 27 documentos, incluyendo acuerdos sobre uso de monedas nacionales en el comercio regional, cooperación energética y de seguridad y el anuncio de nuevos corredores de transporte, como el ferrocarril, en un formato bastante parecido al de los BRICS.

En la medida en que se acerca su reunión con Trump, Xi refuerza sus contactos internacionales, con la asistencia a las cumbre de los BRICS y de la SCO, seguida de la visita al Cairo. Bishkek, Cairo y Nueva Delhi son una clara demostración de que China tiene un estratégico margen de maniobra, destacó en una nota el SCMP, un importante diario de Hong Kong.

Este es el escenario del notable mundo nuevo que los BRICS tratan de interpretar. Una renovada presencia en los organismos políticos y financieros internacionales; el desarrollo de renovadas relaciones comerciales, con el uso creciente de monedas locales; un banco de desarrollo aun modesto, pero que ya da sus primeros pasos; y la oposición a la jurisdicción extraterritorial de ilegales sanciones unilaterales son parte de esa agenda con la que se teje un delicado nuevo orden internacional.

FIN

De Blackwater al NASDAQ: la visión de Erik Prince sobre la guerra en Ucrania

Felix Madariaga

Por Félix Madariaga

Durante el Black Sea Security Forum, el fundador de Blackwater y actual presidente de Swarmer, Erik Prince, presentó una visión de la guerra en Ucrania que va mucho más allá del campo de batalla. Su intervención mostró cómo el conflicto se ha convertido, para ciertos sectores, en un espacio de innovación tecnológica, inversión financiera y transformación de la industria militar.

Prince elogió la capacidad de Ucrania para desarrollar drones de bajo costo, descentralizar las decisiones militares y acelerar la incorporación de nuevas tecnologías directamente desde el frente de combate. A su juicio, este modelo supera ampliamente los sistemas de adquisición de armamento de Estados Unidos y Europa, a los que calificó de burocráticos y obsoletos.

Sin embargo, detrás de ese discurso sobre eficiencia e innovación surge una pregunta inevitable: ¿se está analizando la guerra como una tragedia humana o como una oportunidad de negocios?

Uno de los aspectos más llamativos de su exposición fue el anuncio del éxito bursátil de Swarmer, empresa que, según explicó, se convirtió en la primera compañía ucraniana del sector en cotizar en el NASDAQ. Prince señaló además que busca identificar empresas tecnológicas ucranianas, asociarse con ellas y llevar sus desarrollos al mercado internacional.

La experiencia adquirida en el campo de batalla deja así de ser únicamente un recurso para la defensa nacional y pasa a convertirse en un activo comercial y financiero.

Otro punto especialmente controvertido fue su visión sobre el futuro de los veteranos ucranianos. Prince afirmó que, una vez terminada la guerra, cientos de miles de excombatientes podrían integrarse a empresas militares privadas para entrenar fuerzas armadas de otros países o participar en operaciones de seguridad. Incluso planteó la necesidad de crear un marco legal que les permita «monetizar» su experiencia.

Aunque advirtió sobre el riesgo de que organizaciones criminales intenten reclutar a estos veteranos, su principal preocupación fue facilitar su incorporación al mercado internacional de la seguridad privada.

El discurso también refleja una tendencia más amplia: la creciente influencia del sector privado en asuntos tradicionalmente reservados al Estado. Prince defendió reducir los controles políticos sobre las adquisiciones militares para entregar mayor autonomía a los mandos operativos, argumentando que ello permitiría innovar con mayor rapidez. Sus críticos, sin embargo, podrían señalar que una mayor participación empresarial en la toma de decisiones sobre defensa también plantea interrogantes sobre la transparencia, la rendición de cuentas y el control democrático del gasto militar.

Llama la atención, además, lo que el discurso deja fuera. A lo largo de su intervención prácticamente no hay referencias a las víctimas civiles, los millones de desplazados, la destrucción de ciudades o la necesidad de avanzar hacia una solución política del conflicto. El centro del análisis está puesto en drones, eficiencia, innovación, inversiones y mercados.

La intervención de Erik Prince ilustra cómo la guerra en Ucrania también está siendo observada desde la lógica del complejo militar-industrial y los mercados financieros. Reconocer los avances tecnológicos desarrollados durante el conflicto no impide plantear una reflexión crítica: cuando una guerra comienza a generar oportunidades de inversión, empresas que cotizan en bolsa y nuevos mercados para la industria de la defensa, resulta legítimo preguntarse si la prioridad sigue siendo alcanzar la paz o si, para algunos actores, el conflicto también representa una oportunidad económica.

Más allá de las posiciones políticas sobre la guerra, las palabras del fundador de Blackwater muestran una realidad difícil de ignorar: en el siglo XXI, los conflictos armados no sólo redefinen las estrategias militares, sino también los negocios, las finanzas y el papel de las empresas privadas en la seguridad internacional. Ese debate merece tanta atención como el desarrollo de las armas que hoy dominan el campo de batalla.

Fuente.

Mercenarios, crimen organizado y guerra en Ucrania: una amenaza cercana para América Latina

Por Félix Madariaga

La guerra en Ucrania no solo ha provocado una devastación humana y material sin precedentes en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. También ha abierto interrogantes sobre el destino de miles de combatientes extranjeros, la proliferación de conocimientos militares avanzados y el eventual traslado de esas capacidades hacia organizaciones criminales transnacionales.

