La madre naturaleza es implacable cuando los humanos, u otros agentes externos, no respetamos sus equilibrios establecidos. Desde los tiempos antiguos se dieron diluvios o grandes inundaciones, seguidas de fuertes sequías que la inteligencia humana no lograba explicar.
Por siglos se creyó que había una fuerza extraterrestre que intervenía para castigar a la humanidad por los daños causados por otros grupos sociales. Así, utilizamos el miedo para influir en las creencias filosóficas y religiosas de otros, a manera de instaurar fuertes controversias hasta crear grandes instituciones que llegarán a concentrar poderes casi absolutos, los que llegaron a constituir verdades incuestionables y divinas ante el conocimiento humano.
No obstante, a medida que la inteligencia humana investiga y va descubriendo las causas de cada fenómeno, se da por enterado de que no hay nada divino ni mágico en los hechos ocurridos. Que mucho de lo acontecido y, no todo, pero gran parte, son resultado de las actividades humanas.
Después de muchos años o siglos, sabemos que nuestro planeta Tierra no gira alrededor del sol de manera circular, sino elíptica.
Desde luego, racionalizamos y diferenciamos entre lo efectuado por las grandes mayorías y las minorías, estas, normalmente, privilegiadas.
Muchas personas no se enteran de que los derechos de la clase trabajadora, los salarios, horas de descanso y hasta el tiempo para ingerir sus alimentos que actualmente se tienen en los centros laborales, son el resultado de la movilización histórica de la lucha laboral. Hasta los permisos para visitar los baños, fueron obtenidos por la masa de trabajadores, por medio de presiones constantes en sus centros laborales.
En sus diversas formas de lucha, se agruparon por sectores, por sus edades y género.
En los años noventa, cuando se puso en auge la «industria golondrina» (maquiladoras), las obreras lucharon porque la patronal les respetara sus derechos adquiridos tanto internacional como localmente. Consideradas el «sexo débil», las empresas las contrataban en mayor cantidad que a hombres.
En esa contienda muchas mujeres perdieron sus trabajos y dejaron de aportar al mantenimiento de sus familias.
Sin embargo, con algún apoyo nacional e internacional dieron la batalla.
Un pequeño grupo de ellas se llegó a integrar en lo que ahora se llama «Asociación Equipo de Monitoreo Independiente de Honduras» (EMIH).
Este grupo de mujeres luchadoras dieron la batalla, junto a hombres obreros aun cuando dejaran días sin percibir salarios.
Desde los 90 -con organizaciones similares de Centro América y grupos de consumidores de EUA, Canadá y Europa- impulsaron las primeras experiencias de monitoreo independiente.
Participaron en campañas de presión contra las marcas para el cumplimiento de legislación internacional e hicieron propuestas sobre «Responsabilidad social empresarial».
EMIH se mantiene activa y con esa fortaleza que les da su largo historial. Ahora son asesoras de otras mujeres que buscan defender sus derechos, junto a obreros de toda la región latina interesados en mantener las reivindicaciones logradas en organismos como la OIT y Naciones Unidas.
En nuestra sociedad, la mayoría, consideramos la amistad en la categoría más superflua. Un tanto ligera. Más útil para su aprovechamiento: para favores, sacar ventaja material, social y hasta económica. Sin embargo, esta podría sustituir la ausencia de un hermano y, en ocasiones, superar a estos.
Hay casos en los cuales se desarrollan amistades, más allá de los clásicos reconocimientos entre amigos, sin insinuar las relaciones sexuales, (morbosidad) pero reconociendo, la existencia de categorías.
Al contar con múltiples amistades, la persona se enriquece más, no porque algunos (as) posean muchos bienes materiales, sino por sentirse acompañadas(os) en hechos de sus historias comunes.
Para muchos es lógico que los hermanos (hijos de la misma madre y padre sean bastante solidarios – apegados), aunque existan excepciones. Hay amistades que se siguen dando pese a las distancias, geográficas y/o de tiempo. Sucede entre hermanos y entre solamente amigos.
Esto explica nuestra expresión común de «hola, hermano o hermana».
No nos extrañemos al escuchar que «dos o más personas se quieren más que hermanos».