Diversos organismos de seguridad han advertido durante los últimos años que los conflictos armados prolongados suelen convertirse en verdaderas escuelas de guerra para combatientes extranjeros, quienes posteriormente pueden incorporarse a redes criminales, grupos insurgentes o empresas militares privadas. La experiencia adquirida en el manejo de drones de ataque, guerra electrónica, explosivos, minas, reconocimiento y combate urbano constituye un conjunto de conocimientos altamente valorados por organizaciones dedicadas al narcotráfico.

En este contexto, diversos reportes periodísticos e investigaciones han señalado que integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) habrían buscado incorporar exmilitares colombianos con experiencia en combate. Asimismo, algunas investigaciones sostienen que individuos vinculados al crimen organizado latinoamericano habrían intentado obtener entrenamiento o experiencia militar participando como combatientes en Ucrania.

Sin embargo, aunque estas informaciones resultan sumamente preocupantes y plausibles, aún son objeto de investigación y no constituyen pruebas concluyentes de una política oficial del Estado ucraniano destinada a entrenar organizaciones criminales.

Lo que sí resulta evidente es que el conflicto ha acelerado la difusión de tecnologías militares relativamente económicas, particularmente drones FPV, municiones merodeadoras («drones kamikaze»), sistemas de observación aérea y nuevas tácticas de combate. Expertos en seguridad internacional han advertido que, una vez finalizada una guerra, parte de estos conocimientos suele expandirse hacia mercados ilegales y actores no estatales.

En ese sentido, el periodista mexicano Marco Teruggi señala: «La novedad es que habría narcotraficantes adquiriendo instrucción en Ucrania para traer esos conocimientos a nuestro país. Ahí están miembros de carteles de la droga mexicanos, en particular del CJNG, exactamente en la línea de combate, donde mueren soldados. Específicamente en el manejo de drones de última tecnología, aprendiendo el uso de aeronaves no tripuladas para traer ese conocimiento y utilizarlo acá».

Sin embargo, en el caso de los narcotraficantes, la información disponible indica que estos se infiltrarían en las escuelas de formación para el manejo de drones, ocultando su filiación y procedencia. Los integrantes de los carteles que viajarían a Ucrania lo harían a través de empresas militares privadas, utilizadas como fachada para hacerse pasar por voluntarios, sin antecedentes criminales, con recomendaciones falsificadas e incluso con pasaportes falsos.

Ucrania se ha convertido en un gran laboratorio de guerra, donde se están probando nuevos armamentos, como drones kamikaze capaces de perseguir objetivos, drones de inteligencia y drones de ataque. Acceder a ese conocimiento significa adquirir capacidades tecnológicas de vanguardia que, en principio, deberían estar reservadas a las fuerzas armadas y no a organizaciones dedicadas al narcotráfico. Ello cobra especial relevancia considerando que parte de la formación militar que reciben las fuerzas ucranianas es impartida por instructores especializados de la OTAN.

A ello se suma otro elemento que merece atención: gran parte de las armas utilizadas por organizaciones criminales en México proviene de Estados Unidos. En ese contexto, resulta llamativo que en el escenario ucraniano puedan coincidir exmilitares, expolicías y presuntos integrantes del crimen organizado en un mismo espacio de combate.

El reclutamiento de exmilitares colombianos constituye otro fenómeno ampliamente documentado. Muchos son atraídos mediante ofertas laborales como escoltas o guardias de seguridad, pero posteriormente terminan integrándose a estructuras armadas del crimen organizado mexicano. Su formación profesional en explosivos, patrullaje, combate rural y operaciones especiales representa un activo estratégico para organizaciones como el CJNG.

Esta situación plantea un desafío internacional. La circulación global de combatientes, instructores y especialistas militares demuestra que las guerras contemporáneas producen efectos que trascienden ampliamente sus fronteras. La experiencia adquirida en un conflicto puede terminar alimentando la violencia criminal en otras regiones del mundo.

Las declaraciones del vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, Dmitry Medvedev, han insistido en denunciar que combatientes extranjeros formados en Ucrania podrían terminar integrándose a organizaciones criminales internacionales. No obstante, estas afirmaciones deben entenderse como la posición del gobierno ruso en el contexto de la guerra y no como conclusiones independientes plenamente demostradas.

Más allá de las disputas políticas entre Moscú y Kiev, el verdadero problema consiste en impedir que los conocimientos y las experiencias militares adquiridos durante la guerra terminen fortaleciendo a organizaciones criminales transnacionales. La historia demuestra que, cuando un conflicto concluye, las armas, la tecnología y los combatientes rara vez desaparecen; con frecuencia encuentran nuevos escenarios donde continuar operando.

Fuentes:

https://www.dw.com/es/presencia-de-c%C3%A1rteles-mexicanos-del-narcotr%C3%A1fico-en-el-frente-de-ucrania/a-73724607

https://www.youtube.com/watch?v=BdC_PNiM9xU&t=69s

https://www.elimparcial.com/mundo/2024/04/09/rusia-afirma-que-estados-unidos-envia-a-narcotraficantes-mexicanos-a-ucrania/

https://www.reforma.com/eu-recluta-a-narcos-mexicanos-para-ucrania-acusa-rusia/ar2786977

https://www.eluniversal.com.mx/mundo/rusia-acusa-a-ucrania-de-facilitar-el-narcotrafico-hacia-europa-senala-vinculos-con-carteles-mexicanos/

Chile y el negocio de la guerra: Una tentación riesgosa e incoherente

Félix Madariaga

En medio de un escenario internacional marcado por conflictos armados y reconfiguraciones geopolíticas, Chile enfrenta una disyuntiva que no es menor: abrir o no la puerta a vínculos estratégicos, tecnológicos y comerciales con un país que hoy se encuentra en el medio de una guerra activa.

La visita en marzo pasado del canciller ucraniano Andrii Sybiha no pasó desapercibida. Más allá del protocolo diplomático, lo preocupante es el contenido y la orientación de las reuniones sostenidas en el país. Particularmente relevante resulta el encuentro con el presidente de ultraderecha José Antonio Kast durante el cambio de mando, en el cual le transmitió un mensaje directo del presidente Volodímir Zelenski y se exploraron áreas de cooperación que incluyen agricultura, tecnologías no tripuladas y digitalización.

A primera vista, estos temas pueden parecer inocuos o incluso beneficiosos. Sin embargo, al observar el contexto en el que se desarrollan, surgen interrogantes profundas. ¿Qué significa realmente establecer cooperación en tecnologías no tripuladas con un país que ha desarrollado gran parte de estas capacidades en el marco de un conflicto bélico? ¿Qué tipo de transferencia tecnológica se está promoviendo? ¿Y bajo qué condiciones?

Estas dudas no son abstractas. En la reciente Feria Internacional del Aire y del Espacio (FIDAE), realizada en Chile, se exhibieron sistemas desarrollados en un contexto de guerra, entre ellos, el dron ucraniano “Vampire”. Su presencia no solo da cuenta del interés por posicionar este tipo de tecnologías en el mercado chileno, sino también de la intención de abrir espacio a eventuales adquisiciones por parte del Estado. No se trata, por tanto, de una discusión hipotética, sino de una posibilidad concreta que ya comienza a tomar forma.

La presencia del dron ucraniano “Vampire”, también conocido como “Baba Yaga” en la FIDAE no solo llamó la atención por su origen y sus usos, sino también por la forma en que fue presentado. Lejos de una exhibición abierta y transparente, el stand carecía de interlocutores adecuados para el público local: no había personal que hablara español, se restringía la posibilidad de fotografiar el equipo y sólo se entregaba un folleto o información técnica. En la práctica, quienes se interesaban por conocer más sobre esta tecnología debían recurrir a fuentes externas, lo que resulta, al menos, contradictorio para una instancia que busca promover productos y generar vínculos comerciales.

El interés del Ministerio de Defensa chileno en este tipo de plataformas refuerza estas preocupaciones. Aunque se presentan como soluciones innovadoras, muchas de estas tecnologías provienen de un ecosistema industrial tensionado por la guerra, con empresas emergentes, cadenas de suministro inestables y estándares que responden más a la urgencia del combate que a procesos consolidados de desarrollo y certificación.

Es importante tener claridad en que al final del día, no todo lo que se ofrece como progreso lo es; y no todo socio comercial es, necesariamente, un buen socio.

Nos hemos enterado a través de fuentes bien informadas de que existe un interés real del gobierno de José Antonio Kast y de militares chilenos de altos rangos, por comprar drones civiles y militares a través de compañías chilenas que están negociando con Ucrania una posible cooperación: los productos de interés son dos modelos de la empresa Sky Fall – P1 y Vampire, recientemente exhibidos en Fidae.

No es una buena idea firmar contratos con Ucrania o sus intermediarios. La experiencia internacional ofrece advertencias claras. El caso del avión Antonov adquirido por Perú – envuelto en cuestionamientos por intermediación irregular, sobreprecio y falta de respaldo real del fabricante – evidencia los riesgos de establecer acuerdos con proveedores cuya estructura comercial no es transparente o cuya situación productiva es incierta. No se trata simplemente de desconfianza ideológica, sino de antecedentes concretos que deberían encender alarmas en cualquier proceso de compra estatal. Recordemos que Ucrania pretendió vender el avión Antonov de la misma empresa estatal a Perú por 65 millones de dólares americanos, que finalmente sería destinado al Ministerio del Interior del país sudamericano en el año 2020, desató un escándalo de proporciones y de corrupción, que en Ucrania le costó el cargo a diversos personeros de gobierno.

Otro hecho muy similar se destapó en 2024 cuando Ucrania intentó vender otro avión a Perú – de la misma marca – para la policía nacional. Polémica debida a que el avión Antonov an-74 tenía más de 20 años. Pero lo más increíble de esta historia es que la empresa ucraniana Antonov informó oficialmente al Ministerio del Interior, que la compañía Aero Express FZE, con sede en Emiratos Árabes Unidos, presentó documentación falsa y nunca recibió autorización para fabricar aeronaves modelo An-74, pese a haber sido contratada por US$63,9 millones. Después de saberse esto, nadie debería involucrarse en negocios con Ucrania y las menos con las empresas externas con las que trabaja.

Nuestras autoridades deberían tener presente que los chilenos no queremos negociar con un país en conflicto ni con sus empresas. En la agenda de nuestro país no deberían existir negociaciones o acuerdos de cooperación con empresas como Sky fall o directamente con Ucrania, y menos hacerlo a través de empresas chilenas para producción local o transferencia de tecnología, como es el caso de C3D, empresa chilena que ofrece una variedad de vehículos no tripulados de combate, actualmente en uso en Ucrania, asociados con la empresa De Viro.