Muchas son las personas que argumentan ser cristianas, pero de ninguna manera ser solidarias con su prójimo, más aún si esa solidaridad hay que demostrarla con hechos.
Más de un familiar y amigo me critica por estar atento a lo que acontece en mi entorno, más aún, si no ven que puedo influir en que se resuelva algo de la problemática existente.
Siempre he creído que el cristianismo se fundamenta en ayudar al prójimo en su problemática.
Al parecer las iglesias, de la denominación que sean, están alejándose de ese compromiso. Muchos ahora expresan que no debemos pretender resolver los problemas que están lejos de nuestro alcance.
El asunto se empeora cuando decimos y vemos cada vez más distantes las soluciones, de acuerdo con nuestras conveniencias. Si para contribuir con el prójimo debemos sacrificar algo, por pequeño que sea, nos alejamos del asunto.
Probablemente, esto tiene relaciones con el auge del neoliberalismo. Donde el individuo es el centro de todo proyecto y programa.
Es por esto por lo que la integración centroamericana se aleja cada día más, dejando al «sueño Morazánico» en un mero discurso.
Este sábado vimos en las pantallas al equipo Borussia Dormond jugando contra el Real Madrid.
90 mil personas llenaron el estadio. El Real Madrid ganó el «Champions League» por décimo quinta vez
Mientras tanto la industria de las armas para las guerras en medio Oriente y en Ucrania no se da abasto en satisfacer la demanda comercial, aun cuando es la juventud de varios países la convertida en carne de cañón por los políticos de Kiev, Washington, París, Londres, y Moscú, en actitud defensiva, con un occidente hartado de ruso/fobia.
Nosotros, gozamos del partido, comiendo pizza de la buena.
Es bueno saber que nuestra región, donde hubo guerras y mucha juventud muerta, en los ochenta, ahora podemos vivir en una relativa paz.
Nuestra población trabajadora, aun cuando obtiene raquíticos ingresos, pues no llegan al mínimo establecido para obtener los 30 productos de la canasta básica, la clase trabajadora tiene libertad de organizarse, sin embargo, no lo hace como debiera. Es evidente que está paralizada sin exigir que se cumpla con lo establecido en las leyes y convenios internacionales.
Un factor que puede ser neutralizante es la evidente alianza entre las sindicales y el partido político gobernante Libre. Lo cual parece positivo para lograr un buen gobierno. Sin embargo, puede ocurrir una desventaja para el pueblo trabajador, cuando y si este trabajador organizado da prioridad a su partido e ignora los intereses de clase social a la que representa.
Todo gobierno debe lograr el beneficio de los diversos sectores sociales y económicos. Así es casi imposible que Libre satisfaga a la patronal sin afectar al empleado y viceversa.
Por eso es por lo que, para lograr los balances exigidos, mucho está en la capacidad de diálogo y negociación.
Sobre la mesa, siempre debe considerarse que hay actores externos muy poderosos. Particularmente las corporaciones internacionales del empresariado. Lógicamente, están aliadas a grandes potencias mundiales donde el mercado es un actor de primer orden.
El sindicalismo actual tiene nuevas exigencias. Así que su actuar debe estar a la altura de las nuevas circunstancias.
Por ejemplo, ahora se debe insertar en el conocimiento y manejo de los medios electrónicos. Solamente referirse a las comunicaciones, esenciales para la información y análisis actualizado, debe manejar bastante de los medios electrónicos. Ahora le es imprescindible, el manejo de la inteligencia artificial y la robótica.
Si no lo hace, las organizaciones patronales van a jugar con los obreros y campesinos. No solamente se burlarán, pero agudizarán su explotación al trabajador. Esto se vuelve esencial ahora, aunque no lo fuera hace una década.
Desde luego, el descanso y la diversión, por ejemplo, viendo un partido de fútbol clásico, no solamente es un derecho humano, es una necesidad para su salud, pero sin dejar la movilización y la reivindicación socio económica.
Así es que abogamos por el desarrollo integral de la sociedad en un ambiente de paz y armonía, defendiendo y luchando por los derechos de cada sector.
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