Otras compañías que están tratando de vender productos o asociarse y que han llamado la atención de nuestros militares, son Indamax, que vende drones antiaéreos ucranianos y la compañía checa STV Group, que también vende drones ucranianos.

La disposición de sectores de la ultraderecha chilena a estrechar vínculos con actores involucrados directamente en conflictos armados internacionales abre un flanco político y ético complejo. La alineación con agendas externas, especialmente en materias sensibles como defensa y tecnología militar, puede comprometer la autonomía estratégica del país y desdibujar su histórica vocación por la paz y los principios de no injerencia.

Chile no necesita importar incertidumbre ni riesgos encubiertos bajo el discurso de la modernización tecnológica. Tampoco requiere involucrarse indirectamente en dinámicas de guerra a través de la adquisición de equipamiento o la firma de convenios con actores cuya prioridad actual no es el desarrollo civil, sino la supervivencia en un conflicto.

La política exterior y de defensa debe estar guiada por criterios de largo plazo, transparencia y resguardo del interés nacional. Esto implica evaluar no solo el precio o la innovación aparente de una tecnología, sino también el contexto en que se produce, la estabilidad de sus proveedores y las implicancias políticas de su adquisición.

En tiempos donde la guerra se ha convertido también en un negocio, Chile debe decidir con claridad si quiere ser parte de ese circuito o mantenerse fiel a una tradición que privilegia la paz, la soberanía y la prudencia.

Fuentes:

https://www.pucara.org/post/fidae-2026-la-ucraniana-skyfall-desembarca-con-sus-drones-y-su-enorme-experiencia-en-combate

https://www.youtube.com/watch?v=fjBHamMxvnk#:~:text=empresa%20chilena%20C3D%2C%20que%20ofrece%20una%20variedad,de%20combate%2C%20actualmente%20en%20uso%20en%20Ucrania.

https://ru.interfax.com.ua/news/general/1150626.html

https://www.infobae.com/peru/2026/01/13/revelan-que-mininter-fue-estafado-en-compra-de-avion-para-la-pnp-empresa-presento-documentos-fraguados-por-us639-millones

https://www.defensa.com/peru/vueltas/-controvertida-compra-antonov-an-178-peru

https://fpp.org.pe/rusia-dispone-de-alternativas-al-avion-fantasma-que-ucrania-intenta-vender-al-peru/

Una visión del sur: Los riesgos de un mundo que se derrumba…

Gilberto Lopes
San José, 27 de febrero de 2026

El mundo corre inmensos riesgos. “Nunca, desde la Segunda Guerra Mundial, la situación geopolítica y militar global había sido tan peligrosa”, estiman los brasileños Mauricio Bustani, exdiplomático, y el economista Paulo Nogueira Batista Jr., director del New Development Bank (NDB), el banco de los BRICS, entre 2015 y 2017.

Bustani y Batista Jr. pasan revista al escenario internacional y a algunos desafíos que la situación representa para Brasil, en un artículo publicado el pasado 26 de enero. Exembajador de Brasil en Londres y París, Bustani era el director general de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPCW) cuando la administración Bush montaba su campaña contra el gobierno de Sadam Hussein, en Irak, al que acusaba de poseer armas de destrucción masiva.

Elegido para el cargo en 1997 y reelegido en 2001, fue destituido en abril del 2002 cuando la presión del gobierno norteamericano logró una votación mayoritaria en ese sentido: 48 a 7, con 43 abstenciones. Abstenciones a las que Bustani atribuyó a la falta de un apoyo explícito del gobierno brasileño de Fernando Henrique Cardoso y del canciller Celso Laffer. Los países de América Latina, Asia y África pensaron que Brasil veía con reservas mí desempeño y, a última hora, se abstuvieron, dijo Bustani.

Bustani negociaba con el gobierno iraquí su incorporación a la OPCW, otorgando así acceso a los inspectores de la organización al supuesto arsenal de armas químicas, de cuya existencia dudaba.

Pero Bush ya preparaba la invasión de Irak y no le interesaba la gestión de Bustani. Por el contrario, el 5 de febrero del año siguiente –un mes antes de la invasión– hizo que su secretario de Estado, el general Colin Powell, hiciera una dramática presentación de “documentos” y “pruebas” en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas –falsas, como sabemos hoy– justificando el ataque que ocurriría el mes siguiente.

La tradición imperial norteamericana

La principal fuente de amenazas y agresión en este escenario es bien conocida, aseguran. Sin embargo “sería un error atribuir la responsabilidad de todo lo que está sucediendo actualmente únicamente a Donald Trump. El ‘factor Trump’ es temporal, mientras que el problema es esencialmente estructural y, por lo tanto, duradero”.

Bustani recordó más tarde –en entrevista a un diario brasileño–, que son, sobre todo, los presidentes demócratas “los responsables de las grandes guerras desatadas por los norteamericanos”. El imperio norteamericano no da tregua: Obama, responsable del mayor número; Clinton, el que decidió apoyar la ampliación de la OTAN hacia el este, violando los acuerdos logrados entre Gorbachov y Reagan para poner fin a la Guerra Fría.

“El fenómeno Trump debe verse como la reacción de una superpotencia en decadencia que ya no puede mantener su hegemonía global respetando las reglas de una competencia económica organizada de forma ordenada”. Con Trump, el poder imperial simplemente “se quitó las máscaras”. En un mundo donde China, Rusia y el Sur global se hacen oír, “desenmascaran su verdadero rostro y pierden los modales”.

Irán y Ucrania

En la otra entrevista –concedida al periodista Leão Serna, publicada en el diario conservador Folha de São Paulo el pasado 21 de febrero–, Bustani se refirió a la perspectiva de una guerra contra Irán y al escenario europeo, luego de la invasión rusa a Ucrania.

Estados Unidos repite hoy acusaciones contra un supuesto plan iraní para hacerse de armas atómicas. Plan que Irán niega. Cuyo desarrollo estuvo, además, bajo control del Organismo Internacional de Energía Atómica de Naciones Unidas hasta que Trump rompió los acuerdos con el gobierno iraní durante su primer mandato y se puso fin a esa vigilancia.

Hay señales de que el régimen iraní solo sobrevive gracias a una represión brutal, dijo el periodista.

–Estás equivocado, contestó Bustani. Esa es una historia mal contada, es la visión de Occidente. Irán firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear, es inspeccionado regularmente por la Agencia Internacional de Energía Atómica, pero sigue siendo demonizado, afirmó. “No creo que vaya a ocurrir una rebelión interna, como dice al prensa occidental”.

Serna le preguntó también cuál sería la próxima víctima de Putin, luego del ataque a Ucrania.

–No habrá, afirmó Bustani. Esta amenaza “es una creación europea”. “¿Ud. cree que Putin va a invadir Londres y París? ¿Alguien, con conciencia política, puede imaginar eso?”.

El periodista insistió: creo que va a invadir los países bálticos.

–¡Jamás! Ya habrían invadido. ¿Por qué lo harían? No lo necesitan. Europa no lo entiende. Rusia siempre quiso ser europea.

Para Bustani, Trump quiere una solución para ese conflicto porque no hay forma de que Ucrania pueda ganar.

La Doctrina Donroe

¿Qué puede hacer un país como Brasil frente a estos cambios en el escenario internacional? ¿Cómo resistir a la Doctrina Donroe, una actualización de la vieja Doctrina Monroe con la que, en 1823, un naciente Estados Unidos definió su política de “América para los americanos”? En ese intento por controlar el hemisferio –dice Bustani– Trump cuenta con el apoyo de Argentina, Paraguay, Bolivia, Chile, Ecuador, Costa Rica, Honduras y El Salvador.

En Costa Rica, un asesor del nuevo gobierno, que asumirá en mayo próximo, ya sugirió reformar la constitución para permitir la instalación de bases militares norteamericanas en las costas del país y combatir el narcotráfico. Parece un paso lógico, después de que la actual Asamblea Legislativa aprobara el año pasado, por unanimidad, una reforma que permite extraditar a costarricenses a Estados Unidos.

El ataque a Venezuela y el intento de recolonizar el país debe despertar en Brasil y en otros países la preocupación por su capacidad de disuasión, advierten Bustani y Batista Jr. El secuestro del presidente Nicolás Maduro dejó en evidencia la ausencia de medios para esa defensa. Proponen, para eso, el desarrollo de una fuerte base industrial de defensa, el control de los recursos naturales, así como de las rutas de comercio por el Atlántico Sur. Y llegan a la conclusión de que es necesario reexaminar la participación del país en el Tratado de No Proliferación Nuclear.

En eso también el orden de posguerra, que solo reconoce como potencias nucleares a los cinco integrantes del Consejo de Seguridad, está completamente superado.

La última oportunidad de Occidente

La discusión sobre las perspectivas del nuevo orden internacional se extiende, naturalmente, por todo el mundo.

El presidente finlandés, Alexander Stubb, un ferviente partidario de la OTAN y que hoy Rusia considera representante de la extrema rusofobia que se extiende por Europa, se lamenta del fracaso de las esperanzas surgidas al final de la Guerra Fría, de un mundo unificado bajo las normas de la democracia y del mercado capitalista. “La era de la posguerra Fría es cosa del pasado”, asegura, en un artículo titulado “The West last chance”, publicado en Foreign Affairs en diciembre pasado.

Para Stubb, Occidente tiene una última oportunidad para preservar el orden liberal mundial. Para eso debe aprender a oír y promover reformas de las instituciones internacionales, de modo que reflejen de mejor manera el peso económico y político del Sur global y del Oriente global.

El académico y diplomático singapurense, Kishore Mahbubani, coincide con el visión de Stubb sobre el papel del Sur global. Desde su perspectiva, el Occidente y el Oriente luchan por conquistar el corazón y las mentes del Sur global. La razón es simple, asegura: ellos perciben que “el Sur global decidirá la dirección del nuevo orden mundial”.

Una invasión provocada

Mahbubani se refiere a la invasión rusa de Ucrania. Occidente insiste en que “no fue provocada”. Claro que Ucrania nunca atacó a Rusia –afirma– , pero muchos pensadores occidentales, “como el diplomático estadounidense George Kennan y el intelectual australiano Owen Harries, advirtieron hace décadas que la expansión de la OTAN hacia el este acabaría provocando una reacción violenta por parte de Rusia”.

Para Mahbubani, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, expresó “una visión más matizada sobre la guerra en Ucrania cuando, en mayo de 2022, declaró: ‘Putin no debería haber invadido Ucrania. Pero no solo Putin es culpable. Estados Unidos y la UE también lo son. ¿Cuál fue el motivo de la invasión de Ucrania? ¿La OTAN? Estados Unidos y Europa deberían haber dicho: ‘Ucrania no se unirá a la OTAN’”.

Como sabemos, eso no ocurrió. Ocurrió todo lo contrario. Derrotada y desaparecida la Unión Soviética, Washington pensó que su hora había llegado. Que no tenía que dar cuenta de sus decisiones. Sin el tono estridente con que hoy Trump dice poder hacer lo que quiera en el mundo, Clinton decidió avanzar las líneas de la OTAN hacia las fronteras rusas, sin oír las advertencias sobre lo peligroso de esa decisión.

Invocando principios morales y compromisos con la democracia y los derechos humanos, tensaron también las relaciones con China. Creían estar del lado correcto de la historia, dice Mahbubani.

Pero, el pueblo chino “ha prosperado cuando han contado con un fuerte, un efectivo gobierno central que los gobierne sabiamente. Bajo la dirección del Partido Comunista el pueblo chino ha disfrutado de los mejores 40 años de desarrollo humano y social en 4.000 años de historia”.

Mahbubani concluye que Stubb tiene razón al pensar que “esta es la última oportunidad de Occidente para convencer al resto del mundo de que son capaces del diálogo, en vez del monólogo”.

Pero –agrega– para dialogar hay que oír. “Desgraciadamente, el 12% de la población que vive en Occidente no ha aprendido el arte de oír al restante 88% con los que comparte el planeta”.

Europa sueña otra vez con derrotar a Rusia

Mientras tanto, en Europa sube el tono de las voces que apuestan por continuar la guerra hasta la derrota de Rusia. “Hoy, Europa se rearma. Los países de la UE han pasado de invertir 214.000 millones de euros en defensa en 2021 a 326.000 millones en 2024”, dice una corresponsal del diario español El País en una nota sobre los cuatro años de la guerra, que se cumplieron el pasado 24 de febrero. Nos recuerda que la Unión Europea, “ha desembolsado unos 194 mil millones de euros para Ucrania” y tiene pendiente un préstamo por otros 90 mil millones.

Es inevitable pensar en cual sería el papel de la UE en el mundo si hubiese destinado alguna suma cercana a esa a proyectos de desarrollo, en Ucrania, en África, o en cualquier lugar del mundo. Pero eso es impensable.

“Nosotros debemos asumir toda posibilidad de incrementar la presión sobre la economía rusa y fortalecer la posición de Ucrania”, dijeron Rachel Reeves, ministra de Finanzas de Inglaterra y Elisabeth Svantesson, de Suecia, en un informe donde aseguran que la presión económica sobre Moscú, “está funcionando”.

Europa sueña con cumplir la misión a la que Alemania no pudo dar fin en los años 40 del siglo pasado. Hace ya años que su único plan es ganar la guerra, sin que prospere ni una sola iniciativa diplomática.

Cierro este texto el viernes 27 de febrero, cuando crecen las amenazas de otra guerra, con dramáticas consecuencias, fáciles de imaginar: el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, una decisión que Trump ha reivindicado como únicamente suya.

Ante esta realidad, Mahbubani no pierde las esperanzas: –Si el ensayo de Stubb despierta un proceso de escucha en Occidente, especialmente en Europa, habrá servido para un fin útil, afirma.

No parece, en todo caso, estar ocurriendo así. Occidente no parece oír la advertencia de Stubb, él mismo un entusiasta del esfuerzo militar y económico por derrotar a Rusia. Occidente está desperdiciando su “última oportunidad”. El riesgo que corremos es que el resto del mundo tampoco tenga otra…


NOTAS

El artículo, titulado “If you want peace…”, publicado el pasado 26 de enero, puede ser visto aquí: https://eng.globalaffairs.ru/articles/peace-bustani-batista/

La entrevista a Bustani puede ser vista aquí: https://www1.folha.uol.com.br/amp/ilustrissima/2026/02/bustani-diz-que-trump-mente-sobre-risco-nuclear-do-ira-e-repete-bush-no-iraque.shtml

El artículo de Alexander Stubb, titulado “The West last chance”, puede ser visto aquí: https://www.foreignaffairs.com/united-states/wests-last-chance

El artículo de Kishore Mahbubani, titulado “The dream palace of the West”, publicado en febrero, puede ser visto aquí: https://www.foreignaffairs.com/united-states/dream-palace-west?utm_medium=newsletters&utm_source=fatoday&utm_campaign=Ukraine%20and%20the%20New%20Way%20of%20War&utm_content=20260220&utm_term=EDZZZ006ZX

La venta que pone a Chile en la escena de la guerra en Ucrania

Por Pablo Ruiz
Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas – Chile

En noviembre pasado, un artículo del diario electrónico El Mostrador – medio que es reconocido por tener buenas fuertes y seriedad -, señalaba que el Gobierno de Chile habría accedido a una petición del Gobierno de Alemania para la venta de 30 vehículos de combate de infantería Marder los que anteriormente Alemania había vendido a nuestro país. Lo controversial de este asunto radica en que estos carros de combate terminarían siendo enviados por Alemania a la guerra en Ucrania. Consultado, por el diario El Mostrador, tanto el Ministerio de Defensa como el Ejército de Chile declinaron entregar información al respecto y no han desmentido esta noticia.

En el mismo sentido, el sitio Zona Militar informaba que “múltiples antecedentes apuntan a que el destino final de estos blindados podría no ser Europa Occidental sino Ucrania, a través de un mecanismo de transferencia indirecta que Berlín ha utilizado previamente con otros países”.

Se sabe, por información publicada por el medio alemán DW, que ya, desde el 2023, bajo el gobierno liderado por el excanciller Olaf Scholz, se han estado enviado carros de combate Marder a la guerra en Ucrania. De acuerdo con el sitio especializado Infodefensa la empresa alemana Rheinmetall es la encargada de reparar estos vehículos, acondicionados, y enviarlos luego al conflicto militar que se desarrolla en Ucrania.

Neutralidad y apoyo a la paz

Para Gabriel Aguirre, organizador para América Latina de World BEYOND War (Un Mundo más allá de la Guerra), el posible envío de carros de combate a Alemania “no parece conveniente, desde ninguna perspectiva, que Chile, como Estado, se involucre directamente en esta guerra”.

Aguirre recuerda que en febrero de este 2026 se cumplirán cuatro años desde el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania y que, lamentablemente, “los países europeos, no han tenido un rol proactivo en términos de buscar la paz sino, pareciera, que más bien Europa ha tomado una postura de seguir reforzando la guerra ampliando las ayudas económicas y militares a Ucrania enviando armas, enviando recursos, lo cual, sin duda, no contribuye a las negociaciones de paz, sino que todo lo contrario, sirve para continuar profundizando la guerra”.

Triangulación y respuesta de Rusia

Una operación de triangulación parecida, en el 2024, fue el intento de Estados Unidos con Ecuador de intercambiar armamento de origen soviético, considerado por el presidente Daniel Noboa como “chatarra”, “a cambio de nuevos equipos para combatir a bandas criminales asociadas con carteles internacionales de la droga” según señaló DW. Estas armas, muy apreciadas por los militares ucranianos, terminarían también en el frente militar de Ucrania.

El medio alemán informaba días después que Rusia había anunciado “la prohibición de la importación de bananas y ciertas flores de Ecuador, semanas después de que Quito anunciara su intención de enviar antiguas armas soviéticas a Estados Unidos para remitirlas a Ucrania” lo que determinó finalmente que “Ecuador no enviará material bélico alguno a país que tenga un conflicto armado internacional”, como aseguró la canciller ecuatoriana Gabriela Sommerfeld.

¿Qué pasaría si Rusia tomará medidas represivas contra las importaciones de Chile? ¿Es militarmente estratégico ponerse como “enemigo” de Rusia una potencia nuclear la que disputa y empuja la existencia de un mundo multipolar objetivo que debería ser también de Chile y de todos frente al mundo unipolar impuesto por EEUU a todas nuestras naciones? ¿Nuestras autoridades están conscientes que la guerra en Ucrania fue provocada por EEUU y la OTAN? ¿Es estratégico dañar la relación con Rusia cuando un “aliado” importante de Chile como es EEUU vende armas y realiza ejercicios militares con Argentina y Perú, los que disuaden militarmente a Chile, y que todo esto, promovido por nuestros supuestos «aliados», sólo empuja a más gasto militar y desconfianza con nuestros países vecinos?

En el caso de la triangulación, Chile-Alemania-Ucrania, el canciller Alberto van Klaveren negó una venta ilegal, afirmando que de acuerdo con la legislación chilena está prohibido vender armas a naciones en guerra; “lo cual es técnicamente cierto ya que la venta es a Alemania, lo que permite aprovechar una “gran zona gris” diplomática para el traspaso de armas”, señaló Wes O’Donnell en otra nota publicada por El Mostrador.

Gabriel Aguirre dice que Chile debiera hacer adoptado una posición de neutralidad porque “la tradición de nuestros países latinoamericanos ha sido no involucrarse en conflictos que están desarrollándose en otras partes del mundo sino jugar un rol más bien orientado a la consecución de la paz” por lo cual “no podemos mirar con buenos ojos desde el movimiento de paz esta nueva acción por parte de Chile que desde hace algún tiempo expresó su solidaridad con Ucrania, un conflicto iniciado, fortalecido y profundizado por la OTAN”.

En una carta dirigida a la ministra de Defensa de Chile, Adriana Delpiano, el Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas (SOAW-Chile), apelando a la Ley 20.285 sobre el Acceso a la Información Pública, pidió información sobre esta posible venta de carros de combate a Alemania.

“Solicitamos al Ministerio de Defensa que en caso de ser cierta la información, difundida por el diario El Mostrador, cancele dichos compromisos con el gobierno alemán”, concluye la misiva.

En el mismo sentido, se envió una copia de esta carta a la diputada nacional del Partido Social Demócrata en el Bundestag alemán, Isabel Cademartori, quien es nieta de José Cademartori quien fuera ex ministro de Salvador Allende, y donde se le solicita su apoyo “para que Alemania no involucre a nuestro país en este conflicto que lamentamos” y donde, en vez de seguir enviando armas, hay que insistir en un alto al fuego y negociaciones de paz.

Foto: Prensa Presidencia de Chile

Ucrania: Separando el Polvo de la Paja

Mauricio Ramírez Núñez
Académico

Un análisis académico de la guerra sin tener el menor conocimiento, aunque sea teórico, sobre lo técnico y operativo de lo que implica y cómo funciona esta, o sea, su práctica concreta y desarrollo en el campo, que va más allá de lo político y de la ciencia política misma, es el equivalente a ser experto en administración de empresas, pero nunca haber tenido la experiencia de administrar ni una pulpería. Se puede tener mucho renombre en medios por los análisis y capacidad de comprensión de los acontecimientos que se posea, pero eso no quita que la realidad objetiva pueda ir por un camino totalmente diferente al de todo aquel andamiaje argumentativo. No siempre, un argumento racional con una correcta secuencia lógica, quiere decir que sea verdadero. De hecho, el fenómeno la posverdad se basa mucho este tipo de trampas.

Eso es lo que he podido observar sobre la guerra en Ucrania durante este año de hostilidades. No es de extrañarse, hay coyunturas que exigen de posturas previas (prefabricadas) que sean políticamente correctas, además de social y emocionalmente aceptadas, aunque éstas disten de la verdad de los hechos. Al final se dice lo que los poderes fácticos quieren que se diga en público sobre el tema, lo que conocemos como falso consenso y guerra psicológica. Además, hay todo un tema de reputación, prestigio e imagen que quienes analizan públicamente este tipo de hechos cuidan mucho.

Todo eso es comprensible, no obstante, a pesar de la posverdad y el sesgo ideológico detrás de todo lo que nos dicen en medios, técnicamente la realidad ha mostrado con objetividad que en el plano militar es imposible que Ucrania gane la guerra a Rusia. Lo único que podría hacer una diferencia es que la OTAN termine de entrar por completo en el conflicto con tropas y otro tipo de equipo militar pesado, lo cual genera grietas también a lo interno de la alianza. Sin embargo, ya estaríamos hablando de una guerra mundial a gran escala, y es lo que todos desean evitar.

Por eso se debe hacer una correcta diferencia entre el análisis militar y el político. No todo académico es o posee conocimiento militar y viceversa. Políticamente en este conflicto aún no hay nada resuelto y subyacen muchas variables gravitando a su alrededor. Este es el espacio donde todos especulan y emiten criterio, ya que todo sigue sin definirse y las tensiones diplomáticas acercan cada vez más a Europa al enfrentamiento directo con Rusia, a la vez que crecen las contradicciones internas en los países europeos más involucrados en el conflicto. En la parte diplomática se suma ahora la propuesta de paz de China, donde acierta al exponer la necesidad de abandonar la mentalidad de Guerra Fría que subsiste especialmente en occidente, el respeto a la soberanía de todos los países, y el no uso de armas nucleares, entre otros puntos no menos importantes.

Más allá de toda preferencia de bando, lo cual no es pecado tener, es una verdad que Rusia no va a ceder en ninguna negociación en cuanto a los territorios ocupados y mucho menos va a renunciar a la península de Crimea, al mismo tiempo, no existe fuerza sobre el planeta que pueda obligar a Rusia (potencia nuclear) a devolver dichos territorios, entendidos por la civilización eslava como parte natural de su espacio vital. De este modo, quien tiene la de perder en ese sentido es Ucrania y no Rusia. Otro ejemplo concreto y no sesgado sobre esto lo demuestran las ineficaces sanciones económicas de occidente colectivo contra la economía rusa, so pretexto de someterla y reducirla, lo que, para mala suerte de sus creadores, han resultado ser un bumerán que no han logrado más que afectar la propia estabilidad económica y política de Europa.

En los últimos días salió a la luz pública que la Mossad, órgano de inteligencia del Estado de Israel y uno de los mejores del mundo, realizó un informe sobre la situación militar en Ucrania y los datos que consiguieron dejaron perplejos a los expertos en la materia; la diferencia de bajas es de 1 a 8 a favor de Rusia. Por otro lado, existe una superioridad aérea rusa en la guerra con drones, la misma aumenta la precisión y la eficacia de todo tipo de fuego. Estos datos, dan al traste con aquel famoso adagio nietzscheano y muy empleado por occidente posmoderno que reza: “no hay hechos solo interpretaciones”.

En esa misma dirección, el militar español del ejército de tierra de España, Juan Antonio Aguilar expresa su criterio, y cito textualmente: “una vez que caiga Bakhmut, se alcanza la tercera línea de defensa y última del Donbás, una vez acabada esta línea de defensa todo el Donbás estará en manos rusas, lo cual será una victoria, ahí sí, desde el punto de vista político y militar”. Esto puede tardar unas semanas más por lo lento y cuidadoso del avance ruso, pero si todo sigue igual, será inevitable. Hace unos meses dije que Ucrania había perdido la guerra, pero la posibilidad de un enfrentamiento a gran escala y haciendo uso de material nuclear sigue siendo posible, lamentablemente, este escenario continúa vivo.

Nos encontramos ante una profunda transformación geopolítica del planeta que pocos están comprendiendo y frente a la cual es indispensable separar el polvo de la paja, nuestros esquemas ideológicos y epistemológicos se quedan cortos, siguen mirando el mundo como si estuviésemos en el siglo XX. Vivimos en un entorno con altos grados de complejidad que requieren de diferentes niveles de análisis, donde la emocionalidad, las posturas particulares o nuestras percepciones sirven como velos para evitar ver con la suficiente apertura mental los acontecimientos, retos y posibilidades que esta nueva etapa del sistema internacional trae consigo. Eso implica una visión disruptiva en todo sentido, propia de una crisis paradigmática como la vivida en nuestros días y reflejada en Ucrania.